EL ORIGEN DE LAS RAZAS.

enero 30, 2008

Enero 30/2008

UNA SANGRE, UNA RAZA.

Por favor, permítanme comenzar con algo que he visto al azar, mientras buscaba un dato para este artículo; su contenido toca fibra y quiero compartirlo; se trata de un versículo del Salmo 74:19-20:

“Señor, no entregues a las fieras el alma de tu tórtola, Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos. Mira al pacto, porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia. “

Y ahora, a lo que vamos: Una de las preguntas que solemos hacernos cuando nuestra mente no está ocupada en cosas más absorbentes, es: ¿si todos venimos de Adán y Eva, por qué las razas? ¿Por qué algunos son negros, y con características que les identifican, los asiáticos tienen esos ojos tan particulares y también aspectos genéticos propios; y los árabes los suyos… y los nativos iberoamericanos, los de Australia o Papua Guinea, etc.?

Es cierto que procedemos de la primera pareja; pero también, que hubo un corte brusco en la historia de la humanidad cuando Dios decidió enviar un Diluvio correctivo al planeta, eximiendo a Noe y toda su familia (cuatro matrimonios en total). En busca de fidelidad, como siempre hago, leamos el Bereshit judío (posteriormente Génesis, en la traducción griega) al que Jesús acudía en sus enseñanzas:

Bereshit 7: 6 “Noaj (Noé) tenía seiscientos años cuando cayó el Diluvio sobre la tierra. 7Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio”…

Y luego, cuando terminó todo, leemos:

Bereshit 9:18-19: “Los hijos de Noaj (Noé) que salieron del Arca eran Shem, Jam y Iafet. Jam es el padre de Canaán. Esos tres eran los hijos de Noaj (Noé) y de ellos se expandió toda la tierra.”

Es decir, de ahí salió nuestra simiente directa; aunque los padres primigenios fueron Adán y Eva. Los capítulos 10 y 11 explican como se fue distribuyendo la humanidad por el planeta, mediante los hijos y nietos de Noé, después de haberles confundido las lenguas en Babel. Esta parte de la historia cuenta que al salir del arca se asentaron en un lugar, pese a la orden de dividirse y salir por todo el mundo para repoblar la Tierra. Se acomodaron en aquel sitio y comenzaron a procrear y expandirse desde el mismo punto posterior al desembarco.

La cosa se les puso fea en Babel; ya se habían acomodado, tenían sus ‘compi‘ y todas esa cosas; algún mercado cercano, hierba para los animales… y siesta para dormir. ¿Quién se iría? Se sintieron tan bien que dijeron:

– Venga, vamos a construir una torre que llegue al cielo; total, nos sobra tiempo…

La historia comenta que aquí mismo se formó: Dios les confundió las lenguas y comenzaron a no entenderse. (Imaginen el lío; a veces no nos entendemos ni los de un mismo idioma) De este hecho debieron aprender los romanos su lema: “Divide y vencerás”, pues el familión de Noé, derrotado por su Creador, no tuvo más remedio que segregarse de acuerdo a sus nuevos dialectos.

La Biblia es bastante explícita en detalles, con respecto a estos viajes de conquistas; según Ge 8:4 el arca descendió sobre las montañas de Ararat, región que los antiguos llamaban Urartu, (leyendo los apuntes de la tradición judía) y que se corresponde aproximadamente, a la actual Armenia. Desde ahí se disgregan los grupos familiares y se dirigen hacia el norte los futuros cimerios: (Gomer, hijo de Jafet, con los suyos, que poblarían la región del Cáucaso y continuarían ascendiendo por Rusia) Los lidios (Magog, hermano del anterior, que iría hacia Asia Menor). Madai, otro de los hermanos, se dirigió hacia Media, región montañosa al noroeste de Irán. Otro grupo, dirigido por un hermano más, Javán, fue hacia Jonia, en Grecia, en la costa occidental de Asia Menor. La zona del mar Negro fue habitada por los grupos de otros dos hermanos: Mésec y Tubal.

Pueblos formados por descendientes de los otros dos hijos de Noé: Sem y Cam, hicieron lo mismo: Sem se dirigió hasta Palestina, (de ahí la palabra semita) y se considera el padre de los judíos; mientras que los descendientes de Cam ocuparon la zona de Egipto y Arabia; dirigiéndose hacia el sur, hacia el mar de Arabia, sentando las bases de todos los países y emiratos de la zona.

A partir de ahí, ya se lo pueden imaginar: a poblar la tierra de nuevo… pero separados y, dados los problemas de las comunicaciones en aquellas épocas, lo más probable es que la mayoría no volvería a verse jamás.

