P53: PROTEÍNA PENSADA, NO CASUÍSTICA.

mayo 7, 2008


UNA GUARDIANA DEL GENOMA. 

A nadie que haya leído algún artículo de este blog, se le escapa que lo que intento en cada trabajo es demostrar que toda la vida biológica del planeta constituye un intenso alarido en favor de una inteligencia creadora, solo imposible de escuchar en un mundo de sordos… o de personas que se tapan los oídos con el propósito de desterrar del corazón humano al Creador de todo lo que existe.

Mi objetivo es contrastar el evidente diseño e inteligencia manifestada en cada obra de Dios, con el desarrollo ‘azaroso‘ o ‘casuístico‘ que propugna la teoría de la selección natural, reflejada por Darwin en su libro ‘El origen de las especies’. Publicado el 24 de noviembre de 1859, y articulado en 1871 con su otra obra cumbre del sin sentido: ‘El origen del hombre’, que dicta que descendemos de monos (Porque, un tipo de mono, no es más que un mono, por mucho que alguien se proponga ponerle un disfraz a la expresión), constituyeron el climax del asalto antibíblico, en toda la historia de la humanidad.

El arma de la cruzada de hoy, es la proteína P53, nominada en el 1994 como ‘molécula del año‘ por la revista ‘Science’, provocando la atención del mundo científico. Luego del ensayo en el que se vio involucrada, nació un gran interés entre los estudiosos de la oncología, abriendo nuevas puertas a la expectativa en la lucha contra el cáncer.

Llegado a este punto, es necesario dar una pincelada para hablar del malo de la película: el ‘oncogén‘: un gen que fue normal (‘protooncogén’), pero que cambia sus características luego de una mutación. Junto a otros mutantes, forma el ejército atacante, responsable de la transformación de una célula normal en una maligna, dando lugar a un determinado tipo de cáncer. En el hombre se han identificado y secuenciado más de 60 oncogenes en los diferentes cromosomas del genoma, formando un conjunto muy heterogéneo de enfermedades malignas que harán todo lo posible por acabar con una vida.

El inicio de tumores en el humano o el desarrollo de oncogenes, ocurre como resultado de múltiples eventos genéticos que incluyen la pérdida de actividad de genes que fueron ‘pensados‘ para que actuaran como supresores de tumefacciones. Es el caso de P53.

La proteína p53, se halla en un estado latente y no-funcional en las células no expuestas a agresiones. En condiciones de ataque o daño celular, p53 se activa, de una forma casi mágica: incrementa sus niveles, principalmente aumentando su vida media. Como parte de un eficaz dispositivo, diseñado como ‘sensor‘, comprueba cualquier anomalía a nivel celular; si su ‘programa‘ la considera ‘fatal‘, detectando un tumor, actúa provocando la aptosis o muerte celular, de manera definitiva y autoritaria, sin nada que se lo impida: ‘Muerto el perro, se acabó la rabia‘.

Pero, y atención aquí: también hay capacidad para definir que el daño no es tan grande como para ‘suicidar‘ la célula; en ese caso, siempre en condiciones normales, en ausencia de mutaciones, se ha previsto otro aliado: la proteína MDM2, encargada de controlar a  P53, uniéndose a dicha molécula e impidiendo que se inicie el mencionado proceso. En ese caso, P53 solo detiene momentáneamente la multiplicación celular, hasta recibir un mensaje de vuelta a la normalidad y el metabolismo pueda reiniciarse sin problemas.

La evolución plantea que este proceso se perfeccionó a sí mismo, luego de miles de millones de años, aunque jamás han podido demostrarlo, ya que ni siquiera se ha logrado crear una simple célula en sus sofisticados laboratorios. Algo incoherente, pues, aun aceptando que lo orgánico surgió de lo inorgánico por autogestión, nos queda la otra pregunta: ¿Por qué está indicado todo el proceso de construcción del ser vivo, sea lo que sea, en un lenguaje codificado? ¿Quién codificó ese lenguaje y diseñó las precisas instrucciones? Pregunta incómoda, jamás respondida de forma convincente por la ‘selección natural.’

En las aulas, la teoría evolutiva ‘enseña‘ un surgimiento del azar. Pero veremos que todo en realidad se deriva de un proceso complejo y ‘altamente organizado‘; un ‘software‘ que asegura una completa y exacta operación. Su control es regulado por la actividad de varias proteínas que, como una maquinaria perfecta, actúan de manera armónica y eficaz.

Si lo extrapolamos a las funciones que desempeñan las proteínas en el desarrollo del cuerpo humano, notamos que son muchas e importantísimas, pues intervienen en la formación de los elementos esenciales de todo el organismo, las enzimas y las hormonas reguladoras del metabolismo; así como en los anticuerpos destinados a combatir las infecciones. Siendo las encargadas además, de producir la regeneración del cabello y de las uñas que, lentamente, crecen durante toda la vida de una persona.

Nada resulta casuístico; todo está programado para minimizar errores. De nuevo el procesado esquema precursor imprescindible: no es posible toda esa actividad que se manifiesta en sí misma como cognoscitiva, si no hay detrás una inteligencia ejecutora. Cada elemento conoce su función, y actúa para que la compleja maquinaria de la vida funcione tal y como fue ‘dispuesta‘, aunque a muchos les dé ‘yuyu‘ reconocerlo, y caigan en la irresponsabilidad docente de instruir que el azar es un hecho probado.

La proteína ‘mdm2’ también es parte activa de un ‘programa inteligente‘; la evidencia es que ya aparece planificada y codificada su presencia en el ADN, por el gen MDM2 que la ‘bautiza’. Esta proteína corresponde a uno de los factores nucleares que regulan el ciclo celular en la transición de las fases G1, (el intervalo entre el fin de la mitosis y el inicio de la síntesis de ácido desoxiribonucleico o ADN), hacia la replicación del ADN (un proceso conocido en genética como ‘S’).

P53 fue concebida para disminuir la probabilidad de que se generen clones celulares y defectos genéticos (mutaciones, delecciones, inversiones). Actúa como ‘guardián del genoma‘. Se ha observado que la pérdida de p53 conduce a un incremento en la inestabilidad genómica, debida a un descenso en la tasa de reparación del ADN durante la recombinación homóloga, lo cual evoca su importancia.

Teniendo en cuenta que p53 es una proteína con funciones críticas para la célula, no es de extrañar que su actividad esté regulada por mecanismos múltiples. La proteína p53 inactiva se localiza en el citoplasma a baja concentración y tiene una vida media relativamente corta, de unos 20 minutos. Bajo estas condiciones, la proteína p53 debe recibir señales o sufrir modificaciones que la activen, para resultar funcional.

Las señales o sucesos que motivan su activación, están principalmente asociados a situaciones de estrés celular, como ocurre al dañar el ADN por radiaciones ionizantes o por ultravioleta o al reducir el contenido de nucleótidos por inhibición del metabolismo de síntesis (efecto de la quimioterapia) o al privar del suministro adecuado de oxígeno, por activación de oncogenes que disparan altos índices mitóticos o por cambios en moléculas ‘redox‘ en la célula, que alteren la transferencia de electrones.

Estos estímulos inducen un rápido incremento en los niveles de proteína p53 en la célula, tanto por el aumento en su estabilidad, como por su activación bioquímica, lo cual le permite actuar como factor de transcripción, unirse al ADN, y regular sus genes. La duración y la cinética del aumento de los niveles altos de proteína difieren según cual haya sido el factor productor de la activación. Las señales y las rutas de p53 son tan complejas, que todavía están en fase de estudio.

La inducción de esta proteína, en respuesta a daños en el ADN, no procede del azar, sino que está regulada. La detección de roturas en esta molécula, es una de las primeras señales que lleva a la inducción de p53. Este hecho se corroboró, usando microinyección nuclear de ADN. Los resultados sugerían que daños de cadena simple, superiores a 30 nucleótidos, y una sola rotura de doble cadena, ya eran suficientes para inducir parada del ciclo celular dependiente de p53.

Tras el daño se produce un ágil aumento de sus niveles en la célula; debido principalmente a cambios en la vida media de la proteína y al incremento de la traducción de su ARN mensajero. El crecimiento en los niveles de p53 suele ser proporcional al daño producido en el ADN, siendo, por ejemplo, diferente para distintas dosis de radiación. De esta manera también varía la respuesta celular: bajos niveles de p53 debidos a poco daño en el ADN, inducen la parada del ciclo celular; altos niveles de p53 debidos a un gran daño en el ADN hacen que la célula entre en apoptosis.

