LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR NOS AFECTA.

1º de enero/2013

Un sembrador salió a sembrar. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; esa semilla brotó pronto, porque la tierra no era muy honda; pero el sol la quemó al salir, y como no tenía raíz, se secó. Otra parte de la semilla cayó entre espinos, que crecieron y la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio buena cosecha; algunas espigas dieron cien granos por semilla, otras sesenta granos, y otras treinta. [Mat 13:3-8]

Ante todo, deseo dejar mis mejores deseos para que en este 2013 la Palabra del Señor Jesucristo ancle en sus corazones.

Empiezo este nuevo año con ese versículo porque me ocurrió algo extraordinario: Estando en una clase de Evangelio, solo dos alumnos, con el profesor analizando la explicación que posteriormente Jesús da a sus Apóstoles sobre esa parábola, en Mat 13: 18-23, vino a mí una revelación:

“Eso se corresponde con lo que has aprendido sobre los 3 Reinos de Gloria Celestial”

Y, ¿por qué es importante esa manifestación? ¿En qué edifica? En dos cosas:

En primer lugar, que se cumple su promesa de Mat 18:20:

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre,  allí estoy yo en medio de ellos.

Y en 2º lugar, que al hablar de espigas, se está refiriendo a frutos de cosecha, ya que la espiga es lo último que brota de la planta. Si habla de 100, 60, y 30 granos por espiga, claramente está refiriendo las categorías de frutos que el Señor establecerá para su selección… la selección de los reinos eternos a los que se refiere cuando repite tantas veces “el reino de los cielos”, así, siempre en plural. Es decir: tres categorías… correspondientes a 3 reinos de gloria celestial.

Eso es coherente con lo descrito en el artículo 185: LOS 3 REINOS DE GLORIA : Celestial, Terrestre, y Telestial, y clarifica el enigmático concepto tantas veces repetido por el Señor Jesús  sobre el ‘reino de los cielos’, así, en plural, durante sus 3 años de instrucción. (Mat 4:17; 5:3, 10, 19, 20; 7:21; 16:19; 18:3; 19:14 y 23; Luc 6:23; 10:20; 11:2; 12:33…)

El apóstol Pablo dice en 2ªCo 12:2-4:

“Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.”

Ese versículo nos da 3 informaciones:
1- Que hay un tercer cielo
2- Que en ese tercer cielo se encuentra el Paraíso de Dios. (a donde van los muertos que mueren en el Señor, habiendo sido bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y habiendo muerto fieles al Evangelio de Jesucristo.)
3- Que si hay un 3er cielo, quiere decir que hay por necesidad un 2º y un 1º… ¡los ‘cielos’ de Jesucristo!

Con esos datos, volvamos a la parábola: La semilla representa al Evangelio de Cristo en cada corazón; habla por tanto de lo fructífero que cada cristiano puede llegar a ser. Al final, cuando sus ángeles vengan a recoger su pueblo, nuestro comportamiento y frutos nos asignarán un sitio en uno de esos reinos de gloria del Dios Creador, nuestro Padre Celestial; algo también coherente con lo que dice Mat 16:27:

“El Hijo del Hombre vendrá en la Gloria de su Padre y con sus ángeles para recompensar a cada uno según sus obras.”

Así, la espiga (léase cristiano) que dio 100 granos, rindió al 100%; o sea: al máximo. Por tanto, tendrá su sitio natural en la exaltación máxima, el 1er cielo… el máximo  sitio de Gloria: la Plenitud de Dios. Allí vivirá por siempre, bajo el gobierno de Cristo, y en la presencia del propio Dios. El grado de purificación que le da ese 100% le conduce a la Perfección; le hace apto para vivir bajo la ley de ese Reino Celestial. La pureza lograda le permitirá soportar la Gloria del mismo Dios.

Por otra parte, la espiga que dio 60 granos, rindió al 60%. O sea, no dio el máximo; un 40% se perdió por el camino. Por tanto, ya que no pudo cumplir con la Ley Celestial del 1er reino, que exige el 100%, tendrá que habitar un reino de gloria inferior, el 2ºreino, el sitio que le asignan sus frutos… su comportamiento en vida entre los hombres. 

Y por último, la espiga que dio 30 granos por semilla, categoriza al cristiano que, aun siendo una buena persona, no se esforzó todo lo que pudo. Su rendimiento solo fructificó un 30% de lo que podía dar… perdió un 70% por el camino.  De modo que no podrá responder a las exigencias del 1º ni del 2º reino de gloria celestial, y solo se le permitirá acceder al 3er reino de Gloria del que habló Pablo: el Paraíso de Dios, que aunque es la menor gloria, es una inmensa bendición, también contenida en la promesa de Jesús.

