EVOLUCIÓN: UN ROSARIO DE EMBUSTES.

marzo 7, 2008

COSAS QUE HAY QUE RECORDAR

Sr. Manuel, este artículo, se lo dedico a usted. Permítame participar de su debate con el hermano Daniel, a través de este razonamiento derivado de la página que ud. ha exhortado a que se visite y que he visitado. De ella he extraído:

‘Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.’

Yo le afirmo, con esa misma energía que el autor emplea para dar la evolución como un hecho, que si una entidad bancaria, una congregación humana de cualquier tipo, o una simple persona le miente a usted; en ese mismo momento, la credibilidad adquiere fecha de caducidad. La credibilidad demanda de toda una vida; la no-credibilidad, de un solo instante.

La evolución ha presentado fósiles, (adjunto fotos) en National Geographic, Vol. 152, 159, 1523 y New Scientist, 20 enero 1984,) de hipotéticos millones de años, que resultan idénticos a sus descendientes actuales; sin estado transicional entre ellos. Claras evidencias de ‘no resultado de la evolución’ sino de la creación especial. Se ve un tiburón datado en 400 millones de años, una langosta de 40 millones, una hormiga con 100 millones y la cucaracha de 320 millones. Y no hablo de €, sino de años.

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Otro caso de ‘eslabón presentado’: empuje y marcha atrás, fueron los dientes y los espolones del arqueopterix, contrastados con otro fósil Chino (1996), que provocó una confusión aún mayor. “Science” publicó un artículo de Hou, Martin y Alan Feduccia, sobre un pájaro de 130 millones de años: el Lidoningornis, quien tenía el mismo hueso del pecho, en el que se insertan los músculos, igual que en los pájaros modernos, de los cuales tampoco se distinguía en lo demás. La única diferencia residía en los dientes de la boca.

Esto probaba que no provienen de los dinosaurios; indican que no resulta una forma transitoria, de ellos a ave, es decir, de una especie a otra, como sostenían los evolucionistas, y constituyó otra evidencia a favor del diseño de la Creación, ya que no se observa estado transicional con respecto a los actuales. El ‘Discover’ presentó el artículo “¿De dónde vinieron los pájaros? El propio Stephan Jay Gould y Niles Eldredge, paleontólogos de Harvard y evolucionistas mundialmente conocidos, aceptan que el Arqueoptérix resultó un “mosaico” viviente que albergaba varios rasgos distintos en su constitución, ¡pero que nunca puede ser considerado una forma transitoria!

Por otra parte, dentro de esta misma temática del ‘mentir a toda costa‘, iniciada por Haeckel, el conocido médico y también paleoantropólogo aficionado, Charles Dawson, afirmó un buen día haber hallado un hueso de quijada y un fragmento de cráneo en una cueva de Piltdown, Inglaterra, en 1912. Aunque el maxilar se parecía más al de un mono, los dientes y el cráneo eran los de un ser humano. Se supuso que esas muestras que fueron etiquetadas “Hombre de Piltdown” tenían 500 mil años de antigüedad. Distintos museos la presentaron como prueba absoluta de la evolución humana.

Por más de 40 años se escribieron artículos ‘seudocientíficos’ sobre este embuste, se dibujaron muchas interpretaciones del mismo y el fósil fue presentado como una evidencia importante de la evolución humana, en las propias escuelas. Hubo, no menos de 500 tesis doctorales sobre la materia, y el conocido paleontólogo norteamericano Henry Fairfield Osborn, mientras visitaba el Museo Británico, en 1935, llegó a decir: “…tenemos que recordar permanentemente que la Naturaleza está llena de paradojas y este es un asombroso hallazgo referido al hombre primitivo…”

Años después, en 1949, Kenneth Oakley, del Departamento de Paleoantropología del Museo Británico, quiso experimentar la reciente “cata del flúor”, para fósiles antiguos, en el ‘Hombre de Piltdown’. El desenlace fue pasmoso; durante el análisis se comprobó que el hueso maxilar no contenía flúor. Esto indicaba que llevó enterrado solo unos pocos años; al igual que el cráneo, con muy poca cantidad de este elemento. Más tarde, se concluyó que los dientes eran de orangután y habían sido injertados en las mandíbulas, y que las herramientas “primitivas” descubiertas con los fósiles eran simples imitaciones torneadas con implementos de acero.

