ALÍ BABÁ, BLANCA NIEVES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA III.

marzo 19, 2009

En la tarde de hoy he estado recogiendo algunas anotaciones; desechando lo que ya no tiene valor, y reclasificando lo que sí pudiera valer en un futuro. Allí he visto unas que escribí hace meses, mientras preparaba un debate, y que sigue llamando mi atención como el primer día: ‘¿Cómo puede explicar la teoría evolutiva que pese a reconocerse la existencia de más de un millón de especies eucariotas superiores, solo una ha desarrollado conciencia?

Solo el humano es capaz de manifestar raciocinio, cognición del ‘yo’, y la capacidad de captar o intuir el ser. Sin embargo, en contrapartida con este hecho innegable, está la otra cara de la moneda: el humano es el único ser vivo que niega las evidencias. Ningún animal tropieza dos veces con la misma piedra; los hombres y mujeres sí; algunos incluso disfrutan haciéndolo.

Un ejemplo de ello lo tenemos en las consecuencias derivadas de un hallazgo efectuado en el otoño del 1885, cuando un trabajador llamado Reidl, en una fundición de Schöndorf, Austria, fundada por Isidor Braun (1801-1866) y luego controlado por sus hijos, derribó un bloque de lignito que había sido extraído en Wolfsegg, a unos kms. de allí, y se vio sorprendido por la presencia de una pieza de hierro salida de su interior.

Un Mazo Inadecuado

El lignito es un carbón mineral que se forma por compresión de la turba, proceso al que se le calcula posibilidad solo después de millones de años de presencia fósil. Se cree que luego de ese tiempo, va convirtiéndose en una sustancia desmenuzable en la que aún se pueden reconocer algunas estructuras vegetales, de color negro o pardo, y frecuentemente con una textura similar a la de la madera de la que procede.

El bloque en cuestión, se quebró bajo la herramienta del fundidor, mientras recolectaba las piezas de tamaño adecuado para alimentar el horno. Ante sus ojos se presentó un pequeño cubo de hierro, integrado aun dentro de restos de carbón; al ser limpio de todo vestigio carbonífero, presentó forma de cubo, y un surco recorriéndolo. El trozo provenía de un envío de carbón desde el yacimiento de Wolfsegg.

El hexaedro metálico fue examinado y luego presentado en 1886 por el ingeniero de minas Adolfo Gurlt, Profesor de Geología en la Universidad de Bonn, durante una conferencia del Naturhistorische Verein [Sociedad de Historia natural]. Allí sugirió que su origen fuera un meteorito que se incrustó en la Tierra en una época muy remota… y que parecía ¡”trabajado, fabricado“!

Un informe aparecido en el diario científico Nature (volumen 35, 11, noviembre 1886, pag 36) describe el objeto como “casi un cubo”, “con una incisión profunda”; certificando con este corte en su mitad, algún tipo de diseño inteligente. De cualquier manera, a no ser que se evidencien ‘obreros metalúrgicos‘ en el espacio, resulta imposible explicar cómo un meteorito obtuvo una forma tan peculiar.

Era cúbico; cuatro de sus seis caras perfectamente llanas, y las dos opuestas ligeramente convexas. Todo esto, y el presentar bordes semi redondeados e inscripciones desconocidas que no podían ser obra de la naturaleza, hizo nacer la incógnita sobre la misteriosa naturaleza y procedencia de dicho objeto.

El cubo, de 67mm x 67 mm x 47 mm, y un peso de casi 8 kg, resultaba difícil de razonar que pudiera ser fruto de la naturaleza; y todas las pruebas realizadas por especialistas de la época, ultimaron que había sido elaborado con técnicas muy avanzadas, y que su aleación no se producía en estado natural. A partir de ahí se le conoció como “El Hierro de Wolfsegg” o “Cubo Salzburgo”.

El hijo del propietario de la fundición lo donó al Museo ‘Heimathaus’ en Vöcklabruck, pero en 1910 el objeto desapareció misteriosamente. Años más tarde reapareció y desde 1950 hasta 1958 se expuso en el museo nacional de Oberosterreichisehes de Linz (Austria) donde se conserva también el molde; pero según Peter Kolosimo, el original salió de Austria, y hoy se puede ver en el Museo Salisbury, en el Reino Unido.

De acuerdo a una revisión posterior realizada en el Museo de Historia Natural de Viena en 1966, el objeto tenía altas probabilidades de ser una pieza de hierro fundido artificial. Ante los argumentos críticos, señalando que las melladuras podrían ser las características de un meteorito corriente, en 1966-67 fue analizado por el Museo Naturhistorisches, en Viena, usando una técnica de microanálisis por rayos catódicos; pero en la muestra de hierro no se halló ningún rastro del níquel, cromo o cobalto, propios de meteoritos, descartando este origen.

Por otra parte, la carencia de azufre mostró que tampoco era pirita, u “oro de los tontos”, llamado así por su parecido a este metal, pero conteniendo un 45.4% de hierro.  La opinión final del Doctor Kurat del Museo y el comité del Geologisches Bundesanstalt en Viena fue que el objeto era simplemente hierro fundido artificial. Una de las hipótesis más aceptadas a partir de 1966, propuso al Hierro de Wolfsegg como parte de una antigua herramienta minera.

Una posterior investigación, hecha por Hubert Mattlianer en 1973, concluyó que la pieza era resultado de una fundición obtenida mediante la técnica llamada ‘cera perdida’. Un moldeo muy conocido por arqueólogos, pues se trata de un procedimiento escultórico muy antiguo, con el que se lograban figuras metálicas, mediante un molde realizado en cera de abeja. Este molde se cubría de un barro especial, se metía en un horno, y la cera derretida salía por unos orificios preparados en el barro, mientras este se endurecía. Entonces se le inyectaba el metal fundido, que adoptaba la forma del recipiente final.

Con esta técnica se obtuvo ‘el ‘centauro de los Rollos‘, originaria de hallazgos del siglo VI a. C, en el Peloponeso, e importada a España por el Museo Arqueológico Nacional.

Centauro de los Rollos

Y hasta aquí, todo el mundo contento: gracias a la implicación científica, se le dio respuesta al enigma. Pero surgió un problema… cuando se supo que los bloques de carbón de donde procedía la pieza, han sido considerados por los sistemas de datación geológicos, como ‘depósito Terciario‘. Es decir, fueron datados en un período que dista del actual, en 65 millones de años. Y precisamente, la consecuencia inevitable de aceptar la existencia de una tecnología minera moderna 60 millones de años en el pasado, relegó al olvido a la cuestionada pieza; literalmente hablando: se le echó tierra al asunto.

Pero, dada la situación actual, en que se intensifica el debate en torno a las obvios errores manifestados continuamente en los sistemas de datación, el ‘Cubo Salzburgo’ se presenta ante nuestros ojos como otra evidencia más de lo extremadamente falibles que resultan dichos métodos, y la poca credibilidad que manifiestan, cuando ‘el azar‘ permite que pueden ser contrastados con la realidad.

Una vez más los sistemas de datación son negados por la Verdad, porque, ¿cómo pudo existir la tecnología de fundición del hierro, en una época que la geología y la evolución de las especies, han concordado en situarles exclusividad a seres tales como los dinosaurios y los ‘casi extintos‘ que ‘nunca lo fueron‘, y aun hacen turismo marítimo: los peces celacantos?

