RESPUESTA A 10 CAPCIOSIDADES ANTICRISTO.

junio 26, 2012

Junio 26/2012

Estas capciosidades que neutralizo gracias al Señor, las copié del blog:

http://imaginario-nopensar.blogspot.com.es/2011/07/la-segunda-venida-de-cristo.html

[Capcioso: (Del latín captiosus; raíz: captio = engaño) Proposición hecha para confundir o engañar a un interlocutor o auditorio]

A partir de hoy, en varios artículos, debido a su extensión, se dará respuesta a  10 capciosidades lanzadas a la red por quienes, de forma inconsciente o consciente, se han convertido en seguidores del antiCristo:

1-¿Por qué insisten en que Dios es amoroso y misericordioso cuando, en las conquistas de Israel del antiguo testamento, este ordena específicamente a su pueblo elegido que masacre a sus enemigos; sin mostrar misericordia hacia hombres, mujeres, e incluso niños y animales?

2-¿Tiene sentido pretender, como hace la Biblia, que el pecado puede ser perdonado por arte de magia transfiriendo la culpa de una persona culpable a una inocente y posteriormente castigando la inocente?

3-¿Por qué la Biblia muestra a Dios manifestándose de formas dramáticas y realizando milagros evidentes ante los ojos de los no creyentes? ¿Por que no sucede nada parecido hoy en día?

4-¿Por qué un gran número de cristianos siguen creyendo en el inminente fin del mundo cuando el Nuevo Testamento dice claramente que el Apocalipsis iba a ocurrir 2000 años atrás?

5-¿Por qué los cristianos creen en el alma cuando la neurología ha encontrado pruebas claras de que el sentido de identidad y la personalidad pueden ser alterados por cambios físicos en el cerebro?

6-Si ofrecer la salvación a través de Jesús siempre estuvo en los planes de Dios, ¿por qué no envió a Jesús desde el principio, en lugar de confundir y engañar generaciones de personas mediante la creación de una religión llamada Judaísmo que, según Dios mismo sabía de antemano, no sería la adecuada?

7-La Biblia dice que Dios no desea que nadie perezca, pero también afirma que la mayoría de la humanidad terminará en el infierno. ¿No quiere decir esto que el plan de salvación de Dios fue un fracaso? Si este trágico resultado se considera un éxito, ¿que contaría como un fracaso?

8-¿Por qué Dios no creó los seres humanos de tal manera que libremente deseen hacer el bien, eliminando así la necesidad de crear un infierno para atormentar eternamente a los impíos? (Si la idea le parece imposible o contradictoria, acaso no es esta la situación que se da en el cielo?)

9-(Para fideístas o personas que dicen que la fe se auto-justifica) ¿Es justo o racional por parte de Dios ocultarse a sí mismo de modo que sólo pueda ser conocido por fe, y aparte de eso insistir en que cada ser humano le encuentre escogiendo la única correcta entre cientos de incompatibles religiones?

10-Si usted tuviera el poder de ayudar a todas las personas que sufren o que pasan momentos de grave necesidad, ¿estaría dispuesto a hacerlo? De ser así, ¿por qué Dios no lo hace?

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Estas son las preguntas con las que se pretende torpedear la Verdad del amor de Dios. Pero, antes de responder, hagamos la más importante: ¿Por qué Dios es tan estricto? ¿No será que le obligaron a serlo? Veamos:

En el mundo espiritual, mucho antes de la aparición del ser humano, todo era armonía y ‘buen rollo’. Pero sucedió algo: Dios decidió dar a todos los ángeles la oportunidad de poseer un cuerpo de carne y huesos, como Él, y ello ocasionó gran ilusión y revuelo en el mundo angelical. El Creador diseñó un plan para ello… y empezaron los problemas de desobediencia.

En asamblea celestial, Lucifer se ofreció a sí mismo para gobernar a los hombres con poder y autoridad de Dios: espíritus a los que se les borraría la memoria de su vida celestial antes de ‘nacer’ en cuerpo de carne y huesos, para vivir un estado de “probación”. Es más complejo que esto, pero así es suficiente para entender lo que somos en realidad.

Por tal razón es que vemos en Génesis 1:26 que el Señor dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”; y por la misma razón vemos que Jesús, una vez resucitado, dijo a sus incrédulos apóstoles en Luc 24:39: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.”

A Dios no le gustó el propósito de Lucifer, y decidió enviar a Jesús para que efectuara el plan divino según la voluntad del Padre. Entonces Lucifer, uno de los ángeles principales, lleno de soberbia y vanidad, seguido por la 3ª parte del mundo angelical (miríadas), se rebeló contra el Creador y provocó una contienda en los cielos de dimensión catastrófica. Fue vencido y enviado en espíritu a este planeta, junto con sus huestes, y a partir de entonces se le llamó: satán, diablo, el maligno, etc.

Desde aquello se convirtió en el antiCristo, y con capacidad para leer en el corazón la debilidad del humano, le somete a tentación según inclinación personal. Así intenta truncar el plan de Dios en el proyecto dado a Jesús: dar vida eterna en reinos celestiales según obediencia a Sus preceptos.

Dios prueba los espíritus, para decidir según actitud, luego del juicio final, qué reino ocuparán en esa eternidad a la que constantemente se refirió Jesús, hablando en plural del reino ‘de los cielos’. Y es que habrá varios; cada cual con su propia ley y nivel de exigencia; y cada uno de nosotros vivirá su eternidad en aquel de ellos que le corresponda por conducta y obra en la tierra. Pablo habla de esa pluralidad celestial en la Revelación de 2Co 12:2:

Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.”

