REPARACIÓN TISULAR: OTRA EVIDENCIA CREATIVA

mayo 20, 2008

“Una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”. (Joseph Goebbels, Ministro de campaña Nazi.)

En el año 1894, el médico W.R. Dunham publicó su trabajo sobre la comunicación subliminal titulado “The Science of Vital Force” (La Ciencia de la Fuerza Vital) demostrando la existencia de dicha influencia en el ser humano. Más tarde, el Dr. Poetzle pudo demostrar la percepción subliminal, así como sus efectos en sueños y conducta.

Aproximadamente en los años 50, se realizó un experimento en un cine de New Jersey, insertando en la película “PICNIC”, cada 24-30 fotogramas, las palabras “Tome Coca-Cola” y “Coma pop-corn” sobre el rostro de la actriz Kim Novak. Con ello se logró aumentar las ventas del refresco en un 18% y las de pop-corn en un 58% respectivamente.

El mismo sistema se ha empleado en la medicina con fines curativos y pedagógicos; la Clínica Médica McDonagh (Gladstone, Missouri), lo usó para relajar a los pacientes. Los enfermos dejaron de sufrir desfallecimientos, mejoraron… y luego volvieron de nuevo a desmayarse cuando se retiró esta influencia subliminal. Podría dudarse de su efectividad si no existiesen pruebas, pero están, y los resultados son aplastantes. La psicología industrial lo utiliza en la prevención de robos en los supermercados, y la disminución de estos hechos delictivos ha sido de un 80% en todos los casos de faltantes de mercaderías.

Existen además otras estadísticas y ejemplos muy alarmantes. Uno de ellos, realizado por Marie France Charron, en una de las publicaciones gubernamentales del Ministerio de Comunicaciones de Québec, Canadá, demostró que en 22 tipificaciones de causas de suicidio, el mayor porcentaje resultó debido a la audición de música rock infectada de mensajes subliminales con satanismo. Se evidenció que la mente puede ser manipulada sin conciencia de ello, dando la sensación de que nadie podía evitar ser su víctima. Se produjo un profundo rechazo hacia todo lo subliminal y se redactaron leyes para su prohibición.

Pero también se ha demostrado que la constante repetición de una frase tiene efectos en el subconsciente, aunque no se presente de manera subliminal. Si se comienza a trasmitir en la escuela desde las primeras incursiones de la infancia (raciocinio inmaduro), penetra en el subconsciente de un niño totalmente sin defensa ante esta forma de agresión. Se hace subliminal por repetitivo; ataca traicioneramente al receptor, pues anula las barreras de la selección inteligente.

En la publicidad comercial, las múltiples técnicas de persuasión dependen del ingenio de su artífice y solo están limitadas por los medios de comunicación, algunas restricciones legales y el código deontológico elaborado al efecto por las propias agencias de publicidad. Pero esto no se manifiesta igual en las escuelas; allí, la repetición del mensaje, ha jugado su basa durante el tiempo que la teoría evolutiva ha ido minando las aulas.

Un mismo anuncio evolutivo es ya internacional. Figuras alusivas aparecen en vallas publicitarias, folletos a la entrada de las tiendas, y en forma de revistas, libros de cuentos o juguetes. La propaganda ha sido extendida a la radio, la televisión, periódicos, revistas, y por supuesto, donde resulta más importante: en todos los libros de textos de biología y zoología, desde los primeros hasta los últimos niveles de la enseñanza.

Como colofón, ha sido usada además una de las formas más efectivas y seductoras: la gran pantalla. Obras como Parque Jurásico (Steven Spielberg), Caminando con cavernícolas (de la BBC), La Evolución de las Especies (de Discovery), y muchas otras, han trabajado tanto en el subconsciente humano, que la teoría está asentada allí como un bloque de cemento.

