SE BUSCA SALTO DARWINISTA VIVO O MUERTO (II)

marzo 19, 2013

El darwinismo afronta un escollo insalvable: en la célula eucariota hay orgánulos ausentes en la procariota o cualquier bicho que se adopte como origen. Para salvar la traba y exhibir evidencia evolutiva, se dice que hace miles de millones de años una bacteria entró en otra, hizo endosimbiosis, creó la mitocondria… y se volvió eucariota.

Mas el procariota, además de no tener mitocondrias [su respiración celular tiene otro diseño], carece también de otros corpúsculos presentes en el eucariota: núcleo, lisosomas, centrosoma,  retículo endoplasmático, peroxisomas,  y aparato de Golgi; sintetizados por código del ADN nuclear, no del ADN de la mitocondria. De modo que habría que explicar y mostrar, la evidencia evolutiva de esos orgánulos ausentes, y además, como se inscribió en el núcleo la instrucción para crear mitocondrias. El bicho que pasaba por allí e hizo endosimbiosis, no lo explica, sino todo lo contrario: lo complica. 

La realidad acredita que esos orgánulos siempre fueron parte de la inicial célula eucariota, pues el retirar cualquiera de ellos, no hace que la célula evolucione para recuperarlos, sino que mata a la célula. Ese hecho irreductible dice que todo tuvo que ser así desde el inicio. Cualquier argumento en contra debe ser avalado, al menos, por una prueba de laboratorio. Y no la hay; los millones de especies eucariotas tienen los mismos orgánulos. Salvo el cloroplasto en plantas, en lugar de mitocondrias, debido a que su energía es por fotosíntesis.

Otra evidencia evolutiva alegada es la resistencia bacteriana a antibióticos. Pero tal capacidad existía mucho antes del hallazgo de estos. El “Medical Tribune” lo ratificó el 29/12/1998. En 1986 rescataron conservados en hielo, los cuerpos de unos marinos que enfermaron y murieron en una expedición al polo, en 1845. En sus restos había bacterias comunes del siglo XIX; y los investigadores se sorprendieron por su defensa ante antibióticos modernos, no fabricados hasta el siglo XX, posterior a su época.

O sea, su resistencia no es evolutiva, sino está en el ADN original, que las capacita con un especial sistema auto inmune, similar al splicing humano y al de los virus. ¿No hay splicing en ARNm de virus? ¿Por qué no en bacterias? La evolución nunca se verifica en ellas; jamás se convierten en especie nueva. Siguen hoy siendo bacterias.

Lo que se pretende desde el principio es sacar a Dios de la fórmula de la vida,  haciendo que la bacteria lleve a los monos para luego emparentarnos a ellos. Sin embargo, pese a que existen microscopios desde el 1630, pese a la colosal velocidad de reproducción bacteriana, y pese a que se implican en esta investigación decenas de miles de profesionales, en laboratorios en el mundo entero, con sistemas de última generación, jamás han exhibido el paso genético de un procariota a célula eucarionte.

Ese primer salto entre especies es imprescindible para sostener todo el resto de la retórica evolutiva. Pero nunca ha sido evidenciado en ningún laboratorio del planeta [millones buscan el Nóbel que el hallazgo representaría], pese a existir microscopios desde el siglo XVII, y pese a que la unicelular bacteria tiene una velocidad prolífica que no necesita el tiempo eónico que propugna la evolución.

En tres siglos de trabajo con ellas, aun con su impresionante (y sin paralelo), ritmo exponencial de reproducción, jamás se ha visto un despunte en dirección a otra especie. Todas se revelan con su inmutable ADN circular, la misma estructura… sin evolucionar para apoyar el mito. No hay ni una evidencia de intención genética evolutiva; todo laboratorio ve a las bacterias de hoy igual que siempre, sin trasmutar en otro bicho, pese a asignarles miles de millones de años.

Y eso niega el fundamento de la teoría. En un tribunal convencional, si tuviera que defenderse de una acusación de falaz, la ausencia de evidencia tal sería suficiente para declararla culpable, condenándola al ostracismo en Ciencias, y en cada aula, como deriva.

Insinuar que la mitocondria es ejemplo de evolución bacteriana hacia el forzoso paso a eucariota que exige la teoría evolutiva, va contra Ciencia. En el ADN nuclear existen genes que codifican proteínas que actúan como enzimas vigilantes, y regulan el mantenimiento preciso de todo proceso mitocondrial. Un diseño, lejos de la mitocondria, que la controla, no una chapuza del azar. Hablar de origen por endosimbiosis, sabiendo que una instrucción regula los procesos del origen mitocondrial, según necesidad de la célula, no es científico.

Hay una enfermedad autosómica que implica al menos un gen nuclear, lejos de la mitocondria, regulando cuantía de moléculas de ADNmt: el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’, caracterizado por una reducción del número de copias de ADNmt en varios tejidos. El origen de la dolencia está en mutaciones en un gen del ADN nuclear, fuera de la mitocondria, que controla a esta. ¿Cómo puede explicar ese hecho científico la bacteria endosimbionte que ‘pasaba por allí? ¿Cómo no ver lo irracional del planteamiento?

El ADN nuclear  incluye el reajuste  cuantitativo de mitocondrias. Se ha descubierto la interacción de los ADN mitocondrial y nuclear. Y si ambos genomas tienen las instrucciones codificadas para producir polipéptidos de OXPHOS; si tienen esa interacción INSCRITA en sus genomas: ¿Cómo logró una bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en un núcleo del que carece, datos que no posee el procariota?

Además: el ADN mitocondrial se reparte en 37 genes que codifican la instrucción para: 2 tipos de ácido ribonucleico ribosomal (ARNr), 22 ARN de transferencia (ARNt) y 13 polipéptidos constituyentes de la cadena respiratoria o subunidades de enzimas de los complejos de la fosforilación oxidativa. [7 subunidades de la NAD deshidrogenasa del complejo I, 1 del complejo III, 3 del complejo IV y 2 del complejo V]. [Anderson et al., 1981; Chomyn et al, 1986; Tzagoloff y Myers, 1986].

Pero atención: El complejo II, presente en la mitocondria  y  parte indivisible del proceso respiratorio, lo codifica completamente el ADN nuclear. Así, si la fosforilación oxidativa, el proceso que genera energía ATP en la célula a través del sistema OXPHOS, donde interviene la mitocondria, está PREVISTA fuera de la mitocondria, ¿cómo puede alguien defender la carambola del endosimbionte? ¿Por qué ocultan ese hecho? Porque una mentira solo da evidencias de que se miente.

Si algo tiene claro la Ciencia, es que la Instrucción antecede a la síntesis de proteínas; primero la Instrucción, luego la fábrica actúa. Y es pública la clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, con instrucciones codificadas para producir polipéptidos. La bacteria ‘no pasaba por allí y se quedó en forma de mitocondria’, como pretende hacer ver el anticientificismo evolutivo, sino que el ADN del núcleo tiene instrucciones precisas para elaborar mitocondrias, enzima por enzima.

