VELOCIDAD DE LA LUZ Y ESTRELLAS EÓNICAS: LAZOS DE CRISTAL

septiembre 4, 2009

Estos días, meditando, he concluido que el mayor problema de los científicos cristianos a la hora de defender el Génesis validado por el propio Jesús, es que intentan desmontar argumentos antiCristo desde esa misma argumentación. Lógicamente, si los postulados del universo eónico se trazaron desde axiomas circulares, todo intento por ese camino equivale a buscar la cuadratura del círculo. Y eso, obviamente, es una misión imposible; de modo que la solución pasa por tomar otra vía: la que objete al precepto.

Se afirma en medios de la alta ciencia cristiana, incluso por doctorados, que el problema de la velocidad de la luz, imponiendo miles de millones de años para que la luz de las estrellas más lejanas llegaran a nuestros ojos, es el mayor obstáculo para defender la credibilidad de la Biblia. Sin embargo, el auténtico freno que atenaza la mente, es la falta de fe. Si el científico que se confiesa seguidor de Cristo, tuviera una fe centrada en el Señor, vería descorrerse su velo; la Verdad se mostraría dócil ante él.

Solo olvidando conceptos dirigidos en la dirección ‘no hay Dios’, y plegando rodillas ante Jesús, pidiendo discernimiento, verían que la solución está en estudiar contradicciones, pues Él no se contradice. Toda incongruencia atañerá a su enemigo; como Jesús no miente, se declara en fe que hay errores en los conceptos que tutelaron los miles de millones de años, y se razona para hallarlos. ¡Esa es la armadura de Dios para el fiel a Su Palabra! En la contradicción habita la fuerza que quiebra el disfraz de su enemigo.

Así, al margen de antipartículas, agujeros negros, tiempos negativos, etc., [cortinas de humo para velar la Verdad], bajo análisis saldrán contradicciones innegables; por ej: varias galaxias alejadísimas, visibles sin embargo al ojo humano… distinguibles con solo alzar la vista. Como el caso de  un artículo anterior, ‘α Cam‘, en la constelación de La Jirafa, a más de 65 mil billones [con ‘b’] de kms. de la Tierra, cuya imagen ‘viaja’ desde el cuerpo de donde procede, hasta el ojo humano, en fracción de segundo.

Una de las antiguas teorías de la visión insinúa que la luz es emitida por el ojo, en lugar de ser generada por una fuente, y reflejada en el ojo. Herón de Alejandría avanzó así el criterio de que la velocidad de la luz debería ser infinita, ya que con solo mirar, las estrellas más lejanas se ven al instante. Por su parte, Aristóteles creyó que «la luz está sujeta a la presencia de algo, más allá del movimiento». Y aunque estas reflexiones no son exactamente las que defiendo, hay en ellas algo de razón. No obstante doy mi palabra que me enteré de estas ideas más de un año después de haber adoptado mi posición.

En el debate del artículo de este blog, ‘De Años Luz A Milisegundos: La Paradoja De Dios’ se objetó que no vemos el presente, sino la miríada de fotones emitidos en el pasado. Pero al margen de retardos impuestos por la distancia, la contradicción vino justo de un opositor: un farol en la habitación vecina, y una rendija en la pared, dejando pasar parte de la luz a un cuarto oscuro.

Ese ejemplo solo confirma que no vemos en fotones. Si orientamos un espejo bajo la hendija, recibiendo una porción de luz, reflejará en la pared oscura un área iluminada por fotones de luz, pero jamás una imagen. Sin embargo, al enfocar el farol desde la rendija, con inclinación adecuada del espejo, entonces este reflejará la imagen del farol en la pared del cuarto oscuro, aunque sea muchas veces mayor que la hendidura.

En realidad, si un telescopio convencional enfoca algo visible, ofrece contornos, colores, brillos, sombras… desde el mismo punto ocupado por el astro. No vemos penta trillones de fotones ‘concentrando’ millones de imágenes, en 5 mms de cristalino, sino que hay millones de cuerpos lejanos, posibles de visualizar con solo mirarles, porque es una capacidad del ojo humano; un don del espíritu, extrapolado a seres del mundo físico.

Los quijotes de estrellas antiguas aun afrontan otro problema: pese a que hoy se añaden fotómetros a los telescopios para mejorar la imagen, unos años atrás no existían; y además, el elemento que contacta al cosmos no es el fotómetro, sino la lente y/o espejo. Siempre son ellos los que se aumentan, buscando mayor ‘acercamiento’ y definición panorámica de la imagen. Los fotómetros actúan en un paso interior, procesando la información reflejada en el espejo o lente [brillo, saturación, etc]. ¿Acaso eso puede entenderse como una forma de ‘acercar fotones’ del pasado?

Si lo que el telescopio ve son fotones trotones que vienen desde el pasado, ¿por qué se aumentan cada vez más los lentes y espejos para acercar la imagen? ¿Qué efecto puede tener eso sobre un haz de fotones a distancia incierta? ¿Los acercan más? ¿Cómo no pueden ver la incongruencia de lo que se plantea? El pasado no irradia imágenes, a no ser que se trate de una película, o fotogramas de alguna forma memorizados en los distintos medios que existen. Pero no hay nada de eso en el espacio; solo hay cuerpos capaces de mostrar su aspecto y el de su entorno, si algún lente le enfoca, in situ, allí donde se manifiestan.

No hay imagen si no hay cuerpo que la refleje; una imagen implica que el cuerpo que la irradia existe en ese instante; de lo contrario se habrían registrado también las radiaciones provenientes del Big-Bang. Si, saturados de optimismo son capaces de ver fotones procedentes de estrellas con supuestos miles de millones de años, igual se verían los que fueron emitidos poco antes, tan cercanos como un metacarpo al otro, durante la ‘gran explosión’.

Sin embargo, ¿qué telescopio los ha visto? ¿O es que se fijan límites al espacio-tiempo solo cuando conviene apuntalar postulados frágiles? Si teóricamente la fricción es ‘0’ en el vacío, y estamos ante un espacio infinito, los fotones de una explosión de tal magnitud deberían estar aun manifestándose… tal como lo hacen los emitidos desde astros a miles de billones de kms. de distancia,  desde un ‘supuesto‘ pasado ‘eónico’.

La ausencia de los registros del Big-Bang es una sólida evidencia de que los telescopios no ven el pasado. Toda explosión nuclear, [lo que se cree que sucedió en el Big-Bang], emite radiaciones gamma, que en el espectrómetro aparece como un flujo caótico de fotones; de modo que una, de la envergadura que teóricamente tuvo el inicio del cosmos, debería haber llenado el espacio interestelar de caos fotónico. Sin embargo, el espacio se manifiesta negro; todo registro de radiaciones gamma  aparece siempre perfectamente focalizado, vinculado normalmente a una constelación.

