LINGÜÍSTICA vs ‘HOMINIDIA’.

noviembre 11, 2010

Noviembre 11/2010

Cada vez que oigo hablar de homínidos, recuerdo la Ilíada de Homero, por afinidad mitológica. Y la Ciencia jamás debe consentir la mitología; de hecho, los que sentaron las bases científicas de la humanidad, de fe cristiana: Kepler, Copérnico, Pascal, Newton, Galileo, y otros cientos, aunque fundados en su fe, siempre concluyeron sus planteamientos con evidencias.

La Ciencia es búsqueda, pero la conclusión científica es ética; decir que algo es real, solo es moral si se avala con pruebas. Si una investigación no da evidencias más allá del argumento, no se ratifica una teoría; debe seguir buscándose la verdad, sin enseñarse en institutos como la realidad misma. Eso es inmoral y antiético; lo argumentativo jamás es admitido en ningún tribunal como evidencia de nada.

El descubridor de la anestesia por cloroformo, y autor de trabajos que conducirían a avances en ginecología, y en rayos-X, el Dr. James Simpson, al preguntarle sobre su mayor hallazgo, no refirió sus éxitos en medicina. Dijo que lo fue el saberse pecador, y que podía ser salvo por la gracia de Dios: “El hombre que no haya entrado en relación con Dios, mediante Jesucristo, se ha perdido el verdadero proyecto de su vida.”

La Ciencia es área exclusiva humana, vedada a chimpas; aunque la seudociencia, tergiversando al paroxismo, sellara analogía genética del 98%… hasta que se decrete en juicio la real divergencia. El responder a incógnitas distintas a la necesidad biológica, es único en el humano; sale de su alma. Pero muchos se esfuerzan por negar esa energía interior, solo por no haber logrado establecer el punto físico de su fuente.

La zona donde reside el origen de las ideas, sentimientos y análisis; la capacidad que nos convierte en la excepción de la regla, y en amos de la comunicación, es algo que siempre ha intrigado a la humanidad. Palabra, lectoescritura, y artes, son privilegio exclusivo humano, entre casi dos millones de especies. La lingüística es solo nuestra; y se controla en puntos del lóbulo temporal del córtex cerebral… ausentes en chimpas.

Los Centros de Broca y Wernicke, puntos claves de la neurolingüística, situados en ese lóbulo, constituyen otra gran espina ética hundida en la carátula del ‘Origen de las especies’ de Darwin, impidiendo pasar página. Desde la falta de ciencia, con argumentos filosóficos, se saltan a la torera los muchos impedimentos científicos que niegan la teoría darwinista. Y este es de los más espinosos; contra él no hay evidencias. Pero ningún argumento es admitido como evidencia en ningún tribunal; y la teoría evolutiva acabará sus días allí, muy pronto.

Darwin arguyó que el habla y la postura erguida surgieron por instinto. Pero toda su suposición teórica, se basó en ignorancia científica. Hoy se reconoce limitación anatómica para el bipedismo en simios, y hay por ej., hallazgo antropológico en Turquía de humanos cuadrúpedos, debido a mutación génica… que afecta al cerebro.

 

Malformación

Malformación

Esas personas, de una misma familia turca, evidencian que los restos declarados ‘homínidos’ por la paleontología, seguramente pertenecieron a simios… o a humanos que padecieron dolencias degenerativas. No obstante, el fisiólogo turco Uner Tan, sostuvo que esos rasgos típicamente humanos pueden ser el resultado de un suceso evolutivo “puntual”. O sea, se hizo eco del ‘equilibrio punteado’ apelado por los paleontólogos evolutivos Stephen Jay Gould y Richard Lewontin, luego de romper mucho pico, pala y buldózer, en busca del eslabón perdido que jamás apareció, y que les forzó a negar la evolución gradual, tradicionalmente sostenida por el darwinismo.

Mas, si seguimos tal razonamiento, deberemos convenir con que entonces no estamos ante evolución, sino ‘involución’, puesto que los padres no son homínidos, sino humanos normales… que degradaron la especie, trasmitiendo defectos congénitos a hijos.

El ‘International Journal of Neuroscience’ expuso este síndrome, visto en Iskenderun, cerca de la frontera con Siria. Allí, fisiólogos, neurólogos y psicólogos analizaron la descendencia de lejanos consanguíneos: 19 hijos [entre 14 y 36 años], de los cuales nacieron con el síntoma cuatro hembras y un varón, mientras otros 12 eran normales. El análisis genético concluyó característica genética recesiva, debida a mutación.

El examen cerebral con resonancia magnética, reveló además un estrechamiento de la ‘vermis‘, y reducción del cuerpo calloso. Pero, aún ante tal evidencia de mutación genética, con la obstinación propia de la defensa evolutiva, cerrada a cualquier posibilidad de error, Tan aseguró que ese defecto parece producir un retraso de miles de millones de años en el reloj de la evolución humana. O sea, inconsciente propugna a una ‘involución’, sin inferir desde la evidencia que todo supuesto hallazgo fósil ‘homínido’, en realidad debería corresponder a monos o a humanos con ADN mutado.

