LOS ELEGIDOS III

junio 5, 2008

“No me elegisteis vosotros a mí, mas yo os elegí a vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, Él os lo dé.” (Juan 15:16)

Algunas veces, nos centramos tanto en las luchas, que olvidamos de la promesa de Salmos 23:6:

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida; y en la Casa del SEÑOR reposaré para siempre.”

Estamos familiarizados con los problemas de Job, pero olvidamos que fueron temporales, en una vida bendecida; solo una etapa de prueba.

Por otra parte, el dolor que José sufrió durante algún timpo, con sus propios hermanos, y luego en la cárcel, fue eclipsado por los años de influencia que luego disfrutó en el Palacio del Emperador de Egipto, de quien llegó a ser su Administrador, su hombre de confianza.

¿Tienes problemas para disfrutar de las bendiciones porque temes que no duren mucho? o ¿Estás tan acostumbrado a los problemas que constantemente estás en tensión? Pues la situación es la idónea para estar sentado en una cómoda mecedora, echarte hacia atrás y relajarte.

Y tú dirás: Pastor, ¿qué me dice?… Pues así es; es hora de que confíes en Dios y ¡empieces a relajarte! Él no te ha traído hasta aquí para abandonarte, sino que, como promete en Juan 15:16:

” os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, Él os lo dé.”

¡Alegría y éxito duradero! Ese es el plan del Señor para ti. Dios es fiel a su Palabra; nunca dice nada acerca de tu vida y luego permite que falle. No, él dijo en Isaías 55:11:

“…así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, mas hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para lo que la envié.”

En Génesis 1:14 Él dijo:

“Sean luminarias en el extendimiento de los cielos para apartar el día y la noche; y sean por señales, y por tiempos determinados, y por días y años”

Y el mismo sol de entonces brilla hoy por la Palabra que lo creó, y brillará también mientras sea su voluntad. Ahora bien, si Dios hace esto con un objeto inanimado, ¿no piensas que Él cuidará de ti también? ¡Venga, empieza a confiar! Su promesa es repetitiva en ese sentido en Mateo 24:35, Lucas 21:33 y Marcos 13:31:

“El cielo y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”


ACERCÁNDONOS A CRISTO

mayo 30, 2008

Hoy, es mi deseo reflexionar con ustedes sobre las actitudes que se espera de los buenos cristianos; en esta ocasión, he enumerado seis de ellas, consideradas como muy importantes en nuestra trayectoria hacia Jesús:

1- VIVIR COMO CRISTIANOS.

A veces hay cosas que nos tienen encadenados (vicios, rencores, envidias etc); estas son, en la gran mayoría de los casos, las que nos limitan el crecimiento espiritual y el consecuente acercamiento al Señor. Por ello, para que cambie nuestra vida, debemos transformar nuestra forma de vivirla.

Un punto de inicio es el quebrantamiento, en medio de esta sociedad consumista y exhibicionista, donde la inclinación al pecado nos tienta constantemente. Hay que progresar de acuerdo con los tiempos, y adaptarnos a las condiciones de un mundo cambiante, encontrando un punto de madurez y equilibrio, sin ir a medias con el Señor, quebrantándonos ante Él cuando pequemos, liberándonos del orgullo y la soberbia, confiando que Él oirá, si el arrepentimiento es desde el corazón.

2-TENER VISIÓN Y PASIÓN.

Nunca podemos ser más de lo que soñamos ser. Nuestra visión cambiará según nos fijemos en las Escrituras y experimentemos un desarrollo, teniendo comunión con el Espíritu Santo. Necesitamos tener Ilusión por los asuntos del Señor, y pasión por las almas que se pierden cada día. ¿Quién irá a hablarles del amor de Dios si nosotros no vamos?

3-LLEVAR UNA VIDA DE ORACIÓN.

Para poder evangelizar con efectividad, una congregación debe tener una relación íntima con el Señor Jesucristo. Esta relación incluye la disposición de obedecer sus mandamientos encerrados en la Biblia, pero abiertos al mundo; aunque eso no es suficiente para tener el poder espiritual necesario, que ofrezca un testimonio eficaz.

Resulta imprescindible la participación personal y activa del Señor en la Obra de evangelizar. Tal participación se consigue mediante el Espíritu Santo, y Él responde tan solo a la oración tenaz del creyente. El propio Jesucristo dijo, en Juan 15:5:

“El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer.”

Por ello, una congregación que desea hacer la obra de la evangelización, con el firme deseo de crecer en ese cometido, debe redescubrir el gozo que nos da la Oración. A través de ella debe buscarse la voluntad de Dios y no nuestros caprichos y éxitos personales. Por esto debemos decir que es necesario que fomentemos los cultos de oración, las cadenas de oración, vigilias, etc.

También:

A- Aprender la importancia de la oración para evangelizar, tal como se enseña en Luc 18:1, 1ªTim 2:8; 1ª Tes 5:17; Isa 55:6… Veamos por ejemplo, lo que señala Hechos 1:8

“…mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

B- Proveer un plan que facilite la oración; primero para el creyente individual, y después para toda la congregación.