¿Por dónde anda esa miríada de fotones caóticos, cuasi contemporáneos con las estrellas ‘más antiguas‘? ¿No se han enterado que ellos también tienen que ‘llegar’? ¡Ah, espera! Es que antecedieron al planeta y a toda galaxia… Pero, un momento: el espacio es infinito, y los fotones salen en todas direcciones, sin fecha de caducidad, pues se ven los que salieron de estrellas, supuestamente miles de millones de años atrás; sin embargo, ningún telescopio los ha detectado jamás. Solo se registran radiaciones gamma, X, y ultravioleta, en torno a cuerpos específicos.

No existe un pasado interestelar de miles de millones de años; la Tierra es el primer astro creado por Dios, y solo tiene unos pocos miles de años. No vemos en fotones, sino en imágenes; y por supuesto, el pasado es imposible de ver si no es grabado de alguna forma. ¿En qué momento histórico se diluyó el razonamiento de ciertos humanos? Yo lo sé; solo lanzo la pregunta al aire.

Si una estrella irradia luz, su imagen no tardará miles de millones de años en llegar a la Tierra; el lente telescópico captará cómo se manifiesta ella y su entorno. Y si un astro opaco es irradiado con luz, pasa lo mismo. Solo hay que alzar la vista, y una fracción de segundo después, a velocidad casi infinita, su foto ya está en la pantalla de la mente.

El mejor ejemplo es la luz del día, de composición fotónica, cuya imagen es blanca o tiende al blanco. Sin embargo, si hacemos que uno de sus rayos atraviese un prisma, se diferenciarán los colores que crean  ese ‘blancor’, según frecuencia de onda: los fotones que colorean el arcoiris. Al ver claridad, no vemos fotones correspondientes a varios colores, sino la imagen que esos fotones integran, de color blanco. Una manzana roja no emite fotones; su tono se debe a la vibración de ellos si sobre el fruto incide la luz, y justo eso es lo que ocurre si un telescopio enfoca un astro y ‘capta’ su imagen.

Tal como nosotros [agua en un75%, con oligoelementos en un 65% oxígeno, 18% carbono, 10% hidrógeno, 3% nitrógeno…], cuando nos fotografiamos reflejamos una imagen integral, así mismo la estrella, de composición compleja, con independencia de emitir fotones de luz, refleja en un instante su imagen, en la lente del telescopio que la focaliza.

Aclarado esto, enfrentemos ahora el problema principal del cristiano: los telescopios con sistemas de rayos ‘x’, gamma, ultravioleta… detectan ondas del espectro invisible para el humano. La velocidad de la luz aquí sí es una dificultad, pues no es el ojo quien registra, sino sistemas de detección, y el concepto de que es la mayor posible en el espacio, haría que esas ondas tardaran miles de millones de años en llegar a los detectores del aparato. Pero si damos por definitivo el concepto, negamos las Sagradas Escrituras judías avaladas por Cristo, cuya cronología señala hacia un universo de unos pocos miles de años. Y negamos también lo escrito en una parte de ellas, el Bereshit 1:31:

Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el sexto día.”

De modo que, en coherencia con las líneas iniciales, el científico cristiano debería someter a los pies del Señor toda idea que niegue la Palabra que Él refrendó. Por Fe, consideraría errado todo lo que niegue las Escrituras que Él avaló con su sangre en la cruz, y pugnaría por probar que la velocidad asignada a la luz no es la más rápida viable; negaría lo dicho en el 1915, casi un siglo atrás en el tiempo, pues la Fe dice que deben revelarse velocidades muy superiores.

Y este es quizás el punto más importante, pues la Biblia, constantemente atacada por la seudociencia, tildada de fuente de incultura y oscurantismo, tiene aquí otra gran oportunidad de dejar a sus enemigos en evidencia [que no es la primera vez que lo hace ni mucho menos, pues la Palabra de Dios siempre termina apoyada por la Ciencia] Veamos: ¿Hay evidencia científica de velocidades superiores a la luz, apoyando el planteamiento bíblico? ¿Hay señales indicando que las tesis antiCristo, limitando la velocidad del fotón a 300000 Km/seg, se asientan en un mito? ¡Desde luego que sí!

Hay eventos en Física Cuántica que el propio Einstein llamó “espeluznantes”. Átomos, electrones, y un resto imperceptible del universo, actúan a veces de forma extraña, contrariando incluso lo empíricamente considerado normal. Por ejemplo, en ocasiones podría asegurarse que los objetos están en dos o más lugares al mismo tiempo, o giran simultáneamente en sentidos opuestos.

Uno de estos fenómenos fue nominado “entrelazamiento cuántico”. El propio Einstein se rebeló contra ello, llamándolo ‘acción espeluznante a distancia’. Insinuó que los objetos entrelazados liberan una partícula ignota o algún tipo de señal a alta velocidad que influye en su compañera, dando la ilusión de una reacción simultánea.

Y en el Artículo de este blog, ‘Fotón, Ciencia, y Realidad Objetiva Contradictoria’ se refirió un experimento de este tipo, que demostró que había ‘algo’, que le decía al fotón en qué dirección desplazarse… ‘algo‘ que debería por tanto tener una velocidad muy superior a la de la luz. Allí leerán todos los datos de la investigación realizada.

No hace mucho, un grupo regido por el físico suizo Nicolas Gisin, trabajó con un par de fotones entrelazados [paquetes de luz]. Los pares fueron separados y enviados mediante fibra óptica proveída por Swisscom, a dos recintos distantes 18 kilómetros. El viaje duró solo 300 billonésimas de segundo, superando al menos 10 mil veces la velocidad de la luz… en un medio de fricción. La pregunta es: ¿cuánto no podrá lograrse en el vacío?

Gisin comentó a la revista Live Science: “En cierto sentido, estos eventos instantáneos parecen suceder fuera del espacio-tiempo; en esta historia, no puedes decir que sucede en el espacio-tiempo”. Luego agregó: “Esto es algo que toda una comunidad de científicos ya está estudiando muy intensamente”. Gisin y sus colegas detallaron más tarde esta experiencia en el ejemplar del 14 de agosto de la revista Nature.

También en esta revista se publicó otro trabajo de varios científicos, realizado en el NEC Research Institute de Princeton, según el cual demuestran haber superado 300 veces la barrera de la velocidad de la luz, con un pulso [sin masa], en un medio enriquecido con Cesio. Y eso aunque no contradice la teoría de la relatividad de Einstein, si niega que la velocidad de la luz no se pueda superar. La noticia está en el diario ciber ‘The Inquirer ES’; la fuente original, en Nature, con más información en CBC News.