Pero, visto desde la razón, el que los protozoos marinos pasaran a convertirse en grandes monstruos a lo largo de miles de millones de años, careciendo de la más elemental evidencia, no logra traspasar la frontera de la ficción. La Ciencia jamás ha logrado el paso anterior imprescindible: que una célula simple sea capaz de alcanzar por sí misma la complejidad de una eucariota; de modo que resulta ausente de crédito, el simple hecho de la aparición de las molestas anémonas de playas a partir de procariontes marinos.

El Inconsciente es una parte de la mente que, como esponja, absorbe todo lo programado, de una forma tan sutil, que no nos damos cuenta. Su concepto fue descrito entre 1895 y 1900 por Sigmund Freud, quien planteó que se nutría de sentimientos cursados durante la infancia, junto con los instintos o la libido, y sus alteraciones por la ‘evolución del super-yo‘. De acuerdo con la definición del psicoanalista suizo Carl Jung, el inconsciente también consta de un inconsciente cultural que contiene ciertas fantasías atávicas, universales y heredadas, que pertenecen a lo que este denominó ‘el ámbito colectivo‘.

Si un adulto acepta un concepto, lo envía al subconsciente; igual a un ordenador, se archiva en la memoria, y se usa luego si es necesario. El mensaje recibido en la primera infancia, en cambio, ataca al receptor obviando las barreras de la selección inteligente y consciente, sin advertir esta violación. Por eso no es válido decir, “a mi no me afecta, porque yo no quiero“, pues, la voluntad fue anulada, así como la selección de “esto si, esto no”.

El trabajo del inconsciente, no puede controlarse y opera con los datos que recibe; como en los sueños, se fusionan automáticamente imágenes y hechos de forma no previsible. Nadie maneja sus sueños a voluntad. Un ejemplo, si alguien propone: “Satán es Dios“, lo más probable es que esta información sea detenida y rechazada antes de ingresar a la memoria. Pero si esa frase llega en la niñez más temprana, no hay ningún inconveniente en que así quede sellada, como instrucción válida y acreditada.

E incluso en los adultos, la repetición funciona. Hay una enorme variedad de técnicas; desde un simple anuncio de pared, hasta una campaña en todos los medios de comunicación de masas. Desde sus inicios en la antigüedad, la publicidad ha evolucionado hasta convertirse en una colosal industria. Tan solo en Estados Unidos, a finales de la década pasada, se invirtieron en un año unos 120 000 millones de dólares.

Se calcula que un comercial de un minuto cuesta cerca de 50 mil dólares. Es tan detallada la elaboración de los comerciales, que se gastan cerca de un centenar de millones de dólares, solo en los actores. Uno de 30 segundos puede llevar semanas para grabarlo, sin tomar en cuenta el intenso trabajo de laboratorio y efectos especiales.

Tal como en los tratados evolucionistas, se fotografía y dibuja una y otra vez hasta que salga lo que se pretende, analizando cada mínimo detalle. Tanto dinero en juego, demuestra la efectividad comprobada del método de la Persuasión: una forma de influir en las personas mediante técnicas repetitivas, para prevalecer sobre la capacidad de análisis posterior.

La teoría evolutiva subsiste gracias a una descomunal publicidad, incremental con el paso del tiempo; muchas veces con mentiras que han sido descubiertas, luego incluso de varias décadas. Su modalidad promocional es la institucional, cuyo único objetivo consiste en crear prestigio y fomentar el respeto de determinadas teorías y enseñanzas.

Sé que se alegará lo mismo con respecto a la Biblia; pero esta no resulta en un mensaje subliminal ni una repetición de cómo las especies fueron ‘mutando‘ de unas a otras. A diferencia de la teoría de la evolución, que desde Darwin hasta la actualidad ha cambiado sus planteamientos constantemente, por plástica adaptación, según las evidencias que han ido trascendiendo a través de la Ciencia, las Sagradas Escrituras constituyen un tratado de historia que ha permanecido inmutable en el tiempo, sobreviviendo y fortificándose en los propios descubrimientos científicos.