Respecto a la aceptación científica de que la mitocondria depende del ADN nuclear, puede señalarse el Resumen de la 4ta Conferencia Internacional de Neurología, [Santiago de Cuba, 2004, 46-7], que plantea lo siguiente:

1-Hay envío de proteínas, vía citoplasma-mitocondria, cuyas instrucciones de síntesis y transporte son codificadas por genes del ADN nuclear. Se estima la necesidad de unas mil proteínas para la adecuada actividad de la fosforilación oxidativa. Los defectos de la compleja instrucción en el núcleo causan dolencias mitocondriales.

2- El ensamblaje correcto de complejos proteicos de la cadena respiratoria, de la que la mitocondria es parte esencial, no está en las mitocondrias, sino que depende de factores del ADN nuclear, fuera de ella. Mutaciones de estas secuencias se asocian con males mitocondriales, como el del síndrome de Leigh.

3-La integridad de la replicación ADNmt, demanda secuencias inscritas fuera de ella, en el ADN nuclear. Se ha descrito trastornos de señalización intergenómica coligados a delección del ADNmt, que generan distintos síndromes. Por ej., la delección múltiple del ADNmt autosómico dominante, genera oftalmoplejía progresiva externa, debilidad muscular progresiva y catarata bilateral, y ocurre por fallas en la lejana instrucción nuclear.

De modo que todos deben recordar que lo real y científico es que en el núcleo se codifican los precursores de las proteínas mitocondriales que transportan secuencias diana específicas, introducidas en la mitocondria por una vía concreta; un sistema interactuante de energía, sito fuera de la mitocondria. [Voos et al., 1994].

Es un mecanismo bien diseñado, con la expresión de dos genomas, y con enzimas mitocondriales, cuyas subunidades polipeptídicas son transcritas y translocadas desde el locus nuclear al mitocondrial. El mito de endosimbiosis no apoya ese hallazgo científico; va contra la Ciencia. Podrán desacreditarme todo lo que quieran; pero es así. Y es una vergüenza que no lo digan en las aulas. Pero la verdad demanda su sitio, y lo tendrá, por mucho que muchos intenten impedirlo.

Volviendo a la defensora evolutiva Margulis: les aseguro que al instante de su muerte se enteró de la fuente de su error, del tremendo desliz que cometió. Y no solo por no reconocer la Creación de Dios ni a Jesucristo como su salvador, sino por levantar trincheras en su contra. Y todo defensor evolucionista, lo sea por devoción o por el salario que recibe a cambio, está vendiendo su alma al diablo y tendrá que responder ante el único dueño de las almas. Le harán compañía a Darwin, Margulis y el resto si no aprovechan su oportunidad; solo es cuestión de tiempo. Sus ojos lo verán; yo estuve allí y doy testimonio de lo que vi. Y el Señor sabe que no miento.

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SE BUSCA SALTO DARWINISTA VIVO O MUERTO (I)

marzo 19, 2013

Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no hay amor de Dios en vosotros. He venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis. ¿Cómo podéis creer, si recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” [Cristo, en Jn 5:41-44]

Desde el sig. link se accede a la despedida a la controvertida defensora evolutiva Lynn Margulis por su muerte. Fue hace algo más de un año, pero como la barbaridad que ella defendía se sigue exponiendo hoy, es inexcusable no hablar del error de su obra.

http://lacienciaysusdemonios.com/2011/11/23/adios-a-lynn-margulis/

Margulis, por negar a Dios se abrazó a la teoría evolucionista. Supo que la gran traba darwinista es que en la Tierra hay dos formas de vida: unicelulares y pluricelulares, y que jamás se ha podido presentar la evidencia del salto de uno al otro, en ningún laboratorio del planeta. Sabía que sin eso la saltarina teoría evolutiva vende humo; y a cubrir ese salto dedicó toda su vida, literalmente, pues murió en su laboratorio.

Buscó con ahínco en viejos rockeros evolutivos, investigó escritos olvidados, y salió su primera idea sobre el papel del microbio en la evolución. Así llegó a su obra guía: ‘The Cell in Developement and Heredity’ (La célula en el desarrollo y la herencia; E. B. Wilson/1928). Mirando al futuro, mas con su ancla en el pasado, siguió esa hipótesis hasta presentar su teoría de la endosimbiosis y el papel de esta en la evolución.

El CV de Margulis fue admirable: Bióloga, master y doctora. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU y Rusia; Medalla Darwin-Wallace; Medalla Nacional de Ciencia, dada por el protector de becarias Bill Clinton, y doctora honoris causa por universidades españolas. En su trabajo evolucionista destaca su teoría más heavy:la célula eucariota surgió por anexión simbiótica de células procariotas.De este disparate quiero escribir hoy, para ayudar a comprender a todo el que no sepa de qué se habla; para que no le engañe una seudociencia trasgresora y tergiversadora.

Pero antes de ello, es vital decir que cuando la señora Margulis murió no pudo llevar consigo ni una sola distinción dada por gloria de hombres. Y estoy seguro de que en cuanto tuvo que dar cuentas de su vida, tal cual tendremos que hacer todos, advirtió el error de haberse dedicado a cavar trincheras del antiCristo. Nadie sabe dentro de qué límites se manifestó en ella la misericordia del Señor; y esa incertidumbre debería ser el 1er factor de motivación para cada persona aguardada por su muerte. Dicho esto, analicemos la credencial que siguió a Margulis: su tenaz defensa de la teoría evolutiva o darwinismo como descrédito de la Creación de Dios.

Con una sola célula se tiene un ser vivo; y como ella, millones de personas dicen que la vida empezó por birlibirloque (azar sin diseño inteligente al control), cuando un ser unicelular (procariota) se volvió eucariota o multicelular. Y lo dicen porque cada especie animal, insecto, crustáceo, olivo, rosal, aguacate, cedro, hongo… varios millones en total (el mundo que ven nuestros ojos), no es procariota. Mas, para negar la Creación de Dios (el único objetivo; la Ciencia les tiene sin cuidado) precisan sobrevivir como teoría científica… urgen la evidencia del salto que propugnan. Y eso jamás lo han logrado en ningún laboratorio, zoo, o selva del planeta; sin esa evidencia científica, la subvención del anticristo vende ficción, no Ciencia.

Toda función vital ocurre dentro de la célula o en su linde. Hay casos especiales (ej: virus), pero centrémonos en la célula. El mundo eucariota o multicelular lo forman más de 4000 especies de mamíferos, 10000 de aves, 19000 de peces, 7000 de reptiles, 4200 de anfibios, 1’085,000 de artrópodos, [950,000 de insectos; se suponen 8 millones más], 1’800,000 de hongos, y casi un millón de plantas.

Dicho esto, volvamos al mito:la célula eucariota surgió por anexión simbiótica de células procariotas.El ejemplo que da es la mitocondria, orgánulo presente en eucariotas y no en unicelulares. Y aquí surge la 1ª duda: si la procariota es más resistente que la eucariota (demostrado en laboratorios) y obtiene su energía sin mitocondrias… ¿por qué necesitó ‘evolucionar’ a ellas? De hecho, según la teoría evolutiva, nos alejan miles de millones de años desde la 1ª célula… sin embargo el procariota sigue hoy como en ese hipotético pasado. ¡Sin mitocondrias! Sin evolución.

