‘EVOLUCIONANDO’ HACIA EL SEXTO MILENIO.

marzo 10, 2009

Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: ‘¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación.’ Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua. Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado.
Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan
.” [2ªPe 3:3-9]

Desde siempre, estos versículos de Pedro llaman mi atención de manera diferente a la de todo el resto de la Biblia. Cada vez que lo leo, algo en mi interior me dice que mastique cada palabra; que intente asimilarlo, no desde meditación humana, sino desde el espíritu. La frase, “para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”, jamás ha tenido otra traducción distinta, trátese de la lengua que se trate y de la Biblia que sea.

De modo que es fiel a la original; y si entendemos que toda Palabra bíblica es fruto de revelación, lo más apropiado es razonar si aquí el Creador nos quiere trasmitir algo… si intenta poner a prueba nuestro discernimiento espiritual acerca de lo que nos dice, pues desde el inicio, el texto ya se perfila en el contexto de profecía.

¿Serán nuestros días, ‘los últimos’? Volvamos a la frase: ‘un día es como mil años, y mil años como un día‘. No hay duda que el ‘como‘ implica ‘semejanza‘; luego, nos vendría a decir algo así: ‘para el Señor, un día es semejante a mil años, y mil años semejantes a un día.’

Sin embargo, es obvio que establece la misma diferencia que nosotros, pues en innumerables contextos bíblicos, en Su diálogo con los profetas, se encarga de puntualizarlo. Un nítido ejemplo, cuando le dice a Abraham, en Gen 17:21:

Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el hijo que te dará Sara de aquí a un año, por estos días.”

Y de esto se deduce que, para Dios, cada palabra tiene el mismo significado que para el humano, y que Él emplea cada acepción, considerando perfectamente las diferencias del lenguaje. Nuestro lenguaje también forma parte de su diseño; las cuerdas vocales humanas, el cerebro, y la mente, vinieron en el mismo paquete de su Creación cumbre: el ser humano.

O sea; Pedro se está refiriendo claramente a ‘los últimos tiempos‘, al fin del mundo establecido desde el principio en el plan de Dios; una época distante de su propia vivencia histórica: un vaticinio sobre el futuro final humano. Por tanto, todo el resto de sus palabras TAMBIÉN FORMA PARTE DEL AUGURIO.

Y entonces podríamos asumir [una especulación mía, no del espíritu] que, el ‘como-semejante‘, pudiera estar estableciendo un paralelo entre el tiempo de Su Creación: 6 días de 24 horas… con el tiempo de la destrucción de Su Obra física: 6000 años, con todos sus días. Y entonces, el ‘un día es como mil años, y mil años es como un día’, adquiriría connotación especial.

Así, si la Creación le ocupó seis días de su tiempo, la fecha de caducidad de esta, podría ser… 6000 años. Y si la actual fecha judía: año 5769, coincide aproximadamente con el resultado derivado de la cronología bíblica, congruente en su última parte [la única posible de contrastar] con la cronicidad histórica humana, vemos que ya se está llegando al final del Sexto Milenio. ¿Pero, en qué momento se pondrá definitivamente el sol del ‘sexto día’ milenario? Solo Dios lo sabe.

Jesús, refiriéndose al fin, dijo, en Mateo 24:14-18:

“…Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. Así que cuando vean en el lugar santo ‘la terrible abominación’, de la que habló el profeta Daniel (el que lee, que lo entienda), los que estén en Judea huyan a las montañas. El que esté en la azotea no baje a llevarse nada de su casa. Y el que esté en el campo no regrese para buscar su capa.”

Aunque más adelante deja patente la incertidumbre, en Mat 24:36:

Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.”

Mas, no dice ‘año‘, sino ‘día y hora’; de modo que aunque entonces manifestó ignorar el momento específico en que volvería, no excluye que Él supiera el Plan General de Dios para el ‘tiempo’ en que comenzaría Su nueva Creación de Apo 21:1:

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar.’

