¿EL PRIMER ASTRO? ¡LA TIERRA!

agosto 14, 2009

“…y las estrellas, Dios las colocó en el firmamento para que den luz sobre la Tierra, para que dominen de día y de noche, y para que separen la luz de la oscuridad. Y Dios vio que era bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el cuarto día. [Bereshit 1: 17-19 (y su traducción griega: Gen 1:17-19)]

Según las Escrituras, la Tierra se hizo unos cuantos miles de años atrás, antes que el resto del cosmos. Científicos antiCristo lo rebaten con más interés que si les fuera en ello la propia vida; que sí les va, aunque toman el sentido errado y con argumentos que la razón niega. ¡Obstinada anticiencia, afanada en que el mundo obvie a su Creador!

El actual postulado ‘científico’, dice que lo observado en un telescopio atañe a miles de millones de años atrás. ¿En qué punto histórico humano se disipó el juicio? ¿Por qué no se razona? Vemos lo que está a millones de años luz, con solo mirar; el espacio tridimensional se vuelve panorama plano en 2ª dimensión. La cercana luna se ve en la misma fracción de segundo que la distante nebulosa de Andrómeda, sin importar distancias.

La vista supera la velocidad de la luz. Una onda de luz radiada en el espacio lejano, tarda millones de años en llegar a la Tierra. Si arribara, en caso que el cosmos existiera aun, todos habríamos muerto… viviendo ya en el espíritu.

La emisión electromagnética [calor, luz, rayos X…] que viaja a la velocidad de la luz, desde un cuerpo que esté a 12 millones de años luz de distancia, tardaría en llegar a la Tierra 12 millones de años. Sin embargo, ver la superficie de tal astro a través de un telescopio, solo lleva una fracción de segundo. ¿Qué cuentas están fallando? Es obvio que la Ciencia, coja en ese aspecto, se diluye en la anticiencia del ‘vemos en pasado’. Analicemos:

Estos son los distintos tipos de ondas; varían en longitud y frecuencia. Según pasamos de los rayos gamma a las ondas de radio, la longitud de onda aumenta y la frecuencia disminuye… proceso imperceptible para el ojo humano, diseñado y programado para ver en imágenes. ¿O alguien es capaz de ‘percibir las ondas’ con la mirada?

Banda electromagnética

Banda electromagnética

El ojo no ‘ve’ ondas de luz visible, tal como se dice en las aulas. ¡Ve una imagen integrada por la unión de todas las ondas, la resultante! Lo prueba el propio rayo de luz solar: ante un prisma las ondas integradas en la imagen son diferenciadas y reflejan los matices reales del espectro. Revela los tonos reales. Si atraviesa las gotas de agua de la atmósfera, se forma el arco iris. Y es porque la ‘claridad’ consta de frecuencias invisibles al ojo humano, (cada color una frecuencia) que integradas, ofrecen la imagen del día claro.

Todo cuerpo irradia ondas electromagnéticas a la frecuencia de la energía que actúe; pero nuestro ojo no está diseñado para verlas a ellas, sino al cuerpo que las emite y/o la imagen que generan. El arco iris es ejemplo del espectro de luz visible. Y nadie dice: ‘Mira que lindas ondas del violeta, a 750 tetra ciclos por segundo’. ¡Vemos la ‘imagen violeta’ fruto de vibraciones, no las ondas! Igual con el rojo que detecta el telescopio espacial: no vemos la onda cuya vibración genera tal color, sino el efecto incitado… sin que la onda en sí misma cruce el espacio y llegue al ojo. ¡Vemos el rojo generado en el cosmos, a una velocidad superior a la de la luz!

Hoy, el vasto adelanto tecnológico provee medios precisos para verificar la Verdad de la Palabra de Dios; sin embargo, se adultera todo con el fin de negar coherencias Biblia-Realidad objetiva. Es la meta de investigaciones auspiciadas por el Centro de Nueva York para ‘Estudios de Orígenes de la Vida’, que incluyen becas de la NASA. La Astronomía es su baluarte; sin embargo, los telescopios infrarrojos, sensibles al calor, no apoyan tesis de cielo eónico, sino que las desmienten de forma absoluta.