Se alega que la mitocondria tiene un ADN circular similar al de las bacterias… pero no que su sistema de obtención de energía es radicalmente distinto. ¿Por qué debía desaparecer su destreza energética infalible? Es un sin sentido contradictorio.

Veamos el salto que proponen; 1º, la célula procariota:

 procariota

Y ahora, la célula eucariota, responsable de toda forma animal, vegetal, y hongos:

CélulasEucariotas 

Un proverbio dice: “Vista hace fe”. Y lo siento; por mucho que mire me es imposible aceptar que la célula de arriba, se ponga como se ponga, pueda llegar a convertirse en las dos de abajo. Eso desde la lógica; ahora, razonemos según ciencia:

La mitocondria es uno de los 12 orgánulos eucariotas; y no hay que hacer mucho esfuerzo para ver que está fuera y lejos del núcleo. Su cantidad varía con la actividad. Ej: un espermatozoide contiene más mitocondrias que una célula del tejido epitelial; y el músculo del deportista en acción exige mucho más energía que en reposo. Aproximadamente hay unas 2000 mitocondrias por célula, pero las que desarrollan trabajos intensos, como las musculares, concentran mayor cantidad. Aquí surge el 1er problema evolucionista: si la mitocondria surgió al azar… ¿por qué hay inscritas en el ADN del núcleo, lejos y fuera de la mitocondria, instrucciones para cuantificar tanto la cantidad de mitocondrias necesarias, como su correcto funcionamiento?

Para quien no lo entienda diré que, básicamente, la teoría dice que un bicho engulló a otro, y el engullido dijo: ‘Qué bien, aquí haré mi casa; no me muevo más’. Luego el azar le hizo ingeniero industrial, alteró todo el sistema energético celular (suyo y de quien le engulló), y… ¡eureka! nació, la mitocondria, la fábrica de energía de la célula eucariota, ausente en el procariota… + otros 12 orgánulos más.

Ver mejor explicado en:

 https://jolimu.wordpress.com/2008/08/04/la-evolucion-y-su-paradoja/

y en:

https://jolimu.wordpress.com/2008/09/19/evolucion-mitocondrias-fosiles-y-momias/

La defensa evolutiva cita a Margulis como si la Ciencia la apoyara; pero no es así. Varias revistas científicas se negaron a publicar su obra quince veces. Solo gracias, según ella misma, a instancias de su editor (James F. DaNelly, 1966) el Journal of Theoretical Biology la aceptó; finalmente publicó su artículo Origin of Mitosing Cells, a fines de 1967.

Pero sin la evidencia del procariota tornándose eucariota, Darwin es ficción: lagartos con alas; mamíferos hermafroditas haciendo submarinismo mientras generan 40 especies distintas de ballenas sexuadas (hembra y macho); y primates hibridando hasta llegar al humano, aunque haya casi 300 especies de primates incapaces de procrear nada que no sean individuos de su propia especie. La evolución del mundo híbrido contra Ciencia, pues los híbridos son estériles por definición. En fin…

No tienen nada difícil la evidencia: miles de laboratorios en todo el mundo buscan con afán y tecnología punta ese salto que llevaría al Nóbel. Hay expertos en cultivar cepas de distintas bacterias, con la ventaja de la colosal capacidad de reproducción de estas: a una velocidad promedio de 15 minutos, una sola bacteria, en 24 hs, puede generar la friolera impronunciable  de otras  20,000’’’’000,000’’’000,000’’000,000’000,000 más; 96 generaciones. Si la generación humana se fija en 25 años y hacemos una comparativa, a los efectos de la evolución sería como si pasaran 2400 años en un solo día. (96 X 25)

Sin embargo, no han hallado ni una mitocondria ni un solo orgánulo eucariota en ninguna bacteria, en ningún laboratorio del mundo, aun hurgando entre pentamillones de ellas. ¡Ni una/o! Y lo buscan desde Darwin; ¡casi doscientos años tras el brinco mágico que la naturaleza les niega constantemente, pese al capricho y la obstinación!

En realidad, la mitocondria evidencia diseño, no azar. El 80% de las proteínas que regulan, trascriben, trasladan y replican en el ADN mitocondrial, se codifican en el ADN nuclear, fuera de la mitocondria. Y eso niega la endosimbiosis: hay mitocondria, porque en el ADN del núcleo, del que carece el procariota, están las instrucciones para cuantificarlas y regularlas según la necesidad de la célula, no por azar.

Margulis se dedicó a sembrar en campos del error, y solo cosechó frutos del error, por mucha bata blanca vestida, mucho microscopio mirado, mucha titulación académica, o muchos honores de hombres recibidos en vida. Y en su muerte lo entendió; deseó tener la oportunidad de ir atrás y rectificar, pero su tiempo había pasado. Solo Dios sabe en qué sitio está y qué precio paga por haber insistido tanto en enfrentar la Creación Divina, burlándose de la ciencia creacionista que intentó persuadirla. Espero que la misericordia de Cristo minimice el precio de la garrafal hipoteca que contrajo al vender su alma al diablo; pues en el paraíso seguro que no está.

Y espero que sus colegas de hoy se separen del oscuro capricho de la evolución de especies y logren reaccionar a tiempo, en este lapso de probación a punto de caducar.

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EL GÉNESIS EN LA CIENCIA

agosto 17, 2009

El descubrimiento de la estructura del ADN, divulgado en 1953 por James Watson y Francis Crick, constituyó el paso más sólido para revalidar la congruencia entre Ciencia y Biblia. Aunque esta no resulte libro científico, sino fuente histórica, constantemente se expone a que detractores al servicio del adversario de Dios [de modo consciente o inconsciente], la midan con lupa ante cada nuevo hallazgo de la Ciencia.

Pero, pese a que muchos buscan desatino entre esta y la Palabra de Dios escrita [sin lograrlo], hay incluso premios Nobels cristianos, que no sienten comprometida la Verdad que hay en sus corazones, con la que aprenden en cada irrupción en Ciencias. Arno Penzias, Nóbel de física 1978, por su revelación sobre la radiación de fondo cósmico [que otros físicos consideraron prueba del Big Bang ‘creador’ del Universo], dijo:

«Si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los Salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del Universo que la que nos aportan los datos científicos».

Asimismo, el ingeniero espacial Wernher Von Braun, director del Marshall Space Flight Center en los años 60 y directivo del cuartel general de la NASA hasta 1972, dice en el prólogo de uno de sus libros:

«Me sería tan difícil concebir que un científico no reconozca la presencia de superioridad racional detrás de la existencia del universo, como que un teólogo negara los avances de la ciencia. Y de cierto, no hay razón científica para que Dios no pueda retener la misma relevancia en nuestro mundo moderno, que la que tenía antes de que irrumpiéramos en su Creación con el telescopio, el ciclotrón y los vehículos espaciales».

