LA PATATA: ¿ANCESTRO HUMANO?

junio 19, 2009

Semanas atrás saltó la noticia del enésimo hallazgo del eslabón perdido de la cadena evolutiva: Ida, una lémur ¿fósil? presentada en sociedad, en el Museo de Historia Natural de Nueva York… Lo siento, no puedo contenerme, pero, ¡cómo me recuerda al hombre con quijada de chimpancé injertada, el falso homínido de Pilstdown, exhibido en el homólogo de Londres durante medio siglo, hasta que el timo salió a la luz!

A ‘Ida’, a quien no han podido categorizar ni como mono ni como lémur, sino como a ‘bicho intermedio’, le han asignado nada más y nada menos que 45 millones de años; edad similar al objeto de burla, la losa de plomo sobre eruditos evolutivos: el ‘extinto’ celacanto, el pez que pese a la ‘científica declaración’, menea colita ‘involucionada’ en aguas actuales, igual que la de su ‘ancestro’ exhibido como eónico. Algo que, desde reflexión real y científica, solo ratifica ‘NO EVOLUCIÓN’, ‘NO DATACIÓN’, y ‘NO VERDAD EVOLUTIVA’.

Hay fósiles datados en millones de años, que señalan sin dudas a seres de hoy, recordando la comedia fílmica ‘Este muerto está muy vivo’. Los defensores evolutivos no son capaces de demostrar la evolución ni en uno solo de ellos; decenas de miles por todos los museos del mundo lo impugnan. Igual a los seres vivos que se abren a nuestros ojos, dichos fósiles se presentan súbitamente con todas sus características, sin mostrar la alteración que debió ser impuesta por soñados millones de años ‘evolucionando’.

Un ejemplo lo tenemos en el museo de Historia Natural de República Dominicana, con miles de muestras fosilizadas en resina, datadas en el ‘oligoceno’ [25 millones de años]. Les expongo una, conocida en inglés como ‘Humpbacked flie’ una pequeña especie de mosca parecida [pero diferente] a la mosca de la fruta, que también existe en la actualidad en su forma corriente, sin evolucionar, sin presentar cambios con respecto a un ‘ancestro oligocénico subliminal’. Una más entre miles; esta especie siempre se presentó tal cual fue diseñada por su Creador, e instituye otro dato que niega el anticientificismo darwinista.

La mosca que no evolucionó.

La mosca que no evolucionó.

También son ejemplos las algas azules, celacanto, esponjas, gusanos marinos, rayas, erizos marinos, etc. ¿Qué concluir: se evoluciona cuando conviene? ¿Se manifiesta evolución o no, según convenga? ¿Dónde se oculta la inteligencia que lo decide? El mundo está ante una teoría evolutiva basada en planteamientos veletas, no en axiomas científicos.

Usemos el prodigio de la Creación de Dios: el razonamiento, la punta de lanza que hiere de muerte al timo evolutivo, aunque se resistan a sepultarle. Nos diferencia del resto de animales y jamás ha podido ser atribuido a aparición ancestral, pues no hay ancestros de la conciencia del yo ni del raciocinio. Colijamos entonces: ¿de cuántos eslabones se compone en realidad esta fantástica ‘cadena subjetiva’? ¿Cuántos ‘eslabones’ le han sido presentados al mundo, y cuántos más faltan por aparecer? La respuesta es clara: tantos como sean posibles, mientras la mentira siga generando dinero, popularidad y ‘nivel académico’.

Un millón de dólares logró sacar el tratante Thomas Perner, al profesor noruego Hurum, quien a causa del ejercicio de hipnosis más antiguo conocido: el darwinismo, al fin se salió con la suya, y se llevó a Oslo el 95% de los restos de un primate sin clasificar, convencido de haber adquirido ‘el eónico eslabón perdido’, cuando en realidad la edad del montón de huesos no superaría la de unos cuantos miles de años. La aversión a Dios supera la expectativa humana; cualquier absurdo se convierte en Ciencia a la luz opaca del ateísmo.

En realidad, los estudiosos de la zoología han incluido en la familia ‘primates’, a simios, monos, lémures… y al ser humano. Mas los simios contienen 13 especies distintas, y los monos 160 especies. Los lémures, por su parte, están contenidos en 3 géneros que agrupan a nueve especies disímiles; sin contar, por supuesto, con otras sub-familias intermedias, semejantes. Pero hay una única verdad científica: diferentes tipos de simios jamás procrean entre sí; jamás surgirá una nueva especie desde esa perspectiva.

