DARWIN: EL MUNDO DE YUPI. (II)

abril 21, 2013

 

La imagen renovada del artículo anterior revela que si somos sexuados, y descendemos de homínidos, el hipotético 1er homínido sería parido por madre simia… de padre simio. Mas, si no nació simio, sino homínido, entonces fue un híbrido. Ese primer homínido necesitó una hembra de su misma especie para la multiplicción homínida que predica la teoría darwinista. Pero como era el 1º, no había homínidas en su entorno; de modo que tuvo que procrear con una simia… y eso convertiría al nuevo ser en otro híbrido. Y si hay un hecho científico comprobado, es que los híbridos son estériles: no pudieron crear las ‘poblaciones’ homínidas que dice la evolución. De modo que esta imagen jamás pudo ser posible:

Hominidia

La defensa evolutiva lo sabe perfectamente; sin embargo lo obvia, dando explicaciones seudocientíficas para hacer fructificar el capricho. Pese a que los señalados como nuestros ancestros tengan 48 cromosomas y nosotros 46, o que la ciencia sepa que al no ser homólogos los gametos masculinos y femeninos, la incompatibilidad cromosomática convierte al híbrido en estéril: el cigoto resultante de la unión de esos gametos, la nueva especie, con ADN distinto a los padres, no podrá procrear. Aun así, se insiste en que descendemos de híbridos.

En fin… lo que plantean es conocido en genética como ‘translocación’. Pero solo se conocen movimientos de parte de un cromosoma hacia otro, y jamás resultan beneficiosos para las poblaciones. No hay por qué suponer que la integración de dos cromosomas distintos, cosa jamás vista, resulte en un salto entre especies. Eso jamás ha sido experimentado; ¡nunca!

El estudio citogenético más parecido refiere un caso de síndrome de Down [trisomía 21]. Los análisis revelaron una translocación 14/21 D/G en uno de los padres; es decir, gran parte del cromosoma 21 del grupo G, translocado al extremo del cromosoma 14 del grupo D. El padre afectado no tiene la dolencia; pero el hijo nació con la enfermedad: un cromosoma 21 de más; o sea: 47 cromosomas en total, en lugar de los 46 normales. Y ese hijo es infértil; su ADN de 47 cromosomas muere en él y con él.

Supuestos tras supuestos, el proyecto hombre-chimpa jugó con la realidad molecular y apartó el escollo del cromosoma de más, mudando el genoma chimpa de dos cadenas de 24 cromosomas (48), por otro de dos cadenas de 23 (46), para aparearlo al humano. Así homologaron al cromosoma 21 humano con el 22 de chimpa. Pero: ¿alterar la realidad es Ciencia?:

 [In recognition of its strong community support, we will refer to chimpanzee chromosomes using the orthologous numbering nomenclature proposed by ref. 18, which renumbers the chromosomes of the great apes from the International System for Human Cytogenetic Nomenclature (ISCN; 1978) standard to directly correspond to their human orthologues, using the terms 2A and 2B for the two ape chromosomes corresponding to human chromosome 2.]

La ref. 18 dice que la translocación de los cromosomas 12 y 13 chimpa formaron el cromosoma 2 humano; algo jamás se ha probado. ¡Que lo hagan! Solo deben manipular genéticamente embriones de chimpancés, y dar al mundo la evidencia de resultado humano. Sabemos que lo intentan desde hace rato, mas la verdad les quita la razón; ni con última tecnología ni mentes admirables lo logran. Pero el azar sí pudo… ¿Es eso ciencia?

¡Qué prueben que es posible! En cuanto lo intenten, el resultado será siempre muerte del individuo. No importa los millones de años en los que se escudan; solo en horas ese ADN dejará de ser viable con la vida.

Se basaron en supuestos, no en evidencias; e ignoraron dos grandes divergencias: el ADN chimpancé es aproximadamente 10% más grande que el humano, con dos cromosomas de más. Y más aún: los extremos de cada cromosoma chimpa tienen una secuencia ADN, no presente en humanos. O sea: 48 grupos de secuencias; millones de datos obviados.

La diferencia en total de cromosomas no es trivial; tienen genes concluyentes en la línea germinal, cuya anomalía genera el mal conocido como ‘aneuploidía’. La experiencia con casi 20000 dolencias de causa genética, dicta que con un cromosoma menos o uno de más, jamás se es normal. Es nocivo para la salud o la vida; ninguna conduce hacia una nueva especie. Eso es fraude; desde el punto de vista científico, el ‘homínido’ que naciera con uno de menos, además de ser un híbrido anormal, sería científicamente estéril. Jamás generaría al ser humano.

