SE BUSCA SALTO DARWINISTA VIVO O MUERTO (II)

marzo 19, 2013

El darwinismo afronta un escollo insalvable: en la célula eucariota hay orgánulos ausentes en la procariota o cualquier bicho que se adopte como origen. Para salvar la traba y exhibir evidencia evolutiva, se dice que hace miles de millones de años una bacteria entró en otra, hizo endosimbiosis, creó la mitocondria… y se volvió eucariota.

Mas el procariota, además de no tener mitocondrias [su respiración celular tiene otro diseño], carece también de otros corpúsculos presentes en el eucariota: núcleo, lisosomas, centrosoma,  retículo endoplasmático, peroxisomas,  y aparato de Golgi; sintetizados por código del ADN nuclear, no del ADN de la mitocondria. De modo que habría que explicar y mostrar, la evidencia evolutiva de esos orgánulos ausentes, y además, como se inscribió en el núcleo la instrucción para crear mitocondrias. El bicho que pasaba por allí e hizo endosimbiosis, no lo explica, sino todo lo contrario: lo complica. 

La realidad acredita que esos orgánulos siempre fueron parte de la inicial célula eucariota, pues el retirar cualquiera de ellos, no hace que la célula evolucione para recuperarlos, sino que mata a la célula. Ese hecho irreductible dice que todo tuvo que ser así desde el inicio. Cualquier argumento en contra debe ser avalado, al menos, por una prueba de laboratorio. Y no la hay; los millones de especies eucariotas tienen los mismos orgánulos. Salvo el cloroplasto en plantas, en lugar de mitocondrias, debido a que su energía es por fotosíntesis.

Otra evidencia evolutiva alegada es la resistencia bacteriana a antibióticos. Pero tal capacidad existía mucho antes del hallazgo de estos. El “Medical Tribune” lo ratificó el 29/12/1998. En 1986 rescataron conservados en hielo, los cuerpos de unos marinos que enfermaron y murieron en una expedición al polo, en 1845. En sus restos había bacterias comunes del siglo XIX; y los investigadores se sorprendieron por su defensa ante antibióticos modernos, no fabricados hasta el siglo XX, posterior a su época.

O sea, su resistencia no es evolutiva, sino está en el ADN original, que las capacita con un especial sistema auto inmune, similar al splicing humano y al de los virus. ¿No hay splicing en ARNm de virus? ¿Por qué no en bacterias? La evolución nunca se verifica en ellas; jamás se convierten en especie nueva. Siguen hoy siendo bacterias.

Lo que se pretende desde el principio es sacar a Dios de la fórmula de la vida,  haciendo que la bacteria lleve a los monos para luego emparentarnos a ellos. Sin embargo, pese a que existen microscopios desde el 1630, pese a la colosal velocidad de reproducción bacteriana, y pese a que se implican en esta investigación decenas de miles de profesionales, en laboratorios en el mundo entero, con sistemas de última generación, jamás han exhibido el paso genético de un procariota a célula eucarionte.

Ese primer salto entre especies es imprescindible para sostener todo el resto de la retórica evolutiva. Pero nunca ha sido evidenciado en ningún laboratorio del planeta [millones buscan el Nóbel que el hallazgo representaría], pese a existir microscopios desde el siglo XVII, y pese a que la unicelular bacteria tiene una velocidad prolífica que no necesita el tiempo eónico que propugna la evolución.

En tres siglos de trabajo con ellas, aun con su impresionante (y sin paralelo), ritmo exponencial de reproducción, jamás se ha visto un despunte en dirección a otra especie. Todas se revelan con su inmutable ADN circular, la misma estructura… sin evolucionar para apoyar el mito. No hay ni una evidencia de intención genética evolutiva; todo laboratorio ve a las bacterias de hoy igual que siempre, sin trasmutar en otro bicho, pese a asignarles miles de millones de años.

Y eso niega el fundamento de la teoría. En un tribunal convencional, si tuviera que defenderse de una acusación de falaz, la ausencia de evidencia tal sería suficiente para declararla culpable, condenándola al ostracismo en Ciencias, y en cada aula, como deriva.

Insinuar que la mitocondria es ejemplo de evolución bacteriana hacia el forzoso paso a eucariota que exige la teoría evolutiva, va contra Ciencia. En el ADN nuclear existen genes que codifican proteínas que actúan como enzimas vigilantes, y regulan el mantenimiento preciso de todo proceso mitocondrial. Un diseño, lejos de la mitocondria, que la controla, no una chapuza del azar. Hablar de origen por endosimbiosis, sabiendo que una instrucción regula los procesos del origen mitocondrial, según necesidad de la célula, no es científico.

Hay una enfermedad autosómica que implica al menos un gen nuclear, lejos de la mitocondria, regulando cuantía de moléculas de ADNmt: el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’, caracterizado por una reducción del número de copias de ADNmt en varios tejidos. El origen de la dolencia está en mutaciones en un gen del ADN nuclear, fuera de la mitocondria, que controla a esta. ¿Cómo puede explicar ese hecho científico la bacteria endosimbionte que ‘pasaba por allí? ¿Cómo no ver lo irracional del planteamiento?

El ADN nuclear  incluye el reajuste  cuantitativo de mitocondrias. Se ha descubierto la interacción de los ADN mitocondrial y nuclear. Y si ambos genomas tienen las instrucciones codificadas para producir polipéptidos de OXPHOS; si tienen esa interacción INSCRITA en sus genomas: ¿Cómo logró una bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en un núcleo del que carece, datos que no posee el procariota?

Además: el ADN mitocondrial se reparte en 37 genes que codifican la instrucción para: 2 tipos de ácido ribonucleico ribosomal (ARNr), 22 ARN de transferencia (ARNt) y 13 polipéptidos constituyentes de la cadena respiratoria o subunidades de enzimas de los complejos de la fosforilación oxidativa. [7 subunidades de la NAD deshidrogenasa del complejo I, 1 del complejo III, 3 del complejo IV y 2 del complejo V]. [Anderson et al., 1981; Chomyn et al, 1986; Tzagoloff y Myers, 1986].

Pero atención: El complejo II, presente en la mitocondria  y  parte indivisible del proceso respiratorio, lo codifica completamente el ADN nuclear. Así, si la fosforilación oxidativa, el proceso que genera energía ATP en la célula a través del sistema OXPHOS, donde interviene la mitocondria, está PREVISTA fuera de la mitocondria, ¿cómo puede alguien defender la carambola del endosimbionte? ¿Por qué ocultan ese hecho? Porque una mentira solo da evidencias de que se miente.

Si algo tiene claro la Ciencia, es que la Instrucción antecede a la síntesis de proteínas; primero la Instrucción, luego la fábrica actúa. Y es pública la clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, con instrucciones codificadas para producir polipéptidos. La bacteria ‘no pasaba por allí y se quedó en forma de mitocondria’, como pretende hacer ver el anticientificismo evolutivo, sino que el ADN del núcleo tiene instrucciones precisas para elaborar mitocondrias, enzima por enzima.

Respecto a la aceptación científica de que la mitocondria depende del ADN nuclear, puede señalarse el Resumen de la 4ta Conferencia Internacional de Neurología, [Santiago de Cuba, 2004, 46-7], que plantea lo siguiente:

1-Hay envío de proteínas, vía citoplasma-mitocondria, cuyas instrucciones de síntesis y transporte son codificadas por genes del ADN nuclear. Se estima la necesidad de unas mil proteínas para la adecuada actividad de la fosforilación oxidativa. Los defectos de la compleja instrucción en el núcleo causan dolencias mitocondriales.

2- El ensamblaje correcto de complejos proteicos de la cadena respiratoria, de la que la mitocondria es parte esencial, no está en las mitocondrias, sino que depende de factores del ADN nuclear, fuera de ella. Mutaciones de estas secuencias se asocian con males mitocondriales, como el del síndrome de Leigh.

3-La integridad de la replicación ADNmt, demanda secuencias inscritas fuera de ella, en el ADN nuclear. Se ha descrito trastornos de señalización intergenómica coligados a delección del ADNmt, que generan distintos síndromes. Por ej., la delección múltiple del ADNmt autosómico dominante, genera oftalmoplejía progresiva externa, debilidad muscular progresiva y catarata bilateral, y ocurre por fallas en la lejana instrucción nuclear.

De modo que todos deben recordar que lo real y científico es que en el núcleo se codifican los precursores de las proteínas mitocondriales que transportan secuencias diana específicas, introducidas en la mitocondria por una vía concreta; un sistema interactuante de energía, sito fuera de la mitocondria. [Voos et al., 1994].

Es un mecanismo bien diseñado, con la expresión de dos genomas, y con enzimas mitocondriales, cuyas subunidades polipeptídicas son transcritas y translocadas desde el locus nuclear al mitocondrial. El mito de endosimbiosis no apoya ese hallazgo científico; va contra la Ciencia. Podrán desacreditarme todo lo que quieran; pero es así. Y es una vergüenza que no lo digan en las aulas. Pero la verdad demanda su sitio, y lo tendrá, por mucho que muchos intenten impedirlo.

Volviendo a la defensora evolutiva Margulis: les aseguro que al instante de su muerte se enteró de la fuente de su error, del tremendo desliz que cometió. Y no solo por no reconocer la Creación de Dios ni a Jesucristo como su salvador, sino por levantar trincheras en su contra. Y todo defensor evolucionista, lo sea por devoción o por el salario que recibe a cambio, está vendiendo su alma al diablo y tendrá que responder ante el único dueño de las almas. Le harán compañía a Darwin, Margulis y el resto si no aprovechan su oportunidad; solo es cuestión de tiempo. Sus ojos lo verán; yo estuve allí y doy testimonio de lo que vi. Y el Señor sabe que no miento.

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SE BUSCA SALTO DARWINISTA VIVO O MUERTO (I)

marzo 19, 2013

Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no hay amor de Dios en vosotros. He venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis. ¿Cómo podéis creer, si recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” [Cristo, en Jn 5:41-44]

Desde el sig. link se accede a la despedida a la controvertida defensora evolutiva Lynn Margulis por su muerte. Fue hace algo más de un año, pero como la barbaridad que ella defendía se sigue exponiendo hoy, es inexcusable no hablar del error de su obra.

http://lacienciaysusdemonios.com/2011/11/23/adios-a-lynn-margulis/

Margulis, por negar a Dios se abrazó a la teoría evolucionista. Supo que la gran traba darwinista es que en la Tierra hay dos formas de vida: unicelulares y pluricelulares, y que jamás se ha podido presentar la evidencia del salto de uno al otro, en ningún laboratorio del planeta. Sabía que sin eso la saltarina teoría evolutiva vende humo; y a cubrir ese salto dedicó toda su vida, literalmente, pues murió en su laboratorio.