Se refería, entre otros, a los hombres que han puesto sus conocimientos en función de demostrar la inexistencia de Dios: paleontólogos, geólogos, y biólogos evolutivos. La teoría de la evolución [patrón de mando que les une], cuenta con errores acumulados en el ADN, para proveer la inmensa riqueza biológica del planeta, a partir de la supuesta alga surgida miles de millones de años atrás. Sucesivas mutaciones genéticas originarían supuestamente los más de 10 millones de especies que hoy se conocen.

Es decir, todo lo contrario a lo que enseña la Palabra del Creador: todos los seres vivos, según su especie, en un espacio de tres días, pues el tercer día creó las plantas, los primeros seres con ADN, según traducción griega del Génesis original, Bereshit 1:12-13:

Y la tierra produjo vegetación: hierbas que dan semillas según su especie y árboles que producen frutos, cada uno conteniendo su semilla, según su especie. Y Dios vio que era bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el tercer día.”

Lo contrario a eso no se ha podido ver jamás en ningún punto del planeta: no solo las de las plantas, sino todas las especies en general, son fieles entre sí, y dan más de su misma especie; nunca otras distintas y nuevas. Y es muy importante que los agnósticos reconozcan ese precepto, dado a la humanidad desde un libro histórico, cuando nuestra Ciencia ni pensaba existir aun. Es decir: ¡Congruencia con la Verdad!

La teoría evolutiva, ‘mal enseña’ en las aulas que un alga eónica generó, no solo las múltiples especies de plantas que existen, sino también al resto de los seres vivos en su totalidad… hasta llegar al hombre. Pero el Bereshit, el libro con el que instruía Jesucristo a sus apóstoles, y a todo el que quisiera oírle, dice en 1:20-23

Que las aguas proliferen seres vivos y que aves vuelen sobre la tierra a través de la extensión del firmamento del cielo”. Y Dios creó los enormes gigantes del mar y todos los seres vivos que reptan, con los que se colmaron las aguas según sus especies; y todas las aves aladas de todas las especies… Y fue de tarde y fue de mañana, el quinto día.

Aves y reptiles el quinto día, opuesto al decir evolutivo: ‘los reptiles generaron aves’; y eso se corresponde con lo que se ve en realidad. Pese a existir casi 10 mil especies de reptiles, en ningún punto del planeta se ha reportado ni uno siquiera que muestre al menos la intención genética de volverse ave. Además, si el fundamento de la evolución, es la ‘mejora’, a través de la selección natural, ¿por qué trasmutaron en aves, si los vemos tan capaces reptando o nadando que, si las emplumadas no andan ligeras, suelen terminar siendo su comida?

Es decir, se dicta que los errores genéticos [mutaciones], crearon toda la vida que se ve hoy, más de 10 millones de especies. Pero tal planteamiento es un insulto al raciocinio, y no se corresponde con la verdad molecular observada en los laboratorios del planeta.

Solo en el caso humano, que es donde grandes trasnacionales farmacéuticas invierten con la sola intención de multiplicar ganancias, se ha reportado más de 20,000 dolencias genéticas, debidas justamente a mutaciones. Y se señala que cada semana aparecen entre tres y cinco nuevas, debido a alteración genómica. Tan es así, que ante el suculento pastel, cada año se invierten ingentes sumas en investigación, con el objetivo de sacar al mercado los medicamentos capaces de neutralizar males debidos a mutaciones que, a día de hoy, resultan incurables.

Se ha verificado que puede haber cambios en los alelos, generando crías más gordas o más flacas; más o menos desarrolladas, más oscuras o claras… etc. Pero nunca, ¡nunca!, otro tipo de ser que pueda considerarse ‘especie nueva’. En el ‘muy especial’ caso de los primates [la fuente de la ficción homínida], clasifican unas 200 familias, entre simios, monos, lémures… Ahí, anti científicamente ha sido insertado el humano, mas lo visto siempre es que se mantiene la fidelidad genética; en caso de mutación o muere o sigue apareándose con los de su especie, pero nunca, en ninguna selva o zoo del planeta, se trasmuta en un tipo nuevo de animal.

Hay algunos casos híbridos, pero son estériles y no perpetúan la especie. Resultan tan importantes para apoyar el fundamento de la Creación, que serán constituyentes de un próximo artículo. El solo insinuar que descendemos de algas y monos, exigiría antes de ello que:

A-. La inicial alga unicelular procariota presentara de pronto el ADN correspondiente a los organismos pluricelulares que comprenden el más de un millón de especies animales, más el cuarto de millón vegetal. Ese paso jamás se ha dado, con millones de cazadores de Nobels, intentándolo, desde Darwin. Y eso que la unicelular bacteria les facilita la labor, al ser el más rápido y prolífero [millones de cepas, en 15-20 minutos]. Jamás, en 4 siglos de búsqueda, se ha hallado ni siquiera la evidencia de intención genética, para adquirir los orgánulos que la harían eucariotas. ¡En ningún laboratorio del mundo!

B-. Si la primera célula procariota tenía ya inscrita su información genética, ¿cómo se logró elaborar mitocondrias, citoesqueletos, núcleo, aparatos de golgi… presentes en cada animal o vegetal [eucariotas], pero ausentes en la información ADN procariota? Se llena la cabeza de alumnos con absurdos conceptos, como que la mitocondria, toda una central energética, surgió por endosimbiosis entre bacterias [aun pendiente de explicar aparición del resto de orgánulos]. Pero, ¿cómo esa fuente dinámica y controlada de energía pudo surgir por azar, si toda manifestación termodinámica [terremotos, ciclones, incendios, etc] se manifiestan fuera de control?

Además, desde siempre, la experiencia enseña que primero debe existir el conocimiento para instruir, y luego la función debida a la instrucción derivada del conocimiento. O sea, raciocinio y lógica, dictan que no pudo existir ADN [instrucción de cada metabolismo celular], si no existió antes el elemento ‘cognisciente’ capaz de diseñarlo, elaborarlo y codificarlo en un rollo que, desplegado, superaría en mucho al tamaño de la propia célula que lo contiene.

La ignorancia del azar jamás puede ser una fuente convincente… a no ser que el cerebro que lo dé por válido esté al mismo nivel de ignorancia. Y no lo afirmo yo, sino las investigaciones moleculares sobre el ATP, la moneda de cambio energética de cada célula, cuyos procesos dependen de órdenes ADN. ¿Puede la endosimbiosis explicar el orden sincrónico de esos pasos? ¡NO! ¡Es un planteamiento anticientífico!

La bacteria endosimbionte es un fiasco anti Ciencia. Hay enfermedades autosómicas que implican al menos un gen que regula la cuantía de moléculas de ADN mitocondrial desde el ADN nuclear. Si falla, ocurre el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’: disminuye el número de copias de ADNmt en tejidos, y genera cuadros clínicos como miopatía y otros males típicos de causa mitocondrial. O sea, una evidencia científica de que el ADN mitocondrial depende de la instrucción ADN del núcleo de la célula… el ‘más allá’ de la mitocondria. ¿Cómo pueden explicar esa dependencia, los que dicen que la mitocondria surgió por endosimbiosis de bacterias sin núcleo?

