ALADINO, MICKEY MOUSE… y DATACIÓN GEOLÓGICA VI

marzo 29, 2009

Prosiguiendo con el propósito de demostrar cuánto cuento [¡Buenos parónimos!] encierran los bien llevados hermanos [e hijos de un mismo padre] datación geológica y teoría evolutiva, voy a recurrir a un nexo gramatical que viene que ni pintado:

Si hablamos de ‘aforismo’ en Ciencias, referimos una sentencia doctrinal, supuesta como guía; una declaración o sentencia concisa, ‘pactada’ por un foro de personas que intenta expresar un principio símil a la verdad, del modo más breve y ajustado posible. Mientras, el latín ‘axioma’ refiere un punto de partida de un juicio considerado tan evidente, que no necesita demostración. Por ejemplo: ‘Los perros tienen 4 patas’, es un axioma obvio.

Así, conviene distinguir entre aforismo y axioma. Los aforismos brotan de bases pre establecidas, mientras que los axiomas son verdades obvias, que no requieren una comprobación. El decir: ‘los hombres evolucionaron del mono‘, es un aforismo. ¿Perciben la diferencia? Sin embargo, la política del ‘calzador’, inexcusablemente ha hecho que se conciba en las aulas esta afirmación homo-simiesca, anticientífica y esperpéntica, como un axioma de ley. Y partiendo del concepto, no amparado en asignatura científica alguna: ‘el tiempo es magia‘, se ha investido la datación geológica/radiométrica como herramienta ‘seudo’, para forzar el salto de aforismo a axioma.

Justo ese método ha dado lugar a un fraude axiomático más, presentado como ‘evidencia científica’. Se trata del cráneo de ‘Kabwe’; más conocido como de ‘Broken Hill’, por ser hallado por el minero suizo Tom Zwiglaar, junto a una mandíbula superior de otro individuo, un sacro, una tibia, y dos fémur, en las minas de hierro y zinc de este nombre. [pág 208, Donald Johanson, ‘From Lucy to Language’]

Los fósiles de la tibia y el fémur se asocian al cráneo, y la datación efectuada les situó entre los 125 y los 300 mil años. Se declaró ‘homínido’, del grupo ‘Homo Rhodesiensis’, y se nominó como ‘el Hombre de Rhodesia’. El sitio paleontológico fue destruido luego por una filtración de agua; se convirtió en un profundo pozo, y no se pudo visitar nunca más.

El cráneo hizo pensar a los investigadores en alguien muy robusto, con un rostro muy similar al ‘Homo neanderthalensis’ [nariz grande y gruesa], y se le consideró ‘Neanderthal africano’. Sin embargo, sondeos recientes señalaron caracteres intermedios entre los modernos Homo Sapiens y el Neandertal, y esto hizo que gran parte de los ‘expertos’, terminaran ubicándole en el grupo ‘Homo Heidelbergensis’, aunque con denominaciones tales como ‘Homo Sapiens Arcaico’ y ‘Homo Sapiens Rhodesiensis’.

Hasta aquí, ha funcionado la argumentación; solo luego de crear el entramado con ropaje científico, que le aportara ‘credibilidad‘, se envió al museo. Pero, ¿qué hay en realidad en ese cráneo, que se ha ocultado a la opinión pública?

La minuciosa investigación del Doctor Jack Cuozzo, biólogo [Universidad de Georgetown] y Doctor en Cirugía Dental (D.D.S.) [Universidad de Pennsylvania], logró esclarecer este escabroso fraude, que, caprichosamente, en claro ejercicio de anticientificismo, aun permanece exhibido en el museo londinense.

Lo distintivo de este cráneo, que motivó el interés del Dr. Cuozzo, es que su lado izquierdo exhibe un orificio redondo de bordes planos, que solo pudo haber sido producido por una broca movida por un taladro cirujano… o por un proyectil salido de un arma convencional. Y también, que en el lado contrario el hueso muestra un estrago de área mayor, típico de la salida de un proyectil. Al acudir a un experto forense berlinés, este dijo que el agujero era exacto al de heridas de bala vistas en su profesión. O sea, se está ante un ‘Neanderthal’… que murió por arma de fuego. ¿Qué falla aquí? Sin duda alguna: la razón.

