DARWIN: AUTOPISTA AL INFIERNO.

agosto 13, 2009

La última muestra de la feria Arco, ante el revuelo que hace poco provocó en el Islam la publicación de una revista con viñetas satirizando a Mahoma, y temiendo la potencial reacción violenta de algún comando integrista, dio otro toque de humor negro [yo diría ‘rojo’], eligiendo insultar a los serenos cristianos. Irreverentemente, se presentó a Cristo con un misil en la mano. El hijo de Dios hecho hombre, a quien la historia solo le imputa milagros de curación, instrucción pacifista y actos de amor, fue exhibido como icono del belicismo. ¡Hasta dónde llega la influencia satánica sobre la humanidad!

Intentaron la gracia, vejando al mártir histórico más dócil. El único líder espiritual que hizo que cojos andaran, ciegos vieran y muertos resucitaran, antes de ofrendar su sangre en la cruz como purga del pecado humano, y reconciliación del mundo con su Creador.

En la materialista y poco espiritual Europa, no hay límites de libertad de expresión. Toda provocación morbosa vende; y eso auto faculta para la ofensa. Y es que, bajo el talante chistoso y abierto, en realidad este continente aviva su retorno al integrismo total, en lo cultural, religioso, político, económico… y por supuesto, y con mucha saña, incluso en la seudo ciencia, con ejemplos de expresiones como esta:

“Y no es que los métodos y las instituciones de ciencia nos obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino, por el contrario, que nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a las causas materialistas para crear un aparato de investigación y una serie de conceptos que produzcan explicaciones materialistas sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.”

La frase: del evolucionista Richard Lewontin, en ‘‘Billions and billions of demons’; un cabal modelo de integrismo puro y duro. La seudo ciencia apelada por la filosofía enemiga de Dios, no es más que un medio para lograr un fin: que el mundo olvide a su Creador. La sensatez les tiene sin cuidado; la única meta es la corona del ateísmo, y el destierro de Dios del alma humana. Fiel a tal obcecación, se niega sin razonar, a priori, lo que instruye un Creacionismo Bíblico cada vez más fuerte; posiblemente porque ante la verdad científica, el ilusionismo darwinista se queda sin recursos.

Hace poco, el Consejo de Educación de Kansas aprobó medidas que abren su escuela pública a la Verdad del Diseño Inteligente, según instruye el Génesis. En reacción a esto, evolucionistas de todo el mundo se tiraron de los pelos. No obstante, ¿es anticientífica la teoría del Diseño Inteligente? Todo lo contrario; lo que ocurre es que el neodarwinismo se ha reorganizado con tintes integristas: se auto proclama dueño del conocimiento, y fiel a lo que propugna Lewontin, su hacha está lista para cortar el pie de todo aquel que divulgue la imposibilidad del ‘auto-evolucionismo’ biológico.

El sostén del Diseño Inteligente es tan sólido, que cada día anula más los recursos de réplica de sus detractores. Un ejemplo es la imposibilidad de explicar el origen de la vida desde componentes químicos; ratificada por el mismo Stephen Hawking, al afirmar que la traba principal sigue siendo explicar la aparición de seres cognoscitivos, tras catorce mil millones de años de evolución, desde la espacial sopa flotante guisada en el Big Bang.

Pero volvamos a la feria; el donostiarra Luis Rico, director de Medialab, junto al Centro de Biotecnología del CSIC, mostraron el proyecto Gnom [sopa sin ‘cocinero’], en un rincón apartado. Y el personaje principal del acto fue una bacteria: la Escherichia Coli.

Como siempre, ante la ausencia de evidencias, la suposición reina sobre enigmas, la especulación impone su bata blanca y su título académico; mas lo que se pretende mostrar como elemental forma de vida, y primer paso para la generación de los animales superiores, en realidad se convierte en un boomerang de complicaciones que, como siempre que se razona, deja a los defensores evolucionistas en una difícil posición, sumamente débil en respuestas.