Que ignoremos algo no implica que se consoliden supuestos; la tiniebla de lo incógnito jamás será una evidencia para aceptar lo que la limitación de conocimiento insinúa a nuestras neuronas. Toda duda implica certeza de no poseer la Verdad; así, un solo ejemplo que contradiga lo que se nos venía diciendo, es más que suficiente para saber que es mayor la duda que el conocimiento. Solo lidiando con Fe contra empalizadas, se hallará el camino del saber; solo insistiendo sin dudar, con Fe en la Verdad de Dios, lograremos merecer alguna vez la Verdad prometida al ser humano.

Los científicos cristianos, en lugar de abrumarse ante lo mostrado al mundo como la mayor velocidad posible [con intención de negar la existencia de Dios], deben contactar a la parte de la Ciencia que busca en otra dirección, pues es obvio que el fotón, portador de toda forma de radiación electromagnética, logra velocidades muy superiores a la fijada hace un siglo para la luz. Y eso anula el arcaico concepto que niega la instrucción bíblica: ‘Creación de las estrellas, el 4º día, después de la Tierra’. Sin ceder, sin decaer en Fe, deben esforzarse e indagar sobre experimentos como estos; harían más feliz a Cristo.

Quiero cerrar con una frase proveniente de un evangelista cubano, llegada ayer a mi correo personal:

La Fe Ve Lo Invisible, Cree Lo Increíble y Recibe Lo Imposible.’

¡Gloria eterna a nuestro Dios, perfecto en lo imposible! ¡Alabanza por siempre a Jesucristo, quien lo hizo posible desde el Padre Creador!

Te esperamos haciendo los deberes, Señor.

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La Imposible Máquina de Movimiento Perpetuo: ¡Posible para Dios!

julio 27, 2009

El ser humano ha buscado el movimiento perpetuo [máquina en marcha eterna, sin reabastecimiento energético], relacionando siempre su investigación con el concepto físico básico: la energía. Tal ingenio ha sido el sueño de inventores por más de ocho siglos. Villard de Honnecourt, Planck, Richard Feynman, y muchos otros, fueron ejemplos de ello; pero aunque sus diseños parecían funcionar, siempre mostraron fallos o ocultaron fuentes de energía externa que invalidaba el fin.

Parece clara la imposibilidad. Toda máquina es inútil si no efectúa algún trabajo. El avión transporta, la palanca ayuda a hacer fuerza, una grúa alza pesos… Y para ello se precisa aportar energía. El avión y la cabria la logran del combustible o batería de sus motores; en el caso de la palanca, los músculos la aportan desde los alimentos que se comen. Pero no se puede generar energía desde la nada. En realidad, esos intentos de inventiva fueron positivos para la Física, pues concluir los errores de los proyectos, contribuyó en grande al desarrollo en termodinámica y las transformaciones de la energía.

El doctor y académico ruso, V. M. Brodianski, clasificó esas ‘invenciones’ en dos tipos: de primera especie, que violan la 1ª ley termodinámica [conservación de la energía]. Y la segunda especie, donde se desarrolla un trabajo de forma indefinida, intercambiando calor sólo con una fuente térmica [móvil de Planck]… imposible de construir bajo la Segunda ley.

El enigmático Leonardo da Vinci, por su parte, hizo un experimento con una rueda y pesos distribuidos, demostrando la imposibilidad de la perpetuidad soñada. Según él, cualquier instrumento elaborado por ‘el hombre’ no podría producir un movimiento tal. Pero fíjense como limita su postulado únicamente a lo humano; su instinto le decía que no sería así para Dios.

En conclusión, al afirmar que se violaría la 1ª y la 2ª ley termodinámica establecida por los humanos, se considera por tanto un ‘objetivo imposible’. Así, solo se le ha abierto la puerta en la ficción. En la película ‘Star Trek: Insurrection’, el androide ‘Data’ dice que sus células energéticas se recargan ‘constantemente’, sin que se vea la fuente de carga; o sea, no menciona ningún motor ni que obtenga energía desde el sol o de algún otro origen. De modo que se presenta a sí mismo como una máquina de movimiento perpetuo.

Los principios termodinámicos han sido de los más cotejados y sólidos durante siglos de física; sus postulados siempre han refutado la existencia de una máquina de movimiento perpetuo. Todo ensayo por mostrar lo contrario, muchos a través de la historia, ha sido refutado científicamente. Para el humano, lograrlo es totalmente imposible; sin embargo, Mat 19:26 instruye, dos milenios atrás:

Y mirándolos Jesús, les dijo’: “Para con los hombres esto es imposible; mas todo es posible para Dios”.

Aunque el Señor habló de esto en contexto parabólico: ‘Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico pueda entrar al reino de Dios’, a mí se me ocurre poner a prueba la Biblia en esta pugna hombre-Dios específica: ¿Es posible demostrar que Dios, [dimensión espiritual], fue capaz de diseñar, poner a punto, y hacer funcionar en el mundo material, la máquina de movimiento perpetuo, imposible para el humano? ¡Por supuesto que sí; y no una, sino millones de ellas! Más adelante lo veremos.

En realidad se está ante el problema de siempre: los inicios, el génesis de todo: la máquina de movimiento perpetuo no es más que otra proyección de lo planteado por científicos que se niegan a reconocer al Dios creador de todo lo que existe, e intentan convencer que es posible ‘generar energía de la nada’… sin intervención divina detrás. O sea, lograr la evidencia de que desde el azar fue posible generar la explosión que dio lugar a la existencia del mundo: el Big-Bang sin Dios.

Comencemos a hacerlo interesante: La mayoría de quienes han buscado el artefacto quimérico han acudido a la gravedad; elección racional, ya que, desde la óptica humana, es una fuerza que siempre está ahí, y que todo cuerpo posee, solo por existir y tener masa. Toda central hidroeléctrica funciona con este principio: el agua cae y su energía potencial gravitatoria cambia a cinética, moviendo turbinas que la transforman en energía eléctrica. Pero el embalse, la fuente de energía, se vaciaría hasta que no quede agua… a menos que se rellene otra vez, mediante las lluvias que proporciona la naturaleza.

Así, la física y su ley de conservación de la energía son rigurosas. Todo trabajo precisa energía, y todas sus fuentes conocidas son finitas y dependientes, incluso las renovables, pues el sol finalmente agotará su hidrógeno y se apagará. También la energía del mar; las mareas surgen como efecto de la gravedad de la luna, en una combinación de esta con la rotación de la tierra. De tal mezcla ‘toman’ las mareas su energía.

Pero sabemos que la Tierra gravita en el espacio, alrededor del sol. No es una mariposa, sino un astro con un peso considerable; un planeta rocoso, cuya masa se estima en unos 5.974.000.000.000.000.000.000.000 kgs., un peso  similar al de  796.533.333.333.333.333.333 elefantes o también a unas 59.740.000.000.000.000.000 ballenas… pero mucho menor que millones de astros que orbitan, sin ‘caer’. ¿De qué otra fuente, según noción humana de ‘conservación de la energía’, brota ese descomunal poderío que la mantiene en su posición, y la hace girar sobre su eje? ¿De qué otra fuente brota la energía que sostiene a millones de inmensas estrellas, a cuyo lado la  Tierra solo es un punto en el espacio?