Y se repite la obcecación cuando el biólogo inglés Nicholas Humphrey, junto a John R. Skoyles, y el anatomista Roger Keynes [Universidad de Cambridge], tras examinar a los enfermos, dijo: ‘Estas personas caminan de la misma manera que nuestros ancestros hace millones de años‘. Especulativo, pues nadie vivió eso para contarlo; y por tanto sin valor legal ante un tribunal de apelaciones.

Si hay algo común en la defensa evolutiva, es la reticencia a admitir siquiera que los fósiles hallados fueran en realidad restos de humanos con dolencias degenerativas conocidas hoy. Y la mayor evidencia del error es que hay por ahí 200 tipos de monos que no copulan si no son de la misma especie, no presentando evidencia de descendencia ‘homínida’ en ninguna selva o laboratorio evolutivo del planeta. Todo lo que tienen contra la verdad es argumento filosófico; pero en todo tribunal se rechaza lo argumentativo. Es una de las acepciones jurídicas que han sentado cátedra en jurisprudencia, para negar la razón a quien argumenta.

Mas lo trascendental es que ni el mono ni otro animal, es consciente del yo futurista; no prevén más allá de su necesidad inmediata. Ni hablan ni presentan la gramática intelectiva que permita crecer en conocimiento. Tienen diferente actividad cerebral.

En el córtex se integran las capacidades cognitivas y la consciencia, que permiten comunicarse por palabras, y hacer razonamientos complejos. El córtex cerebral humano tiene numerosos pliegues, distintos al resto de especies. Aun así se instruye que la genética humana nos iguala al chimpa en un 98%. Algo que fija discordia: ¿Por qué entonces los neurocirujanos experimentan con monos rhesus [macacos], especie evolutivamente más ‘lejos’ según la teoría, en lugar de con los chimpas, los ‘iguales‘ al humano al 98%?

Y los que insinúan que los cambios mono-humano se dieron por azar, citando la interrelación social de poblaciones, como el motor impulsor del proceso de lenguaje ‘homínido’, deberían pensar con igual lógica que de haber sido así, las otras 196 especies simias habrían alcanzado también el lenguaje. Pero no; el humano es el único. Y eso se convierte en evidencia contra lo que se propugna; la misma lógica de raciocinio conduce hacia que nacimos hablando desde el principio, debido al exclusivo diseño biológico que lo permitió. Lo contrario a eso es argumentativo… y ya se sabe que lo argumentativo no vale en un tribunal para acreditar una verdad, sino que acredita sentencia en contra.

El lenguaje es la más específicamente humana representación del mundo; es el proceso cognitivo que nos diferencia de las otras especies. La semántica, creada por intelecto humano, da significado a símbolos [palabras], logrando describir sucesos u objetos, sin importar lo lejanos que estén. Y eso está ausente en chimpas & company.

El humano describe un sin número de pensamientos, partiendo de cantidad finita de palabras. Su intelecto percibió la necesidad de establecer las reglas gramaticales que determinan el lenguaje. Los chimpas & company carecen de tal facultad.

Los centros de Broca y de Wernicke, en la parte posterior e inferior del lóbulo temporal del córtex cerebral, se vinculan a la capacidad exclusiva del ser humano: la lingüística, alejándonos radicalmente del mundo animal. Ninguna bestia es capaz de hablar y pensar coherentemente lo que dice, entre casi dos millones de especies animales registradas; y por supuesto, ninguna entre las casi 200 especies distintas de monos, chimpa incluido.

Broca notó que los daños en esa área generan afasia motora; un mal que hace que la persona, aun manteniendo capacidad de lectura y escritura, no pueda articular palabra; por eso lo consideró un punto de origen de la neurolinguística… ausente en monos & company.

La comunicación lingüística, incluso la más básica, implica la representación de todo lo que nos afecta del mundo mediante la palabra, tanto en forma oral como escrita… y eso está ausente en chimpas. Demanda abstracción para la clasificación pictográfica de objetos y/o situaciones, también ausente en chimpas; y otra aún superior para la interrelación social-artística totalmente ausente en cada una de las casi 200 especies de monos de los que pretenden derivarnos; chimpas incluidos, por supuesto.

Los científicos registran junto al área de Broca varias regiones críticas, activas si las personas planean decir algo, hablan o se expresan por señas. Y Jared Taglialatela, [Centro Nacional Yerkes de Investigación sobre Primates], juzgó que “la conducta comunicativa de los chimpancés comparte muchas características con el idioma humano“. Escaneó tres cerebros de chimpancés mientras gesticulaban y llamaban a una persona demandando una comida puesta fuera de su alcance.

Detectó que los simios mostraban activación en la región cerebral que en humanos correspondería al punto de Broca [sin tenerlo], y en otras áreas similares del cerebro humano donde se involucran la planificación motora compleja y otras acciones. Pero eso también es argumentativo; si hubieran estudiado esas áreas en perros, caballos o delfines, habrían visto la misma activación, pues necesariamente, si el cerebro es la fuente neuronal de todo proceso animal, es normal que se activen áreas de emociones comunes.