La presentada como supuesta autora de la vía ascendente hacia animales aparentemente más sofisticados, se eligió por ser unicelular [procariota]. El trazado evolutivo dice que los organismos unicelulares fueron ganando en complejidad y que adquirieron por sí mismos los orgánulos forzosos, para ‘trasmutar’ en las células eucariotas que forman al más de un millón de especies de animales y plantas que integran el resto de la vida.

Sin embargo, ‘Coli’ no es tan simple como se pretende hacer ver. En general, el microbio puede dar lecciones magistrales de eficacia, vitalidad y adaptación. Ningún otro animal, que debiera ser más complejo según el árbol evolutivo tradicional, logra hacer frente a los ataques químicos que enfrenta, soporta, y vence la bacteria. Extrapolando la escala, ni siquiera la raza humana, supuestamente más completa por su ubicación filogenética, sería capaz de resistir lo que esta diminuta célula independiente.

O sea, la microscópica bacteria no constituye evidencia de ‘paso’ hacia complejidad, sino que ya es compleja en sí misma. Responde a un diseño inteligente, aunque se pretenda no reconocerlo por todos los medios, pues cuenta con un programa ADN, y la regulación de precisos sistemas digestivo, reproductor, defensivo, etc. Ante cualquier ataque reacciona creando nuevas cepas, que nacen resistentes a tal agresión; posee, al igual que animales superiores, un sofisticado sistema auto inmune… inscrito en una simple célula. ¡Su defensa está programada en su ADN! Desde su genoma salen las órdenes para elaborar cualquier proteína protectora. Debido a su capacidad de reacción neutralizante, ante casi todo tipo de ataque químico, es irrefutable que opera con procesos cognitivamente organizados en su instrucción genética. ¿Quién diseñó e inscribió tan magna instrucción?

Cada vez que la Ciencia honesta logra penetrar en lo que poco antes era insondable, se topa con el hecho real de que cada investigación es congruente con la Palabra de Dios… y contradice a Darwin. No hay ni un enunciado evolutivo, que se corresponda con el testimonio bíblico de la Creación; el darwinismo es antitético respecto a la instrucción de Jesús; es todo lo contrario a la Palabra de Cristo.

¿Por qué el Vaticano da coces contra el aguijón y apoya versión distinta? Lía a más de mil millones de fieles, y abraza antojos ateos, negando el saber de Jesús, que nos enseñó sobre las pruebas de fe. Al ser tentado por satanás en el desierto, dio ejemplo de cómo había que afrontarlas: ¡Confiando en la Palabra de Dios! Tres veces fue probado y, pese a ser quien era, en las tres respondió con lo escrito en el Pentateuco judío. [Mat 4:4-10]

No hay más vueltas que darle: si el Señor, Escrituras bajo el brazo, formó a sus apóstoles refiriendo el principio de la Creación, Adán, Noé y el diluvio, Sodoma y Gomorra, etc., acreditó para siempre la verdad del manuscrito, y con ello, la de su primer libro: el Bereshit. [Génesis griego]. ¿Acaso la sangre de Cristo, con la que acuñó Su Verdad en la cruz fue una media sangre? ¿Fue un cuño a medias? ¡Nadie está autorizado para amoldar Su Verdad a pensamiento humano! Recordar 2ª Corintios 1:19:

Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en Él”.

Nadie que anteponga criterio humano a la Palabra de Dios, puede proclamar luego ser adalid cristiano. No se puede estar al mismo tiempo con Cristo y contra Él. Hemos sido advertidos, y vivimos el momento histórico de la profecía; pero ante la real posibilidad de defender lo que el Señor enunció en su momento, la vanidad opta por lo inverso: ‘Cristo mintió, y el ateísmo lleva razón’. ¡Tal mensaje es anatema! Apoya una falacia y defiende que Dios no nos creó, que los monos fueron mutando por arte de birli-birloque, y que salimos de debajo de la manga del azar. ¡Qué vergüenza!