Es pública la clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, con instrucciones codificadas para producir polipéptidos de la OXPHOS. ¿Cómo logró la bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en su ADN, datos que no posee el procariota? ¿En que laboratorio del planeta se ha podido ver si quiera ‘intención genética’ de paso de procariota a eucariota? [Ver más evidencias en el Artículo 96 de este blog: EVOLUCIÓN, MITOCONDRIAS, FÓSILES Y MOMIAS.]

Pueden seguir haciendo todo el esfuerzo que deseen por imponer conceptos ficticios, pero es indignante que se amparen en la Ciencia, cuando cada nuevo conocimiento que sale a la palestra, en realidad les deja constantemente en ridículo. La Ciencia, lo que ha demostrado y demuestra, es que las especies surgieron tal cual instruye el Génesis bíblico: cada cual según su ADN, e incapaz de convertirse en una especie nueva.

Más allá de lo expuesto aquí, el defensor evolutivo tiene otros asuntos graves que refutan sus postulados del azar: ¿La ‘selección natural’ puede diseñar el ojo sin conocimiento de óptica? ¿O el oído sin conocer la conducta de las ondas sonoras? ¿O el cerebro, sin estar al tanto de los intrincados enigmas del pensamiento y raciocinio, que tienen sin respuesta a ejércitos de científicos eminentes en el mundo entero? ¿Es que la humanidad quiere cerrar tanto los ojos, que es incapaz de ver tales incongruencias con la lógica?

Como ya comenté en un artículo anterior, lo escrito en libros evolutivos resulta inconexo con la realidad objetiva; una tela de araña insorteable para el propio artrópodo. También puede compararse a la frágil veleta que gira a un lado u otro, según sople el viento, y que al final se quiebra, para desconcierto de quienes en ella buscaban el camino.

La Biblia en cambio, es el firme faro que disocia toda ola de descrédito; rompe ciclón y tornado, sin dejar de señalar, inmutable por milenios, hacia la única vía firme que lleva al ser humano a la paz segura y eterna de Dios, bajo el gobierno de Cristo. Y su aliada, como no podría ser de otra manera, es precisamente, cada nuevo hallazgo de la Ciencia.

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¿EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES? ¡SOLO POR MILAGRO!

agosto 28, 2008

En la multitud de tus caminos te cansaste; mas no dijiste: ‘No hay remedio’. Hallaste lo que buscabas, por tanto no te arrepentiste. ¿Y a quién reverenciaste y temiste? ¿Por qué mientes; que no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento? ¿No he disimulado desde tiempos antiguos, y nunca me has temido? Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán. Cuando clamares, líbrente tus allegados; pero a todos ellos llevará el viento, y los tomará la vanidad; mas el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el Monte de mi santidad. Y dirá: ‘Allanad, allanad; barred el camino; quitad los tropiezos del camino de mi pueblo’. Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita en eternidad, y cuyo nombre es El Santo, que tengo por morada la altura y la santidad; y con el quebrantado y abatido de espíritu habito, para hacer vivir el espíritu de los abatidos, y para hacer vivir el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni para siempre enojaré; porque el espíritu por mi vistió el cuerpo, y yo hice las almas.” [Isa 57:10-16]

Hace unos días describimos en este blog la imposibilidad de que toda la biología existente en el planeta tuviera un origen común, debido precisamente a la inscripción que aparece codificada en el ADN. El paso de los años y el avance de las investigaciones en todo el mundo, determinó que todos los seres vivos contienen un ADN ‘semejante’, formado a partir de una misma base: los nucleótidos. O sea, el código genético usado al “inscribir” las instrucciones para crear todo tipo de vida, es común a todos los organismos.

Es decir, parte del ADN de un ser humano puede ser ‘leído’ dentro de una bacteria, y también en una planta se puede identificar porciones de la información genética de otra diferente. Así, se considera la información genética de los seres vivos, como “universalidad del código genético”. Pero si toda información genética de la biología del planeta, usa los mismos elementos, las mismas bases nitrogenadas, etc., es porque hemos sido creados para interactuar en un mundo donde todos necesitamos de elementos químicos comunes:

El hombre incorpora animales y plantas en su dieta. ¿Cómo podría ser esto posible si no fueran químicamente compatibles los procesos? Lo mismo ocurre con los animales herbívoros y los carnívoros, así como con los elementos químicos usados por todos, en sus respectivos metabolismos. Y con respecto a que todos descendemos de una misma especie que evolucionó durante miles de millones de años, considero que, desde el razonamiento imprescindible en la única especie ‘diseñada’ para hacerlo, hay potentes ‘razones’ que contradicen y niegan la teoría evolutiva, que dicta que todos descendemos de organismos unicelulares procariotas:

¿Cómo se reinscribieron y recodificaron los datos necesarios para convertirse en eucariota? Ante la necesaria reinscripción y recodificación imprescindible, determinadas por los experimentos científicos, la endosimbiosis y todas las otras fábulas resultan carentes de fundamento: no disponen ni tan solo de una evidencia de laboratorio.

Para que una ballena proviniera de un mamífero terrestre cuadrúpedo, según afirman con tozudez, resulta forzoso que antes fuera cambiado todo el ‘programa’ que aparece inscrito en su genoma… y que al mismo tiempo, este se recodificara. Las cadenas de proteínas necesarias para que se creen las patas, no son las mismas que las que se precisan para que salgan aletas; asimismo toda la morfología del animal responde a los alelos, formas alternas de genes, que difieren en secuencia o función… y que aparecen ya inscritas.

Se pertenece a una especie dada, si se presentan rasgos comunes a ese género: aspecto, conducta [inteligencia, pauta sexual, locomoción…], fisiología [enzimas y hormonas…]. Cada uno de estos distintivos o caracteres, más o menos repetidos en una especie, se ‘HEREDAN’ de los padres a través de los cromosomas, y cada uno se despliega según la información específica para él… presente por inscripción en el ADN nuclear.

Es decir, todo responde a la enigmática escritura que apareció necesariamente en el primer ADN de la primera célula surgida de elementos inorgánicos, y que los quijotes evolutivos quieren minimizar a toda costa, pues ante ella no valen respuestas ambiguas, y encarnan un obstáculo: hay una inscripción clara y específica para cada especie, manifiesta mediante un código; ‘orgánicamente sellada’ en un carrete muy especial, un ‘libro de instrucciones’, que, una vez desplegado, resulta 40000 veces mayor que la célula que lo contiene.

Por esa razón hemos insistido tanto en que para que un lagarto vuele, antes tienen que reinscribirse y recodificarse en el ADN toda la instrucción necesaria para que cambie su morfología. Y, ¿cómo pudo acaecer eso, si la Ciencia dicta que nada se INSTRUYE a sí mismo, se PROGRAMA a sí mismo, se RECODIFICA a sí mismo ni se REINSCRIBE a sí mismo?

El examen a nivel molecular señala que la formación de los aminoácidos no ha sido esclarecida en lo más mínimo por los evolucionistas. La formación de las proteínas es un enigma, pero esto solo es el inicio. La precisa organización celular lleva a los evolucionistas a otro aprieto: una célula no es una cantidad de proteínas estructuradas por aminoácidos; sino un dispositivo vivo, con cientos de sistemas desarrollados, y tan complejos, que el hombre es incapaz de resolver su incógnita. No pueden explicar su complejidad, como así tampoco la formación de las unidades básicas de la célula.