Esta falsificación saltó a la palestra internacional, en 1953 con un análisis pormenorizado completado por Weiner. ¡El cráneo pertenecía a un hombre de hacía 500 años y la quijada a un mono que había muerto hacía poco! Los dientes fueron puestos en un orden determinado y los puntos de unión habían sido rellenados, buscando semejanza humana. Todo fue teñido con dicromato de potasio para darle una apariencia antigua; las tinturas se esfumaron cuando los vestigios se anegaron en ácido.

Le Gros Clark, del equipo que descubrió el perjurio, no pudo ocultar su estupor y dijo que “las evidencias de la abrasión artificial surgieron a la vista de inmediato“. En realidad, bien podemos preguntar, ¿cómo es posible que algo tan obvio haya dejado de ser advertido antes?” El “Bulo de Piltdown” fue sacado al fin del Museo Británico, luego de más de 40 años de exhibición; es decir, una mentira sostenida casi medio siglo: una más en el largo rosario embustero de la evolución.

Otro aporte a esta sarta, vino de la mano del director del Museo Americano de Historia Natural, Henry Fairfield Osborn, en 1922, quien dijo haber hallado un molar fósil en Nebraska occidental, cerca de Snake Brook, correspondiente al Período del Plioceno: ¡Desde 5.3 millones hasta 1.8 millones de años en el pasado! La pieza, teóricamente, tenía características comunes al hombre y al mono; emergieron profundos argumentos ‘científicos’, algunos de los cuales aclararon que se trataba de un diente del ‘Pitecantropo erectus’, mientras que otros sostenían que era más cercano al ser humano. Este diente fósil, que provocó un gran debate, fue bautizado como “Hombre de Nebraska” e incluso nominado por la seudociencia evolucionista: ‘Hesperopithecus haroldcooki’.

Muchas autoridades de la evolución apoyaron a Osborn; desde ese solo diente, gracias a la fértil imaginación evolucionista, demostrada desde hace más de 140 años, salieron bosquejos de la cabeza y del cuerpo del “Hombre de Nebraska”. Además, éste fue representado incluso con la esposa e hijos, como toda una familia en un ambiente natural.

Todo este escenario fue desarrollado a partir de un solo diente. Los círculos científicos acreditaron a este “hombre fantasma” en un grado tan alto, que cuando el investigador William Bryan se opuso a las decisiones tendenciosas que se apoyaban en un solo diente, fue criticado duramente. En 1927 se halló resto del esqueleto, demostrando que el diente del caso no pertenecía a un hombre ni a un mono, sino a una especie extinta de cerdo americano: Prosthennops “Hesperopithecus. ‘Sciencie’ no tuvo más remedio que pronunciarse, mediante un artículo de William Gregory: ‘Aparentemente No Es Un Mono Ni Un Hombre“, en el que denunciaba el fraude, elevándolo a la categoría de ‘error’.

Todos los dibujos del “Hombre de Nebraska” y “su familia” fueron retirados de inmediato de las futuras literaturas evolucionistas, pero las editadas, editadas están, como todo lo editado sobre el ‘hombre de Piltdown

Darwin, en su libro “El Origen de las Especies”, presentó la suposición de un ser humano resultado de la evolución de monos antropomorfos. Fue tras fósiles que apoyaran ese argumento; sin embargo, algunos evolucionistas creían que no sólo en los registros fósiles se iban a encontrar criaturas “semimonos semihumanas“, sino que también se les hallaría con vida en distintas partes del mundo. A principios del siglo XX, la búsqueda de “vínculos transitorios vivientes“, condujo a incidentes desafortunados, siendo uno de los más crueles el sucedido a un pigmeo llamado Ota Benga, capturado en 1904 por un investigador evolucionista en el Congo.

En su lengua nativa, el nombre del pigmeo significa “amigo“. Éste tenía una esposa y dos hijos, pero fue llevado a Norteamérica encadenado y en una jaula, donde los ‘científicos evolucionistas‘ lo exhibieron al público en la Feria Mundial de San Luis, ¡junto a una especie de monos!,  presentándolo como el “eslabón transitorio más cercano al ser humano“. Dos años después llevaron al pigmeo al Zoológico del Bronx en Nueva York, donde junto a cuatro chimpancés, un gorila llamado Dinah y un orangután llamado Dojung, fue exhibido bajo la denominación de “antiguo ancestro del ser humano“.

El Dr. William T. Hornaday, ‘evolucionista‘ y director del zoológico, pronunció largas disertaciones respecto a lo orgulloso que estaba de tener esa “forma transitoria” excepcional, a quien trataba como a un animal cualquiera. Ota Benga no pudo soportar el trato que se le daba y finalmente, lejos de su entorno, su familia, y en aquel ambiente de circo que le humillaba, terminó suicidándose.

El Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska, Ota Benga… Estos fidedignos escándalos, demuestran que los científicos evolucionistas, detrás de la honrosa bandera de la Ciencia, no han vacilado en emplear cualquier tipo de método anticientífico para dar validez a su teoría. Al observar toda “evidencia” de la ficción de la “evolución humana” nos topamos con una situación similar. Estamos ante una fábula y una tropa de voluntarios, dispuestos a hacer cualquier cosa para darle validez a la misma. Sin embargo, conocedor del espíritu del hombre, soy conciente de que muchos se darán cuenta del error y rectificarán, vivo convencido de ello.

Contrastando a esa bondad a la que apelo, un par de evolucionistas obsesos, me llaman mentiroso. ¿Dónde está mi mentira? ¿Seguirán buscando el eslabón perdido bacteriano que se vuelve ameba? ¡En las trincheras de los paleontólogos, con un pico y una pala debían estar! Así sudarían un poco y eliminaran las toxinas que inundan sus cerebros, cesando de envenenar la mente de tantas personas que se dejan seducir por la seudociencia que les alimenta.

A los profesionales que siguen el evolucionismo, intentando hacerlo coincidente con los planteamientos bíblicos, les pido, en nombre de Dios, que reflexionen al calor de su Palabra, en una de las últimas advertencias de Cristo que han quedado escritas:

“Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Ap 22:13)

Alfa y Omega: inicio y fin del alfabeto griego, dominante entonces. Es decir, nos certifica que, desde la primera hasta la última de sus palabras son ciertas. Si Él constantemente hablaba de la Creación, diciéndonos incluso que tomó parte vital en ella; ¿cómo vamos a ofenderle, pensando que la casualidad ha jugado algún papel? Tenemos una deuda de gratitud; si no somos capaces de morir en la cruz, al menos no seamos ingratos.


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Juicio Scopes I: GOL Satánico EN PORTERÍA CRISTIANA.

enero 17, 2008
Enero 17/2008

UN JUICIO PARA RECORDAR.

Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” Rom 15:4

El profesor de biología John Thomas Scopes, quizás no fue consciente de la mecha que prendía al enseñar a sus alumnos sobre la teoría de la evolución de Darwin; a partir de ahí, la humanidad fue cubierta por una red demoníaca y cayó en una vorágine que incluso ha absorbido a todos los cristianos débiles en la fe. Su juicio en Dayton, Tennesee, en 1925, cambió el futuro de la cristiandad…y sus consecuencias se incrementan cada día más.

La causa del virulento juicio ‘Scopes’ en E.U, no implicó crimen o violencia física; fue un combate demagógico, cuya arma resultó ser un torpedo dirigido a la misma línea de flotación de ese gran trasatlántico que es la Biblia Cristiana: el Génesis (‘Bereshit’ hebreo), el 1er libro del Pentateuco que Dios ordenó escribir a Moisés, para constituir el fundamento de todo el conocimiento, para aquella generación y de las futuras… ¡incluyendo la nuestra!

El territorio de EE.UU. estaba mayormente poblado por cristianos que creían, sin duda alguna, cada palabra mostrada en la Biblia. Pero un día, los niños dijeron a sus padres que les estaban enseñando que la creación no debía ser tomada tal como decía el libro de Dios; que en realidad, la vida sobre el planeta había evolucionado luego de un lento proceso de desarrollo de miles de millones de años, a partir de cuerpos unicelulares que dieron lugar a todo ser vivo. Según su profesor, uno de estos, un tipo de mono, evolucionó hasta convertirse en el hombre actual.

Los dóciles granjeros de Dayton no pudieron permanecer impasibles ante esta provocación contra el Creador. Las noticias acerca de un maestro enseñando a sus hijos que los humanos descendían de los monos, se esparció como la pólvora, y su efecto fue la responsable respuesta de los creyentes. La alarma llegó hasta la misma cámara de legisladores de E.U., y uno de sus miembros, John Washington Butler, alzó su voz, pronunciándose sobre la ilegalidad en la que caía el profesor de Biología de una escuela pública de Tennessee, al enseñar algo que negaba la instrucción del propio Dios sobre el origen del hombre.

La respuesta cristiana fue tan rápida y contundente, que el 21 de marzo de 1925, la ley ‘Butler’ se convirtió en estatuto constitucional. Pero al continuar enseñando la teoría de la evolución, Scopes quebrantó la ley estatal. Fue arrestado y acusado de “desmoralizar la paz y la dignidad del estado“.

