2ª CAPCIOSIDAD antiCRISTO QUE ORBITA EN LA RED.

julio 6, 2012

Julio 6/2012

Estas capciosidades que neutralizo gracias al Señor, las copié del blog:

http://imaginario-nopensar.blogspot.com.es/2011/07/la-segunda-venida-de-cristo.html

[Capcioso: (Del latín captiosus; raíz: captio = engaño) Proposición hecha para confundir o engañar a un interlocutor o auditorio]

2-¿Tiene sentido pretender, como hace la Biblia, que el pecado puede ser perdonado por arte de magia transfiriendo la culpa de una persona culpable a una inocente y posteriormente castigando la inocente?

“…no enseñará más ninguno a su prójimo, ni a su hermano, diciendo: Conoce a YAVEH; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice YAVEH; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jer 31:34)

El pecado no se exime por magia, sino por el poder de Dios, autentificado en su Hijo Jesucristo. Todos pecamos; y dado que hay juicio, nadie saldrá impune sin arrepentirse ante Jesús, reconociéndole como Salvador. El mismo que hizo que ciegos vieran, cojos fueran sanados, leprosos quedaran limpios, etc., tiene poder para perdonar pecados. Milagros (no magia), citados no solo por historiadores cristianos, sino sus enemigos judíos que le crucificaron, en Sanh. 107; Sota 47b; J. Hag. II, 2…

Siendo imposible negar las evidencias, ante tanto testimonio, achacaron esos prodigios a la brujería. Ciegos conocidos durante años con esa discapacidad, de pronto veían y mostraban a todo el pueblo su curación; cojos de toda la vida de pronto corrían por la calle; leprosos aislados por años, apestados de la sociedad, mostraban de pronto una piel inmaculada.

O sea, además de fuentes cristianas, hay otras de sus propios enemigos que avalan Su enorme capacidad de curación, Su gran poder. ¿No podrá perdonar pecados quien hizo tal demostración de autoridad?

Y la culpa no se transfiere; eso es mentira. ¡Se borra! Dios no pasa al inocente la culpa del culpable, sino que cada cual pagará por su pecado:

He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. (Eze 18:4)

Igual que hay ley contra la rebelión, también hay ley para borrar pecados: la del perdón, que sigue 4 pautas:
a- Arrepentimiento por violar los mandamientos.
b- Reconocimiento de Jesucristo como salvador personal.
c- Bautizo por inmersión en el agua, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
d- Fidelidad eterna a la ley legada por Cristo a partir de entonces.

El bautizo para perdón de pecados es ley de Dios. A veces se habla de la paga del pecado por generaciones enteras… cuando hijos mal instruidos por padres negligentes, quebrantan las leyes de Dios. Por ej, en Mal 3:7:

Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros…”

¿Acaso Dios ha engañado a alguien? Los mandamientos fueron dados desde el principio; ya en el artículo anterior quedó claro que estamos aquí para probación, pues hubo contienda en el cielo por desobediencia, y Dios ideó un plan de depuración que premia al obediente y castiga al rebelde.

El castigo por rebeldía es un plan, y verá cumplimiento. Si no aprovechamos la ocasión de esta vida, y nos la pasamos violando las leyes de Dios sistemáticamente, llevándole a ira, nos arriesgamos a que Él decida que no somos dignos de esta oportunidad, cierra la puerta de esta vida, y en muerte nos conduce a la otra, abriendo la puerta de la punición. El fin no viene con flores, sino con mucho dolor y quebranto; peor, según Jesús, al de los días de Noé. ¿A qué rasgarnos las vestiduras si se nos ha avisado? ¿No nos sometemos a leyes humanas? ¿No pagamos multas, vamos a la cárcel, y en algunos países a la muerte, por violar leyes humanas? ¿Por qué pensar poder burlar las leyes de Dios y quedar inmunes?

La historia bíblica habla de castigo cada vez que el Creador fue defraudado por hombres y mujeres que transgredieron mandamientos dados a través de Moisés. Se entregaban a orgías, sacrificaban a sus propios hijos a dioses ajenos (en realidad demonios), eran vanidosos, soberbios, etc.

Por ejemplo, en Exo 22:24:

“… y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.”