Sin embargo, insisten en cargarnos ancestros chimpancés… y ahora hasta de lémures. Pero si algo fija el ADN es que diferencia tanto las mismas especies consideradas ‘parecidas’, que las hace incompatibles con la procreación; los seres genéticamente discordantes ni se aparean, ni son capaces de generar OTROS TIPOS DE SERES. Los chimpancés siempre han descendido de una pareja sexual de chimpancés, de igual manera que el primer retoño de lémur solo pudo haber surgido del padre y la madre lémur, creados por Dios… con instrucción genética individual incluida, para garantizar el que se multiplicaran.

Visto de esta forma, si un mono tití no puede procrear con una mona verde o si un gorila no es capaz de embarazar a una chimpancé, orangutana o el tipo de mona que se pretenda intercalar en la escala evolutiva, ¿cómo se puede proveer de categoría científica, a la tesis de nuestro origen simiesco? Si el total de miembros de la familia primates, las casi 200 especies diferentes, son incapaces de generar nuevos miembros genéticamente diferenciados, ¿de dónde salió ese lémur-mono al que ahora quieren hermanarnos?

La respuesta es genéticamente demoledora: ¡DE NINGÚN SER VIVO DIFERENTE A UN LÉMUR! Si confrontamos el planteamiento con el código genético, vemos la complejidad de la masa de información contenida en este. Cuando se medita que la total información química requerida para elaborar a un mono, lagarto, ave, elefante, rana… o ser humano, se comprime en dos células reproductivas minúsculas y diferentes en cada especie, entonces se entiende el absurdo del planteamiento evolutivo.

El que la información genética de todo ser vivo dependa de dos cromosomas sexuales, el ‘X’ y el ‘Y’, encargados de trasmitir secuencialmente cada dato imprescindible, es en sí mismo una evidencia de que, al menos en más de un millón de especies con sexos diferenciados [testículos y ovarios], macho y hembra tuvieron que ser coincidentes en el tiempo.

La añeja idea de un lagarto trasmutando hasta echar alas… o un tipo de mono deviniendo en persona, es hecha polvo por la evidencia cromosomática. Es repetición obligada; si especies distintas jamás generan especies nuevas [realidad científica manifiesta ante los ojos del mundo], no queda más remedio que aceptar que cada ser apareció tal cual se ve hoy: perfectamente diferenciado.

Incluso en miembros de familias ‘semejantes’, como las 13 especies de simio, las 160 de mono, las miles de lagarto, las más de 20000 de pájaros, cientos de ciervos, etc, incapaces de embarazar a ninguna hembra de otra especie, aunque la zoología las ubique dentro de una misma ‘familia’. Serán ‘similares’ para nosotros, pero todos y cada uno de ellos saben perfectamente que están ante un ‘bicho discordante’.

Sostener que la pluralidad de información para la vida, virtual en el ADN, surgió al albur, sin plan ni diseño, es negar el sentido común. La enorme complejidad de datos genéticos ordenados [6 mil millones de bits, en nuestro caso], codificados con un alfabeto de solo cuatro letras, hecho de moléculas químicas, implica colosal inteligencia superior detrás. Los expertos de la teoría de la información no admiten otra interpretación de los hechos.

Lo real y empírico, es que resulta discordante describir la evolución como un proceso de adaptación, por cuanto a ningún ente se le puede atribuir ancestros: científicamente, ninguno tiene un origen distinto al fijado en su propio ADN. Cada ser vivo se manifiesta perfectamente adaptado: ni vemos lagartos con intentos de alas brotando de ellos ni monos rebasando la barrera biológica fijada, embarazando a hembras de otras especies primates. Tampoco a especies diferentes generando nuevas entidades biológicas; tal cosa es bulo anticientífico, cabalmente negado en cada selva o zoo del planeta.

La ‘selección natural’ no ‘crea‘ nada; enseñar en las aulas que el complejo ojo trilobites ‘precámbrico’ [cuyo inicio ‘se dice‘ que fue hace 4.600 millones de años, y su fin unos 570 millones de años antes que nosotros ‘viéramos‘ la luz] surjió más de 500 millones de años antes que el ojo simple que debió antecederle, hace a la evolución inmasticable.