Lo objetivo y palpable es que el terreno carbonífero no tiene los millones de años que quieren endosarle. Se fundamentan en inexistentes edades eónicas solo viables mediante lucubraciones. Lo objetivo y palpable es que estamos ante una prueba contundente de la mentira que contiene cualquier sistema de datación humano. Y lo objetivo y palpable es que ¡el carbón no necesita millones de años para formarse! Solo precisó de la catástrofe mundial del diluvio, unos 4500 años atrás en la historia.

Por eso es que comencé el artículo insinuando que el capricho es lo que convierte al único ser cognitivo del planeta, en el menos previsor de todos los seres vivos. Se sabe perfectamente la vulnerabilidad de los sistemas de datación, pero aun se insiste, y se seguirá insistiendo, siempre que tras las dataciones haya una posibilidad de negar a Dios, envuelta en papel de regalo: prestigio social, nominación académica… y los codiciados dineros de las subvenciones.

Esta tierra tiene exactamente la edad que señala la Palabra de Dios, que Creó todo lo que vemos en seis días: el planeta el primero, y al hombre el sexto. Por eso es que hoy vemos coincidentes carbón vegetal conteniendo en su interior una herramienta producto de inteligencia humana. Y esa Verdad no pueden negarla; ahí está la Tierra, escupiendo sus pruebas ante los atónitos ojos de quienes se empeñar en ocultar la Verdad con traquimañas.

Y muchas más que continuará expeliendo, antes de que pase el tiempo que le queda para cumplir su  sexto mileniversario.

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ERAS GEOLÓGICAS Y EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES: DOS LETRAS PARA UNA CANCIÓN ANTICRISTO.

marzo 6, 2009

Desde que se inició este blog, estoy haciendo un llamado a la reflexión profunda sobre las teorías inculcadas, de generación en generación, cuyo único objetivo ha sido adulterar el hábito que caracterizó y caracteriza a los buenos investigadores. Los grandes de la Ciencia, siempre construyeron el resultado de sus esfuerzos en función de las evidencias obtenidas; o sea, para formular teorías, no se fundamentaban en ‘pareceres‘, sino en resultados con los que pudieran luego alimentarlas. Tenían muy claro lo que podía considerarse científico, y lo que no debía atravesar jamás la frontera de lo filosófico, para infiltrarse en las ciencias.

Así, bajo este esquema, la sociedad fue avanzando inexorable e imparable, en todos los campos, pero fundando su desarrollo tecnológico en 4 pilares: Matemáticas, Física, Química, y Biología. Esta última, aunque quizás la más importante, al estar vinculada directamente con la vida, siempre necesitó de las otras tres para poder prosperar, a partir del desarrollo tecnológico imprescindible.

Sin embargo, a partir del 1820, comenzó a imponerse un programa de acción que estaba destinado a cambiar radicalmente el fundamento científico: surgió el primer enfoque sobre un planeta eónico, con el único fin de desmentir lo que se había venido manejando desde los inicios del cientificismo humano: la Creación de Dios, en 6 días de 24 horas, y una edad para el planeta, que no llegaba a los 6000 años.

De esa forma, la geología, permeada por conceptos filosóficos que lucubraban según se manifestaban las distintas capas de la tierra, obvió el hecho de que la gran hecatombe húmeda, relatada en el Diluvio resultaba congruente con la presencia de fósiles, y de estratos del subsuelo, muchas veces ‘doblados’ como si fueran de goma.

Al fin, el concepto internacional sobre ‘eras geológicas’ se instauró en el 1850. Solo nueve años después, en el 1859, Darwin publica ‘El Origen de las Especies‘; pero el corredor para que ambos tomaran la velocidad prevista, ya había sido cimentado poco antes: en el 1848, cuando Marx y Engels publican el ‘Manifiesto Comunista.’ Y el anunciado antiCristo bíblico, cruzaba el umbral de la hasta entonces pulcra y honesta Ciencia, ondeando la bandera color averno, al canto de la Internacional Comunista:

No más salvadores supremos, ni César, ni burgués… ni Dios. Nosotros mismos nos haremos, nuestra propia redención…”

No voy a alargar esto más de lo necesario; al enemigo de Dios se le hacía imprescindible una herramienta que resultara convincente a los humanos, para poder infiltrarse por primera vez, en un terreno que los siglos de científicos creyentes y fieles le habían negado. Y así nació la ‘datación radiométrica.’

De modo que intentaré explicar este tema de la forma más sencilla posible, y resulte mejor dirigido el razonamiento; si aun después eligen seguir creyendo en las argucias con disfraz de Ciencia, ya no será por desconocimiento… sino por una decisión del corazón: el libro que se abre a los ojos del Señor con la claridad de un espejo. El que será abierto para juzgarnos a todos, llegado el tiempo de la justicia individual.

Veamos; a grandes rasgos, [aunque es más complicado], la palabra clave es ‘isótopo‘. Se dice que dos átomos presentan una relación de isotopía, cuando pese a tener el mismo número atómico [igual cantidad de protones en su núcleo], poseen distinto número másico; o sea: distinto número de neutrones en su núcleo, diferenciándoles.

Todo elemento químico tiene uno o varios isótopos, de los cuales: todos, algunos, o ninguno, pueden ser estables. La estabilidad se la da la fuerza de cohesión que ejerce el núcleo de cada átomo, luchando contra la energía electromagnética, que hace que los protones, de carga positiva, se repelan entre sí.

Eso establece un límite; hay un punto determinado por la cantidad de protones en el núcleo, que convierte en ineficaz a esta fuerza de cohesión; un punto en que los protones no podrán ser retenidos, y escaparán. Y el número de protones que permanecen en el núcleo determinará las propiedades químicas del átomo y qué elemento químico es.

Estos isótopos desde los que escapan protones, se convierten en ‘inestables‘, y constituyen el principio básico de la radiactividad. Mantienen excitado el núcleo del átomo, y para lograr un estado esencial deben perder energía, mediante emisiones electromagnéticas o de partículas con determinada energía cinética.

Si varían la de sus electrones, emiten rayos X; si varían sus nucleones, la radiación será gamma. Pero si desde el núcleo se emiten electrones, positrones, neutrones, protones o partículas más pesadas, durante pasos sucesivos en el tiempo, un isótopo pesado termina convirtiéndose en otro más ligero… en otro elemento químico

Un ejemplo es el Thorio232, cuya semidesintegración se ‘calcula‘  en 13.900 millones de años. O sea, pasado el doble de ese tiempo, se convierte en el elemento final: Plomo208. El número a la derecha simboliza el ‘peso atómico’ del elemento, su ‘número másico’, y constituye su ‘tarjeta de identidad’. Por eso verán que cada isótopo está identificado por ese número, que será el que ‘indique’ su característica… y su ‘edad’ de desintegración.

Para que lo vean más claro; ubicados en este Torio232 del párrafo anterior: al desintegrarse, emite una partícula alfa, [dos protones y dos neutrones], reduciendo su número atómico en dos unidades, y su número másico en cuatro. Así,  se convierte  en otro elemento químico: el radio 228 [232-4]. Posteriores desintegraciones forman la cadena natural del torio. Su gran periodo de desintegración continuaría produciendo elementos de su serie durante miles de millones de años. hasta formar finalmente el Plomo no radiactivo, y por tanto estable.