Jamás han logrado suministrar una elucidación coherente sobre la presencia de moléculas que son la base de la estructura celular. Por el contrario, la ciencia genética y el hallazgo de ácidos nucleicos ADN y ARN, ha desatado nueva dificultad para la teoría de la evolución.

Meditemos: el cuerpo humano contiene un trillón de células, y cada una con seis pies de ADN; así que nuestros cuerpos suman ¡más de un billón de kms de ADN! La molécula ADN, en el núcleo de cada una de ellas [fundamentalmente en los cromosomas], contiene el plan de obra completo de la vida. La información respecto a las características de la persona, la apariencia física y hasta la estructura de los órganos internos, están registrados en el ADN por medio de un sistema de código especial.

Todas las diferencias estructurales entre las personas dependen de las variaciones en las secuencias de estas letras. Un banco de millones de datos, compuesto solo de cuatro letras; la forma en que estas letras están combinadas ha dado origen a toda la complejidad de la vida. ¿Pudo haber surgido eso por casualidad? Y aun si trillones de casualidades hubieran coincidido: ¿cómo lograron inscribirse y codificarse esos millones de datos, en la hebra del ADN, sin factor externo?

El orden secuencial de las letras establece la estructura del ser humano hasta el milímetro. Además de rasgos como el peso, los ojos, el color de la piel y del cabello, el ADN de una sola célula contiene también el diseño del esqueleto humano; un conjunto organizado de 206 piezas óseas que facilitan al cuerpo humano una firme morfología multifuncional: movilidad, defensa, sustento… excepto el hueso hioides, aislado del esqueleto, todos los demás se articulan entre sí. Un soporte de estructuras conectivas complementarias: ligamentos, tendones, cartílagos, huesos, 600 músculos, una red de 2 millones de nervios ópticos, 100 billones de células nerviosas, kilómetros de tejido venoso…

Si escribiésemos la traducción de toda la instrucción codificada en el ADN, se compilaría una biblioteca gigante, de 900 enciclopedias con 500 páginas cada una. Y tal increíble y PRAGMÁTICA mole de ‘instrucciones’, está codificada en los genes. ¿Puede ese ADN pasar a existir por casualidad?

Hay algo vital, que merece atención: un error en la secuencia de los nucleótidos que componen un gen, convertiría al mismo en completamente inútil. Cuando se considera que en el cuerpo humano hay 25 mil genes, se hace obvio lo imposible que resulta que millones de nucleótidos que integran esos genes se formen por casualidad en la secuencia correcta. El biólogo evolucionista, Frank Salisbury, lo comenta:

“Una proteína media incluye unos 300 aminoácidos. El ADN que controla esto tiene unos mil nucleótidos en su cadena. Dado que hay cuatro tipos de nucleótidos en la cadena de ADN, una que consiste de mil enlaces o uniones podría existir en 4 elevado a 1000 formas. Usando un poco de álgebra (logaritmos), se ve que 4 a la 1000 = 10 a la 600 potencia. ¡Diez multiplicado por sí mismo 600 veces da una cifra igual a 1, con 600 ceros!”

Un 10, seguido de once ceros, forma un billón; una cifra con 600 ceros es muy difícil de concebir; va más allá de nuestra comprensión. Esta imposibilidad de formación de ARN y ADN, por acumulación casual de nucleótidos, la expresó el científico francés Paul Anger:

“Tenemos que distinguir rigurosamente los dos escenarios en la formación fortuita de moléculas complejas, como los nucleótidos, por medio de acontecimientos químicos: la producción de nucleótidos uno por uno, lo cual pudiera ser posible, y luego, la mezcla de los mismos en frecuencias muy especiales. Esto último es absolutamente imposible.”

Incluso Francis Crick, quien creyó en la teoría de la evolución molecular durante muchos años, se dio cuenta, después del descubrimiento del ADN, que una molécula así de compleja no se podía formar fortuitamente como resultado de un proceso evolutivo:

“Un hombre honesto, provisto del conocimiento actual, solo podría decir que el origen de la vida se presenta casi como un milagro.”

También el profesor evolucionista Ali Demirsoy se vio forzado a hacer la siguiente confesión en la materia:

“De hecho la probabilidad de la formación de una proteína y un ácido nucleico (ADN-ARN) es realmente incalculable. Por otra parte, la posibilidad de la aparición de una cierta cadena de proteína es tan ínfima, que resulta astronómicamente improbable.”

Llegados a este punto, tropezamos con uno de los escenarios más complicados para poder ser explicados desde la teoría evolutiva: el ADN se replica con la ayuda de ciertas enzimas, que en realidad son proteínas, pero la síntesis de estas, solo se puede elaborar mediante la información que aparece codificada en el ADN. Es decir, ambos dependen uno del otro, se interrelacionan, y deben existir simultáneamente. El microbiólogo norteamericano Jacobson comentó, solo dos años después del develamiento de la estructura ADN por Watson y Crick:

“Las órdenes de los planes reproductores, para el desarrollo de la secuencia [proteica] y para la eficiencia del mecanismo que traslada las instrucciones que desarrollan el conjunto, tuvieron que estar presentes simultáneamente [al inicio de la vida]. Esta combinación de sucesos se ha presentado como un acontecimiento accidental increíblemente improbable, y a menudo ha sido adscrito a la intervención divina.”

Sin embargo, pese al avance tecnológico, el problema sigue sin ser resuelto. Los científicos alemanes Junker y Scherer, explicaron la necesidad de condiciones diferentes para la síntesis de cada una de las moléculas requeridas por la ‘evolución química’, así como que era prácticamente imposible la mixtura de las substancias implicadas:

“Hasta ahora, no hay ningún experimento con el cual podamos obtener todas las moléculas necesarias para la evolución química. Por lo tanto, es esencial producir distintas moléculas en distintos lugares bajo condiciones muy apropiadas y luego llevarlas a otro lugar para su reacción, protegiéndolas de los elementos dañinos como la hidrólisis y la fotólisis.”

Dicho de otra forma: ni el darwinismo renovado es capaz de demostrar ninguna de las etapas evolutivas que supuestamente ocurren a nivel molecular, desde el cacareado paso procariota-eucariota. Y es el propio progreso de la ciencia, quien les niega; sin embargo, los evolucionistas crean sus escenas imposibles como si cada una de ellas fuese realidad científica. Prefieren denigrarse aferrados a absurdos, que aceptar la lógica de la Creación. El acreditado biólogo, Michael Denton, lo explica en ‘Evolution: A Theory in Crisis’:

“Para los escépticos, la proposición de que los programas genéticos de los organismos más elevados, consistentes en cerca de mil millones de bits de información, equivalente a la secuencia de letras en una pequeña biblioteca de mil volúmenes, conteniendo ‘incontables formas codificadas’, miles de confusos algoritmos que controlan, especifican y ordenan el crecimiento y desarrollo de billones y billones de células, de un cuerpo complejo, fueron mezclados por un proceso fortuito, resulta una afrenta a la razón. ¡Pero para los darwinistas, que aceptan la idea sin la mínima duda, el ejemplo tiene prioridad!”