Lo único real, es que carecen de los puntos de Broca y Wernicke. Hablar de áreas homólogas en cerebros diferentes, [tal como en el proyecto genoma hombre-chimpancé], es una argumentación sin evidencia científica, fundada en un supuesto. La única realidad es que NO HABLAN, no esculpen ni pintan ni estudian ni hacen proyectos de futuro, ni tienen la conciencia del ‘yo futurista’ [¿Qué seré de mayor?]; y eso fija una gran frontera, no una semejanza que indique descendencia de ellos. Y lo argumentativo, como se ha venido repitiendo, se rechaza en los tribunales, el lugar donde tendrá que comparecer  muy pronto, Dios mediante, la teoría evolutiva.

La fuente de las ideas, sentimientos y análisis, nos capacita y convierte en la excepción de la regla, y en reyes de la comunicación. La palabra, la lectoescritura, y las artes son privilegio exclusivo de nuestra especie, entre millones de distintos tipos de animales. La lingüística, y todo lo intelectual, fue, es, y será exclusivo de humanos; y siempre estuvo, está, y estará… ausente en chimpas & company.

Legalizar homínidos es propugnar la falaz y anticientífica descendencia híbrida, con diferentes especies de monos copulando y gestando entre sí. Pero jamás, en ninguna selva o laboratorio del planeta se ha visto tal cosa ni se ha logrado que ningún híbrido sea capaz de multiplicar ninguna nueva especie. Eso es mentira; quienes protejan tal anticientificismo, no son dignos de ejercer el decoroso ejercicio del magisterio. Venden su alma por el precio de la subvención.

Y cada gobierno que subvencione el apuntalamiento de tal mentira con los millones de euros invertidos hoy, es un régimen que derrocha para financiar engaños contra la Creación de Dios. Si no cambian, si no se arrepienten y piden perdón a Jesús, unos y otros tendrán que responder ante el Creador por haber sembrado y alimentado ideas antiCristo en el corazón humano.

El argumento de Bereshit 1:26, el libro con el que instruía Jesús, según la tradición judía, reseña: ‘Y dijo Dios: “Hagamos un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” Y ese argumento adquiere valor real en la presencia humana. Pero lo de convertir calabazas en carrozas es otro hecho; no vale lo argumentativo. Ningún tribunal lo admitiría sin la evidencia que  lo corroborara. Ni el humano ni el divino.

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LA NO-EVOLUCIÓN DEL ‘YO’ CONSCIENTE.

enero 25, 2009

A principios del año 1965, siendo alumno de una academia militar, tuve que hacer frente a una materia que confieso, no me caía bien: Psicología. Yo siempre he preferido las Ciencias exactas… soy alérgico a las fundamentadas en conceptos teóricos preconcebidos; esas solo las he aprobado, cuando no he tenido otra opción.

Allí, bajo una dirección comunista, se consideraba digno de estudio solo la literatura atea, pro soviética: El Capital, Las Obras de V.I.Lenin…; así, el libro de Psicología que se usó en nuestro curso fue uno de Pavlov; un extracto de ‘Reflejos Condicionados. Función de los Grandes Hemisferios‘. Y recuerdo que entre los primeros párrafos se presentaba una definición que jamás he olvidado:
Materia es todo lo que existe independientemente de la conciencia.

La realidad es que, pese a que hace más de medio siglo ya se sabía lo difícil que el materialismo lo tenía para asociar a lo tangible las incógnitas del subconsciente, el principio comunista resultó ser la semilla del antiCristo que florecería al fin en el mundo científico: ‘la materia fue la primera manifestación de vida‘. Mas, el propio concepto de materia, como ‘todo lo que está fuera de la conciencia‘, contradice la idea de que esta pueda estar ubicada físicamente en el cerebro… y por ello el subconsciente siempre es mirado con recelo por los ‘agnósticos‘, pues constituye en sí mismo su espada de Damocles.

En los años 70, leí un artículo, si mal no recuerdo en la revista UNESCO, sobre el instituto de Parasicología de Leningrado. Los bolcheviques se enteraron, gracias al rígido control sobre toda la población, que ejercían sus agentes secretos, de que varios ciudadanos de distintos estados soviéticos exhibían ‘facultades extrasensoriales‘. Y esto fue una sustancial señal de alarma y revuelo, pues cualquier acto conexo con lo espiritual era considerado como ‘subversivo‘… sin embargo, no eludieron el desafío.

Como vivían convencidos que la Ciencia puede explicarlo todo, crearon dicho Instituto, y enviaron allí los mejores psicólogos, físicos, químicos… la crema y nata del saber soviético, todos militantes del Partido, para asegurar fidelidad e intimismo. Allí concentraron a todos los ‘raros‘ hallados en su territorio, captados entre los países que formaban el bloque.