En sentido coloquial, ‘gravitar’ significa que la obtención de algo depende de quien lo hace posible. Ej. ‘Mi hipoteca gravita en torno a la decisión del banco’. En física, gravitar es tender un cuerpo celeste hacia otro, o producirse el movimiento de uno en relación a otro como efecto de una ‘fuerza’ ejercida. Los planetas gravitan alrededor del sol; la luna alrededor de la Tierra, pero en el universo hay millones de cuerpos gravitando sin ‘caer’. ¿De dónde sale la energía que excita tal constante e incalculable fuerza de gravedad?

En física, una órbita es la trayectoria que realiza un objeto alrededor de otro mientras está bajo la influencia de una fuerza centrípeta, como la fuerza gravitatoria. Y la gravedad espacial es sólo eso, una fuerza. ¿Cómo se genera? En física, ‘órbita’ es el trayecto de un astro respecto a otro, bajo la influencia de la fuerza centrípeta; su período orbital es el tiempo que tarda en circunvalar a quien ejerce la fuerza gravitacional sobre él. Y eso es válido para 30 tipos de órbitas, según características, cuerpo, trayectoria… y ya sean circulares, eclípticas, elípticas, parabólicas, geocéntricas, etc. ¿Cuánta fuerza ha sido necesaria para garantizar las órbitas en todo el universo? ¿De dónde sale tal energía?

Newton planteó que la gravedad, es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Es decir, se postuló porque es cuantificable; pero, si la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, según postulado humano, ¿dónde está el origen mecánico de la energía gravitatoria? ¿Como se sustenta y mantiene?

La teoría antiDios del Big Bang no es capaz de responder el enigma que los más de 6 mil millones de humanos pueden deducir por sí mismos. Hay muchos estudios sobre la fuerza de gravedad, pero nadie ha podido asignarle origen energético.

Sin embargo, son casos de movimiento perpetuo: máquinas que se mueven sin renovar su energía. O sea: la insolente vanidad humana dice que es imposible que exista lo que sobre sus cabezas está de hecho existiendo: millones de ellas en constante movimiento, sin que nadie sepa dónde o cómo se genera la energía que lo sustenta. Una vez más, la ‘poca ciencia’ antiCristo es manifiesta de la mejor forma posible: desde la evidencia empírica. El hecho de que no se quiera ver lo que ‘es’, no exime la real existencia de lo obvio.

Sobre nosotros llueven evidencias de la Creación; solo hay que observarlas con aptitud… tanto las visibles como las invisibles, que son muchas más de lo que cualquier persona puede imaginar, pues el mismo Espíritu que Creó la gravedad, suscitándola y conservándola, también puede habitar en el corazón y mente humana, conociendo nuestras ideas en la misma fuente en donde brotan.

El Señor, partícipe directo de la Creación de Dios, viene a por su pueblo. Lo más inteligente no es oponérsele con obcecación, sino hacer todo lo posible por entrar en su censo mientras es tiempo para ello, pues nadie puede añadir ni un segundo más a su vida, sobre lo que ya tenga programado.

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EL COSMOS LLEVA PAÑALES.

febrero 18, 2008

Febrero 18/2008

LOS ASTROS Y LOS OTROS.

Me gusta mi casa; vivo en una 7ª planta, la última del edificio. Al sur, a 400 ms., tengo al mar, pero las construcciones frente a la playa solo me dejan ver algo más que el horizonte; aunque, siendo exacto, queda libre el espacio intermedio entre un hotel y la colosal mole de apartamentos a su lado: si un barco cruza esa zona, y estoy atento, seguro no me lo pierdo.

Pero el norte… ¡eso es otra canción! Me paro frente al ventanal de vidrio de dos metros y pico y no hallo obstáculos: estoy por encima de todos mis vecinos. Una majestuosa cordillera me saluda, no muy lejos. Incluso, en aquellos días que tenemos todos, en que las cosas no nos salen como esperamos, me arrimo a mi atalaya personal, a cualquier hora, y un fastuoso capricho de la Naturaleza, una gran hendidura verde oscuro en medio de la montaña mayor, aparece como una enorme V de victoria, ocupando la cuarta parte de su altura y reforzando mi fe optimista en que su constructor está al control de mis pasos.

Una noche estrellada frente a ese mirador privado, con buena música de fondo y mejor compañía, constituye un área envidiable, créanme… pero también nos pone a pensar en la majestuosidad y las incógnitas que encierra el universo. ¿Cómo y cuándo comenzó todo lo que hoy vemos? La pregunta nos exige comparar datos recibidos desde distintas fuentes, para intentar descifrar los enigmas: esbozos de la limitada reflexión humana, frente a la congruente y mágica historia legada en el Bereshit judío, el Génesis de traducciones posteriores.

Personalmente, veo conceptos no convincentes en la respuesta ¿científica?; hay que distinguir entre la ciencia práctica, que detalla y cataloga los fenómenos visibles, y la quimérica, que se ocupa de fenómenos ignotos, a menudo no reproducibles en laboratorios. La ciencia, etimológicamente hablando, es ‘conocimiento‘, y hablar de un hipotético pasado, presentando una fórmula en la que existen varias variables que jamás podremos asegurar, por no haber estado allí, constituye una “Especulación científica”; o ‘especulación del conocimiento’, algo incongruente.

La ciencia del pasado pretende ofrecer teorías colegidas de hechos conocidos, y aplicarlas al ámbito de lo desconocido: ya sea desde la interpelación (sabiendo los aspectos de dos puntos, trata de colegir cuál será la reacción en un punto intermedio) o desde la extrapolación, infiriendo de una escala conocida, un comportamiento, no se sabe cuán lejano en el eje del tiempo.

Por ejemplo, pongamos un bloque de hielo en medio de una habitación. Sabemos el tiempo que tardará en derretirse, basado en experiencias anteriores. Una vez que salimos, llega alguien y abre una ventana, enciende las bombillas, o simplemente, pone el A/C o la calefacción, según le apetezca. ¿Coincidirán los cálculos basados en cantidades de tiempo, temperatura, corrientes de aire, estados químicos definidos, etc., con la realidad resultante? Desde luego que no.

Es decir, se fijan condiciones y, bajo ellas, todo se debe cumplir según lo establecido. Pero nadie es capaz de computar imprevistos. La extrapolación es el sistema más incierto. Además, la incertidumbre aumenta en proporción directa al incremento de la distancia con la escala conocida, sea la que sea. Así, si la serie conocida está entre 0 y 100, nuestra conclusión a los 1001 tiene menor probabilidad que a los 101.

