HAY QUIENES PREFIEREN PROVENIR DE MONOS.

noviembre 3, 2008

Hace unos días, una hermana me exhortó a visitar la página de Paleofreak, así que me pasé por allí, leí un poco de lo expuesto, y dejé un comentario en el artículo: ‘Los primeros monos tenían poco cerebro’. De inmediato saltó la alarma entre los contertulios y varios de ellos comenzaron a dejar sus opiniones despectivas, sin debatir, sin intentar ni siquiera desmontar mis argumentos. Algo imprescindible si se desea demostrar que no se tiene la razón… y muy fácil de lograr si se está en posesión de esta.

Mencioné lo frágil y malintencionado que había resultado el estudio en el que se fundamentaron para decir que humanos y chimpancés son genéticamente homólogos en un 98%, y uno de ellos me acusó de hablar según datos históricos, de la década del 80, remitiéndome al siguiente artículo:

‘Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome. The Chimpanzee Sequencing and Analysis Consortium. Nature 2005.’

De modo que, aunque ya había leido sobre él [motivó mi número 97- ‘EVOLUCIÓN HERMANA HUMANOS Y MONOS: DISTORSIONA LA VERDAD’], volví a estudiarlo… aunque esta vez más a fondo, por si me había dejado algo atrás. Luego expuse mis comentarios y los dejé en el citado blog.

Hoy he entrado, para ver que respuestas podía tener… y vi que lo habían borrado. Una nueva manifestación de la ‘verdadera ciencia evolucionista’: la censura de todo aquello ante lo que no se tiene respuestas neutralizantes.

De modo que le dejé un comentario, diciéndole que, ya que no podía debatir con él, lo intentaría en mi propio blog, donde recibo la visita de otros defensores evolutivos que quizás estén más preparados, y sean capaces de presentar otra perspectiva que haga más creíble el trabajo aparecido en Nature; ese que cuenta que el estudio evolutivo que pretendió establecer la homología genética humano-chimpancé, sitúa a nuestros ancestros trepando por las ramas… entendiéndolo así, literalmente.

Desde el principio me llamó la atención un párrafo, que aparece en negrita, justo debajo del listado de organismos investigadores involucrados en ese proyecto:

In particular, we find that the patterns of evolution in human and chimpanzee protein-coding genes are highly correlated and dominated by the fixation of neutral and slightly deleterious alleles. We also use the chimpanzee genome as an outgroup to investigate human population genetics and identify signatures of selective sweeps in recent human evolution.”

Es decir, tal como les planteé al principio, se basaron en los exones, la parte del genoma que codifica para proteínas, y que representa un 5% del total del ADN; algo lógico, si se tiene en cuenta que lo que se dominaba en esos momentos, era que el 95% restante, se consideraba como un ‘resto’ sin influencia genética, al que se le había llamado: ‘basura evolutiva’.

Ahora bien, circuncribiéndonos a ese ADN ‘codificante’, si consideramos que el ADN humano contiene 3 mil millones de pares de bases [6000′ 000 000 de bases nitrogenadas], tenemos que ese 5% implica a unas 300 millones de bases; recordemos esto.

Por otra parte, en el párrafo encabezado por: ‘Genome sequencing and assembly’, dice que secuenciaron el genoma de un chimpancé macho nacido en cautividad… etc. Analizaron el 94% del genoma del chimpancé, y de este, extrajeron el 98% de las secuencias de bases de mayor calidad. Literalmente concluyen:

A total of 50% of the sequence (N50) is contained in contigs of length greater than 15.7 kilobases (kb) and supercontigs of length greater than 8.6 megabases (Mb).’

Es decir, usan para la comparación, [mediante técnica de splicing o ‘corte y empalme’] regiones de empalme mínimo, constituídas por 15, 700 bases, y máximas de 8.6 000 000 bases… del 5% que se considera codificante. Y vuelvo a recordarles que hablamos de un genoma que, si se pretende comparar al humano, está evaluado en unas 6000′ 000 000 [seis mil millones de bases], cuyo 5% representa: 300 000 000 [trescientos millones de bases].

Dicho de otra forma, con un poco de cálculo elemental, en realidad usaron regiones del genoma que van desde el 0.00026%, al 0.14% de su total. Y si lo analizamos con respecto al ADN que se considera codificante, tenemos que la cifra va desde el 0.0052% al 2.86% [fracciones correspondientes a otra fracción que representa el 5% del total del genoma.]

Luego, más abajo, en el párrafo correspondiente a ‘Nucleotide divergence’, encontramos:

Best reciprocal nucleotide-level alignments of the chimpanzee and human genomes cover 2.4 gigabases (Gb) of high-quality sequence, including 89 Mb from chromosome X and 7.5 Mb from chromosome Y.’

Es decir, al establecer la comparación, ven la mayor homología en un sector de 2.4’000 000 [2.4 millones de secuencias de bases], en los que se incluyen 89 000 bases del cromosoma X, y 7,500 bases del cromosoma Y.

Pero la Ciencia ha puesto en nuestras manos una poderosa herramienta de comprobación: la reciente publicación, en la revista ‘GENOME RESEARCH’, de la cartografía detallada del cromosoma X, al que se asocian importantes enfermedades cromosómicas y hereditarias, debidas a las mutaciones que los defensores evolucionistas definen como ‘favorables para la mejora genética de las poblaciones’.

Los científicos de la Facultad De Medicina de la Universidad ‘George Washington’, ubicada en San Louis, localizaron 2.100 marcadores en el cromosoma X, y determinaron que es uno de los más largos, con 160 millones de pares de bases [320 000 000 de bases]. Por otra parte, se sabe que el cromosoma Y contiene más de 200 genes y unos 50 millones de pares de bases 100 000 000 de bases]. No quiero dejar de aclarar que las mutaciones de este cromosoma tampoco son buenas para una hipotética evolución, ya que producen múltiples enfermedades, tales como la azospermia y la disgenesia gonadal.

De donde se deduce que, en el proyecto hombre-chimpancé, del cual dicen que se tomaron secuencias al azar, se puede observar que:

– Para decidir dónde vieron mayor homología, se circunscribieron solo al 0.04% de los datos que aparecen inscritos en la hebra del genoma.

– Compararon solo el 0.28% de toda la información contenida en el cromosoma X.

– Compararon solo el o.o15% de toda la información contenida en el cromosoma Y.

Por último, quiero comentar sobre otra parte del trabajo hombre-chimpancé: el punto ‘divergencia’ de los dinucleótidos Cpg. Quiero puntualizar que esto se conoce en genética como ‘metilación del ADN’, un proceso biológico, contextuado en el ADN, que ayuda en general a la estabilidad de las células. Se ha comprobado en laboratorios, que las células a las que se quita experimentalmente las “DNA metiltransferasas” (encargadas de la metilación) degeneran y tienen más mutaciones, provocando distintos tipos de cáncer.

Estos dinucleótidos Cpg no se encuentran por todo el genoma, sino al principio de los trozos que codifican genes [las zonas ‘promotoras’, que deducen si un gen va a ser leido por la maquinaria celular para convertirse en proteína].

Algo de mucha actualidad investigativa, debido a su influencia como ‘reguladores’ ante distintos tipos de cáncer, así como de gran peligrosidad, pues los fallos de la metilación se heredan, a modo de ‘mutación’: si uno de los progenitores tienen mal metilada una zona determinada del ADN, su descendencia también la tendrá metilada… y falla el sistema regulador ante esta dolencia que mata a millones de personas en el mundo, cada día. Obviamente, nada bueno para una mejora genética, sino causa de su empeoramiento y decadencia.

