DARWIN: AUTOPISTA AL INFIERNO.

agosto 13, 2009

La última muestra de la feria Arco, ante el revuelo que hace poco provocó en el Islam la publicación de una revista con viñetas satirizando a Mahoma, y temiendo la potencial reacción violenta de algún comando integrista, dio otro toque de humor negro [yo diría ‘rojo’], eligiendo insultar a los serenos cristianos. Irreverentemente, se presentó a Cristo con un misil en la mano. El hijo de Dios hecho hombre, a quien la historia solo le imputa milagros de curación, instrucción pacifista y actos de amor, fue exhibido como icono del belicismo. ¡Hasta dónde llega la influencia satánica sobre la humanidad!

Intentaron la gracia, vejando al mártir histórico más dócil. El único líder espiritual que hizo que cojos andaran, ciegos vieran y muertos resucitaran, antes de ofrendar su sangre en la cruz como purga del pecado humano, y reconciliación del mundo con su Creador.

En la materialista y poco espiritual Europa, no hay límites de libertad de expresión. Toda provocación morbosa vende; y eso auto faculta para la ofensa. Y es que, bajo el talante chistoso y abierto, en realidad este continente aviva su retorno al integrismo total, en lo cultural, religioso, político, económico… y por supuesto, y con mucha saña, incluso en la seudo ciencia, con ejemplos de expresiones como esta:

“Y no es que los métodos y las instituciones de ciencia nos obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino, por el contrario, que nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a las causas materialistas para crear un aparato de investigación y una serie de conceptos que produzcan explicaciones materialistas sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.”

La frase: del evolucionista Richard Lewontin, en ‘‘Billions and billions of demons’; un cabal modelo de integrismo puro y duro. La seudo ciencia apelada por la filosofía enemiga de Dios, no es más que un medio para lograr un fin: que el mundo olvide a su Creador. La sensatez les tiene sin cuidado; la única meta es la corona del ateísmo, y el destierro de Dios del alma humana. Fiel a tal obcecación, se niega sin razonar, a priori, lo que instruye un Creacionismo Bíblico cada vez más fuerte; posiblemente porque ante la verdad científica, el ilusionismo darwinista se queda sin recursos.

Hace poco, el Consejo de Educación de Kansas aprobó medidas que abren su escuela pública a la Verdad del Diseño Inteligente, según instruye el Génesis. En reacción a esto, evolucionistas de todo el mundo se tiraron de los pelos. No obstante, ¿es anticientífica la teoría del Diseño Inteligente? Todo lo contrario; lo que ocurre es que el neodarwinismo se ha reorganizado con tintes integristas: se auto proclama dueño del conocimiento, y fiel a lo que propugna Lewontin, su hacha está lista para cortar el pie de todo aquel que divulgue la imposibilidad del ‘auto-evolucionismo’ biológico.

El sostén del Diseño Inteligente es tan sólido, que cada día anula más los recursos de réplica de sus detractores. Un ejemplo es la imposibilidad de explicar el origen de la vida desde componentes químicos; ratificada por el mismo Stephen Hawking, al afirmar que la traba principal sigue siendo explicar la aparición de seres cognoscitivos, tras catorce mil millones de años de evolución, desde la espacial sopa flotante guisada en el Big Bang.

Pero volvamos a la feria; el donostiarra Luis Rico, director de Medialab, junto al Centro de Biotecnología del CSIC, mostraron el proyecto Gnom [sopa sin ‘cocinero’], en un rincón apartado. Y el personaje principal del acto fue una bacteria: la Escherichia Coli.

Como siempre, ante la ausencia de evidencias, la suposición reina sobre enigmas, la especulación impone su bata blanca y su título académico; mas lo que se pretende mostrar como elemental forma de vida, y primer paso para la generación de los animales superiores, en realidad se convierte en un boomerang de complicaciones que, como siempre que se razona, deja a los defensores evolucionistas en una difícil posición, sumamente débil en respuestas.

La presentada como supuesta autora de la vía ascendente hacia animales aparentemente más sofisticados, se eligió por ser unicelular [procariota]. El trazado evolutivo dice que los organismos unicelulares fueron ganando en complejidad y que adquirieron por sí mismos los orgánulos forzosos, para ‘trasmutar’ en las células eucariotas que forman al más de un millón de especies de animales y plantas que integran el resto de la vida.

Sin embargo, ‘Coli’ no es tan simple como se pretende hacer ver. En general, el microbio puede dar lecciones magistrales de eficacia, vitalidad y adaptación. Ningún otro animal, que debiera ser más complejo según el árbol evolutivo tradicional, logra hacer frente a los ataques químicos que enfrenta, soporta, y vence la bacteria. Extrapolando la escala, ni siquiera la raza humana, supuestamente más completa por su ubicación filogenética, sería capaz de resistir lo que esta diminuta célula independiente.

O sea, la microscópica bacteria no constituye evidencia de ‘paso’ hacia complejidad, sino que ya es compleja en sí misma. Responde a un diseño inteligente, aunque se pretenda no reconocerlo por todos los medios, pues cuenta con un programa ADN, y la regulación de precisos sistemas digestivo, reproductor, defensivo, etc. Ante cualquier ataque reacciona creando nuevas cepas, que nacen resistentes a tal agresión; posee, al igual que animales superiores, un sofisticado sistema auto inmune… inscrito en una simple célula. ¡Su defensa está programada en su ADN! Desde su genoma salen las órdenes para elaborar cualquier proteína protectora. Debido a su capacidad de reacción neutralizante, ante casi todo tipo de ataque químico, es irrefutable que opera con procesos cognitivamente organizados en su instrucción genética. ¿Quién diseñó e inscribió tan magna instrucción?

Cada vez que la Ciencia honesta logra penetrar en lo que poco antes era insondable, se topa con el hecho real de que cada investigación es congruente con la Palabra de Dios… y contradice a Darwin. No hay ni un enunciado evolutivo, que se corresponda con el testimonio bíblico de la Creación; el darwinismo es antitético respecto a la instrucción de Jesús; es todo lo contrario a la Palabra de Cristo.

¿Por qué el Vaticano da coces contra el aguijón y apoya versión distinta? Lía a más de mil millones de fieles, y abraza antojos ateos, negando el saber de Jesús, que nos enseñó sobre las pruebas de fe. Al ser tentado por satanás en el desierto, dio ejemplo de cómo había que afrontarlas: ¡Confiando en la Palabra de Dios! Tres veces fue probado y, pese a ser quien era, en las tres respondió con lo escrito en el Pentateuco judío. [Mat 4:4-10]

No hay más vueltas que darle: si el Señor, Escrituras bajo el brazo, formó a sus apóstoles refiriendo el principio de la Creación, Adán, Noé y el diluvio, Sodoma y Gomorra, etc., acreditó para siempre la verdad del manuscrito, y con ello, la de su primer libro: el Bereshit. [Génesis griego]. ¿Acaso la sangre de Cristo, con la que acuñó Su Verdad en la cruz fue una media sangre? ¿Fue un cuño a medias? ¡Nadie está autorizado para amoldar Su Verdad a pensamiento humano! Recordar 2ª Corintios 1:19:

Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en Él”.

Nadie que anteponga criterio humano a la Palabra de Dios, puede proclamar luego ser adalid cristiano. No se puede estar al mismo tiempo con Cristo y contra Él. Hemos sido advertidos, y vivimos el momento histórico de la profecía; pero ante la real posibilidad de defender lo que el Señor enunció en su momento, la vanidad opta por lo inverso: ‘Cristo mintió, y el ateísmo lleva razón’. ¡Tal mensaje es anatema! Apoya una falacia y defiende que Dios no nos creó, que los monos fueron mutando por arte de birli-birloque, y que salimos de debajo de la manga del azar. ¡Qué vergüenza!

Y lo peor es que no hay ninguna posibilidad real de tal hecho, porque La Ciencia [con mayúsculas], fija que las casi 200 especies distintas de primates ni se aparean entre sí, ni generan otros individuos que no sean los de su mismo tipo. El ‘homínido’ del año de la corneta de piedra, del que pretenden derivarnos, es un fraude sin fundamento científico. ¡Jamás pudo aparecer, por mucho que intenten hacer creer lo contrario!

Pese a que está escrito que sucederían estas cosas, los principales encargados de defender la credibilidad de la Biblia, el sustento del evangelio de la Creación, y la Verdad de Jesús, llegado el tiempo más importante, le dicen al pueblo que Cristo engañó, y se alinean con los enemigos de Dios. ¿Estaba acaso Darwin con Jesús? ¿Apoyó alguna frase cristiana? ¡NO! ¡Darwin fue la marioneta del antiCristo! Jesús la vio venir; y nos alertó, casi dos mil años antes que el payaso exhibiera sus malabarismos de ‘reajuste constante’:

Quien no está conmigo, está contra mí; y quien conmigo no recoge, desparrama” [Mat 12:30; Luc 11:23]

Lo cierto es que ningún científico ha podido presentar jamás, una evidencia que refute al Génesis bíblico. Su original Bereshit judío muestra aun una colosal salud verídica, pese a tener unos cuantos milenios a sus espaldas; de hecho, constituyó el libro de consulta de la mayoría de los científicos de vanguardia que sentaron las bases de todas las Ciencias. Sin embargo, cada vez más, en este tiempo materialista enfrentamos a un integrismo filosófico que, sin presentar evidencias ciertas, se ha colgado la bata de sabiduría, ha logrado atravesar el umbral de la Ciencia, y dispone un nido para satanás, en donde siempre existió la armonía de Dios con el conocimiento humano.

