EVOLUCIÓN NEGADA POR CALCIO INTRACELULAR.

agosto 24, 2008

Desde hace algún tiempo vengo haciendo énfasis en la imperiosa necesidad de que seamos capaces de explotar el nivel de información entregado por el mundo científico, según nuestro propio nivel de deducción: el que nos ha concedido el Dios Creador. Así evitaremos que ningún mal intencionado logre desviarnos de la Verdad de la Creación, mediante el control, e incluso la dirección, de nuestra forma de analizar.

Hace solo unos días, estuve leyendo las consideraciones finales sobre el Mandato de la UNESCO y del Consejo Internacional para la Ciencia. En uno de sus párrafos se señalaba:

“El pensamiento científico consiste, esencialmente, en saber examinar los problemas desde diferentes ángulos, y en investigar las explicaciones de los fenómenos naturales y esenciales, sometiéndolos constantemente a un análisis crítico.”

Y como respuesta a este consejo, venido de gente capacitada para darlos, nos vemos por ejemplo con la posición del ‘poco caso’ proveniente de estudiosos evolutivos, ante un hecho significativo: ‘la barrera de 20 aminoácidos no es absoluta’. En algunos casos raros, ciertos organismos tienen la capacidad de utilizar los inusuales aminoácidos selenocisteína y pirrolisina, ligeras modificaciones de los aminoácidos cisteína y lisina… y a esa rareza, como se desconoce el ‘¿por qué?’, se la justifica diciendo que es producto de… ¡una evolución!

Así funcionan las cosas en la ‘prisa’ evolutiva; y luego pasa lo que pasa: la Ciencia avanza, se halla la respuesta… y vergüenza por la ignorancia evidenciada y el ‘desconocimiento’ trasmitido. Puede o no existir la contrición, según el educador; pero el daño ya está hecho a las generaciones engañadas en cada falso dato.

Mas hoy me gustaría hablar sobre el aumento de calcio intracelular (Ca2+i). El ion calcio es un ‘mensajero’ involucrado en procesos tan diversos como la contracción muscular, la muerte por apoptosis [muerte dirigida por el misterioso programa orgánico], y la división celular, entre otros. La regulación de la concentración de calcio intracelular es muy compleja y trascendente: las células bombean calcio desde el citoplasma al medio externo para mantener una concentración en reposo, y otra en el exterior. ¿Puede haber surgido desde el azar, este proceso ‘inteligentemente’ controlado? Veamos:

Diferentes señales externas aumentan el calcio en la célula, al abrirse canales permeables al catión que lo generará, y permitiendo su entrada al citoplasma, desde los depósitos intracelulares o desde el medio externo. Y en realidad existe una gran variedad de canales permeables al calcio… que son modulados por diferentes ‘señales preconcebidas de antemano’, y que pueden ser: voltaje, hormonas y neurotransmisores, segundos mensajeros como el IP3 o el propio calcio, entre otros. Luego, tal aumento de calcio activa receptores intracelulares como la calmodulina, que a su vez ‘regulan’ diferentes efectores, como pueden ser otros canales iónicos o complejos de cinasas-fosfatasas… los que en verdad provocan cambios en la conducta celular.

Esto, dicho así, parece descrito en chino para muchos, así que propongo desglosarlo paso a paso, para que se vea más claro:

En el caso de la contracción muscular, durante ese proceso, la energía de las reacciones químicas en el músculo puede ser convertida en trabajo útil, permitiendo a los humanos la locomoción, y el ejecutar acciones directas. Hay gran variedad de músculos en los cuerpos de los diferentes animales, y la estructura de cada uno de ellos se adapta a su función particular, evidenciando diseño por todas partes. Pese a la gran pluralidad entre músculos, parece que el mecanismo básico del proceso contráctil es el mismo: la adenosina trifosfato (ATP) se disgrega e interactúa con dos proteínas, miosina y actina.

El sistema nervioso controla la acción; así la fuerza y el movimiento se ajustan a la tarea a realizar. El cerebro y la espina dorsal coordinan esta acción mandando ‘señales’ en forma de estímulos nerviosos, que viajan a lo largo de las fibras nerviosas, hasta los músculos. La fibra nerviosa activadora, y la fibra muscular activada, forman una unidad motora. Los movimientos son coordinados variando el número de unidades motoras activadas y la frecuencia de la activación de cada una de ellas. Las reacciones químicas proveen la energía para la contracción muscular, y la sangre brinda el ‘combustible’ para esas reacciones, removiendo los desechos resultantes.