De donde se deduce que el único método posible para indagar sobre el origen del mundo, la extrapolación, es más frágil cuanto más nos alejemos en el tiempo. Se hace aun más evidente, si se considera que un planteamiento sobre una causa ignorada, a partir de un resultado conocido, es más débil que una conclusión que surge directamente de la causa a la consecuencia.

Un corolario de consecuencia a causa, atestigua más que uno de causa a consecuencia: 4/2=2. Aquí, el precedente lo forman dividendo y divisor; la consecuencia, el cociente. En este caso, al saber la procedencia, es posible un solo resultado: el cociente (2).

Pero si sólo conocemos el resultado final, ‘2’, e intentamos llegar a éste, la respuesta permite muchas posibilidades: 1 + 1; 4 – 2; 1 x 2; 4: 2… Y si otros números entran en juego, las posibilidades son infinitas (5 – 3; 6 – 4… ad infinitum).

En esencia, el problema es que cuando los datos se extienden a contextos indefinidos, solo tendrán valor ‘si todo continúa igual‘. Dicho de otra forma: ‘si las condiciones últimas prevalecen en el tiempo y su acción y reacción sobre el resto siempre ha sido la misma‘. Solo podremos estar seguros si las transiciones resultan análogas a las variables, en grado; si no hay garantía de un cambio similar en clase o especie y si tampoco se puede asegurar que no participan otros factores, ¡las conclusiones carecen de todo valor!

En una reacción química, (fisión o fusión) un nuevo catalizador en el proceso, aun pequeño, puede cambiar completamente el resultado; incluso dar lugar a uno muy distinto. No se sabe cuántas explosiones nucleares ocurrieron en los primeros años del sol ni el estado de la atmósfera primigenia, la cantidad de Carbono y la afectación de este por la influencia del constatado decrecimiento del campo magnético. Se ignora el fondo radioactivo de entonces, la humedad relativa… no se sabe nada. Cualquier información que precise de uno de esos datos, implicará una variable subjetiva y sin garantías de estabilidad en el tiempo.

Además, perdónenme, pero no puedo evitar, cuando me hablan de un sistema de datación, recordar al gato familiar, muerto en el 75, a quien un laboratorio evolucionista le reconoció como fósil de cerca del millón de años: un ancestro del gato común. O las rocas de lava del Monte St Helen, proveniente de la erupción del 1980, cuyas distintas muestras (cristales, pedazos y polvo de roca) arrojaron variaciones entre los 160 y los ¡3000 millones de años! Y otros ejemplos que no quiero repetir, para no abrir heridas y no resultar machacante.

Las teorías sobre una tierra arcaica han sido sostenidas sobre la base de datos observados durante un tiempo relativamente corto, de unas cuantas décadas, máximo de un par de siglos. Partiendo de lo deficientemente conocido, con poca magnitud, los investigadores se lanzan a construir tesis, mediante la extrapolación: de la consecuencia al antecedente, en una extensión de ¡miles de millones de años!

No tienen en cuenta el criterio de la comunidad científica internacional, que plantea que en la etapa “origen” del universo, la temperatura, presión atmosférica, radioactividad, y una multiplicidad de otros factores potencialmente catalíticos, eran distintos por completo a los que existen en el tiempo contemporáneo.

La formación del mundo, haya sido como haya sido, comenzó con un proceso de coligación molecular, y la conglomeración y consolidación de procesos variables totalmente desconocidos. Entre todas las débiles ‘teorías científicas del pasado‘, aquellas que se ocupan del origen del cosmos y del establecimiento de fechas al respecto, son (y esto es admitido por los científicos mismos) las más débiles entre las débiles. Hay casi tantas teorías como investigadores serios del tema. No es de extrañar (y esto en sí mismo genera la refutación por excelencia), que las diversas teorías “científicas” sobre la edad del universo no sólo se contradigan entre sí, sino que algunas sean completamente incompatibles y mutuamente excluyentes, pues la fecha máxima de una teoría es menor que la fecha mínima de otra.

Si alguien acepta tales bases sin espíritu crítico, llegará a una plenitud de desatinos. Cuesta trabajo entender cómo está dispuesto el hombre a aceptar incondicionalmente la creación de partículas atómicas y subatómicas que formaron el planeta luego del Big Bang y la subsiguiente forma viva que sale del agua, capaz de auto transformarse en todo lo que vemos.

La teoría evolutiva moderna se ha dado cuenta que es un trago difícil y están variándola;  ya aparecen en el mar organismos vegetales y ciertos artrópodos sacados de debajo de la manga, como todo lo demás. Es inconcebible que muchos crean este ‘lavado de cerebro‘, maldispuestos a aceptar la Creación total, tal como el propio Creador nos lo instruye, con congruencias que solo hay que buscar para verlas, pues la Biblia, a diferencia de las siempre cambiantes teorías evolucionistas, se ha mantenido inmutable en el tiempo.

Y, ya en este planeta, el argumento del descubrimiento de fósiles no es de ninguna manera evidencia concluyente de la gran antigüedad de la tierra. En vista del contexto desconocido que imperaba en tiempos iniciales, es decir, reacciones y cambios de hábitat totalmente distintos a los ordenados procesos naturales del presente, no se puede excluir la posibilidad de dinosaurios hace unos miles de años, fosilizados bajo colosales catástrofes naturales en el curso de unos pocos años, no millones, pues no tenemos ninguna medida segura, bajo esas condiciones desconocidas.

Philip J. Currie y Eva B. Koppelhus, (evolucionistas), en su libro ‘101 Questions about Dinosaurs’ (101 preguntas sobre dinosaurios, Publicaciones Dover, 1996) nos aclaran bastante el tema. Currie es un conocido experto de dinosaurios. Él es el curador de dinosaurios en el Museo Royal Tyrrell de Paleontología en Drumheller, Alberta, Canadá. Koppelhus fue un investigador visitante en la misma institución. En un párrafo, ellos plantean:

‘Los huesos no tienen que ser convertidos en piedra para que sean considerados fósiles. Usualmente, la mayoría del hueso original está presente en un fósil de dinosaurio.’

Más adelante nos dicen:

‘La cantidad de tiempo que toma para que un hueso se permineralice es altamente variable. Si el agua subterránea contiene mucho mineral en solución, el proceso puede suceder rápidamente. Los huesos modernos que caen dentro de fuentes minerales pueden permineralizarse en cuestión de semanas’.

‘Un ejemplo todavía más espectacular se encontró en la costa Norte de Alaska, donde miles de huesos muestran la falta de permineralización. Se parecen a huesos viejos de vaca. Por lo mismo, el descubrimiento del sitio no fue reportado hasta después de 20 años porque se pensó que los restos eran de bisón y no de dinosaurio.’