No todos los libros que se venden como científicos exponen Ciencia. En realidad, muchos son de ateísmo filosófico, encubiertos con títulos académicos, mas con ausencia total de evidencias en el caso de la biología evolutiva, tergiversación de las pruebas en el de la paleontología, y mala praxis en geología/paleontología.

La palabra ‘megalomanía’, derivada de las griegas ‘mégalos’ [grande] y ‘manía’ [locura], define perfectamente al darwinismo. El evolucionismo megalómano no apostó jamás por la instrucción científica, sino por una trinchera filosófica desde donde lanzar un ataque continuado, conociendo la debilidad primaria del humano: la necesidad de la no existencia de un Cristo que vendría a por sus fieles, y que luego pediría al resto las cuentas por sus actos. El eterno enemigo de Dios, conocedor de las batallas interiores del alma humana, concibió este ardid y lo lanzó a la palestra de la única especie capaz de razonar y de tener conciencia del ‘yo’; la única con espíritu… y le dio resultado.

No es una guerra de conocimiento vs atraso, sino una ofensiva espiritual, cuyo objetivo desde el inicio fue entronizar al constantemente anunciado antiCristo, e intentar desintegrar la verdad científica de la Creación de Dios. Las sutiles e invisibles fuerzas de satán, desde lo más bajo de la cuarta dimensión espiritual, tienen el suficiente poder sobre hombres y mujeres, para llevarles a donde quieren. Mediante la individual tendencia a los distintos tipos de pecado, utiliza los canales interiores del ser humano para lograr su objetivo: la renuncia al derecho que da a todos el propio Jesucristo, a la vida plena y eterna bajo su reinado, en el Sión definitivo. Pero el Plan de Dios se hará, no importa los intentos enemigos por evitarlo.

La Creación basada en un Diseño Inteligente, exhibe su cuño más demoledor en el ADN,  la Instrucción para crear, desarrollar, mantener, y reproducir todo tipo de vida. Quien piense que esos miles de millones de datos que aparecen en cada ser humano, hayan podido ser diseñados, programados, secuenciados, organizados, y codificados por el azar, no hace uso del raciocinio otorgado a todos. No mira lo ‘que es’, sino, lo que ‘quiere que sea’, es lo que mira. Pero, según está escrito, lo ‘que es’ será, aunque muchos no lo deseen; son palabras de Jesús, legadas para que las tengamos presente:

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”. [Mat 24:35, Mar 13:31, Luc 21:33]

No son palabras de Darwin, sino de Cristo; ¡Ojalá las ovejas dejaran de creerse cabras! Ojalá, antes de agotar su tiempo, aprendieran a ser fieles al Pastor Universal, cerrando los ojos a los tentadores falsos prados… los envenenados pastos del diablo.

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ALADINO, MICKEY MOUSE… y DATACIÓN GEOLÓGICA VI

marzo 29, 2009

Prosiguiendo con el propósito de demostrar cuánto cuento [¡Buenos parónimos!] encierran los bien llevados hermanos [e hijos de un mismo padre] datación geológica y teoría evolutiva, voy a recurrir a un nexo gramatical que viene que ni pintado:

Si hablamos de ‘aforismo’ en Ciencias, referimos una sentencia doctrinal, supuesta como guía; una declaración o sentencia concisa, ‘pactada’ por un foro de personas que intenta expresar un principio símil a la verdad, del modo más breve y ajustado posible. Mientras, el latín ‘axioma’ refiere un punto de partida de un juicio considerado tan evidente, que no necesita demostración. Por ejemplo: ‘Los perros tienen 4 patas’, es un axioma obvio.

Así, conviene distinguir entre aforismo y axioma. Los aforismos brotan de bases pre establecidas, mientras que los axiomas son verdades obvias, que no requieren una comprobación. El decir: ‘los hombres evolucionaron del mono‘, es un aforismo. ¿Perciben la diferencia? Sin embargo, la política del ‘calzador’, inexcusablemente ha hecho que se conciba en las aulas esta afirmación homo-simiesca, anticientífica y esperpéntica, como un axioma de ley. Y partiendo del concepto, no amparado en asignatura científica alguna: ‘el tiempo es magia‘, se ha investido la datación geológica/radiométrica como herramienta ‘seudo’, para forzar el salto de aforismo a axioma.

Justo ese método ha dado lugar a un fraude axiomático más, presentado como ‘evidencia científica’. Se trata del cráneo de ‘Kabwe’; más conocido como de ‘Broken Hill’, por ser hallado por el minero suizo Tom Zwiglaar, junto a una mandíbula superior de otro individuo, un sacro, una tibia, y dos fémur, en las minas de hierro y zinc de este nombre. [pág 208, Donald Johanson, ‘From Lucy to Language’]

Los fósiles de la tibia y el fémur se asocian al cráneo, y la datación efectuada les situó entre los 125 y los 300 mil años. Se declaró ‘homínido’, del grupo ‘Homo Rhodesiensis’, y se nominó como ‘el Hombre de Rhodesia’. El sitio paleontológico fue destruido luego por una filtración de agua; se convirtió en un profundo pozo, y no se pudo visitar nunca más.

El cráneo hizo pensar a los investigadores en alguien muy robusto, con un rostro muy similar al ‘Homo neanderthalensis’ [nariz grande y gruesa], y se le consideró ‘Neanderthal africano’. Sin embargo, sondeos recientes señalaron caracteres intermedios entre los modernos Homo Sapiens y el Neandertal, y esto hizo que gran parte de los ‘expertos’, terminaran ubicándole en el grupo ‘Homo Heidelbergensis’, aunque con denominaciones tales como ‘Homo Sapiens Arcaico’ y ‘Homo Sapiens Rhodesiensis’.

Hasta aquí, ha funcionado la argumentación; solo luego de crear el entramado con ropaje científico, que le aportara ‘credibilidad‘, se envió al museo. Pero, ¿qué hay en realidad en ese cráneo, que se ha ocultado a la opinión pública?

La minuciosa investigación del Doctor Jack Cuozzo, biólogo [Universidad de Georgetown] y Doctor en Cirugía Dental (D.D.S.) [Universidad de Pennsylvania], logró esclarecer este escabroso fraude, que, caprichosamente, en claro ejercicio de anticientificismo, aun permanece exhibido en el museo londinense.

Lo distintivo de este cráneo, que motivó el interés del Dr. Cuozzo, es que su lado izquierdo exhibe un orificio redondo de bordes planos, que solo pudo haber sido producido por una broca movida por un taladro cirujano… o por un proyectil salido de un arma convencional. Y también, que en el lado contrario el hueso muestra un estrago de área mayor, típico de la salida de un proyectil. Al acudir a un experto forense berlinés, este dijo que el agujero era exacto al de heridas de bala vistas en su profesión. O sea, se está ante un ‘Neanderthal’… que murió por arma de fuego. ¿Qué falla aquí? Sin duda alguna: la razón.

El investigador refiere que usó la técnica de rayos X, sobre el simétrico agujero del lado izquierdo, en el hueso temporal, y la radiografía reveló un orificio casi redondo. Sus medidas era casi de 8 mm exactos, con una variación puntual del 3.75% [7.7 mm de alto]. Parecía hecho adrede, con algún fin médico o supersticioso.

Neanderthal 'balaceado'

Y aquí estamos ante algo muy interesante: la trepanación craneal ha sido una de las prácticas mágicas y/o terapéuticas más universalmente extendidas; tal vez sea la operación quirúrgica más antigua en la Historia de la Medicina. La primera evidencia de este tipo de praxis es de un fósil datado en el Neolítico, entre el 7000 y el 4000 a. C. Los antiguos egipcios, mediante cuchillos, escoplos y mazas, lo usaban como función terapéutica, para aliviar migrañas, mareos, epilepsia o mitigar la presión ejercida por un coágulo luego de un traumatismo. También se ha visto en cráneos incas, revelando supervivencia del ‘paciente’.

Pero este agujero zambiano era diferente por dos motivos. El primero: hay otro boquete en la parte trasera inferior [hueso occipital], en un punto imposible de efectuar trepanado y que el sujeto siga vivo, pues es donde la columna vertebral entra en el cráneo. Esta segunda brecha en la parte inferior, resultaba mucho más grande que el primer orificio.

Se examinó linealidad entre ambos, y se consiguió mediante la varilla usada comúnmente por la policía, al buscar trayectorias. En la figura se ve la barra de acero pasando entre las dos aberturas. Obviamente, solo una bala habría logrado tal conexión y direccionalidad, pese a atravesar algo tan duro como el hueso compacto del cráneo, que habría desviado cualquier otro impacto natural, como por ejemplo, el de una piedra.

Direccion del Proyectil

El segundo motivo ya se ha comentado: el orificio es más grande dentro del cráneo, la zona cerebral, que el del exterior. Algo perfectamente visible en la foto. Y esto se ajusta a la descripción de los puntos de entrada y salida de una bala.

Aquí pudiera pensarse que alguien de más actualidad, pudo haber usado el fósil como ‘tiro al blanco’; pero ello habría destrozado un hueso casi mineralizado. Así que no queda más opción que concluir que la bala o fue la causa de la muerte de su dueño o se disparó con el hueso aún sin fosilizar. Mas eso resultaría imposible para un Neanderthal, pues si hay algo cierto, es que las armas de fuego no se fabricaron hasta el siglo XIII dC, cuando en China se hicieron las primeras mezclas pirotécnicas de salitre, carbón y azufre, y se usaron como explosivos propelentes, en armas rudimentarias de bambú.

Por otra parte, no se vio ninguna prueba de curación del hueso alrededor del agujero de entrada; y eso descarta una, poco probable, ‘operación quirúrgica’. El labio levantado sobre la superficie externa e inferior del orificio del hueso temporal tiene dos hendiduras que no son características de recuperación post traumática.