Vemos un cuerpo, si la luz actúa sobre él, contrastándole; pero no es así en el infrarrojo. La serpiente cascabel, con una fisura sensora entre ojos y nariz detecta esa luz; así caza presas de sangre caliente en la oscuridad total: ve tonos rojizos destacando sobre tierra y/o vegetación. Cualquier cosa con temperatura superior al cero absoluto [-273,15 °C o 0º Kelvin] irradia ondas en la banda infrarroja. Incluso el hielo; y también las estrellas. Sus cambios de temperatura matizan áreas que pueden ser seguidas y registradas por el lente infrarrojo. Tal visión, según nivel de calor, crea una imagen distinta; datos que no se podrían obtener a través de los canales normales de la vista.

El telescopio normal [copia ingeniosa del ojo] ‘acerca’ el astro, no fotones trotones del pasado que, al carecer de masa, son invisibles para el ojo. La lente enfoca un cuerpo físico en el lugar que ocupa en el espacio; su imagen, más definida, integra gran información. Luego la procesan fotómetros anexos. Así, una galaxia lejana activa la retina; los conos y bastoncillos la descomponen en tonos. Estos se convierten en señales eléctricas de distinta frecuencia, y se envían al cerebro a través del nervio óptico. Al final se proyecta la figura espacial en la pantalla de la mente, antes de un segundo… ¡más rápido que la luz!

Ahora, imaginen una colisión en el frío cosmos, creando ignición de hidrógeno, a 2500ºK. ¿Cuánto tiempo duraría el calor detectado por el sensor infrarrojo? Según refrigere, la imagen del destello inicial irá atenuándose  hasta llegar al negro espacial. Y no tarda miles de millones de años; el blanco de la ignición irá atenuando su tono hasta que se enfríe y se vuelva tan oscuro como el espacio, pero tal como veremos, el telescopio provee imágenes infrarrojas yendo desde el rojo, hasta el tono oscuro de los cuerpos fríos, en dos años. ¡Esa es la Verdad! ¡Solo dos años de observación!

Se me ha dicho que en el infrarrojo no hay tonos blancos, pero no es así; si ud. observa desde el aire la emisión de infrarrojos de un campo verá distintas tonalidades desde el rojo al amarillo y el pardo, según el nivel de clorofila de las plantas. Pero si llega a unos matojos secos, entonces los verá blancos.

Otro Ej:  http://ciencia.nasa.gov/science-at-nasa/2009/18dec_titanglint/ 

Ahí pueden observar la imagen del Espectrómetro para Cartografía Visual e Infrarroja (Visual and Infrared Mapping Spectrometer o VIMS) de la nave Cassini. Observen que es una combinación ‘visual/infrarroja’;  muestra un destello de luz blanca reflejado en un lago de Titán, una luna de Saturno. La imagen fue proporcionada por la NASA/JPL/Universidad de Arizona/DLR.

A través del telescopio infrarrojo, las candentes ondas de choque se ven brillantes. Se asocian usualmente a colisión o nacimiento/muerte de una estrella; no hay tiempo de reaccionar a la súbita acumulación de energía y masa, y embisten el plasma cercano, emanando el colosal ardor que el infrarrojo capta… y que se va enfriando hasta no poder ser detectado, confundiéndose finalmente con el vacío sideral. Y lo importante es que ese proceso de atenuación térmica de un estado a otro, a millones de años luz de distancia,  lo podemos ver en 700 días, no en miles de millones de años, tal cual se especula en las aulas.

El 9/4/2009, el Dr. Andreas Brunthaler [Instituto Max Planck, Radio Astronomía] notó algo especial en la galaxia M82, a 12 millones de años luz de la Tierra. Al cotejar los datos del día anterior [Very Large Array (VLA), New México, EE.UU], con los del 2007/2008, vio una ‘nueva’ explosión. Y la imagen 2009 mostró tan oscuras las zonas de estallidos anteriores [más frías], que hubo que ampliarla para lograr la definición que permitiera compararlas. Observen:

Vista Infrarroja Galaxia M82

Vista Infrarroja Galaxia M82

La luz roja surge a 500 ºC. Si la temperatura sube, da luz amarillenta. A 1200 ºC, emite todo el espectro electromagnético, y nos parece que está “al rojo blanco“. De ahí que el nuevo punto blanco del núcleo en el 2009, implique una nueva explosión. El azul es indicador de mayor temperatura (a partir de 12000ºK); su tono se oscurece en función de la temperatura hasta casi los 20000ºK… sin embargo, el negro, que pudiera verse como la tonalidad más oscura del azul, se lee como el frío espacio sideral. Pero lo importante es que áreas que en fotos de dos años antes eran rojas, ahora se muestran negras.