Por otra parte, la bióloga y paleontóloga, Dra. Mary Schweitzer y T. Staedter, en el artículo ‘The Real Jurassic Park’ (El Parque Jurásico real), revista Earth, junio 1997 pp. 55-57, hablan de su experiencia:

‘El laboratorio se llenó de murmullos de asombro, porque había enfocado el microscopio en algo dentro de los vasos que ninguno de nosotros había notado: objetos redondos diminutos, translúcidos, de color rojo con un centro oscuro. Un colega los miró y gritó: “¡Usted tiene glóbulos rojos! ¡Usted tiene glóbulos rojos!” Schweitzer compartió a su jefe, el famoso paleontólogo Jack “Dinosaurio” Horner, sus dudas sobre cómo éstos pudieran realmente ser glóbulos rojos. Horner sugirió que ella intentara de demostrar que no eran glóbulos rojos, a lo cual, la doctora respondió: “Hasta ahora, no hemos sido capaces de demostrarlo”.’

Y ahora ustedes dirán: ¿Cómo hemos llegado aquí, si empezamos hablando del cosmos? Muy fácil; quería se preguntaran que, si el ser humano no es capaz de dar respuestas a las cosas del planeta: ¿Por qué la soberbia de responder enigmas mayores?

Ahora sí, para ser honestos, acepto un dato evolucionista: los planetas están aquí desde antes del hombre. Si señor, tienen razón, llegaron exactamente dos días antes: el cuarto de la Creación. La Tierra es algo más vieja: fue lo primero en crearse; pero ninguno tiene más de 6000 años. Lo dice un libro que, aunque no es científico, contiene una inconmensurable fuente de conocimientos… que hay que saber buscar.

‘Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su duro corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.’ Ro 1:18

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MI PLANETA ES UN CHAVALITO.

enero 29, 2008

Enero 29/2008

¡YO NO LLEGO A LOS 6000 AÑOS!

Hace unos años se anunció el hallazgo de un planeta en el distante cúmulo de estrellas M4: una ‘nube difusa’ que puede verse fácilmente con binoculares en un cielo oscuro al oeste de la estrella Antares, constelación Escorpión. Para  Norteamérica, Antares es la brillante estrella roja en el sur, que se deja ver durante las noches de verano. Como casi todos los planetas extra-solares descubiertos hasta la fecha, la detección de este va en contra de las predicciones evolucionistas, y no atenta contra la credibilidad bíblica.

La Astronomía evolucionista, por supuesto, da por hecho que nuestro sistema solar no es producto de una creación divina, sino que resulta del síncope de una nebulosa. De ahí su idea de que todos los sistemas aleatorios a otras estrellas fueran similares al nuestro, pues según sus criterios, se forman de la misma forma que el solar: ¡Todos al Big Bang!

Pero los descubiertos hasta ahora, nada tienen que ver con el que habitamos y apuntan más cada vez a una Tierra joven. (Bernitt, R., Extrasolar planets suggest our solar system is unique and young. [Planetas extrapolares sugieren que nuestro sistema solar es único y joven] TJ 17(1):11-13, 2003.)  Este hallazgo posiblemente resulte uno de los sistemas estelares más raro conocido hasta la actualidad; los creacionistas estamos contentos: Dios demuestra su creatividad cada día, desafiando la inteligencia humana.

Los investigadores de la Evolución dicen que este planeta se formó hace cerca de 13 mil millones de años. Me sorprende la facilidad para datar todo, incluso a los planetas invisibles, pues de este solo se percibe la nebulosa; su existencia se conoce debido a los pulsares, pues, aunque su masa supera varias veces la de Júpiter, no es visible. Fue descubierto por el ‘efecto’ gravitacional que ejerce y que produce un pequeño cambio en las señales de radio del pulsar detectado en la Tierra. El problema es que si no puede verse ni tienen muestras para laboratorio, no sé como pudo haber sido datado y todo; cualquier día nos sorprenden y le hacen incluso su fiestecita de cumple. ¡Una conjetura más de esa tropa!

La mayoría de los astrónomos del ‘Big Bang, suponían que los planetas no podrían hallarse en cúmulos globulares, pues según su ‘teoría’, las estrellas de estos cúmulos son ‘pobres en metales‘; (los astrónomos llaman así a los elementos pesados) poseen menos elementos que pesen más que el helio,  en comparación con astros como el sol. De modo que este planeta les ha metido el sombrero hasta los ojos; ellos ‘se inventaron‘ la idea de que estos metales son los bloques constitutivos iniciales de todos los planetas. De ahí que el  hallazgo esté forzando a sus astrónomos a revisar sus ‘principios‘ una vez más; son reiterativos en esto, ya que se están viendo obligados a alterar sus modelos constantemente, ante cada nuevo descubrimiento ‘científico‘ que les pone en evidencia.

Una vez más se hace obvia  la constante especulación evolucionista, en contraste con la inmutabilidad y incólume Palabra del Creador. Mas sin embargo, de una manera que no logro entender racional, por mucho que me esfuerce, aun tienen seguidores.

Pero no es la única prueba de juventud terráquea. La ‘Evolución‘ tiene con el Helio una deuda pendiente, pues la relación de átomos de helio que entran a la atmósfera es de 40, por cada uno que sale. Es decir, la cantidad de helio escapando de la atmósfera terrestre al espacio es sólo la cuadragésima parte de la que entra. La evolución no ha podido dar aun con ningún mecanismo de escape adecuado para responder a la interrogante de la poca cantidad de helio existente hoy en la atmósfera; según sus cuentas, luego de los supuestos miles de millones de años que tiene el planeta, la cantidad existente de Helio en la actualidad es la dos mil dozava parte de lo esperado. Para que se entienda bien: hay ‘X’ cantidad, cuando debería haber, 2000X.

Esto es una contrariedad irresoluta para los físicos evolucionistas; uno de sus peritos, J.W. Chamberlain, dijo que este problema de acumulación de helio ‘… no se irá, y está sin resolver.‘ Buscan explicaciones para esta poca cantidad, pero ninguna de ellas ha probado ser adecuada; reniegan de la respuesta obvia, mirando como siempre hacia otro lado: ¡la tierra es millones de veces más joven de lo que dicen!

Todos conocemos de una forma u otra el helio, ese gas extraliviano que sustituyó al hidrógeno usado en globos-sonda y zeppelines, debido a que es incombustible: ni se prende ni explota como su antecesor. También forma parte importante de las mixturas de aire usadas por los buzos a grandes profundidades, pues a diferencia del nitrógeno, ni aun a altas presiones se diluye en la sangre, evitando la punzante y peligrosa situación causada por las burbujas de nitrógeno que se crean en las arterias del buceador ante la caída de presión rápida cuando este sube a la superficie. Esta misma mezcla es usada en las fiestas familiares con globos inflados con helio, pues vuelve la voz muy aguda, debido a que el sonido viaja más rápido en el helio que en el aire.