4- ESFORZARSE EN SANTIDAD DE VIDA.

Debemos esforzarnos cada día, a todo momento, en el crecimiento del ‘control’. Esto resulta imprescindible para que podamos ser visitados por el Espíritu Santo, y podamos ser llenos de Él.

“Sed Santos, porque yo soy Santo” (1ª Pedro 1:16)

Este texto nos enseña que Dios actúa a través de canales apropiados. Es cierto que Él no se fija si somos un recipiente grande o pequeño, blanco o negro, de barro o cristal; pero sí conoce cómo está nuestro interior. Por ello necesitamos vivir según las Escrituras, y dejar que el Espíritu Santo actúe en nosotros, porque de lo contrario, nuestras vidas no experimentarán ningún cambio especial, y nuestra congregación tampoco.

5- Tener Fe.

Esto resulta algo esencial; si carecemos de fe, es mejor que no intentemos nada, ya que todo lo haremos con desgana y desilusión. Debemos creer sin dudar, que Dios hace posible lo que resulta imposible para el ser humano; y esto no es algo que podremos hacer confiando en nuestras propias fuerzas, sino gracias al poder de Dios, actuando a través nuestro, mediante Su Espíritu. Esto lo vemos, primero en Heb 11:6, y luego, en T2ª Timoteo 1:3:

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y la caridad de todos y cada uno de vosotros abunda entre vosotros; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de Dios, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrís; en testimonio del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del Reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.”

6- APERTURA AL CAMBIO

Las Iglesias que consiguen crecer, no lo han logrado solo por estar ‘abiertas al cambio’, sino porque han conseguido realizar satisfactoriamente la diversificación más acorde con los criterios del Espíritu Santo. No ha sido una metamorfósis por el simple hecho de presentar una variación de comportamiento, sino por la causa de Cristo, en el imprescindible camino de tránsito hacia el Padre, intentando parecernos a Jesús, cada vez más.

Con cariño, el Pastor.

 

 


‘RECIBIR DANDO’, NO ‘DANDO PARA RECIBIR’

mayo 22, 2008

Nos movemos en una sociedad en que la mayoría de personas viven bajo una incertidumbre económica. De hecho, en nuestro país, España, hay un gran índice de desempleo, en comparación a otros países europeos. Pero algo que debemos tener en cuenta es que, si el mundo basase su vida en los fundamentos bíblicos, podría mirar el futuro con optimismo y confianza.

Quizás muchos de vosotros os estéis preguntando: ¿Por qué? Pues porque hay un principio económico muy importante que no mencionan los especialistas de las finanzas, analistas y sociólogos:

‘Todos los recursos que aprovechamos para generar ingresos o utilidades, le pertenecen a Dios’.

O sea, Dios es dueño de todo. Si nos vamos a las páginas de la Biblia, estas nos enseñan que el propio Creador se presenta como tal, de todo lo que existe; por lo tanto, podemos decir que todo lo que producimos depende de algún elemento que se originó en la Tierra, un planeta creado por el Todopoderoso.

El hombre puede producir casi cualquier cosa, desde, por ejemplo, una barra de pan y mermelada para untarle, una viga de hormigón, o hasta un gigantesco avión de transporte; así como un número casi infinito de artilugios de su diseño. Pero la materia prima de todo depende de lo que Él creó en los inicios de la civilización.

El ser humano se limita a reformar, transformar, mejorar las técnicas de elaboración, perfeccionándolas y haciéndolas cada vez más sofisticadas. Pero la materia está ahí desde el principio; podemos desarrollar nuestra propia capacidad de creación, contando con las sustancias elementales, mas, jamás podremos crear algo de la nada.

Hermanos, Dios reclama como suyo todo lo que nosotros somos o esperamos ser. De hecho, en el libro de Génesis se nos instruye acerca de que el ser humano es la obra suprema de Dios. Gen 1:26:

“Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra Imagen, y a Nuestra Semejanza. Él reinará sobre los peces del mar, las aves del cielo, y sobre los animales, y sobre toda la tierra, y sobre todos los reptiles que reptan sobre la tierra». Así Dios creó al hombre a Su Imagen, en la Imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.”

Es cierto que tú y yo no fuimos creados directamente por Dios. Sin embargo, debemos ser conscientes que, gracias a su Ciencia y Sabiduría sí creó el primer hombre y la primera mujer, permitiendo que tuvieran la capacidad de ‘multiplicarse’. Lo logró mediante un complejo aparato sexual sincronizado con un ‘programa’ también de su propio diseño, que aun en la actualidad es objeto de debate entre los científicos agnósticos y los creyentes en una Creación bíblica, tal cual se plantea.

Él creó el ciclo de la vida humana y las constelaciones; todo lo existente: universo, Tierra, nuestro cuerpo, energía y pensamiento, es producto de Su poder creativo, así que todo ello le pertenece a Él por derecho propio.
Además, algo que debemos tener siempre presente, es que Dios tiene parte en nuestro éxito. Por ello, como cristianos que somos, debemos ser fieles en cuanto a mayordomía se refiere.