Razonando que hablamos de ‘señales’ de tamaños microscópicos, ¿cómo pueden suceder estas, si no es como respuesta a un programa pre-establecido? ¿Resulta razonable y científico pensar que todo ello es producto de situaciones aleatorias y casuísticas en el tiempo… por mucho que incrementemos este?

El otro hecho en el que interviene el calcio intracelular: la muerte por apoptosis o muerte programada, determina que la célula se condense y se fragmente en pequeños cuerpos apoptóticos, manteniendo en cada uno la integridad de la membrana plasmática. Estos son luego fagocitados por macrófagos o por células vecinas. El proceso es muy rápido: la célula se esfuma sin dejar rastro y sin liberar su contenido al espacio intercelular.

La apoptosis, es un suicidio celular. La célula muere mediante un proceso predeterminado, un programa biológico, activado por señales externas, o provenientes de la misma célula. A nivel de la membrana celular existen receptores, entre los cuales los más notables son los receptores Fas, que al ser activados por ligandos específicos, desencadenan una serie de señales en el interior de la célula, que determinan la activación de proteasas: enzimas que cortan las proteínas intracelulares.

Estas proteasas específicas, denominadas ‘caspasas’, provocan una cadena de eventos, caracterizada sobre todo por la destrucción del citoesqueleto, proteínas que sirven de sostén o infraestructura de la célula, determinando el colapso celular. La orden de comenzar el proceso de autodestrucción también puede provenir del interior de la misma célula, bien sea porque ya ha completado su ciclo vital y el ‘programa’ interno lo dicta, o debido a que, altruistamente, una célula invadida, por ejemplo por un virus, activa su autodestrucción para impedir que el virus se siga replicando y se propague. Otra evidencia de diseño y programa inteligente.

Y por último, concentrémonos en otro escenario donde interviene el calcio intracelular: el de la división celular. Las metástasis, los temidos cánceres a distancia, parecen guardar relación con un comportamiento anómalo y aberrante de las moléculas encargadas de frenar la división celular. Joan Massagué, Licenciado en Farmacia y doctor en Bioquímica, así como director del programa de Biología Celular del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de New York, y asesor del Parque Científico de Barcelona, ha desarrollado un excelente trabajo sobre esto.

— ‘Todo proceso biológico tiene su cara y su cruz, su acelerador y su freno’— señala el investigador, en referencia a la división celular.

El freno se conocía con bastante aceptación; no así ‘el acelerador‘ ni cómo éste se activa. La pionera respuesta de este investigador, puso por primera vez al descubierto la existencia de un doble sistema de activación-inhibición que, al contrario de otros procesos biológicos, no depende de moléculas distintas sino de una sola. Según la asociación de esta, la célula ‘recibirá’ o no, la orden de detener la división celular.

Años atrás, el propio Massagué logró identificar y purificar la proteína TGF-beta, una hormona que se libera localmente en todos los tejidos en que, como la piel, las mucosas intestinales, la sangre o las glándulas mamarias, existe una constante renovación de sus células. En estos y otros tejidos, la decisión de ‘crecer o no crecer, vida y muerte’, exige un fino equilibrio para que el sistema no se vaya al traste… y esto también está programado:

TGF-beta, ‘transmite’ la orden’ de detener la maquinaria de división celular. Se ha probado en muchos experimentos que su ausencia promueve que las células crezcan y se diseminen de forma desordenada, creando tumores. Su existencia, en cambio, favorece el proceso inverso aunque, en ciertos casos, su presencia no basta para controlar totalmente el mecanismo. ‘En tejidos normales, hay un balance entre este factor y los que suscitan la división celular’. Es decir: se para si es conveniente, si no, se sigue lo establecido… otra evidencia de diseño y programa, no de la incongruente ‘casuística inteligente’.

Sin embargo, conocido el factor, había aun muchas preguntas en el aire. La esencial era la relativa a su mecanismo de acción; es decir: ¿cómo llega hasta la célula y cómo, una vez ahí, se las ingenia para transmitir la orden de interrumpir la división?