La capciosidad se pregunta cómo un dios amoroso puede amenazar de esta forma. Pero la capciosidad no analiza que antes de la amenaza, está la advertencia de Dios, desde el mismo inicio del capítulo 22, contra el robo, fornicación, violación, hechicería, zoofilia, sacrificio a dioses ajenos, explotación a extranjeros, contra el afligir a viudas y huérfanos…

Nos parece un terrible castigo porque ninguno de nosotros tiene poder sobre la muerte. Pero Dios sí; para Él, morir no es más que pasar al mundo de los espíritus. Es castigo temporal; los niños inocentes entran al Paraíso, mientras a los adultos les envía a purgar por sus pecados hasta que Jesús venga para juzgar, antes de instaurar el reino de los cielos.

Detrás de toda referencia de Dios por el castigo, está la desobediencia. Nos instruye para que seamos conscientes que la rebeldía a sus leyes no quedará impune, mientras que la fidelidad, la obediencia, será premiada.

Así, la Biblia enseña que Dios odia al pecado, pero ama tanto al pecador, que constantemente le está brindando la oportunidad de arrepentimiento, con promesa de perdón y vida eterna en el reino celestial, a través de la única figura establecida para ello: el Señor Jesucristo.


JESÚS: LA VERDADERA FIESTA DE LA NAVIDAD

diciembre 25, 2008


…Porque este pueblo se me sacrifica, y con sus labios me honra, mas su corazón se alejó de mí; y su culto con que me honra fue enseñado por mandamiento de hombres; por tanto, he aquí que yo volveré a hacer obra admirable entre este pueblo con un milagro espantoso; porque la sabiduría de sus sabios se perderá, y la prudencia de sus prudentes se desvanecerá.” [Isa 29:13-14]… “y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.” [Isa 29:24]

El mundo cristiano celebra hoy un aniversario más del nacimiento del Cristo, en la aldea de Belén, lugar donde los profetas habían anunciado que nacería el Mesías (Miqueas 5: 2). Una ciudad situada a unos 9 km al sur al sur de Jerusalén, y enclavada en los Montes de Judea, en la Cisjordania de hoy, administrada en la actualidad por la Autoridad Palestina, y con unos 30.000 habitantes, mayormente cristianos.

Sus orígenes corresponden a la histórica tribu de Judá, también cuna de quien daría una gran fuerza política al naciente reino de Israel, y bajo el cual se adquiriría un gran esplendor: el rey David (1ªSamuel 17:12). Siglos después, por voluntad de Dios, nació allí un descendiente suyo: Jesús, llamado el Cristo. (Lucas 2: 4-15; Mateo 2:1).

Precisamente, el nacimiento del Señor en este lugar se debió a que José, esposo de María, era descendiente de David, y un edicto del imperio romano dominador, hizo que sus habitantes acudieran a su localidad de origen para empadronarse, con el objetivo de hacer el censo fiscal.

Y ambos orígenes son una nueva manifestación de ese misterio de Dios, que propugna que muchos ‘últimos‘ serán primeros, y que muchos ‘primeros‘ serán los últimos: un llamado a la humildad que se espera de todos los hombres. El rey más grande de Israel nació en cuna de pastores, y creció él mismo, como pastor de ovejas. El Rey del Sión definitivo, nació en un humilde pesebre, entre animales y pobreza, y fue, Él mismo, pastor de humanos.

Es decir, con la llegada de este día, se accede a la oportunidad de festejar el advenimiento del Señor. Sin embargo, la tradición se ha ido dejando infiltrar por el paganismo, y la fiesta de Navidad, para muchos, no es más que otro pretexto para borracheras, sexo, drogas, violencia… todo lo que conspira contra las verdaderas enseñanzas del mismo que se pretende homenajear.

Pero el nacimiento de Jesús no fue un acontecimiento del contexto humano; no nació porque un hombre y una mujer decidieron tener hijos, sino porque el mismo Dios quiso enviar a la Tierra a su propio Hijo, para que diera testimonio de Él; delegó en el espíritu primigenio que incluso había tenido intervención activa en la obra de la Creación, según nos relata en testimonio, un alegato viviente de todas las obras de Jesucristo, el apóstol Juan:

En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con el Dios, y la Palabra era Dios. Este era en el principio con el Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.” [Juan 1:1-3]

El nacimiento de Nuestro Señor Jesús entre los humanos, fue la segunda parte de un plan previsto por el mismo Dios desde siglos antes, con el anuncio del Mesías, en 1ª Samuel 2:10:

El SEÑOR juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.”

O sea, no se trata de una historieta sacada a la luz por unos cuantos locos que ‘ven visiones y hablan con espíritus‘, sino de historia cronológicamente congruente, que el propio Dios ha puesto en manos de nosotros. Y pese a valerse para ello de diversas personas, en distintos lugares geográficos, en disímiles épocas, el objetivo de la trama resulta coincidente: la redención de la humanidad.

