EL ESPÍRITU DEL DÍA DE ‘REYES’

enero 5, 2009

Estamos en la víspera del día posiblemente más esperado por los niños; desde varias semanas atrás, el amor de los padres ha hecho que se hurguen en los bolsillos, para dar lugar a las repetidas relaciones de intercambio que sus ‘divinas majestades’ comerciales esperan con alegría, esperanza, y afán.

Las calles de las ciudades se nos presentan como una especie de maratón con obstáculos, salvando paquetes de todos tamaños y colores que se nos vienen encima una y otra vez; así como también se ha visto repetida, semana sí y semana también, el rastreo de muchas caras infantiles, en la mayoría, buscando la difícil elección, pues sus padres ya les han alertado que en estos tiempos de crisis, hasta los reyes se las están viendo negras para hacer llegar los regalos, y se impone un límite: no más de tres peticiones… y que no sean muy codiciosas, para fomentar el altruismo, y permitir que otros padres con mayor poder adquisitivo accedan más fácilmente a los juguetes ‘hight’.

Ese es el nuevo sentido que tienen las fiestas tradicionales para los seres humanos de la actualidad; el consumismo impone sus condiciones, y cada fiesta que tradicionalmente ha sido religiosa, cada día más, se abre al paganismo con entrega y abnegación. Cada Santo tiene su fecha, y eso implica más venta de flores, de estampitas, de velas… y de solicitudes de consolación, de cambio de pareja, de mejor trabajo, de coche nuevo, de vivienda, etc.

Se ha fomentado el egoísmo, y se ha perdido la espiritualidad. Estos días, mientras empaquetamos los regalos, giramos el rostro, negando las imágenes de pasarela que ofrece la TV, con el desfile de niños tercermundistas hurgando entre escombros de basura, tras un particular obsequio de Melchor. O de africanitos con el vientre a punto de estallarles en la cara, tragados por el hambre y la parasitosis crónica… o sufriendo sin culpa, el inmerecido tránsito del VIH a través de una sangre cada vez más debilitada.

Son los desdichados sin fiestas, ignorantes de alegrías solo conocidas por la parte favorecida de la sociedad, y nuestras conciencias nos obligan a mirar en otra dirección, para no sentirnos culpables de pasividad.

Estos días, mientras hacemos planes para llevar a nuestros hijos al sitio que nos pidan, mientras contamos el dinero que nos sobra o el que nos falta para ofrecer el regalo que deseamos entregar, también giramos la vista hacia otro lado [o miramos deseando que no pusieran tales cuadros] si nos enfrentamos en la tele a rostros de niños palestinos, en estas fiestas de reyes; las verdaderas víctimas de locuras aventureras de adultos que aun no han llegado a serlo.

¿Qué hacer, si ocupados en administrar presentes lindamente forrados, observamos en el Telediario a una preciosa e inocente niña palestina mirando sin ver en todas direcciones, entre convulsiones inevitables, atacada por el pánico? Quizás intentemos deducir qué le produjo ese estado y pensemos en quién sabe qué atrocidad impuesta a sus ojitos minutos antes. Seguramente nos sentiremos conmovidos e identificados con ella, así como con los otros muchos niños ingresados en hospitales que hoy no tendrán la visita de los reyes magos… pero después haremos lo posible por olvidar.

Muy mal nos sentiremos también seguramente, con esos otros cuadros que insultan nuestra mirada: niños que sin desearlo, se han visto involucrados como mártires directos. Inocencias cortadas por una mal dirigida y empleada inteligencia humana; hijos que jamás tendrán la oportunidad de disfrutar de los jocosos y compartidos ratos de felicidad y seguridad que otros gozan, al abrigo de padres más tocados por la fortuna de la paz.

No quiero amargar estos días a nadie; solo pretendo hacer un llamado a la conciencia, para que todos demos gracias a Dios, si nuestros hijos no están siendo víctimas de barbaries bélicas, de pederastas… o de una grave enfermedad que amenaza con llevárselos.

Afortunado al que disfrute en estos días de un niño a su cuello, de su cariño, sus besos, reconocimiento y confianza. El abrazo de un inocente es un mensaje: ‘gracias por estar conmigo‘, ‘confío en ti‘, ‘me siento protegido‘… ‘te quiero‘.