Narra, desde la ‘Creación‘ de la humanidad, hasta la etapa del apostolado de los discípulos de Cristo, y, por supuesto, presenta algunas profecías sobre el final material del planeta, dando paso a una vida espiritual, sin carne alguna.

El mejor ejemplo de la presencia de Dios en la creación del hombre, lo ha constituido el descubrimiento del ADN: un lenguaje codificado que garantiza la existencia del codificador INTELIGENTE que antecedió al ser humano. Y ya que la evolución ha sabido usar el método de la repetición de un cuento, durante casi siglo y medio, espero que los defensores evolucionistas no se escandalicen si yo continúo repitiendo las evidencias de diseño e inteligencia que patentiza la misma Ciencia a la que se acogen para intentar acreditar lo que a todas luces constituye un burdo descrédito.

Ya en un artículo anterior, se planteó la admirable programación del sistema autoinmune. Su etapa final es la reparación tisular; según el área, se reparan o no las células, pero siempre está programada una enmienda. Si ocurre algo que altere el equilibrio celular, se desata un sistema de señales programadas en su propio ADN/ARN, que decide si ese daño es reversible o no. Si es irreversible, se produce la muerte de la célula afectada, bien por apoptosis o por necrosis, según se decida en dicho programa.

Si no lo es, el propio sistema decide la reparación tisular entre dos opciones pre-definidas y muy bien organizadas, no casuísticas. En la primera: ‘Regeneración’, las células se dividen en tres grupos, según su capacidad regenerativa y su relación con el ciclo celular. Si hay reemplazo, este es por proliferación de células de la misma estirpe; la reconstrucción de un tejido desaparecido  por causas fisiológicas o patológicas, es entonces casi perfecta.

La segunda opción es la ‘Cicatrización’, y consiste en la sustitución del tejido desaparecido, por tejido conjuntivo producido por células distintas a las del tejido original. Las distintas órdenes aquí se hacen más evidentes, pues todo ocurre por etapas bien definidas:

1- HEMOSTASIA: Permite que la sangre circule libremente por los vasos, y cuando una de estas estructuras es dañada, aprueba la formación de coágulos para detener la hemorragia, reparando el daño posteriormente y disolviendo dicho coágulo. Las plaquetas taponan los vasos rotos, liberando citoquinas, por infiltración celular.

2-INFLAMACION: Ocurre por la acción de los Neutrófilos enviados, los principales actores de este proceso, aunque también se mandan al sitio monocitos y otros linfocitos.

3-REMODELACIÓN: Se producen cambios de coloración y textura, debido a un balance entre la síntesis y la lisis del colágeno.

4-PROLIFERACIÓN: Se manifiesta por fenómenos de neovascularización y angiogénesis; procesos en los que se forman nuevos vasos sanguíneos a partir de un lecho vascular preexistente. Se repiten la proliferación y la migración celular, creciendo la producción y el depósito de colágeno por parte de los fibroblastos, cerrando el proceso.

Resulta evidente la alta complejidad de esta actividad de reparación tisular; tanto, que niega el desarrollo casuístico que predica la abstracta ‘selección natural‘, carente de inteligencia. La minúscula célula actúa como un perfecto hospital; los biólogos evolutivos ganarían mucha más credibilidad si se pusieran a la altura de las expectativas de la entidad que dio origen a toda estas secuencias preconcebidas y diseñadas antes de que se manifestaran los problemas.

La Ciencia lleva muchos años investigando el ADN; con frecuencia aparecen datos diferentes y se concluyen nuevas y desconocidas actividades del cuerpo humano, a nivel microscópico. Es decir, que el hombre de ciencias camina siempre detrás de una señal ya establecida en la Creación; se empapa de conocimientos sobre un diseño que ya existe desde el mismo origen de la humanidad, y luego es capaz de presentar resultados.

La Naturaleza de Dios marca la pauta; los hombres siguen su estela. Si lo hacen en beneficio de sus congéneres, son bendecidos por el Todopoderoso y se dignifican ante Él, pues todo corazón altruista se enaltece ante el Señor.