Así, se vieron unidos en rara amalgama, ingenieros/as, zapateros/as, koljosianos/as… todo aquel que hubiera probado poseer capacidad no explicable, fue separado de su centro de trabajo, fuera cual fuera, e internado en la moderna institución. Se les respetó su salario original, y constituyeron un equipo de conejillos de Indias durante años.

Aquel artículo narraba el caso de personas capaces de conducir entre obstáculos, con los ojos vendados, solo con la condición de que a su lado estuviera un copiloto que le fuera diciendo… ¡con la mente!, la acción que debían realizar. Otros podían describir los colores de una pelota de playa… separada por un muro de hormigón.

Hubo muchas cosas interesantes que no voy a describir aquí, pero se estudiaron profusos fenómenos en aquella época, siempre con la seguridad de que al final prevalecería la Ciencia y se hallaría una respuesta. Finalmente, el proyecto fracasó, aquellos fenómenos permanecieron en el enigma, se les orientó no hacer de aquello un manifiesto religioso, y el edificio pasó a formar parte de otros objetivos diferentes.

Años después, el genetista ucraniano Dobzhansky [Teoría Sintética de la Evolución, con Mayr, Stebbins, y Simpson], autor del “nada tiene sentido en biología si no es considerado bajo el punto de vista de la evolución“, ratificaba su posición ‘de materia en materia, siempre a mejor’:

La materia inerte, los átomos y electrones, participan supuestamente de capacidades vitales y volitivas. En este imponente sistema filosófico, Whitehead ha desarrollado este punto de vista hasta cierto detalle… Debo decir que en mi opinión tales puntos de vista se deben rechazar en base a consideraciones tanto científicas como filosóficas. Sin embargo, desde una perspectiva lógica, parece que estamos entre la espada y la pared. Lo mismo que en el caso de la vida misma, o bien la conciencia surgió porque la materia prima tiene la capacidad de darle origen, o bien surgió ex nihilo desde fuera del sistema.”

La autoconciencia humana: conciencia de la propia experiencia mental, difiere de la de un animal: consciente de su propio cuerpo. La cognición que permite a una persona meditar, pensando sobre su propio pensamiento, no es la misma que la de un chimpancé capaz de reconocerse frente a un espejo. La ‘autorreflexiva‘ conciencia del ‘yo‘, no existe en los animales.

Una persona tiene la capacidad de razonar qué clase de ser es, qué aspira hacer y sobre todo: cómo debe actuar para lograr sus objetivos a largo plazo. Un animal caza, rompe un huevo, escoge una fruta… para matar el hambre. Otros son conscientes de sus afectos y sensaciones… pero sólo el hombre es capaz de reflexión, de conciencia de sí mismo, de pensar sobre sí mismo, y de compararse en expectativas con el resto de la escala.

Con independencia de si los animales tienen conciencia de sí mismos o no, al menos no cabe duda de que tanto los animales como el hombre poseen conciencia. Aun si nos limitamos a la conciencia, como diferencial de la conciencia del ‘yo‘, hay que preguntar: ¿Cómo surgió?

El neuro siquiatra y pro evolucionista Stanley Cobb, apunta a la conciencia como el atributo de la mente capaz de procesar el juicio del yo. Dice que varía en el hombre según edad, tipo y medio social… y de los peces al hombre, en la filogenia. Pero la Ciencia exige un origen físico desde los ‘cambios’; el mundo científico actual no acepta ninguna manifestación de Creación. Y la conciencia no será una excepción; desde hace mucho tiempo se ha dedicado mucho esfuerzo en la intención de ‘probar‘ que consciente y subconsciente han derivado de algo ya existente.

Pero aun si algún osado planteara que la mente surge de novo, quizá a resulta de una mutación de algún tipo, habría que señalar alguna evidencia de la entidad mutante: el umbral. Así, actualmente, hay dos opiniones básicas sobre el origen de la conciencia del ‘yo‘: una oculta, derivada de materia evidente [monismo]. Y la otra, que la ve como creación directa, “de la nada” [dualismo]… no considerada científicamente respetable, aunque nadie puede ni siquiera insinuarle un origen físico.

Si se es honesto, debe reconocerse que la situación objetiva es que la mente ya se nota incluso en cada célula en desarrollo, en el nuevo embrión. O sea, está potencialmente en el óvulo y/o el esperma; se manifiesta luego en la primera célula embrionaria que surge, y luego en todas las demás: un desarrollo mental, desde lo invisible a lo obvio.

Una contradicción, por cuanto hay dos mentes distintas implicadas, la del padre y la de la madre, generando solo una resultante; se está ante dos instrucciones distintas de ADN, que concluyen formando una sola, pero: ¿está en esa doble cadena del nuevo genoma la mente embrionaria? ¿Surgió la conciencia de nuestra propia conducta, como algo totalmente nuevo, o germinó porque la materia ‘alcanzó‘ un nivel ‘evolutivo apropiado de organización?

Analicemos: una entidad carece de inteligencia si reacciona de cierto modo ante estímulos determinados, y por adversa que sea la consecuencia insiste en actuar igual. Pero si altera su conducta, obteniendo un claro beneficio con la nueva actitud, entonces resulta evidente que ha obrado con inteligencia; es un ser inteligente, independientemente de su tamaño.