El resto, el que no sea hallado fructífero o connivente con uno o varios de los distintos tipos de pecados, deberá pagar el precio de su actitud en vida. En su deseo por justificar ‘pecadillos’, según un personal ‘espiritúmetro’, olvidan que Jesús dejó casi 50 versículos en los que advierte sobre la desobediencia. Uno de ellos, muy claro, cita de nuevo al reino de los cielos en plural; está en Mat 7:21:

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Y este otro, en Mat 10:22:

  “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre;  mas el que persevere hasta el fin,  éste será salvo.

Sabiendo que Jesús dijo que solo entrará en sus reinos quien haga la voluntad del Padre (y el Padre no induce a los pecadillos) o quien persevere hasta el fin, o sea, hasta su regreso, ¿cómo es posible que puedan habitar un reino de gloria personas cuyos actos en vida les conducen al mismo infierno? La misericordia no puede reclamarle su parte a la justicia de Dios, porque le falta la esencia: ‘el arrepentimiento que nunca llegó‘.

Sin embargo, aun así podrán ser salvos los que hayan muerto en pecado. Después de pagar en el infierno un precio de punición en el espíritu, aun podrán optar por otros dos reinos de gloria: El Terrestre o el Telestial. No tienen el carácter de gloria celestial del reino de los cielos de los que habló Jesús; pero sí una gloria inferior. Y eso lo logran, si son bautizados… ¡gracias a la promesa de Mar 16:16:

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

¡La promesa de Cristo les redime! El haber pecado, sin haber rechazado al Espíritu Santo, sin perjurar ni blasfemar contra Él, les permite beneficiarse de la misericordia de Jesús… aun después de muertos, si sus familiares en vida que hayan sido bautizados, se bautizan en su nombre, como ‘apoderados espirituales de ellos. Es algo difícil de aceptar por las distintas confesiones cristianas de hoy; sin embargo era una costumbre establecida por el Señor Jesús entre sus apóstoles, que el tiempo o la tergiversación humana, ha impedido que llegara a nosotros. Pablo habla de ello con toda claridad, en 2ªCor 15:29:  

De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué,  pues, se bautizan por los muertos?”

Quien dilapida su existencia humillándose en el pecado, ofendiendo a Dios, defraudando a Jesucristo, y niega el Evangelio por propia voluntad, tendrá que pasar un tiempo de condenación sometido en muerte a aquel a quien se sometió en vida. Pero si un familiar suyo, habiendo sido sumergido en las aguas tal cual ejemplificó el Señor, bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, actúa como apoderado suyo en el mundo de los vivos, y se bautiza en su nombre, facilitará que, luego del tiempo de dolor que decida el Señor, este enviará ángeles suyos, con Su poder, al propio infierno para preguntar al que esté penando si ‘está preparado para recibir el Evangelio del Señor

Si lo acepta, es sacado de allí y enviado a una prisión espiritual, lejos ya del dolor, en donde comenzará a recibir el legado de Cristo. Si aprovecha esa oportunidad podrá obtener también su propia salvación eterna; aunque ya no en un reino de gloria celestial, pues en vida renunció a ella, pero al menos en otro reino de menor gloria (Terrestre o Telestial) fuera ya del infierno, sin padecer los terribles dolores del reino de satán.

Así se manifiesta una vez más en Jesucristo  la misericordia del Padre. Aunque antes la misericordia haya tenido que ceder paso a la Justicia y esta lleve a penar un tiempo en el infierno, condenado a un grado de punición según pecado, aun le queda la esperanza de la salvación. Una vez bautizado por algún familiar vivo (a su vez ya bautizado), la misericordia le reclama y le da su oportunidad si se arrepiente de sus pecados y acepta allí el Evangelio de Cristo.

Solo que será cuando Jesús vaya en su rescate: un milenio después de su venida;  cuando haya puesto en orden todas las cosas. Luego del juicio, no podrá vivir con Jesús, ni verá al Padre; pero vivirá bajo el gobierno del Espíritu Santo, si no blasfemó en su contra.

Por eso dice la Palabra de Dios, en Mat 12:32:

A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

Visto todo esto, creo que la decisión más inteligente es luchar con todas las fuerzas por la opción de la promesa contenida en la parábola del sembrador, en Mat 13:3-8:

“Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio buena cosecha; algunas espigas dieron cien granos por semilla, otras sesenta granos, y otras treinta.”

¡Esforcémonos para entrar directamente en la Gloria Celestial!¡Que el infierno no nos vea el pelo! Rindamos al máximo, para que podamos disfrutar el máximo de las promesas de nuestro Señor Jesucristo, junto a Él, bajo su gobierno eterno… en la misma presencia de nuestro Dios y Padre Celestial.

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