EVOLUCIÓN HERMANA A HUMANOS Y MONOS… DISTORSIONANDO LA VERDAD.

septiembre 21, 2008

Si algo me motivó a estudiar genética, más que ninguna otra razón, ha sido el despropósito de la pretendida ‘homología’ entre hombres y monos. Y digo monos porque reniego de farsas, y yo sé que el nombre virtual que bautizó a los supuestos ‘bichos’ que dieron lugar al humano, no es más que el mayor intento anti Dios, entre todos los fraudes evolutivos.

La prueba esencial para decir que toda especie desciende de una primera surgida al azar, es el parecido entre todas las secuencias proteicas. No se dice que son cientos de miles de proteínas vitales, dentro de una estructura genética fundamentada en sólo cuatro bases nitrogenadas, que, hábilmente combinadas, crea millones de entidades. Es imposible que bajo este ‘diseño’, los metabolismos pudieran diferenciarse más de lo que lo hacen.

¿Algún científico ha podido hacer las síntesis de ADN más variadas, desde bacteria a elefante o desde lechuga a la gigantesca secuoya, usando solo Adenosina, Timina Guanina y Citosina? En verdad, lo que se demuestra es que resulta imprescindible un programa muy inteligente para lograr algo tan extraordinario. Dios actuó magistralmente en su Creación. ¿Cómo es posible hallar grandes diferencias en las síntesis, si usó solo 4 bases nitrogenadas para conformar las miles de millones de instrucciones para la vida?

Mezclando solo 4 letras, se ‘codifica’ cada receta para crear, desarrollar y mantener, los millones de especies existentes en el planeta. ¡Si algo demuestra el ADN, es la Sabiduría y la Ciencia del Creador! Razonemos, pues a diferencia de los monos, tenemos cerebro y neuronas para algo más que para las ensoñaciones de ranas convirtiéndose en Príncipes.

Pese a la gran diversidad biológica, hay algo más en común que los elementos químicos esenciales: macromoléculas como proteínas, carbohidratos, lípidos y ácidos nucleicos. La similitud del código ADN, está en todos los genomas; cada proceso de transcripción, traducción y elaboración de proteínas, es básicamente el mismo en todo ser vivo.

Si un simio es el ente de mayor analogía física con el humano, ¿cómo no pensar que forzosamente sus respectivos ADN se semejarán más que por ejemplo, los del hombre y el asno? ¿Por qué no se le da este enfoque al planteamiento?… Solo porque resulta ‘menos conveniente’ para las intenciones que se persiguen: convertirnos en un elemento casuístico más, sin pasado vinculado a un plan divino, y lo que es peor: tampoco sin futuro.

Desde el invento del árbol de Haeckel [el tramposo evolutivo que falseó las etapas embriológicas del ser humano, intentando establecer un parecido con embriones de distintos animales], nació el concepto ‘filogenia’: ‘el desarrollo de embriones de cada especie repite el desarrollo evolutivo de esa especie totalmente’; de modo que la ontogénesis reproduciría la filogénesis. Y en una maniobra similar, versión Lucy-Chita-hombre, se usa la técnica de ‘hibridación del ADN’, para ‘demostrar’ lo ‘mono’ que somos.

Mediante tal hibridación, usando la temperatura de disociación de las cadenas originales y de los híbridos entre las especies a comparar, las bases de cada hebra tienden a unirse con su complementaria: a más uniones, mayor parecido genético. Un proceso que combina dos cadenas antiparalelas de ácidos nucleicos, en una única molécula con doble información, tomando la estructura de doble hélice.

Las bases nitrogenadas quedan ocultas en el interior; así, si se irradia la muestra con la longitud de onda adecuada, la absorción de energía será mucho menor. Si fuera sencilla, los dobles enlaces de las bases nitrogenadas estarían totalmente expuestos a la fuente de energía, dificultando la unión.

En 1960 se supo que dos filamentos de ADN, de dos especies distintas, pueden reunirse y desunirse in vitro, generando una molécula híbrida de doble cadena convencional. Eso se utilizó luego, para determinar el grado de relación ADN, entre chimpancé y hombre. En la práctica, cuando el ADN de simple cadena de dos especies distintas se combina e incuba a 60°C, se formará un ADN híbrido de doble cadena… solo entre las secuencias de bases homólogas. Sólo las secuencias homólogas tienen suficientes pares complementarios para formar dobles cadenas (dúplex) técnicamente estables a 60°C. Se tiene en cuenta la temperatura de fusión, donde la mitad de las moléculas complementarias se unen.

