LA MENTIRA DE LA FRECUENCIA ALÉLICA


“Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos.”
[Juan 3:19]

Hace algún tiempo, mientras estudiaba la teoría evolutiva, con el objetivo de contrastarla con la enseñanza bíblica, leí en uno de los libros, (francamente no recuerdo en cuál, pues solo copié la cita, por parecerme interesante):

[‘La frecuencia alélica o frecuencia génica es el orden en el que se encuentran los genes y sus bases en cada cromosoma; la proporción de copias de un gen en una población. Su variación es causa de mutaciones y lleva a la aplicación de la selección natural, que da por resultado la evolución de las especies.’]

Ante esta definición, lo primero que se me hizo evidente, fue el absurdo de una ‘selección invisible e inteligente’, que en acto de ‘magia’, es capaz de elegir y luego hacer (sin explicar cómo), que las especies vayan cambiando las inscripciones codificadas que existen en sus respectivos ADN, y así ir ‘derivando’, de unas en otras. Y fíjense que no hablo de las ‘mutaciones’, sino de los datos adicionales que debieron ‘ser añadidos por inscripción’ en la hebra, para que un dinosaurio pudiera convertirse en ave, un mamífero en ballena… etc.

Veamos cómo encaja ahora este enunciado con lo que se comprueba en la realidad:

Un sujeto pertenece a una especie dada, si presenta rasgos comunes a esa especie: aspecto (tipo y color de pelo, forma y posición de los ojos, morfología…), comportamiento (inteligencia, pautas sexuales, locomoción…), fisiología (presencia de ciertas enzimas y hormonas…). Cada uno de estos distintivos, más o menos iterativos en toda una especie, se llaman caracteres, y se ‘HEREDAN’ de los padres a través de los cromosomas; cada uno se desarrolla según la información específica para él, presente en el ADN nuclear.

Es decir, todo responde a la enigmática escritura que apareció necesariamente en el primer ADN de la primera célula que surgió a partir de elementos inorgánicos. Algo a lo que los estudiosos evolutivos quieren a toda costa restar importancia, pues ante ella no valen las respuestas ambiguas y representan un escollo: hay una inscripción clara y específica para cada especie, que se manifiesta mediante un código, y ‘orgánicamente sellada’ en un carrete muy especial, a manera de ‘libro de instrucciones’, que, una vez desplegado, resulta 40000 veces mayor que la célula que lo contiene.

Si esta información varía, ocurren mutaciones; y si estas son importantes, pueden conducir a la enfermedad, la deformación o la muerte. Y aquí llegamos al punto en qué debería intervenir la tan cantada ‘selección natural’ que los teóricos evolutivos señalan:

[‘La selección natural consiste en la reproducción diferencial de los individuos, según su dotación genética, y generalmente como resultado del ambiente. Es el último efecto de factores como mortalidad, fertilidad, fecundidad y viabilidad de la descendencia. No todos los miembros de una población tienen necesariamente las mismas probabilidades de sobrevivir y reproducirse (debido a la competencia por los recursos y las parejas). En virtud de pequeñas variaciones genéticas, algunos se adaptan mejor a su medio ambiente que otros. Los mejor adaptados son los “que dan la talla” y tienden a sobrevivir y reproducirse en mayor grado, transfiriendo sus adaptaciones a la próxima generación con una frecuencia superior al de aquellos miembros de la población que “no dan la talla”.]

Tal información, distorsiona la verdad. El genoma humano contiene la auto aclimatación: el bebé, mientras se termina de formar, precisa los brazos de la madre; luego gatea, fortaleciendo huesos y músculos; y por último corre. Si sigue esforzándose, irá a las olimpiadas y pugnará con los más rápidos, los más fuertes, los que más saltan, los que más tiempo aguantan la respiración bajo el agua… en solo una vida, sin necesidad de millones de años ni de ‘selección natural’, pues el don de adaptación está implícito en su genoma. Tal capacidad de ajuste es la que permite que un caluroso africano se establezca en la fría Finlandia o un caribeño mejicano viva en Alaska o existan aborígenes esquimales en las calientes costas de Costa Rica y Panamá.

Y sobre la línea que dice: ‘En virtud de pequeñas variaciones genéticas, algunos individuos se adaptan mejor a su medio ambiente que otros y los mejor adaptados son los “que dan la talla”, tienden a sobrevivir y reproducirse en mayor grado’…, la realidad dicta una genética atrofiándose, desintegrándose y generando un océano de dolencias registradas (con incremento semanal), debido precisamente a esas ‘pequeñas variaciones’. Además, se hace evidente la ausencia de la hipotética mejora que debería ser proporcionada por la selección natural, tocante al sistema inmunológico, ante factores de destrucción como el virus del SIDA.