La célula tiene sistemas sensores para reconocer el perjuicio sufrido, sean roturas de cadena o escisiones provocadas, por ejemplo, por dímeros de timidina durante la irradiación ultravioleta, uno de los resultados de una larga exposición al sol en un bonito (pero potencialmente mortal a largo plazo) día de playa. Entre estos sensores se encuentra la proteína AT, descrita en un artículo anterior, cuya función normal está implicada en los procesos de señalización tras averías en el ADN, hacia los moduladores del incremento de p53. Posiblemente (en estudio) envíe también señales a otras proteínas efectoras y es capaz, además, de unirse por sí misma a extremos de ADN, sitios donde su reparación es necesaria o lazos internos de delección.

Otra evidencia de inteligencia programada, que implica a Mdm2 y p53, viene de la observación de que la proteína p19ARF (en el caso del ratón), puede estabilizar p53, obstaculizando una Mdm2 alterada. Estudios recientes indican que p19ARF ‘secuestra‘ a la proteína Mdm2 en el nucleolo, impidiendo que acceda al nucleoplasma, donde degradaría a p53; así esta logra destruir la célula maligna.

En resumen, la actividad de p53 depende, no solo de su enorme potencialidad para actuar como factor de transcripción sobre genes asociados a las funciones que regula: parada del ciclo celular, reparación del DNA, y angiogénesis o apoptosis, sino que la respuesta final también la dan aquellas proteínas con las que interacciona.  Sin duda, esta relación con otras proteínas capaces de regular su actividad, y el espectro de expresión de genes regulados por p53, definirán la función de esta apasionante molécula, que a pesar de los más de 25 años de su descubrimiento sigue siendo objeto de atención por estudiosos básicos y clínicos, y cuyo análisis constituye uno de los ejes de investigación en oncología.

Finalmente, señalar que la proteína mdm2, auxiliar de P53, tiene un peso molecular de 90 kilodaltones, unidad de masa atómica, pues su minúsculo tamaño imposibilita su expresión en gramos o adarmes. ¡Y está formada por 491 aminoácidos! La incomprensión de la lógica evolutiva de la casualidad nos abarca, si sabemos que no hablamos de un atleta olímpico, un vigilante de 1.90 ms y 100 kilos de peso, sino de elementos microscópicos, millones… y cada uno consciente de cuál es su trabajo, el que acometen con dedicación y fidelidad hasta su muerte.

En 1869, el biólogo suizo Miesscher, usó alcohol caliente y una pepsina enzimática que separa la membrana celular y el citoplasma de la célula. Quería aislar el núcleo celular; concretamente en los núcleos de las células del pus obtenidas de los vendajes quirúrgicos desechados, y en la esperma del salmón. Así, identificó a un nuevo grupo de substancias celulares a las que denomino ‘nucleínas‘, observando la presencia de fósforo. Luego Richard Altmann los identificó como ácidos y les dio el nombre de ácidos nucleicos.

En base a estos trabajos, en 1953, los ingleses Watson y Crick descubrieron la estructura molecular del ADN; precisando que la información genética es codificada, almacenada y procesada luego, inteligentemente, por el traductor elegido. Un mecanismo que refleja cognición desde el primer código ensamblado, y que anula el marcado interés evolucionista, desde su irrazonable casualidad, por sacar a Dios de la fórmula de la vida.

Todo intento por volver a los pinzones de Darwin y los cambios naturales de las especies, quedan obsoletos ante la nueva situación creada con el ADN y su información de ‘recetario de laboratorio’ que nadie puede explicar cómo surgió por sí misma.

¡La Gloria y el Honor al diseñador de P53 y todos sus asociados! Un ejemplo de Sabiduría tan grande, que la Ciencia aun está intentando descifrar sus abundantes enigmas, pese a las absurdas conclusiones de pájaros con picos cortos o largos, mariposas blancas o grises, todos los adelantos tecnológicos, la genómica comparada, la inteligencia de sus biólogos, y el más de medio siglo transcurrido desde el develamiento de la ‘científica‘ cadena de doble hélice.

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TELÓMEROS: NO EVOLUCIÓN, SINO DISEÑO Y CREACIÓN

abril 22, 2008

LA TELOMERASA: ESA GRAN ANTIEVOLUCIONISTA.

Hoy he estado leyendo sobre el ‘Diario Intimo de Unamuno‘, escrito a partir del 9 de abril de 1897, en su retiro de Alcalá de Henares, en el Oratorio de San Felipe Neri, durante sus ‘Meditaciones’, en las que dejó evidencia de su contraposición entre “razón” y “verdad”, “dogma” y “misterio”, “pensar” y “meditar”.

En unos de sus párrafos leí: ‘¡Conócete a ti mismo!… ¡No eres inconocible, conoce tu obra y llévala a cabo! Y, ¿cuál es mi obra? Hay algo más que conocerse (o llevar a cabo su obra) y que amarse, y es: serse. ¡Séte a ti mismo, sé tú mismo y como eres nada, sé nada y déjate perder en manos del Señor!’

Más adelante me llamó la atención otra reflexión:

…”y siembro sin volver hacia atrás los ojos, no sea que me pase lo que a la mujer de Lot; siembro mi grano mirando siempre al porvenir, que es el único reino de libertad, y dejo a la tierra que lo fecunde, y al aire, al agua y al sol que lo fomenten. ¡Ah! ¡Si en vez de inquietarnos por el sembrado grano siguiéramos sembrándolo!”

El narrador, expresó aquí una teoría del espíritu: ‘El espíritu es una semilla depositada en el momento del nacimiento, que cada individuo tiene que cultivar construyendo la propia identidad; el destino propio que cada uno de nosotros tenemos que darnos en la vida: ese tiempo que discurre entre el nacimiento y la muerte.’

Como Unamuno, cada ser humano siente “ansia de no morir“, “hambre de inmortalidad” o “anhelo de eternidad“. Y aunque solo a través de Jesucristo el hombre se abre con posibilidad real ante la perspectiva de derrotar a la muerte, vivir en otro mundo, y descansar eternamente en un paraíso ajeno al dolor, la miseria y la angustia, vemos que, frente a lo inexorable del envejecimiento y del fin de la vida, las personas han buscado la fuente de la eterna juventud… o al menos alguna pista que llevara hasta ella, en otra dirección, durante siglos.

Eso ha generado, a través de los tiempos, infinidad de ficciones enriquecidas con mitos y leyendas de todo tipo, que siempre acaban con elixires mágicos, raíces con propiedades rejuvenecedoras, y muchas cosas más de las cuales es preferible no hablar. Mas lo cierto es que en este plano dimensional, no hay ni habrá eternidad.

A partir del desarrollo de la genética molecular, se llegó a un cuadro más real y exacto de lo que es la vida, y cómo influye la información contenida en el ADN individual, sobre el poder durar más o menos años. Así, en su permanente búsqueda de trascendencia, el hombre está tratando de evitar, o al menos retrasar, el irrefutable deterioro que se alcanza durante su ocaso. La ciencia centra sus expectativas en el campo genético, razonando que la clave de avería orgánica incremental con los años, está en el ADN.

De hecho, ya se han aislado genes que parecen provocar el detrimento gradual de la piel, y que debilitan la eficacia del sistema inmunológico; por ejemplo el gen responsable del síndrome de Werner, un trastorno que provoca una vejez prematura en sus víctimas, cuya mayoría muere antes de los 50 años. Pero, para frenar el proceso de decadencia humana sería necesario tener en cuenta la actividad de muchos genes y no de uno solo.

Hay científicos que dictan que esta batalla podría ganarse de forma muy distinta: quitando radicalmente calorías de la dieta, y provocando así una combustión menor de energía que permitiría vivir más de siglo y medio. Mas, hoy por hoy, se piensa que la clave de declive está en el proceso de división celular, y que el reloj biológico que controla la vida de cada célula, es el ‘telómero’, el ejecutor de regiones terminales de todos los cromosomas; tanto de los eucariotas como en ciertos cromosomas procariotas lineales.

El telómero, situado en los extremos de los cromosomas, a manera de capucha, protege estas terminaciones frente a la degradación; asimismo, se encarga de resguardar la unión de los extremos del ADN, mediante la elaboración de ciertas enzimas reparadoras.