El incidente del tranquilo pueblo tomó significado nacional, con la entrada en el caso de dos de los hombres más prominentes del país: William Jennings Bryan y Clarence Darrow; fiscal y defensa, respectivamente. Bryan era un fogoso adepto de la Palabra de Dios, que había sido tres veces candidato democrático para la presidencia de EE.UU., perdiendo en las tres ocasiones.

Esta causa, resultó para él una bella oportunidad de golpear a la naciente corriente atea generada por la teoría darviniana de la evolución de las especies… mas en realidad, su ego buscaba la fama que lo catapultara al corazón del poder: la Casa Blanca.

Darrow, por su parte, era un notorio abogado defensor que, ayudado por la Unión Americana de Libertades Civiles, se puso de parte de Scopes y se enfrentó a la mayoría cristiana. El año anterior había logrado la plenitud de su gloria, salvando de la silla eléctrica a una pareja acusada de homicidio sobre un adolescente de Chicago, en una causa que adquirió tinte nacional: el caso de Leopold y Loeb.

Las venenosas aguas del río impulsado por el mismo Satanás, habían echado a andar; el irreligioso defensor, especialista en encender el fuego del infierno, era un hombre informal, dado a la controversia. Por otra parte, Bryan, un redomado creyente, casi un fanático, tenía gran demanda debido a su rica oratoria. Siempre acudía a la interpretación absoluta de la Biblia, letra a letra.

Con independencia del aspecto de disputa personal, contra quien pretendía saltar fuera del aro establecido por la sociedad, el juicio se convirtió en una batalla de seudo-ciencia vs. religión, porque en realidad se intentaba juzgar entre la infalibilidad de Dios vs. el falible y pretencioso ser humano.

Lo que se conoció como juicio del ‘mono’, se inició el 10 de julio del 1925. Carteles con un simio en distintas posturas, tomaron por asalto la ciudad: vendedores, médicos y centenares de curiosos, fueron a la polémica con la misma exaltación que unos niños a una cesta llena de chucherías.

La sociedad se dividió entre aquellos firmes en la fe y los amantes de goces mundanos que ansiaban ver demostrado que toda enseñanza bíblica era falacia. De esa forma se sentirían liberados de tener que dar cuentas a Dios por su regodeo en aquellos placeres prohibidos que resultaban ofensivos para el Señor… pero que en cambio constituían un intenso e irrenunciable gozo para ellos.

En la sala, comenzó la cruzada. Darrow convino en que su cliente, Scopes, enseñaba la doctrina evolutiva; pero que en ningún momento manifestó estar en contra de la Biblia. Alegó que muchas personas creían a Darwin, sin abandonar por eso el libro de cabecera de la comunidad creyente del país. Hábilmente, enfocó el asunto hacia una mala interpretación que no dañaba las raíces del cristianismo.

El diseño del defensor consistió en que la Biblia no era una obra única, sino que se nutría de 66 libros cuya autoría abarcaba miles de años; algunos escritos muy tempranamente y otros, mucho más tarde. Hizo énfasis en que constituía en sí mismo un tratado sobre religión y moral; que no era un libro de ciencia y que no instruía acerca de cómo construir una vía de tren o un barco de vapor ni cómo hacer avanzar a la civilización.

Concluyó exponiendo que las Sagradas Escrituras contenían muchas ideas que en el pasado se habían considerado teorías científicas universales y que luego fueron tenidas como incorrectas por la ciencia, aludiendo, por ejemplo, a la edad geológica de la tierra.

Cuando le tocó el turno al fiscal, este empleó 79 minutos en explicar cómo, desde su punto de vista, el enseñarles a los niños sobre la evolución, era robarles su fe en Dios.

En su turno de réplica, con hábil treta, Darrow aprovechó que el confiado y seguro de sí mismo Bryan, subió, no ya como fiscal, sino como testigo experto de la Biblia, dispuesto a contrarrestar el ataque ateo. Admitió su creencia literal, palabra por palabra, en todo lo escrito en este libro; los siguientes 90 minutos estuvieron llenos de preguntas estudiadas, que resultaron muy embarazosas para el inusual testigo.

Considere la siguiente porción de conversación tomada de las notas del proceso de juicio al ser interrogado Bryan por Darrow:

Darrow: – ¿Pudo ud. descubrir de donde tomó Caín a su esposa?

Bryan: – No Señor; eso se lo dejo a los agnósticos.