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¡EL ADN GOLEA AL DARWIN!

enero 24, 2008

ADN: UNA EVIDENCIA IRREFUTABLE

Cuando charlamos por el móvil con alguien y le comentamos acerca del estado de un amigo común accidentado, pese a la distancia, las vibraciones de nuestra voz se transforman en oscilaciones electromagnéticas que llegan hasta su oído medio. De ahí, esas ondas pasan al oído interno, ya convertidas de nuevo en vibraciones y estimularán a las células nerviosas, la última secuencia del procesamiento del sonido. Entonces él oirá nuestro mensaje.

Luego, frente a su ordenador wireless, (sin cables) comienza a mandar e-mails a todos los conocidos que de una forma u otra se relacionan con el accidentado; de nuevo, las ondas electromagnéticas se difunden por el espacio para llevar la noticia a distintos destinos, y a veces, en distintas lenguas.

Uno de ellos, de origen parisino, recuerda a otro amigo común que está viviendo en esa ciudad; no tiene su correo electrónico, pero sí la dirección de su domicilio, así que hace una carta manuscrita, la mete en un sobre y la certifica en una oficina de correos para que llegue lo antes posible. Otro es un misionero; el correo de Internet le llega, pero en esos instantes visita una aldea indígena que se halla en un cerro lejano. El único medio de comunicación en la zona es el boca a boca, pero ha ocurrido un desprendimiento y nadie puede salir para el lugar; así que hacen una fogata y usan un patrón de señales de humo. Alguien de la aldea, capacitado para interpretarlas, se acerca al misionero y le hace partícipe de la desagradable nueva.

Ni un solo átomo ni una molécula de ninguna sustancia se movieron entre los puntos involucrados. Sin embargo, la noticia se desplazó por los itinerarios necesarios.

De esa forma tan variada se manifiesta la ‘información’; el medio de tránsito del mensaje puede ser muy versátil, pero los datos contenidos se mantendrán inalterables. Al margen de la lengua original, los informes serán los mismos, con independencia del sitio de donde provengan.

El medio utilizado, jamás será ‘la información’, sino sólo la ‘vía’ para que esta llegue.

El materialismo enseña que la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma; basado en este argumento, ve la vida de un ente biológico como un elemento que obedece a estrictas leyes químicas y físicas. Pero el ser vivo es algo más que química y física: es un portador de inconmensurable información. ¿De dónde salieron ‘esos informes’ que la sustentan?

Alguien podría plantear que todos los medios de comunicación usados por el hombre se subordinan a leyes químicas y/o físicas. Mas, un ordenador no escribe mensajes por sí mismo, ni un bolígrafo, ni las señales de humo salen por sí solas, si no hay antes un orden de pautas y formas. Sin embargo, una mente sí tiene la posibilidad de crear determinado paquete de datos y codificarlo de forma efectiva y universal, entendible en cualquier idioma.

Un ejemplo: a partir del momento en que un animal fecunda a otro, se comienza a formar una nueva criatura, con características muy similares a sus padres. ¿Quién dicta esa maravillosa ‘elaboración’, tan precisa y magnífica? ¿Qué patrón se sigue para que un chimpancé nazca con sus propias características, y un humano crezca también con sus peculiaridades únicas? ¿Cómo se ha trasmitido desde los ancestros de los primeros ejemplares, ese mensaje repetitivo? ¿Por qué nace un cóndor y crece como tal, en lugar de formarse un cedro?

¡Porque todos los seres vivos poseen, intrínsecamente, una información ‘codificada’ que los identifica: el ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN!

Esta molécula de doble hélice, como la conocen científicamente, es como un largo collar, arrollado en el centro de cada célula del cuerpo. Es ella quien porta los programas para la vida de un ser específico; la información que se transmite de generación a generación.