Buscó con ahínco en viejos rockeros evolutivos, investigó escritos olvidados, y salió su primera idea sobre el papel del microbio en la evolución. Así llegó a su obra guía: ‘The Cell in Developement and Heredity’ (La célula en el desarrollo y la herencia; E. B. Wilson/1928). Mirando al futuro, mas con su ancla en el pasado, siguió esa hipótesis hasta presentar su teoría de la endosimbiosis y el papel de esta en la evolución.

El CV de Margulis fue admirable: Bióloga, master y doctora. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU y Rusia; Medalla Darwin-Wallace; Medalla Nacional de Ciencia, dada por el protector de becarias Bill Clinton, y doctora honoris causa por universidades españolas. En su trabajo evolucionista destaca su teoría más heavy:la célula eucariota surgió por anexión simbiótica de células procariotas.De este disparate quiero escribir hoy, para ayudar a comprender a todo el que no sepa de qué se habla; para que no le engañe una seudociencia trasgresora y tergiversadora.

Pero antes de ello, es vital decir que cuando la señora Margulis murió no pudo llevar consigo ni una sola distinción dada por gloria de hombres. Y estoy seguro de que en cuanto tuvo que dar cuentas de su vida, tal cual tendremos que hacer todos, advirtió el error de haberse dedicado a cavar trincheras del antiCristo. Nadie sabe dentro de qué límites se manifestó en ella la misericordia del Señor; y esa incertidumbre debería ser el 1er factor de motivación para cada persona aguardada por su muerte. Dicho esto, analicemos la credencial que siguió a Margulis: su tenaz defensa de la teoría evolutiva o darwinismo como descrédito de la Creación de Dios.

Con una sola célula se tiene un ser vivo; y como ella, millones de personas dicen que la vida empezó por birlibirloque (azar sin diseño inteligente al control), cuando un ser unicelular (procariota) se volvió eucariota o multicelular. Y lo dicen porque cada especie animal, insecto, crustáceo, olivo, rosal, aguacate, cedro, hongo… varios millones en total (el mundo que ven nuestros ojos), no es procariota. Mas, para negar la Creación de Dios (el único objetivo; la Ciencia les tiene sin cuidado) precisan sobrevivir como teoría científica… urgen la evidencia del salto que propugnan. Y eso jamás lo han logrado en ningún laboratorio, zoo, o selva del planeta; sin esa evidencia científica, la subvención del anticristo vende ficción, no Ciencia.

Toda función vital ocurre dentro de la célula o en su linde. Hay casos especiales (ej: virus), pero centrémonos en la célula. El mundo eucariota o multicelular lo forman más de 4000 especies de mamíferos, 10000 de aves, 19000 de peces, 7000 de reptiles, 4200 de anfibios, 1’085,000 de artrópodos, [950,000 de insectos; se suponen 8 millones más], 1’800,000 de hongos, y casi un millón de plantas.

Dicho esto, volvamos al mito:la célula eucariota surgió por anexión simbiótica de células procariotas.El ejemplo que da es la mitocondria, orgánulo presente en eucariotas y no en unicelulares. Y aquí surge la 1ª duda: si la procariota es más resistente que la eucariota (demostrado en laboratorios) y obtiene su energía sin mitocondrias… ¿por qué necesitó ‘evolucionar’ a ellas? De hecho, según la teoría evolutiva, nos alejan miles de millones de años desde la 1ª célula… sin embargo el procariota sigue hoy como en ese hipotético pasado. ¡Sin mitocondrias! Sin evolución.

Se alega que la mitocondria tiene un ADN circular similar al de las bacterias… pero no que su sistema de obtención de energía es radicalmente distinto. ¿Por qué debía desaparecer su destreza energética infalible? Es un sin sentido contradictorio.

Veamos el salto que proponen; 1º, la célula procariota:

 procariota

Y ahora, la célula eucariota, responsable de toda forma animal, vegetal, y hongos:

CélulasEucariotas 

Un proverbio dice: “Vista hace fe”. Y lo siento; por mucho que mire me es imposible aceptar que la célula de arriba, se ponga como se ponga, pueda llegar a convertirse en las dos de abajo. Eso desde la lógica; ahora, razonemos según ciencia:

La mitocondria es uno de los 12 orgánulos eucariotas; y no hay que hacer mucho esfuerzo para ver que está fuera y lejos del núcleo. Su cantidad varía con la actividad. Ej: un espermatozoide contiene más mitocondrias que una célula del tejido epitelial; y el músculo del deportista en acción exige mucho más energía que en reposo. Aproximadamente hay unas 2000 mitocondrias por célula, pero las que desarrollan trabajos intensos, como las musculares, concentran mayor cantidad. Aquí surge el 1er problema evolucionista: si la mitocondria surgió al azar… ¿por qué hay inscritas en el ADN del núcleo, lejos y fuera de la mitocondria, instrucciones para cuantificar tanto la cantidad de mitocondrias necesarias, como su correcto funcionamiento?

Para quien no lo entienda diré que, básicamente, la teoría dice que un bicho engulló a otro, y el engullido dijo: ‘Qué bien, aquí haré mi casa; no me muevo más’. Luego el azar le hizo ingeniero industrial, alteró todo el sistema energético celular (suyo y de quien le engulló), y… ¡eureka! nació, la mitocondria, la fábrica de energía de la célula eucariota, ausente en el procariota… + otros 12 orgánulos más.

Ver mejor explicado en:

 https://jolimu.wordpress.com/2008/08/04/la-evolucion-y-su-paradoja/

y en:

https://jolimu.wordpress.com/2008/09/19/evolucion-mitocondrias-fosiles-y-momias/

La defensa evolutiva cita a Margulis como si la Ciencia la apoyara; pero no es así. Varias revistas científicas se negaron a publicar su obra quince veces. Solo gracias, según ella misma, a instancias de su editor (James F. DaNelly, 1966) el Journal of Theoretical Biology la aceptó; finalmente publicó su artículo Origin of Mitosing Cells, a fines de 1967.

Pero sin la evidencia del procariota tornándose eucariota, Darwin es ficción: lagartos con alas; mamíferos hermafroditas haciendo submarinismo mientras generan 40 especies distintas de ballenas sexuadas (hembra y macho); y primates hibridando hasta llegar al humano, aunque haya casi 300 especies de primates incapaces de procrear nada que no sean individuos de su propia especie. La evolución del mundo híbrido contra Ciencia, pues los híbridos son estériles por definición. En fin…

No tienen nada difícil la evidencia: miles de laboratorios en todo el mundo buscan con afán y tecnología punta ese salto que llevaría al Nóbel. Hay expertos en cultivar cepas de distintas bacterias, con la ventaja de la colosal capacidad de reproducción de estas: a una velocidad promedio de 15 minutos, una sola bacteria, en 24 hs, puede generar la friolera impronunciable  de otras  20,000’’’’000,000’’’000,000’’000,000’000,000 más; 96 generaciones. Si la generación humana se fija en 25 años y hacemos una comparativa, a los efectos de la evolución sería como si pasaran 2400 años en un solo día. (96 X 25)

Sin embargo, no han hallado ni una mitocondria ni un solo orgánulo eucariota en ninguna bacteria, en ningún laboratorio del mundo, aun hurgando entre pentamillones de ellas. ¡Ni una/o! Y lo buscan desde Darwin; ¡casi doscientos años tras el brinco mágico que la naturaleza les niega constantemente, pese al capricho y la obstinación!

En realidad, la mitocondria evidencia diseño, no azar. El 80% de las proteínas que regulan, trascriben, trasladan y replican en el ADN mitocondrial, se codifican en el ADN nuclear, fuera de la mitocondria. Y eso niega la endosimbiosis: hay mitocondria, porque en el ADN del núcleo, del que carece el procariota, están las instrucciones para cuantificarlas y regularlas según la necesidad de la célula, no por azar.

Margulis se dedicó a sembrar en campos del error, y solo cosechó frutos del error, por mucha bata blanca vestida, mucho microscopio mirado, mucha titulación académica, o muchos honores de hombres recibidos en vida. Y en su muerte lo entendió; deseó tener la oportunidad de ir atrás y rectificar, pero su tiempo había pasado. Solo Dios sabe en qué sitio está y qué precio paga por haber insistido tanto en enfrentar la Creación Divina, burlándose de la ciencia creacionista que intentó persuadirla. Espero que la misericordia de Cristo minimice el precio de la garrafal hipoteca que contrajo al vender su alma al diablo; pues en el paraíso seguro que no está.

Y espero que sus colegas de hoy se separen del oscuro capricho de la evolución de especies y logren reaccionar a tiempo, en este lapso de probación a punto de caducar.

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EVOLUCIÓN: MOTORES QUE SE HICIERON SOLOS [I]

septiembre 26, 2008

Razonando sobre la teoría evolutiva, se llega a la conclusión de que los líderes e investigadores del conjunto ortodoxo darwinista, en línea mayoritariamente general, se desempeñan en una filosofía conceptual que, en lugar de ir, desde la evidencia hacia la explicación, intentan con sus explicaciones desvirtuar toda evidencia en su contra; es decir, los defensores evolutivos, cerrados al raciocinio de los contundentes datos negadores de la teoría de Darwin, que la Ciencia está poniendo a su alcance con el ADN, presuponen aquello mismo que pretenden justificar, dándolo como hecho probado, aunque no existe tal prueba, y aunque todos los datos científicamente reales conspiren en su contra.

Si analizamos detenidamente su concepto de desarrollo de la complejidad del cerebro, por ejemplo, intentando presentarlo como un proceso normal de casualidades aleatorias que fueron surgiendo sin detenerse, constante y espontáneamente durante eones de tiempo, nos damos cuenta que la abundante correspondencia de ese órgano, con la mayoría de las funciones del cuerpo humano, no puede ser explicada en términos evolutivos, ni satisfacer la demanda de conocimiento científico, sin que aparezca realmente como una respuesta ‘evolucionadamente’ miope. Por sí sola, tal cual aparecen sus comentarios, es imposible tal evolución; sobre eso saldrá un artículo en breve tiempo, en este blog.

La estadística nacida de la realidad, dicta que una casualidad en sí misma, por definición, es una combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar… sin rumbo ni orden. O sea, el propio concepto de lo casuístico, le presenta como algo fortuito y desordenado… sin dirección reguladora. Sin embargo, todas las funciones de cada órgano, ya sean vitales o no vitales, aparecen visiblemente inscritas y codificadas antes en el genoma: diseño, programa y control. Aun así, el investigador evolucionista opta por una contradicción acientífica, chocando contra lo que se observa en los laboratorios, negando las evidencias.