La Aneuploidía casi siempre es letal, salvo la trisomía de cromosomas 13, 18, 21 y los sexuales ‘X’, y ‘Y’ (XXY y XYY), así como la monosomía del cromosoma X. Pero toda aneuploidía, sea o no sea letal, causa infertilidad y conduce a dolencias que impiden la multiplicación de la especie; es prácticamente imposible lograr cigotos compatibles con la vida. La tabla de abajo da la estadística de cuántos alcanzan a nacer, entre cada 1000 embriones humanos con aneuploidía, según la que se trate. Y el que logra sobrevivir está condenado a una vida atrofiada… y estéril. Observen:

TablaAneuploidía

Lo real es esto: en un cáncer gástrico se buscó la secuencia del gen que codifica para la proteína CDH1, relacionada con ese cáncer, localizando la mutación. En un diminuto punto del cromosoma, el exón 12, se manifestó la sustitución puntual de una guanina por una adenina.

Una sola base, entre 6.4 mil millones del ADN humano, fue suficiente para matar a una persona… y con ella su parte de permanencia de la especie. Sin embargo, se pretende insinuar que fue posible la transposición de 237 millones de pares de bases desde el simio, para crear el cromosoma 2 humano, el 2º más grande del ADN. ¿Es eso científico?

La variación genética de ‘poblaciones’ desde el hibridismo jamás se ve en ninguna selva o zoo del planeta; cada vez que surge un híbrido entre seres de distinta especie, es incapaz de generar poblaciones pues resulta estéril. Ningún animal híbrido, a resulta de la unión de seres de distinta especie (burro-cebra; caballo-burra; león-tigresa…) puede lograr gametos viables para la vida; si se logra un embrión, este se aborta. El híbrido no tendrá descendencia; la nueva especie morirá al morir él. Jamás se darán las hipotéticas poblaciones que se propugnan. Si el híbrido es macho no embaraza a la hembra; y si es hembra, no queda embarazada.

Pese a ese saber, palpable por siglos, la teoría repite que unas especies generan otras. Aunque existen más de 200 especies de primates, jamás se ha visto poblaciones híbridas descendientes de ellos; por lo tanto, decir que ‘descendemos’ de algún tipo de bicho, no es apoyado por el empirismo científico. Y por esa razón la teoría, es teoría y no hecho científico, por no contar con la evidencia científica indispensable.

Otra cosa es la argumentativa circular con frases científicas, con la que se pretende apuntalar la creencia homínida; pero repito: no hay ni una sola evidencia de que una especie trasmute a otra. Es científicamente imposible que una especie trasmute a otra mediante las ‘poblaciones’ híbridas de la teoría evolutiva. Esa imagen que pretende dar idea del paso de un mono en cuatro patas a humano erguido, en millones de libros y cuadernos, internet, prensa, y TV, es sencillamente imposible. Lo que se propugna, con todo respeto, y sin ningún otro ánimo que el alzar estandarte a la verdad, es aplauso a la ignorancia, no hecho científico.

Lo realmente científico sería mostrar la evidencia del paso procariota a eucariota, porque es la base de toda la teoría: primero surgió el organismo unicelular, y luego el eucariota’, pues este último forma más de un millón de especies (aves, peces, mamíferos, insectos, plantas…).

Sin eso, la teoría es ficción en sí misma. Los laboratorios lo tienen fácil para probar esa evolución en las bacterias, pues su altísima velocidad de reproducción permitiría la observación de algún cambio a nivel molecular que, al menos, indicara un cambio hacia el eucariota a nivel de ADN.

Los laboratorios ensayan con millones de cepas; pentamillones de bacterias. Y una sola bacteria es capaz de generar casi 100 generaciones diarias: casi 20,000””000,000”’000,000”000,000’000,000 por día. ¡Una sola! ¿Cuántas posibilidades de ver el desarrollo de la evolución en millones de cepas, con millones de ellas proliferando?… Tienden e infinito.

Sin embargo, aunque en miles de laboratorios evolutivos muchos científicos, excelentes biólogos, muy profesionales, buscan con afán y tecnología punta ese descubrimiento que llevaría automáticamente al Nóbel, desde hace más de un siglo, jamás ha podido ser evidenciada tal evolución. Las bacterias siguen siendo tan bacterias como siempre. Se dice que están aquí desde hace miles de millones de años, sin embargo se muestran ante nuestros ojos como siempre lo han hecho, sin el más mínimo síntoma de evolución en ellas.