Pero continuemos analizando ahora el siguiente enunciado evolutivo:

[‘La selección natural actúa para incrementar la frecuencia de mutaciones ventajosas, que causan el cambio evolutivo, ya que esos organismos con mutaciones benéficas tienen más posibilidades de sobrevivir, reproducirse y transmitir las mutaciones a su descendencia. La selección natural actúa para eliminar las mutaciones desventajosas; por tanto, está operando continuamente para proteger a la especie de la decadencia mutacional.’]

¿Cómo se puede explicar, desde la realidad de las enfermedades genéticas proliferando en el planeta, los siguientes planteamientos?:

[La selección natural trabaja con mutaciones en diferentes formas:

1-La purificadora o de fondo elimina las mutaciones perniciosas de una población.]

Ante esta afirmación: ¿Cuáles ha eliminado; a qué desconocida estadística se refieren?; por ahí hay miles de enfermedades genéticas a disposición de la sabia y poderosa selección natural. ¿Qué la limita para actuar?

[2-La positiva aumenta la frecuencia de mutaciones benéficas.]

Ante esta otra: ¿Cuáles son benéficas; qué otras ignoradas estadísticas fundamentan este criterio? A no ser que se refieran a virus, células procariotas cada vez más resistentes a antibióticos y mutantes, cuya única relación con el hombre es hacerle la vida imposible cuando entran en su organismo.

Analicemos la realidad y comparémosla con el postulado evolutivo. Los genes, básicamente tienen dos funciones: reproducirse a sí mismos, e indicar el modo de construcción y comportamiento de un nuevo ser vivo completo. Los cromosomas (formados por genes) contienen toda una biblioteca con las instrucciones necesarias para ‘elaborarlo’. Están programados además, para ser capaces de crear copias de sí mismos. Y todo este proceso, no depende de ninguna ‘selección natural’, sino de una información bien estructurada, que aparece, inteligentemente ‘codificada’ en la hebra enrollada de ADN, con todos los datos, dispuestos de antemano, precisos para crear vida desde elementos inanimados.

Ante el cacareado paso mono-hombre, lagarto-ave, ente marino-mamífero: ¿Quién fue capaz de inscribir y luego ir actualizando esos datos imprescindibles, de especie en especie, si lo que se demuestra es que las mutaciones son irreversibles? Dicho de otra forma: información codificada que se pierde, por daños en la hebra o cambios en sus datos, perdida se queda. A partir de presentarse, se replica y empeora; no hay ningún agente externo, selección natural, evolución o lo que sea, que permita una reinscripción con nueva información codificada en la molécula ADN.

Es decir: hay una pérdida con respecto a la información que creaba una especie operativa; no inscripción con los imprescindibles datos nuevos para que, por ejemplo, la sangre fría del reptil pase a ser la caliente del ave, cambien las escamas por las alas o la sólida extructura de los huesos por hoquedades dentro de ellos para hacerlos más livianos…

Con respecto a los alelos, ¿Cómo intervino la subjetiva selección de la ‘madre natura’? En realidad, dos genes son alelos entre sí cuando ocupan el mismo lugar del cromosoma. (Cada uno de los dos genes presentes en el mismo lugar [locus] del par de cromosomas provenientes de la madre y del padre). Diferentes alelos de un gen producen variaciones en características hereditarias tales como el color del cabello o el tipo de sangre. Por ejemplo, los que hacen los ojos castaños o azules, son alelos del mismo gen que fija el color de ojos.

Aunque un determinado gen puede tener más de dos formas alélicas. En el caso de alelos múltiples, un individuo diploide tendrá como máximo dos de estos alelos, uno en cada uno de los cromosomas homólogos, pese a que en la población se presenten más alelos para el mismo gen (ojos negros, grises, verdes, azules, marrones, olivo…). Un ejemplo clásico de alelos múltiples en humanos, es la herencia del tipo de sangre, en la clasificación ABO. A diferencia del albinismo, donde solamente se encuentran dos alelos diferentes ‘A y a’, en el caso del tipo sanguíneo se identifican tres alelos: IA, IB, e I; organizados en 6 clases de genotipos, que codifican para 4 fenotipos: los grupos sanguíneos O, A, B y AB.