De modo que resulta obvio que hay intercambio de calor; las ondas térmicas varían según se enfría el cuerpo emisor de tales ondas. Máxime si el medio en el que existe, está a bajísimas temperaturas. Y no debe olvidarse que hablamos de un cuerpo que según la equivalencia métrica del año luz, está a casi 115 mil billones de kms de la Tierra.

La secuencia de matices, dando variables de calor en solo dos años, [28/1/2007 a 8/4/2009], desde una galaxia sita a tal distancia, anula todo criterio que intente negar la realidad objetiva: ¡Es actual; está pasando! Es la esencia innegable: si la cámara infrarroja detecta tonos brillantes en un punto, es porque ahí se ha liberado gran energía ‘muy cerca en el tiempo’. De haber ocurrido millones de años atrás, la imagen presentaría la oscuridad típica de zonas que el frío espacio interestelar refrigera rápidamente.

El lente no enfocó fotos antiguas del álbum ‘paleozoico’, sino cuerpos físicos ocupando su lugar actual en el espacio. Si la cámara infrarroja encara un astro, no busca ondas de calor viajando hacia la tierra, sino que explora el matiz de su superficie in situ, mostrando el panorama resultante en fracción de segundo.

En un artículo anterior se explicó que la gracia de ‘ver’ fue antes espiritual que humana. La Biblia enseña que Dios dijo: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’; de modo que nos extrapoló dones sensoriales desde seres espirituales. Y para ello usó como interfaz al cerebro; evidencia del colosal talento del Creador, al difundir en masa física, frutos del espíritu intangible. Mas nuestra vista es básica; mucho más limitada que la del espíritu, que sí capta incluso las ondas cerebrales, sabiendo así qué y cómo pensamos. ¡Telepatía pura y dura! ¡Gloria a Dios; bendito el que hace posible lo ‘imposible’!

Quizás se me critique con argumentos tipo: ‘Es falso, pues refuta al Nobel Paco Pérez’; luego se darán los links convenientes que cobijen la nobélica mentira. Anticipo réplica: ¡Usen las propias neuronas! ¿Cuántas veces ha tenido que ser revisados distintos postulados científicos, ante nuevas evidencias? ¿Cuántas veces distintas revistas científicas prestigiosas han pedido perdón, al publicar artículos de supuesta base científica, que luego han demostrado ser erróneos? ¡Ábranse a lo nuevo! El conocimiento humano enfrenta muchas más incógnitas que respuestas.

Lo cierto es que el planeta Tierra, con solo algunos miles de años, fue el pionero espacial; ningún astro le antecedió. Y lo que brilla visible en el cosmos lejano, llega al ojo humano en fracción de segundo. Con ojo o telescopio, su imagen real surge en cuanto enfocamos. El regreso de eras eónicas, estilo ‘máquina del tiempo’ o ‘Cenicienta corriendo hacia su carroza-calabaza, abrumada por la hora’, es un ficticio y absurdo antojo. Cuento infantil que intenta en lo subliminal, separar a Dios de su obra. Y eso, ¡Jamás será Ciencia!

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DE AÑOS LUZ A MILISEGUNDOS… LA PARADOJA DE DIOS

febrero 10, 2009

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas de parte de Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia del Cristo.” [2ªCo 10:4-5]

Uno de los recursos al que se apela desde el ateísmo científico, para desvirtuar la verdad contenida en la palabra de Dios, es la improbabilidad de un universo de 6000 años, fundamentándose en que existen estrellas tan lejanas, que imponen por necesidad, miles de millones de años para que se formara lo que hoy aparece ante nuestros ojos.

Por ejemplo, la NASA, mediante su Telescopio Espacial Hubble, localizó la luz de la más lejana supernova jamás vista, una estrella ‘agonizante‘ que, según datos humanos, estalló hace 10.000 millones de años. La detección y análisis de la nominada ‘1997ff’, corroboró la idea que hace algún tiempo se viene manejando, sobre existencia de una ‘misteriosa‘ forma de energía permeando el cosmos, haciendo que las galaxias se alejen cada vez más rápidamente unas de otras. Asimismo, consideran esta estrella como un primer indicio de la desaceleración del universo, luego del Big Bang, antes de que comenzara a acelerar.