Y resulta evidente que así ocurre con los microscópicos parásitos, por ejemplo; los médicos conocen que un mismo antibiótico, que al principio resulta eficaz, si se repite ante el ataque, digamos, de giardias, llega a resultar inocuo para el protozoo. De alguna forma han sabido cómo defenderse del ataque químico del medicamento; sabiendo además hallar el ambiente que más les conviene para subsistir en el infestado.

También demuestran tener capacidad de selección, pues son capaces de buscar el alimento adecuado, y se orientan a través de la sangre hasta llegar a aquellos órganos vitales que les servirán como refugio.

De modo que, si ciertos patrones psicológicos también se manifiestan a nivel primario, se hace obvia la posible existencia de características presentes a nivel de organización celular, aun en ausencia de los circuitos nerviosos. Y entonces no queda otra opción que reconocer que incluso la materia del ser unicelular ya goza de una especie de conciencia nada rudimentaria. ¿Tiene entonces cada célula algún tipo de conciencia?

Hace unas décadas, en una revista científica cuyo nombre no recuerdo, se mencionaba un experimento sorprendente: A una planta de oficina se le colocaron electrodos, conectados a un electroencefalograma de alta sensibilidad. Había varios empleados, y se les propuso que la cuidaran, la mimaran, le echaran agua, limpiaran sus hojas, pusieran música relajante… a todos menos a uno; a ese se le dio una única misión: pasar a intervalos irregulares por su lado, detenerse frente a ella, y arrancar un pequeño pedazo de una de sus hojas.

Hasta ese momento, el aparato describía una línea casi horizontal, aunque se hacían obvias ligeras variaciones, que los investigadores achacaron a metabolismos como la fotosíntesis. Pero en el instante que el individuo se paró y le arrancó una hoja, la aguja hizo un efecto brusco y se puso de manifiesto una alteración en la amplitud de las irregularidades reflejadas en el gráfico. Eso se repitió durante algunos días; al final, la investigación arrojó que llegó el momento en que el empleado incordiante solo tenía que pararse frente al vegetal para que el aparato se volviera loco.

O sea, se defiende mejor la ‘mentalidad‘ de un arbusto sin cerebro, que la existencia de un punto arbitrario en la escala evolutiva donde, de modo enigmático, se supone que aparecería la mente. Y llegados a este punto, si la conciencia no nació automáticamente de un cerebro, se debería poder ubicar al menos el tiempo de su aparición, desde alguna entidad física, material; pero, sin antecedentes detectables, ¿ante qué estamos? ¿Una Creación?

La evidencia dice que unicelulares y plantas poseen formas básicas de conciencia. Así que, si la conciencia evolucionó a partir de la no-conciencia, al rastrear hacia atrás, se debería hallar en algún punto la materia que fue capaz de dar lugar a su existencia, pues lo que aun no existe, es imposible que ‘evolucione‘. Salvo, por supuesto, si se señala hacia una Creación ex nihilo [latín: ‘de la nada’] que sí lo lograría… pero quienes hoy condicionan la ‘llave‘ de la Ciencia, no admitirían eso jamás.

También podría hacerse en sentido contrario: seguir la ‘evolución‘ de la materia hasta que surgen y se revelan los iniciales indicios de conciencia. Una manifestación así sería algo nuevo (de novo), surgiendo de algo que ya existe. Pero nadie se ha topado con eso aun, y tal cosa no ha logrado sobrepasar el umbral de lo ‘anhelado’.

Ahora bien, con independencia de posturas filosóficas, nadie duda que hasta la bacteria, el hipotético paso necesario de célula procariota [clasificada ‘más antigua‘] a eucariota, [animales y plantas superiores] manifiesta cierto nivel de conciencia… ¿cómo surgió esta ‘conciencia primaria‘? ¿De dónde evolucionó? Pues hoy se sabe que hasta la anémona sin cerebro, de aparición ‘datada en 700 millones de años, manifiesta un nivel de conciencia insospechable.

Y aun yendo más lejos, en el caso de virus cuya información genética es ARN, demostrando obviamente algún tipo de ‘conciencia‘, al usar sabiamente para multiplicarse el ADN de las células que infestan, ¿de dónde evolucionó esta? Al margen del programa que muestra la instrucción genética del virus, demandando programador e instructor imprescindible, surge otra pregunta: ¿Quién hecha a andar ese programa? ¿Quién pulsa su ‘Start’?