Y llegados aquí, en realidad un gen es producto de un proyecto: una secuencia orientada de nucleótidos pre-determinados, que actúan como la menor unidad de datos que permitirá crear aminoácidos, y la combinación de estos, de forma cronológicamente codificada e inscrita, para elaborar en su orden cada una de las proteínas necesarias para la vida. Una base de datos biológica, que define alelos que no solo fijarán color y tipo de pelo, sino el metabolismo de órganos vitales para la vida. Hay miles de estudios sobre alelos que producen decadencia mutacional, dolencia, y muerte. Uno de ellos, tocante al sistema óseo fue titulado como:

“Relación entre los alelos del gen del colágeno tipo 1alfa-1 con la densidad ósea y el riesgo de fracturas osteoporóticas en la mujer posmenopáusica”

Por otra parte, según un estudio británico, una mutación del gen HLA-DRB1, asociado con alto riesgo de padecer artritis inflamatoria, podría también incrementar las probabilidades de muerte prematura por enfermedad cardiovascular (ECV). Los investigadores apuntaron que ‘los pacientes de artritis reumatoide en particular que tienen el epítope compartido (EC), un grupo de alelos específicos del gen HLA-DRB1 con secuencia de aminoácidos afines, más anticuerpos contra péptidos anticíclicos citrulinados (anti-CCP) y que también son fumadores, tienen una combinación especialmente letal para el corazón.’

De modo que no hay ninguna ‘selección natural seleccionando’ para que la especie mejore y sobreviva, sino ‘causa y efecto’. Un producto de la pérdida de información genética, anunciada ya hace miles de años en el ‘muriendo morirás’ del original Bereshit 2-17 judío (no la errónea traducción en ese punto del Génesis griego). Esta decadencia genera alteración en las instrucciones inscritas y codificadas en el ADN, provocando que durante el proceso de transcripción, no se procese lo que debería, sino la consecuencia de esa variación de datos: aminoácidos y proteínas diferentes a las ‘apuntadas’ en las moléculas del genoma: la ‘receta de la vida’, codificada con conocimiento, intención, diseño, programa, y capacidad de Creación. ¡La INTELIGENCIA original que el ateísmo constantemente insiste en negar!

Pero un gen es también la unidad mínima que se puede heredar, es decir, que puede ser tomada de uno de los progenitores para formar el nuevo individuo. Si las características heredables (aspecto de la cara) las descomponemos en otras subcaracterísticas (color de ojos, pelo, tez…), cuando ya no podamos dividirlas más, y sigan siendo heredables, diremos que esos resultados de similitud son debidos a un gen específico.

Luego, las consecuencias del futuro de las poblaciones no vienen determinadas tampoco por una mágica selección evolutiva, sino por la ‘HERENCIA’; los cambios que se han ido manifestando e incrementando en la información genética, y que han dado lugar ya a que se reconozcan alrededor de 20000 enfermedades de causa génica; una cifra que se incrementa semanalmente, desde distintos puntos del planeta. Se incrementa tanto, que cada vez más se cita que casi toda enfermedad tiene componentes genéticos:

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002048.htm

La selección natural es de hecho la gran ausente que no puede impedir la decadencia genética; no hay ninguna intervención suya para mejorar el proceso de la vida. Es un ente mitológico que no tiene nada que ver con una realidad condicionada por instrucciones que fueron precisadas hace ya algunos miles de años, en cada especie por separado, inscritas por una entidad con el adecuado poder y conocimiento para hacerlo.

Realidad que aparece palpable aun hoy ante nuestros ojos, a pesar del tiempo transcurrido: un sello eterno, que no deja lugar a dudas sobre el origen inteligente de la vida, pues su constitución, inscrita y codificada en material orgánico, con todos los detalles de cada una de las operaciones precisas para generar vida, especie por especie, animal o vegetal, nos ha sido legada por escrito, en los ADN individuales, para que prevalecieran en el tiempo y cada uno pudiera reconocer en ello la inmensa sabiduría de Dios.