Sibley y Ahlquist, lo explican: (1987, J. Molec. Evol. 26: 99-121). ‘El material del dúplex híbrido resultante [hombre-chimpancé], luego es separado del filamento sencillo de ADN que queda, y es calentado con incrementos de 2 a 3 grados, y desde 55º a 95º C. La cantidad de la separación de ADN a cada temperatura es medida y totalizada, comparándola con el ADN humano-humano reformado como dúplex. Si el 90% de las bases apareadas de ambas comparaciones coinciden, se dice que hay un 90% de hibridación porcentual normalizada.

Pero, [oliendo a ‘deducción conveniente’, contra verdad científica], si el dúplex híbrido de ADN de diferentes especies presenta bases no apareadas, entonces se dice que esto ocurre debido a que ambos incorporaron distintas mutaciones… desde la última diversificación a partir de un común antecesor. Es decir, no se investiga, sino que se condiciona el resultado con respuestas a lo que se espera hallar, dando por ‘hecho’ que el antecesor común es un ‘hecho’, aunque este supuesto se haya basado en lucubraciones; justificando cualquier contradicción que surja.

Mas, Ayala y Valentine (1983), ya avisaron que esta técnica presenta inconvenientes: la enorme cantidad de secuencias presentes en casi todo ser vivo, y la imposibilidad de revisar globalmente todas las secuencias, pues solo se emplean fragmentos de ADN y luego se extrapolan, subjetivamente, a todo el genoma. Por ello, muchos investigadores, anatomistas y morfologistas, cuestionan los datos así obtenidos; a su criterio, no representa un confiable análisis global de ambos códigos genéticos.

Los propios autores del trabajo plantean que aunque el método de hibridación permite comparar una reducida parte del genoma de dos especies entre sí, sin embargo no puede medir cuánto ‘exactamente’ ha cambiado el ADN de las dos especies comparadas. No es el caso de la técnica RFLP: la Huella genética parental, que determina la identidad y la paternidad de personas, circunscrita solo a puntos específicos en los brazos de los cromosomas. Y atención ahora: actualmente también se le llama ‘Huella genética’ a variaciones de la técnica PCR… usada en el controvertido experimento hombre-chimpancé; para darle más ‘feeling’, vaya.

En general hay varios métodos para la hibridación del ADN, entre ellos:

– Marcaje con radioisótopos [Ej: tritio]

– Imunohistoquímicas

– Hibridación In Situ Fluorescente (FISH)

– Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR: Polymerase Chain Reaction)

– Chip de ADN; el más actual y el más fiable

Con respecto al ‘parecido’, chimpancé-hombre, los anatomistas consideran poco probable que un mono caminando con nudillos, y el humano de marcha bípeda, compartan un mismo antecesor común. La respuesta de quienes presentan la ‘invisible’ evidencia molecular, es que eso se solucionó con una adaptación ‘perdida en la línea ‘homínidos’; pero no se dice que para que esto ocurriera, antes habría sido indispensable recodificar y reinscribir todas las instrucciones que aparecen en el ADN del chimpancé, de lo contrario: NADA DE NADA.

Y esto, nadie, en ningún punto del planeta, tiene evidencias de que ocurra, sino todo lo contrario, pues lo que se sabe es que ninguna información se reinscribe y recodifica, si no hay un agente externo que lo ejecute. Desinforman, diciendo que esto se consigue a través de las mutaciones, pero la realidad es que ninguna, absolutamente ninguna mutación, ocurre para mejorar la respuesta biológica, sino para atrofiar en menor o mayor medida a la especie que la sufre: desde un simple diente menos en el arco bucal, por ejemplo, hasta una atrofia mandibular que convierta a la persona afectada en un monstruo… o a las más de 20000 enfermedades de causas genéticas, que derivan en padecimientos constantes, condiciones de vida anormales, y en más ocasiones de las deseadas, hasta la muerte.

Volviendo a la hibridación: se silencia que se hace con pequeñas secuencias proteicas del ADN ‘codificante’: el de los exones, el primero que la Ciencia determinó que ‘instruye’ para crear proteínas. O sea, la información que se da en las aulas y en toda la prensa informativa, es que somos ‘iguales a los chimpancés en un 97, 98, ó incluso 99%’… según el conveniente nivel de manipulación en los laboratorios. NO SE DICE, que ese ‘codificante’ solo representa un 5% de toda la información del ADN.