Y lo peor es que no hay ninguna posibilidad real de tal hecho, porque La Ciencia [con mayúsculas], fija que las casi 200 especies distintas de primates ni se aparean entre sí, ni generan otros individuos que no sean los de su mismo tipo. El ‘homínido’ del año de la corneta de piedra, del que pretenden derivarnos, es un fraude sin fundamento científico. ¡Jamás pudo aparecer, por mucho que intenten hacer creer lo contrario!

Pese a que está escrito que sucederían estas cosas, los principales encargados de defender la credibilidad de la Biblia, el sustento del evangelio de la Creación, y la Verdad de Jesús, llegado el tiempo más importante, le dicen al pueblo que Cristo engañó, y se alinean con los enemigos de Dios. ¿Estaba acaso Darwin con Jesús? ¿Apoyó alguna frase cristiana? ¡NO! ¡Darwin fue la marioneta del antiCristo! Jesús la vio venir; y nos alertó, casi dos mil años antes que el payaso exhibiera sus malabarismos de ‘reajuste constante’:

Quien no está conmigo, está contra mí; y quien conmigo no recoge, desparrama” [Mat 12:30; Luc 11:23]

Lo cierto es que ningún científico ha podido presentar jamás, una evidencia que refute al Génesis bíblico. Su original Bereshit judío muestra aun una colosal salud verídica, pese a tener unos cuantos milenios a sus espaldas; de hecho, constituyó el libro de consulta de la mayoría de los científicos de vanguardia que sentaron las bases de todas las Ciencias. Sin embargo, cada vez más, en este tiempo materialista enfrentamos a un integrismo filosófico que, sin presentar evidencias ciertas, se ha colgado la bata de sabiduría, ha logrado atravesar el umbral de la Ciencia, y dispone un nido para satanás, en donde siempre existió la armonía de Dios con el conocimiento humano.

No todos los libros que se venden como científicos exponen Ciencia. En realidad, muchos son de ateísmo filosófico, encubiertos con títulos académicos, mas con ausencia total de evidencias en el caso de la biología evolutiva, tergiversación de las pruebas en el de la paleontología, y mala praxis en geología/paleontología.

La palabra ‘megalomanía’, derivada de las griegas ‘mégalos’ [grande] y ‘manía’ [locura], define perfectamente al darwinismo. El evolucionismo megalómano no apostó jamás por la instrucción científica, sino por una trinchera filosófica desde donde lanzar un ataque continuado, conociendo la debilidad primaria del humano: la necesidad de la no existencia de un Cristo que vendría a por sus fieles, y que luego pediría al resto las cuentas por sus actos. El eterno enemigo de Dios, conocedor de las batallas interiores del alma humana, concibió este ardid y lo lanzó a la palestra de la única especie capaz de razonar y de tener conciencia del ‘yo’; la única con espíritu… y le dio resultado.

No es una guerra de conocimiento vs atraso, sino una ofensiva espiritual, cuyo objetivo desde el inicio fue entronizar al constantemente anunciado antiCristo, e intentar desintegrar la verdad científica de la Creación de Dios. Las sutiles e invisibles fuerzas de satán, desde lo más bajo de la cuarta dimensión espiritual, tienen el suficiente poder sobre hombres y mujeres, para llevarles a donde quieren. Mediante la individual tendencia a los distintos tipos de pecado, utiliza los canales interiores del ser humano para lograr su objetivo: la renuncia al derecho que da a todos el propio Jesucristo, a la vida plena y eterna bajo su reinado, en el Sión definitivo. Pero el Plan de Dios se hará, no importa los intentos enemigos por evitarlo.