Pero en realidad, el análisis médico fue el que llevó a una conclusión sorprendente. La radiografía presentó una silla turca, sitio de la glándula pituitaria, ampliada y aplanada, así como los senos paranasales presentaban baches mayores del tamaño habitual, en la zona del mastoides izquierdo. También se presentaba la protuberancia externa occipital (el hueso puntiagudo al dorso del cráneo).

El hecho de que no fuera hallada la mandíbula inferior fue desafortunado, pues esta es útil para diagnosticar ciertas patologías; pero, sin embargo, el maxilar superior presentaba evidencias que gritaban la enfermedad padecida por la víctima del disparo. En realidad, habían matado a un ser que distaba mucho de ser normal.

La mayor parte de los dientes estaba totalmente descompuesta, y los huesos de la bóveda craneal eran demasiado gruesos. Por ejemplo, la base del occipital suele tener unos 6-8 mm de espesor; sin embargo, la radiografía lateral arrojó que la parte superior de ese hueso, en el fósil, tenía 13.8 mm, algo muy superior a lo usual.

La radiografía muestra además la protuberancia externa occipital [el hueso picudo descrito antes]; y esta proyección puntiaguda del hueso aparece aplanada, como debida a daño metabólico. La mayor parte del lado derecho había sido substituida por una sección deforme, incluyendo la de la protuberancia externa occipital; y todos los huesos que conforman el contorno del cráneo, según las vistas frontales y laterales de rayos X, mostraron espesor anormal.

Así, estos estos datos llevaron a diagnosticar ‘acromegalia’, enfermedad genética que activa secreción en exceso de la hormona de crecimiento [se manifiesta así a día de hoy]. Dolencia que provoca aumento desmedido en zonas acras: manos, pies, nariz y orejas. Algo que vengo reiterando en el blog desde su estreno, hace un año: se crean ‘homínidos’ donde se vea un fósil humano [o mono] con malformaciones congénitas que faciliten el bulo seudo científico.

Es decir, los agujeros de bala con entrada y salida, más el resto de deformaciones óseas, no señalan hacia un ser eónico, sino a un humano de procedencia mucho más reciente en el tiempo… muy posterior a la pólvora. Con su trabajo realmente científico, el Dr. Cuozzo, logró mostrar que el cráneo perteneció en realidad a un humano moderno ‘muerto por disparo de bala’.

La mandíbula inferior habría sido un factor clave en este diagnóstico, puesto que en cuadros acromegálicos, su posición quedaría por delante de la superior, posición normal de mandíbulas cerradas en estos enfermos; también presentaría un hueso mucho más fino que el de la dentadura superior, pues es típico de esta dolencia. Habría evidenciado a un ser humano convencional, portador de esta anomalía genética; y tal ausencia no puede resultar menos que sospechosa: ¿Por qué apareció el cráneo sin su quijada incriminatoria?

Pero aun hay otra incriminación más: en el año 1958, en Capetown, South Africa, R. Singer publicó un artículo de corte ‘evolutivo’ sobre este ‘Neanderthal’. Ahí se presentó otra radiografía del cráneo, pero en este caso, como ‘negativo fotográfico’. ¿Por qué no se presentó como original? Juzguen ustedes mismos:

Con Malicia

Como puede apreciarse, en el negativo, toda parte blanca aparece negruzca; toda el área clara, alrededor del cráneo, se ve oscura; gracias a eso, en el negativo no se percibe agujero de bala; al ser grisáceo el interior de la cavidad craneal, se hace imperceptible. ¿Hay o no hay malicia fraudulenta y embuste dirigido? Ahí tienen la verdad evolutiva: razonamiento circular, e intencionalidad a toda costa, donde la honestidad sobra.

No hay mejor contraste que la confrontación. Abajo expongo una radiografía de un acromegálico de la actualidad, sacada de Medline, y a su lado la del ‘ falso neanderthal’. Compárenlos y juzguen; verán como la protuberancia característica es evidente en ambos casos, aunque obviamente, en el fósil, la enfermedad está más avanzada.

Cráneos Aglomegáricos

Ante este aporte verdaderamente científico, la honradez obligaría al museo de Londres a retirar el cartelito de ‘Hombre del Neanderthal’. Incluso, visto a la tenue luz de la débil vela evolutiva, donde cualquier irracionalidad puede convertirse en razonable, pudiera extenderse aun más la información, y señalizar, por ejemplo: ‘Hombre del Neanderthal, asesinado a tiros por Australopithecus Africanus en ‘ajustes de cuentas’‘.

Total, a los niveles de sublimidad a los que se ha llegado, cualquier cosa cuela; y al cuentito para niños ‘Alí Babá y los Cuarenta Ladrones’, podría adicionársele otro en plan sátira: ‘Alí Darwin y los Ladrones de la Verdad‘. Podría ser, desde luego… si no fuera porque estamos ante algo tan serio, como pocos son capaces de comprender.

Si de alguna forma se quiere nominar a los ancestros humanos, habría que usar la única coherente con la Verdad: ‘adánicos’. Todo lo demás es cuento ateo con la direccionalidad antiCristo que nos fue alertada reiteradamente por los primeros discípulos de Jesús; como para que no nos cogieran desprevenidos. Pues bien, hoy están aquí entre nosotros, inoculando el veneno malicioso a todo aquel que como ellos, prefieran no razonar, disfrazados de conocimiento; y eso solo quiere decir una cosa: estamos más cerca de ver cumplida la Promesa de regreso del Cristo. El Señor está a las puertas y llama. ¿Ha pensado en Él?

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ABEJITA MAYA, HEIDI… y DATACIONES GEOLÓGICAS V.

marzo 24, 2009

Marzo 24/2009

Continuando con una serie de presentaciones de evidencias que confirman los errores de la datación geológica [muchos más que los que pueden imaginar], hoy les presento otro que ni es menos importante que los anteriores ni tampoco que el resto que iré subiendo a este blog, poco a poco.

El caso de hoy lo ocupan unos pequeños objetos metálicos y esféricos expuestos en el Museo de Klerksdorp, Sudáfrica, que han puesto a pensar a científicos internacionales de todos los niveles.

Se trata de unas pequeñas esferas metálicas que fueron halladas a una considerable profundidad bajo tierra, en diferentes minas africanas, desde algunas décadas atrás, algunas luciendo tres ranuras paralelas alrededor de su ecuador. Estas excentricidades fueron descubiertas en una mina de plata de Gestoptesfontein, cercana a la ciudad de Ottosdal, África del Sur.

Mini Esferas Africanas

Sin embargo, cuando comenzó a circular la noticia, saltaron comentarios sobre evidencias mineras que citaban que desde mucho tiempo atrás, y en minas distintas, resultaba usual que los obreros de las profundidades topasen objetos de este tipo, aunque no de forma masiva, sino aislada.

Pese a que las hay de distintos tamaños, ninguna excede los 8 cms, y tienen una característica que las diferencia y que introducen más interrogantes, pues con independencia de su tamaño, pueden dividirse en dos tipos: sólidas y huecas. Las primeras con un metal azulado con algunas pintas blancas; las huecas, en cambio, están repletas de un material esponjoso y blanco que se esfuma al cortarlas y quedar en contacto con el aire.

Pero quizás lo más importante es que su exterior este integrado por una aleación de acero y níquel de gran dureza; así como que presenten unas finas rayas o surcos, que las rodean y dividen en dos hemisferios idénticos.

Esfera sin Respuestas.

Esto pudiera establecer una pauta lógica de datación, puesto que aunque no se sabe con exactitud la fecha en que se descubrió la técnica de fundir mineral de hierro, los primeros artilugios de este metal, desenterrados por arqueólogos en Egipto, si pueden ubicarlos, al menos ya en esa etapa. En realidad, los primeros en producir objetos de hierro, según indicios producto de investigaciones históricas, fueron los ‘hititas’, pueblo ubicado, a mediados del siglo XIV A.C, en la actual Turquía.

Precisamente, su poder se fundaba en tal adelanto, que les proveía de armamento muy superior, así como mejoras navales que acrecentaron su potencial marinero. El tramiento térmico que endurecería aun más las armas de hierro, no llegó hasta el 1.000 a.C., cuando los griegos dominaron esta técnica, más compleja.

Aun así, el límite que fija la posibilidad de aparición de estas esferas, lo establece en realidad la presencia del níquel, pues no hay datos que refieran la aparición de la aleación de este metal y hierro, hasta el siglo XIX. Fue en aquel período que se supo que el hierro, aleado con metales como cobre y níquel, mejoraba su resistencia a la corrosión por oxidación. La historia de la siderurgia dicta que en 1865 ya se hacían aceros con 25 y 35% de níquel.

Luego, estamos ante una frontera creíble desde el conocimiento tecnológico histórico, en que estas esferas pudieron ser elaboradas. Sin embargo, la situación se complicó cuando, durante pruebas de laboratorio a las que fueron sometidas, se precisó que estas extrañas esferas metálicas estaban perfectamente equilibradas; hasta tal punto que excedían el límite de exigencia establecido por la ingeniería NASA, aplicada al diseño de los giroscopios usados en los sistemas de dirección de sus naves espaciales.

Se constató que el nivel de balanceo de algunas de estas esferas alcanzó ¡cien milésimas de pulgada! Y partiendo del criterio de que ese es un logro que hoy solo se alcanza en laboratorios muy especializados, y bajo condiciones de gravedad cero, algunos se ‘estiraron’ para opinar que su procedencia era, o ‘extraterrestre‘ [de nuevo otro cuentito], o de culturas anteriores, que habían adquirido una abismal capacidad tecnológica.