Y a su serie de desintegraciones, hasta llegar al Plomo 208, se le llama cadena del Torio232. Asímismo, existen otras dos series en la naturaleza, que se usan en dataciones: la del Uranio-238 y la del Actinio-227, que se van convirtiendo en otros isótopos radiactivos según sus etapas.

Y aquí entramos en conflicto. ¿Podemos deducir de esto, que los isótopos fueron apareciendo uno a uno, según sus desintegraciones atómicas? ¡Por supuesto que no! No hay ni una evidencia científica que diga que los elementos no aparecieron todos al mismo tiempo, sino todo lo contrario; lo razonable es que todos los elementos químicos surgieron al unísono, puesto que la vida orgánica no es más que reacciones químicas. Y lo mismo ocurre con los elementos inorgánicos:  no existen reacciones sin elementos implicados.

Tampoco existe ni una evidencia científica de que el ritmo de desintegración se haya mantenido constante en el tiempo. ¡Ni una! De modo que aunque el Torio 232, luego de 27, 800 millones de años, ‘según cálculos‘ ‘debiera‘ convertirse en Plomo 208, no quiere decir que si se lleva una muestra de roca a un espectrómetro, y este arroja una radiación espectrométrica con alto contenido en Torio232 y bajo en Plomo208,  esa roca tiene 27 800 millones de años.

Pudo perfectamente haber surgido solo 6000 años atrás, ya que no es posible saber cuándo apareció, cuánta radiación emitía al principio, si esta se ha mantenido constante en el tiempo, ni cuánto se ha perdido hasta hoy. O sea, estamos ante una función con 4 posibles variables; y ante ese hecho, la datación solo es válida en términos teóricos, para determinados cálculos standarizados en energía nuclear. Pero jamás para datar nada, pues ninguno de los factores implicados puede darse por seguro. ¿Se coge la idea?

Por otra parte, otra posibilidad de datación, es la del método Rubidio-Estroncio, válido para datar fechas menores. Así que, si todos los isótopos estaban presentes desde el inicio, ¿qué edad deducir, si esa misma muestra presenta, por ejemplo, en el mismo espectrómetro, la presencia de espectros indicando alto contenido de estroncio y bajo de rubidio, induciendo así solo unos miles de años?

¿Por qué considerarlo como ‘un error‘ de conteo, si el detector es tan capaz de ser sensible a una radiación como la otra? Yo les diré: Porque no es eso lo que se busca; las cosas en Ciencias, no se están llevando como en los tiempos de los grandes de la Física y la Química. No se busca hallar nada nuevo, sino coherencias con la teoría, al precio que sea necesario.

Ahora, se ‘quiere‘ que las cosas sean de una forma, y se dirigen todas las investigaciones en esa dirección, obviando apriorísticamente, sin detenerse un segundo para razonar, aquellas mediciones que indiquen una tierra joven, o un fósil de dinosaurio de solo unos pocos miles de años.

Ni siquiera piensan usar el Carbono14, [desintegración=5,730 años] para datar huesos de dinos, porque ‘no quieren‘ saber de una fecha que esté por debajo de los 65 millones de años. Si ocurriera algo así, la reacción es automática:

‘¡Imposible; es un hongo que ha ‘contaminado’ la muestra!’

Ese es el resultado obtenido, cuando se le permite a la filosofía incursionar en las Ciencias.

A pesar de todo, se enfrentan a un grave problema con el colágeno1 detectado en un hueso no fosilizado de Tiranosaurio Rex, porque se sabe empíricamente que, en las mejores condiciones de temperatura [7ºC], esta proteína solo dura 100,000 años; mientras que a 20ºC, lo más parecido a la normal… solo dura 2,000 años.

Y eso es una espina, pues a la coherencia con los dinosaurios mencionados en la Biblia, y los avistados por generaciones de marinos de todos los continentes, hay que sumar ahora la científica: ¡No tienen los millones de años que se pretenden achacarles!

Sin embargo, sí usan el C14, cuando interesa presentar un fósil, que cubra un ‘vacío de transición homínida‘, en un intervalo de unos miles de años. Ante tal ausencia de evidencias, entonces sí acuden al C14… ¡pues les dará lo que necesitan! Aunque asumiendo que su cantidad en la atmósfera se ha mantenido constante a través del tiempo. Pese a que nadie ha podido demostrarlo, y solo es una posibilidad, dan esa opción como hecho real: datan el fósil, obtienen los 30 o 40 mil años necesarios… ‘¡y subvención, fama, titulares y prestigio académico resuelto en un mismo paquete!

Es decir, no se usa si no resulta conveniente con lo que se busca; pero sí cuando es muy necesario presentar un ‘eslabón‘ del que se carece. Se desecha la influencia sobre la datación, que ejerce el declive exponencial que el campo magnético ha venido manifestando en los últimos años. Algo que incrementa la cantidad de radiación que penetra la atmósfera, y altera la creación de C14 en una cuantía imposible de calcular. No se considera tampoco, que, pese a la ignorancia sobre el ritmo de formación de C14 en la atmósfera desde los inicios hasta la fecha, este se asume como constante en el tiempo; toda una evidencia de intencionalidad dirigida.

Pero sobre todo, y esto es lo más importante, se desecha que cuando se somete una muestra a un espectrómetro, está dará tantas edades, como isótopos se registren en ella, cubriendo un entorno que puede ir desde los miles de años, hasta los miles de millones. Y si una es considerada como válida, las demás deben tener la misma consideración, pues han sido registradas por el mismo sistema, y por el mismo equipo.

Pero, ¿cómo se resuelve esta situación? Pues se va al ‘mapa geológico‘, el tratado místico sobre ‘los años que nunca fueron‘, se ve que el terreno ha sido considerado como de la era ‘terciaria’ y ¡voalá!: Usan el registro correspondiente al isótopo que más conviene a la fecha teórica, desechando el resto, tan científicamente válidos como el escogido… pero no el conveniente.

Así funcionan los sistemas de datación; así se dataron por ejemplo tres muestras de una única roca de dacita, sometida a polvo, cristal y fragmento. Así obtuvieron tres edades que cubrieron la ‘exactitud cronológica‘ de un periodo que cubrió desde 300, 000, hasta 2.8 millones de años, sobre una misma muestra que provenía de la erupción del volcán St Helen, Washington, y ocurrida… ¡Diez años antes!

Ese es el sistema considerado por los defensores del ateísmo geológico-evolucionista ‘científicamente‘ válido, y ‘altamente fiable‘, para ponerle muletas a un planeta que sería capaz de correr sin ellas, los 100 ms. en menos de 11 seg.

Otro recurso más, manipulador, tergiversador, anticientífico… pero altamente conveniente para apartar a Dios de su Obra, ante el ser humano. O mejor dicho, para intentarlo, porque aun quedan neuronas bien puestas en los cerebros, funcionando a tope, para identificar y denunciar la mentira, aunque traten de disfrazarla con impecables batas de laboratorio.

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EVOLUCIÓN, Y LA JOVEN EVA MITOCONDRIAL

julio 26, 2008

Cierta vez, mientras yo intentaba aprender más sobre mitocondrias, como una de las diferencias entre procariotas y eucariotas, encontré esta definición, de concepto evolutivo:

“Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Como esto se contrapone frontalmente con mi convicción de una Tierra mucho más joven, siempre según la instrucción recibida de Jesús, Bereshit judío bajo el brazo (Las Escrituras a las que constantemente se refiere en la Biblia), decidí que tendría que estudiar mucho para ser capaz de hallar los datos científicos que negaran esta teoría de ‘los 1500 siglos’ de convivencia humana. Lo he hecho, y he llegado a la siguiente conclusión:

El Genoma mitocondrial, [ADNmt], contiene los datos genéticos de las mitocondrias, esos orgánulos demasiado ‘programados’ para ser casuísticos, y que entre otras cosas, generan la energía celular Y he visto además, que su herencia generacional, aunque se afirma que es matrilineal, en realidad es negada ocasionalmente. Dicha exclusividad está desmentida al acreditarse la transmisión de enfermedades de este origen por vía parental.