Para comprender algo mejor lo que Dios hace con nosotros, me gustaría utilizar una ilustración: Imagina que alguien invierte en un negocio que en apariencias puede ser viable, y para ello nos da todos los recursos económicos, humanos y profesionales necesarios. Lo más normal es que, cuando la actividad haya prosperado, el inversor participe de una parte de las ganancias, pues gracias a su apoyo se ha podido llegar a las metas pre-establecidas.

Pues esa misma actitud es la que los cristianos debemos tener con Dios. A Él le debemos todo, incluyendo por supuesto: la vida. ¿No se merece algo a cambio? ¿No tiene derecho a que le entreguemos una parte de nuestro tiempo, trabajo, dones, familia, dinero, etc?. Si nosotros recibimos ganancias gracias a lo que le pertenece, se convierte en ‘nuestro socio‘ y adquiere derechos como tal.

Es cierto que hay cristianos que no entienden todavía que el ofrecer a Dios nuestros diezmos y nuestras ofrendas es un acto de adoración, de privilegio… y también de responsabilidad. El rey David fue consciente es esto, por eso dice, en 1ª Cro 29:12:

“De ti vienen las riquezas y la honra. Tú lo gobiernas todo; la fuerza y el poder están en tu mano, y en tu mano está también el dar grandeza y poder a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos ahora gracias y alabamos tu glorioso nombre, pues, ¿quién soy yo y qué es mi pueblo para que podamos ofrecerte tantas cosas? En realidad, todo viene de ti y solo te damos lo que de ti hemos recibido, pues ante ti somos como extranjeros que están de paso…”

Por otra parte, vemos el caso del apóstol Pablo, con una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística, hablando además griego, latín, hebreo y arameo. Conocido como Saulo de Tarso, fue un ejemplo de austeridad y de ninguna aspiración material, pues de una situación de bonanza económica, con un puesto de trabajo seguro, como fariseo al servicio de los jefes judíos, cambió a la de paria defensor de cristianos, sin ninguna otra garantía material de futuro, que las ofrendas recibidas de sus hermanos en la fe a través de las donaciones; un ejemplo del uso del dinero que cada creyente deposita en el alfolí de sus iglesias.

Veamos, a partir de Filipenses 4:11, cómo enseña cuál es el verdadero sentido y resultado de las ofrendas a Dios, y las ayudas que hacemos a nuestros hermanos:

“… he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé lo que es vivir en la pobreza y también sé lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo estando satisfecho, que pasando hambre, a tener de sobra, que a carecer de todo. Y a todo puedo hacer frente, pues Cristo es quién me sostiene.. (17): No es que piense solo en recibir; lo que quiero es que vosotros lleguéis a incrementar vuestra cuenta delante de Dios, pues yo ya lo he recibido todo, y hasta tengo de sobra… Lo que me enviasteis fue como una ofrenda de incienso perfumado, como un sacrificio de olor agradable a Dios. Por lo tanto, mi Dios os dará todo lo que os falte, conforme a sus gloriosas riquezas en Cristo Jesús. ¡Gloria para siempre a nuestro Dios y Padre! Amén.”

Dar sin esperar nada a cambio; no permitiendo que seamos esclavos del dinero, sino sabiendo por fe, que Dios proveerá de todas nuestras necesidades si le somos fieles en ese campo. Esa es la enseñanza

“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”(Mal:3:10)

Pastor Daniel.

 


DIOS Y EL DINERO.

abril 14, 2008

¿MALOS Y BUENOS CRISTIANOS?

Hoy he estado mirando las estadísticas de los post más visitados en Internet. Creo que todo el mundo conoce quien se lleva la palma; ¿es necesario que mencione al sexo?… No, no lo creo; a día de hoy, es lo que más dinero y gentes mueve en el mundo entero. Lo religioso y lo espiritual no ‘mola‘; en este plano en el que la economía acapara el principal interés de las personas (muchos llegan con dificultad a fin de mes), proclamar la Palabra de Dios es provocar una corriente migratoria en el entorno.

Sin embargo, la situación cambia ante la promesa de solución financiera a los problemas particulares, si se es fiel en diezmos y ofrendas; entonces se elevan las expectativas y la esperanza individual. Y es cierto que está escrito que ese es uno de los principales deberes del creyente; en Las Escrituras abundan los versículos donde el Señor promete que rebosará la economía de aquel que cumpla su compromiso con la iglesia. Veamos dos de esos ejemplos: (Uno del Antiguo y otro del nuevo Testamento)

“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Malaquías 3:10

“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.”  (2ª Co 9:9)

Pero, por otra parte, también vemos que Jesús alerta constantemente sobre el peligro del dinero ‘sobrante‘, es decir, el que un cristiano favorecido por Dios, recibe como ‘gracia‘ del Todopoderoso. La palabra ‘dinero‘ se repite 120 veces en la Biblia, ‘riquezas‘: aparece en 98 ocasiones; siempre dejando patente que ni uno ni la otra son lo más importante y alertando sobre el uso que debe de hacer el favorecido del Señor en dones materiales.