Quizás [otra especulación mía, no del espíritu] Cristo, que todo lo sabía, siempre conoció el tiempo histórico del fin en el que representaría el papel protagonista… solo ignoraba el día. Y mencionó la terrible abominación de la que habló el profeta Daniel‘ ¿A qué se refería, y por qué la señala directamente? Veamos:

En el capítulo 11 de Daniel se mencionan distintas profecías bélicas, cronológicas en el tiempo; en las últimas refiriéndose a un ‘rey proveniente del norte‘. Y en el versículo señalado por Jesús concretamente: Dan 11:30 dice:

Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y se volverá, y se enojará contra el santo pacto, y hará; se volverá pues, y pensará en los que habrán desamparado el santo pacto. Y serán puestos brazos de su parte; y contaminarán el santuario de fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación de asolamiento.”

O sea, habla de un Quitim ‘invasor‘. En varios trozos hebreos hallados en Arad, se menciona a Quitim. Aharoni, que excavó, los recuperó y publicó, dice que aludían a mercaderes o mercenarios griegos. Mas, en el rollo ‘Guerra’, de los descubiertos cerca del Mar Muerto, ‘Quitim’ se aplica a los Seléucidas y a los Tolomeos; y en el ‘Comentario de Habacuc’, aparecen como referencia al imperio de Roma. Por tanto, ‘Quitim’ implica poderes antijudíos en general: ‘aliados contra Israel‘.

De modo que, obviamente, el fin vendrá por el medio Oriente, cuando los enemigos del pueblo judío decidan unir fuerzas para atacarle. Y sobre esto, también el profeta Ezequiel habló, en Ez 38: 1-6:

Y vino Palabra del SEÑOR a mí, diciendo: “Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe de la cabecera de Mesec y Tubal, y profetiza sobre él. Y di: Así dijo el Señor DIOS: He aquí, yo voy a ti, oh Gog, príncipe de la cabecera de Mesec y Tubal… Gomer, y todas sus compañías; la casa de Togarma, que habitan a los lados del norte, y todas sus compañías; muchos pueblos contigo.”

Atención ahora: Magog y el resto de personajes provienen del Génesis bíblico… son inmigrantes del caótico Babel creado mucho después que la nave de Noé encallara en Armenia. Según tradición judía, Mesec, Tubal, y Ben Togorma, poblaron con sus respectivas familias toda la zona aledaña al Mar Negro y Asia Menor. Magog y su familia, siguieron hacia el norte, desde la zona de la actual Bulgaria, para poblarla: los rusos del futuro; la Biblia los menciona a todos ellos en Gen 10: 1-3:

Estas son las descendencias de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a los cuales nacieron hijos luego del diluvio. Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec, y Tiras. Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma.”

Es decir; ambos profetas coinciden en mencionar una invasión llevada a cabo por una alianza contra Israel, desde el lejano norte… por parte de los descendientes de Magog, uno de los hijos del Jafet hijo de Noé.

Y si seguimos la parábola referencia de Jesús, mientras instruye sobre los tiempos del fin, leemos en Mat 24:32:

Del árbol de la higuera aprended la comparación: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca.”

¿Qué sucesos actuales pudieran relacionar las personas de esas profecías a otras de esta época, si estuviéramos atravesando una edad del mundo cercana a la prevista para el fin? Les diré: Moscú lleva años armando e instruyendo militar y nuclearmente a Irán y Siria, enemigos irreconciliables de Israel. Y si ustedes ascienden desde Jerusalén, por el meridiano 37º Este, en dirección al polo norte, verán que atraviesa Moscú… en el lejano norte.

¿Será ese ‘el brote de hojas‘ al que se refiere la parábola del Señor? Siendo este 2009, el año 5769 de la Creación, ¿no estamos acaso en la tarde-noche seis milenaria? ¿No estaremos ya en la parte del Sexto Milenio establecida por Dios para ratificar de manera categórica, que para Él, un día ‘es como mil años, y mil años como un día? ¿Cuál será la ‘hora milenaria’ fijada para el regreso del Cristo misericordioso, esta vez como León de Judá?

Él mismo nos lo advierte en otra parábola, en Marcos 13:35-37:

“Velad pues, porque no sabéis cuándo el Señor de la casa vendrá; si a la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. Y las cosas que a vosotros digo, a todos las digo: Velad.”

Solo el Creador sabe cómo y cuándo sucederán los sucesos planeados desde antes incluso que Cristo se hiciera hombre. Lo único que nos queda a nosotros es estar expectantes ante cómo maduran ‘los brotes de la higuera‘… y asegurarnos que estamos cumpliendo con la actitud que se nos pide, viviendo nuestras vidas en los sanos hábitos que lleven a la sana felicidad… perfectamente posible de conseguir.