El ‘New England Journal of Medicine’ (2002) reseña:

“Marianne Schwartz y John Vissing, del Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario Rigs, en Copenhague, han recogido el caso de un hombre de 28 años con miopatía mitocondrial asociada a una delección 2 bp del ADNmt, en el gen ND2, que codifica una subunidad del complejo enzimático ‘l’, de la mitocondria de la cadena respiratoria.

Han determinado que la mutación en el ADNmt es paterna, y que supone el 90% del ADN mitocondrial del músculo del paciente. Mientras no se conozca en qué porcentaje hay transmisión de ADN paterno, que en principio no tiene por qué causar enfermedad y por tanto no es detectable clínicamente, como en el caso citado, no se podrá “ajustar” la fiabilidad de este método.”

En el ADNmt humano, hay solo 37 genes codificantes (no existen zonas no codificantes); en el ADN cromosómico del núcleo celular, hay entre 20-25 mil genes. Esto facilita más la labor de investigación en el primero. Otra característica substancial del ADNmt es que no se recombina; implicando que los únicos cambios que haya podido sufrir, exclusivamente se deben a mutaciones a lo largo de multitud de generaciones.

No obstante, suponiendo que esta información viene solo de la madre, y que no varía generación a generación, replicando la huella de cada mamá genética, se debería llegar hasta la Eva de los orígenes. A veces ocurren raras mutaciones que una madre pasa a su cría, y permiten a los genetistas ‘ubicar’ los ancestros en el eje del tiempo. Un ejemplo: si su abuela adoleció una mutación en su ADNmt, sus hijos y ‘los hijos de sus hijas’ heredaron el fallo genético, esa línea familiar será diferente al resto de la población del mundo, permitiendo identificar a todos los descendientes de esta madre.

En el 1987, científicos de la Universidad de Berkeley, California, publicaron un estudio comparando el ADNmt de 147 personas de todas las zonas geográficas del mundo (chinos, hindúes, africanos, europeos, aborígenes, etc.) El resultado arrojó que todas… ¡tenían el mismo ancestro femenino! Todos venían de la misma madre: la “Eva mitocondrial”.

No hay ningún pasaje bíblico, referente a ella, más que la que menciona a la superviviente esposa de Noé, descendiente directa de Eva, en unas 10 generaciones. ‘Bereshit’, el génesis original judío, escrito por Moisés, y que Jesús llevaba consigo para instruir sobre la Verdad, nos dice, en su capítulo 7, versículo 7:

“Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio.”

Humanos y mamíferos terrestres perecieron en el diluvio universal; solo Noé y sus 3 hijos varones, subieron al arca con sus mujeres, salvándose. Así que en realidad no hay una, sino 4 Evas mitocondriales en la expectativa de la humanidad; sin embargo, las nueras de Noé, genéticamente están a la misma distancia aproximada que su esposa, de modo que sus mitocondrias debieron haber sido casi idénticas.

¿Mas, de dónde vinieron estas Evas? Inicialmente se concluyó que probablemente de África; pero estudios ulteriores señalan que el origen fue Asia o Europa. (Marcia Barinaga, ” ‘La Eva Africana’,” Science, Vol. 255, 7 febrero 1992, pp. 686-687.)

Y aquí, antes de hablar del ADNmt, se presenta otra congruencia Ciencia-Bíblia, pues esta cita que las sobrevivientes criaron a sus hijos entorno al Monte Ararat, [Bereshit/Génesis 8:4], que la tradición judía ubica en el extremo oriental de la actual Turquía: ¡Casi Europa! En otras palabras, todos los contemporáneos podemos reclamar a alguna de esta 4 Madres como nuestra joven tátaratátara, aun por cumplir los 6000 años.

Esto arroja otro punto de debate: ¿Cuándo vivieron esas Evas mitocondriales? Analicemos Armenia, situada en las montañas que rodean el monte bíblico. Los arqueólogos tienen pruebas de que fue uno de los primeros lugares de la civilización humana, incluso la cuna de la agricultura y la civilización. ¡Desde 6000 a. C. hasta 1000 a. C! Fósiles locales de herramientas, lanzas, hachas e instrumentos de cobre, bronce y hierro, indican que se produjeron allí y se comercializaron en tierras vecinas, donde no existe igual abundancia de metales.

Llegados a aquí entremos en el rastreo de los lenguajes. Los lingüistas admiten claramente que no saben cómo se originan los idiomas, pero sí cómo se extienden o distribuyen hacia distintas áreas del mundo, y en “La historia temprana de los idiomas indoeuropeos”, los especialistas Thomas V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov ( no cristianos), concluyen:

“Nuestro trabajo indica que el protoidioma nació hace unos 6,000 años, en la Anatolia oriental (oriente de Turquía)…” [Scientific American, Vol. 262, Marzo 1990, p. 110]

¡6000 años! ¡Imposible hallar mayor congruencia entre las cronologías y lugares bíblicos, y las edades y sitios científicos!

Varias generaciones después del Diluvio, los idiomas se multiplicaron a partir de Babel (Bereshit/Génesis 11:1-9). El ‘Babel’, relacionado con el vocablo inglés “babble”, que significa “proferir sonidos sin significados.” La mayoría de los teólogos coinciden en que la Torre de Babel existió en algún punto entre los ríos Tígris y Éufrates, un área circunscrita a la antigua Babilonia y el Monte Ararat.

Y ahora, regresemos a las investigaciones del 1987, sobre el ADNmt de 147 personas y la “Eva mitocondrial”, donde empieza en verdad el debate. ¿Cómo cotejar la asiduidad de mutaciones del ADNmt? El cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150000 años, y Adán, solo 50000; 84.000 años esperando al padre de sus hijos. ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84000 años, sin un Adán que la hiciera madre? Solo quedando embarazada de machos de otra especie; ¡84000 años de híbridos germinantes, sin una sola presencia fósil! Y  a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia.

Note que esta conclusión Eva-Adán mitocondrial se afirma como algo probado, aunque se base en supuestos sin evidencias… y el número arrojado no concordó con la posición anterior, según se esperaba. Todo lo contrario, restó millones de años a la posición sostenida anteriormente, pues hasta ese momento la evolución enseñaba en las aulas que el “ancestro común de los humanos era una criatura parecida a los monos, existente millones de años atrás”.

Mas, sorprendentemente, en 1997 [y al fin hemos llegado a lo mejor], científicos evolutivos ultimaron tras un estudio, que las mutaciones del ADNmt ocurren 20 veces más rápido que lo que se pensaba. Los ritmos de mutaciones se fijaron, concluyentemente, comparando el ADNmt de múltiples pruebas de madre-hijo. Usando este nuevo método (propuesto por evolucionistas), Eva mitocondrial vivió hace aproximadamente… “¡6,000 años!”

