EVOLUCIÓN: ABIOGÉNESIS A POR SUS FUEROS

abril 5, 2008

“Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén” (1ª Timoteo 6:20)

LAS NEBULOSAS DE CHARLES Y ASOCIADOS

El antiguo concepto de abiogénesis o autogénesis, en Biología, sostenía que podía surgir vida animal y vegetal de forma espontánea, a partir de materia inerte; este indicaba que germinaban gusanos del fango, moscas de la carne podrida, cochinillas de los lugares húmedos, etc. Así, la idea de que la vida se reciclaba continuamente en la Tierra a partir de restos de materia orgánica, se denominó generación espontánea.

En la segunda mitad del siglo XIX, los ensayos de Luis Pasteur probaron definitivamente que los microbios no se originaban al azar. Gracias a él, aquella absurda idea debió ser desterrada del pensamiento científico, y a partir de entonces se aceptó de forma general el principio que sentenciaba que todo ser vivo procede de otro ser vivo.

Pero, ante la insistencia atea de no reconocer el origen de la vida tal como se plantea en las Escrituras, los mismos seguidores de la antigua corriente se reincorporan al camino, aspirando dar respuestas coherentes al umbral de la existencia, con el concepto de que en un momento indeterminado, eones de tiempo atrás, la materia no orgánica generó la primera célula viva. O sea, en lugar de recapitular, dan un inmenso salto hacia delante, respondiendo ‘sus’ incógnitas, con más absurdos.

¿En qué se fundamentan? Pues de nuevo en la generación espontánea; es decir, más de lo mismo, pero aplicando la seudo ciencia para convencer que ‘esta vez sí tienen la razón.’ Mas es muy difícil visualizar las cosas inertes, ultrapasando la frontera hacia lo vivo, sin aportar ideas congruentes, porque, ¿qué funda una célula viva? ¿Que criterios deben ser cumplidos?

El propósito de todo método científico es relacionar el efecto (observación) con la causa, al tratar de reproducir el efecto, recreando las condiciones bajo las cuales este ocurrió. Cuanto más complejo es el fenómeno, mayor es la dificultad que la ciencia tiene para investigarlo, y en el caso de la investigación del origen de la vida, se topa con dos trabas: las condiciones en que ocurrió son desconocidas y se ignora la esencia original.

Pero, ¿qué es la vida? Las células son los elementos más simples de todos los seres vivos; aun los procariontes, los más elementales. ¿Han podido demostrar que una sola bacteria ha surgido de la nada? Decididamente: No. Aun así, no solo obvian esta falta de evidencia, sino que además dicen que esta bacteria, sin núcleo,  citoesqueleto, y muchos otros organelos imprescindibles, se fue abasteciendo de todo ello por sí misma, sin ayuda externa, llegándose a convertir en un organismo complejo. ¿Han aportado alguna prueba de esto? Decididamente: No, pero siguen adelante con sus elucubraciones, como si en Ciencia no fueran necesarias las evidencias.

Todos los organismos complejos se componen de células, cada una integrada por un microcosmos de entidades que la convierten en un ínfimo mundo funcional. Células únicas de vida libre, como la ameba y otros protozoarios, deben desempeñar todas las funciones necesarias para la vida, igual que individuos más complejos. Una célula posee sistema digestivo, reproductor, respiratorio, nervioso, esquelético, excretor, muscular, etc., muy minúsculo e interconectado para haber surgido por azar.

El análisis se complica si se piensa que toda célula viva ostenta características en común, consideradas fundamentales: el código primario rico en informaciones de ADN, la enzima ADN polimerasa necesaria para la reproducción de dicho código, ARN intermediarios y ARN polimerasa requerido para transcribir las precisas instrucciones metabólicas que aparecen enigmática e inexplicablemente ‘codificadas‘ en la molécula de Ácido desoxirribonucleico (ADN). El hecho concluyente de que todo elemento celular tiene garantizada su necesidad de energía de una forma u otra constituye una evidencia de diseño, no de sucesos casuísticos.