D: – ¿Nunca lo ha descubierto?

B: – Nunca lo he averiguado.

D: – ¿Nunca lo ha analizado?

B:- No.

D: – ¿La Biblia dice que tomó una, verdad? ¿Había más gente en la Tierra en ese tiempo?

B: – No le puedo decir.

D: – No me puede decir… ¿Nunca entró eso en su consideración?

B: – Nunca me preocupó.

D: – No había notas de que existieran otras personas, mas Caín tomó una esposa.

B: – Eso es lo que dice la Biblia.

D: – De dónde vino ella no lo sabe…

Esto afectó a la Cristiandad hasta el día de hoy, pues periodistas de todo el mundo, presentes en la sala, escucharon y trasmitieron el diálogo al día siguiente en todos los periódicos, con un subtítulo similar al siguiente:

¡Los Cristianos no logran defender las actas de la Biblia!’

Con este movimiento sorpresivo, Darrow derrotó a su adversario. Luego de que Bryan confesara no poder responder esas preguntas, el defensor ahondó su estocada, llevándole a admitir que Dios pudo haber necesitado más de 24 hs. en hacer la Tierra. Fue el colmo que confirmó su real ‘ignorancia bíblica’.

Minutos después, ante otro ataque, el fiscal-testigo, declaró no tener dudas en que “Dios castigó a la serpiente, condenando a las víboras a arrastrarse por siempre sobre sus estómagos”. Pero luego se quedó de nuevo sin respuestas cuando se le preguntó,

“¿Tiene alguna idea de cómo se movía la víbora antes de eso?”.

Según posteriores declaraciones de su bufete, esa fue la experiencia más denigrante que William Jennings Bryan sufrió en toda su carrera.

A los ocho días, concluyó la vista: Scopes fue penado con la sanción mínima legal: 100 dólares, Darrow emergió como ganador ‘no oficial’ y continuó defendiendo otros casos impopulares; se apeló sobre un tecnicismo y la Corte Suprema de Tennessee revocó la decisión del jurado, pero estimó que la ley Butler, en sí misma, ‘era inconstitucional‘… así que la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies, inundó a partir de entonces los inocentes oídos infantiles, ocupando el lugar en las aulas que le había correspondido durante siglos a la Palabra de Dios.

Luego se incluyó en las universidades, extrapolándose con el tiempo a toda Europa: primero al bloque ateo-comunista de la extinta Unión Soviética y, finalmente, al resto de la comunidad europea occidental.

Jamás nos considerernos más sabios que nadie, si no hemos sido capaces de vencer nuestra soberbia y autosuficiencia; debemos escudriñar constantemente la Palabra, pues ella nos enseña algo nuevo cada día. Experiméntelo por ud. mismo; prepárese y recuerde el ejemplo del incapaz valedor de las Escrituras: Bryan, murió por infarto… pasados ¡seis días del desafío!: ¡el mismo tiempo que el Creador empleó en su obra!

En cambio John Scopes, la herramienta satánica, recibió en 1960 la llave de la ciudad de Dayton de manos del alcalde, festejando el 35 aniversario del juicio que torpedeó a la verdad de Dios.

Los cristianos de hoy tenemos la responsabilidad de demostrar la ‘credibilidad de Su Palabra; los niños y adultos actuales tienen que saber que la Biblia es confiable al 100%; de lo contrario, las reflexiones del propio Jesús, que en varias ocasiones se refieren a versículos del Génesis, quedarían en entredicho…y nuestra labor evangelizadora tendrá alcances mínimos.

Que no nos pase lo que al triste Bryan; eduquémonos tenazmente.

Moisés, que estuvo varias veces en el monte Sinaí, en presencia del Señor, y ‘hablaba‘ con Él, recibió instrucciones precisas de escribir su legado: el Pentateuco, cuyo primer libro es el Génesis, para que las generaciones futuras siempre estuviéramos documentados.

¿Lo está usted debidamente? ¿Podría responder las consultas que le hacen de buena fe? ¿Sería capaz de neutralizar las capciosas puntas de lanza del enemigo?

Todas las respuestas a las preguntas del juicio Scopes, y otros muchos artículos sobre cuestiones ‘sin respuesta‘ serán expuestos aquí, próximamente; mientras tanto, les exhorto a que mediten sobre estos dos versículos y en la relación que guardan con el tema:

“y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros’ (1ª Pedro 3:15)

“Y su señor le dijo: ‘Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’ ” (Mt 25:21)

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