El resto: la hora de la justicia y del tránsito a otra dimensión, solo corresponde al Padre que la concibió, y al Hijo que vendrá como Realizador. Por lo pronto, solo miremos al almanaque de reojo, sin sobre preocuparnos, pero también sin resultar indiferentes, pues estamos directamente implicados, y no podemos hacer nada por evitarlo. Pensemos que mientras tengamos vida, tenemos la esperanza de volvernos a Él, sabiendo que siempre nos recibirá. Pero, después que muramos: ¿tendremos abogado?

Y cuando viereis a Jerusalén cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado…Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y gran gloria.”

Palabra de Jesús, en Luc 21:20-27


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EVOLUCIÓN, Y LA JOVEN EVA MITOCONDRIAL

julio 26, 2008

Cierta vez, mientras yo intentaba aprender más sobre mitocondrias, como una de las diferencias entre procariotas y eucariotas, encontré esta definición, de concepto evolutivo:

“Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Como esto se contrapone frontalmente con mi convicción de una Tierra mucho más joven, siempre según la instrucción recibida de Jesús, Bereshit judío bajo el brazo (Las Escrituras a las que constantemente se refiere en la Biblia), decidí que tendría que estudiar mucho para ser capaz de hallar los datos científicos que negaran esta teoría de ‘los 1500 siglos’ de convivencia humana. Lo he hecho, y he llegado a la siguiente conclusión:

El Genoma mitocondrial, [ADNmt], contiene los datos genéticos de las mitocondrias, esos orgánulos demasiado ‘programados’ para ser casuísticos, y que entre otras cosas, generan la energía celular Y he visto además, que su herencia generacional, aunque se afirma que es matrilineal, en realidad es negada ocasionalmente. Dicha exclusividad está desmentida al acreditarse la transmisión de enfermedades de este origen por vía parental.

El ‘New England Journal of Medicine’ (2002) reseña:

“Marianne Schwartz y John Vissing, del Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario Rigs, en Copenhague, han recogido el caso de un hombre de 28 años con miopatía mitocondrial asociada a una delección 2 bp del ADNmt, en el gen ND2, que codifica una subunidad del complejo enzimático ‘l’, de la mitocondria de la cadena respiratoria.

Han determinado que la mutación en el ADNmt es paterna, y que supone el 90% del ADN mitocondrial del músculo del paciente. Mientras no se conozca en qué porcentaje hay transmisión de ADN paterno, que en principio no tiene por qué causar enfermedad y por tanto no es detectable clínicamente, como en el caso citado, no se podrá “ajustar” la fiabilidad de este método.”

En el ADNmt humano, hay solo 37 genes codificantes (no existen zonas no codificantes); en el ADN cromosómico del núcleo celular, hay entre 20-25 mil genes. Esto facilita más la labor de investigación en el primero. Otra característica substancial del ADNmt es que no se recombina; implicando que los únicos cambios que haya podido sufrir, exclusivamente se deben a mutaciones a lo largo de multitud de generaciones.

No obstante, suponiendo que esta información viene solo de la madre, y que no varía generación a generación, replicando la huella de cada mamá genética, se debería llegar hasta la Eva de los orígenes. A veces ocurren raras mutaciones que una madre pasa a su cría, y permiten a los genetistas ‘ubicar’ los ancestros en el eje del tiempo. Un ejemplo: si su abuela adoleció una mutación en su ADNmt, sus hijos y ‘los hijos de sus hijas’ heredaron el fallo genético, esa línea familiar será diferente al resto de la población del mundo, permitiendo identificar a todos los descendientes de esta madre.

En el 1987, científicos de la Universidad de Berkeley, California, publicaron un estudio comparando el ADNmt de 147 personas de todas las zonas geográficas del mundo (chinos, hindúes, africanos, europeos, aborígenes, etc.) El resultado arrojó que todas… ¡tenían el mismo ancestro femenino! Todos venían de la misma madre: la “Eva mitocondrial”.

No hay ningún pasaje bíblico, referente a ella, más que la que menciona a la superviviente esposa de Noé, descendiente directa de Eva, en unas 10 generaciones. ‘Bereshit’, el génesis original judío, escrito por Moisés, y que Jesús llevaba consigo para instruir sobre la Verdad, nos dice, en su capítulo 7, versículo 7:

“Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio.”