Solo hay una explicación obvia: tuvo su diseño genético de ojos compuestos, desde su inicio… al mismo tiempo que el resto de ojos que se ven en la creación de Dios… hace unos pocos miles de años atrás, cuando el Creador decidió que empezara este ciclo de vida material. Solo la existencia inicial de programas codificados en el ADN de trilobites, y resto del lote de la Creación resulta coherente, porque lo científicamente demostrado es que un programa no surge al azar; así como que solo es posible codificar si detrás existe un talento programador y codificador. Decir lo contrario es fábula.

De la misma forma es irracional explicar el paso de un ser terrestre a un aéreo como una necesidad, si lo que vemos es que miles de especies distintas de lagartos viven perfectamente sin precisar alas. Otra cosa es la variación que tiene lugar dentro de los límites de la información genética, frontera fijada por el “pool de genes”; pero todas las características presentes en el abanico genético de una especie es determinada por los alelos. Lo vemos en perros, cerdos, humanos… y vegetales, creando razas y genotipos diferentes de una misma especie; pero jamás especies nuevas.

Tal variación nunca transmuta reptiles en pájaros, agregando plumas y alas, alterando metabolismos. Ese cambio demanda aumento en la información genética; el borrar datos de escamas, huesos, sistema respiratorio, tipo de sangre… etc, supliéndolo por la información correspondiente a las aves, sin una inteligencia controlando, es totalmente imposible, pues alteraría la ordenada información original. Es bien sabido que solo el variar un simple aminoácido puede llevar a la extinción, no a la multiplicidad.

Lo que se observa en la vida real es la firmeza de especies, no el paso de unas a otras. Casi doscientas especies inmutables de primates, ante múltiples razas de perros, equinos… personas. Y eso nos diferencia de los monos, no nos asemeja: hay muchas razas humanas, pero la especie es la misma, manteniendo la capacidad de procreación entre distintas razas con un mismo ADN. Sin embargo, científicamente probado, no se puede decir lo mismo de micos, gorilas… lémures, perfectamente diferentes, genéticamente incompatibles….

La variedad alélica crea razas y fenotipos disímiles en una especie determinada, sin que ello implique mejora genética; jamás se ha demostrado sea un paso del que surjan nuevos órganos. La evolución propone que con la ayuda de largas eras geológicas se ha producido la ‘macroevolución’: especies multiplicándose y sucediéndose entre sí. Mas eso es lucubrar contra lo observado, cuando lo genuino y legal es extrapolar desde la experiencia cierta. Se distorsiona la lógica, la razón y la inteligencia, yendo contra la Ciencia, y alineándose con fábulas de ranas trasmutando en príncipe, monos en personas, o calabazas en carrozas.

Desde tiempo atrás se concluyó la “estabilidad genética” [homeostasis genética], basada en resultados experimentales sobre seres vivos. Se concluyó que cada cópula provocada, en busca de variaciones distintas a las contenidas en el pool de genes, fue ineficaz. Constan barreras estrictas entre las distintas especies de seres vivientes, que hacen totalmente imposible que criadores de animales cambien al ganado en especies diferentes, apareando distintas variedades, según postuló Darwin.

La propia ‘evolución‘ de la bacteria es otro mito; su capacidad de resistencia existía mucho antes de los antibióticos. Artículos del “Medical Tribune” [29/12/1998] lo confirman. En 1986 se hallaron los cuerpos congelados de marinos muertos durante una expedición al polo, en 1845, y en ellos se divisaron bacterias comunes en el siglo XIX. Los investigadores se sorprendieron al examinarlas y descubrir que eran resistentes a antibióticos que no fueron desarrollados hasta el siglo XX, muy posterior a su época.

Tal hecho constituyó un ‘NO’ rotundo a la “inmunidad bacteriana adquirida” que propugna la tesis evolutiva. Se demostró científicamente que tal resistencia ya estaba presente en las poblaciones de bacterias, antes incluso que existieran los antibióticos. No evolucionan a otra especie sino que tienen capacidad de respuesta como lo que son, porque así lo recoge su ADN; tal como nuestra información genética prevé un sistema inmunológico.

Pero, volvamos a la ‘homología’ hombre/mono. ¿Es científico decir que indica ancestros comunes? El ‘NO’ es enérgico; hay que decir que la embriología y la genética demuestran que el concepto de homología definido por Darwin como “evidencia de los seres vivientes a partir de un ancestro común”, jamás se puede considerar como evidencia. También en este sentido, la Ciencia ha probado que la tesis darwinista es falsa.