La roca de la verdad contra la que se estrellan y estrellarán aquellos que insistan en separar al Creador de su Creación. Algo sobre lo que escribió alguien que conoció al Cristo, habló con Él, vivió a su lado durante 3 años, le tocó, escuchó sus instrucciones y enseñanzas, fue testigo directo de sus muchos milagros y de su muerte, así como de su resurrección. Un pescador casi analfabeto, que bajo la acción revitalizadora del Espíritu llegó a decir:

“Por lo cual también contiene la Escritura: ‘He aquí, pongo en Sión la principal Piedra de la esquina, escogida, preciosa; Y el que creyere en ella, no será confundido’. Es pues honor a vosotros que creéis; mas para los desobedientes: La Piedra que los edificadores reprobaron, esta fue hecha la cabeza del ángulo; piedra de tropiezo, y piedra de escándalo, a aquellos que tropiezan en la Palabra, y no creen en aquello para lo cual fueron ordenados.” [1ªPedro 2:6-8]

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6 Responses to LA MENTIRA DE LA FRECUENCIA ALÉLICA

  1. jolimu dice:

    Mis saludos.
    En realidad, lo que acuso, es que se diga que Cristo y Dios son un par de mentirosos, pues eso es difamación y tiene castigo proclamado por ambos en la Biblia, en unos cuantos versículos que, si le interesa, puedo buscar. Y eso es la teoría evolutiva: la alternativa que señala hacia un diseño casuístico donde Dios nada tuvo que ver, intentando, con todo propósito, desvincular al Creador de Su Creación. Es una blasfemia encubierta y el cristiano tiene el deber de salirle constantemente al paso, buscando la escondida cabeza de la serpiente, pues de eso nada más y nada menos se trata, aunque haya por ahí gente que se burle del planteamiento.

    La evolución es un cuento sin sentido, sin pies ni cabeza, por mucha palabrería e intentos de hacerla científica que se realicen. La única evolución física [y mental] posible es la horizontal, dentro de la misma especie, a través de los años: embrión, ser, infancia, pubertad, adultez y muerte. El salto especie-especie es la locura más abominable que el ser humano jamás ha sido capaz de aceptar, pues, como le he dicho y le repito, aunque usted no se manifiesta al respecto, siempre precisaría del agente externo que REINSCRIBIERA Y CODIFICARA, cada uno de los datos precisos para que un reptil configurara todos los cambios imprescindibles para convertirse en ave o un alga en mamífero, roble, lechuga o gardenia. Y no hay instrucción que se haga a sí misma, sin agente externo, mediante la propugnada casualidad evolutiva; ni tampoco hay nada que se codifique a sí mismo, según propugna la falaz teoría darwiniana.

    Se lo repito y repetiré hasta el cansancio, pues de mí no obtendrá otra prueba que la esencial: la primera célula necesitó la información necesaria para crearse, pues la evidencia científica es que toda célula ‘YA’ posee esas instrucciones inscritas en la hebra de ADN. Luego, la instrucción antecedió a la vida: PRIMERO LA INSTRUCCIÓN PARA CREAR VIDA, Y LUEGO LA VIDA. Lo razonable no es basarse en ensoñaciones, sino buscar al ‘INSTRUCTOR’. No comprendo cómo es posible que un creyente se obstine en no mirar en esa dirección.

    Si usted considera que recurrir al descrédito está mal, dígame: ¿cómo catalogaría el interés por desmentir la Palabra bíblica referente a la Creación, sino como un lanzamiento consciente y vertical, hacia la piscina del descrédito? Si se espera respeto de mí, hay que respetar las Escrituras; tocante a eso no hay conseciones; prefiero responder ante Dios por exceso de celo, que flexionar mis rodillas ante criterios estúpidos, porque la verdad es que no pueden ser considerados de otra manera. La evolución es una estupidez, sin razón y sin lógica: un rosario de embustes concebido con el único interés de convencer y convencernos a nosotros mismos, de la inexistencia de un Dios justiciero que vendrá a recoger lo que le pertenece, para asignarle a cada quien el lugar que le corresponda.

    Así que yo también le recomiendo que abra los ojos del Espíritu y revise su postura ante Cristo y la Evolución que niega sus palabras. Pienso que ahí tiene mucho potencial para aparecer digno ante sus ojos.

    El diseño inteligente está acuñado en el ADN; ya se lo he señalado, pero parece que a usted le resulta imposible verlo. Lo siento de verdad, mucho más, proviniendo de alguien que se confiesa creyente de un Dios… me gustaría saber hasta que punto se establece esa creencia.

  2. Saludos.

    Sostener a viva voz la existencia del creador así como la validez de las escrituras es una premisa propia del cristianismo. No podemos acusar, al menos no con lógica, que aquellos que no se identifican con Cristo hagan mal al no realizar esta exaltación.

    Por lo mismo, me veo obligado yo mismo a rendir testimonio: yo sí creo en Dios, creo en el perdón de los pecados, creo en todo lo que es necesario para saber que soy católico, por lo que pienso ciertamente que hay algún tipo de voluntad detrás de la existencia del universo.