El investigador refiere que usó la técnica de rayos X, sobre el simétrico agujero del lado izquierdo, en el hueso temporal, y la radiografía reveló un orificio casi redondo. Sus medidas era casi de 8 mm exactos, con una variación puntual del 3.75% [7.7 mm de alto]. Parecía hecho adrede, con algún fin médico o supersticioso.

Neanderthal 'balaceado'

Y aquí estamos ante algo muy interesante: la trepanación craneal ha sido una de las prácticas mágicas y/o terapéuticas más universalmente extendidas; tal vez sea la operación quirúrgica más antigua en la Historia de la Medicina. La primera evidencia de este tipo de praxis es de un fósil datado en el Neolítico, entre el 7000 y el 4000 a. C. Los antiguos egipcios, mediante cuchillos, escoplos y mazas, lo usaban como función terapéutica, para aliviar migrañas, mareos, epilepsia o mitigar la presión ejercida por un coágulo luego de un traumatismo. También se ha visto en cráneos incas, revelando supervivencia del ‘paciente’.

Pero este agujero zambiano era diferente por dos motivos. El primero: hay otro boquete en la parte trasera inferior [hueso occipital], en un punto imposible de efectuar trepanado y que el sujeto siga vivo, pues es donde la columna vertebral entra en el cráneo. Esta segunda brecha en la parte inferior, resultaba mucho más grande que el primer orificio.

Se examinó linealidad entre ambos, y se consiguió mediante la varilla usada comúnmente por la policía, al buscar trayectorias. En la figura se ve la barra de acero pasando entre las dos aberturas. Obviamente, solo una bala habría logrado tal conexión y direccionalidad, pese a atravesar algo tan duro como el hueso compacto del cráneo, que habría desviado cualquier otro impacto natural, como por ejemplo, el de una piedra.

Direccion del Proyectil

El segundo motivo ya se ha comentado: el orificio es más grande dentro del cráneo, la zona cerebral, que el del exterior. Algo perfectamente visible en la foto. Y esto se ajusta a la descripción de los puntos de entrada y salida de una bala.

Aquí pudiera pensarse que alguien de más actualidad, pudo haber usado el fósil como ‘tiro al blanco’; pero ello habría destrozado un hueso casi mineralizado. Así que no queda más opción que concluir que la bala o fue la causa de la muerte de su dueño o se disparó con el hueso aún sin fosilizar. Mas eso resultaría imposible para un Neanderthal, pues si hay algo cierto, es que las armas de fuego no se fabricaron hasta el siglo XIII dC, cuando en China se hicieron las primeras mezclas pirotécnicas de salitre, carbón y azufre, y se usaron como explosivos propelentes, en armas rudimentarias de bambú.

Por otra parte, no se vio ninguna prueba de curación del hueso alrededor del agujero de entrada; y eso descarta una, poco probable, ‘operación quirúrgica’. El labio levantado sobre la superficie externa e inferior del orificio del hueso temporal tiene dos hendiduras que no son características de recuperación post traumática.

Pero en realidad, el análisis médico fue el que llevó a una conclusión sorprendente. La radiografía presentó una silla turca, sitio de la glándula pituitaria, ampliada y aplanada, así como los senos paranasales presentaban baches mayores del tamaño habitual, en la zona del mastoides izquierdo. También se presentaba la protuberancia externa occipital (el hueso puntiagudo al dorso del cráneo).

El hecho de que no fuera hallada la mandíbula inferior fue desafortunado, pues esta es útil para diagnosticar ciertas patologías; pero, sin embargo, el maxilar superior presentaba evidencias que gritaban la enfermedad padecida por la víctima del disparo. En realidad, habían matado a un ser que distaba mucho de ser normal.

La mayor parte de los dientes estaba totalmente descompuesta, y los huesos de la bóveda craneal eran demasiado gruesos. Por ejemplo, la base del occipital suele tener unos 6-8 mm de espesor; sin embargo, la radiografía lateral arrojó que la parte superior de ese hueso, en el fósil, tenía 13.8 mm, algo muy superior a lo usual.