Añadamos ahora el mecanismo de síntesis de proteínas contenido en los ribosomas, los ARN transportadores y las enzimas precisas para ligar a cada uno de los aminoácidos respectivos, más la membrana celular y las vías metabólicas fundamentales para generar los materiales necesarios en las reacciones mencionadas anteriormente, implicando en ellas a cientos de fermentos participantes, de forma organizada y muy bien calculada.

Asombrosamente, una vez más, sin ninguna prueba confirmatoria, vuelven a asegurar que toda esa complejidad también sucedió por sí misma, por azar de la Naturaleza y por una selección natural controladora, que nadie ha evidenciado con referencias comprobatorias. Dicen que de la materia inorgánica surgió la orgánica, y que esta fue adquiriendo complejidad gracias a su sabiduría infinita, durante miles de millones de años, hasta el momento actual. Esa es la sopa que se da a beber en las escuelas, desde hace casi dos siglos.

Los autores de esta nueva teoría abiogénica, señalaron cuatro componentes esenciales para el origen de la vida:

1. Una atmósfera llena de moléculas gaseosas reducidas y una fuente de energía para convertir esas moléculas en precursores biológicos necesarios para la subsistencia.

2. Un océano saturado de pequeñas moléculas biológicas resultantes del punto anterior.

3. Un mecanismo que genera, a partir de este mar molecular, polímeros ricos en información, necesarios para una célula viva (ADN, ARN y proteínas)

4. Interiorizar, confiada y absolutamente, que si el paso número tres es implementado, dará como resultado, inevitablemente, la sublime formación de una célula viva.

La primera condición impone un aspecto químico. Los primeros estudios serios al respecto, datan de 1920, cuando J.B.S. Haldane y A.I. Oparin sugirieron que la vida se originó espontáneamente a partir de la materia inerte existente en la superficie terrestre en un pasado remoto, y describieron un escenario para esa ocurrencia: una química oscura, pero ampliamente aceptada entre aquellos que procuraban establecer un origen naturalista para la vida en la tierra.

Años después, en el 1953 Stanley Miller hizo sus experimentos basado en el ambiente de Oparin (CH3, NH4, H2O, y H2), y logró varios compuestos simples, incluyendo algún aminoácido, así como una cantidad de alquitrán. Miller y Urey propusieron que la luz ultravioleta y descargas eléctricas, produjeron pequeñas moléculas biológicas precursoras en la “tierra primitiva”, luego depositadas en los océanos por el ciclo hidrológico.

Más tarde, Carl Sagan propuso que la tierra primitiva estaba sometida a un flujo de rayos UV 100 veces más fuerte que los de hoy día, y que el H2S proveniente del vulcanismo fue un agente catalizador. En el inicio de la decada de los 70, Bar-Nun demostró que las ondas de choque de alta velocidad resultaban 10,000 veces más eficientes que los otros métodos, convirtiendo la atmósfera gaseosa reductora de Oparin en pequeñas moléculas, formando cuatro aminoácidos.

Actualmente, algo más de una decena de aminoácidos puede ser producida bajo condiciones de la atmósfera reductora que se ‘cree‘ existió en la tierra primitiva. Pero, como también se generan aminoácidos no proteicos, estos competirían con los veinte aminoácidos de síntesis, en cualquier hipotética reacción abiogénica, afectando la teoría.

Oparin reconoció la necesidad de excluir oxígeno o algunos otros compuestos oxidativos de la mezcla. Esto fue muy conveniente, debido a que tal mezcla probó ser capaz de generar una variedad de pequeñas moléculas de interés biológico.

Pero hubo oxígeno; Philip Abelson (1966) y J. W. Schopf (1972) concluyeron que no hay evidencias de una atmósfera inicial de metano-amonio, y desde el vuelo del Apollo 16, se supo que la fotodisociación del agua en la atmósfera superior, por inducción, es una de las fuentes mayores de oxígeno libre atmosférico, así que este se debió generar en un promedio alto en la tierra, sin la presencia de un escudo de ozono (hecho por oxígeno) para bloquear la intensa luz UV del sol. Un análisis de las rocas ‘consideradas‘ del Precámbrico parece indicar la presencia de oxígeno libre, a niveles similares de los hoy día (Walker, 1977), y que la tierra no tuvo la atmósfera reductora que apoye a estas tesis.