    Cumplido entonces con mis deberes formales, podemos pasar a comentar sobre otros asuntos:

    La evolución como fenómeno motriz de la variedad y adaptación de las especies se caracteriza por la presencia de mecanismos ciegos, carentes de voluntad y necesarios en el sentido en que son mecánicos (aunque en realidad son de naturaleza estadística) por lo cual, y sin duda fue por serendipiti, pero estas condiciones permiten la creación de un programa de computadora que asuma estos mecanismos y de ahí, exhiba también los beneficios que los teóricos de la evolución señalan.

    Según la teoría de la evolución, las fuerzas ciegas de tipo estadístico, son capaces de moldear especies con propiedades que los hacen de alguna forma, capaces de superar retos y como no, de incrementar la complejidad de sus acciones llegando incluso a la capacidad de los seres humanos.

    …y que cosas, en computación se ve justamente eso.

    Hombre, claro que en computación no hacemos vida artificial ni hemos creado un sistema capaz de comprender a Platon ni a las escrituras, como se supone que fue capaz la naturaleza con sus especies, pero ciertamente esa tampoco es nuestra intención.

    Nos interesan más otras cosas, donde el diseño del sistema ha consistido en establecer las bases para la adaptación del sistema a las restricciones y de ahí, encontrar en forma independiente del programador una solución optima.

    También me gustaría comentar, que recurrir al descrédito esta mal. Yo pienso cosas muy negativas de ciertas forma de actuar y pensar (cosas de política) pero no es lógico recurrir a la burla o la descalificación personal para señalar en que tienen razón y en que se equivocan.

    Ahora que también me doy cuenta de otro asunto a tener en cuenta: confundir las premisas con las conclusiones. Sé que tiene por premisa la fe en las escrituras cristianas, por lo que para entender sus ideas hay que asumir que estas son correctas, razón por la cual en lógica las llamamos premisas; pero luego de elaborar un razonamiento se deben de alcanzar conclusiones y estas no pueden ser, si el razonamiento fue bien llevado, el mero nombrar una de las premisas iniciales.

    Así que le recomiendo revise sus ideas en torno a como presentar las ideas del diseño inteligente. Pienso que ahí tiene potencial para mejorar.

    Por cierto que desde un punto de vista profesional me llama la atención un detalle del diseño inteligente: el reconocimiento de patrones que indiquen diseño por oposición de un ordenamiento aleatorio.

    Esa idea del diseño inteligente es desarrollada con el objetivo de decir que es posible establecer dicha diferencia y de ahí, probar por medios estadísticos que el mundo contó con un diseñador inteligente.

    De momento dichos mecanismos de reconocimiento de patrones no están desarrollados, pero creo que en principio son posibles y por tanto, que en esta idea es posible hacer algo de avance científico. Así que ahí tenemos, por serendipi quizás, una idea interesante en el diseño inteligente. Al menos interesante para la computación.

  3. jolimu dice:

    –No puedo hablar de la ‘Smile Shot’, pues no domino el tema y no tengo tiempo ahora mismo para dedicárselo; pero la verdad, le agradecería que ud. estableciera la relación entre la teoría de Darwin y esos algoritmos involucrados en su construcción.
    En cambio, si podría comentarle que hay un hecho, conocido como ‘serendipia’ usado para clasificar a un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se ha realizado accidentalmente, en base a experimentos que nada tenían que ver con el próposito perseguido. El mismo Einstein reconoce esta oportuna casualidad en sus hallazgos; la Ciencia está llena de ejemplos: el celuloide, la lisozima de Alexander Fleming, Friedrich Kekulé y la estructura de la molécula de benceno, la estructura del átomo… y ninguno de ellos tuvo nada que ver con Darwin.

    — Con respecto a Dios, yo de nuevo le remito al ADN, por ser la congruencia por excelencia entre Ciencia y Creación: la primera célula viva, ya tenía inscrita en su ADN todas las instrucciones para que pudiera vivir, a partir de material inerte. Pues lo que los científicos han descubierto, es que todo el proceso de la vida depende de esa información inscrita y codificada en la hebra ‘mágica’. O sea, existió un instructor para generar vida, antes de la misma vida; no veo nada más evidente que eso, aunque muchos insconcientes lo pretendan obviar. Es la firma del mísmisimo Creador, recordándonos que Él está en todas las cosas, y que todas las cosas por Él fueron hechas.