La radiografía muestra además la protuberancia externa occipital [el hueso picudo descrito antes]; y esta proyección puntiaguda del hueso aparece aplanada, como debida a daño metabólico. La mayor parte del lado derecho había sido substituida por una sección deforme, incluyendo la de la protuberancia externa occipital; y todos los huesos que conforman el contorno del cráneo, según las vistas frontales y laterales de rayos X, mostraron espesor anormal.

Así, estos estos datos llevaron a diagnosticar ‘acromegalia’, enfermedad genética que activa secreción en exceso de la hormona de crecimiento [se manifiesta así a día de hoy]. Dolencia que provoca aumento desmedido en zonas acras: manos, pies, nariz y orejas. Algo que vengo reiterando en el blog desde su estreno, hace un año: se crean ‘homínidos’ donde se vea un fósil humano [o mono] con malformaciones congénitas que faciliten el bulo seudo científico.

Es decir, los agujeros de bala con entrada y salida, más el resto de deformaciones óseas, no señalan hacia un ser eónico, sino a un humano de procedencia mucho más reciente en el tiempo… muy posterior a la pólvora. Con su trabajo realmente científico, el Dr. Cuozzo, logró mostrar que el cráneo perteneció en realidad a un humano moderno ‘muerto por disparo de bala’.

La mandíbula inferior habría sido un factor clave en este diagnóstico, puesto que en cuadros acromegálicos, su posición quedaría por delante de la superior, posición normal de mandíbulas cerradas en estos enfermos; también presentaría un hueso mucho más fino que el de la dentadura superior, pues es típico de esta dolencia. Habría evidenciado a un ser humano convencional, portador de esta anomalía genética; y tal ausencia no puede resultar menos que sospechosa: ¿Por qué apareció el cráneo sin su quijada incriminatoria?

Pero aun hay otra incriminación más: en el año 1958, en Capetown, South Africa, R. Singer publicó un artículo de corte ‘evolutivo’ sobre este ‘Neanderthal’. Ahí se presentó otra radiografía del cráneo, pero en este caso, como ‘negativo fotográfico’. ¿Por qué no se presentó como original? Juzguen ustedes mismos:

Con Malicia

Como puede apreciarse, en el negativo, toda parte blanca aparece negruzca; toda el área clara, alrededor del cráneo, se ve oscura; gracias a eso, en el negativo no se percibe agujero de bala; al ser grisáceo el interior de la cavidad craneal, se hace imperceptible. ¿Hay o no hay malicia fraudulenta y embuste dirigido? Ahí tienen la verdad evolutiva: razonamiento circular, e intencionalidad a toda costa, donde la honestidad sobra.

No hay mejor contraste que la confrontación. Abajo expongo una radiografía de un acromegálico de la actualidad, sacada de Medline, y a su lado la del ‘ falso neanderthal’. Compárenlos y juzguen; verán como la protuberancia característica es evidente en ambos casos, aunque obviamente, en el fósil, la enfermedad está más avanzada.

Cráneos Aglomegáricos

Ante este aporte verdaderamente científico, la honradez obligaría al museo de Londres a retirar el cartelito de ‘Hombre del Neanderthal’. Incluso, visto a la tenue luz de la débil vela evolutiva, donde cualquier irracionalidad puede convertirse en razonable, pudiera extenderse aun más la información, y señalizar, por ejemplo: ‘Hombre del Neanderthal, asesinado a tiros por Australopithecus Africanus en ‘ajustes de cuentas’‘.

Total, a los niveles de sublimidad a los que se ha llegado, cualquier cosa cuela; y al cuentito para niños ‘Alí Babá y los Cuarenta Ladrones’, podría adicionársele otro en plan sátira: ‘Alí Darwin y los Ladrones de la Verdad‘. Podría ser, desde luego… si no fuera porque estamos ante algo tan serio, como pocos son capaces de comprender.