Aunque la Ciencia se jacta de sabiduría, basando esta en lo que resulta palpable a los sentidos con los que Dios ha dotado al hombre, ignora lo esencial: la presencia del espíritu… y lo que resulta más importante aun: la existencia de distintos tipos de fuerzas espirituales que ejercen poder sobre el ser humano. Y el pecado, la causa por la cual el Espíritu del Hijo de Dios se hizo hombre, se manifiesta gracias a que nuestro espíritu interior se abre a la influencia de fuerzas espirituales enemigas de Dios, que habitan en una dimensión no asequible, porque la nuestra, la 3ª, está subyugada por una 4ª Dimensión, invisible para la Ciencia.

Esta 4ª Dimensión corresponde a un mundo angélico, fraccionado a su vez en dos grupos: los que se rigen por las leyes de Dios, y los sediciosos, subyugados por satanás. Ambos tienen influencia sobre el nuestro… y Dios le da al hombre el libre albedrío para decidir a cuál influjo ceder; es un proceso imprescindible, pues será nuestra actitud dinámica y espiritual la que nos ubique en un punto de la cuerda tensada desde extremos opuestos.

Será la posición que cada ser humano adopte, la que defina la tendencia espiritual de cada individuo, y eso permitirá que cuando seamos pasados por la ‘criba‘ de Jesús, se nos elija o no, para vivir en un mundo de justicia eterna, bajo las leyes del Dios Omnipotente. Obviamente, los rebeldes no tendrán cabida en ese mundo final y definitivo que será regido por Jesús, pues resultarían la mala levadura, que leudaría la masa seleccionada.

La única causa de desobediencia, es el pecado. Nos gustan las cosas que Dios repudia, porque el pecado entró al mundo a través de Satanás, el jefe rebelde de las fuerzas espirituales que violan el reglamento establecido por Dios, y que, como miembros de la 4ª Dimensión espiritual, ejercen influencia sobre todos nosotros.

Se codicia la mujer de otro, o el marido de otra; el corazón se subordina ante los lujos, la vanidad, la soberbia, la envidia… Se roba, nos entregamos al alcohol y las drogas, se ejerce violencia contra los semejantes, se viola a niños y a adultos, se asesina; unos se prostituyen sexualmente… y otros acuden a la llamada de la prostitución. Se practica la homosexualidad entre mujeres y hombres; mentimos para conseguir lo que deseamos, y luego volvemos a mentir, una vez que ya hemos sido saciados. Nuestros ojos inquietos se sumerjen de nuevo en la búsqueda de una nueva necesidad.

Siempre estamos insatisfechos; y lo estamos, porque nuestro espíritu no está en resonancia con las fuerzas espirituales de los ángeles de Dios, constantemente a nuestro lado, intentando que nos abramos a ellos, que conozcamos la Verdad. Nos alejamos de la instrucción de Jesús.

Las tendencias que nos llevan a hacer todo lo que está censurado por las leyes del Creador, no son una causa genética, sino espiritual. No está enfermo el ladrón, ni el asesino, ni los que se prostituyen ni nadie que transgreda cualquiera de los mandamientos. No están enfermos los homosexuales; y no lo están, porque su organismo continúa comportándose como lo que son, aunque no quieran serlo: las lesbianas tienen sus ciclos de menstruación, y pueden ser madres si se unen a un homosexual varón, orgánicamente apto para la erección e inseminación diseñada para los hombres.

Todo el que siente apego a lo que vaya contra lo establecido por Dios, no es más que un monigote en las manos de las huestes de satán; se es víctima de la debilidad del espíritu, por alejarse del Espíritu de Dios. Algo sobre lo que el apóstol Pablo nos instruye, en Efesios 6:11-12:

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del siglo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los cielos.”

Y para eso nuestro Señor habitó entre los hombres; constantemente alertaba sobre el peligro del pecado, mientras hacía curaciones de todo tipo, resurrecciones de muertos incluidas, para demostrar su Poder, consciente que, debido a nuestra fe débil solo somos susceptibles a creer en aquello que nuestros ojos pueden ver.