La NASA se interesó por estos objetos y los sometió a estudios en sus laboratorios. Los halló perfectamente balanceados, algo solo posible desde una inteligencia; excluyeron con rotundidad cualquier planteamiento anterior que les señalara como ‘naturales‘. Y yo, por supuesto, no iré contra la opinión de la NASA, pues coincide con la mía: una inteligencia procedente de culturas anteriores, tan anteriores como, por ejemplo… ¿quizás el siglo XV? ¿Acaso hay que viajar más lejos en el tiempo? ¿Hay que subirse a una nave espacial estilo ‘Futurama‘?

¿Por qué no pensar en el nivel de precisión tecnologica que exige la maquinaria de un reloj? ¿No se fabricaron relojes cuyas piezas interiores estaban montadas en áncoras metálicas pequeñísimas, con una oscilación exacta y micrométrica?
Un ejemplo lo vemos en el reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga, del año 1486. Incluso en su inferior hay una ‘esfera‘ calendario. También Italia da su testimonio, con el reloj instalado en la torre del campanario de San Eustorgio, Milán, fechado en el 1309.

Hasta España ha puesto su granito de arena testigo. En un inventario de la Catedral de Toledo, hecho a mediados del 1250, se cita un ‘orologio desbaratado‘; o sea, que había dejado de funcionar… acreditando que estuvo dando su hora allí, ya antes de esa fecha. El tratado de Alfonso X ‘El Sabio’, describiendo la presencia de relojes mecánicos en el 1267, en los ‘Libros del Saber de Astronomía’, también dan fe de ello.

Los sistemas ‘balancines’, ajustándonos más a la perfección citada por NASA, en cuanto a la propiedad de las esferas exóticas, fueron incorporados en relojes portátiles, desde el 1675, mediante una innovación introducida por Huygens. Así que no dudemos de la capacidad de crear objetos precisos que tenían nuestros ancestros, pues en este mismo año, un señor apellidado ‘Newton’, ya revolucionaba la mecánica.

Y ahora, aclarada la posibilidad real de que, desde nuestros bisabuelos hacia acá, hubo capacidad tecnológica de crear estos artilugios, enfrentemos una situación que sí resulta imposible de explicar desde la razón, la lógica y el conocimiento humano. Según Roelf Marx, director del Museo de Klerksdorp, donde se exhiben esferas de este tipo, el estrato de roca donde fueron localizadas corresponde al Precámbrico, la etapa más larga de la Historia de la Tierra… según ‘desinforman‘ los actuales sistemas de datación.

Es decir, desde el Museo se dice al mundo entero, que los depósitos en los cuales se produjo el hallazgo se formaron por sedimentación hace unos 2.800 millones de años; una etapa dónde se calcula no existían aun ni las cianobacterias. ¿Cómo es posible siquiera intentar explicar la presencia de estos objetos ‘manufacturados’, en estratos precámbicos? ¿Quién estaba en disposición, hace miles de millones de años, de la tecnología necesaria para poder fabricar tales piezas enigmáticas?

Una vez más, como otras veces, vemos que los sistemas de datación, cada vez que existe la posibilidad de contrastarlos con una realidad palpable, resultan erróneos hasta la mayor exageración capaz de ser concebida.

Si los involucrados en la geología y la teoría evolutiva resultaran más racionales, actuando como se actúa desde la sensatez, reaccionarían y acabarían reconociendo que las técnicas empleadas para apoyar hipótesis de mundo eónico, no arrojan ni un ápice de credibilidad. Si de verdad la honestidad brillara en sus corazones, cada vez que se vieran ante estas situaciones [que no son aisladas ni mucho menos, sino que son cientos de evidencias], saltaría la señal de alarma gobernada en el mecanismo de la inteligencia, y levantarían la señal de STOP.

Pero no se hace; simplemente se arrojan las evidencias ‘íncomodas‘ a un museo, y se siguen cometiendo los mismos errores, sin mostrar una pizca de deseos de rectificación. Por favor, reaccionen ante la presencia del Hijo de Dios; mediten en su corazón durante un instante, y cuestiónense al menos: ‘¿Y sí estamos equivocados?

Solo pregúntenselo; les aseguro que el Señor verá eso como un primer síntoma de sinceridad en el corazón, el sitio donde nacen las intenciones… quizás esa simple curiosidad, sea el primer paso para convertir su negación en arrepentimiento, y la muerte, en inmortalidad.

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FLAUTISTA DE HAMELIN, NANAS PARA NIÑOS INSOMNES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA IV.

marzo 21, 2009

Desde un año atrás, vengo exponiendo en este blog, que el mayor debate que enfrenta a la Ciencia de hoy, se ciñe sobre el acuerdo geológico-evolutivo, cuya carencia de evidencias científicas y constante suma de contradicciones, la saca del contexto de Ciencias, y la ubica de forma contundente en el terreno filosófico.

Nada que provenga de la corriente filosófica [o no-Ciencia], necesita evidencias, su defensa solo tiene que ocuparse exclusivamente de lo argumentativo. Y eso le pone la cosa fácil a la mentira.

Por eso, cada vez que la sociedad recibe una nueva prueba que deja mal parada a las teorías imposibles, los evolucionistas simplemente se niegan a aceptar tales evidencias. No importa lo arrolladoramente incompatibles que resulten; en lugar de actuar con honestidad científica, admitiendo las evidencias en contra, se obstinan en negar tales pruebas, con argumentacines caprichosas y tergiversadoras. Y eso es lo que se hace en esta página defensora evolutiva:

“Fósiles que sirven de evidencias de la Creación”

Una de las evidencias que intentan desacreditar es la de un martillo hallado en EE.UU., dentro de una roca datada en el Cretácico inferior. De ese link es la siguiente frase:

[Algunos creacionistas dicen contar con evidencias experimentales que contradicen por completo la teoría de la evolución y por tanto, según ellos, es necesaria una creación divina para explicar la biodiversidad de nuestro planeta. Veamos algunas de esas evidencias.]

Ante este planteamiento, es precisa una puntualización pro-creacionista: “No es que indiquemos, por innecesario, la obvia Creación, sino que señalamos que una vez más, se tergiversa cada hallazgo de tipo científico, que resulte ‘incómodo‘ a los defensores de absurdas eras eónicas y de lagartos reinando por los cielos“. En lugar de investigarlo honestamente, se le pone el cartel ‘Oopart’ [Out of Place Artifact o Artefacto fuera de lugar], y se sigue en el tránsito de la mentira.

Lo que señalamos es que, contrario a la incongruencia que estas evidencias suponen para la anticiencia geológica-evolutiva, resultan acordes con la tierra joven presentada en la Palabra de Dios. Se exhibe el martillo fosilizado, como se hace siempre, desviando la atención con una cortina de humo, que en realidad resulta irracional.

Debido a que la sociedad ateísta emerge como clase predominante en el contexto científico actual, se permite que eras geológicas y evolucionismo [anticientificismo], prevalezcan como envenenados cuentos infantiles en las aulas. Así se confirma que casi siempre la historia  la escribe un ‘pueblo vencedor‘, aunque lo contado no sea real; pues la Verdad importa un bledo… si median otros intereses.

Pero la Verdad, siempre ha sido la mejor maquinaria para separar ‘el grano de la paja‘; así que este artículo, como siempre, se aliará a la Verdad, almacenando el grano en la ‘esperanza‘, y acumulando ‘paja desinformativa‘, para que su energía ignífuga valga al menos para darle en el futuro un uso útil a la humanidad.

Y ahora, demostremos lo que defendemos, con algo más que argumentos. Veamos ante todo, como se nos presenta exactamente este ‘martillo fósil’.

Martillo Fosil... ¿Del Cretáceo?

La inmensa mayoría de los autores que se refieren a él, atribuyen el hallazgo a Max Hanh, tejano nacido en 1897, y residente en la zona de Red Creek, cerca del poblado de London en el Estado de Texas. Este señor paseaba junto a su esposa Emma, ‘por la zona en que vivían’, cuando halló una extraña roca que se había desprendido de un promontorio. Notaron que esta presentaba una extraña protuberancia, la recogió y la llevó a su casa.

El pedazo de roca subsistió como ‘curiosa’ propiedad de los Hahn hasta que, en 1946, su hijo George lo partió, y vio que la protuberancia que asomaba por un lado, era en realidad una de las puntas de un martillo atrapado dentro de la piedra. La herramienta conservaba incluso un fragmento del madero que sostenía la cabeza metálica. En la estructura geológica también se encontró cautiva una concha de almeja, que algunos juzgaron como ‘fósil’.

No se imaginaron que estaban ante uno de los hallazgos que serían más estudiados por la arqueología moderna. El hecho de ser ‘parte integral de una roca’, según los conceptos geológicos de formaciones rocosas basadas en períodos geológicos extensos, indujo a los expertos a pensar que estaban ante un artilugio de una antigüedad muy importante.

El que la madera del mango del martillo estuviera totalmente fosilizada y que la cabeza de hierro apareciera fundida monolíticamente en la piedra, certificaba algo sin duda alguna: el martillo, mango incluido, era ‘anterior‘ a la formación del peñasco. Y ante esta situación, nadie quiso investigar el martillo fósil, decidiendo relegarlo al ‘exilio‘. Así, fue condenado al ostracismo en una vitrina del pequeño Museo Somerwell, Texas, durante décadas.

Pero, por fortuna, el investigador norteamericano Carl Baugh, defensor de las teorías creacionistas, supo de su existencia, y lo compró en 1983, colocándolo en la exhibición de su ‘Creation Evidence Museum’, en Glen Rose, Texas.