El concepto primario de los evolucionistas, evita profundizar en los detalles que les contradicen; los evaden con la misma ligereza con qué se cambia la dirección cuando un pantano aparece frente a nuestros pasos. Por ejemplo, tienen enciclopedias llenas de especies en transición, y hasta crearon un hipotético árbol sin raíces, [Patente exclusiva Darwin]; ninguna otra Ciencia se ha decantado por una irreflexión como esa, pero son incapaces de explicar, por ejemplo, cómo actuó su ‘selección natural’, seleccionando que unas especies fueran monógamas, mientras otras son polígamas… o incluso asexuadas.

El ineludible resultado de frecuentar esos caminos, es que muchas veces se tiene que escoger entre las funciones de proyectos puntuales, y una restricción de opciones que aparentemente surgen de la nada [la explosión biológica de esa etapa no conocida por nadie, a la que llamaron ‘cámbrico’], pues todas las evidencias fósiles sitúan seres sin estados intermedios, con órganos perfectamente conformados, como los ‘trilobites’ de cuerpos segmentados, sistema nervioso cefalizado, con apéndices articulados y pleódopos, antenas, y ojos con un preciso sistema de lentes compuestos, prácticamente iguales a los de sus homólogos actuales: ciertos insectos y crustáceos que hoy mueven sus cuerpecitos por doquier.

Es decir, para algunas cosas lograron encontrar respuestas… y para otras también; pero siempre desde el desarrollado olfato que solo ellos poseen, adivinando la sabia intervención de la selección natural, y variando un mismo concepto al este, al oeste, al norte o al sur según lo establezca la necesidad del tambaleante crédito científico imprescindible para persistir.

Y la tesis neodarwinista afirma luego que este principio de conducta teórica, basta en sí misma para explicar todas las formas vivientes y sus intrincadas relaciones. Se auto agencian un rol totalitario y difícil: el de proteger su irracionalidad científica, de cualquier contexto que les demuestre que sus caminos no son más que laberintos de contradicción.

En fin, como decían nuestros abuelos: ‘Con estos bueyes hay que arar’… yo agregaría: hasta que surjan los sustitutos necesarios.

Pero la alternativa creacionista, está imponiendo otro curso a la historia, a partir de los propios descubrimientos ADN, de los poderosos adelantos tecnológicos, y de las cada vez más incongruentes respuestas evolucionistas, que no satisfacen dudas inevitables. Viene pisando cada vez más fuerte, desde el mundo de la microbiología: la biología molecular, como se conoce en los medios científicos.

El Doctorado en Bioquímica, Michael Behe, hoy propugnador del diseño inteligente, y ayer alumno de brillantes profesores evolutivos, fue devoto seguidor darwinista, hasta que la razón se impuso sobre la fragilidad teórica que impugnaban sus propios resultados de laboratorios. Profesor de bioquímica en la Lehigh University, Pennsylvania, y un ‘Senior Fellow’ del Centro para la Ciencia y la Cultura, del Discovery Institute, defiende la idea de unas estructuras demasiado complejas a nivel bioquímico para ser explicadas como el resultado de mecanismos de evolución. Él fue quien desarrollo el concepto de “Complejidad irreducible” (irreducible complexity).

Lógicamente, las ideas de Behe sobre diseño inteligente han sido rechazadas por los que controlan la censura en la comunidad científica y han sido categorizadas como pseudo ciencia por los enemigos de la Verdad. No obstante, como su lectura es gratis, y pese al despotrique que desde ya sé que recibiré por este artículo, les propongo que analicen su postulado, a la luz del raciocinio libre de influencias filosóficas o religiosas, y que decidan desde vuestro interior, cuánto de cierto puede o no haber en su investigación.

Su postura en realidad cambió cuando leyó el libro: ‘Evolución: una Teoría en Crisis’, del genetista australiano Michael Denton, quién expuso copiosos argumentos obtenidos del análisis de laboratorios, que negaban los planteamientos evolucionistas. Ya Behe había hecho su doctorado para aquel entonces… ¡y ni siquiera había oído hablar de esos nuevos reportes de la Ciencia! Así funciona la censura a niveles académicos, cuando los seguidores de Darwin tienen el control… ¡Cómo me recuerdan a la Rusia de Stalin!

Pero, les propongo algo honesto: desglosaré este artículo en más de uno [no sé si será suficiente con dos, por la cantidad de información existente]; primero expondré el planteamiento creacionista de Behe, y más tarde el de un especialista evolutivo, de prestigio reconocido: el Doctor Howard Berg [Harvard], el mayor conocedor de la constitución del flagelo y su termodinámica. Veamos el desarrollo:

En el siglo XIX, en plena era darwinista, los científicos creían que la base de la vida, la célula, era un simple glóbulo de protoplasma, una ínfima porción gelatinosa, algo no difícil de explicar; pero, en la última mitad del siglo XX, la irrupción de la genética en el mundo científico puso todos los conceptos patas arriba, transformándolos de forma monumental. En la actualidad, con el incremento tecnológico, los potentes instrumentos revelan los complejos y precisos mundos microscópicos. Por ej., en un simple dedal de costurera, con solo unos pocos centilitros de cultivo líquido, pueden habitar más de 4000 millones de bacterias; cada una de ellas conteniendo innumerables circuitos biológicos, instrucciones de ensamblaje para cada una de las proteínas que las componen y perfectas máquinas de nivel infinitesimal, que Darwin jamás pudo ni siquiera imaginar.

En esa base de la vida celular, han sido descubiertas verdaderos transportes moleculares que acarrean suministros de un lugar a otro de la célula; algunos, cuyo nivel de tecnología les exime incluso de una central energética, pues capturan energía de la luz solar, revirtiéndola en trabajo: su metabolismo interno y movimiento por flagelos.

Hay tantas máquinas de este tipo, como funciones necesarias. Los sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto, tacto, la coagulación de la sangre, los latidos del corazón, la respiración, la respuesta inmunológica… todo acto biológico implica una inconmensurable multitud de ‘carros’ actuando en verdadero orden, cada uno moviéndose en la dirección adecuada, respondiendo exactamente a la maniobra y operatoria para la cual fue diseñada.

Al verse estos vehículos microbiológicos y preguntarse de dónde vienen esas maravillas, las respuestas fundadas en fósiles que convencieron a algunos, resultan aquí totalmente inadecuadas. Y si nos fijamos con atención en una de ellas, el flagelo bacteriano, vemos que resulta una copia casi exacta a los motores fuera de borda que usan las lanchas.

Al igual que a nadie se le ocurre decir lo contrario sobre un motor fuera de borda, por ningún lado se evidencia posición aleatoria de piezas colocadas al azar, sino un diseño inteligente: cada cosa en su sitio, cumpliendo su función. Si solo una falla, todo el sistema deja de ser efectivo y la bacteria queda condenada a una silla de ruedas microscópica, que la selección natural no le facilitaría, prefiriendo ‘quitarla del medio’. Y esa es la verdad descrita en los laboratorios… aunque los especialistas en bacterias, los defensores evolutivos, decidan ocultar esos ingenios a la sociedad.

Cada uno de los motores moleculares que impulsan a las bacterias, depende de un servosistema biológico, constituido por piezas mecánicas, intrincadamente dispuestas. Y no son ensoñaciones teóricas sobre ‘algo posible’, sino un proceso perfectamente visto en laboratorios, con lentes adecuadas que logran ampliar 50000 veces un objetivo dado.

Los bioquímicos han empleado fotos, micrografías electrónicas, para identificar las piezas y la estructura en 3ª dimensión, del ‘motor’ que mueve al flagelo bacteriano, desvelando una perfecta maravilla de ingeniería, invisible para un ojo humano sin ayuda apropiada. Incluso el mayor conocedor de la química y la actividad del flagelo, el Dr. Berg, le bautizó como la máquina más eficiente del universo. Algunos llegan a mover sus ‘hélices’ a cien mil revoluciones por minuto, [6000 a 100000] con una conexión fija, mecánica, acoplados a un sistema transductor: ¡Un detector de señales de origen proteico!

Con este ingenioso sistema incorporado, recibe información sobre determinadas acciones externas, y las transmite adecuadamente. Son tan perfectas, están tan bien diseñadas, que incluso girando a la velocidad descrita, son capaces de detenerse en seco; en un segundo se ponen de nuevo en marcha, a la misma velocidad anterior, en la dirección más conveniente, según los datos recibidos de su ‘radar’.

En síntesis, el flagelo bacteriano posee un motor de dos marchas: adelante y atrás; además de un sistema de refrigeración por agua, movido en unos casos por energía protónica [H+], y en otros por iones de sodio [Na+], según la especie de bacteria de la que se trate, dándose la particularidad de un incremento de velocidad de giro, 5 veces mayor, en el caso de la propulsión por sodio. Como los dinamos de diseño ingeniero, consta de un estator, un rotor, una articulación en U para incorporar al flagelo, un eje propulsor y una hélice. Funciona igual que las distintas piezas acopladas en un motor fuera de borda convencional.

Y aquí entramos en el concepto de ‘Complejidad Irreductible’, planteado por Behe, que crispó la colmena académica evolutiva. Básicamente, la experiencia de laboratorio dicta que la bacteria posee una multiplicidad de piezas, con las que se compone cualquier elemento o sistema dado en una célula… cada uno vital para la función celular. Si falla o se elimina una pieza, todo el sistema de la célula deja de funcionar.

El concepto de ‘Complejidad Irreductible’, puede verse mejor mediante un sencillo, pero contundente simil no biológico: una lanchita de juguete, de esas que algunos niños llevan a las fuentes, las más sencillas y baratas. Se fundamentan en 5 piezas: el chasis, una hélice, una pequeña caja de velocidad de dos piñones, un eje, y un fleje de acero enrrollado: la cuerda que proporcionrá la energía necesaria. Si cualquiera de estas 5 piezas falla, el juguete no navegará.

Y este mismo principio se cumple en el ‘motor’ que mueve al flagelo bacteriano… solo que ese motor, ante microscopio, consta de unas 40 piezas proteínicas diferentes, imprescindibles para que esta precisa maquinaria funcione; si una sola de ellas falla, estaremos ante un flagelo no funcional.

O sea, que en términos evolutivos, habría que explicar cómo se puede montar este complicado engranaje de forma gradual, si se ve que ninguna pieza por sí sola tiene función. Dicho de otra forma, desde la casuística evolutiva, en la que se necesitan cientos o miles de años entre procesos, ¿por qué un primario estator inútil no fue desechado por la selección natural… o un rotor, o el eje, o cualquiera de las 40 piezas que surgiera?

Ese es el principio lógico de la Complejidad Irreductible, planteada por el Dr. Behe, que niega el proceso evolutivo. Darwin, incluso cita aquellos órganos como ojo, oído, corazón, de estructuras complejas, han sido constituidos gradualmente, en el largo período de miles de millones de años, mediante pequeños incrementos. También dice que la selección natural solo triunfa si los cambios aleatorios que se producen, generan alguna ventaja a un organismo, en su lucha por sobrevivir en una población y ambiente determinados; lo define textualmente en su página 105: “… la selección natural está examinando las más ligeras variaciones… rechazando las malas, preservando y acumulando todas las buenas.”