Buscaba influencia sobre el frágil corazón humano, para que le creyeran, para que confiaran… para que se le entregaran en fidelidad, aunque el mismo demonio susurrara en los oídos, y sembrara en el corazón todas las dudas posibles, haciendo uso de su capacidad de subyugarnos. Jesús sabía que su enemigo espiritual, por pertenecer a su misma dimensión, puede influir sobre nosotros; y puso en nuestras manos el arma más potente del cristiano: la fe, y el amor a Él, para vencer a la muerte, que es la última consecuencia del pecado.

Nuestro Señor se entregó en la Cruz por nosotros, para que todos pudiéramos tener la opción de una vida eterna bajo su reinado; con su sangre pagó el precio de perdón por nuestras faltas. Él llevó nuestras culpas en su cuerpo, sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos en su justicia, sanados por sus heridas y bautizados con su sangre. Nos dice que solo exige contrición sincera, no importa lo que hayamos hecho: arrepentimiento, etapa de prueba para demostrar que nuestro nuevo camino es definitivo y somos capaces de enfrentar las tentaciones, y luego su clemencia concluyente. Su reino se establecerá de todas formas; ninguno de nosotros podrá impedirlo, pues es la voluntad del mismo Dios que así terminen las cosas, así que el final individual está en las manos de cada uno.

Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día de haber sido sepultado; no 72 horas después, como intentan señalar algunos, para meter contradicción en la Palabra de Dios y restar credibilidad y fe, sino al 3er día. Le crucificaron un viernes y fue enterrado; pasó el sábado, y llegó el domingo, el día en que se apareció a sus seguidores. Juan y Pedro, testigos directos de esto, colaboradores y alumnos suyos durante 3 años, presentes durante su apresamiento, castigo, crucifixión, sepultura, y aparición posterior, han dejado testimonio escrito de ello.

Sus palabras han vencido al tiempo y están ahí, al alcance de todo aquel que desee leerlas. Hoy es un buen día para hacerlo, sabiendo que el Señor estará con quien se le entregue.

Mateo también nos dejó escrito muchas de las enseñanzas de Jesús; y yo no puedo terminar sin exponer la que considero más apropiada, la que el Señor me entregó esta mañana, cuando le pedí que me ayudara a escribir estas palabras de homenaje en su cumpleaños.

‘…Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir’: “Arrepentíos, que el Reino de los cielos se ha acercado.” [Mat 4:17]

¡Feliz aniversario Señor! Ven pronto; quienes confiamos en ti te estamos esperando.

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DISCIPLINA, REPRENSIÓN, CORRECCIÓN Y CASTIGO

abril 17, 2008

UN DEBATE QUE NO ACABA

A día de hoy, uno de los usos más controvertidos del cristianismo, es el concerniente al que se hace de la palabra ‘castigo‘, según sea la tendencia de la iglesia que se manifieste al respecto. La católica, a través de los tiempos, es la que más se ha esforzado en su ‘fidelidad‘ a esta expresión bíblica que aparece, en los 66 libros, casi una centena de veces. El recuerdo de los errores de la Inquisición que recoge la historia, y de la estela de mártires generados por ella, ha trabajado en el subconsciente de la humanidad, y gran parte de esta se esfuerza en desterrar para siempre la punición correctiva bíblica, obviando la palabra… o cambiándola por otra que resulte más ‘políticamente correcta‘.

El semi-pavor al vocablo ha echado raíces en el corazón de la mayoría del resto de congregaciones cristianas. Pero, si andar en los extremos siempre es malo, quedarse cortos también lo es: nos hemos adormecidos en el amor al que constantemente nos llama Jesús, y a veces nos convertimos en ‘tergiversadores‘ de su Palabra. Sabiendo que su sabiduría está muy por encima de la humana, ¿por qué intentamos siempre dar otra explicación a los versículos donde se nos alerta sobre el castigo de Dios?

En varias ocasiones, ante un atentado de ETA, por ejemplo, las multitudes se concentran a favor de la paz, alzando sus manos pintadas de blanco. Este es el idioma del amor; el lenguaje que pueden entender todos aquellos que aman la concordia y el buen ‘rollo‘ entre las personas, independientemente de su naturaleza, raza, sexo o nación. Pero, ¿cómo reaccionan ante estos brazos pintados con el matiz de la armonía, aquellos que usan sus dedos para ‘gatillar‘ el arma homicida?

Para ellos, se les está hablando en chino, esperanto, o ‘quechua’: se ríen de esos brazos en alto y de los minutos de silencio; no pueden ser receptivos a esas señales, pues sus corazones son incapaces de interpretar el lenguaje del amor. Por eso es que la justicia humana impone el castigo punitivo allí donde resulta imprescindible. El pederasta, el asesino, el sicótico perseguidor de jovencitas que viola y mata… ninguno de aquellos que representan un penoso lastre para la sociedad, son aptos para asimilar la disciplina de la convivencia en el respeto mutuo y la corrección. De ahí, la necesidad de pena carcelaria.