Y aquí comienza su vital intervención la genética. Si usted visita los países americanos, podrá cerciorarse que no hay una característica común entre sus habitantes; sobre todo en sus ciudades más cosmopolitas. La inmigración mundial ha hecho un gran aporte a esa metrópoli especial que constituye Nueva Cork. (Aún no me lo explico, porque están pegados a Alaska y el frío allí hace silbar hasta a los pingüinos; hubiera entendido mejor que hubieran ido a California, con un clima mucho mejor o Florida… las playas de Miami. ¡Qué diferencia!)

Si se pide un ejemplo de mezcla de razas esta es la ciudad: hay neoyorquinos, nacidos allí, con rasgos árabes, asiáticos, caucásicos, africanos, hindúes, quechuas, guaraníes, etc. Por haber, hay hasta gente de Lepe, oiga. ¿Cuál es el resultado? ¡Que sólo se identifican por el inglés que hablan, no por sus rasgos! En cuanto un negro, un achinado, un aindiado o lo que sea, abre la boca, ya habrá alguien que suelta: – Este es de Colorado.

Pero no ocurre lo mismo en China; yo estuve allí en Septiembre del 2006 y… ¡Qué sensación ser el centro de atención donde quiera que fuera! En Pekín, Shangai, Hong Kong y otras ciudades turísticas ya están habituados a ver extranjeros; pero yo fui a Zhen Zheng, en la provincia de Guan Dong, (territorio mandarín) y en esa ciudad, el único no-chino que topé, fue un pakistaní, en un Banco, una semana después, mientras ambos cambiamos nuestras divisas por la moneda nacional. Aunque ellos se conocen entre sí, y consideran extraños a los chinos de otras regiones, obligándoles incluso a sacar permisos de trabajos en muchos casos, para mí eran todos iguales.

¿Qué ocurrió con los parientes de Noé que ‘colonizaron’ esa parte de Asia?

La respuesta está en la genética; los habitantes de China, desde épocas milenarias, solo se casan entre ellos; y está demostrado que el ser humano va perdiendo información genética. Los familiares de Noé que llegaron a esa área fueron un grupo minúsculo que comenzaron las uniones sexuales entre sí, sin más factores externos. A medida que pasaron los años, los genes fueron mutando y, como formaban un círculo cerrado, su codificación genética tomó un tinte particular; al paso de los siglos, muchos matrimonios tenían entre sí una información muy parecida, y al mismo tiempo muy distinta a sus precursores. Cambios en la melanina y en la instrucción de la formación muscular y ósea a lo largo de las generaciones, crearon la raza asiática que conocemos hoy, con rasgos muy marcados por su largo tiempo sin intercambiar genes con nadie más.

Normalmente no se evidencian las mutaciones que llevamos, a menos que heredemos el mismo error de los progenitores; las primeras generaciones de padres eran casi perfectas genéticamente, pues aun no había ocurrido suficiente tiempo para mutaciones importantes, de ahí que los hijos e hijas de Adán se casaran entre ellos para poder cumplir con la orden del Creador:

“Creced y multiplicaos”

 En aquellos tiempos sus genes tenían toda la información necesaria y no había peligro de que una misma mutación familiar se reflejara en el nuevo embrión humano. Pero para el diluvio, que según los estudiosos judíos ocurrió cerca de 1500 años después de la creación, ya estas se empezaban a manifestar. De ahí la prohibición en un momento posterior, cuando Dios le da las leyes a Moisés en el Deuteronomio, evitando más matrimonios cosanguíneos, para protegerles de deformaciones, anormalidades y todo lo inherente a las pérdidas de información genética.

De modo que los descendientes de Noé radicados en esa área de Asia ya empezaban a manifestar los problemas genéticos. Dicho de otra forma, si el factor codificado encargado de la distribución de melanina, por ejemplo, comenzó a degenerar en información; esto provocaría un cambio en la piel de los nacidos en China después de varias generaciones y, al no unirse con pakistaníes, rusos, árabes, etc. ese gen mutante continuó predominando en la población hasta el día de hoy. Si una china sale de ese círculo cerrado y se casa, digamos, con un keniano, la información genética de este prevalece, con respecto a ese gen mutante en concreto, y algunos rasgos del hijo, incluyendo el color de la piel, variarán.