Si de alguna forma se quiere nominar a los ancestros humanos, habría que usar la única coherente con la Verdad: ‘adánicos’. Todo lo demás es cuento ateo con la direccionalidad antiCristo que nos fue alertada reiteradamente por los primeros discípulos de Jesús; como para que no nos cogieran desprevenidos. Pues bien, hoy están aquí entre nosotros, inoculando el veneno malicioso a todo aquel que como ellos, prefieran no razonar, disfrazados de conocimiento; y eso solo quiere decir una cosa: estamos más cerca de ver cumplida la Promesa de regreso del Cristo. El Señor está a las puertas y llama. ¿Ha pensado en Él?

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ABEJITA MAYA, HEIDI… y DATACIONES GEOLÓGICAS V.

marzo 24, 2009

Marzo 24/2009

Continuando con una serie de presentaciones de evidencias que confirman los errores de la datación geológica [muchos más que los que pueden imaginar], hoy les presento otro que ni es menos importante que los anteriores ni tampoco que el resto que iré subiendo a este blog, poco a poco.

El caso de hoy lo ocupan unos pequeños objetos metálicos y esféricos expuestos en el Museo de Klerksdorp, Sudáfrica, que han puesto a pensar a científicos internacionales de todos los niveles.

Se trata de unas pequeñas esferas metálicas que fueron halladas a una considerable profundidad bajo tierra, en diferentes minas africanas, desde algunas décadas atrás, algunas luciendo tres ranuras paralelas alrededor de su ecuador. Estas excentricidades fueron descubiertas en una mina de plata de Gestoptesfontein, cercana a la ciudad de Ottosdal, África del Sur.

Mini Esferas Africanas

Sin embargo, cuando comenzó a circular la noticia, saltaron comentarios sobre evidencias mineras que citaban que desde mucho tiempo atrás, y en minas distintas, resultaba usual que los obreros de las profundidades topasen objetos de este tipo, aunque no de forma masiva, sino aislada.

Pese a que las hay de distintos tamaños, ninguna excede los 8 cms, y tienen una característica que las diferencia y que introducen más interrogantes, pues con independencia de su tamaño, pueden dividirse en dos tipos: sólidas y huecas. Las primeras con un metal azulado con algunas pintas blancas; las huecas, en cambio, están repletas de un material esponjoso y blanco que se esfuma al cortarlas y quedar en contacto con el aire.

Pero quizás lo más importante es que su exterior este integrado por una aleación de acero y níquel de gran dureza; así como que presenten unas finas rayas o surcos, que las rodean y dividen en dos hemisferios idénticos.

Esfera sin Respuestas.

Esto pudiera establecer una pauta lógica de datación, puesto que aunque no se sabe con exactitud la fecha en que se descubrió la técnica de fundir mineral de hierro, los primeros artilugios de este metal, desenterrados por arqueólogos en Egipto, si pueden ubicarlos, al menos ya en esa etapa. En realidad, los primeros en producir objetos de hierro, según indicios producto de investigaciones históricas, fueron los ‘hititas’, pueblo ubicado, a mediados del siglo XIV A.C, en la actual Turquía.

Precisamente, su poder se fundaba en tal adelanto, que les proveía de armamento muy superior, así como mejoras navales que acrecentaron su potencial marinero. El tramiento térmico que endurecería aun más las armas de hierro, no llegó hasta el 1.000 a.C., cuando los griegos dominaron esta técnica, más compleja.

Aun así, el límite que fija la posibilidad de aparición de estas esferas, lo establece en realidad la presencia del níquel, pues no hay datos que refieran la aparición de la aleación de este metal y hierro, hasta el siglo XIX. Fue en aquel período que se supo que el hierro, aleado con metales como cobre y níquel, mejoraba su resistencia a la corrosión por oxidación. La historia de la siderurgia dicta que en 1865 ya se hacían aceros con 25 y 35% de níquel.

Luego, estamos ante una frontera creíble desde el conocimiento tecnológico histórico, en que estas esferas pudieron ser elaboradas. Sin embargo, la situación se complicó cuando, durante pruebas de laboratorio a las que fueron sometidas, se precisó que estas extrañas esferas metálicas estaban perfectamente equilibradas; hasta tal punto que excedían el límite de exigencia establecido por la ingeniería NASA, aplicada al diseño de los giroscopios usados en los sistemas de dirección de sus naves espaciales.