La Creación basada en un Diseño Inteligente, exhibe su cuño más demoledor en el ADN,  la Instrucción para crear, desarrollar, mantener, y reproducir todo tipo de vida. Quien piense que esos miles de millones de datos que aparecen en cada ser humano, hayan podido ser diseñados, programados, secuenciados, organizados, y codificados por el azar, no hace uso del raciocinio otorgado a todos. No mira lo ‘que es’, sino, lo que ‘quiere que sea’, es lo que mira. Pero, según está escrito, lo ‘que es’ será, aunque muchos no lo deseen; son palabras de Jesús, legadas para que las tengamos presente:

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”. [Mat 24:35, Mar 13:31, Luc 21:33]

No son palabras de Darwin, sino de Cristo; ¡Ojalá las ovejas dejaran de creerse cabras! Ojalá, antes de agotar su tiempo, aprendieran a ser fieles al Pastor Universal, cerrando los ojos a los tentadores falsos prados… los envenenados pastos del diablo.

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ABEJITA MAYA, HEIDI… y DATACIONES GEOLÓGICAS V.

marzo 24, 2009

Marzo 24/2009

Continuando con una serie de presentaciones de evidencias que confirman los errores de la datación geológica [muchos más que los que pueden imaginar], hoy les presento otro que ni es menos importante que los anteriores ni tampoco que el resto que iré subiendo a este blog, poco a poco.

El caso de hoy lo ocupan unos pequeños objetos metálicos y esféricos expuestos en el Museo de Klerksdorp, Sudáfrica, que han puesto a pensar a científicos internacionales de todos los niveles.

Se trata de unas pequeñas esferas metálicas que fueron halladas a una considerable profundidad bajo tierra, en diferentes minas africanas, desde algunas décadas atrás, algunas luciendo tres ranuras paralelas alrededor de su ecuador. Estas excentricidades fueron descubiertas en una mina de plata de Gestoptesfontein, cercana a la ciudad de Ottosdal, África del Sur.

Mini Esferas Africanas

Sin embargo, cuando comenzó a circular la noticia, saltaron comentarios sobre evidencias mineras que citaban que desde mucho tiempo atrás, y en minas distintas, resultaba usual que los obreros de las profundidades topasen objetos de este tipo, aunque no de forma masiva, sino aislada.

Pese a que las hay de distintos tamaños, ninguna excede los 8 cms, y tienen una característica que las diferencia y que introducen más interrogantes, pues con independencia de su tamaño, pueden dividirse en dos tipos: sólidas y huecas. Las primeras con un metal azulado con algunas pintas blancas; las huecas, en cambio, están repletas de un material esponjoso y blanco que se esfuma al cortarlas y quedar en contacto con el aire.

Pero quizás lo más importante es que su exterior este integrado por una aleación de acero y níquel de gran dureza; así como que presenten unas finas rayas o surcos, que las rodean y dividen en dos hemisferios idénticos.

Esfera sin Respuestas.

Esto pudiera establecer una pauta lógica de datación, puesto que aunque no se sabe con exactitud la fecha en que se descubrió la técnica de fundir mineral de hierro, los primeros artilugios de este metal, desenterrados por arqueólogos en Egipto, si pueden ubicarlos, al menos ya en esa etapa. En realidad, los primeros en producir objetos de hierro, según indicios producto de investigaciones históricas, fueron los ‘hititas’, pueblo ubicado, a mediados del siglo XIV A.C, en la actual Turquía.

Precisamente, su poder se fundaba en tal adelanto, que les proveía de armamento muy superior, así como mejoras navales que acrecentaron su potencial marinero. El tramiento térmico que endurecería aun más las armas de hierro, no llegó hasta el 1.000 a.C., cuando los griegos dominaron esta técnica, más compleja.

Aun así, el límite que fija la posibilidad de aparición de estas esferas, lo establece en realidad la presencia del níquel, pues no hay datos que refieran la aparición de la aleación de este metal y hierro, hasta el siglo XIX. Fue en aquel período que se supo que el hierro, aleado con metales como cobre y níquel, mejoraba su resistencia a la corrosión por oxidación. La historia de la siderurgia dicta que en 1865 ya se hacían aceros con 25 y 35% de níquel.