De más está decir que, en lugar de aceptar la no concordancia del objeto, con lo que expone la teoría de eras millonarias y mamíferos convirtiéndose en ballena, gracias al ‘birli-birloque’ de la impredecible y ‘mágica’ ‘selección natural’, se acude a la descalificación. Una vez más, se intenta quitar credibilidad, incluso a lo que aparece ante nuestros propios ojos… como si el mundo fuera ciego y fácil de convencer.

Señores evolucionistas: la descalificación personal no es honesta; no es recurso científico, sino golpe bajo, insidioso, y vulgarmente impúdico. Si se difama de una persona, y se sustenta en la honestidad personal para hacerlo, basta con hacer una acusación formal en cualquier juzgado norteamericano, entre los millones de amigos evolucionistas que viven allí, y si hay en realidad algo ilegal, la justicia pondría las cosas en su sitio.

Sin embargo, lo que vemos es que, pese a la intoxicación por alergia en el mundo darwinista, el museo sigue en pie, sin ninguna orden judicial para cerrarlo. Lo que vemos, es que el Sr. Baugh, pese a las acusaciones que se le hacen, es un ciudadano sin antecedentes penales, que vive en total libertad, disfrutando como un niño en su museo cristiano.

Lo que molesta en realidad es que los investigadores defensores del diseño inteligente y la Creación, decidieron que lo realmente científico no era apartar ‘hallazgos incómodos‘, sino indagar ‘científicamente‘ ‘tal incomodidad‘, pues lo importante no es defender un precepto, sino la Verdad que los instituya. Y esto les hace pupa a los enemigos de Dios.

La Ciencia creacionista garantizó lo que se debería haber hecho desde el primer momento: un análisis detallado del bloque y del artefacto. La primera percepción, indicaba la madera del mango estaba petrificada; su parte interior presentaba la misma porosidad del carbón vegetal. Algo que en aquellos lares ha ocurrido con cierta frecuencia, pues los bosques de árboles petrificados de Texas son bien conocidos; son consecuencia del proceso geológico normal, mediante el cual la madera concluye en piedra combustible natural.

La cuestión está en que la Ciencia dice que para que esto ocurra deben transcurrir millones de años. Y ese es el primer dato desestabilizador que aporta la herramienta, puesto que, si los primeros ‘homínidos‘, se ‘fabula’ que no surgen hasta hace 7 millones de años, pero se sabe con certeza que solo pocos siglos atrás se llegó a la tecnología de la fundición del hierro, no queda más remedio que reconocer la contradicción… y el asomo de lo que en realidad ‘rompe‘ con todo su poder ese martillo.

Porque lo real es que Red Creek, el sitio donde vivían físicamente sus descubridores, está situado en la zona geológica ‘Hensel Sand Formation’, científicamente ‘datada‘ en el Cretácico Inferior; o sea, atañe a un período que oscila desde 146 hasta 99 millones de años. Incluso se dice que en esta etapa coincidió la proliferación y extinción-involución de varias ‘familias’ de dinosaurios.

Tácitamente, se asegura la abundancia de ceratopsianos, tyrannosáuridos, hadrosaurios, haciéndola coincidente con la extinción de stegosaurios, así como el anticientífico e improbable, ‘empequeñecimiento‘ de los grandes saurópodos… que hipotéticamente dieron lugar a las primeras aves. También proclaman la aparición en este período, de las primeras plantas con flores; aunque afortunadamente se ha mantenido el tipo al menos en este sentido, y no se asocia con los gigantes del fabulesco ‘Parque Jurásico’.

Lo exacto y preciso, según este link, es que la ‘Formación Hensel, ‘científicamente‘ se ubica en el Cretácico Inferior: entre 110-115 millones de años, del pasado fantástico:

“Ubicando Formación Hensel”

Y este otro link lleva a un artículo ‘bien documentado‘ sobre ‘fases evolutivas vinculantes‘:

“Explicación evolutiva”

Estas evidencias exponen al mismo ahorcado como suministrador de soga justiciera. O sea, no fue el Sr. Baugh, sino los propios divulgadores geológicos-evolutivos, quienes sentaron la pauta de la disputa, al certificar la presencia de un útil irrefutablemente industrial, en un período eónico. Una lamentable ‘barrabasada anticientífica‘.

Pero esto no para aquí, pues el misterio respecto a la cabeza del martillo es aun mayor. El Instituto Metalúrgico de Columbia efectuó nuevos análisis que le señala integrado por un 96,6% de hierro, 2,6% cloro, y 0,8% azufre. Y tal combinación dicta que es hierro casi puro, algo sólo viable con avanzadas técnicas metalúrgicas. Además, se efectuaron radiografías, y gracias a los rayos X se dedujo que en el proceso de obtención, el hierro fue purificado y endurecido; lo cual, tecnológicamente, le acerca aun más a lo contemporáneo.

Incluso la concha de almeja ‘acompañante’, contradice al dato de la ‘Formación Hensel’ ya que según zoólogos, corresponde a un molusco moderno, y no a un bivalvo “fósil’. De modo que la ‘datación científica‘ dice que esta zona corresponde a un pasado en el que los dinosaurios hacían de las suyas… y al mismo tiempo ubica la ‘revolución industrial’ en una época que revolucionaría la mecánica clásica.

Según el ateísmo geológico-evolutivo, faltaban millones y millones de años para que los humanos ‘afloráramos‘ en el planeta… sin embargo, solo manos humanas fabricaron y usaron ese martillo. Otra evidencia más de lo errada [también puede leerse con ‘h‘] que resulta la datación geológica, y por ende la ‘sabiduría pétrea’.

Sapiencia digna de ocupar un puesto entre los clásicos de la literatura infantil, no de invadir un espacio correspondiente a los libros de Ciencia. Toda biblioteca del mundo a la que asistan estudiantes que buscan aumentar un conocimiento fundamentado en la Verdad empírica y demostrable, debería negar un espacio a tanta mentira inconsistente.

De nuevo se demuestra que la datación geológica no es Ciencia, que la humanidad no es tan vieja como se pretende insinuar… y que cada hallazgo ‘Oopart’ se constituye en sí mismo como una congruencia con lo que se nos instruye en la Biblia: Un mundo creado por Dios, donde el hombre surge solo unos días después del planeta, y en una fecha no más distante que los 6000 años que pudieran muy bien establecer el plazo de caducidad de la existencia material, y la prevalencia de un espíritu definitivamente eterno.


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ALÍ BABÁ, BLANCA NIEVES… Y DATACIÓN GEOLÓGICA III.

marzo 19, 2009

En la tarde de hoy he estado recogiendo algunas anotaciones; desechando lo que ya no tiene valor, y reclasificando lo que sí pudiera valer en un futuro. Allí he visto unas que escribí hace meses, mientras preparaba un debate, y que sigue llamando mi atención como el primer día: ‘¿Cómo puede explicar la teoría evolutiva que pese a reconocerse la existencia de más de un millón de especies eucariotas superiores, solo una ha desarrollado conciencia?

Solo el humano es capaz de manifestar raciocinio, cognición del ‘yo’, y la capacidad de captar o intuir el ser. Sin embargo, en contrapartida con este hecho innegable, está la otra cara de la moneda: el humano es el único ser vivo que niega las evidencias. Ningún animal tropieza dos veces con la misma piedra; los hombres y mujeres sí; algunos incluso disfrutan haciéndolo.

Un ejemplo de ello lo tenemos en las consecuencias derivadas de un hallazgo efectuado en el otoño del 1885, cuando un trabajador llamado Reidl, en una fundición de Schöndorf, Austria, fundada por Isidor Braun (1801-1866) y luego controlado por sus hijos, derribó un bloque de lignito que había sido extraído en Wolfsegg, a unos kms. de allí, y se vio sorprendido por la presencia de una pieza de hierro salida de su interior.

Un Mazo Inadecuado

El lignito es un carbón mineral que se forma por compresión de la turba, proceso al que se le calcula posibilidad solo después de millones de años de presencia fósil. Se cree que luego de ese tiempo, va convirtiéndose en una sustancia desmenuzable en la que aún se pueden reconocer algunas estructuras vegetales, de color negro o pardo, y frecuentemente con una textura similar a la de la madera de la que procede.

El bloque en cuestión, se quebró bajo la herramienta del fundidor, mientras recolectaba las piezas de tamaño adecuado para alimentar el horno. Ante sus ojos se presentó un pequeño cubo de hierro, integrado aun dentro de restos de carbón; al ser limpio de todo vestigio carbonífero, presentó forma de cubo, y un surco recorriéndolo. El trozo provenía de un envío de carbón desde el yacimiento de Wolfsegg.

El hexaedro metálico fue examinado y luego presentado en 1886 por el ingeniero de minas Adolfo Gurlt, Profesor de Geología en la Universidad de Bonn, durante una conferencia del Naturhistorische Verein [Sociedad de Historia natural]. Allí sugirió que su origen fuera un meteorito que se incrustó en la Tierra en una época muy remota… y que parecía ¡”trabajado, fabricado“!

Un informe aparecido en el diario científico Nature (volumen 35, 11, noviembre 1886, pag 36) describe el objeto como “casi un cubo”, “con una incisión profunda”; certificando con este corte en su mitad, algún tipo de diseño inteligente. De cualquier manera, a no ser que se evidencien ‘obreros metalúrgicos‘ en el espacio, resulta imposible explicar cómo un meteorito obtuvo una forma tan peculiar.