Así las cosas, la transmutación de procariota en eucariota, el fundamento de la teoría (que no hecho científico) de la evolución de las especies, no pasa de ser un mito. Igual que nuestra propugnada ‘igualdad genética al simio’, no ha entrado en ciencia desde la evidencia, sino desde la argumentativa. Mas en biología no es la argumentativa lo que apoya, sino la evidencia orgánica del hecho que se propugna.

No me canso de repetir la evidencia bíblica de la Ciencia de la Creación de Dios: Sal 139:13-16, escrito bajo revelación por un pastor de ovejas, más de 4 mil años antes del 1er genetista y del hallazgo de la biblioteca ADN:

Porque tú formaste mis entrañas;

Tú me hiciste en el vientre de mi madre.

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;

Estoy maravillado,

Y mi alma lo sabe muy bien.

No fue encubierto de ti mi cuerpo,

Bien que en oculto fui formado,

Y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas.

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DARWIN: EL MUNDO DE YUPI (I).

abril 19, 2013

Hace unos días entré al blog del profesor Eduard Punset; allí, entre temas científicos, había un efecto subliminal: links a varias páginas que hablaban de inteligencia simia y de Hominidia, incitando a pensar que está probado que descendamos de homínidos. Es esta dirección web:

 http://www.eduardpunset.es/20216/general/agudizar-el-ingenio

Desde hace años lucho contra el anticientificismo de la teoría evolutiva, diferenciando mito de hecho científico; por ello deseo abordar de nuevo el tema, tratando de presentar mejor la imposibilidad de lo que se sustenta, con el fin de anular y sacar definitivamente tal mentira de las aulas.

La evolución simio-humano se presenta, normalmente, más o menos así:

MonoAHombre

Esta imagen incita a pensar que un simio se convirtió en el 1er homínido, y este en un 2º que luego trasmutó a un 3º, que a su vez trasmutó a un 4º… que se convirtió finalmente en el hombre actual; pero eso no es la realidad, sino su distorsión. Al ser sexuados, debe mostrarse la supuesta evolución desde ‘parejas’ de simios, mas solo se ve un sexo: un simio trasmuta a hombre; su perspectiva es hermafrodita. Sin embargo, la mayoría de seres vivos eucariotas, más de un millón de especies distintas (insectos, aves, peces, mamíferos, etc) precisan de macho y hembra para generar las ‘poblaciones’ de las que se habla.

En general, es la regla de la teoría. Por ej: dicen que ‘un’ mamífero entró un día al agua y empezaron a producirse en él varias transformaciones morfológicas hasta llegar a la ballena actual. El azar del birlibirloque hizo que sus patas se volvieran aletas, su nariz un hoyo en su cabeza, y sus pulmones se adaptaran al submarinismo. Al final, ese ser hermafrodita pudo generar 40 especies distintas de ballenas con sus machos y hembras respectivos cada una. Es la apología del hermafroditismo; la anticiencia.

Pero en la vida real, las ballenas solo paren si son inseminadas por un macho de la especie que le corresponda: la azul por el azul, la gris por el gris, la jorobada por el jorobado… etc, etc. Todas son sexuadas, con macho y hembra involucrados en su no extinción; de modo que lo único racional, lógico, y científico, es pensar que macho y hembra de cada especie ballenera tuvieron que coincidir en el tiempo desde los inicios.

Y algo similar ocurre con los dinosaurios: se dice que ellos dieron origen a las aves que vemos hoy. Pero sin explicar que es imposible desde el empirismo científico: el dinosaurio no era hermafrodita sino sexuado; al nacer de huevos, su presencia en la historia exige que coincidieran un dinosaurio con su dinosauria al mismo tiempo… parejas, según su especie.

El hecho real es que existen 10000 especies de aves, todas sexuadas, y ninguna de ellas generando ningún embrión distinto a su especie. La gallina solo pone huevos que embrionan pollos, si antes un gallo, el macho de su especie, la ha inseminado. Igualmente solo nacen canarios de parejas de canarios, y loros de parejas de loros, y águilas, gorriones, etc… cada hembra con un macho de su especie, en 10000 distintas.

Desde Darwin la teoría evolutiva exhibe especies asexuadas generando otras sexuadas, y luego su multiplicación híbrida. Lo dicen ellos, no yo, pues según el postulado evolutivo las bacterias unicelulares crearon toda vida sexuada que hoy existe. Hoy, el ADN (obvia frontera entre especies), dice que es imposible; sin embargo, literatura docente, prensa, y hasta anuncios de calmantes por TV, exhiben esa imagen del simio hermafrodita coronando niveles homínidos hasta llegar al humano. Algo irreal, pues simios, humanos, y el 99% de los eucariotas, unos 2 millones de especies, son sexuados: necesitan de macho y hembra coincidentes en el tiempo para poder generar las ‘poblaciones’ a las que alude el darwinismo.