Al margen de tales apreciaciones [reconfortantes para aquellos que propugnamos la existencia de tal ‘energía’, predicha en la Biblia], vemos que una vez más se hablan de miles de millones de años, con la misma seguridad con la que se podrían referir a la arena del Atlántico. Por lo pronto, yo prefiero concentrarme en los errores de conceptos que han implicado incluso a científicos de la talla de los que forman parte del equipo NASA, quienes, para todas las conclusiones de sus cálculos, toman en cuenta la velocidad de la luz, como la mayor posible en el vacío: 300 000 km/seg.

A modo de análisis, quiero dirigir vuestra atención hacia la constelación de la Jirafa, de la que los astrónomos comentan que se ubica ‘allí dónde no hay nada‘. Situada entre la constelación del Cochero y la estrella Polar, en una zona cósmica muy poco ocupada, La Jirafa se halla al nordeste de tres constelaciones fácilmente localizables: Casiopea, Céphée y el Cochero. Allí se reconoce a Capella, bajo la imagen, y en la cumbre: Polaris, la estrella polar, marcando el inicio de la Pequeña Osa.

Constelación La Jirafa.

Constelación La Jirafa.

La Jirafa se centra sobre el eje Capella-Polaris; y en esta constelación, solo dos estrellas son visibles a simple vista: ‘α Cam‘, y la súper gigante ‘β cam‘; ambas distantes de la Tierra a 6939 y 1100 años luz respectivamente.

El año luz es medida de longitud, no de tiempo. Se conceptúa como el espacio surcado en un año. En concreto, la distancia que cubre un fotón en el vacío: 9,46 X 10 a la doce, kms., calculada en base a los 300 000 kms/seg establecidos para la velocidad de la luz.

Ahora bien, considerando que el cerebro normal menos ágil es capaz de procesar la imagen más lejana, en menos de ½ seg, podemos considerar ese tiempo de llegada de tal visión, desde su punto lejano en el espacio, hasta la retina. Por otra parte, si α Cam, es visible y procesable por el ojo humano, pese a estar situada a 6939 años de luz de la Tierra, eso implica que su imagen ‘viajó‘ hasta el procesador cerebral, cubriendo una distancia de:Distancia de 'La Jirafa.'

Para que se entienda mejor su magnitud: 65,642” 940 000′ 000 000… ¡del orden de los billones de kms!

Con estos datos podemos calcular la velocidad que necesariamente imprimió esa imagen, para llegar al ojo [de modo comprensible para cualquiera]:Velocidad espacial

Relacionándolo con la velocidad de la luz, [300 000 kms/seg] creída la más rápida:Relación velocidad/tiempo

Es decir: la velocidad con la que una imagen del cosmos viene a nuestro cerebro, es 43, 761′ 960 000 veces más rápida que la luz. Léamoslo bien, para asimilar mejor la diferencia:

La velocidad de la imagen de la estrella que viajó del espacio a la retina, resultó ¡Cuarenta y tres mil setecientos sesenta y un millones, novecientas sesenta mil veces, más rápida que la velocidad establecida como más rápida por el ser humano! Efecto objetivo, no hipotético; lo que físicamente ocurre cuando se alza la vista y se enfoca cualquier punto en el espacio, comprobable por todos, sin necesidad de ser una persona de ciencias.

La imagen escogida, ya sea general, conteniendo todas las estrellas que seamos capaces de procesar en el cerebro o individual, seleccionando solo una, cumplirá su cometido con independencia de la atroz distancia, y llegará a nuestro ojo en menos de un segundo.

De modo que lo considerado por los hombres como ‘velocidad más rápida del espacio‘, resulta incapaz de hacerle sombra a la velocidad que se le imprime a una imagen, si el ojo humano la enfoca y la trae hasta el destino de su ‘diseño‘.

Así, queda empíricamente demostrado que resultó posible la Creación de Dios, tal como lo establece la Biblia: hace unos pocos miles de años. Lo podemos apreciar hoy con nuestros propios ojos, al margen de cualquier teoría tergiversadora que intente sumirnos en un universo eónico, en base a confusiones, abstracciones, planteamientos euclídeos o einstenianos. Una vez más se verifica que la Palabra de Dios, cuando es puesta a prueba por el cientificismo ateo, sale victoriosa. Y no es de extrañar; la Verdad le ampara.