Previamente a la división celular, la célula duplica su ADN, incluida la secuencia de bases que constituyen el telómero. Sin embargo, en una célula normal, la maquinaria de replicación no es capaz de copiar la totalidad de la secuencia del telómero ‘apuntada‘ (no casuística), en una de las hebras del ADN, en el cromosoma. Como resultado, el telómero se hace cada vez más corto en cada replicación.

¿Fue siempre igual? Los cristianos pensamos que no; la Biblia enseña que las primeras 10  generaciones de hombres, de Adán (930), Matusalén (969) hasta Noé (950), vivieron cerca del milenio, precediendo a otras 10, desde Sem (600 años), hijo de Noé, hasta Abraham (175 años), que fueron bajando gradualmente.

Es decir, las revelaciones de la Ciencia confirman, una vez más, las enseñanzas bíblicas: la pérdida de información genética durante generaciones, prácticamente ha determinado la ‘duración de la vida‘, a través de la historia del hombre. Los telómeros, definidos por los propios investigadores como el ‘reloj biológico‘ con el que cuentan los seres vivos, lo ratifican.

Su desgaste, luego de varios ciclos celulares, limita la función protectora para la cual fueron ‘diseñados‘ por el Creador; así, el cromosoma se hace inestable, se crean errores de segregación, aparecen anomalías y diversos tipos de mutaciones. Las células que presentan estos defectos, no solo son incapaces de duplicarse, sino que dejan de ser viables, activándose los procesos de apoptosis: ‘muerte celular programada‘, no casuística ni azarosa, según enseña la teoría evolutiva de selección natural.

Por otro lado, en lo referente a la estructura, el telómero ayuda a mantener la integridad del cromosoma, impidiendo la fusión de sus extremos y la degradación por nucleasas, así como actuando en el anclaje de los cromosomas a la matriz nuclear. Por si todo esto fuera poco, juega un papel muy importante durante la meiosis, el apareamiento y recombinación homologa.

El daño telomérico limita la duración del ciclo vital de la mayoría de las células; pero, en otro ejemplo de ‘diseño y previsión‘, en las células germinales y embrionarias, de las que el organismo no puede prescindir, para poder garantizar la continuidad de la especie, existe un elemento capaz de restaurar la secuencia del telómero, y prolongar así la vida de la célula, manteniendo su capacidad de multiplicación. Este ‘mágico‘ componente es una enzima extraordinaria, la telomerasa: un complejo de proteínas y ARN.

Los telómeros en la mayoría de las especies animales y vegetales y en los microorganismos están constituidos por subunidades cortas de nucleótidos generalmente ricos en timina -T- y guanina -G-. En el hombre la secuencia de cada una de estas subunidades es TTAGGG. El número de repeticiones es variable según las distintas células de un mismo individuo, mas el promedio de repeticiones suele ser constante para cada especie. En el hombre se calcula que alcanza aproximadamente las 2.000 repeticiones.

Sin embargo, los requerimientos moleculares del proceso son tales, que el final 5′ de la cadena hija de cada ADN nuevo no se puede completar, acortándose el telómero. Ello se debe a la presente incapacidad de la polimerasa de ADN, para replicar los extremos de las moléculas. Se estima que cada telómero humano pierde, mínimo, 100 pares de bases de ADN telomérico en cada replicación. Esto representa unos 16 fragmentos TTAGGG. Teniendo en cuenta el número inicial de estas secuencias, al cabo de unas 125 divisiones mitóticas, el telómero se perdería completamente.

Los grupos ‘fosfato’ de estos nucleótidos, son fuentes preferidas por la célula para la transferencia de energía; una de las razones importantes que reviste el poder reponerlos. La acción de la telomerasa permite el alargamiento de los telómeros afectados; es muy activa en células fetales, manteniendo un alto nivel de proliferación en ellas, pero tiene muy poca proliferación en las células del tejido adulto.

Aunque la mayoría de las células suprimen la actividad de la telomerasa tras el nacimiento, (otro ejemplo de diseño inteligente), se sabe que muchas celulas tumorales la reactivan, contribuyendo así a la proliferación de clones malignos. Por ello se sugiere una nueva diana para el tratamiento del cáncer, y varios estudios recientes contemplan la posibilidad de inhibir la telomerasa para detener el crecimiento de las células tumorales.

Pero eso no anula la estupenda actividad de la enzima, pues ella no causa transformación de células normales en cancerosas, sino que la propia pérdida de información codificada en el ADN, es quien motiva las mutaciones que tanto se han debatido en este blog, casi siempre dañinas, pues malogran la maravillosa maquinaria humana, concebida en los orígenes de la Creación.

Los avances científicos, una y otra vez, atestiguan que el metabolismo animal no resulta de una hipotética selección natural que apela a la improbable coincidencia de trillones de ‘casualidades‘,  que deberían haber coincidido en tiempo y espacio para nutrir todo el patrimonio biológico del planeta, sino de un esmerado y analítico proceso que manifiesta mucha previsión, y provee de los mecanismos necesarios para la auto permanencia.

El ‘milagro‘ del telómero y su telomerasa están ahí, y apuntan directamente en sentido contrario a la hipótesis de que procedemos del azar y que derivamos de sucesivos cambios sin control, que han dado lugar, por ejemplo, a ese imponente laboratorio andante que constituye al ser humano.

Somos lo que somos, porque antes fuimos ‘pensados‘… y seremos lo que seremos, por la misma razón; algo incomprensible para todo el que se aferre a la idea de la entidad amorfa que un día arribó a una playa, y comenzó a transformarse en hierba, manzano, yuca, banano, roble o perejil, por un lado; y lagarto, dinosaurio, mariposa, ave, mono y hombre por otro.

Lo atestigua la sangre en la cruz, de alguien que dos mil años atrás, de espíritu se hizo humano y acreditó su poder con curaciones y milagros de todo tipo; resurrección de muertos aparte, la suya propia incluida. Formamos parte del definitivo proyecto de Dios: una vida en su gracia y sin muerte, para aquella parte de la humanidad que crea en Él, viviendo según sus leyes y enseñanzas; una de las cuales proclama:

“Dijo Jesús: ‘Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.’ Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: ‘Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece’.” (Juan 9:39)

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ENANTIÓMEROS: EVIDENCIA DE DISEÑO… Y LOS OJOS DEL ESPÍRITU

abril 10, 2008

“Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad.” (2ª Co 13:7)

DEL CAPRICHO BIOLÓGICO HACIA LA CREACIÓN PLANIFICADA… Y OTROS ANÁLISIS.

Hoy quiero compartir con ustedes varias curiosidades biológicas. Una es el enigma del ‘enantiómero‘, un isómero de una molécula, con idéntica conexión átomo a átomo que esta, aunque difiriendo en su orientación física: gemelos casi exactos… pero diferentes.

Una mañana del 28/IX/1969, los habitantes de Murchison, (norte de Melbourne, Australia), fueron sorprendidos por una lluvia de meteoritos ‘condritas carbonáceas tipoII‘ (CM2), formados esencialmente por carbono y agua junto con amonio, y óxidos de Azufre y Hierro. Cubrieron un área de cinco millas con pequeños fragmentos de roca espacial, colectándose más de 100 Kg; el mayor con un peso cercano a los 7 Kg.

Su textura era similar a algunas rocas volcánicas con pequeñas alineaciones que asemejan fósiles, y se cree que no han sufrido cambios desde los albores de nuestro sistema solar. Tras análisis bioquímicos se detectó la presencia de aminoácidos a concentraciones importantes; algo interesante si pensamos que el hombre también está formado en gran parte por ellos, pues son las unidades básicas que generan las proteínas, y éstas, a su vez, son los materiales y las maquinarias que definen las especies.

El meteorito de Murchison se hace especialmente relevante para el estudio de los orígenes de la vida no sólo por el hallazgo de aminoácidos en su composición, sino porque además, existe un exceso de L-aminoácidos frente a una menor concentración de D-aminoácidos: la primera evidencia natural de la existencia de un posible mecanismo prebiótico de amplificación enantiomérica. ¿Mas, qué significan estos términos?

En Química, se dice que dos estereoisómeros son enantiómeros si la imagen especular de uno no puede ser superpuesta con la del otro. O sea: un enantiómero es una imagen especular (no superponible de sí misma); como cuando usted se mira al espejo, y su brazo derecho se convierte en el izquierdo, pero una simple peca en uno de ellos, ya le identifica y les diferencia. Si intenta superponerlos, por ejemplo, dorso con dorso, no encajarán, son asimétricos o quirales: tienen la misma forma, están compuestas por los mismos tejidos pero su imagen especular no es superponible.