Era cúbico; cuatro de sus seis caras perfectamente llanas, y las dos opuestas ligeramente convexas. Todo esto, y el presentar bordes semi redondeados e inscripciones desconocidas que no podían ser obra de la naturaleza, hizo nacer la incógnita sobre la misteriosa naturaleza y procedencia de dicho objeto.

El cubo, de 67mm x 67 mm x 47 mm, y un peso de casi 8 kg, resultaba difícil de razonar que pudiera ser fruto de la naturaleza; y todas las pruebas realizadas por especialistas de la época, ultimaron que había sido elaborado con técnicas muy avanzadas, y que su aleación no se producía en estado natural. A partir de ahí se le conoció como “El Hierro de Wolfsegg” o “Cubo Salzburgo”.

El hijo del propietario de la fundición lo donó al Museo ‘Heimathaus’ en Vöcklabruck, pero en 1910 el objeto desapareció misteriosamente. Años más tarde reapareció y desde 1950 hasta 1958 se expuso en el museo nacional de Oberosterreichisehes de Linz (Austria) donde se conserva también el molde; pero según Peter Kolosimo, el original salió de Austria, y hoy se puede ver en el Museo Salisbury, en el Reino Unido.

De acuerdo a una revisión posterior realizada en el Museo de Historia Natural de Viena en 1966, el objeto tenía altas probabilidades de ser una pieza de hierro fundido artificial. Ante los argumentos críticos, señalando que las melladuras podrían ser las características de un meteorito corriente, en 1966-67 fue analizado por el Museo Naturhistorisches, en Viena, usando una técnica de microanálisis por rayos catódicos; pero en la muestra de hierro no se halló ningún rastro del níquel, cromo o cobalto, propios de meteoritos, descartando este origen.

Por otra parte, la carencia de azufre mostró que tampoco era pirita, u “oro de los tontos”, llamado así por su parecido a este metal, pero conteniendo un 45.4% de hierro.  La opinión final del Doctor Kurat del Museo y el comité del Geologisches Bundesanstalt en Viena fue que el objeto era simplemente hierro fundido artificial. Una de las hipótesis más aceptadas a partir de 1966, propuso al Hierro de Wolfsegg como parte de una antigua herramienta minera.

Una posterior investigación, hecha por Hubert Mattlianer en 1973, concluyó que la pieza era resultado de una fundición obtenida mediante la técnica llamada ‘cera perdida’. Un moldeo muy conocido por arqueólogos, pues se trata de un procedimiento escultórico muy antiguo, con el que se lograban figuras metálicas, mediante un molde realizado en cera de abeja. Este molde se cubría de un barro especial, se metía en un horno, y la cera derretida salía por unos orificios preparados en el barro, mientras este se endurecía. Entonces se le inyectaba el metal fundido, que adoptaba la forma del recipiente final.

Con esta técnica se obtuvo ‘el ‘centauro de los Rollos‘, originaria de hallazgos del siglo VI a. C, en el Peloponeso, e importada a España por el Museo Arqueológico Nacional.

Centauro de los Rollos

Y hasta aquí, todo el mundo contento: gracias a la implicación científica, se le dio respuesta al enigma. Pero surgió un problema… cuando se supo que los bloques de carbón de donde procedía la pieza, han sido considerados por los sistemas de datación geológicos, como ‘depósito Terciario‘. Es decir, fueron datados en un período que dista del actual, en 65 millones de años. Y precisamente, la consecuencia inevitable de aceptar la existencia de una tecnología minera moderna 60 millones de años en el pasado, relegó al olvido a la cuestionada pieza; literalmente hablando: se le echó tierra al asunto.

Pero, dada la situación actual, en que se intensifica el debate en torno a las obvios errores manifestados continuamente en los sistemas de datación, el ‘Cubo Salzburgo’ se presenta ante nuestros ojos como otra evidencia más de lo extremadamente falibles que resultan dichos métodos, y la poca credibilidad que manifiestan, cuando ‘el azar‘ permite que pueden ser contrastados con la realidad.

Una vez más los sistemas de datación son negados por la Verdad, porque, ¿cómo pudo existir la tecnología de fundición del hierro, en una época que la geología y la evolución de las especies, han concordado en situarles exclusividad a seres tales como los dinosaurios y los ‘casi extintos‘ que ‘nunca lo fueron‘, y aun hacen turismo marítimo: los peces celacantos?

Lo objetivo y palpable es que el terreno carbonífero no tiene los millones de años que quieren endosarle. Se fundamentan en inexistentes edades eónicas solo viables mediante lucubraciones. Lo objetivo y palpable es que estamos ante una prueba contundente de la mentira que contiene cualquier sistema de datación humano. Y lo objetivo y palpable es que ¡el carbón no necesita millones de años para formarse! Solo precisó de la catástrofe mundial del diluvio, unos 4500 años atrás en la historia.

Por eso es que comencé el artículo insinuando que el capricho es lo que convierte al único ser cognitivo del planeta, en el menos previsor de todos los seres vivos. Se sabe perfectamente la vulnerabilidad de los sistemas de datación, pero aun se insiste, y se seguirá insistiendo, siempre que tras las dataciones haya una posibilidad de negar a Dios, envuelta en papel de regalo: prestigio social, nominación académica… y los codiciados dineros de las subvenciones.

Esta tierra tiene exactamente la edad que señala la Palabra de Dios, que Creó todo lo que vemos en seis días: el planeta el primero, y al hombre el sexto. Por eso es que hoy vemos coincidentes carbón vegetal conteniendo en su interior una herramienta producto de inteligencia humana. Y esa Verdad no pueden negarla; ahí está la Tierra, escupiendo sus pruebas ante los atónitos ojos de quienes se empeñar en ocultar la Verdad con traquimañas.

Y muchas más que continuará expeliendo, antes de que pase el tiempo que le queda para cumplir su  sexto mileniversario.

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CAPERUCITA ROJA, LOS TRES CERDITOS… y DATACIÓN GEOLÓGICA II

marzo 17, 2009

Hoy me he levantado con la vena ‘Animalia‘; pensando en ese ‘reino‘ de una naturaleza dividida por el hombre en seis. ‘Los Seis Reinos sin Reyes‘, llamaría yo a la designación, mientras doy loas al Único Rey, al emperador de una Creación nacida de SU Ciencia, y a quien, sin embargo, muchos, no solo le niegan la corona, sino que empeñan su vida en arrastrar al resto de la humanidad hacia el ‘príncipe del azar‘, en dirección contraria.

En fin; he estado meditando sobre esa parte del árbol evolutivo, que clasifica un ‘filo’ de tal reino: el Chordata. En específico, me he centrado en ‘Mammalia’, y más preciso aun, en su orden ‘Proboscidea’, dentro de la extinta familia ‘Mammutidae’. De la que, por cierto, hay 1922 grupos reconocidos, cada uno con un ADN distinto, que les impidió procrear entre sí, e instruyó y organizó los 1922 metabolismos exclusivos.

Algo que hace que mis neuronas den por imposible el hecho de la evolución a partir de un alga, porque, si incluso animales de ‘una misma familia‘, no pueden procrear otras especies, ¿cómo se las arregló la ‘versátil‘ alga evolutiva hermafrodita, para poner sexo diferenciado, [penes y ovarios], regulando gestación de embriones, a los casi 2000 tipos distintos de estos mamíferos?

Pero, volvamos al ‘Animalia’; y detengámonos en el ‘Mammutidae’, más conocido como ‘Mastodonte’, y emparentados por el hombre con los mamuts, [‘Mammuthus’, familia Elephantidae]… aunque cada hembra y cada macho de ambas familias lo tuvieron muy claro: ¡No somos compatibles! ¡Ni te me acerques; te reprendo, en el nombre del ‘azar’!

Al mastodonte, familia extinta de mamíferos, también se les ha hallado fecha en el tiempo [sobran especialistas en ‘fechar’ al pasado]. Le llaman ‘Oligoceno’; le asignan un bastón y le dicen: ‘ala, apechuga con tus 20 millones de añicos, que es lo que nos viene a bien darte‘. Luego, pensando en el hasta cuándo duraron, a los más jóvenes les colgaron otro cartelito: ‘Pleistoceno’ [casi 3 millones de años], e incluso, en un arranque de buena voluntad y generosidad, han accedido a concederles presencia en el Holoceno ‘actual‘, aunque le ubiquen dentro de los ‘últimos’ 11.784 años, y se estiren hasta el paroxismo, para situarles límites condescendientes, en los 8000 últimos años.

He buscado alguna información reciente al respecto, para ver si hallo algún síntoma de racionalidad… pero ni hablar, ante la metástasis, no hay otra evidencia que la insistencia:

Esqueleto de Mastodonte

Este artículo mejicano, del 17 de Marzo de 2009, que describe la reconstrucción de huesos fósiles hallados en Bucarest, Rumania, les vuelve a situar en un sitio conveniente: Tres milloncejos; hasta ahí, llega la fábula datativa reciente. Mas, ¿qué dice la realidad?

Antes de entrar en ello, veamos algo sobre los sistemas de datación. En Geología un estrato es cada una de las capas en que se exhiben divididos los sedimentos [rocas sedimentarias y metamórficas] que derivan de ellas. Al ser formados por rocas sedimentarias, los estratos suelen contener fósiles [restos orgánicos de animales y plantas]; y estos, según los sistemas de datación usados, datarían la edad aproximada de dichos estratos.

Pero los geólogos, suyo sistema echó a andar antes que la teoría evolutiva, en la década del 1920, ya habían elaborado su mapa geológico, en función de cómo se manifestaran dichos estratos, según sus respectivos niveles de deposición en el terreno a analizar.