Por último, quiero pedir que vuelvan a mirar la imagen, representativa de una ínfima fracción de ese firmamento que tenemos encima: minúscula parte de la obra de Dios, en el cuarto día de su Creación. Piensen que todo lo que esté en el cielo, capaz de interactuar con nuestro sistema visual, por lejano que esté, será procesado en fracciones de segundo por el cerebro. Y para ello, viaja desde el espacio, en forma de imagen, muchísimo más rápido que lo que la ciencia humana ha sido capaz de detectar.

Háganle una ofrenda al Creador, desde su corazón, reconociendo lo insignificantes que somos ante Él, y dándole las gracias por abrirnos la posibilidad de estar bajo el gobierno eterno de Su Hijo Jesucristo. El Señor se manifiesta ante quienes le aman, y permanece invisible ante quienes no quieren verle… se ríe de esa parte de la Ciencia que camina en dirección contraria a la que Él ha fijado, hasta que dé por concluido el tiempo de las oportunidades de cambio.

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EL COSMOS LLEVA PAÑALES.

febrero 18, 2008

Febrero 18/2008

LOS ASTROS Y LOS OTROS.

Me gusta mi casa; vivo en una 7ª planta, la última del edificio. Al sur, a 400 ms., tengo al mar, pero las construcciones frente a la playa solo me dejan ver algo más que el horizonte; aunque, siendo exacto, queda libre el espacio intermedio entre un hotel y la colosal mole de apartamentos a su lado: si un barco cruza esa zona, y estoy atento, seguro no me lo pierdo.

Pero el norte… ¡eso es otra canción! Me paro frente al ventanal de vidrio de dos metros y pico y no hallo obstáculos: estoy por encima de todos mis vecinos. Una majestuosa cordillera me saluda, no muy lejos. Incluso, en aquellos días que tenemos todos, en que las cosas no nos salen como esperamos, me arrimo a mi atalaya personal, a cualquier hora, y un fastuoso capricho de la Naturaleza, una gran hendidura verde oscuro en medio de la montaña mayor, aparece como una enorme V de victoria, ocupando la cuarta parte de su altura y reforzando mi fe optimista en que su constructor está al control de mis pasos.

Una noche estrellada frente a ese mirador privado, con buena música de fondo y mejor compañía, constituye un área envidiable, créanme… pero también nos pone a pensar en la majestuosidad y las incógnitas que encierra el universo. ¿Cómo y cuándo comenzó todo lo que hoy vemos? La pregunta nos exige comparar datos recibidos desde distintas fuentes, para intentar descifrar los enigmas: esbozos de la limitada reflexión humana, frente a la congruente y mágica historia legada en el Bereshit judío, el Génesis de traducciones posteriores.

Personalmente, veo conceptos no convincentes en la respuesta ¿científica?; hay que distinguir entre la ciencia práctica, que detalla y cataloga los fenómenos visibles, y la quimérica, que se ocupa de fenómenos ignotos, a menudo no reproducibles en laboratorios. La ciencia, etimológicamente hablando, es ‘conocimiento‘, y hablar de un hipotético pasado, presentando una fórmula en la que existen varias variables que jamás podremos asegurar, por no haber estado allí, constituye una “Especulación científica”; o ‘especulación del conocimiento’, algo incongruente.

La ciencia del pasado pretende ofrecer teorías colegidas de hechos conocidos, y aplicarlas al ámbito de lo desconocido: ya sea desde la interpelación (sabiendo los aspectos de dos puntos, trata de colegir cuál será la reacción en un punto intermedio) o desde la extrapolación, infiriendo de una escala conocida, un comportamiento, no se sabe cuán lejano en el eje del tiempo.

Por ejemplo, pongamos un bloque de hielo en medio de una habitación. Sabemos el tiempo que tardará en derretirse, basado en experiencias anteriores. Una vez que salimos, llega alguien y abre una ventana, enciende las bombillas, o simplemente, pone el A/C o la calefacción, según le apetezca. ¿Coincidirán los cálculos basados en cantidades de tiempo, temperatura, corrientes de aire, estados químicos definidos, etc., con la realidad resultante? Desde luego que no.

Es decir, se fijan condiciones y, bajo ellas, todo se debe cumplir según lo establecido. Pero nadie es capaz de computar imprevistos. La extrapolación es el sistema más incierto. Además, la incertidumbre aumenta en proporción directa al incremento de la distancia con la escala conocida, sea la que sea. Así, si la serie conocida está entre 0 y 100, nuestra conclusión a los 1001 tiene menor probabilidad que a los 101.