Por otra parte, queda la incógnita del surgimiento de biopolímeros ricos en información que provocarían la necesaria síntesis de macromoléculas imprescindibles para el desarrollo de una pre-célula. La síntesis de proteínas y ácidos nucleicos a partir de pequeñas moléculas precursoras, en el hipotético océano biótico, representa uno de los desafíos más difíciles del modelo de la evolución, ya que el agua no favorece la formación de enlaces peptídicos, sino que es su ausencia lo que beneficia la reacción.

Sidney Fox reconoció el problema y comenzó a elaborar una alternativa mediante la que logró crear una especie de sustancia polimerosa. El material polimerizado se vació en una solución acuosa, resultando en la formación de algo que llamó ‘proteinoides‘, que consideró como células. Reclamó casi todas las propiedades imaginables para su producto, incluyendo que él había alcanzado la transición de la macromolécula hacia la célula.

Fue aun más lejos, intentando  demostrar que un pedazo de roca de lava pudiera sustituir un tubo de ensayo en la síntesis de proteínas y afirmó que el proceso ocurrió en la tierra primitiva en los alrededores de los volcanes. Sin embargo sus críticos y sus propios alumnos desnudaron su credibilidad:

Se demostró que los proteinoides no son proteínas, pues contienen muchos enlaces no peptídicos y otros cruzados que no son naturales. Los enlaces peptídicos son del tipo beta, mientras que todos los enlaces peptídicos biológicos son del tipo alpha. Los materiales con los que inició el experimento fueron aminoácidos purificados, que no tenían semejanza con los materiales disueltos en la “sopa orgánica“.

Si alguien tuviera que hacer el experimento con la sopa pre-biótica, el único producto sería alquitrán. El porcentaje de 50% ácido aspártico y ácido glutamico necesario para estos experimentos no tienen semejanza al porcentaje muchísimo mayor de glicina y alanina hallados en los experimentos de síntesis de la tierra primitiva, y tampoco hubo contenido de información genética.

Todas las alegaciones expuestas por Fox fallaron en pasar las pruebas cuando fueron examinadas cuidadosamente. Aunque sus resultados iniciales parecieron coincidir mucho con su teoría, la realidad resultó catastrófica para las esperanzas de los paleontólogos, geólogos y bioquímicos involucrados en una creación casuística y natural.

También se propuso el uso de arcillas, pues en este ambiente los grupos de aminoácidos tienden a ordenarse, y se han logrado producir polímeros a partir de muchos aminoácidos. Pero, aunque estos estudios han generado el interés de los evolucionistas prebióticos, su relevancia ha sido sofocada, entre otras cosas, porque las arcillas muestran preferencia por aminoácidos básicos.

Para obtener resultados y que ocurra la polimerización, deben ser usados aminoácidos puros y activados, ligados a adenina, sin embargo, los aminoácidos adenilados no son el material flotante más común en el océano prebiótico. Si se usan aminoácidos libres, no ocurre la polimerización adecuada, pues los polímetros resultantes son en su mayoría tridimensionales y no lineales, como suelen ser los biopolímeros.

Recientemente fue abierto un capítulo final con el descubrimiento de las moléculas de ARN auto catalítico. Fueron recibidas con gran gozo por los evolucionistas, porque daban esperanza de disminuir la necesidad de fabricar proteínas en la primera célula; les llamaron “ribozimas“, pero sin embargo, estas probaron ser incapaces de responder a la expectativa, debido a dos factores:

– Aunque una ribosa puede ser producida bajo condiciones prebióticas simuladas, resulta un azúcar raro en los polímeros de formaldehído (mecanismo pre-biótico que se acredita dan origen a los azúcares). Además de la presencia de nitrógeno, los aminoácidos de la mezcla de reacción podrían prevenir la síntesis de azucares (Shapiro, 1988).

– Ninguna de las 5 bases presentes en DNA/RNA son producidas durante la oligomerización HCN (ácido cianhídrico) en soluciones diluidas (el mecanismo pre-biótico que se cree que dio origen a las bases nucleotídicas). Además de los problemas de síntesis de los precursores y de las reacciones de polimerización, todo el bosquejo depende de sintetizar una molécula de RNA capaz de hacer una copia de sí misma, pues la molécula debe también realizar alguna función vital para iniciar la fuerza de la vida; pero tal hazaña, no ha podido verse manifiesta.

