FE, AMOR, OBRAS: EL MENSAJE CRISTIANO.

Uno de los problemas más graves que enfrenta hoy el difundir la Palabra de Jesús, es la falta de convergencia en el mensaje. Según de qué iglesia provenga, se hacen evidentes las diferencias entre las distintas agrupaciones cristianas; y eso es malo. Tal falta de afinidad no aglutina, sino divide; satanás hace fiesta si dos cristianos dan enfoques distintos sobre un mismo planteamiento: pues a río revuelto… ganancia de pescadores. Y el pescador de enemigos de Dios, sabe que cada humano con conceptos distorsionados del mensaje de Cristo, es un virtual aliado potencial: una herramienta en sus manos, si es ‘trabajado‘ desde la debilidad en la fe provocada por un mensaje distorsionado… u omitido.

Más frecuente de lo debido, se hace evidente una pugna por el poder religioso, con independencia de la confesión que se trate. Cada quien sueña con representar la Verdad de Cristo; pero al igual que se falsea el mensaje y se crucifica al Señor si se propugna la Palabra bíblica ante una congregación, siendo pedófilo en la vida privada o violando el legado del Señor de cualquier forma, también se aflige a Cristo, cuando la jerarquía eclesiástica decide ‘trasladar’ al pedófilo, y con él al problema, para acallar rumores, pese a que la propia Biblia estipula que ante caso grave de falta, solo cabe el alejamiento de la iglesia.

Por otra parte, también si se ‘soslaya y/o evita’ cualquier frase del Crucificado, le estamos siendo desleales, y nos estamos revistiendo de una autoridad, que solo Él personalmente puede conferir. Algo ratificado con énfasis en su aviso, en Mateo 5:18:

Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido.”

Sin embargo, desde la personal investidura de ‘docto de la iglesia’, más de lo debido, se decide que no resulta ‘políticamente correcto’ usar advertencias bíblicas que inculquen miedo en los creyentes, aunque sean avisos del mismo Jesús. Y se hace, solo para dar un enfoque ‘distinto’ al de los considerados, grito en pecho, como ‘adversarios’ cristianos. Adversidad más que manifiesta, por ejemplo, en los constantes encuentros entre católicos y protestantes en el Ulster. ¿Hay algo que pueda entristecer más a Cristo que ese espectáculo?

Y es que el enfoque de ‘no decir lo mismo que el otro‘ es un grave error, pues esto no es una lucha comercial; la idea no es la de ‘vender’ un coche ni emular en adeptos. Nadie que se confiese cristiano cumple su deber, si omite o adultera cualquier frase legada a nosotros por el propio Jesús. Si queremos ser fieles a Él, no hay más opción que ser leales a la Palabra, delegada en nosotros: Su voto de confianza. Algo que nos compromete a actuar según sus expectativas, y que Él mismo se encargó de dejar bien claro en nuestros corazones, al advertirnos:

Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?’ Entonces les diré claramente: ‘Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!‘ [Mat 7:15-23]

Analicemos: “sólo el que ‘hace’ la voluntad de mi Padre“. Si en algo se caracterizó el Señor, fue en ser conciso en sus sentencias. El verbo ‘hacer‘ implica ‘obras‘; no hay otro efecto recto del ‘hacer‘ que involucre algo distinto al ‘obrar‘. Y lo ratifica varias veces en el mismo párrafo: ‘frutos buenos‘, ‘frutos malos‘, seguido de un enérgico: ‘Todo árbol que no da buen fruto [obra], se corta y se arroja al fuego.’

Ahora bien, muchas veces, pese a haber sido perdonados, se nos somete a pruebas muy difíciles. En el libro de Job, podemos leer: ‘Por medio del sufrimiento, Dios salva al que sufre; por medio del dolor, le hace entender.’ Y el propio Pedro, testimonio vivo junto a Juan, lo puntualiza, en 1ªPe 5:8-10:

Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. Y después que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.”

También Pablo; probablemente el más castigado por las pruebas, según refiere en 2ªCo 11:26, peligros en ríos, con bandidos, perseguido por compatriotas, por gentiles; peligros en la ciudad, en el campo, y naufragios en el mar. Peligros de parte de falsos hermanos; trabajos y fatigas. Muchas veces sin dormir; sufriendo hambre y sed, y muchas veces quedándose en ayunas, con frío y desnudez… y conociendo casi todas las cárceles romanas. Nos habla de ello, en Rom 8:35, evidenciando su fortaleza en la fe:

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?