Luego, estamos ante una frontera creíble desde el conocimiento tecnológico histórico, en que estas esferas pudieron ser elaboradas. Sin embargo, la situación se complicó cuando, durante pruebas de laboratorio a las que fueron sometidas, se precisó que estas extrañas esferas metálicas estaban perfectamente equilibradas; hasta tal punto que excedían el límite de exigencia establecido por la ingeniería NASA, aplicada al diseño de los giroscopios usados en los sistemas de dirección de sus naves espaciales.

Se constató que el nivel de balanceo de algunas de estas esferas alcanzó ¡cien milésimas de pulgada! Y partiendo del criterio de que ese es un logro que hoy solo se alcanza en laboratorios muy especializados, y bajo condiciones de gravedad cero, algunos se ‘estiraron’ para opinar que su procedencia era, o ‘extraterrestre‘ [de nuevo otro cuentito], o de culturas anteriores, que habían adquirido una abismal capacidad tecnológica.

La NASA se interesó por estos objetos y los sometió a estudios en sus laboratorios. Los halló perfectamente balanceados, algo solo posible desde una inteligencia; excluyeron con rotundidad cualquier planteamiento anterior que les señalara como ‘naturales‘. Y yo, por supuesto, no iré contra la opinión de la NASA, pues coincide con la mía: una inteligencia procedente de culturas anteriores, tan anteriores como, por ejemplo… ¿quizás el siglo XV? ¿Acaso hay que viajar más lejos en el tiempo? ¿Hay que subirse a una nave espacial estilo ‘Futurama‘?

¿Por qué no pensar en el nivel de precisión tecnologica que exige la maquinaria de un reloj? ¿No se fabricaron relojes cuyas piezas interiores estaban montadas en áncoras metálicas pequeñísimas, con una oscilación exacta y micrométrica?
Un ejemplo lo vemos en el reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga, del año 1486. Incluso en su inferior hay una ‘esfera‘ calendario. También Italia da su testimonio, con el reloj instalado en la torre del campanario de San Eustorgio, Milán, fechado en el 1309.

Hasta España ha puesto su granito de arena testigo. En un inventario de la Catedral de Toledo, hecho a mediados del 1250, se cita un ‘orologio desbaratado‘; o sea, que había dejado de funcionar… acreditando que estuvo dando su hora allí, ya antes de esa fecha. El tratado de Alfonso X ‘El Sabio’, describiendo la presencia de relojes mecánicos en el 1267, en los ‘Libros del Saber de Astronomía’, también dan fe de ello.

Los sistemas ‘balancines’, ajustándonos más a la perfección citada por NASA, en cuanto a la propiedad de las esferas exóticas, fueron incorporados en relojes portátiles, desde el 1675, mediante una innovación introducida por Huygens. Así que no dudemos de la capacidad de crear objetos precisos que tenían nuestros ancestros, pues en este mismo año, un señor apellidado ‘Newton’, ya revolucionaba la mecánica.

Y ahora, aclarada la posibilidad real de que, desde nuestros bisabuelos hacia acá, hubo capacidad tecnológica de crear estos artilugios, enfrentemos una situación que sí resulta imposible de explicar desde la razón, la lógica y el conocimiento humano. Según Roelf Marx, director del Museo de Klerksdorp, donde se exhiben esferas de este tipo, el estrato de roca donde fueron localizadas corresponde al Precámbrico, la etapa más larga de la Historia de la Tierra… según ‘desinforman‘ los actuales sistemas de datación.

Es decir, desde el Museo se dice al mundo entero, que los depósitos en los cuales se produjo el hallazgo se formaron por sedimentación hace unos 2.800 millones de años; una etapa dónde se calcula no existían aun ni las cianobacterias. ¿Cómo es posible siquiera intentar explicar la presencia de estos objetos ‘manufacturados’, en estratos precámbicos? ¿Quién estaba en disposición, hace miles de millones de años, de la tecnología necesaria para poder fabricar tales piezas enigmáticas?

