DESPEDIDA DE UNA JOVEN CRISTIANA.

Enero 28/2008

TU HIJA PUEDE VERSE EN LA MISMA SITUACIÓN.

Permítanme mostrarles esta carta que extraje desde un forum de Internet y que me he tomado la libertad de exponer aquí, por la importancia que creo que encierra para todas las familias. Identificarse con la problemática contenida en las siguientes líneas nos preparará a todos para ese gran examen no aprobado por muchos: El Proyecto del Hogar.

La atención a los hijos es la gran asignatura pendiente para una cantidad de padres mayor que la que se sospecha; incluido los progenitores cristianos, que deberían ser los más responsables en este sentido. Espero que, de alguna aforma pueda servir de ayuda.

CARTA DE DESPEDIDA DE UNA JOVEN CRISTIANA.

“PAPÁ Y MAMÁ:

Sé que les asombrará leer esta carta; ya conocen que soy poco expresiva, pero créanme que fue necesario escribirla. Y pues, yendo directamente al asunto, les escribo que me voy… bueno en realidad ya me fui. Tal ves en estos momentos  estoy bien lejos… o quizás aun no he salido de la ciudad, pero, que ya no estoy en casa, es una realidad.

Las razones de mi huida son las siguientes:

Primera: sé que desde que nací ustedes ya eran cristianos, pero yo no sabía que lo eran, ni lo que eso significaba; ustedes nunca me lo explicaron. Crecí en ese ambiente familiar, rodeada de paz y tranquilidad y me gustaba… claro que me gustaba; pero la tranquilidad se fue apenas entré al colegio, pues todas mis amigas me veían extraña y se burlaban de mí, diciéndome:

‘allí va la monjita, miren ya vieron a la hermanita.´

Tenía tantos apodos que la mayoría de ellas en realidad nunca supieron mi nombre. Todas las tardes se juntaban a jugar en el parque de aquí cerca y yo también quería estar con ellas, pero apenas daba un paso afuera y ya me detenía mamá, porque teníamos en la casa oración familiar.

¿Qué sabía yo de eso?  Por favor ni siquiera entendía lo que decían; solo escuchaba que hablaban y hablaban y a mí me aturdían.

El tiempo pasó y yo entré a la secundaria. El primer grado no fue tan malo pues pude conocer otras personas y, aunque allí también había chicas(os) de mi iglesia, ni siquiera convivíamos; cada quien con su bolita, nos mirábamos y reíamos, pero nadie se juntaba. Ah… pero el domingo en el culto todas éramos amigas. Me cansé de todo eso; yo le llamé HIPOCRESÍA.

Fue en segundo grado cuando conocí a Débora; era la más popular de la escuela. Todos los chicos andaban tras de ella, y se paseaba feliz, sonriente y dichosa. Yo la admiraba de lejos, pues casi todas mis compañeras de aula la trataban como reina y la obedecían en todo. Y digo casi todas porque allí faltábamos: Ángela, la niña esa que tenía poco de haber llegado con su familia a la iglesia, y yo.

A Ángela no le agradaba para nada el comportamiento de Débora, pero aun así a veces la saludaba;  a mí si me caía bien, así que no hice caso cuando Ángela me advirtió que la evitara… pensé que lo hacía porque era una envidiosa.

No batallé mucho para que Débora me aceptara en su bolita, aunque allí había chicas que no me querían para nada. Pero fue muy clara cuando les dijo que yo era bienvenida y que a quien no le pareciera así, que podía apartarse de ella.

Débora me dijo que quería ser mi amiga y confidente y en eso se convirtió. Juntas hemos aprendido muchas cosas: me enseñó a maquillarme, a vestirme y ser tan popular como ella. Poco a poco los chicos comenzaron a buscarme y me invitaban a todas las fiestas, donde aprendí a fumar, a tomar bebidas alcohólicas y hasta bailar. Todos los viernes nos escapábamos de clases y nos íbamos a un lugar donde había chavos.

En una de esas escapadas conocí a Demian. Era un niño lindísimo; todas querían estar con él. Nos hicimos muy buenos amigos y cuando entramos a preparatoria, decidí ser su novia; con él aprendí más cosas, me llevó a conocer los lugares mas secretos de la ciudad, me presentó a su grupo de amigos con los que tenia una banda de rock…se veían guapísimos con su look, todos vestidos de negro, sus cabellos despeinados y esos collares y pulseras de metal. Fui a varios de sus conciertos; esa si era música. Allí probé por primera vez la marihuana y fue realmente mágico, era otro mundo.

De panzazo fue que pasé al segundo grado de preparatoria, y tuve que cambiarme de grupo pues detestaba que Ángela se metiera en mi vida y me dijera que estaba mal lo que hacía. Pero a pesar de sus oraciones no logró hacerme volver a la iglesia; ¿para qué, si acá afuera está la mejor diversión?