Con respecto a los ojos no ocurre igual; no tengo la respuesta, pero conozco parientes de asiáticos, hasta la 8ª generación, que continúan manteniendo los ojos ‘chinos’. Parece que con respecto a ese gen ya no hay nada que hacer; él siempre predominará sobre otros, sea de la raza que sea. Por tal razón vemos rasgos chinescos en la mirada de algunos europeos, indios, árabes, rusos… de cualquier parte del mundo que hayan intercambiado información genética con ellos.

La ‘mutación genética‘ es válida para la formación de todas las razas; lo mismo ocurre con los múltiples tipos de perros que existen, los famosos ‘pinzones‘ de Darwin; con todo. Pero eso no es ‘Evolución‘, no se han creado ‘nuevos‘ genes, sino que hay  pérdida de información  genética.

El ADN sujeta su información en la secuencia de cuatro componentes químicos conocidos como nucleótidos: C, G, A, T. Grupos de tres de estos a la vez son «leídos» por un mecanismo de traducción complejo en la célula para determinar la secuencia de 20 tipos diferentes de aminoácidos que deben ser incorporados a las proteínas. El ADN humano tiene millones de nucleótidos en secuencia; es fácil imaginar que una pérdida de información puede provocar cualquier cosa, según donde se manifieste: un ojo verde y otro marrón, una pierna más corta que otra, nariz más larga, senos más pequeños, dedos más cortos, etc.

Lo mismo ocurrió con los africanos. Algunos citan que el nieto de Noé, según el original judío, era ‘kushi‘, que en hebreo significaría de piel negra, es decir, que ya había existido mutación en la orden genética que indicaba la cantidad de melanina apropiada. Pero no hay que ir tan lejos en el tiempo para corroborar esta situación. En Londres vive la familia Unoarumhi: ambos padres africanos, con la piel, ojos y  pelo oscuro, ¡mientras sus tres niños tienen piel blanca, pelo rubio y ojos color verde-avellana! Cada uno de los niños ha heredado de cada progenitor un gen para un tipo de albinismo. Cuando dos de tales genes se combinan en la descendencia, el resultado es una producción muy baja de Melanina. Esta se halla en la piel, los ojos y el pelo de todas las razas en diversas cantidades, conduciendo a expresiones diferentes del mismo color básico. Es decir, una variación genética puede ordenar más o menos melanina para el embrión que se esté formando.

José Martí dijo: ‘Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro…’; quizás estaba parafraseando las palabras de Hechos 17:26:

“…de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”

Cuando el Señor venga a pedir cuentas a todos los hombres no mirará la melanina, de su piel, sino lo que su vida les ha grabado en el corazón de cada uno. De ahí saldrán las rentas individuales: A cobrar, o a pagar; cada quien enfrentará ese momento ineludible.

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ADÁN y EVA: ¿CON O SIN OMBLIGO?

enero 20, 2008

Enero 20/2008

EL OMBLIGO DE ADÁN.

Mira tu cuerpo: La huella de tu madre está ahí, en el centro, en tu ombligo.

Esta es una pregunta en la que se han sumergido hasta la saciedad, teólogos, eruditos, curiosos… personas de toda raíz y nivel social se la han formulado desde hace siglos, de modo que, intentando ser original, le daré un enfoque bíblico-científico al asunto.

Pero, antes de continuar ‘razonando’, situémonos en las funciones del ombligo:

La mujer embarazada enfrenta crecientes exigencias para alimentar al bebé que fragua en su vientre. Debe aumentar la ingestión de proteínas, vitaminas, minerales, hidratos de carbono y grasas, debido a que el sano desarrollo del feto depende de su dieta alimenticia.

El ser en formación se alimenta y recibe oxigeno de la placenta que se encuentra unida a la pared del útero; la conexión es a través del cordón umbilical. La placenta es un órgano muy complejo que libera hormonas y enzimas, y en su área de vellosidades se realizan las funciones metabólicas endocrinas, dependiendo casi por completo de la sangre materna.

Hay una interacción funcional: la placenta transporta el alimento y oxígeno del sistema circulatorio de la madre hacia el feto y este envía productos de eliminación hacia la placenta. Una vez que el sistema circulatorio del feto esté listo, la circulación sanguínea de una y otro serán independientes. Pero la sangre proveniente de las arterias que circundan las vellosidades de la placenta materna contiene alimentos que pasan desde las paredes de las vellosidades, a través del cordón umbilical, hacia la criatura que se gesta.