Humanos y mamíferos terrestres perecieron en el diluvio universal; solo Noé y sus 3 hijos varones, subieron al arca con sus mujeres, salvándose. Así que en realidad no hay una, sino 4 Evas mitocondriales en la expectativa de la humanidad; sin embargo, las nueras de Noé, genéticamente están a la misma distancia aproximada que su esposa, de modo que sus mitocondrias debieron haber sido casi idénticas.

¿Mas, de dónde vinieron estas Evas? Inicialmente se concluyó que probablemente de África; pero estudios ulteriores señalan que el origen fue Asia o Europa. (Marcia Barinaga, ” ‘La Eva Africana’,” Science, Vol. 255, 7 febrero 1992, pp. 686-687.)

Y aquí, antes de hablar del ADNmt, se presenta otra congruencia Ciencia-Bíblia, pues esta cita que las sobrevivientes criaron a sus hijos entorno al Monte Ararat, [Bereshit/Génesis 8:4], que la tradición judía ubica en el extremo oriental de la actual Turquía: ¡Casi Europa! En otras palabras, todos los contemporáneos podemos reclamar a alguna de esta 4 Madres como nuestra joven tátaratátara, aun por cumplir los 6000 años.

Esto arroja otro punto de debate: ¿Cuándo vivieron esas Evas mitocondriales? Analicemos Armenia, situada en las montañas que rodean el monte bíblico. Los arqueólogos tienen pruebas de que fue uno de los primeros lugares de la civilización humana, incluso la cuna de la agricultura y la civilización. ¡Desde 6000 a. C. hasta 1000 a. C! Fósiles locales de herramientas, lanzas, hachas e instrumentos de cobre, bronce y hierro, indican que se produjeron allí y se comercializaron en tierras vecinas, donde no existe igual abundancia de metales.

Llegados a aquí entremos en el rastreo de los lenguajes. Los lingüistas admiten claramente que no saben cómo se originan los idiomas, pero sí cómo se extienden o distribuyen hacia distintas áreas del mundo, y en “La historia temprana de los idiomas indoeuropeos”, los especialistas Thomas V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov ( no cristianos), concluyen:

“Nuestro trabajo indica que el protoidioma nació hace unos 6,000 años, en la Anatolia oriental (oriente de Turquía)…” [Scientific American, Vol. 262, Marzo 1990, p. 110]

¡6000 años! ¡Imposible hallar mayor congruencia entre las cronologías y lugares bíblicos, y las edades y sitios científicos!

Varias generaciones después del Diluvio, los idiomas se multiplicaron a partir de Babel (Bereshit/Génesis 11:1-9). El ‘Babel’, relacionado con el vocablo inglés “babble”, que significa “proferir sonidos sin significados.” La mayoría de los teólogos coinciden en que la Torre de Babel existió en algún punto entre los ríos Tígris y Éufrates, un área circunscrita a la antigua Babilonia y el Monte Ararat.

Y ahora, regresemos a las investigaciones del 1987, sobre el ADNmt de 147 personas y la “Eva mitocondrial”, donde empieza en verdad el debate. ¿Cómo cotejar la asiduidad de mutaciones del ADNmt? El cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150000 años, y Adán, solo 50000; 84.000 años esperando al padre de sus hijos. ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84000 años, sin un Adán que la hiciera madre? Solo quedando embarazada de machos de otra especie; ¡84000 años de híbridos germinantes, sin una sola presencia fósil! Y  a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia.

Note que esta conclusión Eva-Adán mitocondrial se afirma como algo probado, aunque se base en supuestos sin evidencias… y el número arrojado no concordó con la posición anterior, según se esperaba. Todo lo contrario, restó millones de años a la posición sostenida anteriormente, pues hasta ese momento la evolución enseñaba en las aulas que el “ancestro común de los humanos era una criatura parecida a los monos, existente millones de años atrás”.

Mas, sorprendentemente, en 1997 [y al fin hemos llegado a lo mejor], científicos evolutivos ultimaron tras un estudio, que las mutaciones del ADNmt ocurren 20 veces más rápido que lo que se pensaba. Los ritmos de mutaciones se fijaron, concluyentemente, comparando el ADNmt de múltiples pruebas de madre-hijo. Usando este nuevo método (propuesto por evolucionistas), Eva mitocondrial vivió hace aproximadamente… “¡6,000 años!”