Se han hecho varios trabajos para medir explícitamente la tasa de sustitución en el ADN mitocondrial. Una referencia es Parsons, Thomas J., et al., En esa investigación, se observó una alta tasa de sustitución en el control de la región ADN mitocondrial humano. [Nature Genetics vol. 15, abril de 1997, pp. 363-367].

También en http://www.cs.unc.edu/~plaisted/ce/mitochondria.html, se dice:

“La tasa y el patrón de secuencia de sustituciones en la región de control (CR) ADNmt, es de vital importancia para los estudios evolutivos humanos, y la identificación en pruebas forenses. Así, en un informe de medición directa entre tasa de sustitución en humanos, en zona CR, se cotejaron secuencias de ADN de dos segmentos hipervariables de parientes cercanos, vía materna, de 134 linajes ADNmt. Todos independientes y abarcando 327 generaciones, en las que fueron observadas diez sustituciones; lo que resultó en una tasa empírica de 1 cada 33 generaciones o 2.5/site/Myr. Unas veinte veces mayor que las estimaciones derivadas de análisis filogenéticos.”

Algo más adelante continúa:

[“El rango de sustitución observado aquí es muy alto en comparación con los deducidos de otros estudios evolutivos. Una amplia gama de tasas de sustitución CR se han obtenido de estudios filogenéticos, abarcando unos 0.025-0.26/site/Myr, incluidos los intervalos de confianza. Otro dio una estimación más rápida: CR: 0,118±0.031/site/Myr; asumiendo un tiempo de generación de 20 años, que correspondió a ~ 1 cada 600 generaciones, con una edad total ADNmt, de 133000 años.

Pero nuestra observación de la tasa de sustitución: 2.5/site/Myr, es unas 20 veces más alta que la prevista a partir de análisis filogenéticos. Nuestro tipo empírico para calibrar el reloj molecular ADNmt se tradujo en una época de los ADNmt MRCA, de sólo unos 6500 años, claramente incompatible con la edad conocida del humano moderno. Aun reconociendo que el MRCA de ADNmt puede ser más joven que el MRCA del humano actual, sigue siendo plausible para explicar la distribución geográfica conocida del ADNmt, secuencia de variación de la migración humana, producida sólo en los últimos ~ 6500 años.]

O sea, como siempre, si se llega a una evidencia contradictoria con la teoría evolutiva, se acude a la argucia argumental para intentar quitar importancia al resultado científico que les niega; pero ahí está: otra contradicción evolutiva demostrada por la misma Ciencia a la que se pretende usar de sostén. De nuevo, como en el artículo anterior, el reloj molecular no se corresponde con las expectativas de la teoría evolutiva basadas en un planeta anciano. El reloj molecular que dató el mitocondria madre anterior, se ‘calibró’ asumiendo que surgimos de los simios hace unos cinco millones de años.

Esto añejó a ‘Eva’ en cientos de miles de años atrás; pero cuando el rango de las mutaciones actuales fue medido y usado en el cálculo, la fecha resultó en 6,500 años: el pretendido reloj de su razón resultó correr más rápido que lo que se esperaba. Cualquier parecido con la historia Bíblica… no es casual. ¡Qué ironía: La Ciencia les arroja en los brazos de lo mismo que niegan!

Por supuesto, otra evidencia que surge de este experimento, es que los procariotas no se volvieron mitocondrias, sino que ambos surgieron a la par… durante la Creación de Dios. El necesario protocolo de años para que un virus, supuestamente, adquiriera su propia fuente de energía, ha sido echado abajo de golpe. La información real de estos hallazgos científicos tiene más sentido en el marco Bíblico de la historia: se corresponde con la creación de la variedad biológica desde el principio, y con la instrucción de un gran Diluvio creando muchos fósiles en un período corto de tiempo, un lapso total de miles de años.

Las noticias de la revista ‘Nature’ y otras que no pongo aquí, porque aun me falta contrastar datos, dicen que según el nuevo reloj, Eva apenas tendría unos 6000 años de edad. Parsons dice que “estudios evolutivos le incitaron a esperar una mutación en 600 generaciones”. Se “pasmaron” al hallar 10 cambios de bases-pares, que les daba el rango de una mutación aun menor: cada 40 generaciones. [Parsons, T.J. et al «A high observed substitution rate in the human mitochondrial DNA control region», Nature Genetics 15: 363-368, 1997].

La evolución ha tratado de evadir la fuerza de estos resultados respondiendo que el alto rango de mutación sólo ocurre en ciertos trozos de ADN llamados «puntos calientes» y/o que el alto rango (observado) causa mutaciones que «borran» los efectos de este alto rango. Por lo tanto, convenientemente, el rango es asumido alto durante un corto tiempo o bajo durante un periodo largo de tiempo, según convenga: un intento de amoldarse a la verdad que le sale al paso; ‘instinto de supervivencia’. Otro ‘quite’ que le impone la Ciencia, que en este milenio del conocimiento y la luz, le está pasando factura y le seguirá pasando, por cada embuste que ha sido capaz de generar en su particular cruzada antiCristo.

La importancia de estos hallazgos en tiempo real, anulan todo lo que existe en bibliotecas con respecto a ‘homimonos’ ancestrales, erróneamente datados por el ADN mitocondrial. Los 6000 años mitocondriales resultan otra confirmación de que, cada vez que la Ciencia está en condiciones de contrastar la manifestación bíblica, ambas son coincidentes, negando las afirmaciones de una teoría evolutiva a la ligera, que lleva más de un siglo cambiando constantmente sus cálculos, intentando sobrevivir a sus propios errores.

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TÉCNICAS DE DATACIÓN Y ‘EMPIRISMO’ EVOLUTIVO

julio 21, 2008

Para definir la teoría evolutiva como científica, se dice que es un fenómeno natural real, observable y ‘comprobable empíricamente’. Pero lo empírico, es algo perteneciente o relativo a la experiencia, y, si se basan en hipotéticas edades eónicas de los fósiles, ¿a qué se refieren? Nadie ha estado presente en esas eras a las que se aluden; así que en realidad, lo que tenemos, no es una experiencia observable, sino ‘una lectura convenientemente orientada’, de los fósiles descubiertos, incluyendo ciertas bacterias bien preservadas, a las que se ha llegado a datar hasta con 3, 460 millones de años.

Llegado aquí, me siento obligado de nuevo a decir que los sistemas de datación usados no son eficaces. Las técnicas se usan según la edad que un ‘mapa de edades geológicas predeterminado’ señala. Así, utilizan carbono14, arqueomagnetismo, dendrocronologÍa, potasio-argón, huellas de fisión (esta última para 300.000/2.500.000 años)…

Sin embargo vemos que, por ejemplo, uno de los principios básicos del radiocarbono (C14), usado para datar ciertos fósiles, no es exacto. Se pensó que la concentración de C14 en la atmósfera había permanecido constante; hoy sabemos que no es así, ha variado. Durante el auge de los ensayos termonucleares del siglo pasado, se adicionaron grandes cantidades de carbono a la atmósfera. Y casualmente, el método que demostró su inexactitud también se ha usado para calibrar las fechas radiocarbónicas: la Dendrocronología. Otra evidencia de contradicción entre ellas mismas.

Por otro lado, la técnica ‘Datación por trazas de fisión’, también conocida como método de las trazas de fisión espontánea, se sirve de los rastros de las trayectorias de partículas nucleares en un mineral, debido a fisión espontánea de impurezas de uranio 238. La edad se calcula determinando la razón entre las densidades de trazas de fisión espontánea y las de fisión inducida. Lo usan en micas, tectitas y meteoritos, en dataciones de 40.000 a 1 millón de años, intervalo no cubierto por las técnicas del potasio-argón.