De modo que la imagen que deben mostrar, sería esta:

Hominidia

Así se puede ver mejor el disparate: la pareja simia tiene 48 cromosomas en su ADN; la humana tiene 46. De modo que por algún sitio se perdieron un par de cromosomas… ¡lo mismo que ocurre en los híbridos!

Pero, ¿qué son los cromosomas? De la forma más simple posible, pues es complejo, diré que toda la información genética del ADN existe en un material microscópico llamado cromatina, situado en el núcleo de cada célula eucariota (la célula propia de insectos, aves, peces, mamíferos, etc)

En un momento preciso (mitosis), tal información se organiza en parejas de partículas microscópicas llamados cromosomas. ¿Y por qué en parejas? Pues porque, como venimos insistiendo, al nacer los seres sexuados, su ADN tiene una cadena procedente de la madre, y otra del padre.

En el caso humano son 23 pares (46 en total), y en el de chimpancé (con quien se empeñan en emparentarnos), son 24 pares (48 en total). Pero cada cromosoma tiene su forma y tamaño único entre el resto de los 23 ó 24 pares (según sea simio u humano). En síntesis, en monos y humanos, el cromosoma es el material genético organizado y en el cariotipo  humano, visto de forma elemental, es así:

CariotipoHumano

El último par, el 23, corresponde al cromosoma sexual; en este caso, este cariotipo, pertenece al sexo masculino: un cromosoma tipo X y otro Y (más pequeño). Si fuera el de una mujer, serían dos cromosomas iguales (XX).

Veamos ahora qué pasa en la vida real con los cromosomas: Al cruzar un burro con una yegua nace una mula (o mulo); un caballo con una burra da burdégano. Los burros tienen 62 cromosomas y los caballos 64; al crearse los gametos [células reproductoras], el de la madre tiene 62 cromosomas, y el del padre 64. Al no ser homólogos los gametos masculino y femenino (condición exigible en toda especie sexuada que existe), el cigoto o célula resultante de la unión de esos gametos, presenta un ADN distinto a ambos: 63 cromosomas, y la cría nacerá estéril.

Es evidencia científica: ningún híbrido procrea; no incrementa su nueva especie, que muere al morir el animal. Se cumple en cada rincón del planeta; es válido para toda especie híbrida animal conocida. Aun así, pese a esa evidencia científica, se sigue diciendo en aulas, prensa, TV, y dondequiera que sea posible, que descendemos de un simio.

En el 2005 se formó el mapa comparativo génico chimpancé-humano. Ese proyecto Genoma, que hermanó al ser humano con el chimpancé en un 98%, salió dando traspiés desde el inicio. La 1ª contradicción fue que las personas tenemos 46 cromosomas, y los chimpancés 48. O sea, 23 pares en el humano, y 24 en el chimpa; pero el capricho exigía la comparación. Esa diferencia fue un escollo que había que resolver como fuera para poder presentar al mundo la homología simio-hombre; el objetivo fijado desde el inicio, el sino quom de la subvención.

Y lo resolvieron metiendo con calzador la igualdad entre el cromosoma 22 chimpa, y el 21 humano; así como el que los cromosomas 12 y 13 del chimpa se unieron en algún punto de la historia para dar lugar al cromosoma 2 humano. Con estas suposiciones made in home, sin evidencias, se hizo el proyecto ‘científico’ Genoma Hombre-Chimpa que nos hizo genéticamente iguales a los simios en un 98%.

Urgía alinear como homólogos al cromosoma 21 humano y el 22 chimpa, pero la diferencia numeraria era un escollo; había que hacer desaparecer un cromosoma de simio como fuera. Y aquí incluso obviaron otra realidad: al ser sexuados, y diploides, no se trataba de un solo cromosoma, sino de dos.