Se han hecho varios trabajos para medir explícitamente la tasa de sustitución en el ADN mitocondrial. Una referencia es Parsons, Thomas J., et al., En esa investigación, se observó una alta tasa de sustitución en el control de la región ADN mitocondrial humano. [Nature Genetics vol. 15, abril de 1997, pp. 363-367].

También en http://www.cs.unc.edu/~plaisted/ce/mitochondria.html, se dice:

“La tasa y el patrón de secuencia de sustituciones en la región de control (CR) ADNmt, es de vital importancia para los estudios evolutivos humanos, y la identificación en pruebas forenses. Así, en un informe de medición directa entre tasa de sustitución en humanos, en zona CR, se cotejaron secuencias de ADN de dos segmentos hipervariables de parientes cercanos, vía materna, de 134 linajes ADNmt. Todos independientes y abarcando 327 generaciones, en las que fueron observadas diez sustituciones; lo que resultó en una tasa empírica de 1 cada 33 generaciones o 2.5/site/Myr. Unas veinte veces mayor que las estimaciones derivadas de análisis filogenéticos.”

Algo más adelante continúa:

[“El rango de sustitución observado aquí es muy alto en comparación con los deducidos de otros estudios evolutivos. Una amplia gama de tasas de sustitución CR se han obtenido de estudios filogenéticos, abarcando unos 0.025-0.26/site/Myr, incluidos los intervalos de confianza. Otro dio una estimación más rápida: CR: 0,118±0.031/site/Myr; asumiendo un tiempo de generación de 20 años, que correspondió a ~ 1 cada 600 generaciones, con una edad total ADNmt, de 133000 años.

Pero nuestra observación de la tasa de sustitución: 2.5/site/Myr, es unas 20 veces más alta que la prevista a partir de análisis filogenéticos. Nuestro tipo empírico para calibrar el reloj molecular ADNmt se tradujo en una época de los ADNmt MRCA, de sólo unos 6500 años, claramente incompatible con la edad conocida del humano moderno. Aun reconociendo que el MRCA de ADNmt puede ser más joven que el MRCA del humano actual, sigue siendo plausible para explicar la distribución geográfica conocida del ADNmt, secuencia de variación de la migración humana, producida sólo en los últimos ~ 6500 años.]

O sea, como siempre, si se llega a una evidencia contradictoria con la teoría evolutiva, se acude a la argucia argumental para intentar quitar importancia al resultado científico que les niega; pero ahí está: otra contradicción evolutiva demostrada por la misma Ciencia a la que se pretende usar de sostén. De nuevo, como en el artículo anterior, el reloj molecular no se corresponde con las expectativas de la teoría evolutiva basadas en un planeta anciano. El reloj molecular que dató el mitocondria madre anterior, se ‘calibró’ asumiendo que surgimos de los simios hace unos cinco millones de años.

Esto añejó a ‘Eva’ en cientos de miles de años atrás; pero cuando el rango de las mutaciones actuales fue medido y usado en el cálculo, la fecha resultó en 6,500 años: el pretendido reloj de su razón resultó correr más rápido que lo que se esperaba. Cualquier parecido con la historia Bíblica… no es casual. ¡Qué ironía: La Ciencia les arroja en los brazos de lo mismo que niegan!

Por supuesto, otra evidencia que surge de este experimento, es que los procariotas no se volvieron mitocondrias, sino que ambos surgieron a la par… durante la Creación de Dios. El necesario protocolo de años para que un virus, supuestamente, adquiriera su propia fuente de energía, ha sido echado abajo de golpe. La información real de estos hallazgos científicos tiene más sentido en el marco Bíblico de la historia: se corresponde con la creación de la variedad biológica desde el principio, y con la instrucción de un gran Diluvio creando muchos fósiles en un período corto de tiempo, un lapso total de miles de años.

Las noticias de la revista ‘Nature’ y otras que no pongo aquí, porque aun me falta contrastar datos, dicen que según el nuevo reloj, Eva apenas tendría unos 6000 años de edad. Parsons dice que “estudios evolutivos le incitaron a esperar una mutación en 600 generaciones”. Se “pasmaron” al hallar 10 cambios de bases-pares, que les daba el rango de una mutación aun menor: cada 40 generaciones. [Parsons, T.J. et al «A high observed substitution rate in the human mitochondrial DNA control region», Nature Genetics 15: 363-368, 1997].