Para la hibridación se usan pequeños filamentos con secuencias de ADN. Se extraen del núcleo celular, se separan de otros componentes nucleares, y se cortan en pequeños fragmentos de unos 500 nucleótidos. Sabiendo que cada uno es un ensamblado de tres componentes: monosacárido, base nitrogenada y fosfato; siendo la base el principal de ellos, usándose en el experimento la misma cantidad para humano y chimpancé.

O sea, se calla que esta ‘comparación’ implicó una ínfima parte de ambos genomas, pues el ADN humano, en específico, cuenta con 3 000 000 000 pares de bases. Dicho en castizo, para que se entienda mejor: TRES MIL MILLONES DE PARES DE BASES.

En genética, un par de bases consiste en dos nucleótidos  opuestos y complementarios en las cadenas ADN/ARN, conectadas por puentes de hidrógeno. Por ejemplo, en el ADN, la adenina y timina constituyen un par; la guanina y citosina, forman otro par… constituyendo con ese preciso diseño, una estructura perfecta para el modelo de la doble hélice.

Una gran evidencia de que el ADN no es casuístico, sino perfectamente ‘programado’, lo explica Erwin Chargaff, al probar que dichas bases son proporcionales: “el total de purinas (adenina-guanina) siempre es igual al de pirimidinas (citosina-tinina); es más hay tanta adenina como timina y tanta guanina como citosina ” (GRIBBIN, 1986, pág.169).

Toda la genética se fundamenta en estas aleaciones, condicionadas siempre por un par de bases específicas: o uno u otro; jamás se verá guanina con adenina, o timina con citosina… y en el trabajo de laboratorio en el que se fundamentaron para describirnos como ‘hermanos’ de monos, solo se emplearon 500:2= 250 pares de bases. ¡Comparan 250 pares de bases, para decidir sobre la ‘homología’ entre dos especies, cuando solo el ADN del ser humano contiene TRES MIL MILLONES DE PARES DE BASES!

Calculando con simple regla de tres, el 5%: esos ‘exones’, considerados como ADN codificante:

100%————-3 [10 a la 9ª potencia] pares de bases

5%————  X

De donde X= 150’000,000= CIENTO CINCUENTA  MILLONES DE PARES DE BASES.

De ellos, solo se toman 500 nucleótidos para recombinar: 250 pares de bases [500 : 2]. Por tanto, de este 5%, aun se reduce más el porcentaje empleado:

150 000 000———100%

250———  X

Por lo que X= 0.00016 %

Y si nos remitimos al total de pares de bases del ADN humano, tenemos:

3 000 000 000——– 100%

250———  X

De donde X= 25000 : 3 000 000 000= 0.0000083 %

Es decir: los científicos evolutivos se han fundamentado en un 0.00016 %, del 5% del ADN total, para definir nuestra homología genética con los chimpancés. O dicho de otra forma más explícita: Los científicos evolutivos se han fundamentado en el 0.0000083% de todo el ADN nuclear, para decir que genéticamente resultamos homólogos al chimpancé… para ‘hermanarnos’ con ellos en el tiempo. ¡Ese es el verdadero enfoque de lo que se hizo en los laboratorios, ocultando la realidad al mundo!

En esta ocasión, porque interesaba, incluso se obvió el ADN mitocondrial, que aunque mucho más pequeño, juega un papel importante, puesto que casi su 100% representa una descendencia genética por vía materna. O sea, se obvió intencionadamente más del 99.99998 %, cifra imposible de descartar desde la lógica y la razón; claramente colosal, para llevar los resultados a donde les convenía. De nuevo mala intencionalidad, fraude y manipulación, tanto de los conocimientos, como de la información que fue bajada posteriormente a todas las aulas, y a todas las cadenas informativas de la sociedad. ¿Puede ese resultado considerarse honesto? ¿Puede considerarse científico y definitivo?

Según lo emitido: el 99% de homología ADN chimpancé-hombre, se fundamentó en el 0.0000083% de los datos aparecidos en el ‘programa de la vida’ contenido en el ADN nuclear… dejando sin analizar, como si no existiera, y como si no fuera importante, la amplia información genética derivada de línea materna: la de las mitocondrias: esos vitales orgánulos que la misma seudociencia de los cálculos convenientes, pretende presentar al mundo como entidades descendientes de bacterias.