De donde se deduce que el único método posible para indagar sobre el origen del mundo, la extrapolación, es más frágil cuanto más nos alejemos en el tiempo. Se hace aun más evidente, si se considera que un planteamiento sobre una causa ignorada, a partir de un resultado conocido, es más débil que una conclusión que surge directamente de la causa a la consecuencia.

Un corolario de consecuencia a causa, atestigua más que uno de causa a consecuencia: 4/2=2. Aquí, el precedente lo forman dividendo y divisor; la consecuencia, el cociente. En este caso, al saber la procedencia, es posible un solo resultado: el cociente (2).

Pero si sólo conocemos el resultado final, ‘2’, e intentamos llegar a éste, la respuesta permite muchas posibilidades: 1 + 1; 4 – 2; 1 x 2; 4: 2… Y si otros números entran en juego, las posibilidades son infinitas (5 – 3; 6 – 4… ad infinitum).

En esencia, el problema es que cuando los datos se extienden a contextos indefinidos, solo tendrán valor ‘si todo continúa igual‘. Dicho de otra forma: ‘si las condiciones últimas prevalecen en el tiempo y su acción y reacción sobre el resto siempre ha sido la misma‘. Solo podremos estar seguros si las transiciones resultan análogas a las variables, en grado; si no hay garantía de un cambio similar en clase o especie y si tampoco se puede asegurar que no participan otros factores, ¡las conclusiones carecen de todo valor!

En una reacción química, (fisión o fusión) un nuevo catalizador en el proceso, aun pequeño, puede cambiar completamente el resultado; incluso dar lugar a uno muy distinto. No se sabe cuántas explosiones nucleares ocurrieron en los primeros años del sol ni el estado de la atmósfera primigenia, la cantidad de Carbono y la afectación de este por la influencia del constatado decrecimiento del campo magnético. Se ignora el fondo radioactivo de entonces, la humedad relativa… no se sabe nada. Cualquier información que precise de uno de esos datos, implicará una variable subjetiva y sin garantías de estabilidad en el tiempo.

Además, perdónenme, pero no puedo evitar, cuando me hablan de un sistema de datación, recordar al gato familiar, muerto en el 75, a quien un laboratorio evolucionista le reconoció como fósil de cerca del millón de años: un ancestro del gato común. O las rocas de lava del Monte St Helen, proveniente de la erupción del 1980, cuyas distintas muestras (cristales, pedazos y polvo de roca) arrojaron variaciones entre los 160 y los ¡3000 millones de años! Y otros ejemplos que no quiero repetir, para no abrir heridas y no resultar machacante.

Las teorías sobre una tierra arcaica han sido sostenidas sobre la base de datos observados durante un tiempo relativamente corto, de unas cuantas décadas, máximo de un par de siglos. Partiendo de lo deficientemente conocido, con poca magnitud, los investigadores se lanzan a construir tesis, mediante la extrapolación: de la consecuencia al antecedente, en una extensión de ¡miles de millones de años!

No tienen en cuenta el criterio de la comunidad científica internacional, que plantea que en la etapa “origen” del universo, la temperatura, presión atmosférica, radioactividad, y una multiplicidad de otros factores potencialmente catalíticos, eran distintos por completo a los que existen en el tiempo contemporáneo.

La formación del mundo, haya sido como haya sido, comenzó con un proceso de coligación molecular, y la conglomeración y consolidación de procesos variables totalmente desconocidos. Entre todas las débiles ‘teorías científicas del pasado‘, aquellas que se ocupan del origen del cosmos y del establecimiento de fechas al respecto, son (y esto es admitido por los científicos mismos) las más débiles entre las débiles. Hay casi tantas teorías como investigadores serios del tema. No es de extrañar (y esto en sí mismo genera la refutación por excelencia), que las diversas teorías “científicas” sobre la edad del universo no sólo se contradigan entre sí, sino que algunas sean completamente incompatibles y mutuamente excluyentes, pues la fecha máxima de una teoría es menor que la fecha mínima de otra.