Pero se sabe que las rocas sometidas a altas temperaturas, (erupciones volcánicas) o a bombardeo gamma cósmico, inducen fechas erróneas; algo comprobado con la erupción del monte St. Helens, en 1980. En 1993, trece años después del suceso, el Dr. Steven Austin (geólogo graduado por la Universidad de Washington, Seattle, 1970; master en Ciencias en 1971, y Doctorado en 1979), junto a otros colaboradores, tomó una de las rocas de la ladera; con ella elaboraron tres muestras distintas: polvo, cristales, y fragmentos, que al ser sometida a la técnica Potasio-Argón, arrojaron edades que se diferenciaban entre sí, desde 0.35 ± 0.05 millones de años, hasta los 2.8 ± 0.6 millones de años en el caso de la que podría considerarse ‘la más antigua del grupo’.

O sea, el mismo residuo originado 13 años antes, según esta técnica de datación arrojó variados resultados que oscilaron desde 350000 años, a 2.8 millones ± 60000 años. Así demostró ser de efectiva.

Lo mismo ocurre con un molusco calcáreo de supermercado; científicos creacionistas han hecho la prueba. Si ud. coge uno de ellos, lo deseca, y lo somete luego a cualquiera de estos métodos usados para el entorno del millón de años, el resultado no será una reprensión tal como: ‘Ud. ha introducido una prueba errónea para este isótopo’… sino que le ofrecerá, dócilmente, un resultado acorde con lo esperado, según el isótopo usado. Y a esta ‘docilidad’ recurren los investigadores evolutivos, cuando esperan que ‘la Ciencia’ apoye sus conjeturas.

Así de sencillo; palabras rimbombantes tales como ‘espectrometría de masas’, (que conozco en persona: técnica con analizador multicanal, mediante cabezales detectores, que comparan en pantalla cuadriculada el espectro de varios isótopos al mismo tiempo), son solo un ardid para pardillos y gentes que se dejen impresionar por la docta palabrería.

Muchos científicos han reportado hallazgos de ADN en fósiles que se dice tienen millones de años. Aquí los hemos comentado; así como sus implicaciones en la creencia errónea, ampliamente asentida, de una Tierra vieja. Otros incluso declaran el reavivamiento de bacterias del intestino de una abeja, supuestamente de 15–40 millones de años de antigüedad. Y más recientemente, investigadores dicen haber revivido bacterias de rocas que se dice que tienen 250 millones de años.

Aunque en la actualidad hay clínicas que ofertan la posibilidad de guardar el ADN personal en casa, teóricamente para siempre, garantizando su esterilización, la química del ADN dice que en condiciones normales no puede durar millones de años, y muchos químicos dudan que se consiga almacenamiento ideal. Las declaraciones de hallazgos de ADN antiguo (no hablemos de bacterias antiguas intactas) ha sido causa de disputa. Los escépticos atribuyen los ‘hallazgos’ reportados de ADN a contaminación de muestras, o a la intrusión posterior de materia orgánica conteniendo ADN, en la formación geológica. De hecho, algunas declaraciones han sido invalidadas.

Un experto, Svante Pääbo, biólogo, especialista en genética evolutiva, y Director del Dep. de Genética del Instituto de Antropología Evolutiva de Leipzig, halló que horas después de la muerte, el ADN se rompe en cadenas de 100-200 unidades de largo, que el agua, por sí misma, destruiría completamente en 50,000 años; y que la radiación del medio, por sí sola, borraría eventualmente la información de ADN, aún en ausencia de agua y oxígeno. Algo que se corrobora en las mutaciones debido al daño en el genoma, que ocurren incluso durante la vida celular, y causan ya 20000 enfermedades reconocidas.

Plantear presencia de ADN en pruebas datadas como eónicas, desafía el criterio de los químicos que saben que el ADN no puede sobrevivir millones de años. El siguiente reporte de la BBC News, señala la declaración de uno de los autores, William Grant:

“Hay gente bien conocida y respetada que cree que el ADN no puede sobrevivir más allá de 100,000 años. Los fundamentos químicos muestran que las uniones se separan. Pero tales expertos han basado su trabajo en ADN mantenido en líquidos relativamente diluidos, y poco se ha investigado sobre el comportamiento del ADN en soluciones extremadamente saladas’. Pensamos que la sal tiene propiedades particulares de preservación”.

Como contraparte, los investigadores que niegan que el ADN pueda durar eones, han considerado la posibilidad de condiciones notables de conservación, y, aún así, ni siquiera aceptan la remota posibilidad de edades de millones de años para el ADN. Yo, aunque no soy químico, pienso que el tiempo haría frágil una cadena de bases nitrogenadas sustentadas por la vida celular, rompiéndola al faltar esta y reduciéndola a polvo inorgánico.

De modo que estamos ante la siguiente situación:

Un grupo de químicos esgrime razones fundadas para decir que el ADN no puede durar millones de años, y otro conjunto de científicos ha presentado evidencia sólida de haber hallado ADN dentro de estratos que consideran, tienen 425 millones de años.

Pero, de forma sugestiva, las secuencias de ADN difirieron de las bacterias conocidas hoy, en menos del 2%, con muchas de ellas menores al 1%. Suponiendo la edad del ADN en 425 millones de años, debería resultar contradictorio para la evolución, debido a la magnitud de tiempo sin grandes cambios (Paradoja confirmada en vertebrados terrestres y plantas), pues las bacterias, con su gran población y corto tiempo de progresión, debieron evolucionar más rápido que las plantas y los animales.

Su teoría se complicó aun más. Las muestras, de Polonia, Tailandia y E.U. están datadas respectivamente en 11-16, 66-96 y 415-425 millones de años… y sus secuencias genéticas ¡podían agruparse juntas! Si la evolución y sus millones de años tuvieran algo de verdad, el grado de diferencia, comparado con la bacteria actual, debería ser enorme, mas no es así.

Los investigadores evolutivos usan el ‘reloj molecular’, para definir el grado de diferencia en el ADN de dos organismos, como medida de tiempo hacia un hipotético antecesor común. Pero con ese reloj, asumen un dato que niega la realidad: el rango de mutación ha sido constante a través del tiempo. Se sabe que esta depende de muchos factores cuya periodicidad no es posible calcular: temperatura, radiación, humedad, acidez, etc. Mucho del razonamiento evolucionista descansa fuertemente sobre esta noción del ‘reloj’. Los autores de esta publicación remarcaron:

“…es probable que algunos de estos organismos relacionados, y geográficamente distintos, han sido separados por millones de años, aunque compartan secuencias ADN muy similares. Esto da soporte al argumento de que el reloj molecular puede ser más lento en algunos linajes filogenéticos.”

O sea, debido a su fe en edades ‘millonarias’, los autores esperaban que hubiera mayores diferencias entre el ADN bacterial ‘antiguo’ y el reciente. Así que, como solución a esta problemática final, ellos proponen que el reloj molecular (rango de mutación) debe haber caminado más despacio de lo esperado. Por supuesto, para quien sabe que la Creación no tiene millones, sino solo unos miles de años, este descubrimiento no encierra misterios. Y su ‘reloj molecular’ no puede ser manipulado para enmiendas convenientes.