Todo ese “Mundo RNA” perdura en calidad de ficción; no ofrece pistas de cómo llegar desde el esbozo del mecanismo convencional de las proteínas de ADN-ARN de todas las células vivas. Por otra parte, el que algunos científicos decidan exhibir tal entusiasmo por este esquema, revela la poca fe que tienen en los otros escenarios del origen de la vida discutidos anteriormente.

En todos los estudios experimentales sobre los inicios biológicos, la presencia del investigador condiciona siempre  la dirección y conclusión del experimento en el sentido de sus propósitos. Cuando este se propone lograr un objetivo (por ej., en la síntesis de los precursores o la polimerización de los precursores), elabora un sistema ‘previsto‘, que tenga alguna posibilidad de alcanzar la meta deseada. Se escogen las condiciones en las cuales los materiales resulten apropiados para una hipotética tierra prebiótica, de modo que lo obtenido quede envuelto en el aire de credibilidad necesario, aunque sea conseguido desde la manipulación inteligente, no desde el caos de las reacciones implícitas en los laboratorios.

Los cálculos son cuidadosamente manipulados una y otra vez, hasta lograr la meta propuesta; así, el lector da por hechas las situaciones contadas, que no tendrían probabilidad de ocurrir ni habrían sido posibles en el entorno natural del principio de la Creación. Por ejemplo, cuando Fox realizó sus experimentos para producir proteinoides a partir de aminoácidos, usando roca de lava en lugar de tubos de ensayo, guió su trabajo para dar la impresión de que este era un modelo idóneo para la tierra prebiótica. Creó una gran expectativa entre quienes le creyeron, mas sus resultados, como ya se ha sabido, constituyeron un fiasco más en las esperanzas evolucionistas.

Si el análisis científico cuidadoso nos lleva a concluir que los muchos mecanismos propuestos del ‘origen espontáneo‘ no han logrado producir ni una sola célula viva, la hipótesis alternativa de la Creación inteligente se torna más atrayente; los métodos de la ciencia no han logrado responder de forma concluyente, ni en un solo ejemplo plausible, a la pregunta del origen de la existencia del rico mundo biológico que aparece ante nuestros ojos.

Sagan y M. J. Newman fueron diáfanos al declarar que “la ausencia de la evidencia es la evidencia de la ausencia.”: Más transparente ni el agua cristalina; se ha estafado a la humanidad durante mucho tiempo y es hora de que alguien con raciocinio dé la señal de Stop… al menos hasta que la verdadera Ciencia, esa gran confirmadora y única homologadora, esté en condiciones de ofrecer una prueba definitiva.


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EL DILUVIO: ¿MUCHA AGUA O POCO ESPACIO?

marzo 10, 2008

¿FALTÓ AGUA EN EL DILUVIO?

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.  Albert Einstein

El motivo de este artículo es el haber recibido varias críticas (cálculos personales incluidos), que señalan que el diluvio no pudo ser posible, pues no hubo la suficiente cantidad de agua para lograrlo. Otros plantean la imposibilidad de evaporar tanta agua luego a la troposfera, ya que esta solo tiene unos 12 Km. (la media, sacada entre la altura que existe con respecto a los polos y de la existente con respecto al ecuador) De modo que será necesario demostrar ambas posibilidades, empezando, lógicamente, por la cantidad forzosa para que se anegara el planeta, incluido el monte Everest.

Debe recordarse que el planteamiento bíblico señala que se rompieron las fuentes del abismo y que estuvo lloviendo durante 40 días; es decir, agua desde arriba y desde abajo. Pero, ¿de dónde procede el agua de la Tierra? Los creacionistas no tienen dudas al respecto: la creó Dios, junto a todo lo demás. Pero la mayoría de los científicos creen que proceden de los asteroides y cometas ricos en agua que cayeron sobre el planeta en su juventud. Piensan que, justo después de formarse la Tierra, esta era muy caliente y seca. Según esta teoría, millones de cometas y asteroides ricos en agua bombardearon nuestro planeta hace unos 3,8 mil millones de años, dando lugar al agua existente hoy.