Algunos piensan que tiene vida en sí misma, pero esto es un error: es una molécula con INSTRUCCIONES para la vida. Un paquete con 12 mil millones de bits de información; datos que regulan la vida de todo ser, desde su etapa embrionaria hasta su muerte. Y  ‘no es capaz de autocopiarse’, como sugieren los evolucionistas; se necesita la maquinaria de una célula viva para hacer las copias de una molécula ADN, que ‘no es la información, sino que la contiene’. Solo es el ‘rollo orgánico’ sobre el cual se escribe el mensaje.

 La fecundación humana ocurre por la fertilización del óvulo femenino por parte del espermatozoide masculino. Así nace la primera célula del nuevo ser, llamada zigoto, que luego originará el resto de las células del organismo, por divisiones sucesivas.

Ese primer zigoto recoge la herencia contenida tanto en el óvulo como en el espermatozoide, en el ADN de sus cromosomas, y la transmite luego a lo largo de incontables divisiones. La herencia ADN del organismo humano está contenida en 46 cromosomas, en el núcleo de cada una de las células. Para ello, cada uno de los 46 cromosomas del zigoto [23 del padre y 23 de la madre] se duplicarán también en cada división celular, de modo que cada célula del organismo tenga en principio igual participación de la herencia materna y paterna. Esta división de cada cromosoma en otros dos idénticos se realiza por un proceso llamado ‘mitosis‘.

Al final, resulta una información recogida; como dos ‘collares de cuentas’ paralelos entre sí. En cada célula humana, (y en todos los organismos eucariontes), el ADN está organizado en cromosomas. Cada especie tiene un número característico: la cebolla tiene 16 (organizados en 8 pares), la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, 8, y los seres humanos, 46. O sea,  tenemos 23 pares de cromosomas: 22 de ellos se llaman cromosomas autosómicos, y trasmiten el carácter hereditario. Los del par 23 se conocen como ‘sexuales‘ y son diferentes entre sí. (XX en el caso de una hembra/ XY en el caso del macho)

El ADN contiene un ‘programa‘ que hace que se integren dos cromosomas en cada nuevo par [trasmitirán la herencia genética al espermatozoide fecundar el óvulo]. La información contenida en uno corresponderá a la madre y la del otro,  al padre; de ahí surgirá todo el proceso de ‘elaboración’ del nuevo ser, con un ADN único y exclusivo. 

Pero no sucederá nada si no hay una maniobra de ‘lectura y transcripción’ de los datos contenidos como ‘en una receta de cocina‘, indicando qué proteínas habrán de formarse en el ribosoma, y a partir de qué aminoácidos específicos se sintetizará cada una. Vea el ADN como una cadena de letras enlazadas entre sí bajo un código extricto; a menos que sean unidas en la secuencia correcta, según ese código,  no darán ningún mensaje coherente.

Por ej.,  el escribir ‘elleavmaloniicáaodapsgaranicaheaiirlsobamo’ no dice nada, por estar codificado de acuerdo a un orden; pero si es conocido tal código, como se ha hecho en este caso, se ve el enunciado: ‘lleva el aminoácido asparagina al ribosoma.’

Por tanto, para leer el mensaje se necesita conocer un cifrado lingüístico ‘pre-existente’ así como el ‘sistema decodificador’. Y todo eso existe dentro de la célula; al igual que un artilugio fabricado por el hombre, no surge por sí mismo de las propiedades de su materia prima. Si Ud. mezcla los ingredientes básicos para elaborar una célula viva, sin información, no ocurre nada.

Las máquinas y los programas no surgen por sí solos de las leyes de la física y de la química, sino que precisan de una inteligencia que las cree. Jamás se ha visto nada complejo, surjir sólo con materia prima, tiempo y azar. El intelecto es lo opuesto al azar; si existe un código, es porque antes hubo un ‘codificador inteligente’ que lo diseñó.

Cuando los seres vivos se reproducen, pasan información al nuevo ente, que transportada en el ADN de los padres, resulta el ‘manual de instrucciones’ que le permite a la maquinaria de una célula elaborar, a partir de la materia prima, el nuevo ser viviente. ¡El milagro de la Creación!