No se enfoca que el 95% de la información del ADN, ha sido el gran ausente del ‘proyecto de hermandad chimpancés-seres humanos’. Pero ya se sabe que ciertas secuencias de ese 95%, (homeodominios, complejos receptores de hormonas esteroides, etc.) tienen afinidad hacia proteínas especiales, con capacidad de unirse al ADN, y con un papel cardinal en el control de los mecanismos de trascripción y replicación.

Estas secuencias se llaman frecuentemente secuencias reguladoras, y los investigadores asumen que sólo se ha identificado una pequeña fracción de las que realmente existen. El mal llamado ADN ‘basura de la evolución’ [siempre me recuerda al fraude de los órganos ‘vestigiales’ que nunca lo fueron], representa secuencias que no parecen contener genes ni tener alguna función. La presencia de tanto ADN ‘no codificante’ en genomas eucarióticos, y las diferencias en tamaño del genoma, representan un misterio que es conocido como el enigma del valor de C. Hoy se sabe, por ejemplo, que hay secuencias de ese enigma C, con un papel clave como reguladores de los genes, como sensores, y como interruptores que les ordenan activarse o desactivarse cuando corresponda.

Hace poco, la revista Science publicó un estudio sobre la utilidad de la investigación de ese enigmático ADN. Un equipo internacional, con participación del CSIC español, describe ‘crucial’ una secuencia del ADN ‘basura’, para el funcionamiento del gen de la hormona del crecimiento. Definen al SINEB2, como implicado en el desarrollo de las células, en la mitosis, el envejecimiento y la longevidad. Lluis Montoliuel investigador del Centro Nacional de Biotecnología, dice que “hay información de indudable relevancia en el ADN intergénico, el mal llamado ADN basura”.

También los telómeros y centrómeros contienen pocos o ningún gen codificante para la cadena proteica… mas son vitales sin embargo para consolidar la estructura cromosomática; otros codifican ARNr, ARNt, ARN de interferencia o ARNi: bloqueadores de la expresión de genes específicos, en momentos programados por la instrucción ADN.

Lo dicho, la evolución de las especies, contiene el mayor cúmulo de errores conceptuales que ha traspasado las puertas de la cultura y educación social. ¿Hasta dónde tendrá la humanidad que soportar indiferente, tanta mentira, tanta obstinación y tanta demencia irreflexiva?

¿Hermanos de chimpancés? No gracias; pasamos de más fraudes; nos hace recordar el significado de ‘Sofisma’: “Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir aquello que es falso.”


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BACTERIAS… ESAS EVOLUCIONISTAS SIN EVOLUCIÓN.

septiembre 13, 2008

Septiembre 13/2008

En innumerables ocasiones, bien a través de distintos artículos llegados a mis manos, procedente de Nature, Scientific, libros de microbiología pro-evolutivos, e incluso durante los debates en este blog, la constante referencia de los defensores darwinistas renovados, es la capacidad que han demostrado las bacterias, mutando constantemente, para hacerse resistentes no solo a antibióticos, sino a otros muchos tipos de ataques externos.

Continuamente, en distintos libros y artículos de microbiología evolutiva, aparecen expresiones como: “Las mutaciones producen cambios al azar en el material genético que pueden resultar en un microorganismo más resistente a un antibiótico que su antecesor.” Dicen que las bacterias logran ciertas características [fenotipos], a través de mutaciones en su estructura genética… y que en ocasiones basta el cambio de un solo nucleótido en el ADN microbiano para provocar resistencia frente a algunos antibióticos.

Repetidamente lo exhiben como una evidencia del trabajo de la selección natural: las más fuertes sobreviven y garantizan su población; las más débiles pasan a la extinción. Es decir, presentan tal situación como una defensa de la ‘evolución de las especies’, haciendo ver que esa capacidad de resistencia a los ataques que recibe, resulta en una ‘mejora genética’ nacida de la nada; un ‘don’ auto adquirido luego de miles de millones de años.