El dinero solo nos dignifica ante Dios, cuando lo usamos para cubrir las necesidades de otros semejantes. Un ejemplo de desprecio a las riquezas, en favor de mantener una actitud con la vista puesta en la vida eterna prometida, se observa en Hebreos 11:24:

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.”

¿Cómo se relaciona esto, con la vida real? Hace unos días, un hermano de la iglesia me comentó que a veces pensaba que Él no le era agradable a Dios, por lo dura que resulta su vida en lo material, mientras a otros cristianos les va muy bien. Entonces le recordé la situación de una hermana, miembro de nuestra congregación, que ha sufrido durante años varias cirugías, en su lucha personal contra las metástasis del cáncer que la asola, y que ya le ha hecho perder un brazo.

Juntos recordamos cómo ha afrontando su mal con valor y fe constante; la última ocasión muy reciente, cuando se le dijo a la familia que se preparasen para lo peor, y que sin embargo, de ser la más grave en el área de cuidados intensivos, donde todos esperaban su muerte, fue trasladada a sala y dada luego de alta, debido a la mejoría experimentada. ¿Podemos pensar que Dios está disgustado con ella, y de ahí su mal? ¡Claro que no!

Las personas le damos a esta vida más importancia de la que tiene; la consideramos valiosa debido al miedo a un final inexorable. Pero, ¿qué representan los hipotéticos 75 años que duramos en condiciones normales, con respecto a la eternidad?: Menos de una gota de agua en el océano, pues este es finito, mientras que la vida bajo el reinado mesiánico permanecerá para siempre.

Nuestra existencia no es más que una gran prueba que todos debemos afrontar; cada uno en las condiciones que le toque. De la actitud de respuesta dependerá nuestro futuro. Quien es rico, tendrá que responder por cómo consiguió su capital y la forma en que ha hecho uso del dinero; las diferencias sociales nada tienen que ver con los planes del Señor. ¡Muy mal lo tendrían en ese caso todos los habitantes de los países más pobres! Nadie puede ni siquiera insinuar que ya están descalificados para Dios, pues sus conclusiones, solo a Él le pertenecen.

Mi hermano y amigo quedó más tranquilo luego de escuchar esto, pues le resultaba traumático que otros cristianos dispongan de un flamante 4X4 y él ni siquiera puede acceder al crédito de un banco para comprarse un coche de segunda mano. Como reza el proverbio: “A quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga.” La desazón, y mucho menos la envidia, pueden tener cabida en el corazón de los seguidores de Cristo; nuestro deber es alegrarnos por cada motivo de júbilo en nuestros hermanos, pues así abrimos la puerta al futuro don divino que también nos favorecerá. 

La alerta bíblica de Jesús: ‘El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán‘, patentizan que debemos tener muy en cuenta sus enseñanzas con respecto a la actitud que debe mantener el ser humano ante lo material; mucho recalca sobre el peligro del dinero y lo difícil que la tienen los ricos para adquirir la vida eterna. La bonanza económica de un cristiano debe ser recibida siempre con acción de gracias, pues se trata de una dádiva de Dios, pero también como una tentadora prueba de fidelidad, pues el Altísimo estará pendiente del uso que se hará con los ‘talentos‘ regalados.

Tenemos la certidumbre de que Dios quiere lo mejor para sus hijos; en mi iglesia se ve cómo han sido prosperados muchos de sus miembros; pero sería un error pensar que aquellos menos afortunados, de alguna manera no resultan gratos al Señor. Hay muchísimos ejemplos en la propia literatura bíblica: hay muchos ‘grandes‘ de la fe que vivieron y ejercieron un fuerte ministerio apostólico, lejos de las riquezas materiales, pasando hambre, pasando frío y múltiples necesidades.

Ya hablamos de Moisés, que prefirió estar dando vueltas durante 40 años por el desierto, bajo la guía del Creador, entre el polvo, el sol y las necesidades que fueron fortaleciéndole el espíritu, a disfrutar de la cómoda vida del palacio egipcio, donde había sido adoptado por una princesa.

También está el caso de Elías; cuando fue perseguido por Jezabel, el propio Dios le ordenó que se fuera a vivir a una cueva, junto a una fuente de agua. Allá los cuervos le llevaron pan por la mañana y carne por la tarde. El profeta vestía pobremente: una tosca piel de camello y una correa. Cuando el Señor consideró cumplidos sus propósitos, no miró como vivía ni como vestía, sino la lealtad probada de su servidor, llevándoselo al cielo en un carro de fuego, según el testimonio de otro ‘pobre en finanzas, pero rico en espíritu‘: Eliseo, que heredó su capa y sus poderes.