Pero desafortunado aquel que se aprovecha de la ingenuidad del casto, para abusar de él de cualquier forma, arrebatando su inocencia y llevándole por senda inadecuada, mediante astucia, mala fe, oscuros deseos y lujuria. Según alerta el Señor, en Mar 9:42:

Y cualquiera que fuere piedra de tropiezo a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en el mar. “

El verdadero espíritu de este día ha sido convenientemente sellado en el olvido; pero no estaría de más hacer un recordatorio de su origen, cuando hace algo más de 2000 años, un niño de solo unos días de nacido, recibía la visita de unos magos de oriente, que habían recibido el anuncio de la llegada del Mesías: la luz de la esperanza que comenzaría a brillar para toda la humanidad. La Biblia lo señala así, en Mat 2:1-6:

Y cuando nació Jesús en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos sabios vinieron del oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.

No fueron reyes, sino sabios; enviados por el mismo Dios. Les dio como referencia una estrella que les marcaría el sitio donde el Señor se abría a la vida, en cuerpo humano, en nuestra dimensión; y luego les instruyó para que no regresaran por el mismo sitio, ya que el rey Herodes les estaba esperando, para conocer hacia dónde debería enviar a los verdugos, intentando abortar el plan del Creador.

Pero al margen de esa otra historia de vanidad real, indiscutiblemente debió haber sido impactante el que tres hombres adultos, sabios por demás, hicieran un trayecto tan largo, solo para adorar un niño de apenas días de nacido; no podemos soslayar la instrucción derivada de esta actitud de sana complicidad:

– Reconocieron a Jesús como el Rey enviado.

– Le aceptaron como el Verbo encarnado de Dios.

– Entrega total en adoración al Rey del Sión futuro y eterno.

– Humildad rendida ante Jesús, reconociendo Su Suprema Autoridad.

– Discernimiento de los tiempos y señales divinas.

– Confianza en el Espíritu Santo, al dejarse guiar, solo por la fe, siguiendo una estrella.

– Sentimiento de Gozo, al llegar ante Él.

– Doblaron sus rodillas y pusieron su rostro en tierra en humillación ante el Señor.

– Le adoraron fervientemente y fielmente, reconociéndole como la luz que venía al mundo.

– Manifestaron su entrega, a través de los presentes, posiblemente lo mejor que tenían.

– Total obediencia al Espíritu de Dios, cuando se les dijo que se pusieran en camino.

– Manifestaron respeto y celo ante lo que se ofrecía a sus ojos, en forma de recién nacido.

Y por último, el significado de los regalos, también recogidos por la Biblia: oro, incienso y mirra.

— El oro: El metal más preciado por la mayoría de las personas. Bíblicamente, el símbolo de realeza, dignidad, poderío y autoridad. Refiere gobierno, posición, omnipotencia y dominio, y representó la rendición total de influencia, poder, autosuficiencia y dominio, a los pies de Jesús. El regalo del oro a los pies de Cristo significó que sometían al Rey de Reyes, lo que más valoraban: un ejercicio de entrega total.

— Incienso: La planta aromática que se quemaba en el Tabernáculo de Moisés y en el Templo de Salomón sobre el altar de oro. Preparado solo a través de la fórmula dada por Dios a Moisés en Éxodo 34-36 y de uso exclusivamente sagrado. Se relaciona con la espiritualidad y debía ser quemado en el santuario cada día y cada noche, como ofrenda agradable al Señor.

— Mirra: Una resina gomosa y fragante, extraída de la “Commiphra myrrha”, planta abundante en el sur de Arabia y Etiopía. Éxodo 30:23, enseña que sería un componente vital del sagrado aceite de la santa unción, según instrucciones dadas a Moisés por el mismo Dios. Debía ser ‘mirra excelente‘, pues era para el uso santísimo.

Pero la mirra, aunque era usada también por sus cualidades soporíferas, se empleaba además para perfumar, durante las ceremonias mortuorias. Y así ocurrió con Jesús, luego de su total entrega, al decidir tomar la copa de sufrimiento en toda plenitud, a cambio de liberar del pecado a toda la humanidad.

Luego que su dolor fuera ofrendado hasta la muerte, José de Arimatea y Nicodemo perfumaron su cuerpo con vendas mirradas, según el testimonio vivo de Juan, en Jn 19:38-40. ¡Gloria a Dios!