Tercer cielo, o sea: hay dos más. Y ahora, sabiendo que Dios es estricto para evitar otra futura contienda en los cielos, se responderá la 1ª pregunta lanzada por el antiCristo:

1-¿Por qué insisten en que Dios es amoroso y misericordioso cuando, en las conquistas de Israel del antiguo testamento, este ordena específicamente a su pueblo elegido que masacre a sus enemigos; sin mostrar misericordia hacia hombres, mujeres, e incluso niños y animales?

Dios es amoroso y misericordioso, porque solo hay que arrepentirse del pecado, pidiendo perdón a Jesús, bautizándose en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo… y se es perdonado. Aunque luego hay que continuar siendo obediente, pues reincidir en el pecado es igual que intentar burlar a Dios, no valorando la gracia recibida.

La frontera de la misericordia tiene dos barreras: arrepentimiento, y obediencia. Un padre humano premia o castiga la conducta de sus hijos. ¿Por qué criticar a Dios por ello? Es como ese padre que ve al hijo en algo malo repetitivamente, diciendo cada vez: ¡Juanito… juum!, pero Juanito, dale que te pego, haciendo lo que al padre no le gusta. Llega el momento que el padre se ve obligado a castigarle, según lo que haya hecho.

Se dirá: ‘ningún padre mata a su hijo’; y es cierto… porque ninguno tiene poder sobre la muerte, excepto Dios. Ese tránsito parece algo aberrante: el clímax de castigo. Sin embargo, lo peor no es la muerte en sí, sino llegar al infierno con estigma de pecado (salvo los niños, inocentes). Por orgías, corrupción, hechicería, sacrificios de sus hijos a dioses extraños (en realidad demonios), etc, recibieron escarmiento. Y los que quedaron vivos, incluso judíos, conocieron el riesgo de la rebeldía. De hecho, la historia recoge que no ha habido en el planeta pueblo más castigado que el judío, varias veces condenado por sus pecados a desolación y destierro.

Jesús lo profetizó en la parábola del criado y su amo, Luc 12:43-49:

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, le halla cumpliendo con su deber. De veras les digo que el amo le hará encargado de sus bienes. Pero si ese criado, pensando que su amo va a tardar en llegar, comienza a maltratar a los otros criados y a las criadas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, el día que menos lo espere y a una hora que no sabe, llegará su amo y le castigará, condenándolo a correr la misma suerte que los infieles. El criado que sabe lo que quiere su amo, pero no está preparado ni le obedece, será castigado con muchos golpes. Pero el criado que sin saberlo hace cosas que merecen castigo, será castigado con menos golpes. A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más. Yo he venido a prender fuego al mundo; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!

Jesús vino para sufrir en su carne el pecado de la humanidad y limpiarlo con su sangre. Las ofensas, vejaciones, escupitajos, latigazos, la corona de espinas, su crucifixión, lanzada en su costado, y su muerte, fueron su ofrenda a Dios para recibir a cambio el Poder del perdón sobre el pecado.

Seamos fieles a Él, y Él será fiel. Seamos compasivos y misericordiosos con los demás, y podremos comprobar en nosotros mismos que su misericordia no es un cuento, que es real, que es efectiva, y Salva.

En los próximos artículos, las siguientes 9 respuestas al antiCristo.

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AUTOBÚS 666 ‘LONDRES-BARCELONA’, LLEGA CON VENENO

enero 17, 2009

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” [2ª Co10:4-5]

En estos días, todos los medios de comunicación dedican un espacio en primera plana, a una frase aparecida en autobuses ingleses, recién exportada a España, en la que se exhorta a todos a ‘disfrutar de la vida sin limitaciones‘, dando la opción de no tener que responder ante nadie. Pero hay una palabra clave: ‘probablemente‘; o sea, el hombre tiene la última voz, la capacidad de decidir. Y esto es así, porque responde al plan de Dios desde los inicios.

En el evangelio de Cristo, la palabra ‘corazón’ aparece más de 100 veces; y no en el sentido biológico, sino en el espiritual. Resulta obvio que el corazón humano es cuna del espíritu; es un conocimiento que se nos escurre ahora y se nos hace difícil entender, pero que dominaremos cuando estemos aptos para comprenderlo. Nuestro Señor nos aleccionó con frases como:

“El buen hombre, del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?” [Lc 6:45-46]

Dios concede el libre albedrío: tenemos acceso a toda la información existente; leemos todo lo que queremos, procesamos con la mente lo leído, pero nuestro corazón es el que toma partido. Es el órgano más espiritual del ser humano… y también es su autógrafo, un libro abierto para el mundo de la 4ª Dimensión, incluido satanás y su séquito.

Por eso se entera de nuestras debilidades, y por allí mete la punta de su lanza, socavándonos. Por la misma razón, continuamente el Cristo nos advierte más de cien veces sobre esta situación, pues Él tiene la llave que abre de par en par las puertas de esa ‘memoria espiritual‘ humana, y tiene además la facultad de leer en ella todo lo que, de alguna forma que se nos escapa, queda grabado:

Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.” [Mar 7:21-23]

Y nos lo advierte, porque siempre supo que estos días llegarían; hecho que hace obvio que entramos ya en la frontera de los últimos tiempos. El cuánto dure la fase, solo es dominio de Dios; Jesús la define muy bien, al explicar a sus apóstoles la parábola de la buena semilla:

El que sembró la buena semilla es el Hijo del hombre, — les respondió Jesús—. El campo es el mundo, y la buena semilla representa a los hijos del reino. La mala hierba son los hijos del maligno, y el enemigo que la siembra es el diablo. La cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Así como se recoge la mala hierba y se quema en el fuego, ocurrirá también al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los que pecan y hacen pecar. Los arrojarán al horno encendido, donde habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán en el reino de su Padre como el sol. El que tenga oídos, que oiga.” [Mat 13:37-43]

La lucha espiritual comenzó en la 4ª Dimensión, pero tendrá su fin en esta que vivimos. Nosotros somos los actores principales, y la tramoya que detonará este proceso final, no es otra que el materialismo ateo, guiada por la mano del propio jefe de los demonios.