    Y parafraseando sus palabras, con todo el respeto, yo diría: ‘Hace mal quien usa lo que sea que tenga a su mano, moldeándolo a su gusto y conveniencia, fraudes incluidos, para negar a Dios. Y hace bien, todo aquel que levante su voz, para denunciar, a todo pulmón, para que lo escuche la mayor cantidad de gente posible, que la teoría evolutiva ha demostrado ser incongruente, tramposa y ciega, lo cual la aleja de la credibilidad y de la Ciencia que ha logrado todos los avances de la humanidad.

    Otra cosa es que existan científicos que creen en la evolución, y que obtengan indudables éxitos en sus descubrimientos, gracias a su esfuerzo y dedicación, no a los buscadores de tumbas ni a las mentes que pretenden hallar en la instrucción bíblica la fórmula del descrédito.

    — Con respecto al Creacionismo, no hay que complicarlo mucho: Ciencia es una cosa muy distinta al sueño evolutivo. Los avances científicos que han impulsado e impulsan a la humanidad hacia el grado tecnológico de la actualidad, no tienen nada que ver con Darwin y familia.

    Somos producto de un diseño inteligente: ‘vida donde no hubo vida’. Busquemos al diseñador, pues la propia Ciencia ha hallado sus huellas en el ADN; no cerremos los ojos ante ella, pues no es razonable ni inteligente ni no nos conviene.

  4. Saludos.

    Si de algo no se le puede acusar, es de no haber dado una clara exposición de sus propias ideas. Me ha gustado mucho su razonamiento.

    Sin embargo discrepo en las consecuencias que ha traído la teoría de la evolución. Es cosa de investigar un poco e identificar descubrimientos útiles que han venido de la aplicación de las ideas de Darwin para poder establecer con contundencia el profundo cambio que significaron para la ciencia. No solo la ciencia natural (hoy biología) sino también para otras formas de investigación.

    Un ejemplo rápido y prosaico: la cámara “Smile Shot”, que toma la foto cuando sonreímos. Los algoritmos adaptativos, que fueron modelados en función de la teoría de Darwin son los necesarios para la construcción de esta característica de reconocimiento de la sonrisa. Y lo sé profesionalmente, puedo entrar en detalles de ser necesario.

    Pienso que dudar de la existencia de Dios esta más allá de la aplicación de la razón. De igual forma, esta más allá del alcance de esta el sostener lógicas que prueben su existencia. Mucho se ha intentado en extender la lógica a la existencia de Dios y sistemáticamente se ha fracasado en esas empresas, tanto en probar la existencia de Dios, como en la de negarlo.

    Sin embargo no solo Dios se encuentra más allá del alcance de la razón. Otras muchas cosas de nuestras vidas, como el enamoramiento o el arte, dejan en evidencia las limitaciones de la técnica científica.

    Y se que no viene mucho a cuento, pero es justamente ahí donde la ciencia pasa a ser un asunto de fe. Los científicos creen (tienen fe) en que el universo es comprensible por la mente humana. Carecen de pruebas de eso, pero sus vidas se encuentran dedicadas a esa empresa. Se han alejado de otras cosas, como la literatura y el baile, pero estudian día tras día sobre como la razón puede abarcar una parte cada vez mayor de la realidad física.

    ¿No es esta una forma de vivir en la fe? Claro que puede uno preguntar sobre las consecuencias morales de vivir en esa fe en concreto, pero así de lejos, pienso que no son tan malas como las de vivir en la fe de la superioridad de la propia raza, creencia propia de los nazis.

    Mi conclusión entonces: el biólogo que sostenga que Dios no existe hace mal si se sustenta en la evolución. La teoría de la evolución y posiblemente teoría científica alguna, carece de los medios para concluir algo sobre el particular.

    Así que mi tesis es: hace mal quien usa la ciencia para negar a Dios; hace mal también, quien usa a Dios para negar la forma de trabajo de la ciencia.

    Y creo, así como sugerencia, que el creacionismo es un poco eso: pretender que la ciencia elabore teorías en una determinada dirección, no en función de sus propios métodos, sino en función de lo que dice un libro o una creencia. De alguna manera, creo que esta mal.

  5. jolimu dice:

    Bienvenido al blog; muy interesante lo que plantea en sus tres intervenciones, así que presentaré también mis puntos de vista con respecto a ellas.

    Comenzaré sobre la obligación o no de Dios, tocante a presentar en la Biblia una versión fiel.
    Si es lector de la Biblia, sabrá que Jesús instruía en base a las escrituras judías, cuyo primer libro (Génesis en traducción griega), fue el Bereshit. En Bereshit 1:1, se lee:
    “En el comienzo de la creación de Dios del cielo y la tierra…”

    Cuando Jesús se presentó entre los hombres, a lo largo de su enseñanza apostólica, siempre habló de estas cosas, prácticamente con el Bereshit bajo el brazo, reforzando con su autoridad, la credibilidad de todo lo que allí aparecía. Mencionó a Adán, a Moisés, a Noé, a Sodoma y Gomorra, etc; y llegó a afirmar, en Mateo 5:17-19:

    “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.”