Si alguien acepta tales bases sin espíritu crítico, llegará a una plenitud de desatinos. Cuesta trabajo entender cómo está dispuesto el hombre a aceptar incondicionalmente la creación de partículas atómicas y subatómicas que formaron el planeta luego del Big Bang y la subsiguiente forma viva que sale del agua, capaz de auto transformarse en todo lo que vemos.

La teoría evolutiva moderna se ha dado cuenta que es un trago difícil y están variándola;  ya aparecen en el mar organismos vegetales y ciertos artrópodos sacados de debajo de la manga, como todo lo demás. Es inconcebible que muchos crean este ‘lavado de cerebro‘, maldispuestos a aceptar la Creación total, tal como el propio Creador nos lo instruye, con congruencias que solo hay que buscar para verlas, pues la Biblia, a diferencia de las siempre cambiantes teorías evolucionistas, se ha mantenido inmutable en el tiempo.

Y, ya en este planeta, el argumento del descubrimiento de fósiles no es de ninguna manera evidencia concluyente de la gran antigüedad de la tierra. En vista del contexto desconocido que imperaba en tiempos iniciales, es decir, reacciones y cambios de hábitat totalmente distintos a los ordenados procesos naturales del presente, no se puede excluir la posibilidad de dinosaurios hace unos miles de años, fosilizados bajo colosales catástrofes naturales en el curso de unos pocos años, no millones, pues no tenemos ninguna medida segura, bajo esas condiciones desconocidas.

Philip J. Currie y Eva B. Koppelhus, (evolucionistas), en su libro ‘101 Questions about Dinosaurs’ (101 preguntas sobre dinosaurios, Publicaciones Dover, 1996) nos aclaran bastante el tema. Currie es un conocido experto de dinosaurios. Él es el curador de dinosaurios en el Museo Royal Tyrrell de Paleontología en Drumheller, Alberta, Canadá. Koppelhus fue un investigador visitante en la misma institución. En un párrafo, ellos plantean:

‘Los huesos no tienen que ser convertidos en piedra para que sean considerados fósiles. Usualmente, la mayoría del hueso original está presente en un fósil de dinosaurio.’

Más adelante nos dicen:

‘La cantidad de tiempo que toma para que un hueso se permineralice es altamente variable. Si el agua subterránea contiene mucho mineral en solución, el proceso puede suceder rápidamente. Los huesos modernos que caen dentro de fuentes minerales pueden permineralizarse en cuestión de semanas’.

‘Un ejemplo todavía más espectacular se encontró en la costa Norte de Alaska, donde miles de huesos muestran la falta de permineralización. Se parecen a huesos viejos de vaca. Por lo mismo, el descubrimiento del sitio no fue reportado hasta después de 20 años porque se pensó que los restos eran de bisón y no de dinosaurio.’

Por otra parte, la bióloga y paleontóloga, Dra. Mary Schweitzer y T. Staedter, en el artículo ‘The Real Jurassic Park’ (El Parque Jurásico real), revista Earth, junio 1997 pp. 55-57, hablan de su experiencia:

‘El laboratorio se llenó de murmullos de asombro, porque había enfocado el microscopio en algo dentro de los vasos que ninguno de nosotros había notado: objetos redondos diminutos, translúcidos, de color rojo con un centro oscuro. Un colega los miró y gritó: “¡Usted tiene glóbulos rojos! ¡Usted tiene glóbulos rojos!” Schweitzer compartió a su jefe, el famoso paleontólogo Jack “Dinosaurio” Horner, sus dudas sobre cómo éstos pudieran realmente ser glóbulos rojos. Horner sugirió que ella intentara de demostrar que no eran glóbulos rojos, a lo cual, la doctora respondió: “Hasta ahora, no hemos sido capaces de demostrarlo”.’

Y ahora ustedes dirán: ¿Cómo hemos llegado aquí, si empezamos hablando del cosmos? Muy fácil; quería se preguntaran que, si el ser humano no es capaz de dar respuestas a las cosas del planeta: ¿Por qué la soberbia de responder enigmas mayores?

Ahora sí, para ser honestos, acepto un dato evolucionista: los planetas están aquí desde antes del hombre. Si señor, tienen razón, llegaron exactamente dos días antes: el cuarto de la Creación. La Tierra es algo más vieja: fue lo primero en crearse; pero ninguno tiene más de 6000 años. Lo dice un libro que, aunque no es científico, contiene una inconmensurable fuente de conocimientos… que hay que saber buscar.

‘Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su duro corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.’ Ro 1:18

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