La solución la forzaron a partir de los cromosomas 12 y 13 chimpa: por arte de birli-birloque argumentativo lo convirtieron en el cromosoma 2 humano. De hecho, les rebautizaron como ‘2ª’ y ‘2B’, condicionando en el mundo la aceptación mental del bulo anticientífico, e induciendo que tal cambio hizo nacer nuestra especie. Así aparece escrito en el proyecto:

Human chromosome 2 resulted from a fusion of two ancestral chromosomes that remained separate in the chimpanzee lineage (chromosomes 2A and 2B in the revised nomenclature, formerly chimpanzee chromosomes 12 and 13)’

Es decir, argumentando sobre lo ignoto, y obviando lo conocido: ‘los híbridos no procrean, impusieron a toda costa la aceptación subliminal de un concepto que las evidencias les niegan, para hacer creer que el actual genoma chimpancé, pese a tener 2 cromosomas más que el humano, es igual al nuestro en un 98%. Así, concluyen que lo real no es lo que vemos, sino lo que suponemos. ¿Ciencia o anticiencia?

¿Qué solución ‘científica’ echó abajo ese muro de la verdad? Se acudió a argumento circular que hiciera realidad los sueños, dando por hecho las suposiciones: los cromosomas 12 y 13 del chimpa, fueron llamados 2A y 2B, alegando que durante la evolución ancestral se unieron para generar el cromosoma 2 humano.

Vieron que el brazo largo del cromosoma 12 chimpa se parecía al brazo corto del cromosoma 2 humano… y se le llamó 2A. Y que el brazo corto de ese cromosoma 12, separecía a las bandas q 11 a q 13 de la porción proximal del brazo largo del 2 humano. Luego vino la tercera suposición: Todo el cromosoma 13 chimpa cubriría el resto del brazo largo del cromosoma 2 humano. Y a ese conjunto se le llamó 2B. ¡Todo un caso de ingeniería argumentativa! Innovación filosófica, no científica.

El cariotipo numera cada cromosoma según su tamaño, siendo el mayor el uno. Los cromosomas 12 y 13 del chimpa se ganan ese número por su dimensión, no por su posición física en la doble hebra de ADN. ¿Por qué llamarlos entonces 2A y 2B, si en realidad son mucho menores que el 2 humano, el 2º más grande de nuestro genoma? Si se cotejan los tres, se ve la gran diferencia entre ellos; solo el gran interés por igualarlos, logró ocultar esas discrepancias.

El escollo no es trivial: contienen genes compuestos de espirales de ADN; y el cromosoma 2 humano, el 2º mayor del genoma, tiene 1.346 genes integrados por 237 millones de pares de bases que codifican proteínas. [Genome Secuence Center-Washington; Laboratorios Europeo de Biología molecular, y Nacional Lawrence Livermore; Universidad Estatal de Pensilvania; Centro Stanford del Genoma Humano]

Esta anulación del empirismo que siempre caracterizó toda investigación científica, esta falta de evidencias calzada con suposiciones, será recordada como una de las mayores vergüenzas de la Ciencia. En el próximo artículo demostraremos el anticientificismo de este trabajo no fundado en evidencias, sino en imposiciones deductivas sin pruebas; en alucinaciones.

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DARWIN Y SU EVOLUCIÓN: ADN, ESLABÓN IGNORADO

septiembre 29, 2008

Continuamente, en institutos y medios de comunicación, oímos hablar del ADN. Y a mí me gustaría que cada día, en cada casa, y en cada familia del mundo en que vivimos, al menos una persona que lo ignore aprenda qué significa, y la implicación que tiene para el ser humano, para su futuro, y para su relación con Dios… porque el ADN constituye la firma del Altísimo; es la evidencia que ha dejado a toda persona, para que piense en Él.

Esa firma del Señor fue diseñada para que atravesara todas las generaciones futuras, desde el inicio; su proceso comenzó cuando el espermatozoide adánico fecundó al óvulo de Eva: el primer eslabón Abel. En cada animal sexuado, sigue un proceso similar; pero me ceñiré a nuestra especie: la obra cumbre del Creador, el único animal con intelecto y espíritu.

Yo sé que no todos los de habla hispana han tenido la ocasión de ir a la escuela e instruirse; en España, país con contexto social muy favorable, salvo situación puntual, la educación está asegurada para todos; pero no ocurre lo mismo en América. Allí, más de lo debido, la situación económica de la familia hace que los niños, cada vez más temprano, hayan tenido que asumir un papel de responsabilidad dentro del hogar. A menudo vemos documentales que reflejan esta situación en todos los países pobres de Latinoamérica… que son la inmensa mayoría. Este infortunio ha provocado que hayan sido adultos sin pasar por la infancia. Los más privilegiados, con respecto a otros en peores condiciones, solo han ido a las aulas el tiempo suficiente para aprender a leer y escribir.