Por otra parte, vemos el enigmático suceso de Juan el Bautista, que renunció a todo, vistiendo en condiciones similares a Elías, de quien usó los mismos métodos de ataque directo contra los pecados y vicios de sus contemporáneos. Con igual austeridad, se alimentó de miel silvestre y de las langostas de la región. Habló como él, siendo su aspecto exterior, el mismo del antiguo profeta; de él, nuestro Señor Jesucristo sentenció la misteriosa reencarnación espiritual, en Mateo 11:11-15:

“De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Según las crónicas hebreas, a los 16 años ya medía más de 1.80 ms; llegó a ser un robusto y pintoresco hijo de la naturaleza, predicador intrépido y temeroso de la rectitud. Juan no era iletrado, conocía las sagradas escrituras judías, aunque distaba de ser un hombre culto; era un pensador claro, un orador poderoso y un denunciador fogoso. Al igual que Elías, resultó una censura elocuente y constante, incluso para el propio rey Herodes, a quien nunca temió, pues jamás le preocupó resultar agradable a los hombres, sino al que reina sobre ellos.

Merece renglón aparte la instrucción recibida sobre Pablo de Tarso, uno de los apóstoles más fieles de Cristo, que asimismo decidió vivir lejos de opulencias y poderes terrenales, sufriendo prisión, injurias, latigazos, hambre, naufragios y ataques de todo tipo hasta su muerte en martirio.

¿Podemos decir que estas personas no fueron agradables a Dios y que por esa razón la pasaron tan mal mientras vivían? La respuesta nos la da el propio Jesucristo, según leemos en Marcos 10:42:

“Pero Jesús, llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas, y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad. Mas no será así entre vosotros: antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor… “

Es decir, ante los ojos de quien escudriña en el corazón humano, lo importante no es el éxito material alcanzado entre los hombres, sino la fidelidad y la entrega, con la vista puesta en la vida que vendrá. Fuera quedará, tanto la mercadería, como los propios mercaderes, y entonces valdremos según lo que el Rey decida; cada cual disfrutará esa vida especial en el lugar que le corresponda: el adquirido en función de sus obras cuando alimentaba carne. Según su profecía, los primeros serán los últimos, y los últimos, los primeros.

¿Significa esto que es preferible vivir en estrechez? ¡De ninguna manera! Si el Todopoderoso nos quiere hacer partícipes de comodidad económica, debemos considerarlo un privilegio y darle gracias constantemente por ello, precisamente por el conocimiento que tenemos de las necesidades de muchos de nuestros hermanos en la fe.

Pero también debemos razonar sobre que el dinero va y viene: hoy podemos tener mucho y mañana nada. Lo único importante es la forma en que lo empleamos mientras permanece entre nosotros; pues si lo usamos mal, tendremos que responder por ello. Que no haya duda sobre esto.

No debemos caer en la tentación de explicar la bonanza económica, identificándola como la mejor muestra de que el favorecido es agradable al Señor; la Biblia nos enseña sobre esto en el libro de Job: alguien de quien el propio Dios se sentía orgulloso, debido a su humildad y buen corazón, pese a ser un hombre poseedor de grandes riquezas. En un abrir y cerrar de ojos, todo cambió para él; apareció la prueba y muchas dificultades se le vinieron encima de golpe, perdiendo hijos, riqueza y salud, a un mismo tiempo.

Sin embargo, su respuesta ante el cambio fue buena ante los ojos del Altísimo, quien volvió a favorecerle, haciendo desaparecer todos sus males físicos, multiplicando su capital y dándole una nueva familia. Una enseñanza que debemos asumir todos, imbuidos en la certeza de lo efímera que puede resultar la bonanza económica, y de la poca importancia que esta reviste ante la realidad de una vida eternamente próspera, manifestada en la promesa del Todopoderoso, mediante la sangre de Jesús en la cruz.

Lo más importante no es tener o no solvencia económica, sino ser buenas personas y no auxiliar a nadie esperando recibir algo a cambio. Tratemos siempre de buscar dónde podemos resultar útiles a los demás; sin miedo. La mirada del Omnipotente, como el águila que vela por su prole, está tan pendiente de nosotros, como de aquellos que nos embisten, sea murmurando, planeando en contra nuestra o atacándonos directamente.

En estos casos, la nobleza de nuestro perdón nos enriquecerá, allí donde no existen casas que acuñen monedas, pues todos los pagos se realizarán con las fortunas amasadas en el corazón, durante esta vida en que nadie es superior a nadie, por mucho que alguien lo piense. Solo el gran evaluador de las auditorías finales, establecerá los niveles definitivos, en cada área de destino; hasta entonces, debemos prepararnos con ahinco.

De nosotros saldrá música agradable al Señor, cuando seamos capaces de dejar libres las cuerdas del buen angel que todos llevamos dentro.

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ESLABONES PERDIDOS JUEGAN AL ESCONDIDO

marzo 24, 2008

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de todos. (Hebreos 2:10)

¿DÓNDE ESTÁ MI GATO-PERRO?