    Y luego dice, ratificado por 3 escribas: Mat 24:35, Mar 13:31, Luk 21:33:

    “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán”

    De modo que, considero que lo congruente, si uno se siente cristiano, es creer como verídicos los fundamentos bíblicos. Ya sea como libro histórico o como un manual de comportamiento para que nos vayan bien las cosas; pensando que su credibilidad viene certificada por la Palabra y la sangre de Cristo en la Cruz, y sellada luego con su posterior resurrección.

    Por último, en Bereshit 2:17, Dios le advierte a Adán:
    “Más del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás, pues si lo haces, ‘muriendo, morirás’.”
    Y ese ‘muriendo morirás’, que para los traductores al Génesis griego tenía tan poco sentido que lo sustituyeron por ‘de cierto vivirás’, cobra especial significado hoy, que la Ciencia relaciona la muerte del ser humano con el ADN. Una parte de él, los telómeros, ya aparecen definidos por la comunidad científica como verdaderos relojes de la vida, fortaleciendo el ‘muriendo morirás’ del Bereshit judío.

    Con respecto a los nexos políticos entre defensores del creacionismo y conservadores americanos, eso no tiene nada que ver con la Biblia. Así como tampoco tiene que ver con la Biblia el que protestantes y católicos se asesinen en el Ulster: todo eso es cuestión de hombres, que malinterpretan las enseñanzas de Cristo.

    Los razonamientos creacionistas y la fuerza de la convicción de la verdad encerrada en las Escrituras, solo son válidos cuando tienen origen en la Palabra de Dios, que el propio Jesús acreditó en persona. Y con Él no se puede ir a medias, no se puede ser medio honesto, medio valiente o medio cristiano.

    Por último, deseo decirle que la teoría de la evolución no es un planteamiento inocente que surgió de mente humana, sino una alternativa que lleva al hombre a la posibilidad de pensar que Dios y Cristo mintieron o que, sencillamente, no existen. Así el hombre se libra de la responsabilidad de tener que dar cuentas de sus actos… y el enemigo de Dios se sale con la suya.

    Y el interés de gran parte de la Ciencia (afortunadamente hay muchos doctorados por ahí que mantienen sus neuronas libres de intencionalidad) por desmentir a Dios, se hace evidente en el hecho del mismo ADN, que repetiré una vez más:
    Hay una información codificada, con todas las instrucciones precisas para crear vida a partir de elementos inorgánicos, inscrita en un pergamino muy especial. Y existe también el conocimiento programado en los ribozomas para hacer la decodificación adecuada y proceder a la síntesis proteica que garantizará la vida.

    O sea:
    – Una inscripción, que precisa de un escritor
    – Un código que implica un codificador que le anteceda.(Primero el codificador y luego el código, pues nada se codifica a sí mismo)
    – Conocimiento absoluto que se precisa para elaborar dichas instrucciones.
    – Diseño del programa adecuado que hará que cada acción se haga de forma tan cordinada, que un solo fallo genería una mutación genética, en la mayoría de los casos, destructiva.

    Aminoácido por aminoácido, y proteína por proteína, cronológicamente programados, por medio de una enigmática inscripción, van apareciendo y apareándose químicamente, para lograr la primera célula y el primer ser vivo. Y este mismo programa individualizado por especies, garantiza que todas la biología del planeta se autoperpetúe.

    Para que un mono llegara a hombre, necesitaría que se ‘reinscribiera’ en su ADN toda la información que salva la enorme diferencia entre ambos. Puntualizaré ‘cerebro y conexiones nerviosas adecuadas para la reflexión, el análisis y la ejecución consecuente’, características únicas del hombre y la mujer. Y eso, demanda de un agente externo, pues estamos ante la pescadilla que se muerde la cola: ninguna información se codifica a sí misma ni se instruye a sí misma ni se reinscribe a sí misma. Insinuar eso, que es lo que hace la teoría evolutiva, es una barbaridad anticientífica, por muchos doctorados, batas blancas, y gafas invocadoras de sabiduría que se presenten.