La filosofía materialista es una corriente de pensamiento antigua, que considera la materia como absoluta e infinita: ‘La materia ni se crea ni se destruye: solo se transforma‘. Para el ateo, todo lo que existe está compuesto sólo de materia; así, este criterio imposibilita un Creador de carácter ‘no material‘. Por ello, siempre ha sido hostil al monoteísmo o cualquier proyecto humano que implique una Creación divina.

Es tanta la aversión, que se han adueñado de la ciencia, subordinando el criterio científico al filosófico, y abrazando las alternativas a mano: la teoría de la evolución y la geología conveniente. Obvian la constante ausencia científica… porque antes adoptaron la negación apriorística. El propio biólogo evolutivo, genetista y filósofo evolucionista, Richard Lewontin lo confirma en ‘‘Billions and billions of demons’, (1997):

Y no es que los usos e instituciones de ciencia obliguen a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenológico, sino por el contrario: nosotros estamos forzados por nuestra adherencia a priori a la causa materialista, en crear un aparato investigativo y una serie de conceptos que ofrezcan explicaciones materialistas, sin importar cuánto vayan en contra de la intuición ni qué tan místicas sean, para el que no ha sido iniciado. Más allá de eso, el materialismo es un absoluto, y no podemos dejar que un pie divino cruce la puerta.”

No le importa la ciencia. Pero, como contrapartida, el descubridor del ADN y Premio Nobel, James Watson señala en su libro “La doble hélice”:

No podía ser uno buen científico sin comprender que, en contraste con la concepción popular sostenida por los periódicos y por las madres de los científicos, buen número de ellos no sólo son obtusos y de mentalidad estrecha, sino también simplemente estúpidos“.

La lealtad de los negadores de Dios, mal llamados ‘humanistas‘, se percata de que la flecha de invisibilidad material que todos portamos en el cerebro, conocida como inconsciente‘, posibilita en sí misma la realidad de un espíritu también invisible.

De ahí surgió la conducta prejuiciosa que dictó el concepto ateo: “el subconsciente se integró por sí mismo“; un absurdo jamás apoyado ni por ciencia empírica ni por la razón. Ni siquiera el origen de la materia física tiene explicación científica. Por ejemplo, el químico y experto en ADN, profesor de la Universidad de Nueva York, Robert Shapiro, dice:

Por tanto se necesita otro principio evolucionista para cruzar la brecha existente entre las mezclas de elementos químicos naturales simples y el primer replicante efectivo. Este aún no ha asido descrito en detalle o demostrado, pero está anticipado y se le da nombres como ‘evolución química’ y ‘autoorganización de la materia’. La existencia del principio se da por sentada en la filosofía del materialismo dialéctico, tal como la aplica al origen de la vida Alexander Oparin.” [Científico ruso, ateo-comunista]

La propaganda evolutiva sale asiduamente en medios de comunicación y célebres revistas de ciencia, debido a una necesidad ideológica. La evolución se presenta indispensable, gracias a que los círculos que fijan normas científicas la han hecho tabú. Y todo ese brío siempre tuvo un “propósito”: impedir toda fe en un Creador.

El evolucionismo exhibe sus intentos como “ciencia“, pero no apoyándose en ella, sino en la filosofía materialista, y en el rechazo obstinado a la existencia de cualquier cosa “más allá” de la materia, pese a que ellos mismos son capaces de pensar… y a que el pensamiento ‘no‘ es materia.

El objeto del artículo de hoy, el lema ‘autobusístico‘ de estos días, es más de lo mismo: propaganda antiCristo. Pero, al igual que un mal deportista es incapaz de sumergirse en las profundidades, pues ya le resulta excesivo el esfuerzo para sostenerse a flote, el ateísmo exhibe un mensaje universalista, implicando a todos… mas incapaz de prever el verdadero significado individual, que terminaría haciendo gran daño a la sociedad. Una vez más, hacen gala de su despiste intelectual, aun sabiendo que ninguna acción cumple su cometido, si no es antecedida por la reflexión. Analicemos el mensaje:

‘Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Ahora, individualicémoslo, descifrándolo en su real dimensión:

– ‘Violador: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Asesino: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Drogadicto: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Pedófilo: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Adúltero: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

‘Prostituta: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Papá que va a prostíbulos: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte…

Homosexual: probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida’.

Narcotraficantes, borrachos, maltratadores de mujeres y niños, mentirosos, tramposos, usureros, egoístas, poderosos, orgullosos, avariciosos, lujuriosos, iracundos, envidiosos, perezosos, resentidos, vengativos, mafiosos, imprudentes, desleales, sicópatas, codiciosos… probablemente Dios no existe. Dejen de preocuparse

¡Ese es el auténtico mensaje trasmitido: crear caos en el mundo! Y los cristianos tenemos el deber ante Jesús de denunciarlo y alzarnos contra tal blasfemia, impidiendo por todos los medios que la sinrazón y la locura atea continúen haciendo daño a la sociedad.

¿Seremos capaces de generar una revolución de principios? Si se hace individualmente: ¡Sí! Cuando cada ser humano sea capaz de mejorar aquellos hábitos que afectan a la colectividad, ¿afectará positivamente al resto de la humanidad? ¿O si tiene una actitud socorrista con el prójimo? ¿O si evita hacer daño a los demás?…

No hay dudas que sí, que en esos supuestos, la convivencia humana iría en una dirección convergente con la paz y la felicidad. ¡Ese es el mensaje que se debe trasmitir! ¡Esa debería ser la preocupación primera, de cada uno de los políticos implicados en dar el visto bueno a todo mensaje publicado, tanto ante ojos de niños, como de adultos!