Y esto generó un problema: muchas más veces de lo que se informa a la sociedad, la edad que arrojan los fósiles no coincide con la ‘geológica’ establecida por el terreno. Se ha intentado atenuar esto, recurriendo a los llamados ‘fósiles índice’… ‘suponiendo‘ que sólo existieron en una determinada ‘Era’. Así tratan de forzar congruencia, para no caer en contradicción que debilite dos teorías, embrionadas al calor de la misma caldera de satán.

Pero, aunque el hallar un fósil en un estrato, serviría para inferir que dicho estrato se formó durante la época en que el animal o la planta existieron, no siempre se corresponde con la edad que los geólogos han asignado de antemano al terreno. ¿Se comprende esta controversia? Por eso, desde hace unos años, intentan trabajar juntos, antes de lanzar una información. Y a día de hoy, esa datación estratigráfica-fósil, se considera muy importante en estratigrafía geológica.

Por ejemplo, la zona sedimentaria ‘Formación Roraima’, Guayana venezolana, formada por estratos de arenisca, no muestra fósiles de ningún tipo, y debido a eso, más que recurrir a los estratos, se le calcula más de 1.500 millones de años, y se les define como rocas sedimentarias anteriores a la Era Primaria… la Era en la que ‘hipotéticamente’ aparecieron los primeros seres vivos sobre la Tierra.

Una vez aclarado esto, volvamos a los ‘hallazgos‘. Relativamente cerca de Bucarest, en el centro de la Transilvania, donde otra fábula [también siniestra] ubica al país de los vampiros, nos encontramos con la bella Aiud, llena de pasajes auténticos, que sitúan al visitante contemporáneo en la Rumania Medieval.

Justo allí, en el año 1973, hallaron unos huesos fósiles de mastodontes; se recurrió al 2º paso automático, y los ‘expertos‘, les clasificaron en un entorno a los 20,000 años. Y hasta aquí, estamos ante un clásico musical, el ritmo acorde con los tiempos: hallazgos arqueológicos convertidos en tópico, sistemas eónicos de clasificación internacional, buen rollito amoroso en sentido evolutivo-paleontólogo-geólogo, etc. Solo que en este caso, se les presentó un problemilla a los muchachos; nada que no pudieran resolver luego, pues ya sabemos de las mañas y las artes argumentativas ante imprevistos… pero un gran ‘contratiempo‘, en el sentido literal de la palabra. Para que se entienda mejor: otro anacronismo más; otra burla a la datación ‘científica‘.

Situémonos: Un grupo de trabajadores excavaban en la rivera del río Mures, dos kms al este de la ciudad de Aiud, Transilvania, y comenzaron a brotar ‘restos fosilizados’: 2 huesos de mastodonte y otro, bien identificado… pero imposible de digerir: una pieza metálica torneada, cuya evidencia señalaba que formaba parte de una herramienta, aunque nadie ha podido especificarla aun.

Alumino Imposible

El objeto resultó ser un bloque de aluminio, de casi 3 kgs. y unas medidas aproximadas de 20 x 12,5 x 7 cms. Pero lo más importante es que su punto exacto de clasificación geológica correspondió al ‘estrato 35’, ‘científicamente‘ clasificado como perteneciente al ambiguo Pleistoceno [desde 2,59 millones de años hasta los 12.000 aC].

Al final, ante un ‘forastero‘ tan incómodo, el mejor recurso que se les ocurrió fue donarlo al Museo de Historia de Transilvania. Pero con lo que no contaron, fue que allí fuera redescubierto y analizado químicamente, muchos años más tarde, en un laboratorio de Lausanne, en Suiza. Ni tampoco que los resultados del examen determinaran que en su composición, el artefacto metálico estaba constituido mayormente por aluminio con 89% de pureza; además de un contenido en proporciones específicas, de otros 11 metales diferentes.

Y esto fue la gran sorpresa, ya que no es posible hallar aluminio en estado puro en la naturaleza… y mucho menos, torneado y conformado. La tecnología para lograr un grado semejante de calidad solo pudo ser alcanzada a mediados del siglo XIX.

Pero, la discordancia de los sistemas de datación humana no paran ahí. La capa de óxido de un milímetro de espesor que cubría homogéneamente al bloque, valió para datar su antigüedad en unos 400 años; por lo tanto correspondería al año 1573, el siglo XVI… en el que aun no se había logrado la tecnología necesaria para procesarlo. Con lo cual, una vez más la datación hacía de las suyas y se manifestaba insegura en un 100%, además de francamente incapaz de resultar coherente con una realidad contrastable.

Un barbarismo que se acentúa hasta el arrebato, si tenemos en cuenta también que la capa geológica en la que fue hallado, clasificada como ‘pleistoceno’, sugiere que el aluminio industrial ya existía desde hace unos 20.000 años en el pasado.

La constitución química de la pieza metálica, y su extraña forma, con dos agujeros ovales y simétricos, ha hecho hervir el caldo de las hipótesis sobre un origen cierto. Por una parte, algunos opinan que pudiera tratarse de un cacho constitutivo de una herramienta actual, sin especificar tipo ni actualidad concreta. Y hasta se ha llegado a la comparación científica, en versión reducida, del punto de apoyo de un modulo de exploración espacial, tal como el modulo lunar o de la sonda Viking. Puestos a volvernos locos… ¡Hagámoslo por todo lo alto!: Fue un trozo de la nave espacial de ET, que cayó en ese río.

Lo real, lo imposible de rebatir desde la lógica, la razón, el conocimiento científico y la buena fe inclusive, es que ni la antigüedad datada mediante el examen de la capa de óxido, ni la supuesta por el estrato geológico en el que se localizó, logran ajustarse a la Verdad. Ni el terreno tiene la absurda edad geológica que se pretende asignarle, ni los 400 años de la segunda datación son reales.

Ambos métodos se mostraron como lo que son cuando algún elemento con el que no se ha contado, se interpone en el ‘acuerdo de coherencia‘: contradictorios entre sí, y opuestos a la realidad objetiva. Un objeto de tecnología tan moderna, no hay forma de encajarlo en tiempos tan remotos.

En realidad, este Oopart (Out of Place Artifact), no está fuera de lugar, sino en su sitio. Corresponde a una pieza elaborada por el ingenio humano, cuando le llegó el momento de ser capaz de confeccionarla. Luego, fue usada quizás en un tractor, o en otra maquinaria, sobre un terreno que no llega aun a los 6000 años.

Yo vería a este Oopart, más bien como otro sello de Dios: un elemento moderno y contradictorio, que Él permite que salga a la luz, para que se convierta en otra evidencia que pone contra la pared, las imaginaciones calenturientas de una parte de la humanidad empecinada en la necia obsesión de separar al Creador de su Obra.

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ERAS GEOLÓGICAS Y EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES: DOS LETRAS PARA UNA CANCIÓN ANTICRISTO.

marzo 6, 2009

Desde que se inició este blog, estoy haciendo un llamado a la reflexión profunda sobre las teorías inculcadas, de generación en generación, cuyo único objetivo ha sido adulterar el hábito que caracterizó y caracteriza a los buenos investigadores. Los grandes de la Ciencia, siempre construyeron el resultado de sus esfuerzos en función de las evidencias obtenidas; o sea, para formular teorías, no se fundamentaban en ‘pareceres‘, sino en resultados con los que pudieran luego alimentarlas. Tenían muy claro lo que podía considerarse científico, y lo que no debía atravesar jamás la frontera de lo filosófico, para infiltrarse en las ciencias.

Así, bajo este esquema, la sociedad fue avanzando inexorable e imparable, en todos los campos, pero fundando su desarrollo tecnológico en 4 pilares: Matemáticas, Física, Química, y Biología. Esta última, aunque quizás la más importante, al estar vinculada directamente con la vida, siempre necesitó de las otras tres para poder prosperar, a partir del desarrollo tecnológico imprescindible.

Sin embargo, a partir del 1820, comenzó a imponerse un programa de acción que estaba destinado a cambiar radicalmente el fundamento científico: surgió el primer enfoque sobre un planeta eónico, con el único fin de desmentir lo que se había venido manejando desde los inicios del cientificismo humano: la Creación de Dios, en 6 días de 24 horas, y una edad para el planeta, que no llegaba a los 6000 años.

De esa forma, la geología, permeada por conceptos filosóficos que lucubraban según se manifestaban las distintas capas de la tierra, obvió el hecho de que la gran hecatombe húmeda, relatada en el Diluvio resultaba congruente con la presencia de fósiles, y de estratos del subsuelo, muchas veces ‘doblados’ como si fueran de goma.

Al fin, el concepto internacional sobre ‘eras geológicas’ se instauró en el 1850. Solo nueve años después, en el 1859, Darwin publica ‘El Origen de las Especies‘; pero el corredor para que ambos tomaran la velocidad prevista, ya había sido cimentado poco antes: en el 1848, cuando Marx y Engels publican el ‘Manifiesto Comunista.’ Y el anunciado antiCristo bíblico, cruzaba el umbral de la hasta entonces pulcra y honesta Ciencia, ondeando la bandera color averno, al canto de la Internacional Comunista:

No más salvadores supremos, ni César, ni burgués… ni Dios. Nosotros mismos nos haremos, nuestra propia redención…”

No voy a alargar esto más de lo necesario; al enemigo de Dios se le hacía imprescindible una herramienta que resultara convincente a los humanos, para poder infiltrarse por primera vez, en un terreno que los siglos de científicos creyentes y fieles le habían negado. Y así nació la ‘datación radiométrica.’

De modo que intentaré explicar este tema de la forma más sencilla posible, y resulte mejor dirigido el razonamiento; si aun después eligen seguir creyendo en las argucias con disfraz de Ciencia, ya no será por desconocimiento… sino por una decisión del corazón: el libro que se abre a los ojos del Señor con la claridad de un espejo. El que será abierto para juzgarnos a todos, llegado el tiempo de la justicia individual.