En realidad, los datos hacen más consistente la preservación de ADN bacterial durante el Diluvio global, de un año de duración en tiempos de Noé, y distantes solo unos miles de años. Esto explicaría las increíbles (para los evolucionistas) similitudes en las secuencias, y que las ‘especies’ de Dios están tal cual la diseñó… solo algo afectada por las mutaciones.

La pregunta que surge ahora es: ¿que credibilidad tiene un ‘reloj’ que corre a disímiles velocidades ‘filogenéticas’, según convenga? No resulta más que otro instrumento para contar cuentos… como lo es la datación radiométrica.

No me cansaré de decir bien alto desde este blog, que la instrucción en los centros educativos acerca de un paso evolutivo alga-elefante, alga-roble, reptil-ave… simio-hombre, no es más que una teoría tendenciosa que ha hecho y está haciendo todo lo posible por desacreditar la Palabra que el propio Jesucristo en persona pronunciba mientras curaba dolencias de décadas, hacía que los cojos andaran, los ciegos vieran y los muertos resucitaran.

Jesús mencionó a Adán, a Moisés; habló de la razón del diluvio correctivo durante el tiempo de Noé, la posterior lluvia de fuego sufrida en Sodoma y Gomorra… y del definitivo y punitivo final que definiría el colofón de los tiempos de la carne: una vida sobre valorada por nosotros, pero muy limitada en el tiempo, pues su expectativa de 85 años (países desarrollados) representa solo una gota de agua en el océano de eternidad que nos inundará.

¿Podemos creer en las Palabras del resucitado? Debemos hacerlo, pues su promesa se cumplirá, querámoslo o no. Lo racional es poner al día nuestras cuentas con Él, aprovechando su oportunidad de enmienda y perdón de los pecados.

Y no quiero terminar sin hacer un último y muy importante comentario:

A Cristo le preocupan los ateos y los agnósticos, por lo lejos que están de Él; por eso encomienda a su pueblo que lleven la buena noticia del perdón hasta los últimos rincones de la tierra y hasta el último minuto… pero más aún le angustian los que se dicen creyentes y dudan de las palabras que dejó escritas para la posteridad.

Los que profesando el credo del Señor viven de espaldas a la fe, admitiendo que criterios de hombre anulen sus enseñanzas de Creación, sin recordar que hemos sido advertidos constantemente a través de su Palabra, con respecto a la mal llamada ‘Ciencia’, se juegan mucho al aliarse a ‘razones’ negadoras de Dios. Pensemos que toda autoridad se someterá a Él, y que solo será libre, el fiel que merezca libertad.

En la explosiva era tecnológica, algunos cristianos no logran romper esa barrera del “y no conoces” que aparece en la última advertencia al ‘tibio’ de Laodicea, tan manifiesta en nuestros días, haciendo más mal que bien a la iglesia, con una postura ‘reverente’ ante quien no merece reverencia, y negando la instrucción del propio Jesús:

“…Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” [Apocalipsis 2:10]

El séptimo mensaje a su Iglesia apocalíptica: Laodicea, puede inducir a pensar que, puesto que la actitud es tibia, no resulta ni muy mala ni muy buena, y es un pecado más bien leve. Frecuentemente se actúa y habla como si el cielo estuviese muy orgulloso de nosotros; pero el problema es grave si a la comprensión espiritual la margina el crecimiento científico del mundo: en la era cibernética, algunos leen la Biblia y se asocian con quien la maldice, constituyendo un cuadro espiritual patético a la vista del Señor, por poco combativo. Algún día miraremos hacia atrás, y veremos nuestra era como la edad de las tinieblas.

Según una reflexión cristiana que leí hace poco: “El último continente inexplorado no es la Antártida, sino las profundidades interiores del alma de Laodicea. Esa enemistad latente que Cristo dice que no conocemos”

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DISCIPLINA, REPRENSIÓN, CORRECCIÓN Y CASTIGO

abril 17, 2008

UN DEBATE QUE NO ACABA

A día de hoy, uno de los usos más controvertidos del cristianismo, es el concerniente al que se hace de la palabra ‘castigo‘, según sea la tendencia de la iglesia que se manifieste al respecto. La católica, a través de los tiempos, es la que más se ha esforzado en su ‘fidelidad‘ a esta expresión bíblica que aparece, en los 66 libros, casi una centena de veces. El recuerdo de los errores de la Inquisición que recoge la historia, y de la estela de mártires generados por ella, ha trabajado en el subconsciente de la humanidad, y gran parte de esta se esfuerza en desterrar para siempre la punición correctiva bíblica, obviando la palabra… o cambiándola por otra que resulte más ‘políticamente correcta‘.

El semi-pavor al vocablo ha echado raíces en el corazón de la mayoría del resto de congregaciones cristianas. Pero, si andar en los extremos siempre es malo, quedarse cortos también lo es: nos hemos adormecidos en el amor al que constantemente nos llama Jesús, y a veces nos convertimos en ‘tergiversadores‘ de su Palabra. Sabiendo que su sabiduría está muy por encima de la humana, ¿por qué intentamos siempre dar otra explicación a los versículos donde se nos alerta sobre el castigo de Dios?

En varias ocasiones, ante un atentado de ETA, por ejemplo, las multitudes se concentran a favor de la paz, alzando sus manos pintadas de blanco. Este es el idioma del amor; el lenguaje que pueden entender todos aquellos que aman la concordia y el buen ‘rollo‘ entre las personas, independientemente de su naturaleza, raza, sexo o nación. Pero, ¿cómo reaccionan ante estos brazos pintados con el matiz de la armonía, aquellos que usan sus dedos para ‘gatillar‘ el arma homicida?

Para ellos, se les está hablando en chino, esperanto, o ‘quechua’: se ríen de esos brazos en alto y de los minutos de silencio; no pueden ser receptivos a esas señales, pues sus corazones son incapaces de interpretar el lenguaje del amor. Por eso es que la justicia humana impone el castigo punitivo allí donde resulta imprescindible. El pederasta, el asesino, el sicótico perseguidor de jovencitas que viola y mata… ninguno de aquellos que representan un penoso lastre para la sociedad, son aptos para asimilar la disciplina de la convivencia en el respeto mutuo y la corrección. De ahí, la necesidad de pena carcelaria.

Asimismo ocurre con las Escrituras. El Señor nos llama una y otra vez desde su ternura y entrega; nos instruye en la vía más directa para alcanzar todas las promesas por las que se ofreció en crucifixión. La vida eterna no es un fin en sí mismo, sino una continuidad en el camino de la perfección; para llegar a ella es imprescindible estar depurados espiritualmente, pues nadie permanecerá allí si no demuestra antes que no constituirá una ‘mala levadura‘ o contaminación para el resto de las almas con las que convivirá.

Cuando morimos, la carne se descompone en los elementos químicos que le sucederán; pero el espíritu, cuya composición es desconocida para el hombre, no es destruido, sino que cambia automáticamente del plano físico donde vivió, enclaustrado en cuerpo humano, hacia el espiritual. Allí se mantendrá hasta que el Todopoderoso decida el momento de juicio e instaure el Sión definitivo, bajo el reinado de Jesús, con todos los que hayan pasado su prueba y accedan a la eternidad prometida.

Por eso es importante aprovechar la oportunidad mientras se respire, en el caso de aquellos que no accedieron por voluntad propia a la llamada del amor de Cristo o que se adhirieron inicialmente, pero luego, bajo el influjo de las pasiones enemigas del espíritu, se separaron del camino. Ellos también tendrán posibilidades, si son sensibles a la disciplina, reprensión, corrección y castigo, a los que serán sometidos, según corresponda.