Pero, desafortunadamente, en la misma medida que el hombre se ha ido apartando de Dios, se ha impuesto lo ‘políticamente correcto‘, porque, aunque probablemente no sea lo mejor, es lo que da votos, dinero y poder: el principal alimento del egoísmo humano.

¡Que nadie se escaquee! El mejor mensaje que debe ser cifrado con cincel de hierro y punta de diamante en el corazón humano, es el que nos dejó escrito, hace 2 milenios, quien vendrá sin falta, cuando se cumpla el límite de tiempo fijado por el Dios Padre. Lo escribió quien convivió con Él y fue su discípulo favorito, durante los 3 años de apostolado:

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.” [Juan 3:36]

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JESÚS: LA VERDADERA FIESTA DE LA NAVIDAD

diciembre 25, 2008


…Porque este pueblo se me sacrifica, y con sus labios me honra, mas su corazón se alejó de mí; y su culto con que me honra fue enseñado por mandamiento de hombres; por tanto, he aquí que yo volveré a hacer obra admirable entre este pueblo con un milagro espantoso; porque la sabiduría de sus sabios se perderá, y la prudencia de sus prudentes se desvanecerá.” [Isa 29:13-14]… “y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.” [Isa 29:24]

El mundo cristiano celebra hoy un aniversario más del nacimiento del Cristo, en la aldea de Belén, lugar donde los profetas habían anunciado que nacería el Mesías (Miqueas 5: 2). Una ciudad situada a unos 9 km al sur al sur de Jerusalén, y enclavada en los Montes de Judea, en la Cisjordania de hoy, administrada en la actualidad por la Autoridad Palestina, y con unos 30.000 habitantes, mayormente cristianos.

Sus orígenes corresponden a la histórica tribu de Judá, también cuna de quien daría una gran fuerza política al naciente reino de Israel, y bajo el cual se adquiriría un gran esplendor: el rey David (1ªSamuel 17:12). Siglos después, por voluntad de Dios, nació allí un descendiente suyo: Jesús, llamado el Cristo. (Lucas 2: 4-15; Mateo 2:1).

Precisamente, el nacimiento del Señor en este lugar se debió a que José, esposo de María, era descendiente de David, y un edicto del imperio romano dominador, hizo que sus habitantes acudieran a su localidad de origen para empadronarse, con el objetivo de hacer el censo fiscal.

Y ambos orígenes son una nueva manifestación de ese misterio de Dios, que propugna que muchos ‘últimos‘ serán primeros, y que muchos ‘primeros‘ serán los últimos: un llamado a la humildad que se espera de todos los hombres. El rey más grande de Israel nació en cuna de pastores, y creció él mismo, como pastor de ovejas. El Rey del Sión definitivo, nació en un humilde pesebre, entre animales y pobreza, y fue, Él mismo, pastor de humanos.

Es decir, con la llegada de este día, se accede a la oportunidad de festejar el advenimiento del Señor. Sin embargo, la tradición se ha ido dejando infiltrar por el paganismo, y la fiesta de Navidad, para muchos, no es más que otro pretexto para borracheras, sexo, drogas, violencia… todo lo que conspira contra las verdaderas enseñanzas del mismo que se pretende homenajear.

Pero el nacimiento de Jesús no fue un acontecimiento del contexto humano; no nació porque un hombre y una mujer decidieron tener hijos, sino porque el mismo Dios quiso enviar a la Tierra a su propio Hijo, para que diera testimonio de Él; delegó en el espíritu primigenio que incluso había tenido intervención activa en la obra de la Creación, según nos relata en testimonio, un alegato viviente de todas las obras de Jesucristo, el apóstol Juan:

En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con el Dios, y la Palabra era Dios. Este era en el principio con el Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.” [Juan 1:1-3]

El nacimiento de Nuestro Señor Jesús entre los humanos, fue la segunda parte de un plan previsto por el mismo Dios desde siglos antes, con el anuncio del Mesías, en 1ª Samuel 2:10:

El SEÑOR juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías.”

O sea, no se trata de una historieta sacada a la luz por unos cuantos locos que ‘ven visiones y hablan con espíritus‘, sino de historia cronológicamente congruente, que el propio Dios ha puesto en manos de nosotros. Y pese a valerse para ello de diversas personas, en distintos lugares geográficos, en disímiles épocas, el objetivo de la trama resulta coincidente: la redención de la humanidad.

Aunque la Ciencia se jacta de sabiduría, basando esta en lo que resulta palpable a los sentidos con los que Dios ha dotado al hombre, ignora lo esencial: la presencia del espíritu… y lo que resulta más importante aun: la existencia de distintos tipos de fuerzas espirituales que ejercen poder sobre el ser humano. Y el pecado, la causa por la cual el Espíritu del Hijo de Dios se hizo hombre, se manifiesta gracias a que nuestro espíritu interior se abre a la influencia de fuerzas espirituales enemigas de Dios, que habitan en una dimensión no asequible, porque la nuestra, la 3ª, está subyugada por una 4ª Dimensión, invisible para la Ciencia.

Esta 4ª Dimensión corresponde a un mundo angélico, fraccionado a su vez en dos grupos: los que se rigen por las leyes de Dios, y los sediciosos, subyugados por satanás. Ambos tienen influencia sobre el nuestro… y Dios le da al hombre el libre albedrío para decidir a cuál influjo ceder; es un proceso imprescindible, pues será nuestra actitud dinámica y espiritual la que nos ubique en un punto de la cuerda tensada desde extremos opuestos.