Hay varias publicaciones serias sobre la evidencia de la juventud del planeta, ofrecida por la cantidad de helio existente en la atmósfera terrestre. Sobresale por su claridad el libro del Dr Larry Vardiman: La Edad de la Atmósfera Terrestre. (Un Estudio del Flujo del Helio en la Atmósfera, Institute for Creation Research, 1990) También David Malcolm da, desde hace años, cálculos muy minuciosos en su artículo: Helium in the Earth’s Atmosphere (Answering the Critics), Creation Ex Nihilo Technical Journal 8(2):142-147, 1994.

Se cree que el helio que hay en el sol es creado por fusión nuclear. El núcleo de hidrógeno, el elemento más liviano, se combina para formarlo, liberando grandes cantidades de energía. Pero en la tierra, se genera, esencialmente, por decaimiento de alpha radioactivo. El gran físico neozelandés Ernest Rutherford (1871-1937) descubrió que las partículas alfa eran en realidad, núcleos de átomos de helio. Los elementos radioactivos en las rocas como el uranio y el torio, producen helio de esta manera, y este, al ser un gas, se escapa al aire.

Los científicos pueden saber la velocidad a la que se crea el helio y a la que escapa de las rocas, cuánto entra al aire, y cuánto sale hacia el espacio. También evalúan su cantidad en las piedras y en el aire; así calculan la edad máxima de ambos. Los resultados son imprevisibles para los que creen en miles de millones de años, pues no le salen las cuentas y siempre la juventud de la Tierra queda bien parada; pese a que, por supuesto, todos esos cálculos dependen de asunciones sobre el inicio de la Tierra, que ellos dan por seguras.

Pero la acumulación de helio es incluso más lenta hoy que en el pasado, pues las fuentes radioactivas han decaído. Esto haría aun más chavalito a nuestro planeta. La única salida ante esta situación es asumir que el helio está escapando de la atmósfera. Mas, de ser así, sus átomos deben moverse muy rápido para vencer a la fuerza de gravedad, y está demostrado que no es posible, pues la velocidad de los átomos de helio es menos que un cuarto de la velocidad que necesitan para vencerla y salir al espacio exterior.

El físico creacionista Robert Gentry investigaba granito en las profundidades de la tierra, buscando contar con un almacén para el desecho radiactivo de las plantas nucleares; pero esto requería que los elementos no se movieran muy rápido a través de la roca. El granito contiene zirconios, vidrios minerales que a menudo retienen elementos radioactivos. Por lo tanto deberían producir helio, que estaría escapando. Pero Gentry encontró que de haber tenido miles de millones de años para fluir al exterior, no debía existir tanto helio aún en los profundos y calientes zirconios (197°C). Sin embargo, si sólo hubieran pasado los 6 mil años bíblicos, entonces no estaríamos sorprendidos de que quedara tanto.

La cantidad actual de helio existente en el aire y en las rocas, contradice una tierra de miles de millones de años, según piensan los evolucionistas y ‘creyentes‘ que han decidido secundarles. En lugar de ello, ofrece una excelente evidencia científica para una edad corta, tal como nos alecciona el Bereshit (Génesis griego) 1:1-31, solo pongo el último versículo:

31″Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno. Y fue de tarde, y fue de mañana, el sexto día.”

Con el Creador no se puede ir a medias: o creemos en toda su Palabra… o nos pasamos al otro bando.

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CANTANDO LAS 40 AL EVOLUCIONISMO.

enero 23, 2008

Enero 23/2008

¿CREACIÓN DE MILLONES DE AÑOS?

Años después de exhibir su teoría, Carlos Darwin comprendió la dificultad de explicar la visión humana u animal desde la evolución. En un libro suyo, manifestó:

‘Suponer que el ojo con toda su inimitable complejidad para ajustar su centro focal a distintas distancias, para reconocer distintas cantidades de luz, y para corregir las desviaciones esféricas y cromáticas, pudiera haber sido formado por la selección natural, parece, y lo confieso francamente, absurdo en sobremanera.’

Sin embargo, más adelante, explica ambiguamente por qué, de todos modos, creía que el ojo evolucionó y que el ‘absurdo’ solo era ilusorio. Con el conocimiento actual acerca del ojo y sus sistemas asociados (el cual es mucho mayor que en su tiempo), habría abandonado su teoría naturalista sobre el origen de los seres vivos.

Más de un siglo después recibió ayuda del Papa Juan Pablo II, pues este dinamitó la Biblia entera, al exponer el 23 de octubre de 1996, en la Academia de Ciencias Obispales que: “el nuevo conocimiento lleva al reconocimiento de que la teoría de la evolución es más que una hipótesis”.

Con esas palabras autorizaba que creación y evolución convivieran juntas sin ningún conflicto, en una manifestación de debilidad, incongruente con alguien que con tanto valor se opuso siempre al comunismo, el aborto, las abominaciones sexuales, y todo lo que atentaba contra la Palabra de Dios. Una concesión filosófica para lograr mantener al menos, que solo Dios puede crear el alma humana.

Los medios de comunicación fueron al árbol caído, como el oso al panal de miel. La noticia siguiente hizo ver que la expresión papal se convertía en la mortaja definitiva sobre una Biblia caduca. ¿Cuál fue la consecuencia de esta postura del líder católico? Pues inducir la pérdida de la Credibilidad de la Palabra de Dios; si el Génesis no era fiable, ¿cuándo entonces comenzaba a serlo el libro Sagrado? No solo atacaba la Verdad de la Creación, sino que arruinaba la fiabilidad de los otros 65 libros que el propio Creador ordenó que se escribieran, y que jamás han resultado contradictorios en sus afirmaciones y enseñanzas.

Sembró duda sobre lo escrito: la deidad de Jesús, sus milagros y enseñanzas, su agonía en la cruz y, lo más importante, el motivo por el cual se sometió a ese inenarrable martirio: el perdón de los pecados de toda la humanidad y su resurrección, que implicó la esperanza de resurgir a una vida eterna con Él. Es decir, también arruinaba la solidez de los escritos del Nuevo Testamento: las enseñanzas recibidas por apóstoles directos e indirectos del Redentor, plasmadas por escrito por orden de este, como testimonio para las siguientes generaciones, pues el mismo libro que dice que Dios creó el mundo y todo lo que existe, da alegato de los hechos anteriores.

A partir de ahí, entre los propios creyentes comenzaron a fluir los ‘iluminados’. Un ejemplo lo vemos en la teoría de una ‘Creación progresiva’, ideada por el Dr. Hugh Ross en ‘Cómo interpretar el libro de Génesis’, respaldada por varios líderes ¿religiosos? y por iglesias, seminarios, y universidades cristianas; como si después de Dios, alguien tuviera que agregar algo. Respaldando la postura de ‘Respuestas en Génesis’, creo que es vital citar aquí el aviso legado desde Hechos 17:11

Y éstos judíos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.”