Los primeros elementos en surgir a la luz fueron los llamados inhibidores de la división, unas proteínas que, en presencia de TGF-beta, ‘echan literalmente el freno’. En el laboratorio de Massagué se descubrieron la p27, la p15 y la p21, que junto a la p53, conforman los principales ‘bloqueadores profesionales’ de la división; se sabe que su alteración o la mutación del gen que las codifica está implicada en la mayor parte de cánceres conocidos.

— ‘Sería demasiado inocente pensar que un solo elemento controla el proceso’— continúa el investigador.

Descubrió que el anclaje de TGF-beta incita la activación de unas proteínas que se hallan ‘flotando’ en el interior de la célula. Son las ‘SMAD’, que una vez activadas, se dirigen al núcleo de la célula, para interaccionar con el producto de determinados genes. ‘Las SMAD activadas llevan la orden: ‘no te dividas más’. Si su acción se ceba en los genes de las proteínas p27, p15 o p21, la célula echa el freno. El descubrimiento de estos receptores, así como de las SMAD y de las proteínas ‘p’, han convertido a Massagué en el segundo investigador más citado del mundo en biología molecular.

En ciertos tumores, en especial el de mama, el equipo de Massagué comprobó que echar el freno no era suficiente. De algún modo, el programa biológico continuaba activo, algo que sólo podía ser debido a que la célula mantenía el pie sobre el acelerador de la división. La siguiente pregunta resultaba obvia: ¿cuál es y cómo funciona ese acelerador?

La respuesta vino de la mano de la genómica. Un experimento con chips de ADN reveló, tan solo un par de años atrás, la presencia de 300 genes afectados por la presencia de la hormona TGF-beta. Un experimento ulterior reduce ese número a tan sólo media docena de genes. Entre ellos están los ‘p’ conocidos, y otros nuevos: los ‘myc’, que en presencia de la proteína SMAD activada, son silenciados. El propio investigador explica:

‘Por tanto’, tenemos un ‘programa’ en el que hay unos genes que cancelan la maquinaria de división y otros que incrementan la actividad de los bloqueadores profesionales’. O lo que es lo mismo, la proteína activada ‘quita el gas y aprieta el freno al mismo tiempo’.

Y aquí, volvemos a lo que he venido repitiendo constantemente: Todo programa señala a un programador, y si el empirismo científico nos dicta que primero está el programa de la vida, y luego surge la vida, ¿por qué no desarrollar la línea de investigación en la dirección que señalan todas las evidencias, en lugar de hacer todo lo posible por camuflarlas?

Tal como se alertó que pasaría, en 1Co 1:19:

“Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes.” ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura, la sabiduría de este mundo?”

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LA EVOLUCIÓN, DARWIN… Y SU PARADOJA.

agosto 4, 2008

No hace mucho, me llamó la atención un rótulo por el sin sentido que formulaba: ‘Se prohíbe prohibir’. Ante tales expresiones del ‘decir sin decir’, las neuronas buscan alguna lógica invisible, estimándolas como un reto a la propia inteligencia; aunque a priori, la información constituya una desinformación en sí misma. El ‘No escuches lo que oigas’, otro contrasentido, podría mutar aquí por ‘No oigas nada que vaya contra la razón’.

Sin embargo, aparentes desaciertos a veces han sido analizados en las matemáticas, desde sus comienzos; y ocasionalmente han sido fundamentales para una formalización de sus teoremas y leyes. De hecho, son una parte importante de las matemáticas modernas; las paradojas de la teoría de conjuntos tuvieron un efecto profundo en el desarrollo y la comprensión de la matemática moderna.

Según la XXII edición del Diccionario de la RAE, una paradoja es:

‘Aserción, Acción y efecto de afirmar o dar por cierto algo; proposición en que se afirma o da por cierto algo, inverosímil o absurdo, que se presenta con apariencias de verdadero.’

O esta otra acepción, que creo se ajusta más al tema que pretendo debatir en este artículo:

‘Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción’: [Mira al avaro, en sus riquezas, pobre.]