Sin embargo, Hidenori Genda del Instituto Tecnológico de Tokio, y su colega Masahiro Ikoma, científicos planetarios japoneses, sugieren que los océanos son en realidad “autóctonos” y que pudieron formarse debido a que la joven Tierra tenía una espesa capa de hidrógeno, que reaccionó con los óxidos existentes para formar ríos, lagos y mares.

Los datos sobre la cuantía total de agua resultan contradictorios; unos la cifran en 1300 trillones de litros, otros, como la empresa Hidritec, dedicada a la tecnología y gestión de recursos hidráulicos, habla de 320.000 Km3 de agua dulce bajo la superficie de los continentes y unos 48.000 Km3 sobre la misma, en forma de ríos y lagos, más la que existe en la atmósfera. Un informe del forum del agua, realizado en Méjico, señala que el volumen de agua en nuestro planeta se estima en unos 1 460 millones de kilómetros cúbicos.

A estas cantidades hay que sumar la que se integra en la composición interior de la tierra, que se ignora, y parte de la cual llega a la superficie tras aislarse de las masas subterráneas de magma en forma de vapor, durante las erupciones volcánicas. Este proceso, llamado ‘desgasificación del manto’, compensa permanentemente, (y lo hará mientras no cese la dinámica interna planetaria) la pérdida de agua por fotólisis en la alta atmósfera; pues allí, los átomos de hidrógeno liberados tienden a perderse en el espacio.

Aquí se muestra un diagrama simple que revela cómo la tierra está saturada debajo de la capa freática (área color púrpura). La tierra subterránea sobre la capa freática (área color rosa) puede estar húmeda, pero no se mantiene saturada. La tierra y la roca en esta zona no saturada contiene aire y algo de agua, que sostienen la vegetación del planeta. El área saturada debajo de la capa freática tiene agua que llena los espacios pequeños (porosos) entre las partículas de roca y las ranuras (grietas) de las rocas.

Distribución de Agua en el Planeta.jpg

La gravedad atrae al agua hacia el centro de la Tierra; el agua superficial tratará de filtrarse hacia su interior. Las rocas bajo la superficie conforman los cimientos; si este consistiera de material denso, como el granito sólido, entonces no podría llevarla hacia el centro gravitacional. Pero las bases de la Tierra incluyen muchos tipos diferentes de roca, algunas con alto contenido en cuarzo y piedra caliza.

Esto, con respecto al agua conocida por el hombre; ahora bien, la radiación ultravioleta y los rayos gamma que atraviesan la atmósfera mediante el viento solar, fotoinonizan los constituyentes de esta, produciendo iones y electrones libres en su parte superior: la ionosfera. Esta región también recibe el nombre de termosfera, a causa de las elevadas temperaturas que se alcanzan, especialmente en el límite superior (1.200º C) Entre estos iones, se hallan, abundantemente, los de hidrógeno y oxígeno.

La fotoionización es la ionización debida a la interacción de los constituyentes de la atmósfera con radiación electromagnética; otro tipo de ionización es la colisional. La ionosfera rota conjuntamente con la Tierra. Sobre el nivel del mar, a unos 50 kms. se inician estas capas ionizadas, conductoras de la electricidad, que reflejan las ondas hertzianas, (principalmente las de onda corta); por cuya razón es la zona de ubicación de los satélites lanzados al espacio y tiene lugar la separación de las etapas de los cohetes. En esta parte de la atmósfera, entre los 30 y los 50 kilómetros, se encuentra el ozono; importante porque absorbe las dañinas radiaciones de onda corta. La ionosfera asciende hasta más allá de los 500 kms.

De esto, se derivan dos preguntas: ¿Cuántos iones de oxígeno e hidrógeno, contiene la inmensa ionosfera? ¿Cuánta agua puede ser formada a partir de esos elementos?

Entre 600 y 800 Km, empieza la capa externa o exosfera, que sólo contiene el 1% de la masa total de la atmósfera, pero que aun es mucho. Sus gases están en estado atómico y pueden extenderse hasta los 1200 Km. ¿Cuántos átomos que componen el H2O, forman parte de esa capa? Y: ¿cómo hacer que se enlacen sus moléculas constituyentes?