Ni moléculas ni fósiles han logrado proveer los ariscos eslabones intermedios soñados en siglos de darwinismo. La discrepancia molecular entre seres aparentemente relacionados por su similitud se manifiesta tenazmente. Por ejemplo, la estructura del Citocromo-C, proteína vital para la respiración, es pasmosamente distinta en seres estimados como de la misma familia. Investigaciones llevadas a cabo dicen que la diferencia entre dos especies de reptiles distintos es mayor incluso que entre un pájaro y pez, o pez y mamífero.

Otro estudio mostró que la diferencia molecular entre ciertos pájaros [ej: águila y gorrión], es mayor que la existente entre esos mismos pájaros y determinados mamíferos. Algo similar ocurrió al comparar hemoglobina, hormonas y genes. Asimismo se ha visto que la diferencia molecular entre ciertas bacterias aparentemente similares, es mayor que la que hay entre mamíferos y anfibios o insectos. Desde la Biología molecular, ningún órgano es ‘ancestral’, ‘arcaico’ o ‘moderno’; si esta rama de la Ciencia hubiera existido cuando Darwin, su idea de la evolución orgánica ni siquiera habría podido sostenerse.

La Ciencia ha logrado almacenar información sobre barro, piedra, papiro, papel, disco de vinilo, película, casetes, CD’s, microchips… pero la tecnología humana no ha sido capaz de avanzar hasta el nivel de almacenar información química tal como la muestra el ADN. De acuerdo a esto, resulta disparatado decir que los penta trillones de datos contenidos y sincronizadamente secuenciados, en los millones de especies diferentes que existen, pudieran haber surgido desde el azar. ¿Cómo podría el azar lograr lo que no logran ejércitos de científicos eminentes, en el mundo entero?

Por otra parte, es imposible que un código surja por accidente; está matemáticamente demostrado. Solo se logra desde una mente inteligente; la casualidad no puede hacerlo, de la misma forma que si Bethoven no hubiera estado tras cada partitura, jamás habríamos oído sus sinfonías. Ni siquiera los pentagramas de los peores músicos, surgen del caos.

El planteamiento evolucionista es una sarta de incoherencias unidas con hilos frágiles: una oda a absurdos imposibles. Es como la roca que termina horadada por la constancia de la ola; el flujo de la Ciencia la ha sacudido en sus cimientos y hoy estamos ante un pedrusco endeble que intenta sobrevivir dejándose llevar por la marea, incapaz de sostenerse. No es más que una ignorancia agonizante, ahogándose en la playa del conocimiento.

Mas el capricho persiste; no hay la más mínima duda de que en cualquier momento estaremos ante una diatriba que nos relacione ancestralmente con la patata. Solo es necesario que surja alguien con la capacidad de facundia argumentativa capaz de convertir lo absurdo en lógico. ¿Acaso no han convertido al alga unicelular procariota en ancestro de al menos un millón de especies [nosotros incluidos], pese a estar formadas por las tan diferentes células eucariotas, sin haber demostrado jamás en ningún laboratorio del universo tal paso imprescindible de un tipo de célula en otra? La Ciencia no nace de locos brincos de cabras, sino de pasos cohesionados y convincentes.

Pero enfrentamos lo que enfrentamos; nada sorprende de los enemigos de Dios y de su Creación: patata seremos, si hay dinerito, fama y posibilidades de Nobel por medio… solo hay que tener paciencia para ver más enfoque demencial convertido en noticia científica.

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ESPÍRITU, ALMA, MENTE: INEXPLICABLES DESDE EL DARWINISMO

febrero 3, 2009

Y el Eterno Jahvé formó al hombre de polvo de la tierra y le exhaló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser vivo.”[Bereshit 2:7]

Durante estos días he estado comentando sobre lo que nos distingue total y absolutamente del resto de especies, y que tanto aturde a teóricos evolutivos: la conciencia humana. Hoy tocaré el tema desde otra perspectiva: la excelente relación entre el pro evolutivo Popper y el creacionista Eccles: quijotes del interaccionismo cerebro-mente, aunque discreparan sobre el origen-fin de la mente o alma.

Sin embargo, antes quiero contar otra anécdota personal sobre la relación mente-espíritu. Cierto día, me visitó, muy angustiada, una prima pediatra, jamás caracterizada por creencia religiosa de ningún tipo. A su padre se le había detectado un tumor en la próstata; le había examinado su viejo profesor de Urología, estimado una eminencia a nivel académico y profesional, y este había determinado que presentaba un estado muy avanzado que desaconsejaba cirugía, sugiriendo aceptación ante lo que parecía inevitable.