Es decir, pusieron a sus pies, lo que el mismo Cristo personificaría hasta su final humano: poder, santificación… y la entrega a los demás, sellando con su sangre en la cruz el Nuevo Pacto entre Dios y el ser humano. Tratado por el cual se nos concedió la opción al perdón y a la vida eterna, en el planeado reino mesiánico, según libre albedrío: solo para quien así lo deseara.

Ese fue el verdadero origen de la tradición: un acto espiritual, en un hogar humilde de la campiña, lejos de discotecas, juguetes, vinos, comilonas, lujos y confort. Los hábitos humanos, su inclinación a intentar sacar provecho de todo, la vanidad personal, los raquitismos de fe… han ido conspirando reiteradamente, para adulterar el primer significado. Pero el legado nos queda vivo en la Palabra de Dios, y no debemos esmerarnos en olvidarlo, sino en promoverlo, buscando de nuevo las raíces que contienen la verdadera sabia de la vida y del amor incondicional.

Cada padre que ha comprado regalos para sus hijos, con estos esperando en sus hogares, debería ante todo, agradecer al Señor por concederle el privilegio de tener una familia con salud… y por no haber nacido en una aldea de África o entre los parias hindúes, en fabelas brasileñas o latinoamericanas, en Chernobil… o en Gaza.

Cada padre que disfrutará este día de Reyes de la alegría familiar, debería aprovechar la bella oportunidad de recordarle a cada hijo el verdadero origen de esta fiesta, inculcándoles la esperanza trasmitida por Jesús, sobre un mundo sin violencia, y lleno de amor, donde todos seamos iguales.

Eso no le hace daño a nadie, ni le convierte en más frágil ni en más tonto ni en menos valorado, pues la urbanidad en la forma jamás será excluyente de la vehemencia en las convicciones. Y no es el odio, sino el amor a Dios, lo que nos acerca a la vida prometida, por todos deseada, aunque muchos no quieran reconocerlo, debido al pago de lealtad que hay que dar a cambio.

¡Feliz día de Reyes a todos aquellos que puedan disfrutarlo!

Para el resto, no olviden nunca el canto de la esperanza:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” [Mat 11:28-30]

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TRILOBITES: ¿LA INVOLUCIÓN DEL OJO?

enero 5, 2009

Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que han sido hechas, para que no haya excusa…” [Rom 1:20]

Hace algunos días, en un debate, se me planteó la situación de la ‘evolución del ojo‘, como algo perfectamente explicado ya con argumentos científicos. Yo venía trabajando en ello, y por eso me comprometí a demostrar que tales pruebas eran cualquier cosa menos científicas. Este es el comienzo; pero no podré exponer sobre el humano, si no abro con el primer ojo de evidencia física, muy similar al de insectos modernos: el eucariota Trilobites, miembro extinto de amplio registro fósil, y clasificado en el fílum ‘Arthropoda’.

Los trilobites habitantes de océanos aparecen simétricos, segmentados, con apéndices articulados, pleódopos, antenas, cefalización [cabeza, órganos de los sentidos], sistema nervioso, y ojos con un preciso sistema de lentes compuestos… pese a haber sido datados en unos 400 millones de años, durante la ‘explosión cámbrica‘.

Cada propugnador de la teoría evolutiva enseña que fueron de los primeros animales en poblar la Tierra. En líneas generales, la evolución propone que todos los animales vivos han progresado desde cuerpos sencillos que, gracias a la ‘selección natural‘, han mejorado en el camino; de modo que, siguiendo la instrucción bajada en las aulas, al ser tan ‘antiguos‘, deberían haber sido entidades completamente simples, con características primitivas.

Sin embargo, la excesiva complejidad del ojo del trilobites, refuta tal concepto. El estudio de su extraordinario lente óptico deja a los científicos aturdidos; ninguno ha sido capaz de hallar tanta precisión y diseño, ni siquiera en la actualidad. Gozaron de un sistema visual jamás observado en ningún otro ser vivo.