Según la teoría de la evolución de las especies, en su ‘evolución‘ más reciente: el neodarwinismo fundamentado en la selección natural y las mutaciones ‘azarosas’, todo ser vivo (me gusta incluir a todo tipo de plantas) proviene de un antecesor. Es decir, una especie tiene el don de trasmutar en otra con el tiempo, y todo lo que vemos, en mar y tierra, nació de esa manera. Ante la reconocida dureza de reflexión, se ha intentado endulzar la mitificada tarta evolutiva con la posibilidad de cambios en un entorno de miles de millones de años.

O sea, que por ahí deben andar los restos de las numerosas especies intermedias derivadas del enorme proceso que ha llegado a generar la multitud de ellas que habitan hoy el planeta Tierra. En el pasado debieron haber visto la luz solar, criaturas con rasgos de lagartos-aves, en combinación con aquellos que tenían de pez, los cuales, por puro raciocinio, debieron haber convivido con los propios, peces y reptiles existentes. También por pura deducción lógica, en ese entorno se deberían haber sumado los pájaros con características de animales rastreros, cuya formación morfológica debía aparecer en fósiles de de pájaros reptiles: las famosas formas transitorias citadas por la evolución.

Continuando con el razonamiento y la deducción, en la actualidad deberíamos estar rodeados de millones y millones de esas raras especies surgidas de la selección natural.  Cantidad y variedad: ese es el enigma que no logra descifrar la ausencia de los registros fósiles correspondientes, ya que deberían multiplicar los existentes, y sus restos estar esparcidos por el mundo entero; cosa que no ha sucedido (ni sucederá).

Ya hay muchos paleontólogos que se han visto obligados por la aparición repentina y completa de seres complejos, en la llamada ‘explosión cámbrica’, y por esta ausencia fósil, a crear la nueva teoría de ‘equilibrio punteado‘ de la que se ha debatido en este blog, consistente en que las especies fueron apareciendo de pronto, con sus cadenas de ADN totalmente cambiadas para dar lugar a cada nuevo ente biológico.

En su “El Origen de las Especies”, Darwin comentaba: “Si mi teoría es correcta, innumerables variedades intermedias, que vincularían más ajustadamente todas las especies del mismo grupo, deben haber existido con seguridad… En consecuencia, evidencias de su anterior existencia podrían encontrarse solamente entre los restos fósiles“.

Resulta evidente que el mismo autor del caos evolutivo era consciente de la ausencia de dichas formas transitorias. Miraba esperanzado hacia el futuro, contando con que fuesen localizadas. Por esta razón, considerando que ello constituía el obstáculo mayor de su teoría, agregó un capítulo a su Origen de las Especies: ‘Dificultades de la Teoría’, del cual he extraído el siguiente párrafo:

¿Por qué si las especies han descendido de otras por medio de claras graduaciones no encontramos por todas partes innumerables formas transitorias? ¿Por qué no se presenta toda la naturaleza desordenada, contrariamente a lo que sucede con las especies existentes, a las que podemos ver bien definidas? Pero, como según esta teoría deben haber existido innumerables formas transitorias, ¿por qué no las encontramos enclavadas en cantidad innumerable en la corteza terrestre?… Pero en la región intermedia, con condiciones de vida intermedia, ¿por qué no encontramos ahora variedades intermedias estrechamente vinculadas? Esta dificultad me ha confundido totalmente durante un largo tiempo”.

Solo le quedaba una alternativa ante esta situación: aunque los registros fósiles hallados hasta aquel momento eran inadecuados, planteó que cuando se les hubieran estudiado pormenorizadamente se encontrarían los nexos necesarios: los eslabones perdidos.

Los investigadores evolutivos, fieles al concepto, llevan más de 150 años excavando y buscando en todos los continentes, pero sin resultados satisfactorios: no solo no existe evidencia de forma transitoria alguna, sino que lo hallado señala que cada especie apareció de pronto, con todas sus características. Cada fósil extraído, mostró que la vida apareció sobre la Tierra repentina y totalmente formada. La esperanza evolucionista, devino en colapso.

El reconocido paleontólogo evolucionista británico, Derek V. Ager, lo corrobora:

“Lo que se presenta, si analizamos pormenorizadamente los registros fósiles, ya sea a nivel de órdenes o especies, es que lo que encontramos una y otra vez no es una evolución gradual sino la repentina explosión o aparición de un grupo a expensa de otro”.

Por su parte, Mark Czarnecki, otro paleontólogo evolucionista, comenta lo siguiente:

 “Los registros fósiles, las huellas de las especies desaparecidas preservadas en las formaciones geológicas de la Tierra, han sido un gran problema para la demostración de la teoría. Dichos registros nunca han revelado rastros de las hipotéticas variantes intermedias de Darwin. Por el contrario, las especies aparecen y desaparecen abruptamente, y esta anomalía ha alentado los argumentos creacionistas de que cada especie fue creada por Dios”.