La evolución ha tratado de evadir la fuerza de estos resultados respondiendo que el alto rango de mutación sólo ocurre en ciertos trozos de ADN llamados «puntos calientes» y/o que el alto rango (observado) causa mutaciones que «borran» los efectos de este alto rango. Por lo tanto, convenientemente, el rango es asumido alto durante un corto tiempo o bajo durante un periodo largo de tiempo, según convenga: un intento de amoldarse a la verdad que le sale al paso; ‘instinto de supervivencia’. Otro ‘quite’ que le impone la Ciencia, que en este milenio del conocimiento y la luz, le está pasando factura y le seguirá pasando, por cada embuste que ha sido capaz de generar en su particular cruzada antiCristo.

La importancia de estos hallazgos en tiempo real, anulan todo lo que existe en bibliotecas con respecto a ‘homimonos’ ancestrales, erróneamente datados por el ADN mitocondrial. Los 6000 años mitocondriales resultan otra confirmación de que, cada vez que la Ciencia está en condiciones de contrastar la manifestación bíblica, ambas son coincidentes, negando las afirmaciones de una teoría evolutiva a la ligera, que lleva más de un siglo cambiando constantmente sus cálculos, intentando sobrevivir a sus propios errores.

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EL ORIGEN DE LAS RAZAS.

enero 30, 2008

Enero 30/2008

UNA SANGRE, UNA RAZA.

Por favor, permítanme comenzar con algo que he visto al azar, mientras buscaba un dato para este artículo; su contenido toca fibra y quiero compartirlo; se trata de un versículo del Salmo 74:19-20:

“Señor, no entregues a las fieras el alma de tu tórtola, Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos. Mira al pacto, porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia. “

Y ahora, a lo que vamos: Una de las preguntas que solemos hacernos cuando nuestra mente no está ocupada en cosas más absorbentes, es: ¿si todos venimos de Adán y Eva, por qué las razas? ¿Por qué algunos son negros, y con características que les identifican, los asiáticos tienen esos ojos tan particulares y también aspectos genéticos propios; y los árabes los suyos… y los nativos iberoamericanos, los de Australia o Papua Guinea, etc.?

Es cierto que procedemos de la primera pareja; pero también, que hubo un corte brusco en la historia de la humanidad cuando Dios decidió enviar un Diluvio correctivo al planeta, eximiendo a Noe y toda su familia (cuatro matrimonios en total). En busca de fidelidad, como siempre hago, leamos el Bereshit judío (posteriormente Génesis, en la traducción griega) al que Jesús acudía en sus enseñanzas:

Bereshit 7: 6 “Noaj (Noé) tenía seiscientos años cuando cayó el Diluvio sobre la tierra. 7Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio”…

Y luego, cuando terminó todo, leemos:

Bereshit 9:18-19: “Los hijos de Noaj (Noé) que salieron del Arca eran Shem, Jam y Iafet. Jam es el padre de Canaán. Esos tres eran los hijos de Noaj (Noé) y de ellos se expandió toda la tierra.”

Es decir, de ahí salió nuestra simiente directa; aunque los padres primigenios fueron Adán y Eva. Los capítulos 10 y 11 explican como se fue distribuyendo la humanidad por el planeta, mediante los hijos y nietos de Noé, después de haberles confundido las lenguas en Babel. Esta parte de la historia cuenta que al salir del arca se asentaron en un lugar, pese a la orden de dividirse y salir por todo el mundo para repoblar la Tierra. Se acomodaron en aquel sitio y comenzaron a procrear y expandirse desde el mismo punto posterior al desembarco.

La cosa se les puso fea en Babel; ya se habían acomodado, tenían sus ‘compi‘ y todas esa cosas; algún mercado cercano, hierba para los animales… y siesta para dormir. ¿Quién se iría? Se sintieron tan bien que dijeron:

– Venga, vamos a construir una torre que llegue al cielo; total, nos sobra tiempo…

La historia comenta que aquí mismo se formó: Dios les confundió las lenguas y comenzaron a no entenderse. (Imaginen el lío; a veces no nos entendemos ni los de un mismo idioma) De este hecho debieron aprender los romanos su lema: “Divide y vencerás”, pues el familión de Noé, derrotado por su Creador, no tuvo más remedio que segregarse de acuerdo a sus nuevos dialectos.