O sea, algo resulta paradójico cuando parece que es verdad, sin serlo; o al revés, que parece que es falso, pero en realidad es tan real como la vida misma. Recuerdo la del Capítulo 51, 2ª Parte de ‘Don Quijote’, la reflexión de Cervantes más profesionalmente considerada por los matemáticos, al narrar un episodio del gobierno de Sancho Panza en la ínsula Bataria.

El Sancho Gobernador, se vio ante un dilema de juicio y sentencia, cuando se le planteó:

– Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío… Y esté vuesa merced atento, porque es caso de importancia y algo dificultoso. Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo de ella una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban por la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era de esta manera:

“Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero a dónde va y a qué va; y si jurare la verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”

 

Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron:

— Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y conforme a la ley debe morir; pero, habiendo jurado la verdad, por la misma ley debe ser libre.

Sancho quedó pensativo ante el consejo que los jueces le pedían; luego comentó:

— A mi parecer, el tal hombre jura que se va a morir en la horca; y si muere en ella juró la verdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase el puente; pero si no le ahorcan juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen…

En los primeros comentarios matemáticos a este problema se procuró incluirlo entre las paradojas de la Teoría de Conjuntos, pero su interés más cierto se ofrece como problema de Álgebra proposicional. Así se propone, llamándole ya ‘problema de Cervantes’, en el clásico libro de Lógica Matemática de A. CHURCH (1956). Cuando se formaliza la cuestión, se llega a establecer que ninguna decisión hará cumplir la ley. ¿Qué hacer entonces? La sentencia que dicta Sancho Panza concluye:

– Venid acá, señor buen hombre; este pasajero que decís, o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar el puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y siendo eso así como lo es, soy de parecer que digáis esos señores, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal; y esto le diera firmado en mi nombre, si supiera mejor firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos, que me dio mi amo don Quijote, antes que viniese a ser gobernador de esta ínsula, que fue que, ‘cuando la justicia estuviese en duda, me decatase y acogiese a la misericordia’; y ha querido Dios que agora me acordase, por venir en este caso como de molde.

¡Muy bien por Sancho! Lo menos que se puede hacer es exaltar la modestia viva en sus juicios, y también su fidelidad al cristiano y cabal precepto que don Quijote le diera.

Pero una paradoja también reseña las contradicciones lógicas que van contra el sentido común y causan confusión: “la falsedad que algunos consideran cierta”, aun siendo obvia la farsa. ¿Se entendió? ¿No? Estupendo, en eso consiste una paradoja. Este artículo intentará explicar una paradoja surgida desde la ignorancia a posta; se desea hacerlo tan claro como sea posible, sin juegos de palabras… y sin resultar paradójico, por supuesto.

Las extravagancias, a veces son producto del aburrimiento, y no sirven para nada; su único objetivo es marear al que las lee, y el intento de resolverlas es una pérdida de tiempo. Pero otras son concebidas con un propósito contra corriente, disfrazadas como argumentos de ‘preocupación científica‘; lo irracional es que el éxito de las mismas sólo puede explicarse por insensatez humana.

Y luego de este deambular por conceptos y ejemplos, quisiera culminar con una a la que he bautizado como ‘La paradoja de Darwin’, quien expuso la selección natural como principal mecanismo de la evolución. Actualmente, esta teoría combina propuestas de Darwin y Wallace con las leyes de Mendel y otros avances genéticos posteriores; por eso es llamada Síntesis Moderna o Teoría Sintética. En el seno de este dogma, la evolución se define como un cambio en la frecuencia de los alelos en una población a lo largo de las generaciones.

La docencia evolutiva ‘enseña‘ que esos cambios los causan mecanismos diferentes: selección natural, deriva genética, mutación, migración (flujo genético). Tal ‘teoría sintética‘ recibe una amplia aceptación en la comunidad científica, aunque también muchas críticas. Ha sido defendida con ahínco desde su formulación, en torno a 1940, por hombres de ciencia vinculados a la biología molecular, la genética del desarrollo, la paleontología…

Pero, ¿dónde aparece el absurdo que ningún evolucionista quiere ver? ¡Justo donde no se quiere buscar! El sitio donde el instinto evolutivo conduce hacia el olor a chamusquina: el ADN y su inscripción codificada. Se parte desde un imaginario punto, mil-millonariamente lejos, tanto como el necesario para no tener testigos indeseables: solo fósiles… sabiendo que estos siempre terminan hablando el idioma que resulte más conveniente.