Una vez más, como otras veces, vemos que los sistemas de datación, cada vez que existe la posibilidad de contrastarlos con una realidad palpable, resultan erróneos hasta la mayor exageración capaz de ser concebida.

Si los involucrados en la geología y la teoría evolutiva resultaran más racionales, actuando como se actúa desde la sensatez, reaccionarían y acabarían reconociendo que las técnicas empleadas para apoyar hipótesis de mundo eónico, no arrojan ni un ápice de credibilidad. Si de verdad la honestidad brillara en sus corazones, cada vez que se vieran ante estas situaciones [que no son aisladas ni mucho menos, sino que son cientos de evidencias], saltaría la señal de alarma gobernada en el mecanismo de la inteligencia, y levantarían la señal de STOP.

Pero no se hace; simplemente se arrojan las evidencias ‘íncomodas‘ a un museo, y se siguen cometiendo los mismos errores, sin mostrar una pizca de deseos de rectificación. Por favor, reaccionen ante la presencia del Hijo de Dios; mediten en su corazón durante un instante, y cuestiónense al menos: ‘¿Y sí estamos equivocados?

Solo pregúntenselo; les aseguro que el Señor verá eso como un primer síntoma de sinceridad en el corazón, el sitio donde nacen las intenciones… quizás esa simple curiosidad, sea el primer paso para convertir su negación en arrepentimiento, y la muerte, en inmortalidad.

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ABSURDAS CONSIDERACIONES SOBRE EVOLUCIÓN DEL ADN

diciembre 14, 2008


En el artículo anterior, los relojes circadianos presentes en bacterias fueron presentados aquí como evidencia de maquinaria compleja, manifestándose completa en una especie datada en miles de millones de años por la biología evolutiva. No hay ni un solo motivo para dudar que esos cronómetros biológicos aparecieran en la primera cianobacteria, tal cual lo hacen hoy.


¿Por qué? Porque hay tres proteínas implicadas en su maquinaria, actuando como reguladores mecánicos entre sí, y la ausencia de cualquiera de ellas impide mantener la oscilación que sistematiza la actividad fisiológica para la que fueron diseñadas.


Una réplica evolutiva fue presentada [en inglés], como debate del artículo inicial sobre estos relojes. Dada la importancia del tema, busqué la información original, en ‘Circadian Rhythms of Superhelical Status of DNA in Cyanobacteria’, según aparece en el enlace:


http://www.pnas.org/content/104/47/18819.full


Todo el artículo se fundamenta en presentar la ‘evolución’ de cada proteína involucrada. Se les organiza y vincula en un árbol filogenético, con las familias clhoroflexi, protobacterias, y archaeas; señalando a esta última como posible origen del gen codificador de la proteína más ‘veterana’, la KIAC: una labor, en la dirección de ‘evolución’ de los genes implicados. Tan largo y cansino, como pródigo en definición de todo tipo… menos del que afecta:


¿Cómo pudo funcionar el reloj circadiano con una sola proteína, las otras dos esperando su aparición ‘evolutiva’, si son imprescindibles las tres? ¿Cómo hablar de la regulación de cada función fisiológica de la bacteria con una sola proteína, si la práctica de laboratorio dice que son necesarias 3, formando la maquinaria del cronómetro? Esa imposibilidad es la que tienen que explicar, no contar la historia del huevo y la gallina, insinuando que, porque a ellos les viene bien, las primeras cianobacterias pudieron vivir sin necesidad de regular sus funciones biológicas. ¿En qué fundamentos científicos se basan para explicar que un reloj biológico pueda resultar necesario, solo cuando a ellos les convenga?