Asimismo ocurre con las Escrituras. El Señor nos llama una y otra vez desde su ternura y entrega; nos instruye en la vía más directa para alcanzar todas las promesas por las que se ofreció en crucifixión. La vida eterna no es un fin en sí mismo, sino una continuidad en el camino de la perfección; para llegar a ella es imprescindible estar depurados espiritualmente, pues nadie permanecerá allí si no demuestra antes que no constituirá una ‘mala levadura‘ o contaminación para el resto de las almas con las que convivirá.

Cuando morimos, la carne se descompone en los elementos químicos que le sucederán; pero el espíritu, cuya composición es desconocida para el hombre, no es destruido, sino que cambia automáticamente del plano físico donde vivió, enclaustrado en cuerpo humano, hacia el espiritual. Allí se mantendrá hasta que el Todopoderoso decida el momento de juicio e instaure el Sión definitivo, bajo el reinado de Jesús, con todos los que hayan pasado su prueba y accedan a la eternidad prometida.

Por eso es importante aprovechar la oportunidad mientras se respire, en el caso de aquellos que no accedieron por voluntad propia a la llamada del amor de Cristo o que se adhirieron inicialmente, pero luego, bajo el influjo de las pasiones enemigas del espíritu, se separaron del camino. Ellos también tendrán posibilidades, si son sensibles a la disciplina, reprensión, corrección y castigo, a los que serán sometidos, según corresponda.

Disciplina‘, según el diccionario de la RAE, involucra ‘doctrina, enseñanza o educación sobre la conducta de la persona,  a través de reglas que afirmen el orden entre miembros de organizaciones militares, políticas, civiles o religiosas‘. La Biblia enseña sobre ella:

“El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.”  (Proverbios 15:32)

Por otra parte, la palabra ‘reprensión‘ (que sale al menos 31 veces en las  Escrituras), según el mismo diccionario, significa: ‘Regaño, reprimenda, pena o amonestación a alguien, sobre una actitud específica.’ Expongo una cita de la carta a los Tesalonicenses:

“Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. ” (1ª Ts 5:23)

La consecuencia inmediata al poco caso, cuando se es reprendido, da lugar a la ‘corrección‘, bíblicamente reiterada en 24 versículos, y de la que el RAE expresa: ‘Rectificación o enmienda de errores o defectos: Castigo leve que el superior impone al subordinado por haber cometido alguna falta; advertencia para enmendar un error.’ Una de las ocasiones en que se menciona en el Antiguo Testamento, es en Jeremías 5:3:

“Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse.”

Y, por último, esa acepción tan dada al debate y a las múltiples traducciones erróneas, por el ‘yuyu‘ que impone en algunos: ‘castigo‘, que la Biblia cita, no menos de 60 veces. ¿Por qué razón Dios ha hecho que esta palabra apareciera tanto en las Sagradas Escrituras? Solo Él lo sabe, pero todos debemos coincidir en que resulta una osadía obviarla, pasarla por alto, dar un quite o, en el peor de los casos, intentar ofrecer otra significación distinta a la que encierra, pues si el Altísimo decidió que apareciera, resulta obvio que sus razones tendría: nadie tiene el derecho a minimizarla ni esconderla.

Recurriendo de nuevo al significado etimológico, nuestro libro de acepciones describe al castigo como: ‘Pena que se impone al que ha cometido delito o falta, con objeto de enmendar un comportamiento.’ ¿Por qué el profeta Jeremías, quien hablaba directamente con el Creador,  presenta estos dos versículos repetitivos, sobre la punición:

“Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” [Jer 30:11]

“Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”  [Jer 46:28]

Cuando el Señor insiste dos veces, muestra interés en que llegue su mensaje de sanción; si es reiterativo, resulta importante, y nuestro deber es no ser indiferentes a su proclama. Acepta margen para el error, pues conoce cada milímetro de la debilidad humana, pero, en su sabiduría, también sabe cómo el hombre es capaz de responder a sus expectativas, luego de la adecuada corrección y/o castigo pertinente. Por eso es vital que su Palabra llegue tal cual, a todos los corazones, según Él dispone; aclarando que quienes entren a partir el amor, siendo fieles desde que son llamados, se ahorrarán el dolor del correctivo.