Aunque nunca hablamos del tema, ella había estado al corriente de mi ‘dolencia‘ de años antes, [relatada en el artículo anterior] y no resuelta a nivel clínico, sino gracias al ‘poder‘ de otra dimensión. Yo no tenía la fe de hoy; y por alguna razón, el Señor permitió que experimentara las tremendas e insondables vivencias que viví entonces… En fin, el caso es que resolví llevar a mi tío a la ‘consulta‘ de una espiritista que ya había dado pruebas reales y convincentes.

Una vez presentados, nos sentamos en un pequeño cuarto, y la mujer empezó a fumar un tabaco, con sus ojos entrecerrados, durante un minuto más o menos. De pronto, saludó como si acabara de llegar, no con la voz que nos recibió, sino en el español característico de los negros esclavos de antaño.

Comenzó a describir al detalle la casa de mi tío, su trabajo, familia, posición económica… mientras yo la oía pasmado, pues, aunque mi agnóstico pariente pensaría que habría informado a la mujer sobre lo que comentaba, yo sabía que eso no había sucedido; agregando el que vivía en otra provincia y era la primera vez que se veían.

No obstante, como no hablaba sobre lo principal, la interrumpí, y le pregunté si sabía a qué habíamos ido allí. La mujer miró a mi tío, sonrió, le dio otra calada al tabaco, y le dijo:

Tú ta tené uno problemia con tu protiatá; pero no ta preocupá. Yo ta decí pa ti

Ahí comenzó a indicarle lo que debía hacer para ‘curarse‘. No recuerdo con exactitud cada palabra, pero en líneas generales, le mandó cortar una mata de plátano, quitarle las hojas, y poner el tallo sobre una vasija, para que fuera destilando el agua contenida. Él debía beber de esa agua. Ha pasado más de 15 años desde entonces; mi memoria no retiene si le dio alguna otra indicación, pero el hecho es que mi familiar no solo no murió, sino que se reincorporó a una vida normal… hasta el día de hoy. Todo un misterio indescifrable.

Ya cuando nos íbamos, sentí curiosidad por todo lo que había presenciado y oído allí, así que le pregunté cómo ella podía saber esas cosas sobre alguien que no conocía.

Ta poné cuadro — dijo sin dudarlo.

Debí haber preguntado ‘¿quién le ponía esos cuadros?’, pero no lo hice, y hasta el día de hoy sigo con la duda. No obstante, para mí eso fue una evidencia de la existencia del espíritu, una prueba real, de que de algún modo el espíritu puede ‘ver‘ el pasado inscrito en el interior humano… y que de alguna forma este es grabado a lo largo de nuestra vida. Por supuesto, también demostró ser una entidad capaz de ‘acceder‘ a la información que llevamos dentro, y de saber incluso cosas que ignoramos sobre nosotros mismos.

Los muchos enigmas que viví en aquella época no han hallado aun una respuesta científica; y mientras más leo y estudio sobre los últimos avances, más me confirman estos que la Ciencia va demostrando la posibilidad de los hechos que yo viví experimentalmente, aunque tampoco les pueda dar respuesta.

Por ejemplo, el neurofisiólogo Sir John Eccles, Nobel en 1963 por su trabajo con el mecanismo iónico de excitación e inhibición de sinapsis cerebrales, contactó en 1944 con el filósofo Karl Popper, y ambos iniciaron una firme relación profesional, intentando llegar a algún tipo de conclusión con respecto a los fenómenos del subconsciente.

Durante los últimos doce años de su larga y activa carrera investigativa, Eccles trabajó en los EEUU como director del Laboratorio de Neurobiología [Facultad de Medicina, Universidad de Buffalo], por lo que sus conclusiones emanaban de la evidencia experimental, en contraste con la filosofía de salón de Popper. Pero el hecho es que juntos crearon el célebre libro ‘El Yo y su cerebro’ (Ed. Labor, Barcelona 1993), a favor del interaccionismo mente-cerebro.