En ese párrafo se expresa:

By correcting for the estimated coalescence times in the human and chimpanzee populations (see Supplementary Information ‘Genome evolution’), we estimate that polymorphism accounts for 14–22% of the observed divergence rate and thus that the fixed divergence is 1.06% or less.’

Es decir, les resultó evidente esta alta tasa de divergencia, y se acudió a dar una explicación capaz de minimizar ¡hasta el 1.06% o menos!, lo que sus propios ojos habían detectado antes. Sus propias pruebas sobre la Metilación del ADN en ambas especies, mostraron una divergencia sustancial elevada, entorno al 14-22% por base, que representaban el 25,2% de todas las sustituciones, mientras que constituían sólo el 2,1% de todas las bases alineadas. Ante esta situación comprometedora, acudieron entonces a plantear que la divergencia en los sitios CPG fue debida a la ‘pérdida de ancestrales CpGs’ y la ‘creación de nuevas CpGs’.

O sea, intentan defenderse de una evidencia que señala en contra de la teoría, lanzando al aire otra teoría. No aprenden los muchachos; siempre el afán de ‘demostrar’ todo teorizando, ya que les resulta imposible lograrlo desde las pruebas de laboratorio, esas, las científicas de las que tanto hablan.

Más abajo, en la gráfica 2 del artículo de Nature, se puede apreciar esta divergencia, en este caso en el cromosoma 1; les exhorto a que la visiten y lo vean con sus propios ojos.

En resumen, la evidencia de homología entre monos y humanos que se propugna, se hace desde la comparación de:

– Regiones del genoma que van desde el 0.00026%, al 0.14% del total.

– Regiones que van desde el 0.0052% al 2.86% del 5% del genoma: el ADN codificante.

– Para decidir dónde vieron mayor homología, se circunscribieron solo al 0.04% de los datos que aparecen inscritos en toda la hebra del genoma.

– Compararon solo el 0.28% de toda la información contenida en el cromosoma X.

– Compararon solo el 0.015% de toda la información contenida en el cromosoma Y

-Redujeron la evidente divergencia en la importante ‘metilación’ [14-22%] observada durante su trabajo, a un 1.06%, mediante un anexo explicativo de un ‘por qué’ que niega los propios resultados del trabajo. Borran y alteran todo aquello que les refuta, y se abrazan a toda teorización que les dé el imperioso apoyo… aunque solo hayan comparado menos del 1% del total de la información real que aparece inscrita y codificada en la molécula de las dos hélices de las dos especies implicadas.

Para sus conclusiones, se dejaron por el camino, más del 99% de la información genética que aparece en las células. ¿Puede considerarse esta investigación como suficiente para lanzar una proclama de hermandad genética por homología, persona-chimpancé? ¡Obviamente no! Y sé que todo aquel que lea sin el prejuicio característico de los seguidores de Darwin, coincidirán en que estamos ante otra nueva función de circo.

Trabajé durante 10 años en un centro científico; participé en los últimos 5 como apoyo electrónico a distintos temas de investigación, como el miembro profesionalmente más humilde, de un equipo multidisciplinario. Estuve codo a codo con ellos, físicos nucleares, radioquímicos, matemáticos… comparando distintas muestras en analizadores multicanales, radiándolas con diferentes isótopos y apantallándolas con distintos tipos de materiales, exigiéndome circuitos puntuales en los preamplificadores, que redujeran el error al mínimo, incluso en los indeseables y obligados efectos microfónicos. Escuché los distintos puntos de vista entre ellos, analizando el celo de sus planteamientos y su seriedad a la hora de dar conclusiones…

Y les aseguro que jamás elaboraron teorías, implicando tanta ausencia de información como lo han hecho en este trabajo. Personalmente, aquí veo intencionalidad. No se descubrió nada, sino se partió desde el principio de la investigación, en busca de pruebas dirigidas, que garantizaran la flotabilidad de la teoría evolutiva, a como fuera… y eso, señores, no puede llamarse ciencia, sino ‘fraude inductivo’, para guiar a los profanos hacia el pensamiento: ¡Oh, lo ha dicho la Ciencia; debe ser cierto!

Pues escuchen bien: ¡No lo ha dicho la Ciencia! ¡Es una tergiversación manipulada por unos desaprensivos que lo que menos les interesa es la Verdad! Solo lo hicieron por vanidad, para buscar notoriedad a como fuera, tergiversando en todas las direcciones. Pero ocurre que, como resulta conveniente al alto núcleo de defensores de Darwin y sus sueños, porque puede representar un apoyo económico importante en sueldos y subvenciones, prefieren darle el visto bueno, el apoyo moral… y por supuesto, ese aplauso que dice más o menos:

¡Qué bien lo hemos hecho! ¡Hemos vuelto a engañarles y llevarles a donde queremos!

¡Pobre sociedad! ¡Qué ceguera espiritual tan bien aprovechada por los enemigos de Dios!

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” [Mar 8:36-38]


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EVOLUCIÓN, Y LA JOVEN EVA MITOCONDRIAL

julio 26, 2008

Cierta vez, mientras yo intentaba aprender más sobre mitocondrias, como una de las diferencias entre procariotas y eucariotas, encontré esta definición, de concepto evolutivo:

“Los cálculos estadísticos que se han realizado informan que, en los mamíferos y en concreto en el hombre, cada 10.000 años aproximadamente surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial. Es decir, la diferencia entre una mujer que hubiera nacido hace 40.000 años y un descendiente directo, vía materna que viviera hoy, sería por término medio, 4 bases. De hecho, un estudio realizado en los ADNmt de los europeos (Bryan Sykes), afirma que estos provienen de siete mujeres, las siete hijas de Eva. La más antigua habría vivido hace 45.000 años y la más moderna hace unos 15.000 años. La Eva mitocondrial, la antepasada común más moderna de todos los seres humanos que hay en el mundo, se remontaría de este modo a unos 150.000 años.”

Como esto se contrapone frontalmente con mi convicción de una Tierra mucho más joven, siempre según la instrucción recibida de Jesús, Bereshit judío bajo el brazo (Las Escrituras a las que constantemente se refiere en la Biblia), decidí que tendría que estudiar mucho para ser capaz de hallar los datos científicos que negaran esta teoría de ‘los 1500 siglos’ de convivencia humana. Lo he hecho, y he llegado a la siguiente conclusión:

El Genoma mitocondrial, [ADNmt], contiene los datos genéticos de las mitocondrias, esos orgánulos demasiado ‘programados’ para ser casuísticos, y que entre otras cosas, generan la energía celular Y he visto además, que su herencia generacional, aunque se afirma que es matrilineal, en realidad es negada ocasionalmente. Dicha exclusividad está desmentida al acreditarse la transmisión de enfermedades de este origen por vía parental.

El ‘New England Journal of Medicine’ (2002) reseña:

“Marianne Schwartz y John Vissing, del Departamento de Genética Clínica del Hospital Universitario Rigs, en Copenhague, han recogido el caso de un hombre de 28 años con miopatía mitocondrial asociada a una delección 2 bp del ADNmt, en el gen ND2, que codifica una subunidad del complejo enzimático ‘l’, de la mitocondria de la cadena respiratoria.

Han determinado que la mutación en el ADNmt es paterna, y que supone el 90% del ADN mitocondrial del músculo del paciente. Mientras no se conozca en qué porcentaje hay transmisión de ADN paterno, que en principio no tiene por qué causar enfermedad y por tanto no es detectable clínicamente, como en el caso citado, no se podrá “ajustar” la fiabilidad de este método.”

En el ADNmt humano, hay solo 37 genes codificantes (no existen zonas no codificantes); en el ADN cromosómico del núcleo celular, hay entre 20-25 mil genes. Esto facilita más la labor de investigación en el primero. Otra característica substancial del ADNmt es que no se recombina; implicando que los únicos cambios que haya podido sufrir, exclusivamente se deben a mutaciones a lo largo de multitud de generaciones.