Nadie puede ocultar la Verdad: la vida manifiesta un estado de conciencia desde sus fundamentos, sin ninguna posibilidad de atribuir su ‘evolución‘, en ningún punto de la escala del tiempo… no importa los miles de millones de años que pretenden atribuirle. Nuestra mente tiene una trayectoria circular: procede de Dios y a Él volverá, si cumplimos los deberes:

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. — le respondió Jesús — Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” [Mat 22:37-40]

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EL CEREBRO, Y SU EVOLUCIÓN ‘MÁGICA’.

octubre 27, 2008

¿Qué van a hacer cuando deban rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A quién acudirán en busca de ayuda? ¿En dónde dejarán sus patrimonios? [Isa 10:3]

Después de haber tratado en este blog numerosas evidencias de nuestro cuerpo que niegan la teoría evolutiva, paso a manifestarme sobre lo que considero la obra cumbre de Dios en el ser humano: el cerebro. Más allá de que constituye el elemento orgánico considerado como un privilegio único con respecto a la escala animal, hay que verlo como la materia que sirve de ‘Jefatura’ de la mente insustancial.

La Ciencia halla en el cerebro el mayor reto del campo biológico: él es materia… la mente no. Es el único órgano cuyos procesos no pueden verse, aunque se revelen conectados; los electroencefalogramas dan evidente expresión de energía en el pensamiento humano, pero los procesos de la mente ocurren en milisegundos, y los electros, unidos a nuevas técnicas matemáticas, solo han sido capaces de reunir los datos cerebrales producidos por miles de millones de neuronas, como simples señales eléctricas.

El electroencefalograma sólo registra las ondas eléctricas cerebrales; no mide por tanto inteligencia, pensamientos ni sentimientos. Desde el siglo XIX se sabe que todo estímulo nervioso causa una señal eléctrica, del orden de los milivoltios. Y desde 1940 se obtienen registros clínicos de esta actividad. Pero al pensar, ‘vemos’; el cerebro es capaz de crear pictogramas asociados a cualquier pensamiento… sin límites. ¿Dónde se esconden estos procesos, inequívocamente existentes, aunque invisibles? Más abajo daré una respuesta; por el momento, analicemos al órgano desde el punto de vista genético:

Neurólogos del Instituto Picower, descubrieron que varios genes dependen igualmente del factor genético y del ambiental durante un periodo crucial de desarrollo del cerebro. En él, algunos genes sólo se expresan o activan, respondiendo a estímulos externos. Como un automático sistema de luces, los que no reciben ‘señal’ no se “encenderán”, no recetarán las proteínas oportunas.

Durante la concepción humana, en el nuevo ADN del óvulo fecundado se hallan todas las instrucciones codificadas para generar las distintas proteínas del futuro embrión. Desde las primeras semanas comienzan a esbozarse en el embrión los ulteriores órganos; al mismo tiempo que este se forma, lo hacen también los anexos embrionarios.

Durante las primeras 8 semanas del bebé en desarrollo, aparecen los ‘botones’ de las futuras extremidades, y se empiezan a formar el corazón y los pulmones. Para el día 25, el corazón empieza a latir; el tubo neural se convierte en cerebro, y la médula espinal, se empieza a constituir. Al final del primer mes, 30 días, el embrión no llega a los 2 cm de largo, pesa menos de 30 gramos… y ya desarrolla cerebro. No es un amasijo de tejido, tal como plantean los abortistas [me niego a llamarles médicos], sino un ser vivo en toda ley.

Se nace con un cerebro perfectamente configurado, a nivel genéticamente estructural; sus células, como las de todo el organismo, tienen diferente dotación genética sexual: XX en las mujeres y XY en los varones. Por ello fabrican hormonas diversas. Podemos decir que las funciones ‘generales’, iguales en ambos grupos, como la inteligencia global, son las que no dependen de las hormonas.

El coeficiente de inteligencia, por ejemplo, depende de la velocidad con que aumenta el espesor de la corteza del lóbulo frontal del hemisferio izquierdo. En niños y niñas empieza a incrementarse aproximadamente, desde los siete hasta los 13 años. El aumento es rápido en los de alto coeficiente de inteligencia, mientras en los menos o poco inteligentes lo hace lentamente. Pero tanto hembras como varones nacen con una capacidad de inteligencia basal.

Las hormonas intervienen en el cableado del cerebro. Son las señales, y resultan diferentes en varones y mujeres, variando en cantidad a lo largo de la vida. Para construirse, el cerebro requiere estas señales en unas áreas o en otras, según tenga o no receptores para ellas. Su mapa de receptores se traza genéticamente y varía según el sexo. Hay una pubertad pueril, un tiempo en el que el cerebro queda literalmente anegado en hormonas femeninas o masculinas, que dependen de la información genética.

La bioquímica del cerebro está muy avanzada. Se saben con muchos datos los procesos básicos que hacen excitar una neurona, frenarla o conectar determinadas moléculas, los mensajeros implicados en esas señales, etc. Las cosas que vemos y muchas de nuestras acciones, implican procesar una excitación neuronal; es decir, que se pongan en marcha una serie de circuitos o conexiones neuronales: los neurotransmisores. Son las sustancias químicas que se encargan de la transmisión de las señales desde una neurona hasta la siguiente, y se producen en algunas glándulas como la pituitaria y la adrenal.