Pero, como la esperanza es lo último que se pierde, siempre hay alguien que insiste en la posibilidad de una aparición futura. (Si emergió un Cámbrico negativo, ¿por qué no un golpe de suerte evolutiva?) A esta opción se apunta el profesor de paleontología de la Universidad de Glasgow, T. Neville George:

“No hay ninguna necesidad de disculparse por más tiempo de la pobreza de los registros fósiles. En cierta manera se han vuelto casi inmanejables por lo cuantioso, y los descubrimientos están poniendo fuera de lugar la integración… Sin embargo los registros fósiles continúan componiéndose principalmente de vacíos”.

Ya hemos visto, en un artículo anterior, fotos de fósiles aparecidos en las revistas  National Geographic y New Scientist, datados, desde supuestos 40 a 400 millones de años, que resultan morfológicamente idénticos a los actuales congéneres. Exactamente, se trataban de un tiburón, una langosta, una hormiga y una cucaracha. Si 400 millones de años no resultan suficientes para modificar una especie, ¿cuántos millones son necesarios para que ocurran las ‘especies transitorias’? Y hablamos de millones de especies; cada una urgiendo la forzosa intervención del tiempo para que se manifiesten en ellas cada estado transicional.

De modo que el único recurso que le queda a los desbrozadores de tierras, es donar sus palas, picos y demás enseres de trabajo a alguna ONG de la construcción, para darles mejor uso… o continuar en su tozudez generadora de promesas y sueños fatuos, intentando hallar el gato-perro que les catapulte a la fama, pues la competencia es tanta, que la vanidad ha hecho que esta constituya su principal objetivo; más allá de demostrar que procedemos del azar y hacia el azar nos dirigimos.

No importa que la riqueza de la Creación, que señala en todo momento planificación y diseño, apunte hacia un plan de futuro para la humanidad. Hay una seudo ciencia, que se la juega en el ‘todo por el todo‘, para lograr que la mente de Dios ni siquiera se considere en el pensamiento humano.

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VENCIENDO LA MUERTE

marzo 22, 2008

EL DÍA DE LA LUZ.

“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.”(1ª Co. 15:21-23)

Felicidades a la comunidad cristiana presente y la futura. Es la víspera de resurrección; el Buen Pastor buscará ovejas disipadas, para recordarles que también son de su redil y sanar heridas sin importarle causas, ofreciendo alianza imperecedera, en fidelidad a su promesa para toda la raza humana. Lo acredita con la sangre vertida desde el huerto de la confirmación de su pago, hasta la última gota de la lanzada en su costado, ya cadáver de hombre, sobre el madero santificado en el Gólgota.

¡El domingo sí habrá fiesta! Hace casi dos milenios, cuando la voz de Dios se oyó como un trueno ante los reunidos frente a Jesús de Nazaret, en la proximidad de su sacrificio por el pecado humano (Juan 12: 28-31), el Señor expresó que lo que para muchos fue retumbo del cielo, en realidad constituyó un mensaje al pueblo, no a Él, anunciando a todo el planeta:

“¡Ahora será expulsado el que manda en este mundo!”

Algo que vemos como una premonición de la acción descrita posteriormente, en Ap 20:1-3:

“Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo..”

La celebración dominical, tendrá lugar con el enemigo otra vez libre y haciendo de las suyas, hasta que el juez Supremo decida el momento de su justicia. Imaginamos el poder del resucitado Jesucristo, neutralizando entonces al engendro de la maldad, y enviándole al fuego por los tiempos de los tiempos, junto a sus seguidores.

También lo sentimos hoy, en el látigo de su verbo: caricia para quienes deciden seguirle desde el amor, y fustazo correctivo, aun no mortal, a los que permanecen ciegos, sumidos en desordenes morales de todo tipo o a aquellos con una menor culpa, producto de desidias y tibiezas provenientes de la ignorancia de su palabra.

El significado de Jesús, vuelto en carne a la vida, es locura para los que buscan su propia perdición, pero ratificación de fe y esperanza para todo aquel que cree en su promesa. Con su resurrección, dejó evidencia de la posibilidad de una vida eterna: si Él pudo, nosotros podemos. Y esto no nace de una deducción lógica, sino de la confirmación profética salida de sus labios, mientras oraba ante sus discípulos, en Juan 17:2:

“Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

La esperanza del pueblo de Dios es crecer espiritualmente, no la de ser destruidos. El Creador señala los límites de campo de trabajo de cada cual, y nadie puede gloriarse de sus propios éxitos, pues es atributo único de Dios. Los herederos del amor de Jesús, adorándole desde la multitud de iglesias en las que se han repartido, deben buscar los puntos de encuentro, no los divergentes, porque estos han sido creados por quien todos conocemos, para separar y confundir a los cristianos del mundo entero.

En honor al Cristo resucitado, debemos ser celosos de que toda gloria y honra le corresponda al único hombre que fue capaz de dar su vida por el pecado cometido por la humanidad, aun cuando Él mismo fue siempre libre de culpa. ¿Quién de nosotros sería capaz de de dar su vida por otra persona? Y no pregunto por la posibilidad de sacrificar esta única vida carnal de la que disponemos, a favor del vecino que saludamos por las mañanas, sino por alguien que no conocemos y vive a 10000 kms. de nosotros.