Como siempre hacen, distorsionan la verdad que aparece bajo los microscopios; niegan la evidencia, y se crean una fábula para explicar un funcionamiento sin reloj biológico que nadie puede acreditar. Algo que la propia experiencia en laboratorios niega, pues cuando una de las tres proteínas falla, el sistema no oscila, no hay control metabólico, y la bacteria muere.


Los biólogos partieron de un estudio que revelaba que las cianobacterias regulaban la fotosíntesis de día y fijaban nitrógeno en las plantas de noche. Sobre esta base, hallaron la secuencia de tres genes ‘kai’: a, b, c, que codifican las tres proteínas funcionales del reloj biológico: KaiA, KaiB, y KaiC, la mayor. Sin estas tres, no hay cronómetro; cada una es pieza indispensable en el sistema, y si se quiere explicar un proceso evolutivo en el reloj circadiano, habría que explicar antes, cómo pudo ser funcional con una sola proteína.


Es decir, no importa lo que pretendan insinuar; las proteínas están ahí, de modo que habría que explicar qué función realizaría una sola de ellas, y también, qué función, cuando fueran dos. Los ritmos circadianos o biológicos no son más que procesos fisiológicos que ocurren de forma oscilante, a intervalos regulares de tiempo, en animales, plantas, y todo organismo con alguna variación rítmica (metabolismo, producción de calor, floración, etc.), que suele estar asociada con un cambio ambiental. En general, no solo los procariotas y hongos, sino todo eucariota, han documentado diferentes ritmos, con períodos que van desde fracciones de segundo hasta años.


Las cadencias biológicas de todas las especies conocidas se regulan de forma similar, con estructuras cuya complejidad varía según quien se trate. Y el reloj circadiano más simple del que se tiene conocimiento es el de las cianobacterias.


Para regular sus ciclos metabólicos, los genes kaia, kaib y kaic, codifican para las proteínas KAIA, KAIB, Y KAIC. Con ellas establece un sistema oscilador que hace que, para funcionar como una unidad de regeneración-regulación, el gen kaiA transcribe en ARNm, la secuencia con la información genética para elaborar la proteína KAIA. Los genes kaib y kaic, transcriben de la misma forma, en los correspondientes ARNm las instrucciones contenidas en el programa genético, para ejecutar la misma operatoria con respecto al resto de las otras dos proteínas promotoras: KAIB y KAIC.


La transcripción-traducción-oscilación, es la fuente de ritmicidad circadiana, y el sistema compuesto por las tres proteínas KAI, funcionando en equipo, constituyen el marcapasos de las cianobacterias. Las proteínas no son pájaros volando por millones, cayendo exactamente las precisas, en el momento conveniente, cambiando el estado de las cosas, sino que se ‘fabrican’ en la célula, según lo que establece una instrucción inscrita y codificada antes en su genoma. Si hay algo que resulta evidente que exige control e inteligencia, es el diseño de cualquier reloj biológico, a partir de proteínas.


En eucariotas también hay sistemas de control del tiempo, regulando los metabolismos indispensables, como con un cronómetro. Pero su régimen es bastante más complejo. La célula eucariota posee además ciertos mecanismos de retroalimentación; señales que intervienen, controlando esta transcripción/traducción de ADN a ARN.


Y aunque los ciclos de eucariontes y procariontes comparten el diseño básico (señal de entrada – oscilador interno – señal de salida), los mecanismos respectivos no tienen ni una proteína en común con la cianobacteria, no comparten ninguna similitud. Por esta razón, los defensores evolutivos se ven obligados a postular diferentes orígenes para ambos, reconociendo que resulta imposible hablar de un solo reloj matriz, y por tanto, de una sola ‘evolución’ de relojes circadianos.


Los ritmos circadianos en eucariontes no solo controlan patrones de sueño y alimentación en animales, sino también la actividad de los procesos hormonales, regeneración celular, actividad cerebral, etc. Y en mamíferos se confina en el núcleo supraquiasmático (NSQ), un grupo de neuronas del hipotálamo medial; incluso se sabe que la destrucción de esta disposición lleva a la ausencia completa de ritmos circadianos.