Esto se hace combinando cromosomas de la cadenas materna y paterna; así los niños no serán fielmente iguales a sus padres y tendrán sus particularidades específicas. La información codificada en el ADN de todos los seres vivos señala directamente hacia una Creación inteligente, no hacia cambios casuísticos sin dirección ni orden.

La información genética de un ser tiende a alterarse (mutaciones generacionales); de ahí las anomalías físicas o psíquicas de los individuos que se ven afectados, pero nunca que se ha incrementado,  ha  generado nuevos órganos, con funciones específicas, sino que ha sido para generar caos, enfermedad y/o muerte.

Como la cadena es doble (madre-padre) a veces uno de los dos genes prevalece sobre el mutante y se da un tipo de auto corrección paliativa, como por ejemplo, arcos bucales con menos dientes, pero que no impiden la función de la dentadura. (Mi caso específico: nunca me nacieron los incisivos superiores y dos premolares salieron desde el lateral del maxilar; hubo que extraerlos pese a estar en buen estado)

De regresar en el tiempo a lo largo de la línea genética de cualquier ser vivo, los humanos por ejemplo, veríamos como patrón general una mejora genética gradual en la medida que retrocedemos, pues siempre hay merma de información a partir de varias generaciones.

Ninguna población es infinitamente vieja ni contiene información infinita, por lo tanto, tuvo que haber un punto en el tiempo en el cual el primer programa surgió sin otro pre-existente; es decir: el primero en su especie, sin padres. Porque la evidencia es una: si existe una cadena de ADN ‘codificada’, debe también existir alguien que la ‘codificó’.

Razonando con inteligencia, la perfección biológica de la Naturaleza entera, en toda su diversidad, no pudo haber surgido caóticamente espontánea, sin el ADN, guía de procesos específicos, calculados y establecidos de antemano. Si la evolución quiere dar otra explicación que la del Diseño Inteligente bíblico, más que abordar la explosión casuística de vida a partir de un alga unicelular, debe decir cómo esa alga trasmutó en la compleja célula eucariota que constituye a más de un millón de animales y casi otro millón de plantas. 

¿Por qué no presentan ‘sus pruebas’  de un procariota adquiriendo los orgánulos solo visibles en la célula eucariota? Eso jamás ha podido ser comprobado en ningún laboratorio del mundo; y hay microscopios desde el año 1600.

No podemos decir que el hombre evolucionó del mono y que este provino de una especie de alga marina ‘unicelular’ que llegó a la tierra, dando origen a la biología; a la vida… transformándose por sí misma en árboles, arbustos, aves, peces, cuadrúpedos, chimpancés… y ¡dinosaurios! De organismos simples a complejos, por sí solos. Eso es menos inteligente que decir que la inmensa complejidad de la suma de entes biológicos existentes, plantas y animales, es producto de un diseño bien definido. Hay demasiada complejidad en la información ADN, para suponer que somos producto de una evolución azaroza, sin orden ni programa.

¿Cómo es posible que el mundo no ‘Vea’ la locura de esa definición? Está ciego y sordo. ¡Todo es tan simple! Solo tenemos que mirarnos a nosotros mismos por dentro. ¿De verdad puede alguien creer que este laboratorio tan complejo y cronometrado como el nuestro puede haber surgido de un caos, por generación espontánea? ¡Venga ya!

Esto me recuerda lo escrito en Ro 1:18-20:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa’

¡El código del ADN es una prueba irrefutable de que no procedemos del ‘caos’, sino del ‘orden’ cronometrado por una mente infinitamente superior a la humana: la del Creador! Es el sello de Dios.

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¡HALLADA LA COSTILLA DE ADÁN!

enero 22, 2008

Enero 22/2008

ADÁN Y LA COSTILLA ‘PERDIDA’

Este artículo es sobre un relato hallado en ‘Respuestas en Génesis’, que deseo compartirles por lo curioso e instructivo que resulta, y que concluye con mis comentarios personales:

‘En Mayo del 1999, un inesperado impacto frontal contra un tanque de combustible completamente lleno, a velocidades de vértigo por la autopista, casi a 180 Km/h me obligó a vivir  una experiencia que a nadie le deseo. La sorpresa fue haber sobrevivido a ello, al igual que mi hija Lisa, entonces con 11 años, quien milagrosamente escapó ilesa; claramente, Dios tenía otros planes para mí.