Aunque se extinguió, sus fósiles evidencian Diseño Inteligente. A diferencia del cristalino en el ojo humano, compuesto de tejidos orgánicos, los ojos del trilobite eran de calcita. Por tanto, sus ‘lentes’ han podido ser analizados por los paleontólogos, y en contraste con nuestros ojos, [cristalino único], los de los trilobites, según las sub especies, tienen un sistema complejo y especial, con entre 100 y 15000 cristalinos en cada ojo.

Este especial diseño, que permitía que vieran perfectamente bajo el agua, expresa en sí mismo, el dominio de la Ley del Seno de Abbe, el Principio de Fermat, y numerosos conceptos de óptica. No reflejan haber surgido desde el azar y la ‘magia del tiempo‘, sino que ‘gritan‘ en todas direcciones, que fueron hábil y científicamente diseñados por un físico que con su Creación se ganó el derecho a ser considerado el Primer Nobel de la humanidad.

Las células del trilobites se dividieron de una manera similar a las de cualquier eucariota actual. Sus mecanismos biológicos surgen todos funcionando tal como lo hacen hoy en insectos como la mosca, pero con mayor complejidad que en esta. Y tuvieron sistemas nerviosos tan complejos como los de los insectos presentes, con sinapsis funcionando tan bien como lo hacen las de similares especies modernas.

Las lentes del ojo humano varían su forma para enfocar objetos según distancias, pero las del trilobites eran rígidas: no podían ajustar el enfoque; mas como resarcimiento a este déficit, poseían una ordenación interna de ‘doblete óptico‘, ajustada con lo conocido como ‘interface refractante‘.

Así, los lentes trabajaban juntos, y corregían los desenfoques con un par de ojos, compuestos cada uno por entre 100 y 15,000 lentes, según el tipo; una técnica coordinada de omatidios: unidades sensoriales, células fotorreceptoras capaces de distinguir entre presencia o falta de luz, y a veces, hasta colores. Formaban divisiones con aspecto de panal, tal como las presentes en invertebrados de hoy: insectos y crustáceos.

Los ejes de cada omatidio eran cristales individuales de calcita, con el eje óptico del cristal coincidente con el eje óptico del elemento del ojo. Cada omatidio con lente córnea, cono cristalino, células pigmentarias y retinianas, más un fotorreceptor: todo un ojo en miniatura; funcional y capaz de registrar una imagen por sí mismo.

Para que un ojo como éste pudiera enfocar la luz en los receptores, necesitó haber tenido esta forma de lente, con efectos ópticos requeridos e iguales a los fabricados por Huygens en el siglo XVII; sin embargo, la lente del trilobite funcionó perfectamente, usando estos principios, mucho antes de que el matemático holandés diera con ellos. Y no hay formas intermedias conocidas en el registro fósil: cuando aparece la primera lente trilobite, lo hace de forma totalmente eficaz, de forma muy similar a como se presenta actualmente.

Cada uno de los 800 omatidios de los insectos actuales, contiene ocho fotorreceptores (R1-R8), con varias células auxiliares; y estos fotorreceptores son un tipo especializado de neuronas, cuyo cuerpo celular es parte de la estructura del ojo, y cuyos axones crean conexiones con distintas neuronas del lóbulo óptico en el cerebro. Lo que da una idea de la alta tecnología que acompañó al ‘arcaico‘ ojo del trilobite.

Cada una de las 8 neuronas fotorreceptoras tiene características propias, implicando la presencia de distintos programas de diferenciación. Y los estudios moleculares de hoy, indican que el proceso de determinación neuronal y la diferenciación de estas neuronas como células fotorreceptoras, están bajo un control genético independiente, mediante las proteínas SPALT y SPALT-RELATED, codificadas por los genes ‘spalt’ y ‘spalt-related’.

Y ahora, lo más importante: estas proteínas tienen sus correspondientes genes homólogos en el ser humano, e incluso la mutación de este gen, se relaciona con el síndrome de Townes-Brocks, manifestado en retraso mental y carencia auditiva. De modo que todo indica que estas secuencias de genes de desarrollo, presentes en moscas y en humanos, también estuvieron presentes en los trilobites… ¡Hace más de 400 millones de años!