Disciplina‘, según el diccionario de la RAE, involucra ‘doctrina, enseñanza o educación sobre la conducta de la persona,  a través de reglas que afirmen el orden entre miembros de organizaciones militares, políticas, civiles o religiosas‘. La Biblia enseña sobre ella:

“El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.”  (Proverbios 15:32)

Por otra parte, la palabra ‘reprensión‘ (que sale al menos 31 veces en las  Escrituras), según el mismo diccionario, significa: ‘Regaño, reprimenda, pena o amonestación a alguien, sobre una actitud específica.’ Expongo una cita de la carta a los Tesalonicenses:

“Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. ” (1ª Ts 5:23)

La consecuencia inmediata al poco caso, cuando se es reprendido, da lugar a la ‘corrección‘, bíblicamente reiterada en 24 versículos, y de la que el RAE expresa: ‘Rectificación o enmienda de errores o defectos: Castigo leve que el superior impone al subordinado por haber cometido alguna falta; advertencia para enmendar un error.’ Una de las ocasiones en que se menciona en el Antiguo Testamento, es en Jeremías 5:3:

“Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse.”

Y, por último, esa acepción tan dada al debate y a las múltiples traducciones erróneas, por el ‘yuyu‘ que impone en algunos: ‘castigo‘, que la Biblia cita, no menos de 60 veces. ¿Por qué razón Dios ha hecho que esta palabra apareciera tanto en las Sagradas Escrituras? Solo Él lo sabe, pero todos debemos coincidir en que resulta una osadía obviarla, pasarla por alto, dar un quite o, en el peor de los casos, intentar ofrecer otra significación distinta a la que encierra, pues si el Altísimo decidió que apareciera, resulta obvio que sus razones tendría: nadie tiene el derecho a minimizarla ni esconderla.

Recurriendo de nuevo al significado etimológico, nuestro libro de acepciones describe al castigo como: ‘Pena que se impone al que ha cometido delito o falta, con objeto de enmendar un comportamiento.’ ¿Por qué el profeta Jeremías, quien hablaba directamente con el Creador,  presenta estos dos versículos repetitivos, sobre la punición:

“Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” [Jer 30:11]

“Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”  [Jer 46:28]

Cuando el Señor insiste dos veces, muestra interés en que llegue su mensaje de sanción; si es reiterativo, resulta importante, y nuestro deber es no ser indiferentes a su proclama. Acepta margen para el error, pues conoce cada milímetro de la debilidad humana, pero, en su sabiduría, también sabe cómo el hombre es capaz de responder a sus expectativas, luego de la adecuada corrección y/o castigo pertinente. Por eso es vital que su Palabra llegue tal cual, a todos los corazones, según Él dispone; aclarando que quienes entren a partir el amor, siendo fieles desde que son llamados, se ahorrarán el dolor del correctivo.

Hay quien entiende el mensaje de amor de Cristo… y hay quien no. A estos se dirije el Padre en sus amenazas; para darle también a ellos su oportunidad. De modo que estamos obligados, en un ejercicio de responsabilidad, a describir cada palabra, tal cual aparezca en cada uno de los párrafos donde se use, pues Dios da en cada momento, la acepción exacta; Él no es de: ‘Donde dije ‘digo’, dije ‘Diego‘, sino que constantemente alerta sobre el peligro de cambiar una sola letra de sus mensajes.

Los que son capaces de ser leales a Dios, no deben reprimirse al trasmitir cada una de las alertas de condena dadas por el Omnipotente, pues Él tiene sus razones para el ultimátum. Se dirige a aquellos que o no quieren oír su Palabra o la oyen y la aceptan, pero luego cometen fallos, debido a fragilidad espiritual. El Señor sabe que esta no alcanza el mismo nivel en todos los humanos, y acude al aviso sobre lo que una actitud de desobediencia puede costar, para que reaccionen, cambien, y puedan optar al mismo privilegio.

Una evidencia bíblica de ello la encontramos en Ez 7:8:

“Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones.”

El castigo de Dios resulta peligroso cuando se hace definitivo; los más inteligentes le temen, porque son conocedores de su poderío y saben que puede causar la destrucción total. Sobre ello nos instruye Proverbios 1:7:

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

De ahí que el Eterno acuda a la alerta del castigo. Sin embargo, muchos cristianos, cuando se enfrentan al análisis de esta palabra, manifiestan su convicción de que no se trata de una corrección directa del Padre, sino de la consecuencia derivada de la mala cabeza de quien cae en pecado, aun con conocimiento de causa.

Pero, aunque es real que por causa de inmadurez, precariedad de espíritu u otras razones, muchas veces somos víctimas de nuestro propio desatino, también es cierto que existen otros contextos ante los cuales no podemos dar la misma respuesta. El diluvio, Sodoma y Gomorra, y el propio anuncio del Apocalipsis, dan testimonio del castigo directo de Dios.

El enigmático libro de Job nos presenta otro enfoque. ¿Quién puede insinuar que este favorito del Señor, a quien amaba y de quien estaba orgulloso por su comportamiento y actitud ante la vida, tuvo mala cabeza? La Biblia explica cuán grande fue su pesadumbre, pese a no haber caído en pecado; doble enseñanza, pues el mismo Creador, luego de presentarse en el debate con los amigos que le criticaban, amonestó a estos por su rapidez en emitir juicio sobre el doliente. Enseñó a todos que la postura ante alguien a quien no le van bien las cosas, por estar bajo sanción o prueba, no debe ser la de convertirse en jueces, pues ya está Él para ese oficio.

El dolor purificador del castigo, hará crecer a todo aquel que no tuvo la estatura necesaria para ser fiel al amor de Cristo ni el comportamiento adecuado ante sus enseñanzas. Una nueva oportunidad a la que debe aferrarse quien ha fallado, y que, quebrantado ante nuestro Señor, decide aprovechar la oportunidad que le ofrece su piedad, reemprendiendo el camino, reorientando su brújula, templando y fortaleciendo su espíritu, para conseguir el reencuentro con sus hermanos en la fe; esta vez, de manera definitiva y en Paz con Dios.

Por otra parte, Judas 1:5, describe un castigo más severo:

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha encerrado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…” 

¿Significa esto que Dios quiere infligir daño? ¡De ninguna manera! Pero necesita asegurarse que el espíritu humano que pase el filtro, sea lo suficientemente fuerte para no contaminar el reinado mesiánico; por ello, el propio Jesucristo nos anuncia, en Apocalipsis 3:19:

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Y repite, por último, casi al final del libro, en Apocalipsis 22:14:

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Afortunado el sacudido por la vara del Todopoderoso; eso demostrará que no es un bastardo, y que el Padre tiene buenos planes para él. Si logra aprender la lección, su nombre será inscrito en el libro de los cielos; si es capaz de corregir su rumbo y seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, se sentará con Él, como invitado, en el banquete que dará inicio al nuevo Tiempo.

Por amor, y no por miedo, seremos considerados inocentes; mas el temor hará que los indecisos y los rebeldes trasmuten y puedan experimentarlo, aunque parezca incongruente. Seamos prudentes y asumamos la actitud acertada, mientras el sol alumbre para todos, y no se detenga el reloj de la vida, pues luego, será tarde.

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