    La inscripción codificada de todas las intrucciones precisas para la vida, en el pergamino orgánico que constituye la molécula de ADN, apunta hacia una inteligencia que antecede a la misma vida, pues la evidencia señala que hay vida porque hay una inscripción con toda la receta para generarla. Primero la instrucción, luego la vida. Por tanto, lo racional es buscar en la dirección de esa inteligencia que está dando gritos desde que el hombre llegó a su descubrimiento.

    Sin embargo, la Ciencia que está ahora en el poder, la defensora de la teoría evolutiva, niega obstinadamente esa evidencia. ¿Por qué? Porque lo último que desean es que exista un Dios ante el cual tendrán que dar cuentas de sus actos. Así de simple.

    Y le recuerdo que el postulado de la evolución no ha tenido, en lo absoluto, nada que ver con el avance científico ni el desarrollo de la humanidad. Gigantes cristianos de la Ciencia se encargaron antes de sentar las bases científicas en las que luego se ha apoyado toda la comunidad investigativa para que existan cohetes en el espacio, cirugía laser, informática, etc.

    Me vienen a la mente nombres como Pasteur, Newton, Johannes Kepler, Heinrich Rudolf Hertz, George Berkeley, John Napier, Leonhard Euler, Samuel Morse, Edward Jenner, Carl Friedrich Gauss, Crawford W. Long, Joseph Lister, Michael Faraday, Robert Boyle, Francis S. Collins , James Clerck Maxwell, Anton Van Leewenhoek, William Herschel,William Thompson (Lord Kelvin), Niels Bohr… me canso y lo canso.

    En realidad, la teoría evolutiva es una tesis antiDios y antiCristo, pues les hace mentirosos, por muy buenas intenciones que cualquiera, inocentemente o no, tenga en hacer ver lo contrario.

  6. Saludos.

    Si por un momento fuera yo a defender las teorías creacionistas diciendo que la evolución como teoría científica presenta esta o aquella falla, tendría quizás un post similar al tuyo.

    Sin embargo antes de hacer esto me tendría que preguntar sobre el porqué de la preferencia por una de estas teorías, en el caso de mi ejemplo, la teoría creacionista; pienso que Dios es libre de hacer al mundo como mejor le haya parecido y que no tiene obligación alguna de presentar en la Biblia una versión fiel de lo que él hizo o dejo de hacer.

    Siento que la Biblia es un libro con información necesaria para la vida del cristiano, pero no creo que sea un libro que DEFINA los hechos y pensamientos de la divinidad.

    En particular me parece que si un niño le pregunta al padre sobre de donde vienen los bebes, el padre le responderá con respeto a la edad del niño.

    “Los bebes se hacen con sexo, se responsable cuando tengas relaciones con tus parejas” no es precisamente la respuesta que yo le daría a un niño pequeño, pero pienso que está bastante cerca de la verdad.

    Así que me resulta fácil imaginar a Dios Padre, dando una versión de la creación del mundo acorde con la visión e imaginación de quienes vivieron en el mundo antiguo. Ciertos detalles, como el funcionamiento molecular de nuestros genes, simplemente no venían a cuento.

    Por otra parte, los nexos políticos entre los defensores del creacionismo y los grupos conservadores de EE.UU. son fuente de sospecha. ¿Se encuentra defendiendo una visión de los primeros días del mundo o defendiendo una forma tradicional de poder? Al no tener claro el punto en que la teoría puede ser valorada por si misma o en relación con estos otros intereses (quizás validos o quizás no) me veo en la necesidad de tener que disminuir la credibilidad que puedo otorgar a los razonamientos creacionistas.

    Por otro lado, ya como católico que soy, la interpretación literal de la Biblia no es un punto de mi educación religiosa. Puedo comprender que si lo sea de la educación de otras formas de cristianismo, pero me llama poderosamente la atención que la razón humana ataque con tanta certeza y fuerza los resultados de tomar al pie de la letra lo dicho en el génesis.

    Finalmente, la ciencia no cree ciegamente en la evolución, simplemente es la mejor teoría que tiene sobre el funcionamiento de las variaciones de las especies en el tiempo, un punto que no es atacado efectivamente por ninguna otra teoría. Cuando en su momento, y quizás por intervención divina, surja una nueva visión sobre el funcionamiento de la naturaleza, sé de seguro, que los científicos pasaran a estudiar y a enseñar esta nueva teoría. Sea cual sea, sea como sea.

    Y es que el objetivo no es desmentir la existencia de Dios, el objetivo de la ciencia es más bien, comprender el funcionamiento de lo creado por Dios. Un juego que nos ha resultado no solo estimulante, sino útil para avanzar como civilización.

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