Mas los neurotransmisores no fueron activados por la selección natural a la que acuden los evolucionistas para desmentir la Creación. Por ejemplo, la acetilcolina que estimula los músculos, y programa el sueño REM, se sintetiza gracias a la instrucción precisa, inscrita en la hebra del genoma, en un punto del cromosoma 10. Hace años, se identificó la anomalía genética en la región 10q11.2 del cromosoma, que induce el síndrome miasténico congénito: mutación en el gen CHAT que codifica la ‘colina acetiltransferasa’, la proteína que permite la síntesis de la acetilcolina, un compuesto químico forzoso en la transmisión de la orden motora del nervio al músculo.

Hay muchos otros neurotransmisores involucrados; norepinefrina, epinefrina, dopamina… y las instrucciones para su síntesis aparecen antes, inscritas y codificadas en el ADN. No surgieron por casualidad, sino que aparecen debidamente programadas, aminoácido por aminoácido, miles de ellos, en la información genética de todo humano. ¿Quién instruyó esa elaboración? ¿Quién dejó explicado en el ADN, cada paso químico para lograrlo? Imposible hablar de azar ante una instrucción de tanta complejidad, inscrita, a modo de firma personal, en todo genoma donde se manifieste.

Y además de para la acción, también se codifican neurotransmisores para ‘detener’ una actividad física que ya ha empezado; por ejemplo, cuando vamos a dar un golpe en la mesa, y decidimos no hacerlo en el último minuto. ¿Cómo ordena el cerebro ese ‘no’? Pues con una orden, de naturaleza no material, que le ‘dicta’ a la zona implicada en el ADN, que se secuencie el GABA, (ácido gamma aminobutírico), el que ‘frena’ en la corteza cerebral, la información procesada, a velocidad refleja, inmediata.

Pero, y atención en este punto: ese ácido tiene una composición química, cuya síntesis está inscrita en el ADN; sin embargo, a diferencia de la inmensa mayoría de los procesos químicos ocurridos en el organismo, el ADN no tiene autonomía para todas las funciones cerebrales. La orden de andar, hablar, pensar, comer… todos los reflejos condicionados en el hombre, ¡TODOS!, tienen un origen ‘NO MATERIAL’. Y lo mismo ocurre con la mayoría de las respuestas de nuestros cinco sentidos: los procesos químicos están visiblemente secuenciados en el Programa diseñado en el ADN; pero las órdenes son invisibles; la Ciencia no sabe de dónde proceden.

La orden que induce a activarse la información genética para crear los neurotransmisores que respondan a una actividad física dada, ya sea del tipo ‘Marcha’ o ‘Parada’, es de un origen desconocido para los ateo-materialistas aunque saben, por los electro encéfalogramas, que determinadas órdenes activan determinadas áreas del cerebro. Saben que fue originada… ¡EN LA MENTE! Mas la mente sigue siendo ‘incorpórea’… ¡INVISIBLE!

Si analizamos el resto del cuerpo, desde la perspectiva genética, nos encontramos ante un mecano: todo marcha mecánicamente, según instrucciones del ADN… anteriores incluso a la síntesis de proteínas que darán lugar al cerebro embrionario. Sin embargo, hoy se ve con claridad que muchos procesos cerebrales los vamos haciendo; que hay encendidos y apagados personales, de origen ignoto.

En una situación concreta podemos ser altruistas o egocéntricos, según decidamos. Ante esa capacidad de reflexión e idealismo, pierde fuerza la idea de que los fenómenos mentales se reducen a circuitos neuronales; se evidencia algo más íntimo… tan interior que resulta invisible a los ojos de los investigadores.

Muchos de estos procesos existen de modo similar en los animales, pero sucesos como el razonamiento, la comunicación oral con sentido semántico, la habilidad en las artes, en los diseños, el uso de herramientas complejas, los análisis matemáticos, todos los usos y creaciones industriales… son únicos en humanos. Y es que no solo estamos dotados de genes, sino también de aliento divino procedente del espíritu del mismo Dios. Tocante a sentimientos y empatía, los genes están de más… el tamaño del cerebro y sus conexiones también, porque el ser humano es el único individuo que posee espíritu.

Es la espiritualidad la que confiere la personalidad, no el cerebro, no los circuitos neuronales ni las circunvoluciones del órgano, sino la energía invisible propia de los mismos ángeles, enclaustrada en nosotros, hasta que el Señor determine la hora de liberarla e independizarla, devolviéndola a su origen, en la 4ª Dimensión Espiritual.

Para los defensores evolutivos, la mente sólo es cerebro Lo que hasta ahora se había considerado como la parte espiritual del ser humano, ellos plantean que podría no ser más que una expresión de la estructura neuronal. La sensibilidad ante la pintura, la escultura, la escritura, la comunicación hablada y escrita… todos los procesos cognoscitivos que nos hacen específicamente humanos, pretenden explicarlos desde la materia.