Durante los 5 meses y medio en el hospital, y durante años después, sufrí una serie de operaciones para reconstruir varias partes de mi cuerpo, especialmente los huesos de mi cara. Como resultado directo del accidente, tuve un total de 55 sesiones de cirugía bajo anestesia general; aunque la mayoría no involucró extracción de costilla.

Estas operaciones a menudo requirieron usar mis propios huesos para hacer injertos. Yo notaba que el cirujano plástico siempre volvía al lado derecho de mis costillas, de hecho a través de la misma cicatriz horizontal, para tomar más, con vista a la reconstrucción. Un día le pregunté por qué nunca se le agotaba el hueso. Me miró vagamente y me explicó que él y su equipo extraían la costilla entera cada vez. ‘Dejamos el periostio intacto, así que normalmente la costilla crece de nuevo.’ El ‘periostio‘ es una membrana fibrosa pegada a los huesos, que sirve para su nutrición… y renovación.

A pesar del hecho de haber sido entrenado y de haber practicado como médico, estaba intrigado; nunca antes me había dado cuenta de eso. El periostio (el significado literal es ‘alrededor del hueso’) es la membrana que lo cubre; la razón por la que se te queda ‘algo‘ entre los dientes cuando muerdes un muslo de pollo, por ejemplo. Contiene unas células llamadas ‘osteoblastos‘, productoras de la sustancia ósea, que regeneran el hueso. Sobre todo en los jóvenes, el periostio de la costilla tiene la admirable capacidad de regenerar hueso, quizás más que cualquier otro del cuerpo.

Los cirujanos toráxicos extraen costillas de forma rutinaria, y estas vuelven a crecer, por completo o en parte. Depende del cuidado con el que es extraída; necesita ser ‘pelada‘ de su periostio para dejar la membrana lo más intacta posible. Una razón importante por la que la costilla es ideal para la regeneración, es que los músculos intercostales ligados a ella le proveen un flujo de sangre. Cuando oí al cirujano, pensé de inmediato: ‘¡qué bien, Adán no tuvo que andar por ahí con un defecto!’ En Génesis 2:21, refiriéndose a la creación de Eva, leemos:

‘Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.’

Sorprendentemente, muchos crecen creyendo que el hombre tiene una costilla menos que la mujer. Tienen el mismo número, por supuesto. Algunos anti-creacionistas han usado el hecho de que a los hombres no les falta ninguna costilla para burlarse de un Génesis literal.

Antes de mi accidente, si alguien me preguntaba sobre esto yo le respondía algo así:

‘Si su padre perdió su dedo en una sierra circular, ¿esperaría usted que todos sus hijos tuvieran un dedo menos? ¿O todos sus hijos, pero no sus hijas? Claro que no. Las instrucciones del ADN que son pasadas de un padre a un hijo van en forma de código, como un escrito; remover una costilla (o un dedo) no cambiaría las instrucciones en el código, así que toda su descendencia tendrá todas sus costillas (o dedos).’

Mientras todo eso es verdad y pertinente, esta información sobre la regeneración de las costillas añade una nueva y fascinante dimensión. Dios diseñó la costilla junto con el periostio y los osteoblastos contenidos en ella: los encargados de su regeneración, pues la célula ósea, como el resto de las células del cuerpo, envejece y necesita ser renovada continuamente. Él sabía con seguridad cómo extraer una costilla de manera que creciera de nuevo, justo como las costillas lo hacen hoy; sin requerir ningún tipo de milagro especial, pues el milagro ya fue manifiesto en el origen de la ‘creación’ del hombre.