No obstante, suponiendo que esta información viene solo de la madre, y que no varía generación a generación, replicando la huella de cada mamá genética, se debería llegar hasta la Eva de los orígenes. A veces ocurren raras mutaciones que una madre pasa a su cría, y permiten a los genetistas ‘ubicar’ los ancestros en el eje del tiempo. Un ejemplo: si su abuela adoleció una mutación en su ADNmt, sus hijos y ‘los hijos de sus hijas’ heredaron el fallo genético, esa línea familiar será diferente al resto de la población del mundo, permitiendo identificar a todos los descendientes de esta madre.

En el 1987, científicos de la Universidad de Berkeley, California, publicaron un estudio comparando el ADNmt de 147 personas de todas las zonas geográficas del mundo (chinos, hindúes, africanos, europeos, aborígenes, etc.) El resultado arrojó que todas… ¡tenían el mismo ancestro femenino! Todos venían de la misma madre: la “Eva mitocondrial”.

No hay ningún pasaje bíblico, referente a ella, más que la que menciona a la superviviente esposa de Noé, descendiente directa de Eva, en unas 10 generaciones. ‘Bereshit’, el génesis original judío, escrito por Moisés, y que Jesús llevaba consigo para instruir sobre la Verdad, nos dice, en su capítulo 7, versículo 7:

“Noaj (Noé), con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, entraron al Arca a causa de las aguas del Diluvio.”

Humanos y mamíferos terrestres perecieron en el diluvio universal; solo Noé y sus 3 hijos varones, subieron al arca con sus mujeres, salvándose. Así que en realidad no hay una, sino 4 Evas mitocondriales en la expectativa de la humanidad; sin embargo, las nueras de Noé, genéticamente están a la misma distancia aproximada que su esposa, de modo que sus mitocondrias debieron haber sido casi idénticas.

¿Mas, de dónde vinieron estas Evas? Inicialmente se concluyó que probablemente de África; pero estudios ulteriores señalan que el origen fue Asia o Europa. (Marcia Barinaga, ” ‘La Eva Africana’,” Science, Vol. 255, 7 febrero 1992, pp. 686-687.)

Y aquí, antes de hablar del ADNmt, se presenta otra congruencia Ciencia-Bíblia, pues esta cita que las sobrevivientes criaron a sus hijos entorno al Monte Ararat, [Bereshit/Génesis 8:4], que la tradición judía ubica en el extremo oriental de la actual Turquía: ¡Casi Europa! En otras palabras, todos los contemporáneos podemos reclamar a alguna de esta 4 Madres como nuestra joven tátaratátara, aun por cumplir los 6000 años.

Esto arroja otro punto de debate: ¿Cuándo vivieron esas Evas mitocondriales? Analicemos Armenia, situada en las montañas que rodean el monte bíblico. Los arqueólogos tienen pruebas de que fue uno de los primeros lugares de la civilización humana, incluso la cuna de la agricultura y la civilización. ¡Desde 6000 a. C. hasta 1000 a. C! Fósiles locales de herramientas, lanzas, hachas e instrumentos de cobre, bronce y hierro, indican que se produjeron allí y se comercializaron en tierras vecinas, donde no existe igual abundancia de metales.

Llegados a aquí entremos en el rastreo de los lenguajes. Los lingüistas admiten claramente que no saben cómo se originan los idiomas, pero sí cómo se extienden o distribuyen hacia distintas áreas del mundo, y en “La historia temprana de los idiomas indoeuropeos”, los especialistas Thomas V. Gamkrelidze y V. V. Ivanov ( no cristianos), concluyen:

“Nuestro trabajo indica que el protoidioma nació hace unos 6,000 años, en la Anatolia oriental (oriente de Turquía)…” [Scientific American, Vol. 262, Marzo 1990, p. 110]

¡6000 años! ¡Imposible hallar mayor congruencia entre las cronologías y lugares bíblicos, y las edades y sitios científicos!

Varias generaciones después del Diluvio, los idiomas se multiplicaron a partir de Babel (Bereshit/Génesis 11:1-9). El ‘Babel’, relacionado con el vocablo inglés “babble”, que significa “proferir sonidos sin significados.” La mayoría de los teólogos coinciden en que la Torre de Babel existió en algún punto entre los ríos Tígris y Éufrates, un área circunscrita a la antigua Babilonia y el Monte Ararat.

Y ahora, regresemos a las investigaciones del 1987, sobre el ADNmt de 147 personas y la “Eva mitocondrial”, donde empieza en verdad el debate. ¿Cómo cotejar la asiduidad de mutaciones del ADNmt? El cálculo mitocondrial evolutivo ofrece una contradicción: Eva tiene unos 150000 años, y Adán, solo 50000; 84.000 años esperando al padre de sus hijos. ¿Cómo se mantuvo viva la especie de esa Eva evolutiva durante 84000 años, sin un Adán que la hiciera madre? Solo quedando embarazada de machos de otra especie; ¡84000 años de híbridos germinantes, sin una sola presencia fósil! Y  a eso, sin inmutarse, le llaman Ciencia.

Note que esta conclusión Eva-Adán mitocondrial se afirma como algo probado, aunque se base en supuestos sin evidencias… y el número arrojado no concordó con la posición anterior, según se esperaba. Todo lo contrario, restó millones de años a la posición sostenida anteriormente, pues hasta ese momento la evolución enseñaba en las aulas que el “ancestro común de los humanos era una criatura parecida a los monos, existente millones de años atrás”.

Mas, sorprendentemente, en 1997 [y al fin hemos llegado a lo mejor], científicos evolutivos ultimaron tras un estudio, que las mutaciones del ADNmt ocurren 20 veces más rápido que lo que se pensaba. Los ritmos de mutaciones se fijaron, concluyentemente, comparando el ADNmt de múltiples pruebas de madre-hijo. Usando este nuevo método (propuesto por evolucionistas), Eva mitocondrial vivió hace aproximadamente… “¡6,000 años!”

Se han hecho varios trabajos para medir explícitamente la tasa de sustitución en el ADN mitocondrial. Una referencia es Parsons, Thomas J., et al., En esa investigación, se observó una alta tasa de sustitución en el control de la región ADN mitocondrial humano. [Nature Genetics vol. 15, abril de 1997, pp. 363-367].

También en http://www.cs.unc.edu/~plaisted/ce/mitochondria.html, se dice:

“La tasa y el patrón de secuencia de sustituciones en la región de control (CR) ADNmt, es de vital importancia para los estudios evolutivos humanos, y la identificación en pruebas forenses. Así, en un informe de medición directa entre tasa de sustitución en humanos, en zona CR, se cotejaron secuencias de ADN de dos segmentos hipervariables de parientes cercanos, vía materna, de 134 linajes ADNmt. Todos independientes y abarcando 327 generaciones, en las que fueron observadas diez sustituciones; lo que resultó en una tasa empírica de 1 cada 33 generaciones o 2.5/site/Myr. Unas veinte veces mayor que las estimaciones derivadas de análisis filogenéticos.”

Algo más adelante continúa:

[“El rango de sustitución observado aquí es muy alto en comparación con los deducidos de otros estudios evolutivos. Una amplia gama de tasas de sustitución CR se han obtenido de estudios filogenéticos, abarcando unos 0.025-0.26/site/Myr, incluidos los intervalos de confianza. Otro dio una estimación más rápida: CR: 0,118±0.031/site/Myr; asumiendo un tiempo de generación de 20 años, que correspondió a ~ 1 cada 600 generaciones, con una edad total ADNmt, de 133000 años.