El Dr. Ross se manifiesta ‘cristiano’, pero aúna criterios con astrónomos y geólogos evolucionistas: algo incompatible. Veamos sus planteamientos y mis respuestas desde ‘Bereshit’, el libro judío original al que acudía Jesús, que después se llamó ‘Génesis’ en la traducción griega:

1- ‘El gran Estallido (‘Big Bang’), origen del universo, surgió 16 mil millones de años atrás; por tanto, la muerte, la violencia y la enfermedad existieron antes de Adán y Eva.’

Nota: Bereshit 1:1’En el comienzo de la creación de Dios del cielo y la tierra, 2cuando la tierra estaba informe y vacía, con oscuridad sobre la superficie del abismo, y la Presencia Divina flotaba sobre la superficie de las aguas, 3dijo Dios: «Que haya luz», y hubo luz. 4Dios vio que la luz era buena, y Dios separó la luz de la oscuridad. 5Dios llamó a la luz «Día» y a la oscuridad la llamó «Noche». ‘Y fue de tarde, y fue de mañana, un día.’

Es decir, ‘en el comienzo’, o dicho de otra forma, durante el comienzo, cuando la tierra recién hecha estaba vacía‘, creó luz con su Palabra, dando órdenes. Al final puntualiza: ‘y fue la tarde y fue la mañana: un día’, mostrando por vez primera su definición de ‘día’: una tarde y luego la mañana. ¿Existe algo de lo ‘hecho’, antes de un comenzar a hacerlo? ¡Big Bang no! Lo dice el Señor.

2-‘ La Creación no fue en 6 días, sino que atañe a las eras geológicas establecidas’.

Nota– Si seguimos leyendo Bereshit 1, hasta el 1:31, veremos cómo a cada obra finalizada Dios sentencia: ‘y fue de tarde y de mañana, el segundo día’, el tercero, el cuarto, el quinto, el sexto… es decir, establece antes de construirlos, los ciclos que corresponderían al día y a la noche. El sol y la luna fueron hechos el cuarto día, pero ya desde los anteriores, desde que creó la luz, fijó la tarde y la mañana: la puesta y salida solar del futuro inmediato, marcando el inicio de una nueva jornada y dejando evidencia de su propósito: 6 días de 24 hs., al concluir en 1:31: Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno. ‘Y fue de tarde, y fue de mañana, el sexto día.’ Lo de una sola era geológica podrá verlo explicado puntualmente en el artículo ¡Mi planeta es un chavalito!

3- ‘El Diluvio de Noé fue un evento local.’

Nota- Veamos esto, que es interesante; primero, la distribución original del planeta. (Gn 1:9):

‘Dijo Dios: «Que las aguas debajo del cielo se reúnan en un área, y que aparezca la tierra seca». Y así fue. Dios llamó a la tierra seca «Tierra», y a la reunión de aguas la llamó «Mares».’

Es decir, una tierra y mares. Cada día más, los estudiosos coinciden en que, al principio, todos los continentes estaban unidos, confirmando el saber bíblico. Actualmente sabemos que el movimiento de las llamadas placas tectónicas, producen terremotos y tsunamis catastróficos. Pero veamos qué dice el libro del Conocimiento y la Sabiduría sobre el diluvio de Noé:

Según Bereshit (ó Génesis) 7:11En el año seiscientos de la vida de Noaj (Noé), en el segundo mes, el diecisiete del mes, ese día, se rompieron todas las fuentes del gran abismo y se abrieron las ventanas de los cielos.’

Todas las fuentes en todo el planeta; de local, nada. El cimiento continental se partió y dividió; esto tuvo más consecuencia de lo que muchos imaginan, porque se originaron los continentes… y la única glaciación que existió. También se explicará en el artículo llamado ‘Una edad: una glaciación.’

4- ‘El pecado tiene sólo un efecto regionalmente limitado en el mundo.’

Nota: Induzco al Dr. Ross a que le eche un vistazo a lo que dice Ro 5:12:

‘Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron’

5– ‘Seres semejantes al hombre pintaron las paredes de las cuevas antes de Adán y Eva, pero no tenían un espíritu y por lo tanto no tenían ninguna salvación’.

Nota– Es tan absurdo y tan falto de evidencia que no merece otra respuesta que el mismo Génesis 1:1:31. Dios empieza a referir la historia del Mundo con las palabras: ‘En el comienzo de la Creación’ ¿Qué puede haber antes de un comienzo? Sobre las lucubraciones evolucionistas del hombre Neandertal y otros, ver el artículo: ‘¿Un mono pintor?’

6- ‘El registro humano de la naturaleza, es tan perfecto como la Palabra de Dios.’

Nota- El registro humano de la Naturaleza se basa en una suposición tras otra; nadie vivió desde el principio; los estudiosos del tema hacen sus cálculos mediante el sistema radiométrico y otros, considerando, por ejemplo, valores iniciales de carbono14 por concepto, sin tener en cuenta que se desconoce el efecto de la variación de las radiaciones nucleares del Sol desde sus inicios y su influencia sobre esto. Tampoco se sabe si esa cifra, considerada estable, se comportó de esa forma o si varió (como es lógico suponer) con los cambios de temperatura producidos con la glaciación.

El registro humano es falible; se ha demostrado con lava volcánica de origen conocido (10 años) que sin embargo arrojó varios millones de años en laboratorios evolucionistas cuando se mandó a datar sin informarles su procedencia. También se escribirá sobre esto próximamente.

7- ‘Millones de años atrás, Dios creó especies que luego se extinguieron.’

Nota– Otra fábula desmentida en el Génesis; los animales, todos, incluido el hombre fueron creados entre el 5º y el 6º día. Si la evolución es real, los fósiles deberían ir apareciendo en orden: los primarios debajo y los ‘evolucionados encima’; sin embargo, en las capas más inferiores han aparecido animales que existen aún en la actualidad… porque el diluvio, el único desastre reconocido, es el que pudo generar la fosilización por enterramiento inmediato. Recuerden que ‘se abrieron las fuentes del abismo’. También se profundizará sobre esto en un artículo a punto de salir.

Los libros del Dr. Ross son publicados por NAVPRESS, el soporte editorial de los Navegantes. Su declaración ante la prensa fue radical: “Nosotros consideramos nuestro privilegio y nuestro llamamiento, sostener a Hugh Ross con nuestro apoyo como su publicador.”

¡Que Dios les bendiga… y les pille arrepentidos!

El Señor tiene un plan para usted; solo tiene que hincar su rodilla en lo íntimo y pedirle que le provea de discernimiento sobre estas cosas. Si lo hace de corazón, se asombrará de los resultados.