“Porque las cosas invisibles de Él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la Creación del mundo, y por las cosas que son hechas, para que no haya excusa; porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido”. [Rom 1:20-21]

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LA EVOLUCIÓN, DARWIN… Y SU PARADOJA.

agosto 4, 2008

No hace mucho, me llamó la atención un rótulo por el sin sentido que formulaba: ‘Se prohíbe prohibir’. Ante tales expresiones del ‘decir sin decir’, las neuronas buscan alguna lógica invisible, estimándolas como un reto a la propia inteligencia; aunque a priori, la información constituya una desinformación en sí misma. El ‘No escuches lo que oigas’, otro contrasentido, podría mutar aquí por ‘No oigas nada que vaya contra la razón’.

Sin embargo, aparentes desaciertos a veces han sido analizados en las matemáticas, desde sus comienzos; y ocasionalmente han sido fundamentales para una formalización de sus teoremas y leyes. De hecho, son una parte importante de las matemáticas modernas; las paradojas de la teoría de conjuntos tuvieron un efecto profundo en el desarrollo y la comprensión de la matemática moderna.

Según la XXII edición del Diccionario de la RAE, una paradoja es:

‘Aserción, Acción y efecto de afirmar o dar por cierto algo; proposición en que se afirma o da por cierto algo, inverosímil o absurdo, que se presenta con apariencias de verdadero.’

O esta otra acepción, que creo se ajusta más al tema que pretendo debatir en este artículo:

‘Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción’: [Mira al avaro, en sus riquezas, pobre.]

O sea, algo resulta paradójico cuando parece que es verdad, sin serlo; o al revés, que parece que es falso, pero en realidad es tan real como la vida misma. Recuerdo la del Capítulo 51, 2ª Parte de ‘Don Quijote’, la reflexión de Cervantes más profesionalmente considerada por los matemáticos, al narrar un episodio del gobierno de Sancho Panza en la ínsula Bataria.

El Sancho Gobernador, se vio ante un dilema de juicio y sentencia, cuando se le planteó:

– Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío… Y esté vuesa merced atento, porque es caso de importancia y algo dificultoso. Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo de ella una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban por la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era de esta manera:

“Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero a dónde va y a qué va; y si jurare la verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”

 

Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron:

— Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y conforme a la ley debe morir; pero, habiendo jurado la verdad, por la misma ley debe ser libre.

Sancho quedó pensativo ante el consejo que los jueces le pedían; luego comentó:

— A mi parecer, el tal hombre jura que se va a morir en la horca; y si muere en ella juró la verdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase el puente; pero si no le ahorcan juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen…

En los primeros comentarios matemáticos a este problema se procuró incluirlo entre las paradojas de la Teoría de Conjuntos, pero su interés más cierto se ofrece como problema de Álgebra proposicional. Así se propone, llamándole ya ‘problema de Cervantes’, en el clásico libro de Lógica Matemática de A. CHURCH (1956). Cuando se formaliza la cuestión, se llega a establecer que ninguna decisión hará cumplir la ley. ¿Qué hacer entonces? La sentencia que dicta Sancho Panza concluye:

– Venid acá, señor buen hombre; este pasajero que decís, o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar el puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y siendo eso así como lo es, soy de parecer que digáis esos señores, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal; y esto le diera firmado en mi nombre, si supiera mejor firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos, que me dio mi amo don Quijote, antes que viniese a ser gobernador de esta ínsula, que fue que, ‘cuando la justicia estuviese en duda, me decatase y acogiese a la misericordia’; y ha querido Dios que agora me acordase, por venir en este caso como de molde.

¡Muy bien por Sancho! Lo menos que se puede hacer es exaltar la modestia viva en sus juicios, y también su fidelidad al cristiano y cabal precepto que don Quijote le diera.

Pero una paradoja también reseña las contradicciones lógicas que van contra el sentido común y causan confusión: “la falsedad que algunos consideran cierta”, aun siendo obvia la farsa. ¿Se entendió? ¿No? Estupendo, en eso consiste una paradoja. Este artículo intentará explicar una paradoja surgida desde la ignorancia a posta; se desea hacerlo tan claro como sea posible, sin juegos de palabras… y sin resultar paradójico, por supuesto.

Las extravagancias, a veces son producto del aburrimiento, y no sirven para nada; su único objetivo es marear al que las lee, y el intento de resolverlas es una pérdida de tiempo. Pero otras son concebidas con un propósito contra corriente, disfrazadas como argumentos de ‘preocupación científica‘; lo irracional es que el éxito de las mismas sólo puede explicarse por insensatez humana.

Y luego de este deambular por conceptos y ejemplos, quisiera culminar con una a la que he bautizado como ‘La paradoja de Darwin’, quien expuso la selección natural como principal mecanismo de la evolución. Actualmente, esta teoría combina propuestas de Darwin y Wallace con las leyes de Mendel y otros avances genéticos posteriores; por eso es llamada Síntesis Moderna o Teoría Sintética. En el seno de este dogma, la evolución se define como un cambio en la frecuencia de los alelos en una población a lo largo de las generaciones.

La docencia evolutiva ‘enseña‘ que esos cambios los causan mecanismos diferentes: selección natural, deriva genética, mutación, migración (flujo genético). Tal ‘teoría sintética‘ recibe una amplia aceptación en la comunidad científica, aunque también muchas críticas. Ha sido defendida con ahínco desde su formulación, en torno a 1940, por hombres de ciencia vinculados a la biología molecular, la genética del desarrollo, la paleontología…

Pero, ¿dónde aparece el absurdo que ningún evolucionista quiere ver? ¡Justo donde no se quiere buscar! El sitio donde el instinto evolutivo conduce hacia el olor a chamusquina: el ADN y su inscripción codificada. Se parte desde un imaginario punto, mil-millonariamente lejos, tanto como el necesario para no tener testigos indeseables: solo fósiles… sabiendo que estos siempre terminan hablando el idioma que resulte más conveniente.

Según esa teoría sintética a la que se ha llegado, luego de los parches a los que les han ido obligando los avances científicos [pese a que sus propugnadores dicen ampararse en la Ciencia], las especies fueron generadas por una corriente de auto transformismo que permitió que, durante miles de millones de años, un alga se convirtiera en pez, en elefante, en rábano, en jicotea o dinosaurio, lagarto o águila, mono u hombre… o en el sándalo que perfuma el hacha que le hiere; todos juntos, y bien revueltos, aunque por ahí haya algún disparatado árbol filogenético ramificado [siempre han sido buenos buscando nombres doctos] intentando hacerlo procesable por el intelecto.

Sin embargo, el corolario derivado de investigaciones científicas, dicta categóricamente que no es posible que haya cambios, si estos no se han producido antes en la información codificada que aparece ‘inscrita’ en cada genoma. Las instrucciones del ADN, y no la ‘casuística’ surgida en supuestos millones de años, es lo que determina cada uno de todos los procesos metabólicos de cada ser vivo, ‘individualmente’.