Y eso, presentado con el respaldo de un título docto, portando unas gafas que reflejen respetabilidad, y con muchos folios explicativos de lo sucedido en los laboratorios [todo en la dirección que convenga para aportar mayor nivel de convicción, claro], resulta suficiente para que sea aceptado y aplaudido en la sociedad. Desde ese mismo instante, una teoría renqueante, pasa automáticamente a ser presentada como ‘certeza científica demostrada’.

Pero una y otra vez se distorsiona la realidad, pues en ese informe, por obvia conveniencia, no se aclara la importantísima y vital actividad de otros agentes. Partículas fundadas por un conjunto de átomos ligados por enlaces covalentes, y causantes directos de esa ‘mejora’, por tener INSCRITO en su genoma las INSTRUCCIONES adecuadas para que se dé tal resistencia. Y es que, si bien es correcto decir que el genoma procariota consta de un solo cromosoma, también sería adecuado plantear que la inmensa mayoría de las bacterias poseen además, uno o varios elementos genéticos extra cromosómicos, con marcada influencia sobre ellas, debido a la ‘INSTRUCCIONES’ que contienen en su ADN.

Los ‘plásmidos’ son uno de ellos: secciones de ADN que tienen ciertos agregados que hacen se unan sus extremos y tomen forma circular; moléculas de ADN extracromosómico, de pequeño tamaño, existentes en la mayoría especies bacterianas y que se caracterizan porque se pueden replicar de manera independiente del ADN cromosómico.

A diferencia de los datos contenidos en el único cromosoma de la bacteria, los de los plásmidos no son necesarios para la viabilidad general de la célula; mas sin embargo, contienen genes que contribuyen a la supervivencia de esos microscópicos organismos en condiciones especiales. Un caso particular son los que confieren resistencia a antibióticos; recordando que un gen es la menor unidad de INFORMACIÓN en el ADN; la ínfima parte de un extenso y complicado PROGRAMA, contenedor de datos codificados y secuenciales, que ordenan y controlan todos los procesos de nacimiento, desarrollo y mantenimiento embrionario: las INSTRUCCIONES PARA CREAR y sostener VIDA.

Y llegados a aquí, la realidad de la experiencia científica, en todas las ramas de la Ciencia, nos guía hacia donde siempre: no puede decirse que surgió por procesos aleatorios y casuísticos, una información con datos secuenciales programados; precisas instrucciones para crear vida desde elementos inertes, inscritas y codificadas en hebras orgánicas, cuyo único objetivo, según han demostrado los investigadores de distintas partes del mundo, es INSTRUIR. No se puede plantear eso, porque ningún recetario químico, implicando dosis, secuencias, y los más mínimos detalles de confección, ha aparecido jamás por sí mismo, en ningún punto del planeta… y mucho menos apareciendo perfectamente codificado.

Analicemos los plásmidos: Son pequeños trozos extracromosómicos de ADN circular, cerrados covalentemente, que normalmente se replican en el citoplasma bacteriano. Son fácilmente intercambiados entre diferentes bacterias de igual o distinta especie y normalmente portan genes no esenciales para el crecimiento y multiplicación de la célula… pero que sí codifican para diversos grupos de proteínas: constituyen un ‘complemento de la información’ genética.

Pueden contener una variedad de genes diferentes, cada uno aportando resistencia ante disímiles antibióticos, gracias a ‘instrucciones codificadas’ que REGULAN, desde un diseño programado, la producción de toxinas o pili, el permitir a la bacteria hospitalaria usar fuentes de energía alternativas, expresar factores de virulencia, proveer resistencia a metales pesados, así como distintas funciones de transferencia y replicación… ¡Todo un director de orquesta, mucho más pequeño que el microorganismo que lo acoge y acepta!

La adquisición de material genético de otro microorganismo que codifica resistencia antibiótica, es el proceso más común a través del cual la resistencia antibiótica es diseminada. Se logra principalmente a través de tres mecanismos, de bacteria a bacteria:

1. Transformación- No es el proceso natural en la mayoría de los microorganismos, pues se requiere mucha manipulación para producir transformación in vitro.

2. Transducción.- El ADN exógeno o externo al cromosoma bacteriano, pasa de una bacteria a otra por la inserción mediante un fago. La fuente de ADN puede ser un plásmido dentro de la célula o puede abarcar una porción del cromosoma bacteriano. Es decir, la bacteria es infectada por el fago que inyecta dentro de la célula su ‘material genético’, la información que contiene; un proceso demostrado tanto in vitro como in vivo.