Pero él jamás pensó en el ADN. Contradiciéndole, este revela que cada bacteria tiene inscritas y codificadas todas las instrucciones para elaborar las proteínas que le darán la forma adecuada; no en eones de tiempo, sino segundo a segundo, en un proceso sincrónico. Aunque se reproducen por duplicación, esta ocurre debido a la información inscrita en su ADN, que regula la síntesis proteica de su pared, el crecimiento bacteriano, la duplicación de su genoma, y la división en dos células.

La división empieza en el centro de la bacteria por una invaginación de la membrana citoplasmática; y la separación de las dos células va acompañada de la segregación en cada una de ellas de uno de los dos genomas que proviene de la duplicación del ADN materno… asegurando el futuro, y evidenciando que nada de lo que ocurre en su interior, motores de flagelos incluidos, ocurre por procesos evolutivos, sino gracias a los datos contenidos en su genoma.

Una información con datos codificados, observables a microscopio, para crear cada una de las proteínas necesarias, en cada una de las partes que conformaran esos maravillosos motores del flagelo, y todo el resto de la bacteria… datos que ya tuvieron que existir en las primeras bacterias, pues no hay forma científica de demostrar que una instrucción surja por sí sola, se inscriba por sí sola, ni se codifique a sí misma. Mucho menos, que el Programa que regula todas sus actividades haya nacido del azar.

Si se es científico, niéguense las barrabasadas y respétense el empirismo de la Ciencia.


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EVOLUCIÓN, MITOCONDRIAS, FÓSILES Y MOMIAS.

septiembre 19, 2008

El incremento de conocimiento sobre el ADN ha traído de la mano la convicción de que cada vez más, el mundo está cayendo en una vorágine de males derivados de mutaciones genéticas. De ahí que una gran parte de los esfuerzos de la medicina estén actualmente dirigidas en esa dirección… y que gracias a eso, cada día aparezcan en los laboratorios científicos nuevos medicamentos y técnicas paliativas ante tanto dolor, atrofia, pérdida de calidad de vida, y en más casos de los que se desea, la propia muerte.

Una de las líneas de la investigación mutacional se dirige hacia la mitocondria, complejo orgánulo que actúa como verdadera central energética en levaduras, plantas, y animales. Exclusiva de células eucariontes, pese a aparecer inscritas en la hebra de su genoma, datos que la relacionan con el ADN celular, se dice en las aulas que ‘floreció’ por casualidad, gracias a un ‘ente turista’ que no contento donde estaba, salió a buscar residencia.

Pero lo cierto es que sus funciones metabólicas son fundamentales para la vida celular; ningún eucariota puede subsistir sin ella, puesto que sujeta el ‘programa vital’ que instaura muchos de sus eventos. Y no es producto de ningún ser endosimbionte, el ADN nuclear lleva inscrita muchas instrucciones que les relacionan: proteína por proteína, no ‘bicho a bicho’. Ningún experimento científico, en ningún momento de las Ciencias ni en ningún punto del planeta, ha podido ver que una instrucción surja por sí misma, y menos que se inscriba por sí misma. Y si algo nos ha enseñado el estudio del genoma, es que primero está la instrucción, y luego la vida; las evidencias las veremos más abajo.

Algunas de las funciones mitocondriales, esenciales para el organismo, son: la oxidación de piruvato procedente de la glucólisis, oxidación de ácidos grasos, ciclo de los ácidos tricarboxílicos, formación de cuerpos cetónicos en los órganos cetogénicos y su utilización en los no cetogénicos, transporte de electrones, fosforilación oxidativa, etc. Cada una de estas actividades respondiendo fielmente a un programa escrito en el genoma, no a un endosimbionte incapaz de ejecutar por sí mismo, sin instrucción de ningún tipo, lo que pocos hombres en el mundo son capaces ni siquiera de entender, luego de quemar pestañas durante años de estudios, en bibliotecas llenas de información científica.

Muchos piensan que el ADN, ‘la gran instrucción’ para crear, desarrollar y mantener la vida embrionaria en todas las especies eucariotas, solo aparece en el núcleo de la célula. Pero hay más que eso; el ADN está organizado en forma de cromosomas, y una célula somática típica, tiene en su núcleo 46 cromosomas. A este número se le llama diploide; o sea, somos diploides porque tenemos 23 tipos de cromosomas… dobles. Nacemos de padre y madre, y cada uno aportó un cromosoma de cada clase. Nuestra madre nos dio 23 cromosomas: uno del 1, uno del 2, uno del 3… y lo mismo ha sucedido con nuestro padre.

Sin embargo, a veces se olvida un cromosoma 47 con el que también hay que contar en el genoma humano, pues posee otra información inscrita y codificada, instruyendo con datos específicos, sobre operaciones metabólicas vitales para la vida: el pequeño cromosoma mitocondrial… interrelacionado con los otros 46 residentes en el núcleo.

¿Y cómo es la mitocondria, el orgánulo que lo contiene, desde el punto de vista genético? Ante todo, digamos que ‘bajo programa inscrito en el ADN nuclear’, se elaboran cientos de miles de proteínas que intervendrán en las funciones metabólicas de todo ser vivo… y que 13 de ellas son procesadas según el propio ADN mitocondrial, por genes que ‘instruyen’ la elaboración de proteínas porteadoras.

Y atención de nuevo: hay varios cientos de proteínas mitocondriales. Así que además de las 13 aludidas, necesita otras… cuyas instrucciones de elaboración están inscritas y codificadas en el genoma nuclear, y son sintetizadas en el citosol. Otra evidencia que descarta un endosimbionte, que, si cayó en paracaídas, los datos ‘inscritos’ en su ADN no tenían por qué ser ‘interactuantes’ con el ADN del núcleo de la célula.

Hay que decir también, que la mutación puntual (cambio de una base nitrogenada por otra) causa más de 50 patologías distintas, entre ellas:

MELAS: (miopatía mitocondrial con encefalopatía, acidosis láctica y episodios similares al ictus). Se debe a una disfunción el complejo I de la cadena respiratoria mitocondrial [OXPHOS], debida a un cambio de bases en el par 3243 de la cadena pesada.

MERRF: (epilepsia mioclónica, fibras rojas deshilachadas): se debe sobre todo a una mutación del gen que codifica el ARNt de la lisina: un cambio de bases en la posición 8344 de la cadena pesada; produce una disfunción del complejo V de la cadena respiratoria.

NARP (neuropatía, ataxia, retinitis pigmentaria): La provoca una mutación del gen que codifica el complejo V de la cadena respiratoria (ATP-asa 6).

LHON (neuropatía hereditaria de Leber): Causada por múltiples mutaciones en los genes que codifican el complejo I (NADH-deshidrogenasa)

A estas ‘puntuales’, habría que añadir gran número de males causados por mutaciones de genes mitocondriales (sordera, síndrome de Ham, etc).

Los investigadores que se esfuerzan en mejorar la calidad de vida de los afectados por mutaciones mitocondriales que producen dolencias de todos los niveles, han logrado establecer cómo se comportan estas mutaciones y las enfermedades que generan en cada una de estas anomalías genéticas. Años atrás, la mitocondria humana no tenía mayor interés para los investigadores de citología, bioquímica y bioenergética. Hoy, sin embargo, está en primer plano de las ciencias biomédicas, y esto se debe, fundamentalmente, a:

– La detección de un revelador conjunto de males genéticos; casi un centenar debidos a mutaciones precisas que provocan sustitución de unas bases nitrogenadas por otras, alterando las proteínas que debían ser sintetizadas. A ello hay que añadir los varios cientos de mutaciones no puntuales, [delecciones, inserciones de fragmentos de ADN…]

– El descubrimiento del ADN mitocondrial como un marcador de gran fiabilidad en antropología molecular; muy útil para los médicos forenses, por su valor como contraste en la identificación de personas o el esclarecimiento de relaciones de parentesco.

– Aumento de los conocimientos sobre la actividad de la mitocondria en el metabolismo celular, y clarificación definitiva de la bioenergética de la mitocondria, en relación con el transporte de electrones, fosforilación oxidativa y la comunión de ambos procesos.

– El hallazgo de su implicación en distintos tipos de cáncer y males neurodegenerativos. Su aportación activa en la apoptosis o suicidio celular, ha despertado un interés exponencial en oncología, pues en condiciones normales, impide la evolución de tumores.

En el siguiente dibujo se ve el mapa genético del ADNmit humano, una molécula circular con 16569 pares de bases, información para 37 genes: dos ácidos ribonucleicos ribosómicos (ARNr), componentes de los ribosomas específicos mitocondriales, 22 de transferencia (ARNt), capaces de leer todo el código genético, y 13 polipéptidos que forman parte de cuatro de los cinco complejos multienzimáticos del sistema de fosforilación oxidativa (sistema OXPHOS). Imaginen esa obra de la ingeniería bioquímica, organizada por un simbionte despistado: una burla al raciocinio; no importan los años que quieran endosarle.

ADN MITOCONDRIAL

ADN MITOCONDRIAL

Pero, y ahora viene lo más importante: el resto de los polipéptidos componentes de estos complejos, así como el complejo II completo, ¡están codificados en el ADN nuclear!

De modo que la variación en las manifestaciones clínicas puede explicarse no solo por la heterogeneidad en las mutaciones del ADNmt, sino también por mutaciones en el ADN nuclear, poseedor de las instrucciones codificadas que regulan la elaboración de gran parte de las subunidades proteicas de la cadena respiratoria establecida en el sistema OXPHOS: la misma que regula la energía de la mitocondria.

O sea, la biogénesis de este sistema constituye un caso único en la célula, ya que para su formación se requiere la expresión coordinada ‘mediante inscripción codificada’, de ambos sistemas genéticos: el nuclear y el mitocondrial ¡Otra evidencia que niega el proceso ‘de endosimbionte a mitocondria’!

Si se ha descubierto una clara interacción de los genomas mitocondrial y nuclear, si ambos genomas tienen las instrucciones codificadas para producir polipéptidos de la OXPHOS; si los dos ADN tienen esas instrucciones INSCRITAS en su genoma: ¿Cómo logró una bacteria endosimbionte, inscribir y codificar en su ADN, datos que no posee el procariota?

Y hay varios ejemplos de esto, reflejados en dolencias. Existe una enfermedad autosómica que implica al menos un gen del ‘más allá’ nuclear, regulando la cuantía de moléculas de ADNmt: el ‘Síndrome de Reducción de ADNmt’, caracterizado por una reducción del número de copias de ADNmt en varios tejidos. El fenotipo clínico incluye miopatía y otras características típicas de las enfermedades del ADNmt… pero debidas a mutaciones en un gen del ADN nuclear.

