¡A VIVIR, QUE SON DOS DÍAS!

El peligro advertido por Pedro.

Actualmente prevalece la filosofía del camino fácil. Si se pregunta a un adolescente qué quiere ser de mayor, en el 90% de los casos su respuesta tendrá que ver con el confort, el dinero seguro, y un puesto que les sitúe sobre la mayoría de los demás, satisfaciendo así su vanidad y egolatría. Las niñas sueñan, como el más de lo más, ser modelos de alta cotización; y los varones, en ser millonarios… sin plantearse siquiera el razonar sobre la fuente de ese dinero que les encumbraría.

Gran parte de la sociedad ha perdido valores inculcados por nuestros abuelos. Por otra parte, la temática de la igualdad quiebra las bellas diferencias que existen entre el hombre y la mujer [complementarios por antonomasia]. Y el resultado es que, aun sin ser homosexuales, ante la ambigüedad establecida, muchos hombres se comportan como mujeres, y muchas mujeres como hombres. Se ha perdido el concepto de límites: esas fronteras que nos hacen distintos y complementarios.

Y no se trata de la gente inculta, sino hasta de universitarios. Ser cutres, es guay; mientras más, mejor. Solo hay que pasearse entre las movidas bote-drogo-sexo, suceso del que se jactan cada día más y más jóvenes europeos, entre los que España aparece como abanderada, con Inglaterra siguiéndole los pasos.

Al acercarse a cualquiera de ellos y oírles hablar en ese entorno, se hace muy difícil identificarlos como alguien que ha tenido que estudiar durante 12 o más años. En ese contexto, los futuros investigadores de prestigio, ministros, políticos, abogados, médicos, y profesionales de todos los ramos, se despelotan; cuanto más lo hagan, más dentro del grupo se sienten, así que incluso se esfuerzan por destacar en lo negativo, negándose a sí mismos la estatura social que tantos años costó obtener.

Y es que, entre sus compañeros, pugnan por no ser frikys’, estigmatizando de manera sutil con esta nominación, también al correcto, amable, educado o piadoso. Como nadie quiere ser condenado al ostracismo dentro de su círculo, pues entonces se esfuerzan en conseguir destacar en los antónimos: falsos, malévolos, vulgares, y/o insensibles.

Las mujeres pugnan por ser aun más mal habladas que los hombres; algunas son más lanzadas, y más prosaicas. En realidad, no se compite por ser ‘iguales’, sino por ser peores, porque en este mundo actual, la óptica inculcada desde la escuela es que ser mala tiene falso premio, e implica sello de triunfadora.

Nadie me malinterprete: me gusta la mujer; no hay mejor tiempo que el pasado junto a quien fue diseño de nuestro Dios para el hombre, que además de eso atrae… si, en culminación, se siente atraída por uno. Es la cohesión sexual por excelencia; para mí, la única posible. Pero la mujer debe saber que, sin ética, aunque muchos rasguen sus vestiduras, suele ser considerada fácil en lo íntimo del hombre: ‘si lo fue conmigo, lo será con otro’.

No se trata de verla solo como objeto sexual, sino que la mayor parte del tiempo, con ella se comparten puntos de vista, proyectos, fracasos y éxitos… y en ese contexto, la ética es vital.

Algunos se querrán trepar por las paredes a leer esto; pero lo cierto es que gran cantidad de hombres y mujeres se han corrompido y vuelto chabacanos e irreverentes, porque la sociedad ha determinado que eso es lo que mola. El mundo al revés: lo malo se premia; lo bueno se proscribe.

Pero es evidente quién está controlando al planeta; lo peor es que la mayoría se deja arrastrar por la corriente, y muy pocos son capaces de ver la oscura avenida por la que se deslizan cuesta abajo, en caída libre. Y esto, pese a que Pedro, el principal alumno de Cristo, y uno de sus testigos oculares [le vio, le tocó, anduvo en vida junto a Él durante tres años, y luego de Su crucifixión, obtuvo la compañía y guía eterna de Su Espíritu], nos advierte desde hace dos milenios:

2Pe 3:3 “… sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
2Pe 3:4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación…2Pe 3:7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 2Pe 3:8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
2Pe 3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

El propio Hijo de Dios habló sobre las señales del fin de los tiempos en Luk 21:10: guerras constantes, grandes terremotos, hambres, pestilencias, terror de fuego y colosales señales desde el cielo. Y todos somos testigos de su fiel cumplimiento. Pero lo más importante es que legó consejo:

Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre. Luk 21:34-36

¿Estamos mirando por nosotros mismos, o nos estamos dejando arrastrar por la vorágine succionadora? Son las palabras de Jesús, el alfa y la omega, el principio y el fin, aunque a muchos les cueste trabajo creerlo.

Incluso, hoy, en que todo está tan materializado que ni se habla de la capacidad espiritual del ser humano, el Espíritu advierte para nuestro bien, demandando el arrepentimiento para perdón de pecados y disfrute de vida eterna bajo su gobierno:

El hombre se jacta, con indignidad, de su impureza

Y es que, en su jactancia por vivir en desenfreno, sin ataduras morales ni ética salvadora, demasiados hombres y mujeres no meditan sobre el hecho de que ni un inicuo entrará en la eternidad de Cristo. Son como rama caída del árbol, que se deja arrastrar por el viento, para terminar alimentando su propio fuego. Y esa llama está al prenderse; lo inteligente es estar en el bando adecuado cuando Dios decida que ese día llegue, porque la oportunidad solo se presenta mientras vivimos. Luego no se librarán ni los muertos, pues la muerte solo es una puerta de entrada a otro lugar.

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