Veamos; a grandes rasgos, [aunque es más complicado], la palabra clave es ‘isótopo‘. Se dice que dos átomos presentan una relación de isotopía, cuando pese a tener el mismo número atómico [igual cantidad de protones en su núcleo], poseen distinto número másico; o sea: distinto número de neutrones en su núcleo, diferenciándoles.

Todo elemento químico tiene uno o varios isótopos, de los cuales: todos, algunos, o ninguno, pueden ser estables. La estabilidad se la da la fuerza de cohesión que ejerce el núcleo de cada átomo, luchando contra la energía electromagnética, que hace que los protones, de carga positiva, se repelan entre sí.

Eso establece un límite; hay un punto determinado por la cantidad de protones en el núcleo, que convierte en ineficaz a esta fuerza de cohesión; un punto en que los protones no podrán ser retenidos, y escaparán. Y el número de protones que permanecen en el núcleo determinará las propiedades químicas del átomo y qué elemento químico es.

Estos isótopos desde los que escapan protones, se convierten en ‘inestables‘, y constituyen el principio básico de la radiactividad. Mantienen excitado el núcleo del átomo, y para lograr un estado esencial deben perder energía, mediante emisiones electromagnéticas o de partículas con determinada energía cinética.

Si varían la de sus electrones, emiten rayos X; si varían sus nucleones, la radiación será gamma. Pero si desde el núcleo se emiten electrones, positrones, neutrones, protones o partículas más pesadas, durante pasos sucesivos en el tiempo, un isótopo pesado termina convirtiéndose en otro más ligero… en otro elemento químico

Un ejemplo es el Thorio232, cuya semidesintegración se ‘calcula‘  en 13.900 millones de años. O sea, pasado el doble de ese tiempo, se convierte en el elemento final: Plomo208. El número a la derecha simboliza el ‘peso atómico’ del elemento, su ‘número másico’, y constituye su ‘tarjeta de identidad’. Por eso verán que cada isótopo está identificado por ese número, que será el que ‘indique’ su característica… y su ‘edad’ de desintegración.

Para que lo vean más claro; ubicados en este Torio232 del párrafo anterior: al desintegrarse, emite una partícula alfa, [dos protones y dos neutrones], reduciendo su número atómico en dos unidades, y su número másico en cuatro. Así,  se convierte  en otro elemento químico: el radio 228 [232-4]. Posteriores desintegraciones forman la cadena natural del torio. Su gran periodo de desintegración continuaría produciendo elementos de su serie durante miles de millones de años. hasta formar finalmente el Plomo no radiactivo, y por tanto estable.

Y a su serie de desintegraciones, hasta llegar al Plomo 208, se le llama cadena del Torio232. Asímismo, existen otras dos series en la naturaleza, que se usan en dataciones: la del Uranio-238 y la del Actinio-227, que se van convirtiendo en otros isótopos radiactivos según sus etapas.

Y aquí entramos en conflicto. ¿Podemos deducir de esto, que los isótopos fueron apareciendo uno a uno, según sus desintegraciones atómicas? ¡Por supuesto que no! No hay ni una evidencia científica que diga que los elementos no aparecieron todos al mismo tiempo, sino todo lo contrario; lo razonable es que todos los elementos químicos surgieron al unísono, puesto que la vida orgánica no es más que reacciones químicas. Y lo mismo ocurre con los elementos inorgánicos:  no existen reacciones sin elementos implicados.

Tampoco existe ni una evidencia científica de que el ritmo de desintegración se haya mantenido constante en el tiempo. ¡Ni una! De modo que aunque el Torio 232, luego de 27, 800 millones de años, ‘según cálculos‘ ‘debiera‘ convertirse en Plomo 208, no quiere decir que si se lleva una muestra de roca a un espectrómetro, y este arroja una radiación espectrométrica con alto contenido en Torio232 y bajo en Plomo208,  esa roca tiene 27 800 millones de años.

Pudo perfectamente haber surgido solo 6000 años atrás, ya que no es posible saber cuándo apareció, cuánta radiación emitía al principio, si esta se ha mantenido constante en el tiempo, ni cuánto se ha perdido hasta hoy. O sea, estamos ante una función con 4 posibles variables; y ante ese hecho, la datación solo es válida en términos teóricos, para determinados cálculos standarizados en energía nuclear. Pero jamás para datar nada, pues ninguno de los factores implicados puede darse por seguro. ¿Se coge la idea?

Por otra parte, otra posibilidad de datación, es la del método Rubidio-Estroncio, válido para datar fechas menores. Así que, si todos los isótopos estaban presentes desde el inicio, ¿qué edad deducir, si esa misma muestra presenta, por ejemplo, en el mismo espectrómetro, la presencia de espectros indicando alto contenido de estroncio y bajo de rubidio, induciendo así solo unos miles de años?

¿Por qué considerarlo como ‘un error‘ de conteo, si el detector es tan capaz de ser sensible a una radiación como la otra? Yo les diré: Porque no es eso lo que se busca; las cosas en Ciencias, no se están llevando como en los tiempos de los grandes de la Física y la Química. No se busca hallar nada nuevo, sino coherencias con la teoría, al precio que sea necesario.

Ahora, se ‘quiere‘ que las cosas sean de una forma, y se dirigen todas las investigaciones en esa dirección, obviando apriorísticamente, sin detenerse un segundo para razonar, aquellas mediciones que indiquen una tierra joven, o un fósil de dinosaurio de solo unos pocos miles de años.

Ni siquiera piensan usar el Carbono14, [desintegración=5,730 años] para datar huesos de dinos, porque ‘no quieren‘ saber de una fecha que esté por debajo de los 65 millones de años. Si ocurriera algo así, la reacción es automática:

‘¡Imposible; es un hongo que ha ‘contaminado’ la muestra!’

Ese es el resultado obtenido, cuando se le permite a la filosofía incursionar en las Ciencias.

A pesar de todo, se enfrentan a un grave problema con el colágeno1 detectado en un hueso no fosilizado de Tiranosaurio Rex, porque se sabe empíricamente que, en las mejores condiciones de temperatura [7ºC], esta proteína solo dura 100,000 años; mientras que a 20ºC, lo más parecido a la normal… solo dura 2,000 años.

Y eso es una espina, pues a la coherencia con los dinosaurios mencionados en la Biblia, y los avistados por generaciones de marinos de todos los continentes, hay que sumar ahora la científica: ¡No tienen los millones de años que se pretenden achacarles!

Sin embargo, sí usan el C14, cuando interesa presentar un fósil, que cubra un ‘vacío de transición homínida‘, en un intervalo de unos miles de años. Ante tal ausencia de evidencias, entonces sí acuden al C14… ¡pues les dará lo que necesitan! Aunque asumiendo que su cantidad en la atmósfera se ha mantenido constante a través del tiempo. Pese a que nadie ha podido demostrarlo, y solo es una posibilidad, dan esa opción como hecho real: datan el fósil, obtienen los 30 o 40 mil años necesarios… ‘¡y subvención, fama, titulares y prestigio académico resuelto en un mismo paquete!

Es decir, no se usa si no resulta conveniente con lo que se busca; pero sí cuando es muy necesario presentar un ‘eslabón‘ del que se carece. Se desecha la influencia sobre la datación, que ejerce el declive exponencial que el campo magnético ha venido manifestando en los últimos años. Algo que incrementa la cantidad de radiación que penetra la atmósfera, y altera la creación de C14 en una cuantía imposible de calcular. No se considera tampoco, que, pese a la ignorancia sobre el ritmo de formación de C14 en la atmósfera desde los inicios hasta la fecha, este se asume como constante en el tiempo; toda una evidencia de intencionalidad dirigida.

Pero sobre todo, y esto es lo más importante, se desecha que cuando se somete una muestra a un espectrómetro, está dará tantas edades, como isótopos se registren en ella, cubriendo un entorno que puede ir desde los miles de años, hasta los miles de millones. Y si una es considerada como válida, las demás deben tener la misma consideración, pues han sido registradas por el mismo sistema, y por el mismo equipo.

Pero, ¿cómo se resuelve esta situación? Pues se va al ‘mapa geológico‘, el tratado místico sobre ‘los años que nunca fueron‘, se ve que el terreno ha sido considerado como de la era ‘terciaria’ y ¡voalá!: Usan el registro correspondiente al isótopo que más conviene a la fecha teórica, desechando el resto, tan científicamente válidos como el escogido… pero no el conveniente.

Así funcionan los sistemas de datación; así se dataron por ejemplo tres muestras de una única roca de dacita, sometida a polvo, cristal y fragmento. Así obtuvieron tres edades que cubrieron la ‘exactitud cronológica‘ de un periodo que cubrió desde 300, 000, hasta 2.8 millones de años, sobre una misma muestra que provenía de la erupción del volcán St Helen, Washington, y ocurrida… ¡Diez años antes!

Ese es el sistema considerado por los defensores del ateísmo geológico-evolucionista ‘científicamente‘ válido, y ‘altamente fiable‘, para ponerle muletas a un planeta que sería capaz de correr sin ellas, los 100 ms. en menos de 11 seg.

Otro recurso más, manipulador, tergiversador, anticientífico… pero altamente conveniente para apartar a Dios de su Obra, ante el ser humano. O mejor dicho, para intentarlo, porque aun quedan neuronas bien puestas en los cerebros, funcionando a tope, para identificar y denunciar la mentira, aunque traten de disfrazarla con impecables batas de laboratorio.

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