Por otra parte, la mitocondria integra muchas señales que inician la apoptosis. Y se sabe que la apoptosis es un verdadero sistema de alerta y control, que determina ‘en qué momento’ debe producirse el suicidio celular. Un proceso en el que se también se ven implicadas proteínas diseñadas en el ADN nuclear, actuando como reguladores e interruptores genéticos… procesos que usan varios polipéptidos del OXPHOS regulador de la actividad energética mitocondrial. ¡Un servosistema biológico, innegable!

Se evidencia de nuevo la interacción programada, no ‘simbiótica’, entre mitocondria y núcleo; así como la obvia necesidad de la existencia de ambos según el programa que aparece inscrito en los dos genomas, y que les hace imprescindiblemente interactivos. No se ve azar por ninguna parte, sino una instrucción muy bien diseñada, en base a un programa armónico, perfectamente secuenciado, segundo a segundo, que aparece inscrito y codificado en cada molécula correspondiente.

Los valedores de la Creación no vamos contra la Ciencia. De hecho, estamos seguros que el Señor está orgulloso de cada investigador científico preocupado por su aporte a la sociedad, apoyándole en sus logros. Con su dedicación y sacrificios responden a sus instrucciones sobre la entrega al servicio de los demás; la Biblia los incluye:

Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta. Sin embargo, alguien dirá: ‘Tú tienes fe, y yo tengo obras.’ Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras.” [Santiago 2:17]

El pasaje incluye a aquellos que se confiesan agnósticos, pero pasan de buscar evidencias antiDios, y prefieren dar solución a graves problemas producidos por enfermedades. Es seguro que están más cerca del Señor que aquellos que se declaran creyentes, pero apoyan la descendencia de antropoides, negando la misma Palabra del Génesis de Dios… y convirtiendo al propio Creador en homínido:

Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza“.

Resulta innegablemente positivo el hecho del aporte científico a la humanidad, basado en investigaciones sobre ADN mitocondrial, buscando soluciones paliativas al dolor, atrofias, malformaciones y muerte, que causan sus mutaciones. Contrasta en exceso con el otro uso que no he querido mencionar hasta ahora: el denigrante empleo del ADN mitocondrial, para descubrir una virtual fósil Eva de 150000 años, momificada y paciente en el tiempo, esperando casi 100000 años por el fértil espermatozoide de su Adán… que dudo mucho que ‘emergiera’, ante el desagradable encontronazo del primer hombre, con tal esperpento impuesto por los estudios evolutivos.

Tal Eva solo fue otro pretexto del buldózer evolutivo que intenta extirpar a Dios del espíritu humano. Es decir: ningún cientificismo; solo ateísmo fanático, puro y duro… vestido con la bata blanca de los laboratorios, e intentando disfrazar de científico un disparate que va frontalmente opuesto con la necesidad de macho y hembra coincidentes en tiempo. Un dislate que niega el dictado de los cromosomas, bien establecido por la propia Ciencia.


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BACTERIAS… ESAS EVOLUCIONISTAS SIN EVOLUCIÓN.

septiembre 13, 2008

Septiembre 13/2008

En innumerables ocasiones, bien a través de distintos artículos llegados a mis manos, procedente de Nature, Scientific, libros de microbiología pro-evolutivos, e incluso durante los debates en este blog, la constante referencia de los defensores darwinistas renovados, es la capacidad que han demostrado las bacterias, mutando constantemente, para hacerse resistentes no solo a antibióticos, sino a otros muchos tipos de ataques externos.

Continuamente, en distintos libros y artículos de microbiología evolutiva, aparecen expresiones como: “Las mutaciones producen cambios al azar en el material genético que pueden resultar en un microorganismo más resistente a un antibiótico que su antecesor.” Dicen que las bacterias logran ciertas características [fenotipos], a través de mutaciones en su estructura genética… y que en ocasiones basta el cambio de un solo nucleótido en el ADN microbiano para provocar resistencia frente a algunos antibióticos.

Repetidamente lo exhiben como una evidencia del trabajo de la selección natural: las más fuertes sobreviven y garantizan su población; las más débiles pasan a la extinción. Es decir, presentan tal situación como una defensa de la ‘evolución de las especies’, haciendo ver que esa capacidad de resistencia a los ataques que recibe, resulta en una ‘mejora genética’ nacida de la nada; un ‘don’ auto adquirido luego de miles de millones de años.

Y eso, presentado con el respaldo de un título docto, portando unas gafas que reflejen respetabilidad, y con muchos folios explicativos de lo sucedido en los laboratorios [todo en la dirección que convenga para aportar mayor nivel de convicción, claro], resulta suficiente para que sea aceptado y aplaudido en la sociedad. Desde ese mismo instante, una teoría renqueante, pasa automáticamente a ser presentada como ‘certeza científica demostrada’.

Pero una y otra vez se distorsiona la realidad, pues en ese informe, por obvia conveniencia, no se aclara la importantísima y vital actividad de otros agentes. Partículas fundadas por un conjunto de átomos ligados por enlaces covalentes, y causantes directos de esa ‘mejora’, por tener INSCRITO en su genoma las INSTRUCCIONES adecuadas para que se dé tal resistencia. Y es que, si bien es correcto decir que el genoma procariota consta de un solo cromosoma, también sería adecuado plantear que la inmensa mayoría de las bacterias poseen además, uno o varios elementos genéticos extra cromosómicos, con marcada influencia sobre ellas, debido a la ‘INSTRUCCIONES’ que contienen en su ADN.

Los ‘plásmidos’ son uno de ellos: secciones de ADN que tienen ciertos agregados que hacen se unan sus extremos y tomen forma circular; moléculas de ADN extracromosómico, de pequeño tamaño, existentes en la mayoría especies bacterianas y que se caracterizan porque se pueden replicar de manera independiente del ADN cromosómico.

A diferencia de los datos contenidos en el único cromosoma de la bacteria, los de los plásmidos no son necesarios para la viabilidad general de la célula; mas sin embargo, contienen genes que contribuyen a la supervivencia de esos microscópicos organismos en condiciones especiales. Un caso particular son los que confieren resistencia a antibióticos; recordando que un gen es la menor unidad de INFORMACIÓN en el ADN; la ínfima parte de un extenso y complicado PROGRAMA, contenedor de datos codificados y secuenciales, que ordenan y controlan todos los procesos de nacimiento, desarrollo y mantenimiento embrionario: las INSTRUCCIONES PARA CREAR y sostener VIDA.

Y llegados a aquí, la realidad de la experiencia científica, en todas las ramas de la Ciencia, nos guía hacia donde siempre: no puede decirse que surgió por procesos aleatorios y casuísticos, una información con datos secuenciales programados; precisas instrucciones para crear vida desde elementos inertes, inscritas y codificadas en hebras orgánicas, cuyo único objetivo, según han demostrado los investigadores de distintas partes del mundo, es INSTRUIR. No se puede plantear eso, porque ningún recetario químico, implicando dosis, secuencias, y los más mínimos detalles de confección, ha aparecido jamás por sí mismo, en ningún punto del planeta… y mucho menos apareciendo perfectamente codificado.

Analicemos los plásmidos: Son pequeños trozos extracromosómicos de ADN circular, cerrados covalentemente, que normalmente se replican en el citoplasma bacteriano. Son fácilmente intercambiados entre diferentes bacterias de igual o distinta especie y normalmente portan genes no esenciales para el crecimiento y multiplicación de la célula… pero que sí codifican para diversos grupos de proteínas: constituyen un ‘complemento de la información’ genética.

Pueden contener una variedad de genes diferentes, cada uno aportando resistencia ante disímiles antibióticos, gracias a ‘instrucciones codificadas’ que REGULAN, desde un diseño programado, la producción de toxinas o pili, el permitir a la bacteria hospitalaria usar fuentes de energía alternativas, expresar factores de virulencia, proveer resistencia a metales pesados, así como distintas funciones de transferencia y replicación… ¡Todo un director de orquesta, mucho más pequeño que el microorganismo que lo acoge y acepta!

La adquisición de material genético de otro microorganismo que codifica resistencia antibiótica, es el proceso más común a través del cual la resistencia antibiótica es diseminada. Se logra principalmente a través de tres mecanismos, de bacteria a bacteria:

1. Transformación- No es el proceso natural en la mayoría de los microorganismos, pues se requiere mucha manipulación para producir transformación in vitro.

2. Transducción.- El ADN exógeno o externo al cromosoma bacteriano, pasa de una bacteria a otra por la inserción mediante un fago. La fuente de ADN puede ser un plásmido dentro de la célula o puede abarcar una porción del cromosoma bacteriano. Es decir, la bacteria es infectada por el fago que inyecta dentro de la célula su ‘material genético’, la información que contiene; un proceso demostrado tanto in vitro como in vivo.

3. Conjugación.- Proceso más común de ‘transferencia de genes’ de resistencia antibiótica. La resistencia adquirida gracias a los datos contenidos en los plásmidos, no es un hecho aislado, sino que ocurre en la mayoría de especies bacterianas… respuesta a un programa preestablecido, diseñado, codificado e inscrito en el genoma del plásmido.

O sea, las dos formas naturales que logran pasar de una bacteria a otra las instrucciones para sintetizar las proteínas que formarán parte de sus sistemas inmunes, no se logran por azar, luego de Xn años, sino que se hallan ya regulados en el ADN de los plásmidos, por una INSTRUCCIÓN imposible de auto generarse: el diseño que provee a la bacteria de la maleabilidad necesaria para enfrentar condiciones ambientales cambiantes, tales como la contaminación de su ecosistema con metales pesados, u otros agentes… como los antibióticos. Es decir, si hubo una primera mutación en esa inscripción, esta siempre se debió manifestar sobre una información original, jamás sobre ‘algo’ surgido al azar, debido a una inexorable condición pragmática: no surge ‘información’ desde la ‘nada’.

Y ¿cómo ocurre esta inserción instrucción-cromosoma?… Pues se ha demostrado que los plásmidos tienen la habilidad de transferirse a otra bacteria, por diferentes modos; algunos incluso contienen transposones móviles que saliendo de él, van al ADN cromosómico; otros transposones sencillamente se replican, aumentando su número de copias en la célula.

Otra de las controversias de la teoría evolutiva con la realidad, pues el transposón, como el plásmido, no es más que una secuencia de ADN; no un ‘bicho’ que provoca una reacción, sino un cúmulo de datos que adecúa una determinada operación metabólica en la bacteria: instrucciones que demandan al instructor que las originó.