3. Conjugación.- Proceso más común de ‘transferencia de genes’ de resistencia antibiótica. La resistencia adquirida gracias a los datos contenidos en los plásmidos, no es un hecho aislado, sino que ocurre en la mayoría de especies bacterianas… respuesta a un programa preestablecido, diseñado, codificado e inscrito en el genoma del plásmido.

O sea, las dos formas naturales que logran pasar de una bacteria a otra las instrucciones para sintetizar las proteínas que formarán parte de sus sistemas inmunes, no se logran por azar, luego de Xn años, sino que se hallan ya regulados en el ADN de los plásmidos, por una INSTRUCCIÓN imposible de auto generarse: el diseño que provee a la bacteria de la maleabilidad necesaria para enfrentar condiciones ambientales cambiantes, tales como la contaminación de su ecosistema con metales pesados, u otros agentes… como los antibióticos. Es decir, si hubo una primera mutación en esa inscripción, esta siempre se debió manifestar sobre una información original, jamás sobre ‘algo’ surgido al azar, debido a una inexorable condición pragmática: no surge ‘información’ desde la ‘nada’.

Y ¿cómo ocurre esta inserción instrucción-cromosoma?… Pues se ha demostrado que los plásmidos tienen la habilidad de transferirse a otra bacteria, por diferentes modos; algunos incluso contienen transposones móviles que saliendo de él, van al ADN cromosómico; otros transposones sencillamente se replican, aumentando su número de copias en la célula.

Otra de las controversias de la teoría evolutiva con la realidad, pues el transposón, como el plásmido, no es más que una secuencia de ADN; no un ‘bicho’ que provoca una reacción, sino un cúmulo de datos que adecúa una determinada operación metabólica en la bacteria: instrucciones que demandan al instructor que las originó.

Los defensores evolutivos propugnan, sin evidencias de ningún tipo, solo por fidelidad a la necesidad de que su teoría se mantenga a flote, que los transposones son secuencias repetitivas que ‘seguramente’ proceden de ‘retrovirus ancestrales’. Pero vemos que tienen una función específica: varían el ADN, arrastrando un gen codificador de un cromosoma a otro, rompiéndolo por la mitad o haciendo que desaparezca del todo.

La inserción de un transposón a un gen, interrumpe ese gen y codifica para rasgos parecidos, como por ejemplo resistencia antibiótica. Y el solo hecho de que sea una secuencia de ADN: datos, ya lo revela como INSTRUCCIÓN, y una instrucción no puede haber surgido, inscribirse, y codificarse nunca por sí misma. No importa lo ‘ancestral’ que pretendan hacerla; siempre precisará del Instructor que la creó; nadie ha visto jamás una instrucción surgir por arte de ‘birlibirloque’… y si aparece programada, inscrita y codificada, mucho menos todavía.

La Ciencia no ha definido aun muy bien el que solo una ínfima parte del ADN codifica proteínas. Esto ha sido aprovechado por los darwinistas recapituladores, para decir que en algunas especies, la mayor parte del ADN ‘basura’, [hasta un 50% del total del genoma], corresponde a transposones… algo similar a cuando se declararon vestigiales, solo por ignorancia y prisa por neutralizar la Creación de Dios: la hipófisis, la Glándula Pineal, Adenoides, apéndice, la Pituitaria, hepífisis, el timo, Amígdalas… hasta casi un centenar de órganos cuya vital funcionalidad hoy la Ciencia ha dejado bien establecida.

Pero varios estudios recientes han negado esa hipótesis de ADN ‘basura’. Ya se conoce que, entre otras actividades, ese ADN, aparentemente ‘no codificante’, en realidad regula la expresión diferencial de los genes… entre ellas, lo que hemos presentado aquí: algunas secuencias tienen afinidad hacia proteínas especiales que tienen la capacidad de unirse al ADN (plásmidos, homeodominios, complejos receptores de hormonas esteroides, etc.), con un efecto contrastado en el control de mecanismos de trascripción y replicación.