Según esa teoría sintética a la que se ha llegado, luego de los parches a los que les han ido obligando los avances científicos [pese a que sus propugnadores dicen ampararse en la Ciencia], las especies fueron generadas por una corriente de auto transformismo que permitió que, durante miles de millones de años, un alga se convirtiera en pez, en elefante, en rábano, en jicotea o dinosaurio, lagarto o águila, mono u hombre… o en el sándalo que perfuma el hacha que le hiere; todos juntos, y bien revueltos, aunque por ahí haya algún disparatado árbol filogenético ramificado [siempre han sido buenos buscando nombres doctos] intentando hacerlo procesable por el intelecto.

Sin embargo, el corolario derivado de investigaciones científicas, dicta categóricamente que no es posible que haya cambios, si estos no se han producido antes en la información codificada que aparece ‘inscrita’ en cada genoma. Las instrucciones del ADN, y no la ‘casuística’ surgida en supuestos millones de años, es lo que determina cada uno de todos los procesos metabólicos de cada ser vivo, ‘individualmente’.

Ejemplifiquemos la paradoja: La teoría evolutiva plantea que tenemos un antecesor común con cualquiera de las bacterias hoy existentes, aunque el tiempo de este precursor, hipotéticamente, según la conveniente datación evolucionista, se remonte a más de 3000 millones de años.

Pero la bacteria tiene una característica fundamental que la aleja de la biología de los organismos pluricelulares del planeta: es procariota, del griego πρό, pro = ‘antes de’ y ‘karion’ = ‘núcleo’. Sus células no tienen núcleo celular diferenciado; es decir, su ADN se disipa en el citoplasma, mientras que la gran mayoría de las células que conforman todo el mundo animal y vegetal [eucariotas], sí tienen un núcleo dentro del citoplasma.

En general, con respecto a la estructura del citoplasma, los eucariotas, [células vegetales y animales, incluido el ser humano] poseen más orgánulos que no tienen los absurdamente considerados ‘primeros seres’, procariotas. Todos ellos con funciones importantes y específicas, y no surgidos por azar, sino perfectamente elaborados según la instrucción que dicta exactamente cómo y cuándo hacerlos: ‘la receta de la vida’ codificada y programada, secuencia a secuencia, segundo a segundo, e ‘inscrita‘ en un pliego orgánico: el ADN.

No puede argumentarse que hace miles de millones de años las bacterias se unieron entre sí y dieron lugar, por endosimbiosis, a la célula eucariota, sin explicar cómo se produjo antes el cambio en esa instrucción, permitiendo la nueva célula. La Ciencia ha dejado bien claro que primero está la información y luego la función: primero la receta y luego la elaboración de dicha receta.

¿Cómo se produjeron las ‘reinscripciones y recodificaciones‘ necesarias, para que se formaran: núcleos, retículo endoplasmático, aparato de Golgi, lisosomas, mitocondrias y citoesqueleto? Son inexistentes en el procariota, y cada uno tiene bien explícita su función en el genoma. La teoría del ‘se unieron porque nos da la gana y pudo ser‘, es cualquier cosa menos científica.

La organización genética también varía: el procariota carece del nucleoplasma rodeado por membrana que se ve en el eucariota; posee un solo cromosoma, a diferencia del resto de la biología [la célula eucariota humana tiene 24 distintos]. Tampoco hay nucleolo, mitosis ni ADN en orgánulos, pues estos no existen; y los datos para que surjan, debieron estar inscritos antes en el ADN. Así que: ¿cómo se reinscribieron y recodificaron los datos necesarios para generar los organismos pluricelulares, cambiando incluso las propiedades genéticas, para ‘mejorar‘ la especie?

Por otra parte, los atributos funcionales inexistentes en virus, y exclusivos de eucariotas: fagocitosis, pinocitosis, secreción de materiales en vesículas del Golgi, digestión intracelular, corrientes celulares dirigidas (ciclosis), movimientos ameboides… ¿cómo pudieron surgir, sin antes existir la información con los datos que permitieran las condiciones para que se manifestaran, y que las mismas investigaciones científicas han determinado imprescindibles?