Ejemplifiquemos la paradoja: La teoría evolutiva plantea que tenemos un antecesor común con cualquiera de las bacterias hoy existentes, aunque el tiempo de este precursor, hipotéticamente, según la conveniente datación evolucionista, se remonte a más de 3000 millones de años.

Pero la bacteria tiene una característica fundamental que la aleja de la biología de los organismos pluricelulares del planeta: es procariota, del griego πρό, pro = ‘antes de’ y ‘karion’ = ‘núcleo’. Sus células no tienen núcleo celular diferenciado; es decir, su ADN se disipa en el citoplasma, mientras que la gran mayoría de las células que conforman todo el mundo animal y vegetal [eucariotas], sí tienen un núcleo dentro del citoplasma.

En general, con respecto a la estructura del citoplasma, los eucariotas, [células vegetales y animales, incluido el ser humano] poseen más orgánulos que no tienen los absurdamente considerados ‘primeros seres’, procariotas. Todos ellos con funciones importantes y específicas, y no surgidos por azar, sino perfectamente elaborados según la instrucción que dicta exactamente cómo y cuándo hacerlos: ‘la receta de la vida’ codificada y programada, secuencia a secuencia, segundo a segundo, e ‘inscrita‘ en un pliego orgánico: el ADN.

No puede argumentarse que hace miles de millones de años las bacterias se unieron entre sí y dieron lugar, por endosimbiosis, a la célula eucariota, sin explicar cómo se produjo antes el cambio en esa instrucción, permitiendo la nueva célula. La Ciencia ha dejado bien claro que primero está la información y luego la función: primero la receta y luego la elaboración de dicha receta.

¿Cómo se produjeron las ‘reinscripciones y recodificaciones‘ necesarias, para que se formaran: núcleos, retículo endoplasmático, aparato de Golgi, lisosomas, mitocondrias y citoesqueleto? Son inexistentes en el procariota, y cada uno tiene bien explícita su función en el genoma. La teoría del ‘se unieron porque nos da la gana y pudo ser‘, es cualquier cosa menos científica.

La organización genética también varía: el procariota carece del nucleoplasma rodeado por membrana que se ve en el eucariota; posee un solo cromosoma, a diferencia del resto de la biología [la célula eucariota humana tiene 24 distintos]. Tampoco hay nucleolo, mitosis ni ADN en orgánulos, pues estos no existen; y los datos para que surjan, debieron estar inscritos antes en el ADN. Así que: ¿cómo se reinscribieron y recodificaron los datos necesarios para generar los organismos pluricelulares, cambiando incluso las propiedades genéticas, para ‘mejorar‘ la especie?

Por otra parte, los atributos funcionales inexistentes en virus, y exclusivos de eucariotas: fagocitosis, pinocitosis, secreción de materiales en vesículas del Golgi, digestión intracelular, corrientes celulares dirigidas (ciclosis), movimientos ameboides… ¿cómo pudieron surgir, sin antes existir la información con los datos que permitieran las condiciones para que se manifestaran, y que las mismas investigaciones científicas han determinado imprescindibles?

Veamos en concreto el caso de la mitocondria, presentada como un resultado casuístico de una bacteria en simbiosis con otra. Durante la última década, la investigación científica sobre la mitocondria ha presentado un nuevo apogeo, al haberse relacionado alteraciones de la funcionalidad de este orgánulo con el desarrollo y progresión de enfermedades humanas tan diversas como las neurodegenerativas, la diabetes, y muchas más.

Tradicionalmente, la mitocondria se percibía como responsable de la provisión de la energía necesaria en células eucariotas, para que éstas lograran sus funciones vitales: la central energética celular. Pero en los años noventa, también se reveló su ‘programación’ para el control de la apoptosis: un mecanismo selectivo de suicidio de cada célula irrecuperable, mediado por la liberación de proteínas localizadas en el interior del orgánulo. Y más espectacular aún ha sido además, el resurgir de la mitocondria en el ámbito del cáncer, ya en este siglo, donde las alteraciones de su función provisora de energía están íntimamente ligadas a la progresión de neoplasias tan diversas como el cáncer de mama, de pulmón o de colon.

En el trabajo sobre apoptosis, el grupo de investigación del Centro de Biología Molecular ‘Severo Ochoa’ dirigido por José M. Cuezva, estudió la síntesis del ADN, así como de las proteínas y fosfolípidos específicos de la mitocondria, durante las distintas fases del ciclo celular: el proceso ordenado y repetido en el tiempo, por el que la célula crece y se divide en dos células hijas.

En concreto, demostraron que la regulación de la expresión de una proteína clave en el control del mecanismo energético y apoptósico de la mitocondria [β-F1-ATPasa], cuya función está disminuida en una gran variedad de tumores humanos, se ejerce ‘por control de la traducción de su ARNm‘, en la fase final del ciclo celular. Es decir: ¡siguiendo las instrucciones inscritas en el ADN! ¿Cómo puede entenderse una mitocondria ‘surgida por endosimbiosis‘, si aparece en el ADN toda la instrucción preventiva que le atañe? Si está la instrucción y la previsión  no puede considerarse en serio la aparición, el mantenimiento y hasta la muerte, por azar. ¡Es Diseño funcional desde el inicio!

Si hay datos inscritos implicando a todos los orgánulos eucariotas, y dichos datos y orgánulos no asoman en los procariotas, ¿de dónde entonces surgió esa inscripción codificada? ¿Cómo brota el evidente programa de control celular, detectado en las investigaciones científicas?

Por otra parte, la Respiración también está relacionada con el ADN; no es casuística, sino programada: en vegetales ocurre de una forma establecida e inscrita también en el genoma. Los animales hacemos respiración celular, llevada a acabo en la mitocondria; las plantas mediante fotosíntesis, empleando un orgánulo llamado cloroplasto. Y ninguna de esas informaciones existe en la bacteria. ¿Cómo se inscribió y codificó esa información inteligente en los eucariotas, si no existe en sus hipotéticos antecesores?

La Génesis del cloroplasto le da su propio ADN con instrucciones; de forma que estamos otra vez ante la pescadilla que se muerde la cola: si esa central energética vegetal, funciona gracias a una información inscrita en su genoma, instruyendo sobre la fotosíntesis, ¿cómo puede pensarse que surgieran de forma casuística, desde la bacteria?

Terminamos; la ‘Paradoja de Darwin’ plantea que todos los seres derivan unos de otros; sin embargo, toda la información de los distintos procesos del metabolismo celular que les diferencia, especie por especie, ya aparece inscrita y codificada en cada ADN específico, antes de surgir cada individuo, identificando a cada uno según lo inscrito y codificado.

Porque desde el conocimiento derivado de todos los descubrimientos científicos que han permitido los avances de la humanidad, jamás ha existido alguno que ratifique que una instrucción se puede reinscribir por si misma en la molécula de ADN; y mucho menos, recodificarse, pues también la Ciencia ha determinado que no es posible si no existe Codificador.

¿Quién le puso el cascabel al gato? Selección Natural no, desde luego… antes tendría que aprender a diseñar, programar, calcular, inscribir, y codificar las instrucciones para la vida, en el núcleo de cada célula eucariota; la que tenemos los humanos, vaya.

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