Debemos ser celosos de todo aquel que hable de un Jesús diferente al que se nos ha predicado. Ya Pablo habla de este peligro en 2ª Co 11:4:

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis… “

Si como cristianos deseamos glorificarnos, por propia obra o pertenencia a determinada congregación, debemos hacerlo antes con todo aquello que manifieste nuestras debilidades, enfrentándonos a ellas para intentar ser mejores ante el Justo. Reflexionemos ante aquella situación del Pablo suplicante, que le pedía a Jesús que le retirara la enigmática espina clavada en su carne (2ªCo 12:4-9), ante lo cual, el Señor le contestó:

Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”

Es importante puntualizar que el Hijo de Dios resucitó luego de morir por nuestros pecados, según venían profetizando desde muchos siglos antes, primero el rey David, luego Isaías, y otros más; es decir: fue la respuesta a todo un plan concebido por el Altísimo. No murió por azar, de la misma forma que los seres humanos tampoco lo haremos; hay un plan divino para la humanidad, y la dirección de la obra nos ha dado el libreto para que nosotros mismos decidamos qué papel jugaremos en esta función que se acerca a su fin.

Jesús resucitó al tercer día, no 72 horas después, como algunos plantean para desvirtuar la verdad bíblica, y sembrar la duda. Le llevaron al sepulcro un viernes y se le apareció el domingo, (Mc 16:9) primero a María Magdalena, como canto de esperanza a todos los pecadores futuros, evidenciando que con Él no hay preferencias y que estaba abierto al perdón, y luego a Pedro. Más tarde a sus apóstoles, y después, a más de 500 cristianos que le habían visto morir en la Cruz, para que sirvieran de testimonios futuros. (1ªCo 15)

La lectura que debemos hacer todos de la resurrección, es la alternativa de vida eterna para todo aquel que cree que Jesucristo es el Señor y lo confiesa con su boca. La eternidad prometida es una semilla depositada en nuestros corazones, que germinará según el abono personal; es la morada de luz a la cual se accede desde dos caminos: el amor… o el temor, en función de las elecciones del libre albedrío concedido por el Dios Padre.

El Eterno nos llama desde el amor; pero los más incrédulos también tienen su posibilidad, si a última hora una chispa del miedo a estar equivocados, les hace volver de sus errados senderos. Ahora bien, no se le puede pedir al Señor que guíe nuestros pasos si no tenemos intención de mover los pies.

Si se ansía conocer a Dios, debe creerse a sus profetas, con quienes hablaba directamente, ordenando que escribieran todo en un libro para que creciéramos en conocimiento, y su verdad fluyera totalmente, sin astucias. No se trata de convencer a nadie para vender un auto, sino de serle fieles desde el alfa hasta la omega: el ‘Yo Soy’ del Señor. Jesús enseñó que el que quisiera, le siguiera tal como Él era, y el que no, que esperara acomodado en la forma de vida elegida, hasta que volviera a pedir cuentas a todos.

La sangre de Cristo anuló nuestros pecados; Él nos llama desde el amor, la vía más rápida y segura para seguirle, ‘gratis‘, por el recto camino que nos guía hacia el acceso principal de su Sión definitivo. Sin embargo, en su misericordia, nos ofrece otra alternativa a los rebeldes, abriéndonos una puerta de servicio a los arrepentidos de habernos apartado del trayecto, para que regresemos, ya sea diagonal o transversalmente, según la distancia a la que nos hayamos alejado… aunque pagando entonces un precio de recargo, como indica Jer 30:11, repetido en 46:28, para patentizar su sanción punitiva:

“Pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”

El Creador, siempre manifiesta su exhortación al arrepentimiento con promesa de perdón, a lo largo de los 66 libros que constituyen su Biblia, pues Él no desea hacernos daño, sino perfeccionarnos. Es como cuando nos presentamos a un ‘casting‘ porque aspiramos algo que se ofrece: se selecciona a los que se consideren mejores para el propósito que se trate. Si se aspira ir a la vida eterna, no podemos ser la levadura que leuda la masa, sino la harina refinada que formará parte de ella.

El Todopoderoso lleva en un brazo la vara de la corrección, dirigiéndola hacia quienes ama, no hacia los que ya han elegido la perdición; escoge a los hombres según su corazón, pues no ve al pecado, sino el potencial de bondad que acabará por destruir a este. Su otra mano está permanentemente tendida hacia el arrepentido: una castiga y la otra salva, pero el libre albedrío siempre deja al hombre la última palabra.

“Yo reprendo y castigo a todo el que amo; sé pues, celoso y arrepiéntete.”(Ap 3:19)

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad.”(Ap 22:14)

Estas fueron dos de las últimas recomendaciones del Rey de Luz; seamos cautos y aprovechemos este nuevo aniversario de su victoria sobre la muerte, para meditar en ellas: nos arriesgamos a perder mucho en este acto. Sed buenos, el Señor viene.

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