Veamos en concreto el caso de la mitocondria, presentada como un resultado casuístico de una bacteria en simbiosis con otra. Durante la última década, la investigación científica sobre la mitocondria ha presentado un nuevo apogeo, al haberse relacionado alteraciones de la funcionalidad de este orgánulo con el desarrollo y progresión de enfermedades humanas tan diversas como las neurodegenerativas, la diabetes, y muchas más.

Tradicionalmente, la mitocondria se percibía como responsable de la provisión de la energía necesaria en células eucariotas, para que éstas lograran sus funciones vitales: la central energética celular. Pero en los años noventa, también se reveló su ‘programación’ para el control de la apoptosis: un mecanismo selectivo de suicidio de cada célula irrecuperable, mediado por la liberación de proteínas localizadas en el interior del orgánulo. Y más espectacular aún ha sido además, el resurgir de la mitocondria en el ámbito del cáncer, ya en este siglo, donde las alteraciones de su función provisora de energía están íntimamente ligadas a la progresión de neoplasias tan diversas como el cáncer de mama, de pulmón o de colon.

En el trabajo sobre apoptosis, el grupo de investigación del Centro de Biología Molecular ‘Severo Ochoa’ dirigido por José M. Cuezva, estudió la síntesis del ADN, así como de las proteínas y fosfolípidos específicos de la mitocondria, durante las distintas fases del ciclo celular: el proceso ordenado y repetido en el tiempo, por el que la célula crece y se divide en dos células hijas.

En concreto, demostraron que la regulación de la expresión de una proteína clave en el control del mecanismo energético y apoptósico de la mitocondria [β-F1-ATPasa], cuya función está disminuida en una gran variedad de tumores humanos, se ejerce ‘por control de la traducción de su ARNm‘, en la fase final del ciclo celular. Es decir: ¡siguiendo las instrucciones inscritas en el ADN! ¿Cómo puede entenderse una mitocondria ‘surgida por endosimbiosis‘, si aparece en el ADN toda la instrucción preventiva que le atañe? Si está la instrucción y la previsión  no puede considerarse en serio la aparición, el mantenimiento y hasta la muerte, por azar. ¡Es Diseño funcional desde el inicio!

Si hay datos inscritos implicando a todos los orgánulos eucariotas, y dichos datos y orgánulos no asoman en los procariotas, ¿de dónde entonces surgió esa inscripción codificada? ¿Cómo brota el evidente programa de control celular, detectado en las investigaciones científicas?

Por otra parte, la Respiración también está relacionada con el ADN; no es casuística, sino programada: en vegetales ocurre de una forma establecida e inscrita también en el genoma. Los animales hacemos respiración celular, llevada a acabo en la mitocondria; las plantas mediante fotosíntesis, empleando un orgánulo llamado cloroplasto. Y ninguna de esas informaciones existe en la bacteria. ¿Cómo se inscribió y codificó esa información inteligente en los eucariotas, si no existe en sus hipotéticos antecesores?

La Génesis del cloroplasto le da su propio ADN con instrucciones; de forma que estamos otra vez ante la pescadilla que se muerde la cola: si esa central energética vegetal, funciona gracias a una información inscrita en su genoma, instruyendo sobre la fotosíntesis, ¿cómo puede pensarse que surgieran de forma casuística, desde la bacteria?

Terminamos; la ‘Paradoja de Darwin’ plantea que todos los seres derivan unos de otros; sin embargo, toda la información de los distintos procesos del metabolismo celular que les diferencia, especie por especie, ya aparece inscrita y codificada en cada ADN específico, antes de surgir cada individuo, identificando a cada uno según lo inscrito y codificado.

Porque desde el conocimiento derivado de todos los descubrimientos científicos que han permitido los avances de la humanidad, jamás ha existido alguno que ratifique que una instrucción se puede reinscribir por si misma en la molécula de ADN; y mucho menos, recodificarse, pues también la Ciencia ha determinado que no es posible si no existe Codificador.

¿Quién le puso el cascabel al gato? Selección Natural no, desde luego… antes tendría que aprender a diseñar, programar, calcular, inscribir, y codificar las instrucciones para la vida, en el núcleo de cada célula eucariota; la que tenemos los humanos, vaya.

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