La Biblia es bastante explícita en detalles, con respecto a estos viajes de conquistas; según Ge 8:4 el arca descendió sobre las montañas de Ararat, región que los antiguos llamaban Urartu, (leyendo los apuntes de la tradición judía) y que se corresponde aproximadamente, a la actual Armenia. Desde ahí se disgregan los grupos familiares y se dirigen hacia el norte los futuros cimerios: (Gomer, hijo de Jafet, con los suyos, que poblarían la región del Cáucaso y continuarían ascendiendo por Rusia) Los lidios (Magog, hermano del anterior, que iría hacia Asia Menor). Madai, otro de los hermanos, se dirigió hacia Media, región montañosa al noroeste de Irán. Otro grupo, dirigido por un hermano más, Javán, fue hacia Jonia, en Grecia, en la costa occidental de Asia Menor. La zona del mar Negro fue habitada por los grupos de otros dos hermanos: Mésec y Tubal.

Pueblos formados por descendientes de los otros dos hijos de Noé: Sem y Cam, hicieron lo mismo: Sem se dirigió hasta Palestina, (de ahí la palabra semita) y se considera el padre de los judíos; mientras que los descendientes de Cam ocuparon la zona de Egipto y Arabia; dirigiéndose hacia el sur, hacia el mar de Arabia, sentando las bases de todos los países y emiratos de la zona.

A partir de ahí, ya se lo pueden imaginar: a poblar la tierra de nuevo… pero separados y, dados los problemas de las comunicaciones en aquellas épocas, lo más probable es que la mayoría no volvería a verse jamás.

Y aquí comienza su vital intervención la genética. Si usted visita los países americanos, podrá cerciorarse que no hay una característica común entre sus habitantes; sobre todo en sus ciudades más cosmopolitas. La inmigración mundial ha hecho un gran aporte a esa metrópoli especial que constituye Nueva Cork. (Aún no me lo explico, porque están pegados a Alaska y el frío allí hace silbar hasta a los pingüinos; hubiera entendido mejor que hubieran ido a California, con un clima mucho mejor o Florida… las playas de Miami. ¡Qué diferencia!)

Si se pide un ejemplo de mezcla de razas esta es la ciudad: hay neoyorquinos, nacidos allí, con rasgos árabes, asiáticos, caucásicos, africanos, hindúes, quechuas, guaraníes, etc. Por haber, hay hasta gente de Lepe, oiga. ¿Cuál es el resultado? ¡Que sólo se identifican por el inglés que hablan, no por sus rasgos! En cuanto un negro, un achinado, un aindiado o lo que sea, abre la boca, ya habrá alguien que suelta: – Este es de Colorado.

Pero no ocurre lo mismo en China; yo estuve allí en Septiembre del 2006 y… ¡Qué sensación ser el centro de atención donde quiera que fuera! En Pekín, Shangai, Hong Kong y otras ciudades turísticas ya están habituados a ver extranjeros; pero yo fui a Zhen Zheng, en la provincia de Guan Dong, (territorio mandarín) y en esa ciudad, el único no-chino que topé, fue un pakistaní, en un Banco, una semana después, mientras ambos cambiamos nuestras divisas por la moneda nacional. Aunque ellos se conocen entre sí, y consideran extraños a los chinos de otras regiones, obligándoles incluso a sacar permisos de trabajos en muchos casos, para mí eran todos iguales.

¿Qué ocurrió con los parientes de Noé que ‘colonizaron’ esa parte de Asia?

La respuesta está en la genética; los habitantes de China, desde épocas milenarias, solo se casan entre ellos; y está demostrado que el ser humano va perdiendo información genética. Los familiares de Noé que llegaron a esa área fueron un grupo minúsculo que comenzaron las uniones sexuales entre sí, sin más factores externos. A medida que pasaron los años, los genes fueron mutando y, como formaban un círculo cerrado, su codificación genética tomó un tinte particular; al paso de los siglos, muchos matrimonios tenían entre sí una información muy parecida, y al mismo tiempo muy distinta a sus precursores. Cambios en la melanina y en la instrucción de la formación muscular y ósea a lo largo de las generaciones, crearon la raza asiática que conocemos hoy, con rasgos muy marcados por su largo tiempo sin intercambiar genes con nadie más.