Enantiómeros

Los enantiómeros son moléculas ‘quirales‘: iguales características físicas y químicas, excepto ante la interacción con el plano de luz polarizada o ante otras moléculas quirales. Todos los compuestos de carbono, con 4 grupos diferentes enlazados, (el caso de los enantiómeros) crean un centro de simetría que permite que exista una molécula hermana formada por los mismos grupos y con una configuración de imagen de espejo.

Estos esteroisómeros presentan una dificultad para los investigadores del origen de la vida, pues en los sistemas vivos, solo es utilizado uno de ellos en una secuencia determinada. La forma implicada en los aminoácidos, es siempre la ‘levo‘; para los azúcares y bases nitrogenadas, la ‘dextro‘.

Por eso, cuando las moléculas son sintetizadas en el laboratorio en las condiciones que se creen que habrían existido en la tierra primitiva, ambos isómeros son formados en cantidades iguales. ¿Cómo explicar la predilección ‘Natural’ de escoger solo uno de los dos (en este caso los ‘levo’ para los 20 aminoácidos, si las propiedades entre ambos son idénticas? ¿Y cómo explicar que cuando se va a sintetizar azúcar, siempre se usa la ‘dextro’? ¿Dónde está la información que obliga a tomar, invariablemente, cada decisión?

Se han hecho grandes esfuerzos en laboratorios de todo el mundo, para responder este enigma, pero sin éxitos. Se esperaba que las arcillas lograsen discriminarlos, mas no fue así. A menos que se encuentre otra explicación para la decidida elección de cada enantiómero, la única plausible y correcta, es la existencia de un diseño.

Los sistemas asociados con partículas de arcilla favorecieron el criterio abiogénico. (De lo inorgánico a lo orgánico) Pero, aunque estas son catalizadoras, falta demostrar que todo elemento necesario para una célula pudo ser producido espontáneamente en un mismo lugar, y los primeros modelos de células vivas parecen ser tan complejos como las formas modernas.

Si son necesarios 1023 años para una probabilidad del 95% de lograr una proteína funcional, (100000000000000000000000 años = diez trillones de veces más que la edad datada para el planeta), ¿cuántos no harían falta para conformar toda la estructura necesaria de una simple célula eucarionte?

Otro reto es “la contigüidad de los fundamentos“. Si se necesita una cuantía de moléculas para producir una célula viva, crear una en el Kilimanjaro y otra en el Caribe, no serviría de nada: cada componente debe estar en el mismo sitio, al mismo tiempo. Es decir, que todos los elementos constituyentes de esa primera ‘célula mágica‘, debieron coincidir en tiempo y espacio: una casualidad tan necesaria como improbable… y otra evidencia que direcciona directamente hacia una Creación sabia y calculadora, pues por intragable que resulte para muchos, es la única respuesta coherente con la realidad que palpamos: Somos proyecto, no azar.

También está por resolver en la evolución química el origen de la homoquiralidad. Por ejemplo todos los monómeros tienen la misma “mano dominante” (los aminoácidos son zurdos y los ácidos nucleicos y azúcares son diestros). La homoquiralidad es esencial para la formación de ribozimas funcionales (y probablemente de las propias proteínas).

En la Naturaleza, toda proteína está formada solo por Levo-aminoácidos, no hay posibilidad de una proteína con D-aminoácidos o por una mezcla de D y L-aminoácidos. Esto ocurre también con los azúcares: todos ‘Dextro’. Esto es ‘homoquiralidad biológica‘: uno de los misterios más apasionantes que queda por desvelar, y otra flecha indicando la presencia de una Creación inteligente detrás: ‘diseño, orden y disciplina‘.

A fecha de hoy, nadie ha logrado sintetizar una célula, empleando los componentes básicos que posean las propiedades necesarias para la vida. Sin tal resultado, toda explicación es un sin sentido. ¿Cómo unas simples moléculas orgánicas crearon la primera célula? A esto solo se responde con utopías; algunos indican una temprana aparición de los ácidos nucleicos (“genes-first”), y otros postulan que primero aparecieron las reacciones bioquímicas y las rutas metabólicas (“metabolism-first”). Últimamente están apareciendo tendencias con modelos híbridos que combinan aspectos de ambos.

Religión, filosofía e ideología, se alimentan de dogmas. La creencia en una sopa primitiva en base a que no tenemos ningún otro paradigma es un ejemplo de la falacia lógica de la falsa alternativa. En Ciencia, es una virtud reconocer la ignorancia; no hay razón para que esto sea diferente en la investigación del origen de la vida, que fracasa siempre que se intenta sacar a Dios de la ecuación.

La historia muestra que un paradigma, una vez que adquiere estatus de aceptación (incorporado en los libros de texto), pese a sus fallos, solo es declarado inválido cuando surge otro para reemplazarle. Desde siempre ha existido ese otro, pero la ofuscación evolucionista ha alcanzado tal magnitud, que no hallan espacio para el retroceso; no se le quiere reconocer.

Con objeto de generar más progreso en la ciencia, es necesario que toda esa inteligencia volcada en buscar respuestas en la dirección equivocada, reajuste sus brújulas y se redirija con la orientación adecuada; entonces le serán abiertos los ojos del Espíritu y podrán ‘ver‘ las evidencias que el Señor pone en el camino de los investigadores. Es preciso hacer limpieza en los armarios contenedores de paradigmas erróneos… y en las vitrinas que los exhiben.

Los artículos de este bloc han sido criticados insistentemente por algunos miembros del sector ‘duro‘ de la Biología evolutiva; las ofensas y descalificaciones  llegaron a tal punto que hubo que cerrar los comentarios, dando fin a un debate muy interesante. Ofensas a la progenie del articulista, descréditos sin fundamento, mentiras y frases sacadas de contexto, constituyeron la causa inevitable del fin del intercambio de opiniones.

Aparentemente, la “teoría de la evolución” o “neodarwinismo”, solo incumben al campo de la biología, sin implicación en lo cotidiano; un gran error de concepto, pues más allá del supuesto análisis biológico, esta tesis constituye el apuntalamiento de una ideología fraudulenta que ha influido casi dos siglos sobre gran parte de la humanidad. En realidad se trata de la filosofía “materialista y atea” que sostiene una serie de planteamientos espurios respecto al origen de la vida en el planeta: ¡Cualquier cosa menos una Creación! El ‘yuyu’ a Dios sobrepasa su racionalidad; ¡qué lastima!

El materialismo sustenta que lo único que perdura es la materia: la esencia de todo lo orgánico e inorgánico; niega a Dios como arquitecto de todo lo existente: visible o invisible. Al someter todo, a un factor que siempre transmuta, dictan que el hombre y cada entidad biológica, son condenados a su extinción.

En general, esta noción tiende a hacer del hombre un ser egoísta que vela solo por sí mismo, apartándole de los valores altruistas infundidos por el espíritu desde su interior, y potenciando el inicio de los desastres que sobrevendrán al ser humano que viva negando los códigos del Señor. Pero la espiritualidad de muchos se está imponiendo, incluso en aquellos que se consideran al margen de cualquier pensamiento religioso, intentando proteger al individuo y reencausarle. Si se sabe que de infringir las leyes humanas, habrá sanción, ¿por qué arriesgarnos a violar las de Dios?

La prédica materialista, aun no queriendo, abole muchos valores básicos que deben constituir el fundamento del estado y la sociedad, forjando un conjunto social insensible, que solo persiguirá lo material. La justicia, la lealtad, la honestidad, el sacrificio, el honor o una ética correcta, dan paso a la frase contemporánea: ‘Búscate la vida‘, que muchos apuntan cuando alguien les solicite ayuda; un orden social establecido, pero condenado a hacerse pedazos en un plazo más ágil que tardío.

Los materialistas (que ‘evolucionan’ hacia comunistas), han sido y son, uno de los peligros más serios para el pilar primario del país: la familia. Los ancestrales conceptos sagrados de ‘un estado por la familia‘, son pisoteados por una velada ‘patria potestad‘ estatal’, encargada de imponer ideas anti-creacionistas y anti-Dios en los niños: los futuros líderes y gobernantes.