Pero además del cerebro hay una realidad espiritual que, aunque se manifiesta en alguna medida en la materia, no puede ser reducida a componentes materiales, y la Ciencia habla de ello; el neurólogo Mario Beauregard y la periodista Denyse O’Leary, coautores de ‘The Spiritual Brain: A Neuroscientist’s Case for the Existence of the Soul [El Cerebro Espiritual: Un estudio de la Neurociencia para la Existencia del Alma] evidencian que el cerebro humano es instrumento orgánico de un Yo inmaterial, que permite que se manifieste la personalidad de naturaleza espiritual de cada persona.

Los argumentos evolucionistas para el origen del cerebro resultan contradictorios, si se afirma que ese órgano es sólo una aglomeración de moléculas conformadas por fuerzas evolutivas; el propio hecho de reconocer existencias inmateriales como la Verdad, la razón y la lógica, ya presenta contradicción con el mismo planteamiento materialista del cerebro. El ateísmo materialista usa constantemente esas acepciones que su propio código niega que existan.

Ni el alma es una ilusión ni la racionalidad evolucionó desde canales físicos. El criterio darwinista que plantea que nuestros cerebros evolucionaron a partir de antecesores animales, no resultan plausibles, incluso haciendo un esfuerzo sobrehumano para creerlo. Los primeros registros escritos recogidos por historiadores, se remontan solo a unos cuantos miles de años; en tanto se plantea que en Europa hay constancia de la presencia humana desde hace casi 1 millón de años (Homo antecessor)

Un equipo formado por expertos de la Universidad de Chicago y del Departamento de Antigüedades de Siria, tras estudios arqueológicos en Hamoukar, frontera iraquí, concluyeron que cerca del año 3500 aC, una gran batalla destruyó una de las ciudades más antiguas del mundo, en un asentamiento urbano en la Alta Mesopotamia, abandonando allí artefactos de la vida cotidiana. Clemens Reichel, investigador del Instituto Orientalista de la Universidad de Chicago, dijo al respecto:

Toda el área de nuestra más reciente excavación fue una zona de guerra“.

El equipo vio gran destrucción, y paredes derruidas, como resultado de un bombardeo de proyectiles lanzados con hondas. Evidenciaron que el sitio estuvo protegido por una pared de ladrillos de barro de 3 metros de alto, y hallaron más de 1.200 pequeños proyectiles ovalados (2 cms y medio de largo por 4 de diámetro), y unos 120 de arcilla, redondos y más grandes (6 a 10 cms de diámetro). Lograron identificar muchos objetos de valor, sepultados bajo masivas ruinas, y unidades arquitectónicas domésticas, tales como cocinas, talleres o edificios de uso administrativo o religioso.

Es decir; esperan que creamos hipótesis que dictan que tardaron 1 millón de años en expresarse como humanos, sabiendo que 5500 años atrás, ya se liaban a cañonazos, vivían en estructuras sociales perfectamente inteligentes, fabricando edificios y murallas… y usaban joyas. O sea, en menos de 6000 años se ha pasado de la onda a los satélites de comunicaciones, mientras se tardó 1’000,000 en manifestar inteligencia, en el limbo de la ignorancia. ¿Quién apretó el interruptor del imposible?

¿Cómo puede nadie tragarse tal cuento? Además, la evolución se basa en leyes naturales… aplicadas a todo ser vivo. ¿Por qué entonces, ningún otro animal, incluyendo a aquellos cuyos cerebros tienen capacidad semejante a la humana, desarrolló razonamiento abstracto, arte y lenguaje semántico? ¡Solo nosotros, entre más de un millón de especies, por casualidad! Eso, analizado desde la inteligencia, resulta ilógico, anti razón, y muy poco convincente.

Y pretenden atribuir ese ‘paso’ intelectivo, a mutaciones. O sea: errores de copia en las secuencias de información genética. Todo el que induzca a pensar que la cognición humana se debió a errores genéticos, debe ser considerado cognoscitivamente herrado, así, con ‘h’. La selección tuvo que aplicarse mucho en los laberintos binarios de la doble cadena de ADN, para crear tripletes. Tal como leí hace unos días:

Las piedras caen a tierra por la fuerza de gravedad, no porque la selección natural haya eliminado todo lo que tendía a ascender‘.

La mentira evolutiva presenta doctorados en dientes de cerdos mutando en humanos, y algas que se rieron de sus órdenes cromosomáticas, para crear autónomamente, millones de especies. Hace falta mucha preparación académica para intentar explicar todos los procesos que debieron ocurrir, y poder sustentar la teoría de la evolución; hace falta tanta, que aun no se ha podido llegar a ella. Tanto el darwinismo primigenio como el contemporáneo, destilan incongruencias por todas partes.

La Verdad en cambio, es más humilde; solo espera por cualquiera que la busque para mostrarse. La Verdad es un pájaro de Cristo, preso y oculto en el corazón de cada persona; ávido de que le abran su jaula. Y no importa lo que se haga por evitarlo; su propio dueño vendrá para liberarlo. Estamos en la alta competición, y no todos los equipos llegarán al podio único; solo el de los fieles al Señor. Lo dejó bien establecido:

En aquel tiempo muchos se apartarán de la fe; unos a otros se traicionarán y se odiarán; y surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos. Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo“, [Mat 24:10-13]