Incluso hoy se conocen como ‘secuencias reguladoras’, y los investigadores aseguran que sólo se ha identificado una pequeña fracción del total. La presencia de tanto ADN, mal llamado: ‘no codificante’, en genomas eucarióticos y aunque menos, en procariotas; así como las diferencias en tamaño del genoma entre especies, representan un misterio que es conocido como el “enigma del valor de C”. Y un enigma no puede ser usado como evidencia de nada, sino que debe servir como estímulo para lograr descifrarlo… sobre todo cuando forma parte de un programa inteligente, que contiene una información genética, inscrita y codificada, que resulta importantísima para las bacterias: la INSTRUCCIÓN PROGRAMADA que indica cómo elaborar las proteínas que las hará resistentes a la agresión de agentes externos.

Por ejemplo: la presencia en un plásmido, del gen de resistencia a ampicilina, permite seleccionar las bacterias que portan estos plásmidos, gracias a su capacidad para crecer en presencia de dicho antibiótico. ¿Por qué?… Pues porque ese gen de resistencia contiene una instrucción codificada, para elaborar la enzima que degrada la ampicilina.

Dicho de otra forma, una bacteria tiene la capacidad de hacerse resistente ante determinados agentes externos, gracias a que contiene en su ADN, ‘INSCRITAS Y CODIFICADAS’, las instrucciones para secuenciar las proteínas que le permitirán esta ‘mejora’. El cuento de ‘evolución a mejor’, por ‘sí misma’, por azar evolutivo o lo que sea que se esté transmitiendo en las aulas, resulta antagónico con la verdad. En realidad se ‘instruye’ sobre cómo secuenciar las proteínas que intervendrán en esa fortaleza adicional: la cepa derivada que se hará más resistente.

Y no hay que verlos como ‘bichos’ que se meten dentro de otro y hacen endosimbiosis, sino como moléculas con ‘INFORMACIÓN’, que se incorporan a otra ‘INFORMACIÓN’, en la cadena del ADN bacteriano. Una vez más, primero están los datos, las instrucciones del ‘CÓMO HACER LAS COSAS’; solo luego es que ‘las cosas’ se hacen.

Otro uso importante de los plásmidos es fabricar grandes cantidades de proteínas. Se deja crecer la bacteria que contiene al plásmido con el gen de interés, y esta instrucción regula la producción de tales proteínas en gran cantidad. Forma barata y fácil de producir hormonas de forma masiva, como por ejemplo insulina, o incluso antibióticos.

Así, el Nobel de Medicina 1978, cayó en los Microbiólogos Werner Arber, Daniel Nathans y H. Smith, al descubrir las Endonucleasas de Restricción: el programa celular producto de un Diseño Inteligente, que permitió manipular la bacteria E. coli, y producir insulina humana para los diabéticos. Es decir, no crearon, sino descubrieron lo que ya existía.

Decir que si las bacterias mutan y mejoran, implica que ocurra lo mismo en humanos, está fuera de lugar. Por ejemplo, E. coli, en 7 horas, causa 20 generaciones: más de un millón de células; mientras los humanos, para generar 4 generaciones precisan un siglo. No es lo mismo la respuesta de una sola célula procariota, prácticamente inmortal, que un servosistema biológico con miles de millones de eucariotas y cientos de miles de secuencias de proteínas, donde una sola de ellas puede alterar todo el complejo.

¿Por qué Dios creó un diseño bacteriano que supuestamente conspira contra la salud del humano, su obra cumbre? Es obvio que posiblemente sea una pregunta mal enfocada, debido a la falta de datos. Aun queda mucho por investigar al respecto; quizás exista tal cosa porque resulta imprescindible para la no degradación del ecosistema… pero habría que averiguar mucho, antes de teorizar tanto sobre lo que apenas se conoce.

Lo único cierto e innegable, es que la Instrucción para crear la vida aparece antes inscrita y codificada en el genoma de bacterias y eucariontes, dejando bien definidas sus diferencias. No es una presunción, ni el resultado de una imaginación dirigida y fértil, sino la consecuencia del empirismo científico. Enfrentado al microscopio especial, el ADN surge como una inscripción codificada, INSTRUYENDO sobre cada una de las operaciones que deben efectuarse, desde la primera hasta la última, para CREAR vida.

De ese microscópico manual biológico surgió la vida; contiene todo el programa para que esta no se detenga: algo jamás imitado por el hombre. Constituye la misma firma del Creador, y el mayor ejemplo de la formidable sabiduría y omnisciencia de Dios… imposible de ser socavada ni tergiversada por ningún esfuerzo humano malintencionado que lo pretenda; no importan los títulos académicos bajo los cuales se pretenda conseguirlo.

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