A ellos va dedicado este artículo, porque el plan de Dios no es como el de los hombres: ante el sistema de vida impuesto por la sociedad, los que logren un mejor desarrollo intelectual tendrán mejores posibilidades de futuro… y un reconocimiento social. Pero ante la mirada del que hurga en el corazón del ser humano, esto carece de interés: lo importante para Él es lo que habita en el espíritu que incuba en cada persona. Y si esa persona ha aceptado a Cristo en su corazón, tiene que estar siempre lista para hacer valer todo conocimiento capaz de neutralizar cualquier teoría disparada contra su sangre en la Cruz.

Los pobres del mundo son la selección de Dios para convertirles en millonarios de la fe; así como para que hereden el reino de su promesa, desde el amor y el respeto. De la misma forma, los pobres del mundo han adquirido ante el Padre el compromiso moral de ser bastiones de Su Palabra. No basta con ir a la iglesia, diezmar, cantar salmos y batir palmas, dándole la alabanza que merece; también tenemos el deber de ser parte de su templo cuando estemos fuera: en las aulas, en el trabajo o entre amigos y familiares.

Y no estoy diciendo que debemos convertirnos en fanáticos desbordados, alzando la voz en cada esquina, Biblia en mano, pues el fruto sería contrario al buscado; nos tomarían por locos, y vendríamos a constituir una piedra de obstáculo en los planes del Señor. Lo que planteo es que el cristiano debe prepararse para neutralizar cualquier ofensa, intento de difamación o blasfemia, contra la Palabra de Dios, la de Jesús o contra el mismo Dios, dondequiera que surja.

En estos tiempos que corren, no hay mejor esmero instructivo, que el que pongamos en el conocimiento del ADN; algo que a algunos podrá parecer un tema muy complejo y difícil, pero les aseguro que si hincan sus rodillas y piden con fe a Jesús que les dé discernimiento, este vendrá y ustedes serán capaces de dominar la esencia de esa maravillosa evidencia de la Creación de Dios. Se convertirá en una poderosa arma para desbaratar cualquier historieta humana que se oponga al milagro del Espíritu.

Pero Dios declara justo al humano, por sus hechos, no solo por su fe. Las instrucciones de Cristo en el Apocalipsis, sus mensajes a las 7 iglesias, clarifican este concepto, alertándoles sobre sus obras en la Tierra. De la misma forma que un cuerpo sin espíritu está muerto, también la fe carece de vida si no va acompañada de la buena acción.

El saber sobre el ADN, es disponer del recurso más sofisticado que jamás ningún cristiano ha podido tener en sus manos, para vencer en estas lides en realidad espirituales, nacidas en el propio nido de satanás, desde que Darwin se hizo su instrumento humano. Veamos:

Los padres aportan 50 y 50% del ADN cada uno. Cuando todos los espermatozoides entran en la vagina, en su viaje hasta el ovario quedan los más débiles. Por lo general, si uno fecunda el óvulo, automáticamente se cierra el acceso al resto. La cabeza del victorioso, portando el pronúcleo con el ADN paterno, enzimas, etc, se separa del resto del cuerpo y se fusiona con el pronúcleo femenino, donde está la información genética de la madre. Allí, por procesos biológicos, se comienza a formar una nueva doble cadena de ADN en ese primer núcleo de la célula en formación. El ADN del padre y el de la madre se unen, formando el ADN definitivo del nuevo individuo. Luego de otros procesos, la hebra genética nueva se multiplica mediante ‘replicaciones’: copias destinadas a nuevas células.

En cuanto los 23 cromosomas del espermatozoide se encuentran con los 23 del óvulo, toda la información necesaria se reúne en el ADN (Ácido Desoxirribonucléico), para determinar todos los caracteres del nuevo ser humano. El cigoto fruto de la fusión, será un individuo distinto del padre y de la madre, pero con una carga genética del 50 % de cada uno. Allí, a nivel molecular, comienza la vida, y la dignidad de cada ser humano, con los mismos derechos que exigimos los que ya hemos nacido… olvidándonos a veces de los suyos.

El ADN resultante, [solo el de los cromosomas, pues hay otro mitocondrial], es en realidad una hebra enrollada, dentro del núcleo de la nueva célula, que si se lograra desplegar, se convertiría en algo similar al esquema de abajo, de ancho microscópico, pero con un largo próximo a los 2 metros: ¡Cuarenta mil veces más alargada que la célula que le contiene!