Pero nuestra observación de la tasa de sustitución: 2.5/site/Myr, es unas 20 veces más alta que la prevista a partir de análisis filogenéticos. Nuestro tipo empírico para calibrar el reloj molecular ADNmt se tradujo en una época de los ADNmt MRCA, de sólo unos 6500 años, claramente incompatible con la edad conocida del humano moderno. Aun reconociendo que el MRCA de ADNmt puede ser más joven que el MRCA del humano actual, sigue siendo plausible para explicar la distribución geográfica conocida del ADNmt, secuencia de variación de la migración humana, producida sólo en los últimos ~ 6500 años.]

O sea, como siempre, si se llega a una evidencia contradictoria con la teoría evolutiva, se acude a la argucia argumental para intentar quitar importancia al resultado científico que les niega; pero ahí está: otra contradicción evolutiva demostrada por la misma Ciencia a la que se pretende usar de sostén. De nuevo, como en el artículo anterior, el reloj molecular no se corresponde con las expectativas de la teoría evolutiva basadas en un planeta anciano. El reloj molecular que dató el mitocondria madre anterior, se ‘calibró’ asumiendo que surgimos de los simios hace unos cinco millones de años.

Esto añejó a ‘Eva’ en cientos de miles de años atrás; pero cuando el rango de las mutaciones actuales fue medido y usado en el cálculo, la fecha resultó en 6,500 años: el pretendido reloj de su razón resultó correr más rápido que lo que se esperaba. Cualquier parecido con la historia Bíblica… no es casual. ¡Qué ironía: La Ciencia les arroja en los brazos de lo mismo que niegan!

Por supuesto, otra evidencia que surge de este experimento, es que los procariotas no se volvieron mitocondrias, sino que ambos surgieron a la par… durante la Creación de Dios. El necesario protocolo de años para que un virus, supuestamente, adquiriera su propia fuente de energía, ha sido echado abajo de golpe. La información real de estos hallazgos científicos tiene más sentido en el marco Bíblico de la historia: se corresponde con la creación de la variedad biológica desde el principio, y con la instrucción de un gran Diluvio creando muchos fósiles en un período corto de tiempo, un lapso total de miles de años.

Las noticias de la revista ‘Nature’ y otras que no pongo aquí, porque aun me falta contrastar datos, dicen que según el nuevo reloj, Eva apenas tendría unos 6000 años de edad. Parsons dice que “estudios evolutivos le incitaron a esperar una mutación en 600 generaciones”. Se “pasmaron” al hallar 10 cambios de bases-pares, que les daba el rango de una mutación aun menor: cada 40 generaciones. [Parsons, T.J. et al «A high observed substitution rate in the human mitochondrial DNA control region», Nature Genetics 15: 363-368, 1997].

La evolución ha tratado de evadir la fuerza de estos resultados respondiendo que el alto rango de mutación sólo ocurre en ciertos trozos de ADN llamados «puntos calientes» y/o que el alto rango (observado) causa mutaciones que «borran» los efectos de este alto rango. Por lo tanto, convenientemente, el rango es asumido alto durante un corto tiempo o bajo durante un periodo largo de tiempo, según convenga: un intento de amoldarse a la verdad que le sale al paso; ‘instinto de supervivencia’. Otro ‘quite’ que le impone la Ciencia, que en este milenio del conocimiento y la luz, le está pasando factura y le seguirá pasando, por cada embuste que ha sido capaz de generar en su particular cruzada antiCristo.

La importancia de estos hallazgos en tiempo real, anulan todo lo que existe en bibliotecas con respecto a ‘homimonos’ ancestrales, erróneamente datados por el ADN mitocondrial. Los 6000 años mitocondriales resultan otra confirmación de que, cada vez que la Ciencia está en condiciones de contrastar la manifestación bíblica, ambas son coincidentes, negando las afirmaciones de una teoría evolutiva a la ligera, que lleva más de un siglo cambiando constantmente sus cálculos, intentando sobrevivir a sus propios errores.

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EVOLUCIÓN: UN ROSARIO DE EMBUSTES.

marzo 7, 2008

COSAS QUE HAY QUE RECORDAR

Sr. Manuel, este artículo, se lo dedico a usted. Permítame participar de su debate con el hermano Daniel, a través de este razonamiento derivado de la página que ud. ha exhortado a que se visite y que he visitado. De ella he extraído:

‘Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico.’

Yo le afirmo, con esa misma energía que el autor emplea para dar la evolución como un hecho, que si una entidad bancaria, una congregación humana de cualquier tipo, o una simple persona le miente a usted; en ese mismo momento, la credibilidad adquiere fecha de caducidad. La credibilidad demanda de toda una vida; la no-credibilidad, de un solo instante.

La evolución ha presentado fósiles, (adjunto fotos) en National Geographic, Vol. 152, 159, 1523 y New Scientist, 20 enero 1984,) de hipotéticos millones de años, que resultan idénticos a sus descendientes actuales; sin estado transicional entre ellos. Claras evidencias de ‘no resultado de la evolución’ sino de la creación especial. Se ve un tiburón datado en 400 millones de años, una langosta de 40 millones, una hormiga con 100 millones y la cucaracha de 320 millones. Y no hablo de €, sino de años.

ancestros1.jpg

 

Otro caso de ‘eslabón presentado’: empuje y marcha atrás, fueron los dientes y los espolones del arqueopterix, contrastados con otro fósil Chino (1996), que provocó una confusión aún mayor. “Science” publicó un artículo de Hou, Martin y Alan Feduccia, sobre un pájaro de 130 millones de años: el Lidoningornis, quien tenía el mismo hueso del pecho, en el que se insertan los músculos, igual que en los pájaros modernos, de los cuales tampoco se distinguía en lo demás. La única diferencia residía en los dientes de la boca.

Esto probaba que no provienen de los dinosaurios; indican que no resulta una forma transitoria, de ellos a ave, es decir, de una especie a otra, como sostenían los evolucionistas, y constituyó otra evidencia a favor del diseño de la Creación, ya que no se observa estado transicional con respecto a los actuales. El ‘Discover’ presentó el artículo “¿De dónde vinieron los pájaros? El propio Stephan Jay Gould y Niles Eldredge, paleontólogos de Harvard y evolucionistas mundialmente conocidos, aceptan que el Arqueoptérix resultó un “mosaico” viviente que albergaba varios rasgos distintos en su constitución, ¡pero que nunca puede ser considerado una forma transitoria!

Por otra parte, dentro de esta misma temática del ‘mentir a toda costa‘, iniciada por Haeckel, el conocido médico y también paleoantropólogo aficionado, Charles Dawson, afirmó un buen día haber hallado un hueso de quijada y un fragmento de cráneo en una cueva de Piltdown, Inglaterra, en 1912. Aunque el maxilar se parecía más al de un mono, los dientes y el cráneo eran los de un ser humano. Se supuso que esas muestras que fueron etiquetadas “Hombre de Piltdown” tenían 500 mil años de antigüedad. Distintos museos la presentaron como prueba absoluta de la evolución humana.

Por más de 40 años se escribieron artículos ‘seudocientíficos’ sobre este embuste, se dibujaron muchas interpretaciones del mismo y el fósil fue presentado como una evidencia importante de la evolución humana, en las propias escuelas. Hubo, no menos de 500 tesis doctorales sobre la materia, y el conocido paleontólogo norteamericano Henry Fairfield Osborn, mientras visitaba el Museo Británico, en 1935, llegó a decir: “…tenemos que recordar permanentemente que la Naturaleza está llena de paradojas y este es un asombroso hallazgo referido al hombre primitivo…”

Años después, en 1949, Kenneth Oakley, del Departamento de Paleoantropología del Museo Británico, quiso experimentar la reciente “cata del flúor”, para fósiles antiguos, en el ‘Hombre de Piltdown’. El desenlace fue pasmoso; durante el análisis se comprobó que el hueso maxilar no contenía flúor. Esto indicaba que llevó enterrado solo unos pocos años; al igual que el cráneo, con muy poca cantidad de este elemento. Más tarde, se concluyó que los dientes eran de orangután y habían sido injertados en las mandíbulas, y que las herramientas “primitivas” descubiertas con los fósiles eran simples imitaciones torneadas con implementos de acero.