La teoría de la evolución constituye el llamado fundamento científico del materialismo, del cual depende la ideología comunista. Es una realidad que las ideas materialistas (siendo las de Marx las principales), están colapsando actualmente, debido a que cada día más, la teoría evolutiva está siendo absolutamente invalidada por los descubrimientos de la ciencia moderna, que paso a paso, demuestra que todo lo existente obedece a un proyecto inteligente y no al caos que se promulga.

La ola materialista llegó a las costas europeas con tal intensidad, que España se convirtió el 30-06-2005, en el cuarto país del mundo en reconocer la opción ‘nupcial‘ a los homosexuales, junto a Holanda, Bélgica y Canadá. La unión entre ellos ya puede considerarse como ‘matrimonio‘; triunfando incluso sobre la misma Naturaleza que les niega la capacidad de procrear, y sobre los propios derechos del niño a convivir en un hogar que responda al proyecto de toda la vida (mamá y papá incluidos), que la ‘justicia de las urnas‘ supeditó a la supremacía ‘gay‘.

Una parte de los españoles se rasga las ropas cuando se alza una voz contra lo ‘políticamente‘ correcto; pero no lo hace cuando un niño, sacado a pasear un domingo por sus padres en su día de descanso, que deciden inculcarle la educación convencional, es obligado a ver el desfile del ‘orgullo gay‘, y además se les instruye el lunes sobre sobre lo ‘normal‘ de la homosexualidad en las aulas, mediante la ¿Educación para la ciudadanía?…

¿Dónde están los derechos de esos padres, pagadores de impuestos, a educar a sus hijos como entiendan mejor? La opción gay es individual; todas sus manifestaciones deben buscar la privacidad, no intentar arrastrar a la gente a sus pensamientos o normas de conducta. No existe un día del orgullo ‘masculino‘ o ‘femenino‘; cada cual morirá su muerte y tiene derecho a vivir su vida según sus propias decisiones… pero sin imponer sus inclinaciones al resto de sus semejantes.

He escrito varias veces que esto no es una cruzada contra los ‘homo’, pues todos tenemos algo reprobable en nuestras vidas y la Biblia no cuantifica cuánto demérito tiene una falta o la otra. Solo puntualizo sobre el hecho real que, al menos, debería salir el defensor del menor, en reclamo de lo que a este también  le pertenece en la sociedad. El Proyecto del Hogar debe ser invariable, pues ni se debe ir contra la corriente ni se puede reclamar todo lo que deseamos. Si un adulto alucina por una menor de edad, la sociedad va a por él, haciéndole pagar por ese delirio, pues va contra los derechos de la joven y de los padres que la educan.

En cuanto a educación, moral y cívica, España no será de las primeras, pero en otros aspectos, ha metido la 5ª marcha y, entre las leyes anti Cristo, el SIDA, y el cada más más incipiente consumo de drogas y alcohol por parte de la juventud (el futuro del país), ya se ha colocado en la vanguardia internacional. Sé que muchos se escandalizarán con mis palabras, pero, díganme: ¿Estoy diciendo algo que no sea de dominio público a nivel mundial? ¿Hay que sentir orgullo por lo ‘politicamente correcta‘ que se ha vuelto la sociedad española y por la fama de ‘modernista‘ adquirida?

Creo que los padres y la jefatura del estado deberían concienciarse más sobre estas deficiencias; pienso que los medios de comunicación deberían reflexionar sobre el papel que les corresponde en la actualidad, pues el futuro nos pasará la cuenta a todos, irremediablemente. Afortunadamente, hay una gran representación de España que cada vez tiene una participación más importante en los triunfos científicos del planeta; el Gobierno debería estudiar qué sistema de educación han usado los padres de esos que tan exitosamente han corrido su buena carrera, e intentar institucionarlo, para bien de todo el conjunto de la población futura.

Si alguien roba, estafa, amenaza o viola, las leyes se lo comen, al atentar contra el derecho a la paz individual, pues lo que está mal, mal está. Tampoco hay ‘derechos humanos‘, si las revindicaciones se sustentan en la indefensión de alguien incapaz de decidir por sí mismo. Mala praxis para el que nada contra la corriente establecida por quien creó el cauce de la vida, e igualmente negativa para quien le aplaude por hacerlo… en todos los casos.

Somos algo más que materia y hay una expectante vida eterna; en el medio estará el ajuste de cuentas. ¡Qué El Señor nos abra los ojos del Espíritu, y nos dé discernimiento, para que el Juez nos declare inocentes!

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EVOLUCIÓN: ABIOGÉNESIS A POR SUS FUEROS

abril 5, 2008

“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén” (1ª Timoteo 6:20)

LAS NEBULOSAS DE CHARLES Y ASOCIADOS

El antiguo concepto de abiogénesis o autogénesis, en Biología, sostenía que podía surgir vida animal y vegetal de forma espontánea, a partir de materia inerte; este indicaba que germinaban gusanos del fango, moscas de la carne podrida, cochinillas de los lugares húmedos, etc. Así, la idea de que la vida se reciclaba continuamente en la Tierra a partir de restos de materia orgánica, se denominó generación espontánea.

En la segunda mitad del siglo XIX, los ensayos de Luis Pasteur probaron definitivamente que los microbios no se originaban al azar. Gracias a él, aquella absurda idea debió ser desterrada del pensamiento científico, y a partir de entonces se aceptó de forma general el principio que sentenciaba que todo ser vivo procede de otro ser vivo.

Pero, ante la insistencia atea de no reconocer el origen de la vida tal como se plantea en las Escrituras, los mismos seguidores de la antigua corriente se reincorporan al camino, aspirando dar respuestas coherentes al umbral de la existencia, con el concepto de que en un momento indeterminado, eones de tiempo atrás, la materia no orgánica generó la primera célula viva. O sea, en lugar de recapitular, dan un inmenso salto hacia delante, respondiendo ‘sus’ incógnitas, con más absurdos.

¿En qué se fundamentan? Pues de nuevo en la generación espontánea; es decir, más de lo mismo, pero aplicando la seudo ciencia para convencer que ‘esta vez sí tienen la razón.’ Mas es muy difícil visualizar las cosas inertes, ultrapasando la frontera hacia lo vivo, sin aportar ideas congruentes, porque, ¿qué funda una célula viva? ¿Que criterios deben ser cumplidos?

El propósito de todo método científico es relacionar el efecto (observación) con la causa, al tratar de reproducir el efecto, recreando las condiciones bajo las cuales este ocurrió. Cuanto más complejo es el fenómeno, mayor es la dificultad que la ciencia tiene para investigarlo, y en el caso de la investigación del origen de la vida, se topa con dos trabas: las condiciones en que ocurrió son desconocidas y se ignora la esencia original.

Pero, ¿qué es la vida? Las células son los elementos más simples de todos los seres vivos; aun los procariontes, los más elementales. ¿Han podido demostrar que una sola bacteria ha surgido de la nada? Decididamente: No. Aun así, no solo obvian esta falta de evidencia, sino que además dicen que esta bacteria, sin núcleo,  citoesqueleto, y muchos otros organelos imprescindibles, se fue abasteciendo de todo ello por sí misma, sin ayuda externa, llegándose a convertir en un organismo complejo. ¿Han aportado alguna prueba de esto? Decididamente: No, pero siguen adelante con sus elucubraciones, como si en Ciencia no fueran necesarias las evidencias.

Todos los organismos complejos se componen de células, cada una integrada por un microcosmos de entidades que la convierten en un ínfimo mundo funcional. Células únicas de vida libre, como la ameba y otros protozoarios, deben desempeñar todas las funciones necesarias para la vida, igual que individuos más complejos. Una célula posee sistema digestivo, reproductor, respiratorio, nervioso, esquelético, excretor, muscular, etc., muy minúsculo e interconectado para haber surgido por azar.

El análisis se complica si se piensa que toda célula viva ostenta características en común, consideradas fundamentales: el código primario rico en informaciones de ADN, la enzima ADN polimerasa necesaria para la reproducción de dicho código, ARN intermediarios y ARN polimerasa requerido para transcribir las precisas instrucciones metabólicas que aparecen enigmática e inexplicablemente ‘codificadas‘ en la molécula de Ácido desoxirribonucleico (ADN). El hecho concluyente de que todo elemento celular tiene garantizada su necesidad de energía de una forma u otra constituye una evidencia de diseño, no de sucesos casuísticos.

Añadamos ahora el mecanismo de síntesis de proteínas contenido en los ribosomas, los ARN transportadores y las enzimas precisas para ligar a cada uno de los aminoácidos respectivos, más la membrana celular y las vías metabólicas fundamentales para generar los materiales necesarios en las reacciones mencionadas anteriormente, implicando en ellas a cientos de fermentos participantes, de forma organizada y muy bien calculada.