Será la posición que cada ser humano adopte, la que defina la tendencia espiritual de cada individuo, y eso permitirá que cuando seamos pasados por la ‘criba‘ de Jesús, se nos elija o no, para vivir en un mundo de justicia eterna, bajo las leyes del Dios Omnipotente. Obviamente, los rebeldes no tendrán cabida en ese mundo final y definitivo que será regido por Jesús, pues resultarían la mala levadura, que leudaría la masa seleccionada.

La única causa de desobediencia, es el pecado. Nos gustan las cosas que Dios repudia, porque el pecado entró al mundo a través de Satanás, el jefe rebelde de las fuerzas espirituales que violan el reglamento establecido por Dios, y que, como miembros de la 4ª Dimensión espiritual, ejercen influencia sobre todos nosotros.

Se codicia la mujer de otro, o el marido de otra; el corazón se subordina ante los lujos, la vanidad, la soberbia, la envidia… Se roba, nos entregamos al alcohol y las drogas, se ejerce violencia contra los semejantes, se viola a niños y a adultos, se asesina; unos se prostituyen sexualmente… y otros acuden a la llamada de la prostitución. Se practica la homosexualidad entre mujeres y hombres; mentimos para conseguir lo que deseamos, y luego volvemos a mentir, una vez que ya hemos sido saciados. Nuestros ojos inquietos se sumerjen de nuevo en la búsqueda de una nueva necesidad.

Siempre estamos insatisfechos; y lo estamos, porque nuestro espíritu no está en resonancia con las fuerzas espirituales de los ángeles de Dios, constantemente a nuestro lado, intentando que nos abramos a ellos, que conozcamos la Verdad. Nos alejamos de la instrucción de Jesús.

Las tendencias que nos llevan a hacer todo lo que está censurado por las leyes del Creador, no son una causa genética, sino espiritual. No está enfermo el ladrón, ni el asesino, ni los que se prostituyen ni nadie que transgreda cualquiera de los mandamientos. No están enfermos los homosexuales; y no lo están, porque su organismo continúa comportándose como lo que son, aunque no quieran serlo: las lesbianas tienen sus ciclos de menstruación, y pueden ser madres si se unen a un homosexual varón, orgánicamente apto para la erección e inseminación diseñada para los hombres.

Todo el que siente apego a lo que vaya contra lo establecido por Dios, no es más que un monigote en las manos de las huestes de satán; se es víctima de la debilidad del espíritu, por alejarse del Espíritu de Dios. Algo sobre lo que el apóstol Pablo nos instruye, en Efesios 6:11-12:

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del siglo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los cielos.”

Y para eso nuestro Señor habitó entre los hombres; constantemente alertaba sobre el peligro del pecado, mientras hacía curaciones de todo tipo, resurrecciones de muertos incluidas, para demostrar su Poder, consciente que, debido a nuestra fe débil solo somos susceptibles a creer en aquello que nuestros ojos pueden ver.

Buscaba influencia sobre el frágil corazón humano, para que le creyeran, para que confiaran… para que se le entregaran en fidelidad, aunque el mismo demonio susurrara en los oídos, y sembrara en el corazón todas las dudas posibles, haciendo uso de su capacidad de subyugarnos. Jesús sabía que su enemigo espiritual, por pertenecer a su misma dimensión, puede influir sobre nosotros; y puso en nuestras manos el arma más potente del cristiano: la fe, y el amor a Él, para vencer a la muerte, que es la última consecuencia del pecado.

Nuestro Señor se entregó en la Cruz por nosotros, para que todos pudiéramos tener la opción de una vida eterna bajo su reinado; con su sangre pagó el precio de perdón por nuestras faltas. Él llevó nuestras culpas en su cuerpo, sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos en su justicia, sanados por sus heridas y bautizados con su sangre. Nos dice que solo exige contrición sincera, no importa lo que hayamos hecho: arrepentimiento, etapa de prueba para demostrar que nuestro nuevo camino es definitivo y somos capaces de enfrentar las tentaciones, y luego su clemencia concluyente. Su reino se establecerá de todas formas; ninguno de nosotros podrá impedirlo, pues es la voluntad del mismo Dios que así terminen las cosas, así que el final individual está en las manos de cada uno.

Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día de haber sido sepultado; no 72 horas después, como intentan señalar algunos, para meter contradicción en la Palabra de Dios y restar credibilidad y fe, sino al 3er día. Le crucificaron un viernes y fue enterrado; pasó el sábado, y llegó el domingo, el día en que se apareció a sus seguidores. Juan y Pedro, testigos directos de esto, colaboradores y alumnos suyos durante 3 años, presentes durante su apresamiento, castigo, crucifixión, sepultura, y aparición posterior, han dejado testimonio escrito de ello.

Sus palabras han vencido al tiempo y están ahí, al alcance de todo aquel que desee leerlas. Hoy es un buen día para hacerlo, sabiendo que el Señor estará con quien se le entregue.

Mateo también nos dejó escrito muchas de las enseñanzas de Jesús; y yo no puedo terminar sin exponer la que considero más apropiada, la que el Señor me entregó esta mañana, cuando le pedí que me ayudara a escribir estas palabras de homenaje en su cumpleaños.

‘…Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir’: “Arrepentíos, que el Reino de los cielos se ha acercado.” [Mat 4:17]

¡Feliz aniversario Señor! Ven pronto; quienes confiamos en ti te estamos esperando.