Normalmente no se evidencian las mutaciones que llevamos, a menos que heredemos el mismo error de los progenitores; las primeras generaciones de padres eran casi perfectas genéticamente, pues aun no había ocurrido suficiente tiempo para mutaciones importantes, de ahí que los hijos e hijas de Adán se casaran entre ellos para poder cumplir con la orden del Creador:

“Creced y multiplicaos”

 En aquellos tiempos sus genes tenían toda la información necesaria y no había peligro de que una misma mutación familiar se reflejara en el nuevo embrión humano. Pero para el diluvio, que según los estudiosos judíos ocurrió cerca de 1500 años después de la creación, ya estas se empezaban a manifestar. De ahí la prohibición en un momento posterior, cuando Dios le da las leyes a Moisés en el Deuteronomio, evitando más matrimonios cosanguíneos, para protegerles de deformaciones, anormalidades y todo lo inherente a las pérdidas de información genética.

De modo que los descendientes de Noé radicados en esa área de Asia ya empezaban a manifestar los problemas genéticos. Dicho de otra forma, si el factor codificado encargado de la distribución de melanina, por ejemplo, comenzó a degenerar en información; esto provocaría un cambio en la piel de los nacidos en China después de varias generaciones y, al no unirse con pakistaníes, rusos, árabes, etc. ese gen mutante continuó predominando en la población hasta el día de hoy. Si una china sale de ese círculo cerrado y se casa, digamos, con un keniano, la información genética de este prevalece, con respecto a ese gen mutante en concreto, y algunos rasgos del hijo, incluyendo el color de la piel, variarán.

Con respecto a los ojos no ocurre igual; no tengo la respuesta, pero conozco parientes de asiáticos, hasta la 8ª generación, que continúan manteniendo los ojos ‘chinos’. Parece que con respecto a ese gen ya no hay nada que hacer; él siempre predominará sobre otros, sea de la raza que sea. Por tal razón vemos rasgos chinescos en la mirada de algunos europeos, indios, árabes, rusos… de cualquier parte del mundo que hayan intercambiado información genética con ellos.

La ‘mutación genética‘ es válida para la formación de todas las razas; lo mismo ocurre con los múltiples tipos de perros que existen, los famosos ‘pinzones‘ de Darwin; con todo. Pero eso no es ‘Evolución‘, no se han creado ‘nuevos‘ genes, sino que hay  pérdida de información  genética.

El ADN sujeta su información en la secuencia de cuatro componentes químicos conocidos como nucleótidos: C, G, A, T. Grupos de tres de estos a la vez son «leídos» por un mecanismo de traducción complejo en la célula para determinar la secuencia de 20 tipos diferentes de aminoácidos que deben ser incorporados a las proteínas. El ADN humano tiene millones de nucleótidos en secuencia; es fácil imaginar que una pérdida de información puede provocar cualquier cosa, según donde se manifieste: un ojo verde y otro marrón, una pierna más corta que otra, nariz más larga, senos más pequeños, dedos más cortos, etc.

Lo mismo ocurrió con los africanos. Algunos citan que el nieto de Noé, según el original judío, era ‘kushi‘, que en hebreo significaría de piel negra, es decir, que ya había existido mutación en la orden genética que indicaba la cantidad de melanina apropiada. Pero no hay que ir tan lejos en el tiempo para corroborar esta situación. En Londres vive la familia Unoarumhi: ambos padres africanos, con la piel, ojos y  pelo oscuro, ¡mientras sus tres niños tienen piel blanca, pelo rubio y ojos color verde-avellana! Cada uno de los niños ha heredado de cada progenitor un gen para un tipo de albinismo. Cuando dos de tales genes se combinan en la descendencia, el resultado es una producción muy baja de Melanina. Esta se halla en la piel, los ojos y el pelo de todas las razas en diversas cantidades, conduciendo a expresiones diferentes del mismo color básico. Es decir, una variación genética puede ordenar más o menos melanina para el embrión que se esté formando.

José Martí dijo: ‘Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro…’; quizás estaba parafraseando las palabras de Hechos 17:26:

“…de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”

Cuando el Señor venga a pedir cuentas a todos los hombres no mirará la melanina, de su piel, sino lo que su vida les ha grabado en el corazón de cada uno. De ahí saldrán las rentas individuales: A cobrar, o a pagar; cada quien enfrentará ese momento ineludible.

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