Los defensores evolutivos propugnan, sin evidencias de ningún tipo, solo por fidelidad a la necesidad de que su teoría se mantenga a flote, que los transposones son secuencias repetitivas que ‘seguramente’ proceden de ‘retrovirus ancestrales’. Pero vemos que tienen una función específica: varían el ADN, arrastrando un gen codificador de un cromosoma a otro, rompiéndolo por la mitad o haciendo que desaparezca del todo.

La inserción de un transposón a un gen, interrumpe ese gen y codifica para rasgos parecidos, como por ejemplo resistencia antibiótica. Y el solo hecho de que sea una secuencia de ADN: datos, ya lo revela como INSTRUCCIÓN, y una instrucción no puede haber surgido, inscribirse, y codificarse nunca por sí misma. No importa lo ‘ancestral’ que pretendan hacerla; siempre precisará del Instructor que la creó; nadie ha visto jamás una instrucción surgir por arte de ‘birlibirloque’… y si aparece programada, inscrita y codificada, mucho menos todavía.

La Ciencia no ha definido aun muy bien el que solo una ínfima parte del ADN codifica proteínas. Esto ha sido aprovechado por los darwinistas recapituladores, para decir que en algunas especies, la mayor parte del ADN ‘basura’, [hasta un 50% del total del genoma], corresponde a transposones… algo similar a cuando se declararon vestigiales, solo por ignorancia y prisa por neutralizar la Creación de Dios: la hipófisis, la Glándula Pineal, Adenoides, apéndice, la Pituitaria, hepífisis, el timo, Amígdalas… hasta casi un centenar de órganos cuya vital funcionalidad hoy la Ciencia ha dejado bien establecida.

Pero varios estudios recientes han negado esa hipótesis de ADN ‘basura’. Ya se conoce que, entre otras actividades, ese ADN, aparentemente ‘no codificante’, en realidad regula la expresión diferencial de los genes… entre ellas, lo que hemos presentado aquí: algunas secuencias tienen afinidad hacia proteínas especiales que tienen la capacidad de unirse al ADN (plásmidos, homeodominios, complejos receptores de hormonas esteroides, etc.), con un efecto contrastado en el control de mecanismos de trascripción y replicación.

Incluso hoy se conocen como ‘secuencias reguladoras’, y los investigadores aseguran que sólo se ha identificado una pequeña fracción del total. La presencia de tanto ADN, mal llamado: ‘no codificante’, en genomas eucarióticos y aunque menos, en procariotas; así como las diferencias en tamaño del genoma entre especies, representan un misterio que es conocido como el “enigma del valor de C”. Y un enigma no puede ser usado como evidencia de nada, sino que debe servir como estímulo para lograr descifrarlo… sobre todo cuando forma parte de un programa inteligente, que contiene una información genética, inscrita y codificada, que resulta importantísima para las bacterias: la INSTRUCCIÓN PROGRAMADA que indica cómo elaborar las proteínas que las hará resistentes a la agresión de agentes externos.

Por ejemplo: la presencia en un plásmido, del gen de resistencia a ampicilina, permite seleccionar las bacterias que portan estos plásmidos, gracias a su capacidad para crecer en presencia de dicho antibiótico. ¿Por qué?… Pues porque ese gen de resistencia contiene una instrucción codificada, para elaborar la enzima que degrada la ampicilina.

Dicho de otra forma, una bacteria tiene la capacidad de hacerse resistente ante determinados agentes externos, gracias a que contiene en su ADN, ‘INSCRITAS Y CODIFICADAS’, las instrucciones para secuenciar las proteínas que le permitirán esta ‘mejora’. El cuento de ‘evolución a mejor’, por ‘sí misma’, por azar evolutivo o lo que sea que se esté transmitiendo en las aulas, resulta antagónico con la verdad. En realidad se ‘instruye’ sobre cómo secuenciar las proteínas que intervendrán en esa fortaleza adicional: la cepa derivada que se hará más resistente.

Y no hay que verlos como ‘bichos’ que se meten dentro de otro y hacen endosimbiosis, sino como moléculas con ‘INFORMACIÓN’, que se incorporan a otra ‘INFORMACIÓN’, en la cadena del ADN bacteriano. Una vez más, primero están los datos, las instrucciones del ‘CÓMO HACER LAS COSAS’; solo luego es que ‘las cosas’ se hacen.

Otro uso importante de los plásmidos es fabricar grandes cantidades de proteínas. Se deja crecer la bacteria que contiene al plásmido con el gen de interés, y esta instrucción regula la producción de tales proteínas en gran cantidad. Forma barata y fácil de producir hormonas de forma masiva, como por ejemplo insulina, o incluso antibióticos.

Así, el Nobel de Medicina 1978, cayó en los Microbiólogos Werner Arber, Daniel Nathans y H. Smith, al descubrir las Endonucleasas de Restricción: el programa celular producto de un Diseño Inteligente, que permitió manipular la bacteria E. coli, y producir insulina humana para los diabéticos. Es decir, no crearon, sino descubrieron lo que ya existía.

Decir que si las bacterias mutan y mejoran, implica que ocurra lo mismo en humanos, está fuera de lugar. Por ejemplo, E. coli, en 7 horas, causa 20 generaciones: más de un millón de células; mientras los humanos, para generar 4 generaciones precisan un siglo. No es lo mismo la respuesta de una sola célula procariota, prácticamente inmortal, que un servosistema biológico con miles de millones de eucariotas y cientos de miles de secuencias de proteínas, donde una sola de ellas puede alterar todo el complejo.

¿Por qué Dios creó un diseño bacteriano que supuestamente conspira contra la salud del humano, su obra cumbre? Es obvio que posiblemente sea una pregunta mal enfocada, debido a la falta de datos. Aun queda mucho por investigar al respecto; quizás exista tal cosa porque resulta imprescindible para la no degradación del ecosistema… pero habría que averiguar mucho, antes de teorizar tanto sobre lo que apenas se conoce.

Lo único cierto e innegable, es que la Instrucción para crear la vida aparece antes inscrita y codificada en el genoma de bacterias y eucariontes, dejando bien definidas sus diferencias. No es una presunción, ni el resultado de una imaginación dirigida y fértil, sino la consecuencia del empirismo científico. Enfrentado al microscopio especial, el ADN surge como una inscripción codificada, INSTRUYENDO sobre cada una de las operaciones que deben efectuarse, desde la primera hasta la última, para CREAR vida.

De ese microscópico manual biológico surgió la vida; contiene todo el programa para que esta no se detenga: algo jamás imitado por el hombre. Constituye la misma firma del Creador, y el mayor ejemplo de la formidable sabiduría y omnisciencia de Dios… imposible de ser socavada ni tergiversada por ningún esfuerzo humano malintencionado que lo pretenda; no importan los títulos académicos bajo los cuales se pretenda conseguirlo.

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EVOLUCIÓN NEGADA POR CALCIO INTRACELULAR.

agosto 24, 2008

Desde hace algún tiempo vengo haciendo énfasis en la imperiosa necesidad de que seamos capaces de explotar el nivel de información entregado por el mundo científico, según nuestro propio nivel de deducción: el que nos ha concedido el Dios Creador. Así evitaremos que ningún mal intencionado logre desviarnos de la Verdad de la Creación, mediante el control, e incluso la dirección, de nuestra forma de analizar.

Hace solo unos días, estuve leyendo las consideraciones finales sobre el Mandato de la UNESCO y del Consejo Internacional para la Ciencia. En uno de sus párrafos se señalaba:

“El pensamiento científico consiste, esencialmente, en saber examinar los problemas desde diferentes ángulos, y en investigar las explicaciones de los fenómenos naturales y esenciales, sometiéndolos constantemente a un análisis crítico.”

Y como respuesta a este consejo, venido de gente capacitada para darlos, nos vemos por ejemplo con la posición del ‘poco caso’ proveniente de estudiosos evolutivos, ante un hecho significativo: ‘la barrera de 20 aminoácidos no es absoluta’. En algunos casos raros, ciertos organismos tienen la capacidad de utilizar los inusuales aminoácidos selenocisteína y pirrolisina, ligeras modificaciones de los aminoácidos cisteína y lisina… y a esa rareza, como se desconoce el ‘¿por qué?’, se la justifica diciendo que es producto de… ¡una evolución!

Así funcionan las cosas en la ‘prisa’ evolutiva; y luego pasa lo que pasa: la Ciencia avanza, se halla la respuesta… y vergüenza por la ignorancia evidenciada y el ‘desconocimiento’ trasmitido. Puede o no existir la contrición, según el educador; pero el daño ya está hecho a las generaciones engañadas en cada falso dato.

Mas hoy me gustaría hablar sobre el aumento de calcio intracelular (Ca2+i). El ion calcio es un ‘mensajero’ involucrado en procesos tan diversos como la contracción muscular, la muerte por apoptosis [muerte dirigida por el misterioso programa orgánico], y la división celular, entre otros. La regulación de la concentración de calcio intracelular es muy compleja y trascendente: las células bombean calcio desde el citoplasma al medio externo para mantener una concentración en reposo, y otra en el exterior. ¿Puede haber surgido desde el azar, este proceso ‘inteligentemente’ controlado? Veamos:

Diferentes señales externas aumentan el calcio en la célula, al abrirse canales permeables al catión que lo generará, y permitiendo su entrada al citoplasma, desde los depósitos intracelulares o desde el medio externo. Y en realidad existe una gran variedad de canales permeables al calcio… que son modulados por diferentes ‘señales preconcebidas de antemano’, y que pueden ser: voltaje, hormonas y neurotransmisores, segundos mensajeros como el IP3 o el propio calcio, entre otros. Luego, tal aumento de calcio activa receptores intracelulares como la calmodulina, que a su vez ‘regulan’ diferentes efectores, como pueden ser otros canales iónicos o complejos de cinasas-fosfatasas… los que en verdad provocan cambios en la conducta celular.

Esto, dicho así, parece descrito en chino para muchos, así que propongo desglosarlo paso a paso, para que se vea más claro:

En el caso de la contracción muscular, durante ese proceso, la energía de las reacciones químicas en el músculo puede ser convertida en trabajo útil, permitiendo a los humanos la locomoción, y el ejecutar acciones directas. Hay gran variedad de músculos en los cuerpos de los diferentes animales, y la estructura de cada uno de ellos se adapta a su función particular, evidenciando diseño por todas partes. Pese a la gran pluralidad entre músculos, parece que el mecanismo básico del proceso contráctil es el mismo: la adenosina trifosfato (ATP) se disgrega e interactúa con dos proteínas, miosina y actina.

El sistema nervioso controla la acción; así la fuerza y el movimiento se ajustan a la tarea a realizar. El cerebro y la espina dorsal coordinan esta acción mandando ‘señales’ en forma de estímulos nerviosos, que viajan a lo largo de las fibras nerviosas, hasta los músculos. La fibra nerviosa activadora, y la fibra muscular activada, forman una unidad motora. Los movimientos son coordinados variando el número de unidades motoras activadas y la frecuencia de la activación de cada una de ellas. Las reacciones químicas proveen la energía para la contracción muscular, y la sangre brinda el ‘combustible’ para esas reacciones, removiendo los desechos resultantes.