Visualización del ADN

Visualización del ADN

Cada ser se inicia en el instante en que toda la información genética, necesaria y suficiente, surge dentro de la célula, durante la fertilización. Esta información, con los datos genéticos de ambos progenitores, está inscrita en esa ‘cinta’ llamada ADN; todos los procesos de la vida futura, están regulados ahí, y ahí se comienzan a ‘copiar’ las instrucciones contenidas, para iniciar la diferenciación de la célula: tejido epitelial, órganos vitales, músculos… todo lo que conformará la futura criatura, leyendo sobre determinados tramos. A veces se toman datos de la instrucción proveniente de una cadena, y otras de la que aparece en la cadena opuesta.

Aunque el ADN no es vida, sino ‘información’ para crear, desarrollar, y mantener la vida de un nuevo individuo, en una especie dada, el nuevo embrión se genera desde el mismo momento de la fecundación; de hecho, ya el espermatozoide tiene vida propia. El concepto de Instrucciones para crear vida, es válido para todos los seres vivos del planeta: desde los ínfimos hasta los mayores y complejos… incluido, por supuesto, todo lo correspondiente al mundo vegetal.

El ADN contiene la INSTRUCCIÓN para crear un nuevo individuo, miembro de una especie única y particular, a partir de elementos químicos inertes; cada ser vivo del planeta, tiene un ADN específico, que le hace diferente e incompatible con seres de especies distintas, a cualquier nivel, y en cualquier sitio de la Tierra.

Tan diferente le hace, que la acción anterior del espermatozoide fecundando al óvulo, el único medio natural para crear un ser, jamás ocurre si el apareamiento sexual tiene lugar entre especies distintas: una evidencia más contra la locura de cuadrúpedos convirtiéndose en grandes animales marinos sin patas, de reptiles surcando los vientos del Cóndor, o de monos haciendo doctorados en Ciencias Exactas.

Los evolucionistas plantean que si somos tan parecidos en el ADN, se ratifica que todo tuvo un mismo origen, cuya evolución en cadena, dio lugar a lo que hoy conocemos como vida biológica. Pero esa es una mala praxis, porque se olvida lo esencial: ninguna especie está biológicamente diseñada para generar otra: de hecho, el concepto especie infiere la imposibilidad de descendencia. ¿Qué sentido tiene la evolución lagarto-ave, si el ADN limita a cada especie para la que fue programado? La información genética es una frontera inviolable entre especies distintas; y eso no es teoría soñadora, sino postulado científico.

Si hay parecido genético, es porque se diseñó un lenguaje de solo 4 letras para codificar cada una de las miles de millones de operaciones que resultan necesarias en todo ser vivo, reduciendo al máximo el tamaño de los datos. Si no hubiera sido así, habitaríamos en un mundo de gigantes, con células enormes capaces de contener las instrucciones adecuadas… y con los problemas que eso acarrearía a la hora de garantizar alimento a las millones de especies conocidas. Pero veamos cómo es el proceso:

Todo órgano se hace en base a proteínas, desde el más pequeño al mayor; en el ser humano existen decenas de miles de proteínas… y todas se elaboran ensamblando aminoácidos. Precisamente, la construcción de cada uno de los veinte aminoácidos implicados en el genoma humano, depende del orden en que esas cuatro letras aparecen inscritas en la hebra de la cadena de doble hélice que ustedes han visto arriba.

Todos, más o menos, hemos oído sobre ‘datos codificados’. Yo quiero que este concepto se domine, porque resulta otra de las evidencias de que provenimos de un Diseño Inteligente, con un Plan prescrito… no de una casualidad sin futuro ni expectativas. Y para que esto se entienda mejor, quiero recalcar que toda la información contenida en el ADN, todas sus instrucciones, se logran con solo 4 letras. Representan a las bases nitrogenadas con las que se fabrica la vida de cada embrión, en todas las especies existentes.

Estas 4 letras, son: (A) adenina, (G) guanina, (T) timina, y (C) citosina. Préstenle atención, porque su disposición física en el genoma humano, es lo que determina qué aminoácido se fabricará, cuántos de ellos, el orden de sus uniones, y el tamaño de la secuencia que formarán para elaborar cada una de las proteínas implicadas en el organismo.

Un punto fundamental, es que las bases nitrogenadas son complementarias entre sí, y así se ven sobre la hebra del ADN. Si en la cadena del padre aparece en un punto determinado: ‘adenina’, su opuesto en la hebra de la madre será ‘timina’; y si en otro punto del ADN paterno aparece ‘guanina’, su enfrentado en la cadena materna, será citosina. Forman pares de igual manera que lo harían dos piezas que encajan en un rompecabezas. Por afinidad química, la adenina y la timina son complementarias; igual se forma la otra pareja guanina-citosina. En el siguiente esbozo se observa ese rasgo, considerando que solo tiene un fin descriptivo, pues ambas cadenas no aparecen lineales como en esta presentación sino con una estructura de doble hélice, según vimos antes en la micrografía superior.