Esta falsificación saltó a la palestra internacional, en 1953 con un análisis pormenorizado completado por Weiner. ¡El cráneo pertenecía a un hombre de hacía 500 años y la quijada a un mono que había muerto hacía poco! Los dientes fueron puestos en un orden determinado y los puntos de unión habían sido rellenados, buscando semejanza humana. Todo fue teñido con dicromato de potasio para darle una apariencia antigua; las tinturas se esfumaron cuando los vestigios se anegaron en ácido.

Le Gros Clark, del equipo que descubrió el perjurio, no pudo ocultar su estupor y dijo que “las evidencias de la abrasión artificial surgieron a la vista de inmediato“. En realidad, bien podemos preguntar, ¿cómo es posible que algo tan obvio haya dejado de ser advertido antes?” El “Bulo de Piltdown” fue sacado al fin del Museo Británico, luego de más de 40 años de exhibición; es decir, una mentira sostenida casi medio siglo: una más en el largo rosario embustero de la evolución.

Otro aporte a esta sarta, vino de la mano del director del Museo Americano de Historia Natural, Henry Fairfield Osborn, en 1922, quien dijo haber hallado un molar fósil en Nebraska occidental, cerca de Snake Brook, correspondiente al Período del Plioceno: ¡Desde 5.3 millones hasta 1.8 millones de años en el pasado! La pieza, teóricamente, tenía características comunes al hombre y al mono; emergieron profundos argumentos ‘científicos’, algunos de los cuales aclararon que se trataba de un diente del ‘Pitecantropo erectus’, mientras que otros sostenían que era más cercano al ser humano. Este diente fósil, que provocó un gran debate, fue bautizado como “Hombre de Nebraska” e incluso nominado por la seudociencia evolucionista: ‘Hesperopithecus haroldcooki’.

Muchas autoridades de la evolución apoyaron a Osborn; desde ese solo diente, gracias a la fértil imaginación evolucionista, demostrada desde hace más de 140 años, salieron bosquejos de la cabeza y del cuerpo del “Hombre de Nebraska”. Además, éste fue representado incluso con la esposa e hijos, como toda una familia en un ambiente natural.

Todo este escenario fue desarrollado a partir de un solo diente. Los círculos científicos acreditaron a este “hombre fantasma” en un grado tan alto, que cuando el investigador William Bryan se opuso a las decisiones tendenciosas que se apoyaban en un solo diente, fue criticado duramente. En 1927 se halló resto del esqueleto, demostrando que el diente del caso no pertenecía a un hombre ni a un mono, sino a una especie extinta de cerdo americano: Prosthennops “Hesperopithecus. ‘Sciencie’ no tuvo más remedio que pronunciarse, mediante un artículo de William Gregory: ‘Aparentemente No Es Un Mono Ni Un Hombre“, en el que denunciaba el fraude, elevándolo a la categoría de ‘error’.

Todos los dibujos del “Hombre de Nebraska” y “su familia” fueron retirados de inmediato de las futuras literaturas evolucionistas, pero las editadas, editadas están, como todo lo editado sobre el ‘hombre de Piltdown

Darwin, en su libro “El Origen de las Especies”, presentó la suposición de un ser humano resultado de la evolución de monos antropomorfos. Fue tras fósiles que apoyaran ese argumento; sin embargo, algunos evolucionistas creían que no sólo en los registros fósiles se iban a encontrar criaturas “semimonos semihumanas“, sino que también se les hallaría con vida en distintas partes del mundo. A principios del siglo XX, la búsqueda de “vínculos transitorios vivientes“, condujo a incidentes desafortunados, siendo uno de los más crueles el sucedido a un pigmeo llamado Ota Benga, capturado en 1904 por un investigador evolucionista en el Congo.

En su lengua nativa, el nombre del pigmeo significa “amigo“. Éste tenía una esposa y dos hijos, pero fue llevado a Norteamérica encadenado y en una jaula, donde los ‘científicos evolucionistas‘ lo exhibieron al público en la Feria Mundial de San Luis, ¡junto a una especie de monos!,  presentándolo como el “eslabón transitorio más cercano al ser humano“. Dos años después llevaron al pigmeo al Zoológico del Bronx en Nueva York, donde junto a cuatro chimpancés, un gorila llamado Dinah y un orangután llamado Dojung, fue exhibido bajo la denominación de “antiguo ancestro del ser humano“.

El Dr. William T. Hornaday, ‘evolucionista‘ y director del zoológico, pronunció largas disertaciones respecto a lo orgulloso que estaba de tener esa “forma transitoria” excepcional, a quien trataba como a un animal cualquiera. Ota Benga no pudo soportar el trato que se le daba y finalmente, lejos de su entorno, su familia, y en aquel ambiente de circo que le humillaba, terminó suicidándose.

El Hombre de Piltdown, el Hombre de Nebraska, Ota Benga… Estos fidedignos escándalos, demuestran que los científicos evolucionistas, detrás de la honrosa bandera de la Ciencia, no han vacilado en emplear cualquier tipo de método anticientífico para dar validez a su teoría. Al observar toda “evidencia” de la ficción de la “evolución humana” nos topamos con una situación similar. Estamos ante una fábula y una tropa de voluntarios, dispuestos a hacer cualquier cosa para darle validez a la misma. Sin embargo, conocedor del espíritu del hombre, soy conciente de que muchos se darán cuenta del error y rectificarán, vivo convencido de ello.

Contrastando a esa bondad a la que apelo, un par de evolucionistas obsesos, me llaman mentiroso. ¿Dónde está mi mentira? ¿Seguirán buscando el eslabón perdido bacteriano que se vuelve ameba? ¡En las trincheras de los paleontólogos, con un pico y una pala debían estar! Así sudarían un poco y eliminaran las toxinas que inundan sus cerebros, cesando de envenenar la mente de tantas personas que se dejan seducir por la seudociencia que les alimenta.

A los profesionales que siguen el evolucionismo, intentando hacerlo coincidente con los planteamientos bíblicos, les pido, en nombre de Dios, que reflexionen al calor de su Palabra, en una de las últimas advertencias de Cristo que han quedado escritas:

“Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Ap 22:13)

Alfa y Omega: inicio y fin del alfabeto griego, dominante entonces. Es decir, nos certifica que, desde la primera hasta la última de sus palabras son ciertas. Si Él constantemente hablaba de la Creación, diciéndonos incluso que tomó parte vital en ella; ¿cómo vamos a ofenderle, pensando que la casualidad ha jugado algún papel? Tenemos una deuda de gratitud; si no somos capaces de morir en la cruz, al menos no seamos ingratos.


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DE MONERAS, A PERSONAS: EL AZAR NO ES SUFICIENTE

febrero 28, 2008

Febrero 28/2008

ESPECIACIÓN EN BACTERIAS.

Llevo varios días analizando el hipotético ciclo evolutivo, que podría haber llevado a los primeros organismos procariotas hasta protoctistas, según cita la teoría de la evolución, y de ahí, hasta la diversificación masiva de vida que existe hoy.