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DISCIPLINA, REPRENSIÓN, CORRECCIÓN Y CASTIGO

abril 17, 2008

UN DEBATE QUE NO ACABA

A día de hoy, uno de los usos más controvertidos del cristianismo, es el concerniente al que se hace de la palabra ‘castigo‘, según sea la tendencia de la iglesia que se manifieste al respecto. La católica, a través de los tiempos, es la que más se ha esforzado en su ‘fidelidad‘ a esta expresión bíblica que aparece, en los 66 libros, casi una centena de veces. El recuerdo de los errores de la Inquisición que recoge la historia, y de la estela de mártires generados por ella, ha trabajado en el subconsciente de la humanidad, y gran parte de esta se esfuerza en desterrar para siempre la punición correctiva bíblica, obviando la palabra… o cambiándola por otra que resulte más ‘políticamente correcta‘.

El semi-pavor al vocablo ha echado raíces en el corazón de la mayoría del resto de congregaciones cristianas. Pero, si andar en los extremos siempre es malo, quedarse cortos también lo es: nos hemos adormecidos en el amor al que constantemente nos llama Jesús, y a veces nos convertimos en ‘tergiversadores‘ de su Palabra. Sabiendo que su sabiduría está muy por encima de la humana, ¿por qué intentamos siempre dar otra explicación a los versículos donde se nos alerta sobre el castigo de Dios?

En varias ocasiones, ante un atentado de ETA, por ejemplo, las multitudes se concentran a favor de la paz, alzando sus manos pintadas de blanco. Este es el idioma del amor; el lenguaje que pueden entender todos aquellos que aman la concordia y el buen ‘rollo‘ entre las personas, independientemente de su naturaleza, raza, sexo o nación. Pero, ¿cómo reaccionan ante estos brazos pintados con el matiz de la armonía, aquellos que usan sus dedos para ‘gatillar‘ el arma homicida?

Para ellos, se les está hablando en chino, esperanto, o ‘quechua’: se ríen de esos brazos en alto y de los minutos de silencio; no pueden ser receptivos a esas señales, pues sus corazones son incapaces de interpretar el lenguaje del amor. Por eso es que la justicia humana impone el castigo punitivo allí donde resulta imprescindible. El pederasta, el asesino, el sicótico perseguidor de jovencitas que viola y mata… ninguno de aquellos que representan un penoso lastre para la sociedad, son aptos para asimilar la disciplina de la convivencia en el respeto mutuo y la corrección. De ahí, la necesidad de pena carcelaria.

Asimismo ocurre con las Escrituras. El Señor nos llama una y otra vez desde su ternura y entrega; nos instruye en la vía más directa para alcanzar todas las promesas por las que se ofreció en crucifixión. La vida eterna no es un fin en sí mismo, sino una continuidad en el camino de la perfección; para llegar a ella es imprescindible estar depurados espiritualmente, pues nadie permanecerá allí si no demuestra antes que no constituirá una ‘mala levadura‘ o contaminación para el resto de las almas con las que convivirá.

Cuando morimos, la carne se descompone en los elementos químicos que le sucederán; pero el espíritu, cuya composición es desconocida para el hombre, no es destruido, sino que cambia automáticamente del plano físico donde vivió, enclaustrado en cuerpo humano, hacia el espiritual. Allí se mantendrá hasta que el Todopoderoso decida el momento de juicio e instaure el Sión definitivo, bajo el reinado de Jesús, con todos los que hayan pasado su prueba y accedan a la eternidad prometida.

Por eso es importante aprovechar la oportunidad mientras se respire, en el caso de aquellos que no accedieron por voluntad propia a la llamada del amor de Cristo o que se adhirieron inicialmente, pero luego, bajo el influjo de las pasiones enemigas del espíritu, se separaron del camino. Ellos también tendrán posibilidades, si son sensibles a la disciplina, reprensión, corrección y castigo, a los que serán sometidos, según corresponda.

Disciplina‘, según el diccionario de la RAE, involucra ‘doctrina, enseñanza o educación sobre la conducta de la persona,  a través de reglas que afirmen el orden entre miembros de organizaciones militares, políticas, civiles o religiosas‘. La Biblia enseña sobre ella:

“El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: Mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.”  (Proverbios 15:32)

Por otra parte, la palabra ‘reprensión‘ (que sale al menos 31 veces en las  Escrituras), según el mismo diccionario, significa: ‘Regaño, reprimenda, pena o amonestación a alguien, sobre una actitud específica.’ Expongo una cita de la carta a los Tesalonicenses:

“Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. ” (1ª Ts 5:23)

La consecuencia inmediata al poco caso, cuando se es reprendido, da lugar a la ‘corrección‘, bíblicamente reiterada en 24 versículos, y de la que el RAE expresa: ‘Rectificación o enmienda de errores o defectos: Castigo leve que el superior impone al subordinado por haber cometido alguna falta; advertencia para enmendar un error.’ Una de las ocasiones en que se menciona en el Antiguo Testamento, es en Jeremías 5:3:

“Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió; consumístelos, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse.”

Y, por último, esa acepción tan dada al debate y a las múltiples traducciones erróneas, por el ‘yuyu‘ que impone en algunos: ‘castigo‘, que la Biblia cita, no menos de 60 veces. ¿Por qué razón Dios ha hecho que esta palabra apareciera tanto en las Sagradas Escrituras? Solo Él lo sabe, pero todos debemos coincidir en que resulta una osadía obviarla, pasarla por alto, dar un quite o, en el peor de los casos, intentar ofrecer otra significación distinta a la que encierra, pues si el Altísimo decidió que apareciera, resulta obvio que sus razones tendría: nadie tiene el derecho a minimizarla ni esconderla.