No hace mucho, se creía que el núcleo supraquiasmático era el sitio único para el reloj biológico del cuerpo. La mayoría de los relojes biológicos funcionan con un ciclo de ‘casi’ 24 horas o circadiano, que gobierna funciones tales como el dormir y el despertar, el descanso y la actividad, el equilibrio de los fluidos, la temperatura del cuerpo, el rendimiento cardíaco, el consumo de oxígeno y la secreción de las glándulas endocrinas.


Y digo ‘casi’, porque se sabe que no es exactamente ese tiempo; lo que hace pensar a los investigadores que existe algún tipo de ‘interruptor’ proteico, que da la orden de resetear, poniendo a ‘0’ el sistema, e iniciando el ciclo oscilatorio de nuevo, desde el principio. Otra evidencia de complejidad imposible de obtener sin un agente externo precisando tal función.


No es el único reconocido; ya se han detectado interruptores biológicos en otros procesos metabólicos, codificados por genes que aparecen en el mal llamado ‘ADN ‘basura’, por la ignorancia y la prisa evolucionista.


Sin embargo, se ha concluido que otras células poseen también ritmos circadianos, sin depender de la regulación por el NSQ: las hepáticas, por ejemplo, responden a los ciclos alimentarios más que a la luz. Se llaman osciladores periféricos y están también en tejidos como esófago, pulmones, hígado, bazo, timo, células sanguíneas, epiteliales… Incluso el bulbo olfativo y la próstata experimentarían oscilaciones rítmicas en cultivos in vitro, lo que sugiere que también serían osciladores periféricos, aunque más débiles.


En el hombre se manifiestan distintos ritmos circadianos, anticipando una conducta. La temperatura corporal y el ritmo de hormonas plasmáticas como el ‘cortisol’ se modifican horas antes de despertar; nuestro sistema digestivo se pone en marcha tiempo antes de la hora habitual de la comida, y nuestro sistema cardiovascular se prepara de antemano para un cambio obvio cada noche, ante distinta postura: de vertical, a horizontal.


Sabiendo estas cosas, ¿cómo es posible relacionar ‘evolutivamente’ los variados relojes biológicos reconocidos por la Ciencia? Cada ente tiene un diseño; y cada diseño se regula según la información genética de cada especie, individualmente. De la misma forma, cada metabolismo, en una especie dada, tiene su propia regulación. Todo responde al programa controlador, diciendo en cada momento lo que hay qué hacer, y cómo hacerlo.


Desde la evidencia científica, no hay más opción que aceptar la presentación de las 3 proteínas al unísono, fundando juntas, el cronómetro circadiano que hoy se ve bajo potentes microscopios. Imposible entender la formación del reloj circadiano, fundamental en la ejecución bioquímica y mecánica de las tres proteínas Kai, si está ausente una cualquiera de las tres.


Por otra parte, no hay analogía entre estas proteínas y cualquier otra conocida en los relojes biológicos de otros organismos; y no tienen ninguna otra funcionalidad, excepto secuencias de aminoácidos contenidos en KaiC, observados también en ciertos procesos ATP-/GTP.


El trabajo conjunto de las tres proteínas en régimen de oscilación periódica, es lo único que puede explicar, desde la experiencia científica, la base de procesos fundamentales como la regulación de fijación de nitrógeno, la división de célula, y la fotosíntesis. Es el único mecanismo que tiene la célula de la cianobacteria, para la fosforilación.


No hay otra forma; no se puede decir: ‘evolución’, mientras se señala a la magia, con una proteína incapaz de cronometrar, estando demostrada la necesidad del cronómetro, esperando por las otras dos piezas del diseño, intentando hacer lo que en laboratorios se ha visto que no puede. Al menos, no en Ciencia.


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