Sopa de letras... ORDENADA

ADN: Sopa de letras... ORDENADA

Se transcriben las instrucciones del ADN: los datos son copiados en ácidos ribonucleicos elaborados con ese fin, ARNm [ARN mensajeros], mediante una enzima llamada ARN polimerasa; en la mayoría de los casos, primer paso de la síntesis de proteínas. La constitución de aminoácidos siempre se hará en base a tres letras, así que se leen de tres en tres. Al trío formado se le llama ‘codón’, y también ‘triplete’; con una particularidad: cada vez que se ‘lea’ la timina, será sustituida en el ARNm por Uracilo.

Por ej., si se ‘lee’ CGT’, el ARNm, portará ‘CGU’: el aminoácido Arginina. En cuanto esa información llegue al ribosoma, ese aminoácido estará dispuesto, esperando por el resto, para elaborar la proteína que corresponda a las ‘instrucciones’ inscritas en el ADN. Para que se entienda mejor el proceso, pondré la secuencia que ‘codifica’ para la hormona concentradora de melanina, una de las más cortas, de solo de algunas decenas de aminoácidos. Todos ensamblados en el ribosoma, según lo indicado en el ADN.

atg (inicio) gca aag atg aat ctc tct tcc tat ata tta ata cta act ttt tct ttg ttt tct caa ggt att tta ctt tca gca tcc aag tcc ata aga aat tta gat gat gac atg gta ttt aat aca ttc agg ttg ggg aaa ggc ttt cag aag gaa gac act gca gaa aaa tca gtt att gct cct tcc ctg gaa caa tat aaa aat gat gag agc agt ttc atg aac gaa gag gaa aat aaa gtt tca aag aac aca ggc tcc aaa cat aat ttc tta aat cat ggt ctg cca ctc aat ctg gct ata aaa gga tat caa gca cta aaa gga tct gta gat ttc cca gct gag aat gga gtt cag aat act gaa tca aca caa gaa aag aga gaa att ggg gat gaa gaa aac tca gct aaa ttt cct ata gga agg aga gat ttt gac atg ctc aga tgt atg ctc gga aga gtc tac cga ccc tgt tgg caa gtc [tga – Fin de síntesis]

Para saber cuándo comienza una síntesis de proteínas cualquiera, hay un codón de inicio: ATG, que el ARNm transcribirá como AUG, pues él, siempre sustituirá ‘timina’ por ‘uracilo’. Y para saber cuándo debe parar; o sea, cuando se debe detener la secuencia de una proteína específica, para que esta sea liberada en el ribosoma, hay 3 codones: «TAG, TGA, y TAA [Transcritos en el ARNm, como UAG, UGA, Y UAA]

Esta es la síntesis del proceso; hay muchas complejidades y acciones metabólicas no mencionadas, así como variación de ciertos aminoácidos, pero lo importante del concepto se concentra en lo explicado.

Y ahora, después de haber llegado hasta aquí, razonen si creen que exista alguna posibilidad de que ese ‘programa’ en lenguaje codificado, haya surgido por sí mismo. Mediten sobre la posibilidad de que las instrucciones secuenciales que contiene, hayan tenido su origen en el azar. También les pediré que piensen si puede provenir del azar, la precisión con la que se ensamblen los aminoácidos indicados, la orden de inicio de la actividad de elaboración de proteínas, y la orden de darla por finalizada.

Yendo más lejos, ¿es posible que una secuencia de datos codificados en miles de tripletes imprescindibles en proteínas específicas, también haya podido surgir del azar, sin un exhaustivo control inteligente detrás?

Lo que quería que vieran, es que el ADN resulta un colosal programa diseñado para crear vida, a partir de sustancias químicas inertes. ¿Puede un programa haber salido de la nada, sin programador? ¿Conoce la Ciencia algún ejemplo de tal hallazgo, en cualquier lugar del planeta?

El ADN es el sello de nuestro Dios; da testimonio de la Sabiduría y de la Ciencia del Altísimo… y es un canto de esperanza para todos aquellos que creemos en las promesas de Nuestro Señor Jesús.

¡Gloria a ti Padre, tan artífice de las primeras obras de tu Creación, como de las que harás en el Sión definitivo de tus promesas, cuando Jesús venga a reclamar los suyos, en su Justicia!

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