Recurriendo de nuevo al significado etimológico, nuestro libro de acepciones describe al castigo como: ‘Pena que se impone al que ha cometido delito o falta, con objeto de enmendar un comportamiento.’ ¿Por qué el profeta Jeremías, quien hablaba directamente con el Creador,  presenta estos dos versículos repetitivos, sobre la punición:

“Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” [Jer 30:11]

“Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.”  [Jer 46:28]

Cuando el Señor insiste dos veces, muestra interés en que llegue su mensaje de sanción; si es reiterativo, resulta importante, y nuestro deber es no ser indiferentes a su proclama. Acepta margen para el error, pues conoce cada milímetro de la debilidad humana, pero, en su sabiduría, también sabe cómo el hombre es capaz de responder a sus expectativas, luego de la adecuada corrección y/o castigo pertinente. Por eso es vital que su Palabra llegue tal cual, a todos los corazones, según Él dispone; aclarando que quienes entren a partir el amor, siendo fieles desde que son llamados, se ahorrarán el dolor del correctivo.

Hay quien entiende el mensaje de amor de Cristo… y hay quien no. A estos se dirije el Padre en sus amenazas; para darle también a ellos su oportunidad. De modo que estamos obligados, en un ejercicio de responsabilidad, a describir cada palabra, tal cual aparezca en cada uno de los párrafos donde se use, pues Dios da en cada momento, la acepción exacta; Él no es de: ‘Donde dije ‘digo’, dije ‘Diego‘, sino que constantemente alerta sobre el peligro de cambiar una sola letra de sus mensajes.

Los que son capaces de ser leales a Dios, no deben reprimirse al trasmitir cada una de las alertas de condena dadas por el Omnipotente, pues Él tiene sus razones para el ultimátum. Se dirige a aquellos que o no quieren oír su Palabra o la oyen y la aceptan, pero luego cometen fallos, debido a fragilidad espiritual. El Señor sabe que esta no alcanza el mismo nivel en todos los humanos, y acude al aviso sobre lo que una actitud de desobediencia puede costar, para que reaccionen, cambien, y puedan optar al mismo privilegio.

Una evidencia bíblica de ello la encontramos en Ez 7:8:

“Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones.”

El castigo de Dios resulta peligroso cuando se hace definitivo; los más inteligentes le temen, porque son conocedores de su poderío y saben que puede causar la destrucción total. Sobre ello nos instruye Proverbios 1:7:

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”

De ahí que el Eterno acuda a la alerta del castigo. Sin embargo, muchos cristianos, cuando se enfrentan al análisis de esta palabra, manifiestan su convicción de que no se trata de una corrección directa del Padre, sino de la consecuencia derivada de la mala cabeza de quien cae en pecado, aun con conocimiento de causa.

Pero, aunque es real que por causa de inmadurez, precariedad de espíritu u otras razones, muchas veces somos víctimas de nuestro propio desatino, también es cierto que existen otros contextos ante los cuales no podemos dar la misma respuesta. El diluvio, Sodoma y Gomorra, y el propio anuncio del Apocalipsis, dan testimonio del castigo directo de Dios.

El enigmático libro de Job nos presenta otro enfoque. ¿Quién puede insinuar que este favorito del Señor, a quien amaba y de quien estaba orgulloso por su comportamiento y actitud ante la vida, tuvo mala cabeza? La Biblia explica cuán grande fue su pesadumbre, pese a no haber caído en pecado; doble enseñanza, pues el mismo Creador, luego de presentarse en el debate con los amigos que le criticaban, amonestó a estos por su rapidez en emitir juicio sobre el doliente. Enseñó a todos que la postura ante alguien a quien no le van bien las cosas, por estar bajo sanción o prueba, no debe ser la de convertirse en jueces, pues ya está Él para ese oficio.

El dolor purificador del castigo, hará crecer a todo aquel que no tuvo la estatura necesaria para ser fiel al amor de Cristo ni el comportamiento adecuado ante sus enseñanzas. Una nueva oportunidad a la que debe aferrarse quien ha fallado, y que, quebrantado ante nuestro Señor, decide aprovechar la oportunidad que le ofrece su piedad, reemprendiendo el camino, reorientando su brújula, templando y fortaleciendo su espíritu, para conseguir el reencuentro con sus hermanos en la fe; esta vez, de manera definitiva y en Paz con Dios.

Por otra parte, Judas 1:5, describe un castigo más severo:

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron. Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha encerrado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…” 

¿Significa esto que Dios quiere infligir daño? ¡De ninguna manera! Pero necesita asegurarse que el espíritu humano que pase el filtro, sea lo suficientemente fuerte para no contaminar el reinado mesiánico; por ello, el propio Jesucristo nos anuncia, en Apocalipsis 3:19:

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

Y repite, por último, casi al final del libro, en Apocalipsis 22:14:

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Afortunado el sacudido por la vara del Todopoderoso; eso demostrará que no es un bastardo, y que el Padre tiene buenos planes para él. Si logra aprender la lección, su nombre será inscrito en el libro de los cielos; si es capaz de corregir su rumbo y seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, se sentará con Él, como invitado, en el banquete que dará inicio al nuevo Tiempo.

Por amor, y no por miedo, seremos considerados inocentes; mas el temor hará que los indecisos y los rebeldes trasmuten y puedan experimentarlo, aunque parezca incongruente. Seamos prudentes y asumamos la actitud acertada, mientras el sol alumbre para todos, y no se detenga el reloj de la vida, pues luego, será tarde.

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ADÁN y EVA: ¿CON O SIN OMBLIGO?

enero 20, 2008

Enero 20/2008

EL OMBLIGO DE ADÁN.

Mira tu cuerpo: La huella de tu madre está ahí, en el centro, en tu ombligo.

Esta es una pregunta en la que se han sumergido hasta la saciedad, teólogos, eruditos, curiosos… personas de toda raíz y nivel social se la han formulado desde hace siglos, de modo que, intentando ser original, le daré un enfoque bíblico-científico al asunto.