Asombrosamente, una vez más, sin ninguna prueba confirmatoria, vuelven a asegurar que toda esa complejidad también sucedió por sí misma, por azar de la Naturaleza y por una selección natural controladora, que nadie ha evidenciado con referencias comprobatorias. Dicen que de la materia inorgánica surgió la orgánica, y que esta fue adquiriendo complejidad gracias a su sabiduría infinita, durante miles de millones de años, hasta el momento actual. Esa es la sopa que se da a beber en las escuelas, desde hace casi dos siglos.

Los autores de esta nueva teoría abiogénica, señalaron cuatro componentes esenciales para el origen de la vida:

1. Una atmósfera llena de moléculas gaseosas reducidas y una fuente de energía para convertir esas moléculas en precursores biológicos necesarios para la subsistencia.

2. Un océano saturado de pequeñas moléculas biológicas resultantes del punto anterior.

3. Un mecanismo que genera, a partir de este mar molecular, polímeros ricos en información, necesarios para una célula viva (ADN, ARN y proteínas)

4. Interiorizar, confiada y absolutamente, que si el paso número tres es implementado, dará como resultado, inevitablemente, la sublime formación de una célula viva.

La primera condición impone un aspecto químico. Los primeros estudios serios al respecto, datan de 1920, cuando J.B.S. Haldane y A.I. Oparin sugirieron que la vida se originó espontáneamente a partir de la materia inerte existente en la superficie terrestre en un pasado remoto, y describieron un escenario para esa ocurrencia: una química oscura, pero ampliamente aceptada entre aquellos que procuraban establecer un origen naturalista para la vida en la tierra.

Años después, en el 1953 Stanley Miller hizo sus experimentos basado en el ambiente de Oparin (CH3, NH4, H2O, y H2), y logró varios compuestos simples, incluyendo algún aminoácido, así como una cantidad de alquitrán. Miller y Urey propusieron que la luz ultravioleta y descargas eléctricas, produjeron pequeñas moléculas biológicas precursoras en la “tierra primitiva”, luego depositadas en los océanos por el ciclo hidrológico.

Más tarde, Carl Sagan propuso que la tierra primitiva estaba sometida a un flujo de rayos UV 100 veces más fuerte que los de hoy día, y que el H2S proveniente del vulcanismo fue un agente catalizador. En el inicio de la decada de los 70, Bar-Nun demostró que las ondas de choque de alta velocidad resultaban 10,000 veces más eficientes que los otros métodos, convirtiendo la atmósfera gaseosa reductora de Oparin en pequeñas moléculas, formando cuatro aminoácidos.

Actualmente, algo más de una decena de aminoácidos puede ser producida bajo condiciones de la atmósfera reductora que se ‘cree‘ existió en la tierra primitiva. Pero, como también se generan aminoácidos no proteicos, estos competirían con los veinte aminoácidos de síntesis, en cualquier hipotética reacción abiogénica, afectando la teoría.

Oparin reconoció la necesidad de excluir oxígeno o algunos otros compuestos oxidativos de la mezcla. Esto fue muy conveniente, debido a que tal mezcla probó ser capaz de generar una variedad de pequeñas moléculas de interés biológico.

Pero hubo oxígeno; Philip Abelson (1966) y J. W. Schopf (1972) concluyeron que no hay evidencias de una atmósfera inicial de metano-amonio, y desde el vuelo del Apollo 16, se supo que la fotodisociación del agua en la atmósfera superior, por inducción, es una de las fuentes mayores de oxígeno libre atmosférico, así que este se debió generar en un promedio alto en la tierra, sin la presencia de un escudo de ozono (hecho por oxígeno) para bloquear la intensa luz UV del sol. Un análisis de las rocas ‘consideradas‘ del Precámbrico parece indicar la presencia de oxígeno libre, a niveles similares de los hoy día (Walker, 1977), y que la tierra no tuvo la atmósfera reductora que apoye a estas tesis.

Por otra parte, queda la incógnita del surgimiento de biopolímeros ricos en información que provocarían la necesaria síntesis de macromoléculas imprescindibles para el desarrollo de una pre-célula. La síntesis de proteínas y ácidos nucleicos a partir de pequeñas moléculas precursoras, en el hipotético océano biótico, representa uno de los desafíos más difíciles del modelo de la evolución, ya que el agua no favorece la formación de enlaces peptídicos, sino que es su ausencia lo que beneficia la reacción.

Sidney Fox reconoció el problema y comenzó a elaborar una alternativa mediante la que logró crear una especie de sustancia polimerosa. El material polimerizado se vació en una solución acuosa, resultando en la formación de algo que llamó ‘proteinoides‘, que consideró como células. Reclamó casi todas las propiedades imaginables para su producto, incluyendo que él había alcanzado la transición de la macromolécula hacia la célula.

Fue aun más lejos, intentando  demostrar que un pedazo de roca de lava pudiera sustituir un tubo de ensayo en la síntesis de proteínas y afirmó que el proceso ocurrió en la tierra primitiva en los alrededores de los volcanes. Sin embargo sus críticos y sus propios alumnos desnudaron su credibilidad:

Se demostró que los proteinoides no son proteínas, pues contienen muchos enlaces no peptídicos y otros cruzados que no son naturales. Los enlaces peptídicos son del tipo beta, mientras que todos los enlaces peptídicos biológicos son del tipo alpha. Los materiales con los que inició el experimento fueron aminoácidos purificados, que no tenían semejanza con los materiales disueltos en la “sopa orgánica“.

Si alguien tuviera que hacer el experimento con la sopa pre-biótica, el único producto sería alquitrán. El porcentaje de 50% ácido aspártico y ácido glutamico necesario para estos experimentos no tienen semejanza al porcentaje muchísimo mayor de glicina y alanina hallados en los experimentos de síntesis de la tierra primitiva, y tampoco hubo contenido de información genética.

Todas las alegaciones expuestas por Fox fallaron en pasar las pruebas cuando fueron examinadas cuidadosamente. Aunque sus resultados iniciales parecieron coincidir mucho con su teoría, la realidad resultó catastrófica para las esperanzas de los paleontólogos, geólogos y bioquímicos involucrados en una creación casuística y natural.

También se propuso el uso de arcillas, pues en este ambiente los grupos de aminoácidos tienden a ordenarse, y se han logrado producir polímeros a partir de muchos aminoácidos. Pero, aunque estos estudios han generado el interés de los evolucionistas prebióticos, su relevancia ha sido sofocada, entre otras cosas, porque las arcillas muestran preferencia por aminoácidos básicos.

Para obtener resultados y que ocurra la polimerización, deben ser usados aminoácidos puros y activados, ligados a adenina, sin embargo, los aminoácidos adenilados no son el material flotante más común en el océano prebiótico. Si se usan aminoácidos libres, no ocurre la polimerización adecuada, pues los polímetros resultantes son en su mayoría tridimensionales y no lineales, como suelen ser los biopolímeros.

Recientemente fue abierto un capítulo final con el descubrimiento de las moléculas de ARN auto catalítico. Fueron recibidas con gran gozo por los evolucionistas, porque daban esperanza de disminuir la necesidad de fabricar proteínas en la primera célula; les llamaron “ribozimas“, pero sin embargo, estas probaron ser incapaces de responder a la expectativa, debido a dos factores:

– Aunque una ribosa puede ser producida bajo condiciones prebióticas simuladas, resulta un azúcar raro en los polímeros de formaldehído (mecanismo pre-biótico que se acredita dan origen a los azúcares). Además de la presencia de nitrógeno, los aminoácidos de la mezcla de reacción podrían prevenir la síntesis de azucares (Shapiro, 1988).

– Ninguna de las 5 bases presentes en DNA/RNA son producidas durante la oligomerización HCN (ácido cianhídrico) en soluciones diluidas (el mecanismo pre-biótico que se cree que dio origen a las bases nucleotídicas). Además de los problemas de síntesis de los precursores y de las reacciones de polimerización, todo el bosquejo depende de sintetizar una molécula de RNA capaz de hacer una copia de sí misma, pues la molécula debe también realizar alguna función vital para iniciar la fuerza de la vida; pero tal hazaña, no ha podido verse manifiesta.