Lo malo fue cuando ella les fue con el chisme a ustedes… pero nada me haría cambiar, no estaba dispuesta a dejar a mis amigos. Ángela solo logró que ustedes me llamaran la atención, pues estaban tan metidos en sus cosas de la iglesia y sus confraternidades y los ayunos espirituales que ni siquiera se enteraban de lo que yo hacía.

Y esa fue la segunda razón por la que decidí irme de casa. Fuiste bien claro al decirme papá: ‘escoge hija mía, tu casa tranquila y pequeña pero llena de amor, o la calle grande pero muy difícil y llena de peligro… tu religión cristiana, o tu vida mundana. Si quieres libertinaje y desenfreno, entonces vete de casa; aquí no toleraremos tus actos.’

Con esas palabras tan duras, y por todo lo que yo estaba pasando en esos momentos, tuve que tomar una decisión;  y es que, papá, para qué quiero quedarme en esta casa si la tranquilidad y la paz de la que hablas solo la vives en la iglesia, si ese amor del cual presumes no lo tenemos en casa.

En la iglesia hay hermandad y unidad, (o al menos eso aparentan) pero saliendo de allí, cada quien se quita su disfraz y al llegar a casa no somos mas que unos viles pecadores hipócritas, tratando de aparentar una linda familia cristiana:

‘Vecino Dios le bendiga.’– decimos en la calle.

Pero a nosotros nos falta en realidad esa bendición que regalamos. Sería mucho mejor decir: ‘Señor Jesús, bendice por favor esta familia, quitándonos el disfraz de mentira que usamos en la iglesia, bendícenos de amor para nuestros hijos, bendícenos con tiempo para ellos, para saber escucharlos, para ayudarlos y sacarlos de sus dudas que estén atravesando. Bendice por favor, Señor, esta casa que tiene falta de amor, bendice a mis hermanos espirituales Señor, para que pueda haber unidad de verdad.’

Papá, sin duda alguna esta casa no tiene bendición, porque nunca la has sabido pedir ni enseñaste a hacerlo a tus hijos. No se lo dejen todo a Dios, pues también necesitamos de ustedes…

La tercera y última razón por la que escapé, es esta:

Mamá y papá: estoy esperando un hijo de Demian; se lo confesé y no quiso atenderme, me dijo que él no podía hacerse cargo de mí, porque era muy joven y no podría mantenerme, pues ni siquiera trabaja. Me dejó sola papá; ahora no quiere ni verme. Quise hablarlo con ustedes, pero ¿como?, si no los encuentro en casa.  Tú sales a predicar con tus hermanos, y mamá a su oración de intercesión por la paz del mundo…

Y… quise hablar con Jesús, pero me sentí avergonzada; no pude siquiera levantar mi rostro y no me salieron palabras. Así que decidí: ‘mejor buscar a mi gran amiga Débora y contarle mi problema.’

Y por supuesto enseguida encontró solución…me dijo que yo no estaba lista para ser madre, pues apenas cumpliré 17, y al no tener apoyo de nadie, no podré mantenerlo. Y cuando me pregunte quien es su padre, ¿qué le habría dicho yo? Débora tiene toda la razón; por eso tomé una decisión: lo voy a abortar;  creo que es lo mejor.

Después de eso, como pueden ver, no podré volver a casa; me voy con mis remordimientos y tropiezos. A dónde, no lo sé; pero quiero pedirles por favor, que si podrían orar por mí, que le pidan al señor por mi perdón… a ustedes quizás sí los querrá escuchar.

Papá, predícale a tus vecinos mis circunstancias; ponme a mí como ejemplo de lo que pueda pasarle a sus hijos. Mamá, intercede por mí ante Dios; pídele que me perdone.

Bueno creo que es todo lo que quería decirles en esta carta. Gracias por darme un techo todos estos años, gracias por darme alimentos, ropa y cobijo… pero muchas gracias sobre todo, por haber pretendido llevarme por el camino de DIOS.

Soledad.

p.d: No se olviden de orar por mi vida.”

Hasta aquí la carta; tremenda reflexión que día a día nos confronta a una realidad que vivimos y no queremos muchas veces aceptar. No siempre nos preocupamos por aquellos cercanos a nosotros que, por su inexperiencia, están muy próximos a la vorágine del mundo actual y que, por tanto, necesitan un apoyo fiel que les permita organizar sus ideas. Sobre todo en esa etapa juvenil en que las hormonas se aceleran caóticamente, pidiendo a gritos un orden.

Y no solo eso, sino que incluso a veces quizás hayamos sido piedra de tropiezo para muchos. Hermanos, Santiago 5:19-20 nos exhorta e instruye sobre esto:

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguien le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.”

Sé el/la mejor amigo/a de tu hija; ábrele tu corazón e intenta entrar en el de ella desde el respeto y la comprensión que te garantizarán su confianza: la llave de una entrega que hará más sólida la familia.

La familia es el fundamento de la sociedad: cumple con tu parte.

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