Se constató que el nivel de balanceo de algunas de estas esferas alcanzó ¡cien milésimas de pulgada! Y partiendo del criterio de que ese es un logro que hoy solo se alcanza en laboratorios muy especializados, y bajo condiciones de gravedad cero, algunos se ‘estiraron’ para opinar que su procedencia era, o ‘extraterrestre‘ [de nuevo otro cuentito], o de culturas anteriores, que habían adquirido una abismal capacidad tecnológica.

La NASA se interesó por estos objetos y los sometió a estudios en sus laboratorios. Los halló perfectamente balanceados, algo solo posible desde una inteligencia; excluyeron con rotundidad cualquier planteamiento anterior que les señalara como ‘naturales‘. Y yo, por supuesto, no iré contra la opinión de la NASA, pues coincide con la mía: una inteligencia procedente de culturas anteriores, tan anteriores como, por ejemplo… ¿quizás el siglo XV? ¿Acaso hay que viajar más lejos en el tiempo? ¿Hay que subirse a una nave espacial estilo ‘Futurama‘?

¿Por qué no pensar en el nivel de precisión tecnologica que exige la maquinaria de un reloj? ¿No se fabricaron relojes cuyas piezas interiores estaban montadas en áncoras metálicas pequeñísimas, con una oscilación exacta y micrométrica?
Un ejemplo lo vemos en el reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga, del año 1486. Incluso en su inferior hay una ‘esfera‘ calendario. También Italia da su testimonio, con el reloj instalado en la torre del campanario de San Eustorgio, Milán, fechado en el 1309.

Hasta España ha puesto su granito de arena testigo. En un inventario de la Catedral de Toledo, hecho a mediados del 1250, se cita un ‘orologio desbaratado‘; o sea, que había dejado de funcionar… acreditando que estuvo dando su hora allí, ya antes de esa fecha. El tratado de Alfonso X ‘El Sabio’, describiendo la presencia de relojes mecánicos en el 1267, en los ‘Libros del Saber de Astronomía’, también dan fe de ello.

Los sistemas ‘balancines’, ajustándonos más a la perfección citada por NASA, en cuanto a la propiedad de las esferas exóticas, fueron incorporados en relojes portátiles, desde el 1675, mediante una innovación introducida por Huygens. Así que no dudemos de la capacidad de crear objetos precisos que tenían nuestros ancestros, pues en este mismo año, un señor apellidado ‘Newton’, ya revolucionaba la mecánica.

Y ahora, aclarada la posibilidad real de que, desde nuestros bisabuelos hacia acá, hubo capacidad tecnológica de crear estos artilugios, enfrentemos una situación que sí resulta imposible de explicar desde la razón, la lógica y el conocimiento humano. Según Roelf Marx, director del Museo de Klerksdorp, donde se exhiben esferas de este tipo, el estrato de roca donde fueron localizadas corresponde al Precámbrico, la etapa más larga de la Historia de la Tierra… según ‘desinforman‘ los actuales sistemas de datación.

Es decir, desde el Museo se dice al mundo entero, que los depósitos en los cuales se produjo el hallazgo se formaron por sedimentación hace unos 2.800 millones de años; una etapa dónde se calcula no existían aun ni las cianobacterias. ¿Cómo es posible siquiera intentar explicar la presencia de estos objetos ‘manufacturados’, en estratos precámbicos? ¿Quién estaba en disposición, hace miles de millones de años, de la tecnología necesaria para poder fabricar tales piezas enigmáticas?

Una vez más, como otras veces, vemos que los sistemas de datación, cada vez que existe la posibilidad de contrastarlos con una realidad palpable, resultan erróneos hasta la mayor exageración capaz de ser concebida.

Si los involucrados en la geología y la teoría evolutiva resultaran más racionales, actuando como se actúa desde la sensatez, reaccionarían y acabarían reconociendo que las técnicas empleadas para apoyar hipótesis de mundo eónico, no arrojan ni un ápice de credibilidad. Si de verdad la honestidad brillara en sus corazones, cada vez que se vieran ante estas situaciones [que no son aisladas ni mucho menos, sino que son cientos de evidencias], saltaría la señal de alarma gobernada en el mecanismo de la inteligencia, y levantarían la señal de STOP.