Todo ese “Mundo RNA” perdura en calidad de ficción; no ofrece pistas de cómo llegar desde el esbozo del mecanismo convencional de las proteínas de ADN-ARN de todas las células vivas. Por otra parte, el que algunos científicos decidan exhibir tal entusiasmo por este esquema, revela la poca fe que tienen en los otros escenarios del origen de la vida discutidos anteriormente.

En todos los estudios experimentales sobre los inicios biológicos, la presencia del investigador condiciona siempre  la dirección y conclusión del experimento en el sentido de sus propósitos. Cuando este se propone lograr un objetivo (por ej., en la síntesis de los precursores o la polimerización de los precursores), elabora un sistema ‘previsto‘, que tenga alguna posibilidad de alcanzar la meta deseada. Se escogen las condiciones en las cuales los materiales resulten apropiados para una hipotética tierra prebiótica, de modo que lo obtenido quede envuelto en el aire de credibilidad necesario, aunque sea conseguido desde la manipulación inteligente, no desde el caos de las reacciones implícitas en los laboratorios.

Los cálculos son cuidadosamente manipulados una y otra vez, hasta lograr la meta propuesta; así, el lector da por hechas las situaciones contadas, que no tendrían probabilidad de ocurrir ni habrían sido posibles en el entorno natural del principio de la Creación. Por ejemplo, cuando Fox realizó sus experimentos para producir proteinoides a partir de aminoácidos, usando roca de lava en lugar de tubos de ensayo, guió su trabajo para dar la impresión de que este era un modelo idóneo para la tierra prebiótica. Creó una gran expectativa entre quienes le creyeron, mas sus resultados, como ya se ha sabido, constituyeron un fiasco más en las esperanzas evolucionistas.

Si el análisis científico cuidadoso nos lleva a concluir que los muchos mecanismos propuestos del ‘origen espontáneo‘ no han logrado producir ni una sola célula viva, la hipótesis alternativa de la Creación inteligente se torna más atrayente; los métodos de la ciencia no han logrado responder de forma concluyente, ni en un solo ejemplo plausible, a la pregunta del origen de la existencia del rico mundo biológico que aparece ante nuestros ojos.

Sagan y M. J. Newman fueron diáfanos al declarar que “la ausencia de la evidencia es la evidencia de la ausencia.”: Más transparente ni el agua cristalina; se ha estafado a la humanidad durante mucho tiempo y es hora de que alguien con raciocinio dé la señal de Stop… al menos hasta que la verdadera Ciencia, esa gran confirmadora y única homologadora, esté en condiciones de ofrecer una prueba definitiva.


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LA EVOLUCIÓN DEL AVESTRUZ

marzo 28, 2008

Permítanme, antes de comenzar el artículo, robarles unos segundos de su tiempo, con un breve testimonio de alguien que convivió con Jesucristo; comió y conversó con Él durante tres años, le observó padecer, le vio morir… y logró verle  resucitado:

La autoridad del Hijo

“Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;  y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.  No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;  y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. (Juan 5:19-29)”

HONOR, A QUIEN HONOR MERECE

La muerte siempre, su senda breve: final físico que cede el paso al espíritu vivificante: 100 años, para los más longevos, y cualquier edad menor para los restantes, en todo punto del planeta. Muy poco, comparado con la posibilidad de una existencia eterna, en una dimensión ajena a la violencia, la vanidad, la envidia…y a todos sus parientes. Nuestra estancia en el mundo, no es más que una gota de tiempo en el océano de la eternidad.

Ahora bien, no se puede permanecer indiferente al hecho de que nuestros días animando carne, en gran medida, ya vienen fijados dentro de la molécula Ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN: el importante componente del material genético de la inmensa mayoría de los organismos, la base química primaria de los cromosomas, y el material en el que los genes están codificados. Un diminuto libro con una inmensa información.

Consideremos el inicio de todo: el embrión humano,  cuyas instrucciones de formación se hallan en los cromosomas. Allí, el ADN codifica toda orden; como un recetario, procesa las proteínas necesarias para el futuro ser, que contará con unos 30.000 genes diferentes, cuyas funciones se intentarán describir, para que se pueda apreciar la inteligencia que se esconde tras su diseño.

De forma sencilla y elemental, se puede comenzar diciendo que si alguien cercano cita esa palabra, inmediatamente solemos asociarla a un buen bistec; y, hasta cierto punto, es un juicio razonable, aunque no todas las proteínas terminan siendo carne. En realidad, somos lo que somos gracias a las propiedades de un conjunto muy variado de ellas. Si nuestro pelo es negro, se debe a que nuestros genes determinan que se cree la melanina responsable de ese color, si tenemos los ojos verdes y no azules, es porque nuestra pigmentación está construida de modo diferente a la necesaria para que sean azules.

Algunas características resultan fáciles de explicar; solo son controladas por un gen o unos pocos. Pero otras conciernen a muchos genes, y exigirían páginas para entenderse. También existen otras inexplicables, que responden a la personalidad del individuo; son las más complejas, muchas veces, las peores, y es preferible ni mencionarlas.

Prefiero que dediquemos un pequeño espacio a las proteínas. ¿Cómo surgen y qué son? Se deben a las uniones de determinados aminoácidos: los ladrillos con los que están construidas. Hay 20 aminoácidos distintos y muy específicos: rasillas grandes, pequeñas, rojas, negras… en fin, toda una gama de propiedades muy bien diferenciadas entre sí.

Estos, se enlazan creando cadenas pépticas, o polipépticas, según su constitución, que una vez maduradas constituirán las proteínas que conforman nuestro organismo o el de cualquier otro ser vivo. Se ordenan de una manera concreta, como una cinta que se va doblando y liando sobre sí misma, hasta resultar una ínfima pelota compacta y muy difícil de deshacer. La proteína, después de plegarse, tendrá un aspecto similar. Estos pliegues condicionarán sus propiedades, y por tanto, las funciones que podrá realizar.

Las enzimas son también proteínas, con una forma especial que les permite unirse a los substratos de la reacción, ayudando a llevarla a cabo. Al final de la síntesis, la enzima libera los productos y regresa a su estado inicial. Su pliegue es crucial; es un catalizador que nuestro propio cuerpo crea para lograr que muchas reacciones químicas precisas en nuestro metabolismo se aceleren, e incluso, que sean posibles. Imaginemos que esta enzima deberá acoplarse a un substrato de forma cuadrada; los pliegues en su estructura deberán formar un hueco de la misma forma, para que ella se ajuste adecuadamente.

Supongamos un error en el montaje, que cambie un aminoácido por otro diferente. Esto podría inducir variación en los pliegues del péptido; quizás el hueco se vuelva triangular. En ese momento la enzima dejaría de funcionar como es debido, ya que el substrato no podría acoplarse. Es como si la enzima fuese un cerrojo, y el substrato la llave. Si está bien montada, el substrato encaja como un llavín en su cerradura. Pero un error de obra haría al cerrojo defectuoso, y el picaporte no funcionará. Es decir, la reacción dejaría de llevarse a cabo, y podría ser un pequeño gran desastre para el cuerpo; así, una enzima puede condicionar el funcionamiento correcto del metabolismo de todo un organismo.

En realidad, esto es solo un ejemplo, pues las proteínas tienen muchas más funciones que esa; controlan muchos aspectos. Un caso palpable, sería un error en la llamada insulina, que implique que esta ya no sea funcional, y no pueda inducir el almacenamiento de azúcar en el hígado. ¿El resultado?: Un individuo diabético.

Otro ejemplo claro de la influencia de las proteínas en nuestras características personales son los grupos sanguíneos. Las diferentes estructuras de una proteína de membrana en los glóbulos rojos determinan el grupo al que pertenecemos (A, B, AB, u O). Algo vital a la hora de la necesidad de transfusión sanguínea por accidente u operación quirúrgica.

Pero, volviendo a los péptidos: obviamente la célula necesita de unas instrucciones de montaje para crearlos. Por si sola, no sabría que hacer con las bases nitrogenadas existentes, pero si accede a la información prevista, no casual, será capaz de formar los aminoácidos imprescindibles para las funciones orgánicas… y esta información está contenida en el ADN, escrita en un código especial: ‘el código genético’. La información será procesada de manera que el resultado final sea una flamante proteína; las instrucciones de montaje de la misma se agrupan en un gen, a veces en varios.