Todos los protoctistas son eucariotas que en sus primeros estados se encuentran muy diversificados, pero no hay una clara definición de ellos: no son animales, ya que no se desarrollan a partir de blástulas, y no son plantas puesto que éstas surgen de un embrión. Tampoco son hongos, puesto que éstos nunca exhiben undulipodios o ‘flagelos’ y nacen a partir de esporas. El paso de aquellas primeras bacterias a eucariotas, aun no se ha esclarecido, pese a que lo intentan con tenacidad y dedicación desde los primeros hallazgos de microorganismos, en el siglo ¡XVIII!

Veamos los pasos que debe dar por sí solo el hábil procariota, para evolucionar hasta protoctista, que, aunque no se puede catalogar ni como animal ni como planta… ni tan siquiera como hongo (¡menos mal!) se considera el antepasado común de los estudiosos del tema (el mío no).

El procariota tiene un solo cromosoma circular cerrado; el protoctista (eucariota) posee varios cromosomas lineales, terminados en telómeros. Procariota no posee núcleo, así que tampoco membrana nuclear; mientras la célula eucariota si cuenta con su auténtico y original núcleo. En procariotas (también en mitocondrias y cloroplastos eucariotas) el ADN es una doble cadena insertada en la célula, (1 mm aprox.), circular y cerrada, llamada cromosoma bacteriano.

En los Eucariotas, el ADN está principalmente en el núcleo, con su superenrrollamiento (trenzamiento de la trenza) y la asociación con proteínas histónicas y no histónicas. El ADN se enrolla (dos vueltas) alrededor de un octeto de proteínas histónicas, formando un nucleosoma. Existe una secuencia de ADN de hasta 80 pares de bases, que dan lugar a un “collar de perlas”  (fibra de cromatina): la estructura propia del núcleo interfásico, que no ha entrado en división. Este collar de nucleosomas vuelve a enrollarse y cada 6 nucleosomas constituyen un “paso de rosca” por medio de histoma H1 formando estructuras del tipo solenoide. Los ribosomas del procariota son del tipo 70S y los del eucariota, del 80S

Por otra parte, el procariota no presenta mitosis ni tiene orgánulos (mitocondrias, cloroplastos, centriolos, aparato de Golgi) mientras que la eucariota sí; tampoco tiene citoesqueleto ni hay corrientes citoplásmicas ni movimiento ameboide, en tanto la eucariota sí cuenta con todo ello.

Quiero significar que el aparato de Golgi, (su descubridor: Camilo Golgi), tiene una estructura similar al retículo endoplasmático; pero es más compacto. Está compuesto de sacos de membrana de forma discoidal y está localizado cerca del núcleo celular; cada pila  de sacos se llama ‘dictiosoma’ y agrupa unas 6 cisternas. Estas dictiosomas varían desde unos pocos, hasta una gran cantidad.

El paso de ‘bacterias’ a eucariotas es imposible… hasta que no se demuestre lo contrario. La imponente necesidad de coincidencia de  casualidades abruma tanto, que aun no ha podido ser puntualizado y aclarado este hecho; es lógico, después de haber visto cuántas cosas tiene que ‘fabricar’ la pobre célula procariota para ‘evolucionar’. No basta con poner millones de años por medio, ni dar el salto hacia una especiación más confusa que la idea de un diseño inteligente.

La evolución de un organismo compuesto y complejo a partir de uno simple debe ser un fenómeno visible en la Naturaleza, o al menos debe acreditarse pruebas que atestigüen este proceso en varias oportunidades. Hay entes biológicos, (vegetales y animales inferiores), cuyo tiempo de vida es enormemente breve, por lo que el hombre podría apreciar el curso de los cambios orgánicos a través de sus generaciones; sin embargo, en estos doscientos años de atención concentrada en todo lo que pudiera resultar una evidencia, no han sido capaces de ver ninguna transición de un estado elemental a otro complejo. Todo lo conseguido se remonta a ‘mutaciones’ en bacterias, y esto, muchas veces bajo condiciones forzadas, a nivel de laboratorio. Las entidades procariotas han continuado siéndolo, aunque no desde su perspectiva original, sino como ‘mutantes’.

La evolución plantea una especiación a partir de poblaciones aisladas que dan lugar a ‘nuevas especies’. Investigan sobre Drososphila melanogaster, la mosca de la fruta. Pero no hay nuevas especies, sino dos tipos de moscas en dos extremos poblacionales opuestos, con su ADN alterado; muy mal de evidencias deben andar cuando después de dos siglos aun buscan especies nuevas en las insectos y organismos primarios.

Ya en el artículo anterior describí el comportamiento caprichoso de la Naturaleza, con respecto a las abejas obreras, estériles, pero miembros de la misma especie que el resto de la colmena. También del trayecto: caballo, burro, mulo; diferenciados genéticamente.

El árbol filogenético de la vida, basado en comparaciones de ARNs ribosómicos 16S y 18S, según los investigadores evolucionistas, en mi modesta opinión, tiene más cuento que las 7 ediciones de Harry Potter.

El ARN 16S (sub unidad menor de los procariotas) y el 18S (subunidad menor de los eucariotas), así como otros ARN (mensajeros, transferencia, microARN, + otros genes ARN no codificantes), funcionan para lo que fueron creados, sin tener nada que ver con la hipotética evolución que solo existe en las mentes de sus seguidores.

Los ARN ribosómicos y de transferencia son esenciales en la constitución de los ribosomas y en la traducción de las proteínas. Esa es la esencia de la información; no tendrán más que las conjeturas logradas hasta ahora, aunque continúen agotando energías dos siglos más en tratar de demostrar lo indemostrable. Por enésima vez: ¿Dónde están los animales de transición que deberían estar en proceso de cambio en estos momentos? ¿Los tienen guardados los evolucionistas?

Tengo en preparación, en el disco duro del ordenador, cerca de 50 artículos para subir al blog. Esto demanda buena parte de mi tiempo, y por esa razón he seguido de largo alguna vez y no me he detenido a responder temas evolutivos que yo SÉ, por revelación del espíritu, que son falsos. Pero, ante la posibilidad de un descrédito cristiano y por ser consciente de lo que en realidad existe tras este debate, (aunque muchos evolucionistas inocentemente lo ignoren), no tengo más opción que rivalizar desde la propia terminología de esta corriente filosófica, con vista a neutralizar los argumentos usados. Como el siguiente:

‘Se conoce como especiación al proceso mediante el cuál una población de una determinada especie da lugar a otra u otras poblaciones, aisladas reproductivamente de la población anterior y entre sí, que con el tiempo irán acumulando otras diferencias genéticas. El proceso de especiación, a lo largo de 3.800 millones de años, ha dado origen a una enorme diversidad de organismos, millones de especies de todos los reinos, que han poblado y pueblan la Tierra casi desde el momento en que se formaron los primeros mares.’

‘El modo más simple de especiación es la especiación alopátrida o geográfica que es la que se produce cuando las poblaciones quedan aisladas físicamente debido a barreras geográficas (ríos, montañas, etc.) que interrumpen el flujo genético entre ellas.’

De nuevo lo mismo: ¿Dónde están esos millones de especies invisibles? Porque el hombre lleva unos cuantos miles de años aquí y los animales visibles siempre son los mismos: no se localizan reptiles que le estén asomando las alas, ni mamíferos terrestres a media agua, esperando que se le caigan las patas traseras y que las de alante se le conviertan en aletas, mientras la nariz se le va subiendo a la cabeza, porque aspiran a ser ballenas. Solo en la imaginación de los continuadores de Darwin.