La función del cordón umbilical es intercambiar sangre mediante dos arterias enlazadas en espiral en torno a una única vena; estos tres componentes están unidos por un extremo al ombligo del feto, y por el otro, a la placenta. El oxígeno y los nutrientes pasan al feto utilizando las dos arterias del cordón umbilical; el feto elimina el dióxido de carbono y los desechos a través de la vena del cordón umbilical, llevándola hacia las vellosidades de la placenta y de allí a la circulación de la madre. Al nacer, es preciso romper ese cordón para separar madre e hijo, y anudarlo definitivamente. Ese nudo será el futuro ombligo.

Según el Génesis, Adán, el primer ser humano viviente fue creado por Dios; quien luego hizo a Eva. Así que no nacieron de madre alguna y sus ombligos no tenían razón de ser; por tanto, yo, que no estuve ahí, supongo que NO tenían ombligo, porque ¿para qué?

Esta idea ha aterrado a muchos teólogos, pues es una crítica abierta a la perfección de la Creación: ‘Si Dios es perfecto, tuvo que crear seres perfectos’. Puede parecer una cuestión baladí, pero lo que estaba en juego era nada menos que la idea de perfección de Dios. Sería una enorme falla que Dios hubiera creado a todos los seres humanos con ombligo, salvo a uno que, para colmo, fue nada menos que el primero de todos.

Pero por otra parte, si Adán hubiera tenido ombligo, entonces Dios hubiera creado algo superfluo, porque el ombligo de Adán hubiera carecido de toda función, ¿y cómo puede haber creado Dios algo sin ninguna función…?

Sin embargo, creo que ante esta alarma de teólogos y estudiosos bíblicos de todos los tiempos, el Señor decidió revelarme que no existe contradicción: El Bereshit 1:26, del original Talmud judío (que más tarde, en la traducción griega sería Génesis 1:26.), explica:

‘Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra Imagen, y a Nuestra Semejanza.’

‘Nuestra’, implica a Dios y alguien más; ¿Quién es, o son? Dios alecciona en Mc 12:25:

‘Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.’

Más claro ni el agua. El ‘nosotros’ incluye a los ángeles, que no se casan ni paren, así que no tienen ombligo; creo que Dios tampoco. Si Adán fue hecho a su imagen y semejanza, ¡deduzcan!

Más tarde, cuando la preñez de Eva, todo cambió: Caín fue el primer feto, Abel el segundo. La tradición judía plantea que fueron gemelos, pues según su Torá, en Bereshit 4:1 dice:

‘El hombre conoció a su mujer Javá (Eva) y ella concibió y dio a luz a Caín, diciendo: «He adquirido un hombre con El Eterno». Y también dio a luz a su hermano Hevel (Abel).’

A muchas personas se les hace difícil aceptar este relato de la Creación, pues lo ven como un mito religioso. Pero, es mucho más difícil creer que descendamos de un organismo unicelular, según anuncian los evolucionistas; es lo mismo que decir que el hombre fue ‘haciéndose’ él solito a sí mismo, con complejísimas mixturas ‘casuísticas’, sin un Creador. Aún pensando que podrían tener razón: ¿Quién ‘codificó’ entonces, el ADN actual?

Grandes científicos contradicen esta loca aventura evolucionista; hasta Isaac Newton dijo:

“No hay ciencia mejor atestiguada que la religión de la Biblia.”

En su publicación “The Races of Mankind”, la profesora Ruth Benedict y el Dr. Gene Weltfish manifiestan:

“El relato bíblico de Adán y Eva, padre y madre de toda la raza humana, contó hace siglos la misma verdad que la ciencia ha mostrado hoy día:

‘Todos los pueblos de la Tierra son una sola familia y tienen un origen común.’

Jesucristo, mayor en sabiduría que cualquier investigador científico, dijo, en Mt 19:4-5:

‘¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?

De modo que, lo importante no es que Eva hubiera tenido o no ombligo, sino que, desde la fe en la Palabra del Señor, podemos asegurar que las algas, algas son. Los anfibios: bien gracias; las ballenas existen según las variaciaciones genéticas con respecto a las primeras creadas por Dios, y todo ente biológico, de acuerdo a las mutaciones sufridas, pero sin variar de especie, también se encuentran de lo mejor, ratificando la creatividad del Eterno.

Adán y Eva fueron los primeros humanos; nosotros somos sus descendientes. Todo lo demás es hipótesis que la propia Ciencia pondrá en su sitio; por lo pronto, los seguidores de la teoría de la evolución llevan dos siglos intentando convertir la célula básica de la bacteria en un organismo eucariota, pero aun no lo han logrado.

Que sigan intentándolo; los cristianos sabemos perfectamente quienes fueron nuestros predecesores y cómo se comportaron.

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