Pero, antes de continuar ‘razonando’, situémonos en las funciones del ombligo:

La mujer embarazada enfrenta crecientes exigencias para alimentar al bebé que fragua en su vientre. Debe aumentar la ingestión de proteínas, vitaminas, minerales, hidratos de carbono y grasas, debido a que el sano desarrollo del feto depende de su dieta alimenticia.

El ser en formación se alimenta y recibe oxigeno de la placenta que se encuentra unida a la pared del útero; la conexión es a través del cordón umbilical. La placenta es un órgano muy complejo que libera hormonas y enzimas, y en su área de vellosidades se realizan las funciones metabólicas endocrinas, dependiendo casi por completo de la sangre materna.

Hay una interacción funcional: la placenta transporta el alimento y oxígeno del sistema circulatorio de la madre hacia el feto y este envía productos de eliminación hacia la placenta. Una vez que el sistema circulatorio del feto esté listo, la circulación sanguínea de una y otro serán independientes. Pero la sangre proveniente de las arterias que circundan las vellosidades de la placenta materna contiene alimentos que pasan desde las paredes de las vellosidades, a través del cordón umbilical, hacia la criatura que se gesta.

La función del cordón umbilical es intercambiar sangre mediante dos arterias enlazadas en espiral en torno a una única vena; estos tres componentes están unidos por un extremo al ombligo del feto, y por el otro, a la placenta. El oxígeno y los nutrientes pasan al feto utilizando las dos arterias del cordón umbilical; el feto elimina el dióxido de carbono y los desechos a través de la vena del cordón umbilical, llevándola hacia las vellosidades de la placenta y de allí a la circulación de la madre. Al nacer, es preciso romper ese cordón para separar madre e hijo, y anudarlo definitivamente. Ese nudo será el futuro ombligo.

Según el Génesis, Adán, el primer ser humano viviente fue creado por Dios; quien luego hizo a Eva. Así que no nacieron de madre alguna y sus ombligos no tenían razón de ser; por tanto, yo, que no estuve ahí, supongo que NO tenían ombligo, porque ¿para qué?

Esta idea ha aterrado a muchos teólogos, pues es una crítica abierta a la perfección de la Creación: ‘Si Dios es perfecto, tuvo que crear seres perfectos’. Puede parecer una cuestión baladí, pero lo que estaba en juego era nada menos que la idea de perfección de Dios. Sería una enorme falla que Dios hubiera creado a todos los seres humanos con ombligo, salvo a uno que, para colmo, fue nada menos que el primero de todos.

Pero por otra parte, si Adán hubiera tenido ombligo, entonces Dios hubiera creado algo superfluo, porque el ombligo de Adán hubiera carecido de toda función, ¿y cómo puede haber creado Dios algo sin ninguna función…?

Sin embargo, creo que ante esta alarma de teólogos y estudiosos bíblicos de todos los tiempos, el Señor decidió revelarme que no existe contradicción: El Bereshit 1:26, del original Talmud judío (que más tarde, en la traducción griega sería Génesis 1:26.), explica:

‘Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra Imagen, y a Nuestra Semejanza.’

‘Nuestra’, implica a Dios y alguien más; ¿Quién es, o son? Dios alecciona en Mc 12:25:

‘Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.’

Más claro ni el agua. El ‘nosotros’ incluye a los ángeles, que no se casan ni paren, así que no tienen ombligo; creo que Dios tampoco. Si Adán fue hecho a su imagen y semejanza, ¡deduzcan!

Más tarde, cuando la preñez de Eva, todo cambió: Caín fue el primer feto, Abel el segundo. La tradición judía plantea que fueron gemelos, pues según su Torá, en Bereshit 4:1 dice:

‘El hombre conoció a su mujer Javá (Eva) y ella concibió y dio a luz a Caín, diciendo: «He adquirido un hombre con El Eterno». Y también dio a luz a su hermano Hevel (Abel).’

A muchas personas se les hace difícil aceptar este relato de la Creación, pues lo ven como un mito religioso. Pero, es mucho más difícil creer que descendamos de un organismo unicelular, según anuncian los evolucionistas; es lo mismo que decir que el hombre fue ‘haciéndose’ él solito a sí mismo, con complejísimas mixturas ‘casuísticas’, sin un Creador. Aún pensando que podrían tener razón: ¿Quién ‘codificó’ entonces, el ADN actual?

Grandes científicos contradicen esta loca aventura evolucionista; hasta Isaac Newton dijo:

“No hay ciencia mejor atestiguada que la religión de la Biblia.”

En su publicación “The Races of Mankind”, la profesora Ruth Benedict y el Dr. Gene Weltfish manifiestan:

“El relato bíblico de Adán y Eva, padre y madre de toda la raza humana, contó hace siglos la misma verdad que la ciencia ha mostrado hoy día:

‘Todos los pueblos de la Tierra son una sola familia y tienen un origen común.’

Jesucristo, mayor en sabiduría que cualquier investigador científico, dijo, en Mt 19:4-5:

‘¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?

De modo que, lo importante no es que Eva hubiera tenido o no ombligo, sino que, desde la fe en la Palabra del Señor, podemos asegurar que las algas, algas son. Los anfibios: bien gracias; las ballenas existen según las variaciaciones genéticas con respecto a las primeras creadas por Dios, y todo ente biológico, de acuerdo a las mutaciones sufridas, pero sin variar de especie, también se encuentran de lo mejor, ratificando la creatividad del Eterno.

Adán y Eva fueron los primeros humanos; nosotros somos sus descendientes. Todo lo demás es hipótesis que la propia Ciencia pondrá en su sitio; por lo pronto, los seguidores de la teoría de la evolución llevan dos siglos intentando convertir la célula básica de la bacteria en un organismo eucariota, pero aun no lo han logrado.

Que sigan intentándolo; los cristianos sabemos perfectamente quienes fueron nuestros predecesores y cómo se comportaron.

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