Lo que plantean aquí, es mutación por pérdida de información. Las razas humanas (yo a lo mío, pues el hombre es lo importante) que tienen un nivel de intercambio con personas de otras regiones, (indios, africanos, aborígenes latinoamericanos, y otros) van experimentando cambios morfológicos, debido al enriquecimiento del ADN, por recuperación de parte de la información perdida, tras uniones con personas de otras razas; mientras que otras como chinos y coreanos, aislados por su idiosincrasia, no. Ahora China está invirtiendo en África; ya hay concertadas miles de becas para africanos; si Dios les da tiempo, tendremos la oportunidad de ver los mestizos chino-africanos, que mejorarán la genética poco enriquecida en información, existente en Asia.

Parafraseando a Dobzhansky: “Nada tiene sentido en biología si no es bajo la neblina de la evolución“. Veamos otro planteamiento, que parte de los organismos procariotas:

‘Imagínese una colonia de bacterias que vive en un medio a una determinada temperatura más o menos constante. Las bacterias, con una alta tasa de reproducción, sufren mutaciones como todo ser vivo. La inmensa mayoría son perjudiciales, pero imagínese que, muy de tarde en tarde, una bacteria entre varios millones sufre una mutación inocua (ni buena ni mala) que le produce una mayor tolerancia a la temperatura elevada. No es necesario, además, que sea por adición de genes, puede ser de cualquier otro tipo.’

Ante esto, no me queda más que decir que no es necesario retrotraerse a las bacterias; ya he concordado que en hombre y animales existe esa condición de adaptación al medio y jamás he negado la ‘evolución horizontal‘. Por esa razón vemos esquimales soportando temperaturas inferiores a los -55º C, en zonas del Ártico, mientras otras personas lo hacen a la temperatura más alta registrada en nuestro planeta, en el desierto de “El Azizia”, en Libia, en ocasiones próxima a los 57º C. Allí, el 13 de Septiembre de 1922, el termómetro marcó una temperatura de 57.8º Celsius.  Es decir, 100º de diferencia entre ambos.

Sin embargo, esquimales y africanos no se dirigen hacia ninguna otra especie; continúan y continuarán siendo hombres, con su esquema genético, similar al de Adán, pero con las mutaciones debidas a la pérdida de información codificada en el ADN, producto del pecado.

La facultad de evolucionar se manifiesta en los atletas que constantemente están mejorando sus propias marcas; de hecho, los cronos olímpicos del año 1960, están lejos de los actuales. Pero eso no significa que el hombre esté avanzando hacia una especie superior, pues no la hay; el ser humano constituye la última obra de Dios. Fue su culminación, y la única evolución que espera por él es la que alcanzará si corre su carrera definitiva con un buen corazón de atleta del Señor: de carne moribunda a espíritu vivificante, en el Sión definitivo, para siempre, bajo la jerarquía del resucitado Jesucristo.

La posibilidad de crecer física y mentalmente, está en los genes y forma parte del proyecto de Dios. Se manifiesta desde el propio nacimiento: de la cuna al suelo, en cuatro patas, hasta adquirir la fortaleza muscular necesaria para erguirse, mientras se arman vocablos y se dice ‘papá’ o ‘mamá’ por vez primera. Se inicia un avance hasta que cada cual llegue a su cima; luego comienza el descenso, con los achaques dictados por la genética individual, y por último, la muerte inexorable del cuerpo. La mente sigue viviendo en el espíritu, hasta que el Señor determine el fin de todo lo que conocemos  y se abran el nuevo cielo y tierra definitivos; donde el implantará su Reino, que les aseguro, no tiene nada que ver con el de las moneras.

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EL COSMOS LLEVA PAÑALES.

febrero 18, 2008

Febrero 18/2008

LOS ASTROS Y LOS OTROS.

Me gusta mi casa; vivo en una 7ª planta, la última del edificio. Al sur, a 400 ms., tengo al mar, pero las construcciones frente a la playa solo me dejan ver algo más que el horizonte; aunque, siendo exacto, queda libre el espacio intermedio entre un hotel y la colosal mole de apartamentos a su lado: si un barco cruza esa zona, y estoy atento, seguro no me lo pierdo.

Pero el norte… ¡eso es otra canción! Me paro frente al ventanal de vidrio de dos metros y pico y no hallo obstáculos: estoy por encima de todos mis vecinos. Una majestuosa cordillera me saluda, no muy lejos. Incluso, en aquellos días que tenemos todos, en que las cosas no nos salen como esperamos, me arrimo a mi atalaya personal, a cualquier hora, y un fastuoso capricho de la Naturaleza, una gran hendidura verde oscuro en medio de la montaña mayor, aparece como una enorme V de victoria, ocupando la cuarta parte de su altura y reforzando mi fe optimista en que su constructor está al control de mis pasos.

Una noche estrellada frente a ese mirador privado, con buena música de fondo y mejor compañía, constituye un área envidiable, créanme… pero también nos pone a pensar en la majestuosidad y las incógnitas que encierra el universo. ¿Cómo y cuándo comenzó todo lo que hoy vemos? La pregunta nos exige comparar datos recibidos desde distintas fuentes, para intentar descifrar los enigmas: esbozos de la limitada reflexión humana, frente a la congruente y mágica historia legada en el Bereshit judío, el Génesis de traducciones posteriores.

Personalmente, veo conceptos no convincentes en la respuesta ¿científica?; hay que distinguir entre la ciencia práctica, que detalla y cataloga los fenómenos visibles, y la quimérica, que se ocupa de fenómenos ignotos, a menudo no reproducibles en laboratorios. La ciencia, etimológicamente hablando, es ‘conocimiento‘, y hablar de un hipotético pasado, presentando una fórmula en la que existen varias variables que jamás podremos asegurar, por no haber estado allí, constituye una “Especulación científica”; o ‘especulación del conocimiento’, algo incongruente.

La ciencia del pasado pretende ofrecer teorías colegidas de hechos conocidos, y aplicarlas al ámbito de lo desconocido: ya sea desde la interpelación (sabiendo los aspectos de dos puntos, trata de colegir cuál será la reacción en un punto intermedio) o desde la extrapolación, infiriendo de una escala conocida, un comportamiento, no se sabe cuán lejano en el eje del tiempo.

Por ejemplo, pongamos un bloque de hielo en medio de una habitación. Sabemos el tiempo que tardará en derretirse, basado en experiencias anteriores. Una vez que salimos, llega alguien y abre una ventana, enciende las bombillas, o simplemente, pone el A/C o la calefacción, según le apetezca. ¿Coincidirán los cálculos basados en cantidades de tiempo, temperatura, corrientes de aire, estados químicos definidos, etc., con la realidad resultante? Desde luego que no.

Es decir, se fijan condiciones y, bajo ellas, todo se debe cumplir según lo establecido. Pero nadie es capaz de computar imprevistos. La extrapolación es el sistema más incierto. Además, la incertidumbre aumenta en proporción directa al incremento de la distancia con la escala conocida, sea la que sea. Así, si la serie conocida está entre 0 y 100, nuestra conclusión a los 1001 tiene menor probabilidad que a los 101.

De donde se deduce que el único método posible para indagar sobre el origen del mundo, la extrapolación, es más frágil cuanto más nos alejemos en el tiempo. Se hace aun más evidente, si se considera que un planteamiento sobre una causa ignorada, a partir de un resultado conocido, es más débil que una conclusión que surge directamente de la causa a la consecuencia.

Un corolario de consecuencia a causa, atestigua más que uno de causa a consecuencia: 4/2=2. Aquí, el precedente lo forman dividendo y divisor; la consecuencia, el cociente. En este caso, al saber la procedencia, es posible un solo resultado: el cociente (2).

Pero si sólo conocemos el resultado final, ‘2’, e intentamos llegar a éste, la respuesta permite muchas posibilidades: 1 + 1; 4 – 2; 1 x 2; 4: 2… Y si otros números entran en juego, las posibilidades son infinitas (5 – 3; 6 – 4… ad infinitum).