Razonando que hablamos de ‘señales’ de tamaños microscópicos, ¿cómo pueden suceder estas, si no es como respuesta a un programa pre-establecido? ¿Resulta razonable y científico pensar que todo ello es producto de situaciones aleatorias y casuísticas en el tiempo… por mucho que incrementemos este?

El otro hecho en el que interviene el calcio intracelular: la muerte por apoptosis o muerte programada, determina que la célula se condense y se fragmente en pequeños cuerpos apoptóticos, manteniendo en cada uno la integridad de la membrana plasmática. Estos son luego fagocitados por macrófagos o por células vecinas. El proceso es muy rápido: la célula se esfuma sin dejar rastro y sin liberar su contenido al espacio intercelular.

La apoptosis, es un suicidio celular. La célula muere mediante un proceso predeterminado, un programa biológico, activado por señales externas, o provenientes de la misma célula. A nivel de la membrana celular existen receptores, entre los cuales los más notables son los receptores Fas, que al ser activados por ligandos específicos, desencadenan una serie de señales en el interior de la célula, que determinan la activación de proteasas: enzimas que cortan las proteínas intracelulares.

Estas proteasas específicas, denominadas ‘caspasas’, provocan una cadena de eventos, caracterizada sobre todo por la destrucción del citoesqueleto, proteínas que sirven de sostén o infraestructura de la célula, determinando el colapso celular. La orden de comenzar el proceso de autodestrucción también puede provenir del interior de la misma célula, bien sea porque ya ha completado su ciclo vital y el ‘programa’ interno lo dicta, o debido a que, altruistamente, una célula invadida, por ejemplo por un virus, activa su autodestrucción para impedir que el virus se siga replicando y se propague. Otra evidencia de diseño y programa inteligente.

Y por último, concentrémonos en otro escenario donde interviene el calcio intracelular: el de la división celular. Las metástasis, los temidos cánceres a distancia, parecen guardar relación con un comportamiento anómalo y aberrante de las moléculas encargadas de frenar la división celular. Joan Massagué, Licenciado en Farmacia y doctor en Bioquímica, así como director del programa de Biología Celular del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de New York, y asesor del Parque Científico de Barcelona, ha desarrollado un excelente trabajo sobre esto.

— ‘Todo proceso biológico tiene su cara y su cruz, su acelerador y su freno’— señala el investigador, en referencia a la división celular.

El freno se conocía con bastante aceptación; no así ‘el acelerador‘ ni cómo éste se activa. La pionera respuesta de este investigador, puso por primera vez al descubierto la existencia de un doble sistema de activación-inhibición que, al contrario de otros procesos biológicos, no depende de moléculas distintas sino de una sola. Según la asociación de esta, la célula ‘recibirá’ o no, la orden de detener la división celular.

Años atrás, el propio Massagué logró identificar y purificar la proteína TGF-beta, una hormona que se libera localmente en todos los tejidos en que, como la piel, las mucosas intestinales, la sangre o las glándulas mamarias, existe una constante renovación de sus células. En estos y otros tejidos, la decisión de ‘crecer o no crecer, vida y muerte’, exige un fino equilibrio para que el sistema no se vaya al traste… y esto también está programado:

TGF-beta, ‘transmite’ la orden’ de detener la maquinaria de división celular. Se ha probado en muchos experimentos que su ausencia promueve que las células crezcan y se diseminen de forma desordenada, creando tumores. Su existencia, en cambio, favorece el proceso inverso aunque, en ciertos casos, su presencia no basta para controlar totalmente el mecanismo. ‘En tejidos normales, hay un balance entre este factor y los que suscitan la división celular’. Es decir: se para si es conveniente, si no, se sigue lo establecido… otra evidencia de diseño y programa, no de la incongruente ‘casuística inteligente’.

Sin embargo, conocido el factor, había aun muchas preguntas en el aire. La esencial era la relativa a su mecanismo de acción; es decir: ¿cómo llega hasta la célula y cómo, una vez ahí, se las ingenia para transmitir la orden de interrumpir la división?

Los primeros elementos en surgir a la luz fueron los llamados inhibidores de la división, unas proteínas que, en presencia de TGF-beta, ‘echan literalmente el freno’. En el laboratorio de Massagué se descubrieron la p27, la p15 y la p21, que junto a la p53, conforman los principales ‘bloqueadores profesionales’ de la división; se sabe que su alteración o la mutación del gen que las codifica está implicada en la mayor parte de cánceres conocidos.

— ‘Sería demasiado inocente pensar que un solo elemento controla el proceso’— continúa el investigador.

Descubrió que el anclaje de TGF-beta incita la activación de unas proteínas que se hallan ‘flotando’ en el interior de la célula. Son las ‘SMAD’, que una vez activadas, se dirigen al núcleo de la célula, para interaccionar con el producto de determinados genes. ‘Las SMAD activadas llevan la orden: ‘no te dividas más’. Si su acción se ceba en los genes de las proteínas p27, p15 o p21, la célula echa el freno. El descubrimiento de estos receptores, así como de las SMAD y de las proteínas ‘p’, han convertido a Massagué en el segundo investigador más citado del mundo en biología molecular.

En ciertos tumores, en especial el de mama, el equipo de Massagué comprobó que echar el freno no era suficiente. De algún modo, el programa biológico continuaba activo, algo que sólo podía ser debido a que la célula mantenía el pie sobre el acelerador de la división. La siguiente pregunta resultaba obvia: ¿cuál es y cómo funciona ese acelerador?

La respuesta vino de la mano de la genómica. Un experimento con chips de ADN reveló, tan solo un par de años atrás, la presencia de 300 genes afectados por la presencia de la hormona TGF-beta. Un experimento ulterior reduce ese número a tan sólo media docena de genes. Entre ellos están los ‘p’ conocidos, y otros nuevos: los ‘myc’, que en presencia de la proteína SMAD activada, son silenciados. El propio investigador explica:

‘Por tanto’, tenemos un ‘programa’ en el que hay unos genes que cancelan la maquinaria de división y otros que incrementan la actividad de los bloqueadores profesionales’. O lo que es lo mismo, la proteína activada ‘quita el gas y aprieta el freno al mismo tiempo’.

Y aquí, volvemos a lo que he venido repitiendo constantemente: Todo programa señala a un programador, y si el empirismo científico nos dicta que primero está el programa de la vida, y luego surge la vida, ¿por qué no desarrollar la línea de investigación en la dirección que señalan todas las evidencias, en lugar de hacer todo lo posible por camuflarlas?

Tal como se alertó que pasaría, en 1Co 1:19:

“Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes.” ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura, la sabiduría de este mundo?”

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LA ‘INVOLUCIÓN’ DE NUESTRA ESPECIE.

mayo 31, 2008

Mayo 31/2008
¿SE MUERE LA RAZA HUMANA?

Para que se cumpliese la palabra que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién creerá a nuestro dicho? ¿Y el brazo del Señor, a quién es revelado? Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; ‘Para que no vean con los ojos, y entiendan de corazón, Y se conviertan, y yo los sane’. Estas cosas dijo Isaías cuando vio su gloria, y habló de él.” (Juan 12:38-41)

La esperanza de vida ha aumentado ampliamente en nuestra sociedad. La vejez se alarga; pero muchas de las complicaciones debidas al paso de los años, son efectos acumulativos de las lesiones y enfermedades que ha ido sufriendo la raza humana a lo largo de los siglos.

Por los estudios realizados en las últimas décadas, parece evidente la implicación de factores genéticos en este proceso; eso se ve en ciertas enfermedades asociadas, como alteraciones del Sistema Nervioso (Alzheimer, Parkinson…), cáncer, diabetes, etc.

El Alzheimer es el problema neurológico más frecuente entre los mayores de 65 años, y la primera causa de demencia en el mundo. Ya se ha relacionado con el acopio anómalo de proteínas Beta-amiloide y Tau, en cerebros enfermos. También se ha asociado a mutación en los genes PSEN1, PSEN2 y APP; en este caso presentándose en épocas tempranas de la vida, y transmitiéndose de padres a hijos, para convertirse así en un mal genético ‘progresivo‘.

Si actualmente se vive más y mejor, no se debe a recursos favorables provistos por la ‘selección natural’ que muchos proclaman, sino a los apasionantes resultados de los investigadores involucrados en la lucha por mejorar las crecientes calamidades que afectan al ser humano. La teoría evolutiva es irracional: generar cada cambio necesario para garantizar toda la biología existente en el planeta, a partir de un alga o lo que sea que constituyó la primera célula, requiere una inteligencia que ningún evolucionista jamás ha podido señalar; salvo aquellos que la han reconocido en una entidad sobrenatural y se han acercado al Creador.

Los males derivados de alteraciones genéticas son continuos, muchos y muy variados. Los doctores Martin, Oshima, y Ms. Leistritz (Univ. de Washington), desarrollaron un trabajo sobre uno de ellos, el Síndrome de Werner, tratando de identificar los genes que causan las enfermedades de ‘envejecimiento prematuro’. Intentaron comprender cómo estos genes funcionan normal y anormalmente, buscando solución a dicha decadencia, a tumores malignos y benignos concretos y a enfermedades cardiovasculares.

Son casi 30,000 los padecimientos genéticos reconocidos; uno de ellos, la diabetes, es bastante frecuente; de acuerdo con la OMS, en el año 2000 se estimaron alrededor de 171 millones de diabéticos en el mundo, y se calcula que llegarán a 370 millones en 2030. Su mayor peligro es la aparición de complicaciones vasculares debidas a la hiperglucemia, las cuales disminuyen alrededor de un 50% la esperanza de vida de los enfermos.

Por otra parte, ya se reconocen artrosis hereditarias; se ha identificado una anomalía genética específica para la clásica deformidad de los nudillos de la mano, relacionada con una alteración en la síntesis de aminoácidos y un deterioro prematuro de los cartílagos. Aun se sigue estudiando los otros tipos, aunque sí se sabe que las lesiones iniciales se encuentran al nivel del cartílago (degeneración, fisura, reducción).

Otro mal, el Parkinson, que sufre el 1 % de los sujetos de 50 años o el 10% de los de 60 años, y cuya influencia crece generacionalmente, resulta hereditario en el 10% de los casos; en el 90% es adquirido, pero algunos investigadores trabajan sobre la hipótesis de predisposición genética. Algunas neuronas se degeneran, principalmente las que producen la dopamina. Las terapias clásicas representan un progreso importante, pero son únicamente sintomáticas y no impiden la agravación progresiva de los trastornos.