Estrictamente, se considera como un gen aquella fracción de ADN que se transcribe a ARN, y este paso de ADN a ARN se llama transcripción. El ARN es una molécula de estructura y composición similar al ADN. La diferencia funcional más importante es que el ADN se comporta como almacén estable de la información, y el ARN como un mensajero entre el almacén y el procesamiento de esta información. En realidad hay varios tipos de ARN: además del mensajero; pero alargaría mucho este artículo, que está pensado para que resulte básico, elemental, y de fácil comprensión.

Imaginemos al ADN como una gran biblioteca, en nuestro caso, de 46 volúmenes: los cromosomas. Está dispuesta para un químico que necesita realizar múltiples operaciones, (Recordar que solo analizamos aquí la construcción de un nuevo embrión humano, a partir de que un óvulo es fecundado por el espermatozoide) El especialista está frente a su laboratorio, manipulando en diversos equipos, y envía a sus ayudantes (ARNm), a buscar determinada información codificada en la biblioteca, para lograr las reacciones deseadas. Estos datos serán copiados por sus auxiliares, en un papel al que llamaremos ARN, y que luego llevarán ante la sabiduría del laboratorista: el Dr. Ribosoma.

En cuanto este empieza a leer, dará inicio el proceso que terminará con todas las reacciones necesarias y previstas. Se irá montando el péptido codificado en el ARN, a partir de los aminoácidos especificados en las instrucciones transcritas; este proceso de paso de ARN a péptidos se llama traducción. Luego vendrá la maduración del producto sintetizado, hasta llegar a una estructura de proteína utilizable.

Así se producen las proteínas escritas en el ARN mensajero, a su vez codificadas en el ADN; aunque no todo el ADN que es transcrito a ARN codifica para proteínas, pues algunos genes pasan a ARN y no son traducidos a péptidos, sino que realizan funciones vitales en la célula, como por ejemplo, transportar los aminoácidos hasta el ribosoma, o formar parte de la estructura de este último, entre otras.

Más, centrémonos en la biblioteca. El ADN es una molécula enorme, formada por 4 bases nitrogenadas, que se van repitiendo en un orden cronológico. Cada base contiene una molécula de azúcar y una de ácido fosfórico que se unen por afinidad, integrando esqueletos de azúcar y ácido fosfórico, alternados. Es como si cada esqueleto fuera un hilo al cual vamos atando cuencas de cuatro colores distintos: adenina, timina, guanina y citosina; con una peculiaridad importante: forman parejas que son complementarias, encajando dos a dos, como piezas de un rompecabezas.

La adenina con la timina, y la guanina con la citosina; no son intercambiables. Esta propiedad hace que se mantengan unidas las dos cadenas que forman el ADN. Podemos imaginar las dos cadenas unidas, como una tira con dos filas de piezas enfrentadas entre ellas. Su eje longitudinal, partido en dos, descubriría las caras de todas las piezas.

Ahora vamos al siguiente paso: el ARN. Este sería, en el símil bibliotecario, el papel donde los ayudantes apuntarán la información bajo código, para entregarla al r-ibozoma. El papel del ARN, es bastante parecido al de los libros de la biblioteca; es decir, el ARN (ácido ribonucleico), se construye con ‘material‘ similar que el ADN, con una pequeña variación en el extremo de la molécula de azúcar de su esqueleto: un oxígeno más en cada base. Además, los ARN en lugar de la timina del ADN, contienen uracilo. Al final, resulta una cadena sencilla de piezas, con las bases: adenina, uracilo, citosina y guanina, y con un esqueleto morfológicamente diferente.

La síntesis del ARN es similar a la replicación del ADN. La doble cadena de ADN se separa, y hace la función de molde. Las bases del ARN se montarán sobre una de las caras ahora expuestas del ADN abierto, de modo que sean complementarias a la secuencia del molde de ADN. Una vez acabada la réplica en ARN del gen necesario, el mensajero se separará del ADN, y éste volverá a adquirir la forma original de doble cadena. Así, se tendrá una cadena sencilla de bases, con una secuencia complementaria a la del gen que se ha transcrito: un papel con toda la información anotada. El siguiente paso será la lectura por parte del ‘ribozoma‘ que lo traducirá; el decodificador que convertirá lo escrito en el ARN en cadenas polipeptídicas.

¿Cómo se lee esa secuencia de bases que es ahora el gen? Aquí entra en escena el código genético. Las bases del ARN son leídas como palabras; cada combinación distinta de bases, o letras, indica un aminoácido. Sabemos que estos grupitos son de tres, (tripletes). El hecho de que sean tripletes, y no parejas, o cuartetos es pura lógica; la naturaleza utiliza 20 aminoácidos distintos, y si existen 4 bases (adenina, uracilo, guanina y citosina) posibles de ordenar en diversas combinaciones, vemos que si las agrupamos de dos en dos, habrá 16 resultados. Si el código genético se basara en parejas, solo podría tener palabras para 16 de los 20 aminoácidos, y sería insuficiente.

Si las agrupaciones se efectúan con las 4 bases involucradas entre sí, sería excesivo, pues resultarían 256 palabras para describir los 20 aminoácidos: un gasto innecesario de materia. Pero los tripletes, de 3 bases cada uno, dan 64 combinaciones posibles, y aunque sigan siendo demasiadas, responden mejor a las expectativas. La solución aparente, al exceso de palabras ha sido que varias de ellas sean sinónimas; o sea, varios tripletes implican un mismo aminoácido.

Esto, en principio parece ser inútil, y podemos pensar que se podría buscar algún modo para que pudiéramos codificar los aminoácidos con parejas, aunque en última instancia, solo nos faltan 4 palabras. Pero no hay que olvidar que además, el ribosoma precisa de unas señales de puntuación del tipo principio y final, lo que aumenta el número del ‘vocabulario‘ necesario.

Además, los tripletes sinónimos, dan una ventaja que las parejas no poseen: suelen ser muy parecidos, con, normalmente solo una base de diferencia entre ellos. Esto hace que si se ha derivado algún error de copia de ADN a ARN, se pueda salvar en algunos casos, si el triplete resultante resulta sinónimo del original. Algo bien pensado, desde la lógica humana, aunque no definitivo, pues aun hay muchas cosas que podrían saltar a la luz en la misma medida en que la Ciencia continúe su imparable avance.

Una vez ante los ‘tripletes’, el ribosoma leerá la cinta de ARN, comenzando por el extremo con la señal de principio establecida: AUG. Es decir; ‘sabe‘ cómo comenzar a trabajar; es capaz de comprender la orden codificada. Leerá triplete por triplete, y montará una cadena con los aminoácidos que le indica la receta, en el orden explícito.

Por último, el ribosoma hallará una señal de final de síntesis: los llamados ‘tripletes sin sentido‘ o codones stop. Son tres: UAA, UAG y UGA; no existe ningún ARN de transporte, cuyo anticodón sea complementario de ellos y, por lo tanto, la biosíntesis del polipéptido se interrumpe ante cualquiera de estos tres que aparezcan en el proceso. Indican que la cadena polipeptídica ya ha terminado, se soltarán el ARN y el péptido sintetizado, que madurará, se plegará, y estará listo para entrar en acción allí donde haga falta.

Este es, a grandes rasgos, el proceso considerado por algunos como ‘casuístico‘; una de las cuestiones que más debates ha constituido en este blog, derivando hasta el extremo de descalificaciones e insultos que genera la impotencia de críticas coherentes.

¿Es el código contenido en el ADN un Diseño inteligente, o ha surgido por casualidad? ¿Sus señales de ‘inicio‘ y ‘parada‘, de síntesis proteica han sido pensadas por una mente superior, o también derivan del azar? Personalmente, creo que hay demasiado control para pensar en el caos de la casualidad. La verdad está en el corazón del ser humano; cada cual se dará a sí mismo su propia respuesta. No hagamos como el avestruz, que por miedo esconde su cabeza, pensando que así se librará del peligro. Un animal de características únicas, que jamás tendrá pretensiones de ‘evolucionar‘ hasta águila o ‘involucionar‘ desde ella, según instruye Job 39: 13:

“¿Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz?  El cual desampara en la tierra sus huevos,  y sobre el polvo los calienta, y olvida que el pie los puede pisar, y que puede quebrarlos la bestia del campo.  Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos, no temiendo que su trabajo haya sido en vano; porque le privó Dios de sabiduría, y no le dio inteligencia.” 

Las mentiras vuelan por el mundo, mientras las verdades aun se están poniendo los botines; pero la bota de la verdad, una vez sobre la patraña, impedirá que esta vuelva a levantar el vuelo nunca más.

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