En esencia, el problema es que cuando los datos se extienden a contextos indefinidos, solo tendrán valor ‘si todo continúa igual‘. Dicho de otra forma: ‘si las condiciones últimas prevalecen en el tiempo y su acción y reacción sobre el resto siempre ha sido la misma‘. Solo podremos estar seguros si las transiciones resultan análogas a las variables, en grado; si no hay garantía de un cambio similar en clase o especie y si tampoco se puede asegurar que no participan otros factores, ¡las conclusiones carecen de todo valor!

En una reacción química, (fisión o fusión) un nuevo catalizador en el proceso, aun pequeño, puede cambiar completamente el resultado; incluso dar lugar a uno muy distinto. No se sabe cuántas explosiones nucleares ocurrieron en los primeros años del sol ni el estado de la atmósfera primigenia, la cantidad de Carbono y la afectación de este por la influencia del constatado decrecimiento del campo magnético. Se ignora el fondo radioactivo de entonces, la humedad relativa… no se sabe nada. Cualquier información que precise de uno de esos datos, implicará una variable subjetiva y sin garantías de estabilidad en el tiempo.

Además, perdónenme, pero no puedo evitar, cuando me hablan de un sistema de datación, recordar al gato familiar, muerto en el 75, a quien un laboratorio evolucionista le reconoció como fósil de cerca del millón de años: un ancestro del gato común. O las rocas de lava del Monte St Helen, proveniente de la erupción del 1980, cuyas distintas muestras (cristales, pedazos y polvo de roca) arrojaron variaciones entre los 160 y los ¡3000 millones de años! Y otros ejemplos que no quiero repetir, para no abrir heridas y no resultar machacante.

Las teorías sobre una tierra arcaica han sido sostenidas sobre la base de datos observados durante un tiempo relativamente corto, de unas cuantas décadas, máximo de un par de siglos. Partiendo de lo deficientemente conocido, con poca magnitud, los investigadores se lanzan a construir tesis, mediante la extrapolación: de la consecuencia al antecedente, en una extensión de ¡miles de millones de años!

No tienen en cuenta el criterio de la comunidad científica internacional, que plantea que en la etapa “origen” del universo, la temperatura, presión atmosférica, radioactividad, y una multiplicidad de otros factores potencialmente catalíticos, eran distintos por completo a los que existen en el tiempo contemporáneo.

La formación del mundo, haya sido como haya sido, comenzó con un proceso de coligación molecular, y la conglomeración y consolidación de procesos variables totalmente desconocidos. Entre todas las débiles ‘teorías científicas del pasado‘, aquellas que se ocupan del origen del cosmos y del establecimiento de fechas al respecto, son (y esto es admitido por los científicos mismos) las más débiles entre las débiles. Hay casi tantas teorías como investigadores serios del tema. No es de extrañar (y esto en sí mismo genera la refutación por excelencia), que las diversas teorías “científicas” sobre la edad del universo no sólo se contradigan entre sí, sino que algunas sean completamente incompatibles y mutuamente excluyentes, pues la fecha máxima de una teoría es menor que la fecha mínima de otra.

Si alguien acepta tales bases sin espíritu crítico, llegará a una plenitud de desatinos. Cuesta trabajo entender cómo está dispuesto el hombre a aceptar incondicionalmente la creación de partículas atómicas y subatómicas que formaron el planeta luego del Big Bang y la subsiguiente forma viva que sale del agua, capaz de auto transformarse en todo lo que vemos.

La teoría evolutiva moderna se ha dado cuenta que es un trago difícil y están variándola;  ya aparecen en el mar organismos vegetales y ciertos artrópodos sacados de debajo de la manga, como todo lo demás. Es inconcebible que muchos crean este ‘lavado de cerebro‘, maldispuestos a aceptar la Creación total, tal como el propio Creador nos lo instruye, con congruencias que solo hay que buscar para verlas, pues la Biblia, a diferencia de las siempre cambiantes teorías evolucionistas, se ha mantenido inmutable en el tiempo.

Y, ya en este planeta, el argumento del descubrimiento de fósiles no es de ninguna manera evidencia concluyente de la gran antigüedad de la tierra. En vista del contexto desconocido que imperaba en tiempos iniciales, es decir, reacciones y cambios de hábitat totalmente distintos a los ordenados procesos naturales del presente, no se puede excluir la posibilidad de dinosaurios hace unos miles de años, fosilizados bajo colosales catástrofes naturales en el curso de unos pocos años, no millones, pues no tenemos ninguna medida segura, bajo esas condiciones desconocidas.

Philip J. Currie y Eva B. Koppelhus, (evolucionistas), en su libro ‘101 Questions about Dinosaurs’ (101 preguntas sobre dinosaurios, Publicaciones Dover, 1996) nos aclaran bastante el tema. Currie es un conocido experto de dinosaurios. Él es el curador de dinosaurios en el Museo Royal Tyrrell de Paleontología en Drumheller, Alberta, Canadá. Koppelhus fue un investigador visitante en la misma institución. En un párrafo, ellos plantean:

‘Los huesos no tienen que ser convertidos en piedra para que sean considerados fósiles. Usualmente, la mayoría del hueso original está presente en un fósil de dinosaurio.’

Más adelante nos dicen:

‘La cantidad de tiempo que toma para que un hueso se permineralice es altamente variable. Si el agua subterránea contiene mucho mineral en solución, el proceso puede suceder rápidamente. Los huesos modernos que caen dentro de fuentes minerales pueden permineralizarse en cuestión de semanas’.

‘Un ejemplo todavía más espectacular se encontró en la costa Norte de Alaska, donde miles de huesos muestran la falta de permineralización. Se parecen a huesos viejos de vaca. Por lo mismo, el descubrimiento del sitio no fue reportado hasta después de 20 años porque se pensó que los restos eran de bisón y no de dinosaurio.’

Por otra parte, la bióloga y paleontóloga, Dra. Mary Schweitzer y T. Staedter, en el artículo ‘The Real Jurassic Park’ (El Parque Jurásico real), revista Earth, junio 1997 pp. 55-57, hablan de su experiencia:

‘El laboratorio se llenó de murmullos de asombro, porque había enfocado el microscopio en algo dentro de los vasos que ninguno de nosotros había notado: objetos redondos diminutos, translúcidos, de color rojo con un centro oscuro. Un colega los miró y gritó: “¡Usted tiene glóbulos rojos! ¡Usted tiene glóbulos rojos!” Schweitzer compartió a su jefe, el famoso paleontólogo Jack “Dinosaurio” Horner, sus dudas sobre cómo éstos pudieran realmente ser glóbulos rojos. Horner sugirió que ella intentara de demostrar que no eran glóbulos rojos, a lo cual, la doctora respondió: “Hasta ahora, no hemos sido capaces de demostrarlo”.’

Y ahora ustedes dirán: ¿Cómo hemos llegado aquí, si empezamos hablando del cosmos? Muy fácil; quería se preguntaran que, si el ser humano no es capaz de dar respuestas a las cosas del planeta: ¿Por qué la soberbia de responder enigmas mayores?

Ahora sí, para ser honestos, acepto un dato evolucionista: los planetas están aquí desde antes del hombre. Si señor, tienen razón, llegaron exactamente dos días antes: el cuarto de la Creación. La Tierra es algo más vieja: fue lo primero en crearse; pero ninguno tiene más de 6000 años. Lo dice un libro que, aunque no es científico, contiene una inconmensurable fuente de conocimientos… que hay que saber buscar.

‘Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su duro corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.’ Ro 1:18

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