Y en el caso del cáncer, una célula ha tenido que sufrir alteraciones genéticas antes de manifestarse. Según la OMS, pese al éxito de las técnicas actuales, la cruel enfermedad mató 6 700 000 personas en el 2002,  y 7,6 millones en el 2005, solo 3 años después. Se cree que en los próximos 10 años morirán otros 84 millones; muchas veces debido a fallos en la reparación de lesiones en el ADN, un proceso ‘programado’ para su ejecución constante en la célula. Algo esencial para su supervivencia ya que protege al genoma de daños y mutaciones dañinas… y que señala PREVISIÓN, por parte del Diseñador.

Esas lesiones causan averías estructurales a la molécula de ADN, y alteran drásticamente la lectura de la información codificada en sus genes. Si no se corrige el daño, surgen dolencias muy variadas. La mayoría de las células entran primero en senescencia; después, tras las roturas  irreparables sobreviene la apoptosis, un mecanismo de “último recurso“, que intenta evitar que la célula se vuelva carcinogénica y ponga en peligro el organismo.

El fracaso al corregir lesiones moleculares en las células que forman gametos, conduce a descendencias con mutaciones, conspirando así contra la tasa ‘evolutiva‘. El daño del ADN en la célula oscila entre 50.000/500.000 lesiones moleculares al día. Aun así, algunos factores de daño pueden hacer que este rango incluso aumente. Estas cantidades constituyen sólo el 0,0002% de los 3 mil millones de bases; una simple lesión sin reparar, en un gen relacionado con el cáncer (como un gen supresor tumoral) puede tener consecuencias catastróficas para el individuo.

Por ejemplo, dentro de la mitocondria, las formas de oxígeno libre o radicales libres, subproductos de la metabólisis constante de adenosín trifosfato (ATP) en la fosforilación oxidativa, generan un ambiente muy oxidante que daña el ADNmt. Antes de la división celular, la replicación de ADN dañado puede hacer que se incorporen bases erróneas. Cuando las bases dañadas pasan a las células hijas, ya son mutantes, y no hay vuelta atrás. Estudios recientes en japoneses centenarios, mostraron un genotipo mitocondrial común que les hace menos susceptibles a sufrir daños en el ADN de sus mitocondrias.

En general, ‘está programado‘ que las células no toleren daños del ADN que comprometan la integridad y el acceso a la información esencial del genoma; mas a veces las células se mantienen funcionando mínimamente cuando se pierden o alteran genes “no esenciales“. Hemos visto en artículos anteriores, que según el tipo de daño causado a la estructura de doble hélice, ‘saltan‘ varias estrategias de reparación para recuperar la información perdida; si puntualmente, ese proceso falla, surgen mutación y patologías.

Aparecen afecciones genéticas como la Xeroderma pigmentosum (hipersensibilidad a la luz solar o UV, que acarrea mayor incidencia del cáncer de piel y envejecimiento prematuro). O el Síndrome de Cockayne (hipersensibilidad a luz UV y productos químicos) A menudo, con esta última aparece retraso mental, lo que parece indicar una vulnerabilidad mayor de las neuronas en desarrollo. Los afectados parecen más viejos de lo que son, sufriendo a edades precoces, dolencias usuales en ancianos.

Otra enfermedad asociada con la capacidad reducida de reparación de ADN es la anemia de Fanconi. Pero hay muchas otras dolencias genéticas, entre ellas, por citar algunas: Síndrome de Werner (envejecimiento prematuro y retraso en el crecimiento), Síndrome de Bloom (hipersensibilidad a la luz solar, alta incidencia de cánceres, especialmente leucemia), Ataxia telangiectasia (sensibilidad a la radiación ionizante  y algunos productos químicos).

Además, se relacionan directamente con mutación genética, las derivadas de la Herencia Recesiva Autosómica: mutaciones en los dos alelos de un gen, que convierten a la persona en ‘homozigota’ para ese gen. A esta afección genética se debe, entre otras, la fenilcetonuria (o PKU): un desorden que hace que el organismo no pueda metabolizar el aminoácido fenilalanina en el hígado, y afecta al paciente con retardo motor y mental.

También se conoce la Herencia Autosómica Dominante, que se manifiesta con solo una copia del gen alterado. Uno de los males que causa es la ‘enfermedad de Huntington’, antiguamente conocida como ‘baile de San Vito’. Se considera neurodegenerativa hereditaria; destruye paulatinamente los ganglios basales (cerca de la base del cerebro, dentro del telencéfalo), y conduce inexorablemente a la muerte. 

Pero existen muchas más, algunas de las cuales son:

-Neurológicas: Síndrome de Down (Tres Cromosomas 21, en lugar de dos). También la trisomía del cromosoma 13 (“síndrome de Patau”) y el 18 (“síndrome de Edwards”). Infelizmente, el 90 por ciento de los nacidos con estas últimas, mueren temprano. El 5 y el 10% sobreviven al primer año de vida. Existen algunos informes sobre bebés con trisomía 18 o 13 que llegaron a la adolescencia; sin embargo, estos casos son poco frecuentes.

-Endocrinología y metabolismo: Síndrome de Prader-Willi…

-Enfermedades respiratorias: Enfermedad vascular cerebral, Asma, Fibrosis quística, Cáncer de pulmón de células pequeñas, Enfermedad de Zellweger…

-Enfermedades del sistema inmune: Asma, Ataxia telangiectasia, Síndrome autoinmune poliglandular, Linfoma de Burkitt, Diabetes tipo 1, Síndrome de DiGeorge, Immunodeficiencia con hiper-IgM, Leucemia mieloide crónica…

-Patologías del Aparato digestivo: Cáncer colorrectal, Enfermedad de Crohn, Fibrosis quística, Diabetes Tipo 1, Malabsorción Glucosa Galactosa, Cáncer de páncreas…

-Males congénitos del Músculo y hueso: Acondroplasia, Esclerosis Lateral Amiotrófica, Síndrome de Charcot-Marie-Tooth, Síndrome de Cockayne, Displasia Diastrófica, Distrofia de Duchenne, Síndrome Ellis-van Creveld, Fibrodisplasia osificante progresiva…

-Sangre y tejido linfático: Anemia falciforme, Linfoma de Burkitt, Enfermedad de Gaucher, Hemofilia A, Leucemia linfoide crónica, Enfermedad de NiemannPick, Talasemia…

-Males específicos en mujeres: Cáncer de mama, Cáncer de ovario, Síndrome de Rett…

-Enfermedades específicas en hombres: Síndrome de Alport, Cáncer  de Próstata…

-Cáncer: Leucemia mieloide crónica, Melanoma maligno, Neoplasia múltiple endocrina…

Quiero hacer una mención aparte a una de las enfermedades raras: el Síndrome de Von Hippel-Lindau que crea quistes y tumores en riñón, páncreas, hígado y glándulas adrenales. Algunos de estos tumores son benignos, pero otros resultan cancerosos; sus afecciones multifacéticas provocan una vida molesta y dolorosa. Además, con más frecuencia de la debida, afecta la visión, generando muchas veces una deficiencia en la visibilidad que prácticamente sumerje en la ceguera a la persona afectada .

Hay muchas otras que no conducen directamente a la muerte, como el caso de la Catarata genética y el de la Esclerosis tuberosa, raro trastorno génico que causa el crecimiento de tumores no cancerosos en el cerebro y otros órganos, y cuyos síntomas, que varían según la ubicación de los tumores, pueden ser: Problemas en la piel, Convulsiones, Problemas de conducta, Discapacidad en aprendizaje, Retraso mental, Patología renal…

En Resumen: ¿cuántas muertes y padecimientos han provocado y provocan cronológicamente en la humanidad, las dolencias degenerativas derivadas de mutaciones? Sin dudar: ¡cientos de millones!

Sabiendo esto, ¿puede pensarse seriamente que el ser humano está ‘evolucionando‘ hacia una especie ‘mejor‘?

Al margen de toda la técnica y medicamentos paliativos que los investigadores han puesto a disposición de los afectados (un factor externo que ayuda a minimizar los daños e incrementar la calidad de vida), se impone la realidad de un sistema orgánico que va en decadencia, cada vez más, según aumentan las generaciones, y con ellas las fatales alteraciones que se han ido presentando a través de los siglos.

No hemos ‘evolucionado‘ desde fantasmales homínidos, sino que ‘involucionamos‘ como especie; algo avisado desde el principio, en la sentencia ‘muriendo, morirás‘ del Bereshit 2:17 judío: las escrituras que el Señor usaba para instruir a sus discípulos, y que nos enseñan cómo las primeras generaciones (desde Adán, a Matusalén, a Noé), lograron vivir cerca de un milenio. Luego, según se incrementaban las anomalías genéticas, la descendencia de Noé fue menguando en expectativa de vida, desde los 600 años de Sem, hasta los 175 de Abraham.

Los defensores evolutivos se niegan a reconocer la lógica decadencia genética aparecida en la Bíblia; cronología histórica anotada miles de años atrás, por personas que no fueron médicos, y varios milenios antes de que el ADN fuera descubierto por el hombre. Ocaso congruente con la evidencia surgida de siglos de investigaciones médicas, que determinan que década a década aparecen cada vez más enfermedades letales, (por mutación génica), y que apuntan a que en algún momento anterior a ese incremento, la existencia debió haber sido mucho más larga que la de nuestros días.

Tampoco asumen que si las instrucciones de la vida aparecen inscritas en la molécula de ADN, esto implicó antes un ‘INSTRUCTOR’ que lo programara así. Si además aparecen en lenguaje codificado, minimizando el tamaño de la hebra ‘o pergamino de inscripción’, y el espacio que este ocuparía, se demanda una inteligencia imprescindiblemente extrasensorial, pues la primera célula, forzosamente, antecedió a la especie. 

Conformes o no con esto, el escenario no cambiará: Dios siempre estará tras esa evidencia palpable. Así como el ombligo sella en el hombre la huella de su madre, el ADN en el ser humano será la constante rúbrica de nuestro Creador. Dios está ahí; si no se le reconoce en el período de esa posibilidad, se hará ineludiblemente, cuando ya se haya agotado el tiempo para buscarle.

Cristo Jesús murió joven en la cruz; se entregó como el Cordero sin mácula, para lograr ante el Padre el perdón de todos los pecados de la humanidad. Su resurrección nos abrió el camino a la opción de una vida eterna ESPIRITUAL, en el amor, sin genética, sin padecimientos, y sin muerte. Esa es la única y verdadera evolución que debemos esperar, con fe y esperanza en nuestros corazones, pues Él es fiel. 

“Porque  “todo mortal es como hierba,  y toda su gloria como flor del campo;  se seca la hierba y se cae la flor, pero la palabra del Señor permanece para siempre.” (1ªPe 1:24)

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