Hay quien entiende el mensaje de amor de Cristo… y hay quien no. A estos se dirije el Padre en sus amenazas; para darle también a ellos su oportunidad. De modo que estamos obligados, en un ejercicio de responsabilidad, a describir cada palabra, tal cual aparezca en cada uno de los párrafos donde se use, pues Dios da en cada momento, la acepción exacta; Él no es de: ‘Donde dije ‘digo’, dije ‘Diego‘, sino que constantemente alerta sobre el peligro de cambiar una sola letra de sus mensajes.

Los que son capaces de ser leales a Dios, no deben reprimirse al trasmitir cada una de las alertas de condena dadas por el Omnipotente, pues Él tiene sus razones para el ultimátum. Se dirige a aquellos que o no quieren oír su Palabra o la oyen y la aceptan, pero luego cometen fallos, debido a fragilidad espiritual. El Señor sabe que esta no alcanza el mismo nivel en todos los humanos, y acude al aviso sobre lo que una actitud de desobediencia puede costar, para que reaccionen, cambien, y puedan optar al mismo privilegio.

Una evidencia bíblica de ello la encontramos en Ez 7:8:

“Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones.”

El castigo de Dios resulta peligroso cuando se hace definitivo; los más inteligentes le temen, porque son conocedores de su poderío y saben que puede causar la destrucción total. Sobre ello nos instruye Proverbios 1:7:

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

De ahí que el Eterno acuda a la alerta del castigo. Sin embargo, muchos cristianos, cuando se enfrentan al análisis de esta palabra, manifiestan su convicción de que no se trata de una corrección directa del Padre, sino de la consecuencia derivada de la mala cabeza de quien cae en pecado, aun con conocimiento de causa.

Pero, aunque es real que por causa de inmadurez, precariedad de espíritu u otras razones, muchas veces somos víctimas de nuestro propio desatino, también es cierto que existen otros contextos ante los cuales no podemos dar la misma respuesta. El diluvio, Sodoma y Gomorra, y el propio anuncio del Apocalipsis, dan testimonio del castigo directo de Dios.

El enigmático libro de Job nos presenta otro enfoque. ¿Quién puede insinuar que este favorito del Señor, a quien amaba y de quien estaba orgulloso por su comportamiento y actitud ante la vida, tuvo mala cabeza? La Biblia explica cuán grande fue su pesadumbre, pese a no haber caído en pecado; doble enseñanza, pues el mismo Creador, luego de presentarse en el debate con los amigos que le criticaban, amonestó a estos por su rapidez en emitir juicio sobre el doliente. Enseñó a todos que la postura ante alguien a quien no le van bien las cosas, por estar bajo sanción o prueba, no debe ser la de convertirse en jueces, pues ya está Él para ese oficio.

El dolor purificador del castigo, hará crecer a todo aquel que no tuvo la estatura necesaria para ser fiel al amor de Cristo ni el comportamiento adecuado ante sus enseñanzas. Una nueva oportunidad a la que debe aferrarse quien ha fallado, y que, quebrantado ante nuestro Señor, decide aprovechar la oportunidad que le ofrece su piedad, reemprendiendo el camino, reorientando su brújula, templando y fortaleciendo su espíritu, para conseguir el reencuentro con sus hermanos en la fe; esta vez, de manera definitiva y en Paz con Dios.

Por otra parte, Judas 1:5, describe un castigo más severo:

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha encerrado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…” 

¿Significa esto que Dios quiere infligir daño? ¡De ninguna manera! Pero necesita asegurarse que el espíritu humano que pase el filtro, sea lo suficientemente fuerte para no contaminar el reinado mesiánico; por ello, el propio Jesucristo nos anuncia, en Apocalipsis 3:19:

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Y repite, por último, casi al final del libro, en Apocalipsis 22:14:

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Afortunado el sacudido por la vara del Todopoderoso; eso demostrará que no es un bastardo, y que el Padre tiene buenos planes para él. Si logra aprender la lección, su nombre será inscrito en el libro de los cielos; si es capaz de corregir su rumbo y seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, se sentará con Él, como invitado, en el banquete que dará inicio al nuevo Tiempo.

Por amor, y no por miedo, seremos considerados inocentes; mas el temor hará que los indecisos y los rebeldes trasmuten y puedan experimentarlo, aunque parezca incongruente. Seamos prudentes y asumamos la actitud acertada, mientras el sol alumbre para todos, y no se detenga el reloj de la vida, pues luego, será tarde.

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