Pero no se hace; simplemente se arrojan las evidencias ‘íncomodas‘ a un museo, y se siguen cometiendo los mismos errores, sin mostrar una pizca de deseos de rectificación. Por favor, reaccionen ante la presencia del Hijo de Dios; mediten en su corazón durante un instante, y cuestiónense al menos: ‘¿Y sí estamos equivocados?

Solo pregúntenselo; les aseguro que el Señor verá eso como un primer síntoma de sinceridad en el corazón, el sitio donde nacen las intenciones… quizás esa simple curiosidad, sea el primer paso para convertir su negación en arrepentimiento, y la muerte, en inmortalidad.

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FLAUTISTA DE HAMELIN, NANAS PARA NIÑOS INSOMNES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA IV.

marzo 21, 2009

Desde un año atrás, vengo exponiendo en este blog, que el mayor debate que enfrenta a la Ciencia de hoy, se ciñe sobre el acuerdo geológico-evolutivo, cuya carencia de evidencias científicas y constante suma de contradicciones, la saca del contexto de Ciencias, y la ubica de forma contundente en el terreno filosófico.

Nada que provenga de la corriente filosófica [o no-Ciencia], necesita evidencias, su defensa solo tiene que ocuparse exclusivamente de lo argumentativo. Y eso le pone la cosa fácil a la mentira.

Por eso, cada vez que la sociedad recibe una nueva prueba que deja mal parada a las teorías imposibles, los evolucionistas simplemente se niegan a aceptar tales evidencias. No importa lo arrolladoramente incompatibles que resulten; en lugar de actuar con honestidad científica, admitiendo las evidencias en contra, se obstinan en negar tales pruebas, con argumentacines caprichosas y tergiversadoras. Y eso es lo que se hace en esta página defensora evolutiva:

“Fósiles que sirven de evidencias de la Creación”

Una de las evidencias que intentan desacreditar es la de un martillo hallado en EE.UU., dentro de una roca datada en el Cretácico inferior. De ese link es la siguiente frase:

[Algunos creacionistas dicen contar con evidencias experimentales que contradicen por completo la teoría de la evolución y por tanto, según ellos, es necesaria una creación divina para explicar la biodiversidad de nuestro planeta. Veamos algunas de esas evidencias.]

Ante este planteamiento, es precisa una puntualización pro-creacionista: “No es que indiquemos, por innecesario, la obvia Creación, sino que señalamos que una vez más, se tergiversa cada hallazgo de tipo científico, que resulte ‘incómodo‘ a los defensores de absurdas eras eónicas y de lagartos reinando por los cielos“. En lugar de investigarlo honestamente, se le pone el cartel ‘Oopart’ [Out of Place Artifact o Artefacto fuera de lugar], y se sigue en el tránsito de la mentira.

Lo que señalamos es que, contrario a la incongruencia que estas evidencias suponen para la anticiencia geológica-evolutiva, resultan acordes con la tierra joven presentada en la Palabra de Dios. Se exhibe el martillo fosilizado, como se hace siempre, desviando la atención con una cortina de humo, que en realidad resulta irracional.

Debido a que la sociedad ateísta emerge como clase predominante en el contexto científico actual, se permite que eras geológicas y evolucionismo [anticientificismo], prevalezcan como envenenados cuentos infantiles en las aulas. Así se confirma que casi siempre la historia  la escribe un ‘pueblo vencedor‘, aunque lo contado no sea real; pues la Verdad importa un bledo… si median otros intereses.

Pero la Verdad, siempre ha sido la mejor maquinaria para separar ‘el grano de la paja‘; así que este artículo, como siempre, se aliará a la Verdad, almacenando el grano en la ‘esperanza‘, y acumulando ‘paja desinformativa‘, para que su energía ignífuga valga al menos para darle en el futuro un uso útil a la humanidad.

Y ahora, demostremos lo que defendemos, con algo más que argumentos. Veamos ante todo, como se nos presenta exactamente este ‘martillo fósil’.

Martillo Fosil... ¿Del Cretáceo?