Ante esta maravilla de diseño, el experto Ricardo Levi-Setti, dijo:

Este doblete óptico es un mecanismo tan típicamente asociado con la invención humana que su hallazgo en trilobites es algo impactante. El saber que los trilobites desarrollaron y usaron tales mecanismos hace medio billón de años atrás es aun más impresionante. Y una revelación final, el que la interface refractante entre los dos elementos del lente, en el ojo del trilobites, tiene un ‘diseño similar’ a sistemas ópticos hechos por Descartes y Huygens a mitad del siglo XVII, se semeja a la ciencia ficción pura. El diseño del lente del ojo del trilobites pudiera calificar bien para una revelación patentada.’ (1993, pp. 54,57).

Ningún otro sistema visual animal, puede compararse hoy día, al del trilobites. El famoso paleontólogo evolucionista Niles Eldredge, también comentó sobre este enigma:

Estos lentes optimizan la luz recogida y la formación de la imagen, mejor que cualquier lente jamás concebida. No podemos menos que admirarnos de que estos trilobites, muy temprano en la historia de la Tierra, tuvieron el mejor diseño posible de lentes que la física óptica alguna vez haya podido formular.’ (Ellis, 2001, p. 49).

El darwinismo es incapaz de explicar tal complejidad surgida de pronto. Si reflexionamos sobre la comparación de ambos sistemas ópticos: el del trilobites datado en 400 millones de años atrás, con los mucho menos complejos de los artrópodos marinos modernos, lo que se evidencia es involución, no evolución. ¿No resulta irreflexivo intentar explicar la evolución del ojo humano, si ni siquiera pueden hacerlo con el del trilobites? Pero la respuesta es pura lógica: sencillamente ambos sistemas ópticos responden a ‘diseños distintos.

Los ojos de trilobites manifestaron toda la complejidad y desarrollo integral de las formas modernas. Se presentan funcionando completamente en los primeros animales multicelulares de los cuales hay registro. ¿Dónde y cuándo ocurrió la evolución?

Tal pregunta es siempre soslayada por los evolucionistas. Cada trilobite fósil es una denuncia de los vacíos de la teoría darwinista. Cuando paleontólogos como Stephen Gould escriben libros acerca de las formas de vida ‘ancestrales‘, evaden celosamente mencionar el problema de apariciones repentinas, tan complejas. Solo dicen: ‘Está ahí, por tanto, la evolución pudo hacerlo.’ O sea, no la refieren como Ciencia, sino como arte de magia.

Pero otro estudio lió más aun la explicación, al revelar la posición ordenada en el cromosoma, de los genes implicados. Cuando las series mayores de los genes reguladores que fijan la polaridad del embrión de un insecto moderno: la mosca Drosophila (genes HOM-C) fueron reconocidas, se vio algo prodigioso e inexplicable: los genes que controlan el desarrollo del eje embrional, desde la cabeza hasta la cola, se ubican en el cromosoma, en el mismo orden que las partes anatómicas del individuo (colinearidad) cuyo proceso estaban intentando controlar.

Hubo varias razones de pasmo, pero la mayor fue lo poco probable que resulta que este arreglo ocurra en ausencia de un diseñador, pues años atrás se había demostrado matemáticamente [Murry Eden, Massachssets Institute of Technology], la improbabilidad de lograr que miles de genes se ordenaran específicamente en el cromosoma.

Sin embargo, el hallazgo no paró aquí. Siguientes estudios en vertebrados [mayormente ratas, pero también seres humanos], dejaron ver que similares proteínas reguladoras eran las responsables de la organización del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.

Estos genes [Hox u homeóticos] eran muy análogos a los equivalentes en Drosophila, [en algunos, la similitud Drosophila-Humanos es del 98%] e incluso están colocados en el cromosoma, en igual orden que en los cromosomas de esta mosca de la fruta. Sin duda, estos genes muestran un origen común… y debieron también haber estado presentes en el trilobite, la forma más primitiva reconocida.

Así que en la primera forma, no solo debió estar presente toda la complejidad de la célula eucariótica, sino también todos los datos genéticos de estos seres considerados ‘primitivos‘, involucrando la interacción de los miles de genes, que todas las formas cefalizadas parecen tener en común.

Cuando el Dr. Jeffrey S. Levinton, Profesor de Ecología y Evolución en la Universidad Estatal de Nueva Cork, conferenció en la reunión de la Sociedad Geológica Americana, en Nueva Orleans, 1996, se tocaron profusamente estas cuestiones. Un par de días después se debatió sobre lo planteado, luego que cuatro científicos presentaron nuevas ideas para intentar explicar ‘la explosión cámbrica‘, y permitieran más tarde un ciclo de preguntas y comentarios por parte de la audiencia.

