LOS ELEGIDOS

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegía a vosotros” (Juan 15:16)

Es muy importante cómo comienzas una relación; las partes necesitan sentirse seguras para que todo vaya bien. Por ejemplo, cuanto te invitan a cenar a una casa, es razonable esperar que se cumplan ciertas obligaciones sociales. Como tú eres el invitado, no hace falta que te preguntes si vas a ser bienvenido o si va a haber suficiente comida o si habrá un sitio en la mesa para ti.

Esas son cosas que te podrían preocupar, si apareces sin haber sido invitado. Con todo, ¡saber que has sido elegido, te da confianza! Significa que eres aceptado; no necesitas hacer nada ni ‘hacer una campaña publicitaria’ para ser elegido.

De esa misma forma funciona con Dios. La palabra elegido, aparece varias veces, incluso con acepciones diferentes; una de ellas, la vemos en Mateo 24:22:

“Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.”

Si piensas que dirigirte al altar de una iglesia para convertirte en cristiano, significa que tú elegiste al Señor, piénsalo de nuevo. ¡El te escogió a ti! Lo hizo porque quiere bendecirte y, lo más importante: ‘bendecir a otros a través de ti.’

Sin embargo, no siempre te sientes preparado para asimilarlas en toda su magnitud desde el principio. El Señor dice, en Malaquías 3:10: ‘”vaciaré sobre vosotros bendición hasta que no dé abasto.” A veces son tan enormes, que cuando Él empieza a derramarlas sobre ti, piensas: “¡Querido Señor, no estoy seguro de poder manejar esto!” Y estarías en lo cierto, si tú hubieras sido el que inició la relación; pero recuerda que tú no le optaste a Él, sino Él a ti, y a quien el Señor escoge, le provee y discipula hasta que resulte un buen mayordomo.

Todo lo que tienes que hacer es permanecer abierto, perseverando en sus enseñanzas y siéndole obediente en todo aquello que espera de tu parte:

“…ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como resucitados de los muertos, y vuestros miembros a Dios, por instrumentos de justicia. Para que el pecado no se enseñoree de vosotros; porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.(Rom 6:13-14)

Pastor Daniel.

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