La inmensa mayoría de los autores que se refieren a él, atribuyen el hallazgo a Max Hanh, tejano nacido en 1897, y residente en la zona de Red Creek, cerca del poblado de London en el Estado de Texas. Este señor paseaba junto a su esposa Emma, ‘por la zona en que vivían’, cuando halló una extraña roca que se había desprendido de un promontorio. Notaron que esta presentaba una extraña protuberancia, la recogió y la llevó a su casa.

El pedazo de roca subsistió como ‘curiosa’ propiedad de los Hahn hasta que, en 1946, su hijo George lo partió, y vio que la protuberancia que asomaba por un lado, era en realidad una de las puntas de un martillo atrapado dentro de la piedra. La herramienta conservaba incluso un fragmento del madero que sostenía la cabeza metálica. En la estructura geológica también se encontró cautiva una concha de almeja, que algunos juzgaron como ‘fósil’.

No se imaginaron que estaban ante uno de los hallazgos que serían más estudiados por la arqueología moderna. El hecho de ser ‘parte integral de una roca’, según los conceptos geológicos de formaciones rocosas basadas en períodos geológicos extensos, indujo a los expertos a pensar que estaban ante un artilugio de una antigüedad muy importante.

El que la madera del mango del martillo estuviera totalmente fosilizada y que la cabeza de hierro apareciera fundida monolíticamente en la piedra, certificaba algo sin duda alguna: el martillo, mango incluido, era ‘anterior‘ a la formación del peñasco. Y ante esta situación, nadie quiso investigar el martillo fósil, decidiendo relegarlo al ‘exilio‘. Así, fue condenado al ostracismo en una vitrina del pequeño Museo Somerwell, Texas, durante décadas.

Pero, por fortuna, el investigador norteamericano Carl Baugh, defensor de las teorías creacionistas, supo de su existencia, y lo compró en 1983, colocándolo en la exhibición de su ‘Creation Evidence Museum’, en Glen Rose, Texas.

De más está decir que, en lugar de aceptar la no concordancia del objeto, con lo que expone la teoría de eras millonarias y mamíferos convirtiéndose en ballena, gracias al ‘birli-birloque’ de la impredecible y ‘mágica’ ‘selección natural’, se acude a la descalificación. Una vez más, se intenta quitar credibilidad, incluso a lo que aparece ante nuestros propios ojos… como si el mundo fuera ciego y fácil de convencer.

Señores evolucionistas: la descalificación personal no es honesta; no es recurso científico, sino golpe bajo, insidioso, y vulgarmente impúdico. Si se difama de una persona, y se sustenta en la honestidad personal para hacerlo, basta con hacer una acusación formal en cualquier juzgado norteamericano, entre los millones de amigos evolucionistas que viven allí, y si hay en realidad algo ilegal, la justicia pondría las cosas en su sitio.

Sin embargo, lo que vemos es que, pese a la intoxicación por alergia en el mundo darwinista, el museo sigue en pie, sin ninguna orden judicial para cerrarlo. Lo que vemos, es que el Sr. Baugh, pese a las acusaciones que se le hacen, es un ciudadano sin antecedentes penales, que vive en total libertad, disfrutando como un niño en su museo cristiano.

Lo que molesta en realidad es que los investigadores defensores del diseño inteligente y la Creación, decidieron que lo realmente científico no era apartar ‘hallazgos incómodos‘, sino indagar ‘científicamente‘ ‘tal incomodidad‘, pues lo importante no es defender un precepto, sino la Verdad que los instituya. Y esto les hace pupa a los enemigos de Dios.

La Ciencia creacionista garantizó lo que se debería haber hecho desde el primer momento: un análisis detallado del bloque y del artefacto. La primera percepción, indicaba la madera del mango estaba petrificada; su parte interior presentaba la misma porosidad del carbón vegetal. Algo que en aquellos lares ha ocurrido con cierta frecuencia, pues los bosques de árboles petrificados de Texas son bien conocidos; son consecuencia del proceso geológico normal, mediante el cual la madera concluye en piedra combustible natural.