Respondiéndose a sí mismo, en Rom 8:39:

…ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”

Y ahora, pasemos al objetivo de este artículo: pese a su amor, manifiesto en su crucifixión a favor de nuestro perdón, el Señor no regresará con ramos de rosas. Vendrá a juzgarnos por nuestras obras. Se presentó como humano, regalando amor por donde pasara, curando a cada pecador que se cruzara en su camino, y perdonando sus faltas… pero advirtiendo a cada uno que no pecara más. Quien diga otra cosa, tiene que ser consciente del peligro de distorsionar la Palabra de Cristo, aunque piense que tiene la razón… porque si nuestras palabras no están en sintonía con Él, serán ellas mismas las que nos castigarán:

Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará.” [Mat 12:36-37]

Y también, en Mar 8:38:

Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Y concluye en Mat 22:14:

Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.”

Si algo identificó al Señor, fue que ninguna frase suya resultó pueril; cada una persiguió un objetivo: donde habló de fe, nos aclaró que la fe salva… y habló de ello muchas veces. Sin embargo, también especificó cuál era la acción inmediata a la fe… y lo que cada acto de fe exigía para el futuro.

Mediante el testimonio vivo de Juan, su apóstol preferido, quien murió casi centenario, nos acercamos al suceso del hombre que llevaba 38 años enfermo, sanado por Jesús, gracias a su fe [Jn 5:5], a quien el Señor le dejó las cosas claras respecto a que, independiente de haber sido salvo, su futuro dependería de sus obras.

Después le halló Jesús en el Templo, y le dijo: “He aquí, eres ya sano; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” [Jn 5:14]

Y es que la carrera del cristiano no tiene fin: ‘La fe demanda de toda una vida; la traición a ella, un solo instante.’ El ejemplo lo tenemos en el mismo Pablo, el apóstol de la fe, que alude a ‘una espina clavada en el cuerpo‘, cuyo retiro le pidió 3 veces a Cristo, obteniendo por respuesta: ‘mi poder se perfecciona en la debilidad

Es decir; aun después de haber sido perdonados y salvos, por la gracia del Señor, nos vemos sumidos en tentaciones, que el propio Cristo reconoce. Un solo momento de fe quebrada, puede conducir al error de obrar mal… y ocupar un lugar de juicio ante quien vendrá a juzgarnos a todos: a cristianos y a no cristianos, pero con el agravante de su sentencia, en Lucas 12: 47-49:

El siervo que conoce la voluntad de su señor, y no se prepara para cumplirla, recibirá muchos golpes. En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más. He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!”

La palabra ‘fe’, aflora 246 veces en el nuevo testamento; ‘amor':120 veces; y ‘obras’ [plural]: 89 veces + ‘obra’ [singular]: 48 veces, para un total de 137 repeticiones. ¿Qué instrucción debemos sacar de esto? ¿Hay prevalencia de alguna sobre otra? Leamos las afirmaciones del Señor, legadas a través de la Biblia:

Fe: ‘Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: “— ¿Creen que puedo sanarlos?” ‘—Sí, Señor— le respondieron.’ Entonces les tocó los ojos y les dijo: “—Se hará con ustedes conforme a su fe.” [Mat 9:28-29]

Amor: “Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.” [Lucas 7:47]

Obras: ‘Entonces oí una voz del cielo, que decía: “Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor.” “Sí — dice el Espíritu—, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan“.’ [Ap 14:13]

Y la única vez que se evidencia comparación bíblica entre las tres, es en el último aviso de Cristo, en Ap 2:19:

Conozco tus obras, tu amor y tu fe, tu servicio y tu perseverancia, y sé que tus últimas obras son más abundantes que las primeras.”

Creo que no es necesario hablar más sobre esto; el Señor nos enseña qué es lo que estará bajo su análisis: el conjunto fe, amor y obras. Un trío inseparable el día de su juicio. Ojalá todos seamos capaces de verlo, y seamos lo fieles que se nos requiere, en la transmisión de sus Instrucciones y Enseñanzas. Su ‘Manual de Comportamiento‘ que nos preparará para ser considerados ‘aptos‘ en el día de su juicio… [ese en el que 'muchos serán los llamados, pero pocos los escogidos'], no debe ser alterado, bajo ningún concepto.

Por fe en Su resurrección, creemos en la vida eterna propugnada. Y por fe creemos que solo perdonando desde el amor a quienes nos ofenden, resultaremos perdonados. Así como que solo desde ese amor, seremos capaces de hacer las obras que nos conducirán al premio que con fe esperamos.

Fe, Amor, y Obras: Que el Señor nos haga fieles a su Palabra.

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