Sabemos que el agua contiene 2 moléculas de hidrógeno y una de oxígeno; conociendo ya que los iones de ambos abundan, no parece imposible crear moléculas de oxígeno e hidrógeno a partir de sus iones, y luego agua, mediante su fusión. Es teóricamente posible, ya que tanto uno como el otro son inflamables; solo se necesita una pequeña energía que las combustione y provoque la explosión, haciendo que las órbitas de los electrones en cada molécula formen los enlaces que darán lugar al vapor de agua.

Es muy peligroso conjuntarlos ambos por la descarga que se crea; como por ejemplo el dirigible Hindenburg, cargado con hidrógeno, que hizo un vuelo trasatlántico en 1937, y cuando se acercaba a la torre, se observó a popa un destello de fuego de San Telmo (estática debido a una tormenta eléctrica); una chispa causada por la estática explosionó el hidrógeno del dirigible y el oxígeno que existía en el aire. Eso mismo, a una altura considerable, no implicaría más daño que el propio diluvio.

La chispa necesaria también es teóricamente posible, debido a la existencia de las tormentas cósmicas, bien conocidas entre los científicos, que ya han lanzado varios satélites para investigarlas, como por ejemplo, la del 27 de diciembre del 2004, cuando se detectó la mayor explosión de rayos gamma jamás registrada, procedente de una estrella, y cuyos potentes rayos penetraron dentro de la ionosfera, la capa eléctricamente conductora que envuelve la Tierra. El 19 de febrero en ST. Louis, en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS), el profesor de ingeniería eléctrica Umran Inan de la universidad Stanford describió lo que los científicos aprendieron de esta extraña y dramática perturbación atmosférica.

“Enormes rayos gamma, semejantes a la estrella de neutrones SGR 1806-20, afectaron nuestra ionosfera inferior a tal grado que simplemente observando y midiendo la respuesta y la recuperación de la llamarada, somos capaces de aprender más acerca de la dinámica de estas regiones superiores de la atmósfera, las cuales son finalmente tan importantes para nuestro entendimiento cuantitativo del tiempo climático espacial…”

Es decir, con 500 km cargados de iones de hidrógeno y oxígeno, la lógica humana no contradice que hubiera podido existir la suficiente cantidad de agua para tapar al Everest, sino que lo confirma.

En cuanto a reubicar toda esa inmensa cantidad de agua en solo 371 días, luego del diluvio, según enseña la Biblia, se puede lograr, desde el proceso inverso:

El agua correspondiente al interior de la tierra regresa a ella. La restante, inicia su proceso de evaporación y sube a la troposfera, condensándose ante el cambio de temperatura, en forma de nubes. Cuando el agua es vapor, la energía cinética es tal que se rompen todos los enlaces de hidrógeno/oxígeno, quedando las moléculas libres. Ello permitiría que nunca se produjera una saturación de vapor de agua en la capa inferior de la atmósfera (unos 12 kms.), pues se podrían desprender moléculas disociadas de ambos. La alta atmósfera está recibiendo permanentemente radiación cósmica y partículas procedentes del Sol, que al chocar con las moléculas de la baja atmósfera, les arrancan electrones; así los iones de hidrógeno y oxígeno formados, ascenderían a la ionosfera, en la que encontrarían sobrado espacio en sus más de 500 kms.

De modo que, teóricamente, desde el conocimiento humano, el diluvio fue posible. La posterior restauración a la normalidad también.

Ahora bien, todo este resumen ha sido debido a un enfoque personal, canalizado en la dirección del campo de las posibilidades. Pero, con respecto a mi verdadera opinión, el diluvio fue posible, simplemente, porque El Creador es lo suficientemente sabio y poderoso para conseguir lo que desee. La inteligencia humana está muy lejos de la suya; todo lo que resulte imposible para el hombre, para Dios no lo es… pero a esa convicción solo se llega desde el espíritu, no desde la ciencia.

Dios está en todo lo que existe, y todo lo que existe, está en Dios; llevándolo a nuestro microcosmos: Cristo está en España y España está en Cristo. Aunque muchos aun no hayan podido comprenderlo.


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