La cuestión está en que la Ciencia dice que para que esto ocurra deben transcurrir millones de años. Y ese es el primer dato desestabilizador que aporta la herramienta, puesto que, si los primeros ‘homínidos‘, se ‘fabula’ que no surgen hasta hace 7 millones de años, pero se sabe con certeza que solo pocos siglos atrás se llegó a la tecnología de la fundición del hierro, no queda más remedio que reconocer la contradicción… y el asomo de lo que en realidad ‘rompe‘ con todo su poder ese martillo.

Porque lo real es que Red Creek, el sitio donde vivían físicamente sus descubridores, está situado en la zona geológica ‘Hensel Sand Formation’, científicamente ‘datada‘ en el Cretácico Inferior; o sea, atañe a un período que oscila desde 146 hasta 99 millones de años. Incluso se dice que en esta etapa coincidió la proliferación y extinción-involución de varias ‘familias’ de dinosaurios.

Tácitamente, se asegura la abundancia de ceratopsianos, tyrannosáuridos, hadrosaurios, haciéndola coincidente con la extinción de stegosaurios, así como el anticientífico e improbable, ‘empequeñecimiento‘ de los grandes saurópodos… que hipotéticamente dieron lugar a las primeras aves. También proclaman la aparición en este período, de las primeras plantas con flores; aunque afortunadamente se ha mantenido el tipo al menos en este sentido, y no se asocia con los gigantes del fabulesco ‘Parque Jurásico’.

Lo exacto y preciso, según este link, es que la ‘Formación Hensel, ‘científicamente‘ se ubica en el Cretácico Inferior: entre 110-115 millones de años, del pasado fantástico:

“Ubicando Formación Hensel”

Y este otro link lleva a un artículo ‘bien documentado‘ sobre ‘fases evolutivas vinculantes‘:

“Explicación evolutiva”

Estas evidencias exponen al mismo ahorcado como suministrador de soga justiciera. O sea, no fue el Sr. Baugh, sino los propios divulgadores geológicos-evolutivos, quienes sentaron la pauta de la disputa, al certificar la presencia de un útil irrefutablemente industrial, en un período eónico. Una lamentable ‘barrabasada anticientífica‘.

Pero esto no para aquí, pues el misterio respecto a la cabeza del martillo es aun mayor. El Instituto Metalúrgico de Columbia efectuó nuevos análisis que le señala integrado por un 96,6% de hierro, 2,6% cloro, y 0,8% azufre. Y tal combinación dicta que es hierro casi puro, algo sólo viable con avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, se efectuaron radiografías, y gracias a los rayos X se dedujo que en el proceso de obtención, el hierro fue purificado y endurecido; lo cual, tecnológicamente, le acerca aun más a lo contemporáneo.

Incluso la concha de almeja ‘acompañante’, contradice al dato de la ‘Formación Hensel’ ya que según zoólogos, corresponde a un molusco moderno, y no a un bivalvo “fósil’. De modo que la ‘datación científica‘ dice que esta zona corresponde a un pasado en el que los dinosaurios hacían de las suyas… y al mismo tiempo ubica la ‘revolución industrial’ en una época que revolucionaría la mecánica clásica.

Según el ateísmo geológico-evolutivo, faltaban millones y millones de años para que los humanos ‘afloráramos‘ en el planeta… sin embargo, solo manos humanas fabricaron y usaron ese martillo. Otra evidencia más de lo errada [también puede leerse con ‘h‘] que resulta la datación geológica, y por ende la ‘sabiduría pétrea’.

Sapiencia digna de ocupar un puesto entre los clásicos de la literatura infantil, no de invadir un espacio correspondiente a los libros de Ciencia. Toda biblioteca del mundo a la que asistan estudiantes que buscan aumentar un conocimiento fundamentado en la Verdad empírica y demostrable, debería negar un espacio a tanta mentira inconsistente.

De nuevo se demuestra que la datación geológica no es Ciencia, que la humanidad no es tan vieja como se pretende insinuar… y que cada hallazgo ‘Oopart’ se constituye en sí mismo como una congruencia con lo que se nos instruye en la Biblia: Un mundo creado por Dios, donde el hombre surge solo unos días después del planeta, y en una fecha no más distante que los 6000 años que pudieran muy bien establecer el plazo de caducidad de la existencia material, y la prevalencia de un espíritu definitivamente eterno.


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