Mas el camino recorrido por cada uno fue muy diferente. Sin acuerdo con respecto al origen de la mente consciente tampoco coincidieron en su destino. Popper asume origen evolutivo; Eccles no duda de una Creación. Referente al destino, Popper no se implica más allá de lo científico ni cree que el alma sobreviva al cuerpo. Eccles, en cambio, considera una mente o ‘alma‘ con un destino más allá del fin físico, y ve la vida biológica como ‘preparación‘ para una siguiente etapa.

Popper asocia la mente a un evento evolutivo que ‘de algún modo hace que brote‘ bajo acción del cerebro, y que luego se independiza, sin subordinarse a leyes físicas o químicas. Argumenta desde una base filosófica, sin una sola evidencia, y solo tomando como referencia las especulaciones de Darwin, en su ‘Evolución de las Especies‘.

El Dr. Eccles en tanto, se remite a efectos experimentales; pruebas científicas logradas por Kornhuber, descubridor del potencial eléctrico generado en la corteza cerebral, entre el acto consciente de la voluntad y la actividad motora resultante de la misma [generalmente, menos de un segundo]. Acude a lo comprobado: durante ese intervalo, se observa un furor de ondas en un área que agrupa las señales que ejecutarán la maniobra fijada; un tiempo medible, entre la decisión ‘voluntaria’ [el pensar la orden] y la acción física de respuesta.

Sin embargo, nadie sabe cómo la voluntad organiza la activación de impulsos neuronales. Y Eccles infiere que existe algún tipo de puente insustancial a través de la ‘interfaz‘, entre lo mental y lo físico. Aunque admite que aun no es posible dar explicación científica de la naturaleza de tal puente, ve en los experimentos de Kornhuber una evidencia objetiva de que la cadena de sucesos que van desde la voluntad, a la acción motora, no precisa estímulo cerebral, sino que los genera. Además, señala la capacidad de operar imágenes en la conciencia, aun cuando por causa genética se carece de masa encefálica.

Plantea el caso de un sujeto que movía los dedos de una mano, mientras se medían ondas cerebrales, moviendo los electrodos en el cuero cabelludo. Hubo 250 registros con distintos potenciales eléctricos, y se reveló que 0,8 segundos antes de cada movimiento físico del dedo, se registraba un potencial ‘de preparación‘… algo similar a lo que ocurre en una competición, en que el árbitro cuenta: ‘1, 2, ¡3!’, antes de un ejercicio deportivo. O sea, se manifiesta como ‘avisando‘ que la voluntad está a punto de actuar sobre el sistema motor.

Ya se habló en el capítulo anterior sobre los trabajos del Dr. Penfield. El Dr. Eccles, un seguidor suyo, quedó convencido de que la mente no era una consecuencia del cerebro, sino que en realidad se manifestaba experimentalmente como ‘espectadora y usuaria’, con capacidad para actuar y decidir determinadas operaciones en el cerebro, evidenciando que la mente lo manipula como ‘ama’, no portándose como su esclava.

Concluyó que la mente ‘sabe‘ donde está el fondo de la información, e integra lo que extrae de ese sitio para nosotros virtual, en una búsqueda activa y consciente. Puede elegir entre los datos que rastrea, y combinar la información que logra, integrándola en un todo revelador, rechazando de tal información aquello que no le interesa y reestructurándola a voluntad.

Este paso consciente, impuesto sobre el cerebro, asiste a su vez al sistema de circuitos y conexiones nerviosas. Por esa razón, el título que inicialmente se propuso como ‘El Yo y el cerebro‘, pasó a ser, de mutuo acuerdo, ‘El Yo y su cerebro‘, contemplando una masa encefálica utilizada con mucho propósito, por una mente programadora que activa y hace procesar, solo aquello que le interesa.

Así, Eccles no duda en afirmar que la mente es autónoma y controladora; incluso identifica la mente auto consciente con el alma. Rechaza el punto de vista de una mente espectadora, semejante a una pantalla de TV, sin control sobre el programa de TV, y lo presenta como un observador activo capaz de elegir programa, cambiar canales, e incluso intervenir en la programación.

No duda en propugnar que hay datos suficientes que indican la influencia activa de la mente sobre el sistema neuronal, buscando objetivos determinados, sin interesarle las operaciones de dendritas y axones, célula a célula; así como a un espectador de un partido de fútbol, no le interesa la actividad interna del TV, a través de sus circuitos, cables, circuitos integrados, etc.