Hubo muchas, sobresaliendo dos; pero antes de tratarlas, es preciso exponer el contexto para que podamos ubicarnos en aquel día: Ellos propusieron que los metazoos complejos: ancestros de corales, moluscos, trilobites, vertebrados, erizos de mar, y otros, existieron quinientos millones de años antes del Cámbrico, implicando que vivieron todo ese tiempo sin dejar registro fósil.

Esto requería que muy anterior al Cámbrico, esos organismos coexistieran como gusanos blandos o larvas; con el arreglo genético de los grupos cámbricos, pero sin formato esquelético. Así que, luego de esto, la primera pregunta conflictiva fue:

‘¿Por qué los rastros fósiles (huellas, tramos y madrigueras fósiles) son muy raros antes del inicio del Cámbrico, si estos animales existieron durante quinientos millones de años?

Un experto, reconocido mundialmente en huellas fósiles, se irguió, aparentemente para responder lo cuestionado, pero solo hizo comentarios circulares, sin contestar específicamente a lo planteado.

La segunda pregunta llegó de otro científico:

‘¿Por qué todos estos tipos de animales estuvieron viviendo tanto tiempo sin esqueleto y luego presentaron esqueletos todos al unísono?

Luego, ante el silencio, insistió con fervor:

‘¿Por qué evitan la respuesta verdadera?’

Hubo una pausa, y uno de los ponentes contestó:

Porque es verdaderamente difícil‘.

Después alegó que ellos esperaban que las respuestas vinieran según lo permitiera el desarrollo de nuevos conocimientos en biología molecular.

O sea, lo de siempre, desde el inicio de la teoría: se especula, intentando aclarar una especulación anterior no demostrada.

No eran anti evolucionistas, sino científicos pro evolutivos, ávidos de una verdad siempre esquiva. Y es que la explosión cámbrica resulta uno de los mayores desafíos para creencias naturalistas que perduran sin ser resueltas, pues la teoría darwinista no es capaz de dar evidencias sobre el origen de los sistemas ricos en la información que controla el progreso embrionario de las especies.

Los primeros fósiles trilobites son complejos, más allá de la imaginación. Sus formas son incluso esculpidas finamente. Sus sistemas nerviosos y musculares eran completamente funcionales, y sus ojos se formaron con pasos no solo similares a los de artrópodos recientes, sino también al de otros vertebrados como el propio hombre.

Sus sistemas cefalizados se presentan operativos desde el inicio, sin absolutamente ninguna evidencia de evolución desde un estado simple anterior. Miles de procesos moleculares, compartidos por formas actuales, estuvieron operando. ¿De dónde vinieron estas complejidades?

Alegar que proceden de formas precámbricas no preservadas, debido a que no poseían cuerpos duros, es argumentar de nuevo con la ausencia de pruebas; y esto, en Ciencias, no puede verse sino como ausencia de la verdad.

No hay secuencia genética evolutiva precámbrica, porque no hubo evolución precámbrica. El intento de explicar la existencia de sistemas vivos complejos, desde una evolución sin dirección ni control, no pasa de resultar un credo religioso sostenido por quienes ansían que el mundo no tenga un Creador. Los trilobites son otro ejemplo más de ‘Complejidad Irreductible‘, el misil en la línea de flotación evolutiva, tan temido por Darwin, por mucho que se intente demostrar lo contrario.

La evolución debe afrontar honestamente el hecho de no poder responder a: ‘¿Quién diseñó los lentes del ojo del trilobites?’ La naturaleza no lo hizo, ya que es incapaz de crear programas con códigos genéticos. Simplemente se ve ‘lo que está ahí‘, pero: ¿Quién diseñó ‘lo que está ahí‘?

La respuesta es más simple que la inconsistente teoría evolutiva: el mismo Programador que creó el programa ADN, y que permitió la alta tecnología manifiesta en el ojo del trilobite. Y no está tan lejos como algunos piensan: se halla en el propio corazón de todo humano, pendiente de quien le solicite con afán, que se manifieste.

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