Mi Comentario: ¿Por qué no hizo a la mujer de la misma forma que al hombre, del polvo? La respuesta es obvia: Para que todos, hombres y mujeres,  fuéramos descendientes de Adán, incluso Eva, la madre de la humanidad.

El poder y sabiduría de Dios se ratifica en toda la Naturaleza; pero si nos circunscribimos a la vida animal, esta evidencia se palpa desde el enigma de la concepción: un espermatozoide fecunda un óvulo y automáticamente se inicia un proceso mágico de diferenciación de la célula; la apertura de operaciones extremadamente complejas, responderán al diseño de condiciones exigidas a cada futuro órgano de la precisa maquinaria que constituye al ser vivo. Y es infalible, pues cada ser humano y cada animal, marino o terrestre, ya sea insecto, cuadrúpedo, reptil o ave, tendrá su propia complejidad… ¡y nunca serán compatibles fuera de cada especie! ¿No es un clarísimo ejemplo de diseño autonómico?

Con respecto al embrión de hombre, lo que será hueso, primero deviene en tejido óseo y lo que será carne, se convierte en tejido muscular. Su cuerpo tendrá funciones de todo tipo, ‘dirigidas’ por un cerebro mediante un complicado entramado de nervios y conexiones micro eléctricas muy variadas: los minúsculos, pero maravillosos circuitos neuronales.

Para que sea perfecto, es necesario que el futuro ‘software’ de la máquina extraordinaria que resultará al final, se subdivida en dos: el sistema nervioso central, con todas las ramificaciones necesarias desde el eje del cuerpo que es la columna, y el sistema periférico que controlará el pensamiento, la digestión, señales de hambre, de dolor, la inteligencia, etc. Además, si el nuevo ente biológico será bípedo, precisará un elemento regulador del equilibrio; y el Creador entonces le dota del cerebelo, que cumplirá esas funciones.

También diseñó y creó el resto de órganos que conforman el ‘atlas humano’. Es obvio que ‘calculó’ la energía necesaria y la corrección precisa ante el inexorable desgaste celular por oxidación, a partir del momento en que el embrión se desarrolla, llega a su edad adulta y muere. Pero quizás la mayor maravilla de esta creación, sea la gigantesca cadena de ADN de la que dispone todo ser vivo; tan inmensamente compleja y larga, que fue preciso ‘codificarla’ inteligentemente, de forma que todas las órdenes hagan su aparición en el justo momento y escogiendo el órgano preciso entre  muchos con los que cuenta el ser humano.

¿Más, cómo podrá el feto de sólo unos centímetros, llegar a adquirir una estatura superior al metro cincuenta y los 50-100 kilogramos que alcanzará más tarde, en su edad adulta?

¿No les parece que todo resulta muy complejo como para que la teoría de la evolución, que defiende un ADN casuístico logre conseguir tales resultados? A mi inteligencia, de coeficiente normalito, le resulta imposible aceptar esa respuesta. ¿Y a la suya?

No lo dude; somos un objeto de creación: fuimos diseñados, calculados y ‘creados’. Nos lo dice el propio Creador. ¿Es que no les resulta esta solución la más confiable?

El periostio le permitió a Adán recobrar su costilla y tener su caja toráxica perfecta; hasta su muerte, dispuso del mismo costillar que nosotros poseemos hoy en día.

El milagro especial fue la creación de Eva a partir del hueso y la carne. ¿Por qué de esta manera, por qué no directamente del polvo de la tierra, como el primer mortal?… Para que todos nosotros, incluyendo a Eva, estemos relacionados con Adán. De esta forma los millones de mujeres de la actualidad pueden sentirse identificadas directamente con él y, por supuesto con el postrero, que vendrá a buscar a todos aquellos que le hayan sido fieles: Cristo Jesús, para que disfruten junto a Él de Su reino eterno.

‘Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.’ (1ª Co 15:45)

Podemos tener órganos más chicos o más grandes, pero desde luego que a nadie le falta nada; mucho menos, una costilla.

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