Las operaciones internas de las células nerviosas individuales no son quienes facilitan información útil a la mente, sino el resultado de dichas operaciones: la lectura de salida inteligible y útil. Y esta se logra ‘a la carta‘; la mente la ordena e integra en un mensaje con significado. La ‘imagen’ procesada en el cerebro llega a ser imagen, solo porque la mente la instituye como tal. Pero la mente, pocas veces es un espectador, y solo por breves períodos; está totalmente implicada en cada pensamiento creativo, y en ocasiones de recuerdo deliberado.

Popper dice sobre esto, algo con lo que el Dr. Eccles está totalmente de acuerdo:

[Recuerdo equivale a ‘He logrado recordar‘]. De modo que solo en el momento en que esta actividad tiene éxito, el ‘yo mental’, es ‘espectador’. En cualquier otro caso está tenazmente y casi constantemente, activo.

Esto es exactamente lo que intenté expresar cuando, con una sensación de desesperanza, dije en Oxford en 1950 que creo en el espíritu dentro de la máquina. Es decir, creo que el ‘yo’, en un sentido actúa con el cerebro a la manera en que un pianista toca el piano o como un conductor manipula los controles de un automóvil.’

La mente, como ‘resultado‘ evolutivo, es una perspectiva biológicamente irracional. La auto conciencia ausente en animales, no impide su existencia y multiplicación; y solo el hombre es intelectualmente activo. ¿Solo una especie entre más de 10 millones, resultó beneficiada por ‘selección natural‘ y devino en ‘mejora evolutiva‘? ¿Qué decir entonces sobre formas de vida menores, sin auto conciencia, pero con capacidad de supervivencia mayor que la humana?

Y aun hay otro motivo que hace inverosímil la aparición evolutiva del subconsciente: si ninguna especie la ha manifestado antes… ¿de dónde evolucionó? El ser humano no tiene otra opción que reconocerla sin antecedentes biológicos, así que: ¿cómo se originó algo capaz de actuar sobre la materia, sin poder atribuírsele a sí mismo una expresión material?

Es obvio que si la mente puede actuar sobre el cerebro como fuerza autónoma, entonces la ‘voluntad‘ puede actuar sobre la materia, sin tener sus raíces en la materia sobre la que actúa. Y esto causa inquietantes posibilidades en la física; de hecho podría involucrar una verdadera transformación de conceptos. El Nobel de Física, Erwin Schrödinger, dijo sobre este tema:

Este impasse es un impasse. ¿Entonces, nosotros no somos actores de nuestros actos? Sin embargo nosotros nos sentimos responsables de ellos, somos castigados o alabados, según sea el caso; una horrible antinomia. Yo mantengo que no se puede resolver al nivel de la ciencia actual, aun inmersa en el ‘principio de exclusión’ [exclusión de toda fuerza ‘no física’]… Habrá que reformar la actitud científica. La ciencia se tiene que rehacer de nuevo.”

¡Un musical aplauso en ‘SI’ mayor sostenido, al Dr. Schrödinger, un científico con las neuronas en su sitio! Él escribió el libro:’¿What’s life?’. [¿Qué es la vida?]; el mismo que según las memorias de James Watson [DNA, The Secret of Life], le inspiró a investigar los genes, y le llevó al descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN… ¡Sin hablar para nada de evolución de especies! ¡Un físico instruyendo a los biólogos sobre la dirección que debe seguir la biología, si se quiere respetar al raciocinio!

El Dr. Eccles, casi al final del libro, comenta:

Yo quería resaltar esta preeminencia de la mente auto consciente porque ahora planteo estas preguntas: « ¿Qué es la mente auto consciente? ¿Cómo se acopla al cerebro en todas sus íntimas relaciones de dar y recibir? ¿Cómo llega a existir? Y, no solo cómo llega a existir, sino, ¿cuál es su suerte última cuando, a su tiempo, el cerebro se desintegra?
…Nuestro venir-al-ser es tan misterioso como nuestro dejar de-ser en la muerte. ¿Acaso no podemos abrigar esperanza, debido a que nuestra ignorancia acerca de nuestro origen concuerda con nuestra ignorancia acerca de nuestro destino? ¿No se puede vivir la vida como una retadora e insólita aventura con un significado aun por descubrir?

Pero la respuesta, al no provenir de este mundo, no podrá ser hallada en este mundo, por quienes son de este mundo. Solo los nacidos en el espíritu son capaces de comprender cuando leen:

Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió el intento del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a Él primero, para que le sea pagado? Porque de Él, y por Él, y en Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.” [Rom 11:32-36]


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